miércoles, 2 de febrero de 2011

La moderna a-cristología. Comentarios a propósito del caso de Pagola



Cuando hace unas semanas escribí el articulete sobre el preocupante cardenal Ravasi, no sabía que iba a volver tan pronto sobre lo mismo, está vez sobre Pagola, pero con Ravasi también en el escenario, de fondo.

La novedad ha sido la publicidad de la causa que le instruyen en Roma, en la Congregación para la Doctrina de la Fe. Hace un par de días, el Domingo pasado, se publicaba un artículo sobre el caso en el diario vasco El Correo:

El Vaticano procesa a Pagola

Hasta hace tres o cuatro años, Pagola era famoso, sobre todo, por filo-etarritarri y por haber sido el obsequioso vicario del nefasto monseñor Setién, no entro en detalles. Sólo recuerdo una anécdota bastante descriptiva: Fue en Sevilla, hace doce años, justo por estas fechas, una semana después del atentado en el que asesinaron a Alberto Jimenez Becerril y su esposa Ascensión García Ortiz; el entonces vicario episcopal de Sevilla-periferia (este mismo personaje, precisamente) tenía organizadas unas jornadas pastorales cuyo invitado y ponente principal iba a ser el ya famoso vicario donostiarra, J.A. Pagola. Dos o tres días después del atentado, inesperadamente, se nos comunicó que las jornadas se suspendían. El motivo no se explicó, oficialmente; oficiosamente se supo que no pareció 'prudente' que, con el atentado tan reciente, apareciera por Sevilla el vicario de San Sebastián, con lo que se daba por supuesto no sé qué que tenía que ver con no me imagino qué. Ignoro si el que se acobardó fue el vicario sevillano, que era el anfitrión, o si fué el vicario donostiarra, que era el invitado, o si sería cosa del prelado. Pero así pasó (mejor dicho, no pasó). Lo cuento (y recuerdo que lo conté ya otra vez) como anécdota sobre la fama que acompañaba a Pagola, entonces.

Hoy, más que nada, es la cabeza visible de la pseudo-teología des-católica española. Es de temer que pronto sea también (si no lo es ya) mascarón de proa de las vanguardias des-catolizantes iberoamericanas, merced a ese fluído trasiego de recíprocas influencias entre la Península y las Américas.

Tocante al tema de la divulgación teológica, estamos en un momento interesante y peligroso: Por vez primera, un amplio público católico se acerca a la teología y lee y se forma con bastante interés. Lo grave y preocupante es que:

- se acercan sin un mínimo de estructura doctrinal capaz de asumir, distinguir y entender

- su aproximación, frecuentemente, se hace desde un medio deformado, anti-dogmático, pseudo-teológico y des-creyente; (el libro de Pagola es un ejemplo)

- muchos (¿la mayoría?) de los centros de formación donde se imparte esa instrucción a los seglares interesados suelen estar en manos de y dirigidos por elementos des-católicos, poco afectos a la ortodoxia e infectados (consciente o inconscientemente) de todos los virus del modernismo pre y post conciliar

Pagola, precisamente, escribe para este tipo de laico-medio, adultos con cierto nivel cultural pero adolescentes de conocimientos teológicos que no sabrían ni exponer ni explicar un credo cristiano mínimo. Este público recibe la obra de Pagola y la de otros autores con toda confianza, sin advertir

Pagola no es un gran autor. Pero tiene ciertas facultades, bastante apreciables, para exponer claro y conectar rápido; es un buen 'captador', versátil y ameno, no es pesado. Trata de temas sobre los que su auditorio (sus lectores) ya tiene hecho el oído, o bien escribe sobre cosas accesibles a una formación media, con estilo ligero y asimilable. Estas cualidades son muy agradecidas por un público no erudito que se siente docto en cuanto se lee un libro de un "teólogo famoso", bajo el equívoco de que un autor de tales materias debe ser forzosamente elucubrado y farragoso. El lector se sorprende gratamente cuando experimenta que lee, entiende, sigue el discurso y saca conclusiones conducido por la experta guía del autor del libro, que se gana con esto admiradores fieles, conversos entusiastas que aplauden, asumen y defienden después como mastines las tres o cuatro tesis que han sacado de su lectura.

¿Qué tesis? Alguna vez - me repito mucho - he dicho que Pagola & cía. representan actualmente una especie de neo-arrianismo post-conciliar-post-modernista. Exponen desde una supuesta "superación" del dogma según esa falsa tesis post-conciliar según la cual la Iglesia del post-Vaticano 2º innova la antigua cristología (y toda la teología) gracias a una compresión mejor en sintonía con las necesidades del hombre contemporáneo. Se obvia toda la teología-cristología tradicional y se enseña desde perspectivas dependientes de las últimas teorías y/o hipótesis sobre 'Jesús de Nazareth'; recalco este particular por su valor definitivo en cuanto que con la preferencia reductiva del nombre se reconoce implícitamente solamente al hombre Jesús, a la vez que se resiste a explicitar la confesión del Cristo profetizado-realizado y a la proclamación-reconocimiento del Verbo encarnado/hecho hombre. Es decir, se obvia la misma esencia del Cristianismo, que recibe propiamente la revelación definitiva desde el Misterio del Hijo Encarnado que nos revela al Padre y el Espíritu, Dios Uno y Trino, esencia del Credo del Nuevo Testamento y la Iglesia.

 En las obras de los autores de la nueva pseudo-cristología desaparecen las definiciones de los Cinco primeros Concilios Ecuménicos, que son los normativos tocante a la configuración del Credo Cristiano, sin cuyo reconocimiento no existe el mínimo necesario para la existencia de una fe, una confesión, una doctrina o una identidad cristiana. Quiero decir que en estos autores de la nueva pseudo-teología se esconde una ruptura gravísima que la jerarquía de la Iglesia se resiste a reconocer: Que ya no son cristianos, que han pasado a profesar un credo a-cristológico y a-trinitario y exponen un discurso meramente deísta cuyas referencias cristianas se reducen a un mínimo insuficiente, a veces sólo el reflejo de algunos postulados morales entresacados de una lectura-comprensión reduccionista de los Evangelios (los demás escritos del Nuevo Testamento se excluyen, generalmente, en cuanto suponen una absoluta negación de las tesis minimalistas de la "jesusología" a-cristológica de estos autores).

¿Cómo se ha llegado a esto? El proceso deriva, más o menos inmediatamente, desde la aparición del modernismo de hace un siglo, fines del XIX y comienzos del XX. Primero se dejó de comulgar con los dogmas, se abandonó la dogmática y se prefirió la exegética; siguió después el cientifismo aplicado a la Escritura; ahora, en un estadio ulterior consecuencia de los dos anteriores, prescindiendo del valor sagrado de los Textos, no se reconoce ni siquiera su valor histórico y, abandonada la crítica literaria de los Textos, se instalan con su cátedra en el método histórico-crítico.





Lo que nos deja estupefactos es comprobar cómo las mismas referencias de alguna altas instituciones cercanas al Magisterio han propiciado y alentado este estado de cosas. Así, por ejemplo, del documento Cuestiones selectas de Cristología (1979) publicado por la Comisión Teológica Internacional en 1979, bajo Juan Pablo II, entresaco los enunciados siguientes:

- ...El Nuevo Testamento no tiene por finalidad la de presentar una información puramente histórica sobre Jesús. Pretende, ante todo, transmitir el testimonio de la fe eclesial sobre Jesús

- ...Dentro de los límites de la investigación exegética es ciertamente legítimo reconstruir una imagen puramente histórica de Jesús o bien -para decirlo en forma más realista- poner en evidencia y verificar los hechos que se refieren a la existencia histórica de Jesús.

- ...Las investigaciones científicas sobre el Jesús de la historia tienen, ciertamente, un gran valor. Esto es particularmente verdadero para la teología fundamental, así como para los contactos con los no-creyentes...Un conocimiento pleno de Jesucristo no puede obtenerse a menos de tenerse en cuenta la fe viva de la comunidad cristiana que sostiene esta visión de los hechos. Esto vale tanto para el conocimiento histórico de Jesús y para la génesis del Nuevo Testamento, como para la reflexión cristológica de hoy

- ...Hoy en día es fructífero y necesario, en el campo de la teología dogmática, un retorno hacia el Jesús terrenal, dentro del marco más amplio que queda indicado. Es sumamente importante poner en evidencia las innumerables riquezas de la humanidad de Jesucristo, y más de lo que lo hicieron los cristologías del pasado

- ...La cristología debe asumir e integrar, en cierto sentido, la visión que el hombre de hoy adquiere sobre sí mismo y sobre la historia, en la relectura que la Iglesia procura al creyente

En el mismo documento, se entreveran otras afirmaciones que matizan, corrigen o subordinan algunas de estas afirmaciones:

- ...La identidad sustancial y radical de Jesús en su realidad terrenal con el Cristo glorioso, pertenece a la esencia misma del mensaje evangélico. Una investigación cristológica que pretendiera limitarse al solo «Jesús de la historia», sería incompatible con la esencia y la estructura del Nuevo Testamento, incluso antes de ser objeto de rechazo por parte de una autoridad religiosa magisterial

También se incluye un buen resumen de las definiciones de los Cinco Primeros Concilios, así como otras referencias fundamentales. Se advierte, empero, en todo el texto la participación en su redacción de diversas opiniones, tendencias, estilos, autores y fuentes dispares, con el resultado final de un documento del que se pueden deducir conclusiones contradictorias o equívocas. Algo demasiado habitual para ser mera casualidad.

En cierto sentido, paradójicamente, la obra por la que se ha abierto la investigación a Pagola es consecuencia de lo que la misma Iglesia Católica ha permitido y animado, o, incluso, ha expuesto ella misma, consecuencia de un magisterio que prefiere dejar abiertas las cuestiones antes que enseñar con solidez, garantías y autoridad, con la tradición doctrinal como referencia incuestionable y no, como da la impresión, con la novedad y la eventualidad de la hipótesis como tendencia escogida/preferida. Los frutos de la indefinición (consciente? deliberada?) son autores y obras como Pagola y su libro.


Sobre lo que ya se distinguía en su momento y lo que se vislumbraba como porvenir más o menos inmediato, el Magisterio condenó en el Decreto Lamentabili (Julio de 1907, dos meses antes de la publicación de la encíclica Pascendi de S. Pio X) una serie de tesis modernistas que atentaban contra la ortodoxia cristológica, estas:

27. La divinidad de Jesucristo no se prueba por los Evangelios; sino que es un dogma que la conciencia cristiana derivó de la noción del Mesías.

28. Jesús, cuando ejercía su ministerio, no hablaba con el fin de enseñar que El era el Mesías, ni sus milagros tendían a demostrarlo.

29. Puede concederse que el Cristo, que presenta la historia, es muy inferior al Cristo que es objeto de la fe.

30. En todos los textos evangélicos el nombre de Hijo de Dios equivale solamente al nombre de Mesías; pero de ningún modo significa que Cristo sea verdadero y natural Hijo de Dios.

31. La doctrina sobre Cristo, que nos enseñan Pablo, Juan y los Concilios de Nicea, de Efeso y Calcedonia, no es la que Jesús enseñó, sino la que sobre Jesús concibió la conciencia cristiana.

32. El sentido natural de los textos evangélicos es inconciliable con lo que nuestros teólogos enseñan sobre la conciencia y ciencia infalible de Jesucristo.

33. Para todo el que no se guía por opiniones preconcebidas es evidente que o Jesús enseña un error al hablar sobre el próximo advenimiento del Mesías, o que la mayor parte de su doctrina, contenida en los Evangelios sinópticos, carece de autenticidad.

34. El crítico no puede atribuir a Cristo ciencia ilimitada, sino en una hipótesis inconcebible históricamente y que repugna con el sentido moral, a saber: que Cristo, como hombre, tenía la ciencia de Dios y que, sin embargo, no quiso comunicar ni a sus discípulos ni a la posteridad el conocimiento de tantas cosas.

35. Cristo no siempre tuvo conciencia de su dignidad mesiánica.

36. La resurrección del Salvador no es propiamente un hecho de orden histórico, sino un hecho de orden puramente sobrenatural, ni demostrado ni demostrable, que la conciencia cristiana derivó poco a poco de otros hechos.

37. La fe en la resurrección de Cristo, en su origen, se refería no tanto al hecho mismo de la resurrección cuanto a la vida inmortal de Cristo junto a Dios.

38. La doctrina de la muerte expiatoria de Cristo no es evangélica, sino solamente paulina.


(Cfr Dz 2037-2038 ó Dz 2437-2438)

Resulta conmocionante comprobar cómo son estas tesis, precisamente, las que salen una y otra vez en las obras de los autores des-católicos, con la grave circunstancia de ser personajes bien considerados e incluso promocionados dentro de la Iglesia, ocupando relevantes puestos y encargos pastorales y académicos. El caso Pagola es uno entre tantos, sólamente una muestra que aflora gracias a la publicidad de su libro y del mismo autor en cuanto personaje muy conocido por otros conceptos. Pero repito que es sólo una muestra.

Si a casos concretos como este, obra y autor, se les atribuyen simpatias y coberturas de primerísimas instancias (el artículo de El Correo cita al Cardenal Gian Franco Ravasi y al Secretario de la mismísima Congregación para la Doctrina de la fe, el jesuíta español Mons. Luis Fcº Ladaria), la panorámica resulta no ya intranquilizante sino sombriamente inquietante, con las más negros barruntos planeando sobre nuestro juicio al respecto.

Así corre el tiempo, así está las cosas.




Las soluciones, con estos protagonistas como actores del drama, no se preven ni próximas, ni consistentes. Menos aun si se expone el asunto (véase el artículo de El Correo) como una contienda intra-eclesial con intrigas, influencias e intereses.

Hace poco, no recuerdo en qué articulete, escribí que es de temer que las componendas que buscan soluciones por aproximación de extremos y consecución de un 'medio' que contente a los implicados suelen tener como resultado temible que por evitar una herejía se pacte la proclama de una medio-herejía, con un resultado igualmente malo: La verdad no admite parcialidad, ni merma, ni medias tintas.

Ignoro en qué quedará lo de Pagola, un caso entre muchos, ya digo. Me preocupa más la Iglesia y los 'hombres de iglesia' que intervienen en estos asuntos en los que se debate la Fe. Y, por supuesto, el estado de afectación que sufra la Fe: De su integridad depende algo tan serio como la Iglesia misma y la salvación de muchos.



+T.

Aproximación a Sir Thomas More

No recuerdo bien cuando fue la primera vez que ví el famoso retrato de More pintado por el maestro Holbein jr. , el que se conserva y expone en la Frick Collection de New York. Es una obra documental de valor singular, por el retratado y por el retratista. Yo soy un adicto holbeiniano, desde los 15 o 16 años, compulsivo coleccionador virtual de su obra.

Esta mañana me han alegrado el día enviándome muy gentilmente (¡gracias!) el link a una estupenda página de la Frick con uan exposición virtual de la obra que permite aumentar con una resolución de primerísima calidad el cuadro de Holbein, apreciándose la maestría del pintor al captar la figura de St. Thomas.

Entren y vean y disfruten Uds:

Santo Tomás Moro retratado por Hans Holbein el joven, en la Frick Collection de N. Y.


+T.

Alrededor de una candela, velando en la noche fría, hasta que despunte el alba y las estrellas dejen el cielo al Sol...


Aunque no necesitaba
de pureza dar ejemplo,
dos palomas le llevaba
al sacerdote en el templo.

Dicen que son las palomas
la estampa de la pureza,
imagen del limpio amor
Y del querer con firmeza.

Si hasta el cielo volaran
las dos palomas
con su murmullo,
cuántas cosas dirí­an
de tu persona,
como un arrullo.

Eres la rosa bendita,
eres la blanca azucena,
eres nuestra Madrecita,
la que a todos cura
la maldita pena.


                                   (Del repertorio popular andaluz: Cantos Flamencos de Navidad)



Custos, quid de nocte?

Custos, quid de nocte?

...

Ex Voto




+T.

sábado, 29 de enero de 2011

Juana de Arco, secundum Benedictum

Su Santidad Benedicto XVI (¡que el Señor nos guarde muchos años!) nunca se sabe bien por dónde puede salir. El pasado miércoles, en la audiencia, ha hecho una loa con somera reflexión sobre Juana de Arco.




Que Jeanne d'Arc es Santa Juana, y patrona de Francia ya lo sé (y que se celebra el mismo día que San Fernando, el 30 de Mayo, curiosa coincidencia). También recuerdo que la beatificó Benedicto XV, un predecesor bastante apreciado por el Papa Benedicto XVI. Hasta aquí comprendo. Pero nunca he quedado del todo satisfecho con:

- las circunstancias de la canonización, tan tardía

- la valoración y las reflexiones que me hago sobre la Pucelle y su caso

Considero que hoy día sería inviable un proceso canónico de un personaje así. Aunque los hechos me contradicen absolutamente porque hace poco se consumó una canonización relativamente concomitante, que comenté en el blog:

Un santo antipático

El antipático Don Nuno tiene en su haber el arrepentimiento de su yerros y convertirse a una vida penitente, post eventum, purgando (supongo) lo de la batalla de Aljubarrota y sus violencias. Pero a Juana de Arco la prenden en plena Guerra de los Cien Años, uno de los mayores estragos que afligieron a la Cristiandad de los siglos XIV-XV (los otros dos fueron el Cisma de Occidente y la Peste Negra).

Una cosa es defenderse de una injusta agresión y otra intervenir y alentar una contienda entre cristianos. En este particular, no es apropiado distinguir/usar conceptos de "nación" o "pueblo" porque en aquella época, la baja Edad Media, son conceptos bastante indefinidos. En el fondo, la Guerra de los Cien años es un conflicto de reyes, de herencias, de dinastías, de derechos todavía feudales, poco relacionables con ideales de liberación o patriotismo.

Item más: Juzgando la historia y sus hechos, no se deberían considerar mejores los derechos del Valois Felipe VI que los del Plantagenet Eduardo III, los primeros protagonistas directos del conflicto. Tampoco eran mejores ni Carlos (futuro Charles VII), el delfín por el que lucha la Doncella, ni su antagonista, Enrique VI, un niño de ocho o nueve años. Ni los nobles señores de Francia eran mejores que los regentes que gobernaban Inglaterra. Incluso podría decirse que, política y militarmente, la balanza se inclina por la mejor gestión del conflicto por parte de los ingleses.

¿Por qué entonces la movilización (o la vocación) de Juana de Arco? ¿Cómo se justifica cristianamente hasta el punto des ser puesta como ejemplo por el Papa? ¿Ejemplo de qué y para quién? Me refiero a su decisión belicista. Insisto en que no es mejor el delfín Charles (Valois) que el pequeño rey Henry (Lancaster), ni valía - cristianamente considerado - más un partido que el otro.



Sólo me satisface la consideración de que la desastrosa guerra ocurría en territorio francés, con toda la secuela de penurias y violencias que una contienda lleva consigo. Sería una justa motivación querer librar a la gente de los estragos de la guerra y procurar la paz. Otra perspectiva me parece injustificable (tratándose de santidad).

Desde una óptica más compleja, mi providencialismo me lleva hacia otras reflexiones, posibles justificaciones de una hipotética historia ulterior. Me refiero a que la Inglaterra de ese siglo está ya muy infectada por la ponzoña de Wycliff, y que un siglo después de los hechos protagonizados por Juana de Arco estará reinando en Inglaterra (y quizá en Francia, de no ser por lo hechos desencadenados por Juana...???) Henry VIII Tudor, el consumador del cisma y la herejía anglicana. ¿Puede entenderse a Juana como remoto impedimento de que el desastre anglicano se hubiera extendido más allá??? (me explico, espero).

Del discurso del Papa entresaco estas citas:

- "Uno de los aspectos más originales de la santidad de esta joven es precisamente este vínculo entre experiencia mística y misión política."

- "Este proceso es una página desconcertante de la historia de la santidad y también una página iluminadora sobre el misterio de la Iglesia que, según las palabras del concilio Vaticano II, es 'a la vez santa y siempre necesitada de purificación' "

- "La liberación de su pueblo es una obra de justicia humana, que Juana lleva a cabo en la caridad, por amor a Jesús. El suyo es un hermoso ejemplo de santidad para los laicos comprometidos en la vida política, sobre todo en las situaciones más difíciles"

Sin necesidad de extrapolar estas palabras, su "uso" podría derivar hacia extremos peligrosos. ¿Se imaginan ustedes un caso "juana-de-arco" en el contexto, por ejemplo, de nuestras Provincias Vascongadas? ¿O en el Sudán que vive la tensión de la secesión y la emergencia de un nuevo estado cristiano en el Sur? ¿O en las repúblicas centroafricanas, en los conflictos inter-tribales de Ruanda-Burundi-Congo, con tantas implicaciones y referencias cristianas? O en cualquier punto de Asia, o de nuestra mucho más cercana Iberoamérica, todavía candentes los rescoldos de la muy peligrosa 'teología de la liberación'. ¿Se imaginan a un líder (o una lideresa) carismáticamente entusiasta, arrebatadoramente movilizador, con el fuego de la fe y el espíritu de la virtud alentando "guerras santas" de liberación y encendido patriotismo?

Por esta y otras razones implícitas me han extrañado tanto las palabras del Papa y su semblanza de Juana de Arco.

La santidad de Jeanne d'Arc, entiendo yo, no se manifiesta en sus momentos bélicos, ni en su caudillaje, ni en su patriotismo, sería una contradicción cristiana afirmarlo. La santidad de Juana se acrisola en el proceso inícuo que la vuelve de capitana en víctima sobre la que caen desquites y crueles venganzas, que se ceban en ella de la manera más culpable porque sus jueces no buscaban la justicia sino sólo la condena. Ante la dureza inexorable del implacable tribunal, Juana aparece sumamente vulnerable, expuesta fatalmente, sin más defensa que la que brota de su misma candidez inocente, tan patética como conmovedora. Es, precisamente, la parte que ha inspirado más sinceramente a los artistas (literatura y cine) que han versionado la historia de Juana la Doncella. La otra historia, la de la "doncella de Orleans", es otra historia.




A esta distancia, pienso que la beatificación y canonización de 1920 sólo se entiende en el marco de la tensión-distensión entre la Santa Sede y la Republica Francesa. A la misma distancia, sigo preguntándome por el efecto que dicha canonización causaría en el ánimo de los católicos ingleses (y en el de los no-católicos, también).

Volviendo al texto de la Audiencia, me parece desproporcionada y desajustada la comparación de Juana de Arco, tan circunscrita a su propia historia, con la gran Catalina de Siena (una figura de inmenso valor, con pocos - yo diría ninguno - personajes que puedan parangonársele; Catherina da Siena es una santa excepcional). Tampoco comprendo la citación de St. Thomas More, no veo ningún paralelo entre su caso y el de Juana de Arco, tampoco en su proceso, tan distinto en génesis, desarrollo y consecuencias.

Por otra parte, creo que se me nota bastante lo que me atrae esa época. Tengo delante de mis ojos las imágenes con las escenas del Bal des Ardents, la batalla de Crècy y la de Azincourt, la entrada de la Doncella en Orleans y la escena de Juana en la hoguera, las rebeliones de Etiènne Marcel y Jacques van Artevelde, las contiendas de Armañacs y Borgoñas, todas esas estampas vistas mil veces en las láminas de los libros de historia que me bebía cuando niño. Y también la terrible historia de Gilles de Rais, el mariscal francés, compañero muy querido de Jeanne d'Arc, el que después sería protagonista de una de las trayectorias personales más siniestras de toda la historia del crímen y la depravación. Y más cosas de todo ese fascinante tiempo que fascinaría al insuperable Johan Huizinga del Otoño de la Edad Media (otra de mis recurrentes lecturas).

Desde estas aficiones, soy consciente de cuántas impresiones mías, muy subjetivas, puedan intervenir a la hora de concluir en juicios, como algunos de los que hago en este articulete. No pretendo que convengan conmigo al 100%, pero si al menos que sintonicen con lo que llevo dicho. Lamentaría si esto lo leyera uno de mis amigos franceses y sacara una mala o equívoca impresión sobre la desvaloración que hago de la Juana de Arco guerrera y patriota.

Por eso he dejado para el final estas palabras de Bnedicto XVI que también cierran su exposición sobre Stª Juana, y que hago - estas sí - plenamente mías:

"Queridos hermanos y hermanas, con su luminoso testimonio, santa Juana de Arco nos invita a una medida alta de la vida cristiana: hacer de la oración el hilo conductor de nuestras jornadas; tener plena confianza al cumplir la voluntad de Dios, cualquiera que sea; vivir la caridad sin favoritismos, sin límites y sacando, como ella, del amor a Jesús un profundo amor a la Iglesia."

p.s. No se me va el detalle: ¿Adivinan ustedes quienes habrán exultado con la semblaza benedictina de Sainte Jeanne? Por supuesto, los tradicionalistas franceses, clérigos y fieles, que habrán sonreido, otra vez, a este "guiño" de Benoit. Y yo que me alegro por ellos (muchísimo).

Addenda:

- 1ª Digno de leer (no digo de rezar) y de ver la oración a Stª Juana y el youtube: Oración y procesión de Stª Juana.

- 2ª Esto sólo para esprits forts (abstenerse timoratos y bobo-católicos):
Las reliquias de Juana de Arco. Y un youtube sobre lo mismo.


+T.

miércoles, 26 de enero de 2011

Que le metan goles por todos sus orificios


Pues eso: Que le metan goles por todos los orificios y oquedades y hasta por los poros de su body y sus circunstancias. Totalmente. Hablo de esto que ha dicho este:

No estoy bautizado ni he hecho la Comunión

Y yo que soy cada día más radicalmente parcial tocante a las cosas serias y las importantes (y, de verdad, de verdad, hay una sóla cosa que importa --> Lc 11, 38-42), declaro que excluyo de toda simpatía a ese pagano de elección, ese mamarracho con botas.

¿Rezar por el petardo? Recen ustedes, si quieren, que yo tengo casos y cosas y gente más importantes para rezar. Todo lo más, admito que se le meta en el común de la rogativa por la conversión de los infieles. A ver si le arrean un balonazo hiper-traumático y se convierte.

Coda: Me suele decir mi madrina litúrgica que se atraen más moscas con una gota de miel que con un barril de vinagre, y yo suelo responderle que para qué querrá nadie una saturación de moscas.

Pues eso.

&.

lunes, 24 de enero de 2011

De Lerma news: Carta y debut en vaqueros


Hace poco más de una semana se publicaba una carta (una circular) que sor Verónica, la ex-clarisa promotora del fenómeno de Lerma, dirígia a las clarisas de verdad, a las fieles a sus votos originales, explicando-exponiendo el invento de Iesu Communio, su nueva oferta religiosa, la que tanto revuelo ha causado desde que se supo. Si no conocen Uds. la carta, si no la han leído, aquí la tienen, por si gustan:

Carta de la hermana Verónica Berzosa a las hermanas clarisas

Como es tan larga, mientras la iba leyendo se me iban acumulando las apostillas que, mentalmente, le iba haciendo al texto. No las expongo porque no las anoté, tampoco me absorbe tanto el asunto. Pero sí mantengo las impresiones, que no son - no sé cómo decirlo - las "justas", las que uno esperaría tratándose de lo que se trata.

Porque se trata de un novedoso invento, casi - yo diría - una ocurrencia entusiasta con muchos vuelos. Si digo molinos de viento quizá peque por quijotizar la especie, y tampoco es eso: No es que lo vea como una especie una aventura cervantina, de libro de caballerías en versión monjas post-modernas, sino que lo juzgo (lean ustedes la carta) presuntuoso, demasiado voluminoso, muy hinchado, troppo grosso para ser algo que todavía no ha visto la luz del todo.

Sin embargo el plano de la carta, el nivel desde el que sor Verónica se dirige a sus ex-hermanas clarisas es notable, muy sublime. ¿Diré arrogancia? No me atrevo. Pero sí digo presunción. Y también recalco el tono poco humilde de la carta circular (encíclica?) de Sor Verónica. Lean, lean ustedes.

También me dejan preocupado los invocados mentores de la propuesta, esos teólogos inspiradores que como autorizados doctores se citan y traen a colación: Hans Urs von Balthasar, Henri de Lubac; también se nombra a Joseph Ratzinger (y a Juan Pablo II, y a Benedicto XVI, también). Pero von Blathasar, y de Lubac...no sé, me inquietan, me extrañan. ¿Esas son las bases del invento de Lerma? ¿De toda la espiritualidad católica de todos los siglos de tradición conventual y monástica, esos son los iluminadores de la communio de Lerma? Se traen a colación también, es verdad, a San Francisco y a Santa Clara, pero como una especie de coartada de despedida, una forma de desdecirse nombrando, como una fórmula de adiós-hasta-aquí-llegamos-gracias.

Y el tono, insisto en el tono, tan desenvuelto, tan suficiente, tan resuelto, tan decidido, tan determinado. Y en este caso, dadas las circunstancias, estas actitudes no son cualidades, pienso yo.

Pero ahí están, sin embargo, prelados de altas competencias, luces y asistencias, acompañando lo de Lerma, ese fenómeno: Cardenales, nuncios, arzobispos, obispos...Van a estar todos ellos en la presentación pública-solemne de la nueva institución religiosa, con televisión y todo (dos cadenas, según he entendido), el próximo Sábado 12 de Febrero - D. m. - en la Catedral de Burgos, cabe el Cofre del Cid, donde el Papamoscas.



Y el hábito, que será lo más llamativo de la presentación en sociedad (eclesiástica): Una túnica vaquera con cordón blanco y pañoleta azul, en vez de toca (de calzado no me consta si sandalias simples o si otro tipo más concorde con el look vaquero, no sé).

Un espectáculo. Pero todo un espectáculo montado en tan poco tiempo, con tanta improvisación, apenas unas semanas después del bombazo de la ex-claustración de las neo-communistas, que, si se piensa mejor, parece no tan improvisado, no tan repentino.

Campanas sobre campanas. A ver en qué queda.

Como habrán ustedes advertido, es evidente que no me gustan las novedades ni las novelerías. Si son religiosas, menos. Si desde que asoman la gaita traen ya el marchamo de santas-santas, muchísimo menos. Porque eso es lo más chocante de este invento de Lerma, el 'santo súbito' que se han colgado ellas mismas (lean, lean la carta) y que le jalean los de la claque filo-lermistas (formidable batallón de bobo-católicos, juanpablistas y vivalpapas & cía).

¿Se me permite decir, concluyendo, que qué atrevida es la ignorancia?

Pues aunque no se me permita, dígolo (y no lo digo por mí): ¡Qué atrevida es la ignorancia!


n.b. En sustancia, excepto el añadido de la noticia de la fecha de presentación y lo del look vaquero, que me he enterado esta misma tarde, este articulete lo tenía preparado para colgarlo en el blog Motu Proprio de in-Religión en no-Libertad...pero no ha podido ser. ¡Con lo divertido que hubiera sido! (para todos (y todas)). Sorry.


+T.

sábado, 15 de enero de 2011

Deprisa, deprisa...

Finalmente tendremos un beato súbito. Comparando con lo que costaba sacar adelante una causa de beatificación-canonización cuando las causas de los Santos se llevaban con más rigor, después de todo cinco años no son nada, tratándose de lo que se trata.

Pero entiendo que lo que se trata es algo muy grave, porque beatificar/canonizar no es cuestión baladí. Aunque la ligereza con la que se reformó el procedimiento canónico por voluntad del nuevo próximo beato súbito haya rebajado tan notablemente las graves consideraciones que todo proceso de canonización debe (debería) tener.

Por ejemplo, si el antiguo promotor fidei, esa figura temible conocida popularmente como "abogado del diablo", hubiera estado vigente, el proceso del beato súbito no hubiera durado ni un mes. O no se hubiera incoado, siquiera. Ahora que ya no hay abogados del diablo, se sabe (se prueba) que las causas de beatificación-canonización progresan adecuadamente, sin obstáculos casi. Si interviene el entusiasmo, como en este caso, la garantía de concluir el proceso en breve es una más que probabilidad.

¿Y los milagros etc.? Milagros etc. tienen otras causas, muy bien estudiados y contrastados. Pero son causas paradas, en stop, una situación que se dice, en términos canónicos, dilata sine die. Si no de derecho, sí de hecho. Por ejemplo, y sir más lejos, la causa del venerable Pio XII, detenida por el complejo/tráuma judío y la prudente consideración de que no es oportuna su conclusión. El resultado es ese estado quasi de letargo, latente, en que se ralentizan algunas causas hasta que les llega el momento oportuno. Como fue el caso del beato Pio IX, emparejado en la beatificación con Juan XXIII, para hacer pasar al uno por el otro, dada la antipatía que en algunos sectores políticos de Italia se le tenía al Papa antagonista (víctima) del Risorgimento.

Es decir, que se escoje a quien se quiere y se prefiere una causa y no otra, pretiriendo a unos y promoviendo a otros. Todo sin faltar al orden canónico, sin prevaricar canónicamente, con toda justicia y rectitud. Sí. Pero seleccionando y ordenando las precedencias, urgiendo unas causas y dejando a su ritmo natural/sobrenatural otras. Qué duda cabe que, en este sentido, la causa del beato súbito ha sido una causa, más que urgente, urgida.

¿Y por qué esta urgencia? Yo creo que por evitar complicaciones ulteriores que la impedirían o - por lo menos - la demorarían considerablemente. Más de una vez he comentado que a Juan Pablo IIº o lo canonizan pronto, o no se canonizará. Se trata de una de esas figuras cuya impresión se modera considerablemente en cuanto se aleja uno del personaje y sus fuertes impresiones. Quiero decir, entre otras cosas, que es distinta la estampa del Papa animoso y entusiasta, desafiante y optimista, tenaz y sacrificado, al otro perfil de Juan Pablo IIº y su pontificado que se ha ido descubriendo desde el año 2005 hasta el presente. No refiero hechos porque ni me resulta agradable citarlos, ni lo juzgo necesario, suponiendo que el que lea esto sabrá a qué me puedo estar refiriendo. Correr un tupido velo es, muchas veces, una necesidad piadosa, que, sin embargo, no supone suspender el juicio crítico sobre las cosas y sus protagonistas.



Absolutamente, sostengo que cinco años son insuficientes para ponderar un pontificado tan extenso y prolífico en acontecimentos y hechos como el de Juan Pablo II. Tanto más si se trata de emitir un juicio definitivo y terminante sobre el mismo, ya que eso es, en cierta manera, lo que supone beatificarle. Si con la persona van también sus hechos, me parece patente que ciertos actos del Papa Wojtyla son bastante cuestionables. Y algunos, como la aberración de Asís 1986, insostenibles.

Recuerdo un libro titulado "La fabricación de los santos" de un tal Kenneth Woodward, del año 1990, más o menos; un periodista católico americano que escribió un reportaje divulgativo sobre el tema de las canonizaciones, bastante crítico, con algunas tesis poco católicas. Pero recogía interesantes testimonios de algunos de los más famosos y activos postuladores de causas de santos de aquellos años, ya en plena época de las poli-beatificaciones y canonizaciones juanpablistas. En uno de los capítulos en que se tocaba el particular de las canonizaciones de los Papas, el famoso padre Gumpel (uno de los postuladores de la Compañía de Jesús que, entre otras, defiende la causa de Pio XII) dice expresamente que - "...no deberíamos dar la impresión de que el papa (quiere decir todos los papas) es necesariamente un candidato a la santidad". A continuación, el periodista escritor comentaba lo dificil que va a ser librarse de esa impresión, hoy tan generalizada entre los católicos, dado el frenesí de gloria (dice él) que la presencia del Papa (sobre todo en sus viajes y encuentros multitudinarios) suscita entre los fieles.

Qué duda cabe que el caso de Juan Pablo II y su súbita beatificación es un patente caso de esto último.

Por supuesto, quede constancia de la obediente obsequiosidad con la que el que esto escribe acogerá/acatará al beato súbito (y al santo, si llega). Pero conste también que a los Santos en particular se les tiene devoción libre y concreta, sin obligación de encenderles velas a disgusto. Así que, supongo, al beato súbito le profesaré devoción global, sumaria, en el totum de la Communio Sanctorum.

Y Dios proveerá.


p.s. Por cierto, aquí dejo una breve impresión del tal Kenneth Woodward sobre el santo súbito original, en Abril del 2005.


+T.

miércoles, 5 de enero de 2011

Madrid capital de Rouco


La foto de Rouco rodeado de obispos es suficientemente extravagante/excesiva para hacerse idea de que algo no va bien. Eso no debiera ser. Esa imagen no debería darse. Pero se da. Ocurre y ya van unas cuantas. Item más: Entre cierto sector de la Iglesia española, parece haberse extendido la especie de que si no se está en Madrid es porque o no se es nadie (en la Iglesia) o no se es católico (en la vida). Tremendo y culpabilísimo error. Porque lo censurable, entiendo yo, es que un Domingo de Navidad un obispo no esté en su sede, en su diócesis, y se vaya de gira a la capital porque Rouco convoca fiesta (de la familia).

La foto se comenta sóla. Y eso que no muestra más pormenores. Pero fíjense en las poses de los presentes circundantes, con el detalle de las mitras simples contrastando con la mitra preciosa de Rouco, resaltando. Fíjense también en esos dos señores obispos de la última fila del gallinero, en el ángulo dchº superior de la foto, detrás de la mitra de Rouco, el que se toca la naríz y el que se tapa la boca, comentando algo, no sé si disimulando, o medio aburridos, o circunspectos.

Lo que tenían delante era el archi-sabido escenario juanpablista: Enorme altar de diseño, pantallas con imágenes y primeros planos en directo, sacerdotes concelebrantes ataviados con gorras, gorros y sombreritos, máquinas de fotos y vídeos al pecho (un ornamento típicamente juanpablista, junto con el alba sin cíngulo y la estola); en unas mesas con mantel ciento y pico (o más) de recipientes/copones preparados para la macro-comunión de la macro-misa. Etc.

Por supuesto las pancartas, muchas pancartas. Y globos. Y lemas. Y grupos. Y música de Kiko (casi en exclusiva).

Me declaré contrario de la primera y me ratifico contrario ahora que van por la 4ª o la 5ª. No sé. Me sucede que las confundo, que no sé por qué asocio las fiestas de Rouco con las manifestaciones pro-vida y demás movidas de los movilizadores profesionales de estos últimos años. El estilo es el mismo. Y los que van son casi siempre los mismos.

Lo patético es que estamos lo mismo, que nada ha cambiado, que la marea contra-vida y contra-familia sigue subiendo, avanzando, inundando, infectando, afectando. Y no va a retroceder. Pero en la capital estamos de fiesta y nuestro episcopologio como brotes de olivo en torno a la sede de Rouco.

Lo peor es cuando a un mitrado de provincias se le antoja montar en su diócesis una movida como la de Madrid, al estilo Rouco, y se tiran medio curso organizando la cosa a escala sufragánea. Para echarse a temblar.

Rouco ya es un mito. Y no es ni más ni menos que el Cardenal Arzobispo de Madrid. Lo demás que se dice o se piensa sobre él son supuestos, o superpuestos, con mejor o peor intención según sea esta buena o mala. Rouco levanta pasiones interno-eclesiásticas y externo-laicistas.

Yo pienso que es excesivo, que se excede Rouco y que se exceden sus entusiastas y sus detractores.

Hubo un tiempo, no tan lejano, en que el obispo de Madrid no era tanto. Hasta 1885 ni siquiera existía la diócesis de Madrid, no tuvo rango de archidiócesis hasta 1964, tiene diócesis sufragáneas sólo desde 1991, y la Catedral no se estrena y consagra hasta 1993. Total, casi nada si se mide con la larga historia de otras diócesis españolas, que se remontan a la Era Apostólica. De hecho Madrid no ha tenido relieve sino desde los años de Tarancón, que le confirió personalidad de 1ª con genio y figura; con Suquía se mantuvo sin desmerecer el relieve, pero con Rouco ha alcanzado cotas de auténtico fenómeno (con cosas muy buenas, otras menos buenas, algunas muy discutibles, etc.)

En los carteles que estos días atrás colgaban de los tablones de anuncio de nuestras parroquias se decía que lo de Madrid era cosa de la CEE, pero todos entendían (los que entienden) que era Rouco el que convocaba.

Este año la Fiesta ha tenido un insospechado eco, con tirón de la manta, indignación de los señalados, repostada en los medios y divertimento general con tertulianos de lo más entrenidos. Vean y lean (si no han visto y leído ya):


En El País (que tiró primero)

En Forum Libertas (segundo tiro)

En el blog de un archi-conocido famoso blogger y compadre correligionario (tiroteo a discreción)

De los tiros me avisó el mismo Domingo tarde otro compadre que sabe la mar de cosas porque estuvo en el ajo hasta que tuvo el buen gusto y la sabia prudencia de hacer mutis por el foro y dedicarse a sus cosas, como Dios manda (y le va muy bien, gracias a Dios).

Así que la fiesta familiar ha tenido un divertido estrambote, con traca y cohetería. Pero conste - lo sabrán Uds. - que Rouco no es valenciano, sino de tierra de meigas, brumas y queimadas, donde también gustan la mar de fuegos artificiales para cerrar las fiestas.

A mí me gustaría - lo digo de vez en cuando, pero ni caso - que en vez de tanta cohetería y juanpablismo escénico-entusiasta nuestros prelados vieran y entendieran que los tiempos no están para gastar pólvora en tracas y petardos, sino para emplearse a consolidar estructuras, reparar brechas, reponer mobiliario, restaurar enseres, recuperar patrimonio y re-ciclar mentes y almas. Una labor/una pastoral ad intra que dure, digamos, lo menos 50 añitos, que eso no es nada.

Y lo que digo para España lo recomiendo para el mundo.


¿Comparten Uds. lo dicho? Ni falta que hace porque no les pregunto para nada, era sólo un poco de cortesía, mera fórmula. Pero si convienen conmigo, convendrán también en que Rouco se está ganado a pulso el oscar al juanpablismo. Y no tiene rival.

Espero que tampoco deje heredero de estilo-genio-figura.



+T.