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miércoles, 20 de abril de 2016

Agonía y amor de ida y vuelta.

En el año 1622 un guipuzcoano, oficial de la Real Hacienda en Sevilla, Juan Pérez de Irazábal, contrataba con el maestro escultor Juan de Mesa la hechura de la imagen de un crucificado, ajustando su coste en mil trescientos reales. El 5 de Octubre de 1626, Juan Bautista Pérez de Irazábal, hijo del susodicho, entregaba la imagen del Cristo a la parroquia de San Pedro de Vergara, la principal de la villa, cumpliendo la voluntad de su padre.

Sevilla apenas conoció una obra colosal que impresionó a la gente piadosa de Vergara. Si en Guipúzcoa el Cristo de San Pedro de Vergara marcó, desde su llegada, un brillante hito devocional y artístico, en Sevilla fue olvidado, perdiéndose el recuerdo de la impresionante imagen mesina.


En los años 1920-30 y siguientes, florece la generación de Diego Angulo Íñiguez, José Hernández Díaz, Heliodoro Sancho Corbacho, Celestino López Martínez y otros insignes historiógrafos del arte sevillano. Fueron también los años del redescubrimiento de Juan de Mesa gracias al hallazgo en el Archivo de Protocolos, en un viejo legajo, del contrato entre el escultor y la Hermandad del Poder y Traspaso de la portentosa efigie de Jesús del Gran Poder, el Señor de Sevilla (1). Con el descubrimiento, el joven erudito Helidoro Sancho Corbacho ponía en el podio de los grandes del Arte Español al hasta entonces quasi desconocido escultor, reputado, como mucho, un simple discípulo de la escuela o el taller de Martínez Montañés, a quien se le adjudicaban por atribución todas las obras, aun sin reconocer, del gran Juan de Mesa, su discípulo, sí, pero un artista tan grande como su maestro, el mítico Juan Martínez Montañés, a quien decían el Lisipo andaluz.


Creo que fue el mismo Hernández Diaz el que tituló al Cristo de la Agonía de Vergara como ‘el Laocoonte cristiano’, recalcando la tesis de la inspiración clásica de la escultura religiosa andaluza del siglo XVII. En el Cristo de Vergara reconocían la ‘línea serpentinata’ que evoluciona desde el apolíneo 'contraposto' de la escultura griega del período clásico, pasando por los modelos del patetismo helénico y llegando a los maestros del renacimiento italiano y el manierismo pre-barroco florentino del Cinquecento. Nuestros historiógrafos ven incluso una secuencia/consecuencia entre el famoso dibujo de Miguel Ángel, el Crucifijo de Vittoria Colonna, y una serie de obras de artistas españoles, como algunos Crucifijos de El Greco (1 , 2 , 3) y en Sevilla el Cristo de la Expiración de la Hermandad del Museo, obra de Marcos Cabrera en el año 1575.

El Cristo de la Agonía tallado por Juan de Mesa para Vergara se insertaría en el centro de una serie iconográfica que continuaría durante el resto del siglo XVII sevillano con obras como el Cristo de las Misericordias de la Parroquia de Santa Cruz (anónimo, atribuido al círculo de Pedro Roldán, ca. 1675) ( 1, 2 ), el Cristo de la Expiración de la Parroquia de Santiago de Écija, obra del maestro Pedro Roldán (1679) ( 1 . 2, 3 ) y, finalmente, la cumbre imaginera del maestro Francisco Ruiz Gijón, el Santísimo Cristo de la Expiración de la Hermandad del Patrocinio (1682), el archi-popular Cachorro de Triana ( 1 2 3 4 5 6 7 8) .

Desconectado de toda esta serie de iconografía cristífera, el Cristo de Vergara quedó en su lejano aislamiento guipuzcoano, apenas conocido por los sevillanos versados más allá de los tópicos de la imaginería de la Semana Santa hispalense. Un admirado y deseado sueño que algunos pocos deliran viéndolo en un paso sevillano, o, al menos, expuesto y venerado en la Sevilla donde fue imaginado originalmente. Un sueño.



De vez en cuando, empero, nos llega el eco emocionado/admirado de algún peregrino, curioso o estudioso, que sube a Vergara y baja a Sevilla con la impresión del Cristo de la Agonía en los ojos y el corazón, rebosando palabras para contar cómo es el Cristo de Sevilla que está en Vergara.

Esta Semana Santa me llegó uno de esos ecos de mano de un sacerdote de allí, de la lejana Guipúzcoa. Me habló, me contó de aquel Cristo, y me dejó una estampa que traía en el dorso estos versos:

Este que veis Jesús crucificado
sana los cuerpos y las almas,
cura las heridas del odio y la tortura,
convierte en goce al corazón burlado.

Yo fui a Vergara un día atormentado,
vencido y roto en la pelea dura,
y, abrasado en la ardiente calentura,
recé gimiente, ante su altar postrado.

¡Hizo el milagro el prodigioso Cristo!
Desde entonces impávido resisto
los golpes del dolor, porque Él me ampara,
y, a través de mi vida borrascosa
siento en torno la ayuda poderosa
del Santo Crucifijo de Vergara.

Aunque narran en tercera persona, son, en cierto sentido, una oración, porque rezan en elipsis y refieren una plegaria que no se dice pero que late en sus estrofas.

Yo he escrito esta entrada como, también, un ex voto, una rogativa al Señor que expira crucificado en su altar de la iglesia parroquial de San Pedro de Vergara, como un suspiro sevillano que se une a su expiración sacrosanta, ese Misterio de muerte divina tan magistralmente efigiado, con temor y temblor, por Juan de Mesa, en Sevilla, hace cuatro siglos, para consuelo de las almas de Vergara (...y añoranza nuestra).


+T.

Apéndice.

Poco a poco, se fue dilucidando que la más venerada y admirada imaginería sevillana era obra
no de Montañés, sino de Juan de Mesa:

El portentoso Cristo del Amor ( 1
2 3 4
5)

El Cristo de la Conversión (1
2
)

El Cristo de la Buena Muerte (1 2 3)

El Cristo Yacente (1
2
3)

El Cristo de la Misericordia del Convento de Santa Isabel (1 2)

El Cristo de Vera-Cruz de Las Cabezas de San Juan (1 2
3)

El Cristo de la Buena Muerte de Osuna (1)

Etc...

lunes, 24 de noviembre de 2014

Nuntio vobis donum magnum !!

Se me han adelantado los Reyes más de un mes, porque un buen amigo (un munífico amigo) me ha hecho, inmerecidamente, un regalo espléndido: La Historia de los Papas de L. von Pastor completa (39 volúmenes; Buenos Aires 1948, edit. G. Gili, 2ª edic.), en un estado de conservación estupendo. Un sueño.

Cuando estuve en Roma, en el Colegio Español, ya utilicé el v. Pastor (y creo que leí casi completa la obra). Mis años romanos fueron más de lectura intensa y extensa que de aplicación académica. El p. Lobato me dijo una vez -"Eres un estudioso idealista, no eres práctico"; tenía razón. Sin embargo, a casi cinco lustros de aquellos tres cursos en la Urbe, con la arrogancia petulante del calavera, en vez del 'Que me quiten lo bailao', yo podría decir 'Que me quiten lo leído'.

Conque he recibido el von Pastor con emoción leyente, como quien recoge un legado que alguna vez deseó sin esperar tenerlo. Deo gratias. Y gracias al generoso y desprendido donante. Hay cosas que uno no sabe cómo agradecer.

En la obra monumental del Barón von Pastor late una tesis que conviene recordar: Los Papas, hombres de su tiempo, enmarcan sus pontificados en su respectiva época, marcados por las circunstancias del momento, también con vicios y deméritos que, cuando aparecen, siendo personales, son imputables al sujeto, nunca a la institución del Papado, cuya esencia permanece, a través de los siglos, incólume en su santidad, integrada en la Santidad de la Iglesia y su misterio salvador, que es del mismo Cristo.

Ludwig von Pastor es un historiógrafo veraz, erudito, imparcial en la exposición, inteligente en la interpretación, ferviente católico siempre y doctor inexorable en su cátedra. Su renombre no es vano.

Hace poco leí por ahí que conocer la Historia de la Iglesia es, a veces, una necesidad, un valioso medio para la fe del fiel católico. Y es verdad.


+T.

domingo, 14 de febrero de 2010

Hablar de amor por San Valentín



Un amor cumplido es un amor terminado. Los amores que perduran son quereres insatisfechos, ansiosos, nunca alcanzados, vivos pero en agonía incesante, nunca colmados. Y siempre temerosos. Quien diga que los celos no son amor verdadero, nunca ha estado enamorado de verdad.

Como es San Valentín, pega hablar de amor. El otro día me dijeron que era un "cursi". Lo que soy es un romántico, de levita y capa, pelo a lo Liszt, letra de pata de araña y telón con candilejas por delante y el escenario detrás, que no se ve, con paisaje nocturno, media luna y nubarrón sobre castillo enriscado. Y estrellas.

Mis amigos que se han casado tienen el amor menos romántico que yo. También es cierto que lo tienen más realizado, lo gozan más en efectivo. Pero el mio es una reserva de solera, añejada y enriquecida con velo de exquisita flor, etéreo aroma apenas destapado. Eso es lo que digo yo. Y me dicen que cuento, que es cuento y romance al viento. Yo también lo digo.

Con un suspiro se van
vueltos aire sangre y vida;
lo que dentro me latía
en un suspiro se va...
...Y queda en mi corazón,
viva la perenne herida
que es el eje de mi vida,
doliente siempre de amor
(mi suspiro es mitad viento,
la otra mitad oración).


Hace poco casi escandalicé en una conversación a tres bandas (dos cuñados, dos hermanas (sus mujeres) y yo) cuando comenté que me gustaba especialmente la peli de Scorsese "La edad de la inocencia". La novela de Edith Wharton también, cuando la leí hará casi veinte años, y que no he vuelto a releer; pero la peli sí la re-veo, bastante. Es deliberadamente refinada, con un doblaje en español excelente, especialmente la voz en off de la narradora, digna de oscar si dieran oscar a las voces en off.

La banda sonora de Elmer Bernstein es insuperable en su género, una pieza clásica, como el engaste en cine de una joya del mejor romanticismo musical. Me gusta, sobre todo, el vals.

También me gustan Las Penas del Joven Werther. Y Schubert. Y Tchaikovsky. Y Brahms.

Por todo esto me gusta muy poco que se celebre como se celebra San Valentín.





Una vez le dije a un amigo que aquella pachanga rockera que estaba escuchando mal cantada por una cuadrilla de drogatas, era una preciosa canción de fines del XVIII, que hizo furor poco antes de la Revolución, de Martini, que es famoso por sólo esa canción de amor. Me respondió que no dijera tonterías. Cuando le puse una grabación de la canción original, para que comparara, no la reconoció. Y a mí me dio tristeza que no la supiera oir.

&.

domingo, 12 de abril de 2009

Alegrías de Resurrección

Ahora que ha pasado la "tensión" de la Pasión y se ha resuelto todo en Aleluya!, me pasa (casi siempre me pasa) que se me destensa la cuerda y me da la risa floja por cualquier cosilla que tenga la más mínima gracia (o yo se la encuentre). Incontenible e indiscretísima proclividad que me deja al descubierto en la más pías instantáneas.
.
El síndrome aflora, a veces, ya la tarde del Viernes Santo (miserere!) y en los Oficios casi siempre es un peligro cual espada de Damocles, al acecho del más mínimo tris. Serán los ratos-horas de Monumento y toda la Cuaresma con sus seriedades, pero más de un Viernes Santo vespere me ha dado la risa floja. Recuerdo uno, en mi pueblo, cuando el cura traía el Crucifijo cubierto para la adoración, y mi amigo el C*** va y me dice bajito: - "¿A que parece un jamón?". Absurdo, totalmente absurdo, pero desde aquel momento yo miraba al Crucifijo velado de morado y lo que veía era un jamón. Y seguidamente la risa floja de mi amigo el C*** y yo, en el banco de la primera fila y descompuestos de risa.

Los amigos son mi peligro, sobre todo unos cuántos de verdad y andanzas que nos leemos el pensamiento y sólo necesitamos incoar la copla para montar sin más un tabladillo de comedia, basta un guiño. Engaña el semblante, porque mientras más adusto y serio, más tremendo el humor (el buen humor). Un marco piadoso con especial rompimiento posible de risa es la Vigilia Pascual, con más "oportunidades" porque tiene más secuencias, y cada rito es un riesgo. Por ejemplo aquel año que mi hermana, cuando traían en procesión el agua para la pila bautismal, dijo: - "!Qué cántaro más raro!" y mi tia le corrije: - "Calla. Eso no es un cántaro, es un 'nánfora'!" Aparte la risa sofocada, estuvimos con el pitorreo del "nánfora" hasta Julio, por lo menos. O la otra vez que había uno que se dormía, dando cabezadas, y quemaba con la vela el abrigo de la de delante, con un olor a chamusquina por toda la iglesia. Y nosotros detrás, sofocados de risa.

Pero la risa más incontenible de "resurrección" me sucedió en el Santo Sepulcro, allí mismo, en Febrero del año 2000, en pleno Jubileo. Fue con mi amigo Ángel, otro que me provoca risorios incontenibles. Estábamos en la Basílica, rezando un rosario en torno al Santo Sepulcro. Al terminar nos acercamos a la capilla de los coptos alejandrinos, en la parte trasera de la edícula. En esa capillita, el revestimiento edificado sobre la gruta del Sepulcro dejó sin cubrir una parte apreciable de la roca viva original, a ras del suelo, en una esquina debajo del altar de la capilla. Siempre hay un monje copto, rezando y custodiando, con un cestillo para las ofrendas al lado. Cada vez que he ido al Sepulcro estaba ese mismo monje (o su clon), de unos 40 años, barba negra entrecana, con el gorrillo bordado de crucecitas que le cubre las orejas, y su ropón negro, sentado en una sillita baja, con un librote de rezos sobre las rodillas, sin levantar el rostro, sólo para dar la bendición a quien se la pide.

Pues resulta que sobre aquella roca viva del Sepulcro hay siempre un tazón de cristal con aceite y una mechas ardiendo. En Tierra Santa yo soy besucón compulsivo y beso todo, hasta las murallas y las puertas y las cerraduras (no exagero). Por supuesto, me arrodillé para besar la roca del Sepulcro, allí, en la capilla copta. Mi amigo Ángel, que nunca quiere ser menos, allá que fue detrás mía, para besar también. Se puso de rodillas, se apoyó con las dos manos en la roca...y se resbaló dando con la boca en el tazón de aceite que se volcó encima y se puso perdido de aceite, que por poco sale ardiendo. El monje copto cerró el libro y rompió a reir a carcajada limpia y se tuvo que salir de la capilla, y yo, allí mismo, doblado de risa, agarrado a la reja de la capilla, viendo a mi Ángel caido entre la roca y el aceite, una estampa. Cuando se pudo levantar y limpiarse la cara aceitosa (y el hocicazo que dió, que por poco se parte la boca), el monje copto, agradecido por el buen rato que le hicimos pasar, nos regaló a cada uno dos crucecitas, dos velitas, y un frasquito del aceite aquel, muy estimado. Después, cada día de los que estuvimos en Jerusalén y volvíamos a rezar al Santo Sepulcro, el copto nos veía, nos saludaba inclinando la cabeza y con una sonrisa guasona de oreja a oreja. Creo que fuimos el chiste de los coptos durante aquella temporada, y seguro que todavía no se les ha olvidado mi amigo Ángel cayendo de boca encima del famoso tazón de aceite.


Una gloria que todavía me hace reir cada vez que la recuerdo, porque tuvo que ver. Ustedes no se imaginan.

Como ven, pequeños solaces y gratos jolgorios de piedad. Escuché un día decir que eso era el demonio, que nos tentaba con la risa. Yo digo que no, en absoluto: Son buenos humores piadosos, chispas de alegría y caramelitos de fe que saben a gloria, muy buenos para los nervios.

&.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Una brisa oxoniense


Las mejores cartas son las de los amigos; y las mejores cartas de los amigos, las que son inesperadas. Cuando llegan desencadenan una reacción de confirmación de afectos, que estaban como encañonados, esperando el chispazo en la mecha para dispararse y estallar en bombazo, con un millón de chispas de fuego y color.

Yes, cursi del todo. Pero hay veces que toca ponerse cursi, sobre todo si se trata de contar cara a la galería, para que se entienda, para que se imaginen y figuren, y tal.

El caso es que he recibido una de esas, desde el Oxford mil veces soñado y otras mil re-visited, inesperadamente, con su afectivo "bombazo":

" Oxford, 15 XI 08

Querido don J.A :

Desde la "patria" de Newman, de Tolkien, de Lewis...De Charles Ryder y de Sebastian Flyte...Le envio un hálito de lo que Oxford representa. He estado en St. Mary y pude tocar el púlpito que sostuvo a nuestro venerado Cardenal. Espero pasar mañana por Merton College y Oriel College...Todo aquí transpira espiritualidad y la belleza de la tradición.

Un fuerte abrazo,
.
A. "

Cada uno habla de lo que lleva dentro - "ex plenitudine cordis os loquitur" - y saca sentimientos que llevaba, y toma de fuera y mete en el alma cosas que ya siempre llevará. Es eso, todo eso. Por eso el hombre de espíritu aspira el espíritu que trasminan las cosas que son para el espíritu, que son todas porque todas se hicieron según la medida del espíritu: "Viditque Deus cuncta quae fecit et erant valde bona...".

Hay muchas formas de vivir la Communio Sanctorum, y todas comunican, traen y llevan, la alegría del Espíritu.

Yes!

+T.

sábado, 10 de mayo de 2008

Primera Comunión terminada en 8

Le dedico está copla a Inesita Lobo Nieuweuhuys, y a su mamá Caroline y a su papá Fernando, y a su hermanita Celia y a su hermanito Nicolás, que me estarán escuchando. Con todo mi cariñoso afecto: Porque hace su Primera Comunión!




Y como si fuera una Primera Comunión de cuando Juanito Valderrama cantaba esa copla...¡Qué más quisiera yo!

Pero conste que Valderrama estuvo en casa cuando mi Primera Comunión, y me dedicó autógrafo y todo. Era Mayo de 1968: Mi Mayo del 68!

Pero mañana, es la Primera Comunión de Inesita...y me veo mayor, casi viejo! Yo que me sofocaba cuando su padre gamberreaba con su madre y pasaba del gamberreo al cortejeo y luego se querían casar, los muy insensatos!

Oh, mon Dieu! Y ya tienen a su primogenita primocomulgante!

Se me echa el siglo encima con todas sus consecuencias!

Menos mal que este Mayo no es del 68...aunque también termine en ocho.

Pero una Primera Comunión cuarenta años después que la mía, bien vale celebrarla, en cierto sentido, como la victoria de mi Mayo del 68 sobre el otro: Semper idem!

&.