No soy sinodálico porque soy católico, y lo sinodalical no es católico cabal. Antaño hubo sínodos, pero de otra especie, con otras intenciones, motivos y objetivos, que no son los de hogaño, tan sospechosamente alejados de aquellos, sin ese sello de catolicidad y apostolicidad, por temática, esquemáticas y simétricas intrínsecas con heréticas alquímicas de antropológica centralidad y tendencia, de sospechosa y constante modernística matriz y genealógica germánica. No añado el genético vaticánico-segundístico porque el díptico es obvio por fatídica semántica, tan tácita y empática, tan des-católica.
Conste que no desafío a nadie con este manifiesto blogístico, pero cónstele a nadie que lo cómico que escribo es por lo trágico que veo. ¿Soy sinodálico-fóbico? Más bien, yo diría, escéptico-sinodálico.
Y romántico-escolástico, cada día plus platónico-tomístico y, por circunstancias tácticas, retórico-poético; los problemáticos dirían ultra-católico (no me ofendo).
Del Sínodo amazónico, entonces adveniente, dijimos ya algo hace dos años (véase aquí El sínodo jibaro). Lo decíamos con mucha ironía para insinuar justificados temores sobre lo que, ya se intuía, sería un embeleco para encubrir malas pretensiones de la pseudo-vanguardia des-católica, que nos impondrían luego a toda la Iglesia con la coartada del sínodo amazónico como arma de penetración. Los hechos del sínodo ya clausurado (aunque no conocemos a fondo todas las intervenciones y debates del mismo) confirman lo que se temía, todo con mucha hojarasca selvática para encubrir el daño ya premeditado por los promotores, rectores y autores sinodales.
Como ilustración del desvarío del sínodo amazónico han resultado en extremo escandalosas esas anti-ceremonias con fetiches indígenas adorados en ridículas escenas, en los Jardines Vaticanos, con el Papa presente y aquiescente, para estupor de los católicos conscientes y diversión de los espectadores de toda laya que se tragan con frivolidad lo que leen y ven en los medios. Ya sabemos que el vulgo mira, oye y olvida pronto, como ventolera que arrastra polvo y se va con el mismo polvo que venteó. Pero tocante al efecto que todo eso causa en la Iglesia, sabemos también que el daño es real, muy grave, por cuanto afecta al Credo y su presentación ante el mundo, como una perversa anti-figura de la propaganda fidei, ahora vuelta una especie de seminatio errorum con – y eso es lo grave – cobertura católico-romana de alto nivel, del más alto nivel.
Al respecto, pienso y concluyo muchas cosas, con un juicio tristemente resentido por tener que reflexionar sobre tales hechos, tan lejanos de la recta fe, la piedad y la Doctrina Católica Apostólica que se nos ha transmitido y que vemos como se descompone por la acción insidiosa de quienes deberían ser los garantes de la doctrina y que se desvelan en el susodicho sínodo como agentes de la confusión doctrinal más lesiva.
Cada vez que veía las imágenes de los extravagantes rituales vaticanos con los idolillos amazónicos, recordaba esa escena de la película 'La Misión', de Roland Joffe que he insertado en yutube. La ficción del film imagina en una muy lograda secuencia el encuentro primero del misionero jesuíta (padre Gabriel, interpretado por Jeremy Irons) con los indígenas, en un riachuelo, en mitad de la selva, con el sacerdote inerme sentado sobre una piedra, tocando con un oboe una melodía que se integra en la belleza de la naturaleza incontaminada de la selva y que capta, a pesar de ser extraña para ellos, la atención y la emoción de los indios, que cambian su recelo aprensivo y agresivo por una amable recepción, que se continua luego con la propia misión que desarrolla la película. El misionero ni duda de la bondad de su presencia entre los indígenas ni de su intención misionera, ni de la suficiencia de sus medios ni de los resultados futuros, obras y frutos, de su acción sacerdotal y también cultural. ¿Y por qué? Porque tiene fe: Cree en Dios, cree en Cristo Redentor, cree en su sacerdocio, cree en su misión, cree en la eficacia de los Sacramentos que va a celebrar y cree en la vida sobrenatural y eterna que va a iniciar confiriendo la gracia de Dios.
La escena, inspirada en relatos reales de misioneros de entonces, tuvo que repetirse muchas veces, por el estilo, con Francisco Javier o José de Anchieta o Francisco Solano o Junípero Serra como protagonistas, con los mismos escasos pero firmísimos medios espirituales y personales que describe la escena de 'La Misión', salvando la variabilidad de escenarios concretos, fechas y referencias de cada misionero y de cada misión. Pero, en suma, coincidentes con la escena de la película.
A aquellos santos misioneros no se les ocurría admirar la idolatría indígena ni adorar fetiches pre-colombinos, por ancestrales que fueran. Su atención se centraba en evangelizar, explicitando aquel lema que alentó tantas vocaciones misionales: 'Da mihi ánimas, coetera tolle' (Gn 14,21), versículo implícito en el principio 'Salus animarum suprema lex', nuclear en la Teología/Eclesiología.
Porque todo esto ha faltado y/o no se ha manifestado con la necesaria claridad y la sólida intención y convicción desde el principio del sínodo, en su planteamiento y desarrollo, ni en el instrumentum laboris ni en el aula sinodal, por todo eso, las pachamamas y sus rituales han sido la elocuente imagen del malhadado sínodo amazónico. Faltaba fe, no había fe, no tenían fe ni en el mensaje, ni en los medios, ni en el fin: Ni en Cristo Redentor, ni en su Evangelio, ni en su Gracia.
P.s. De la exhortación y demás documentos pendientes, no esperamos más ni mejor; por desgracia, Franciscus y su camarilla pueden rubricar y publicar un auténtico instrumentum destructionis.
Un socius fatigarum, católico consciente, me ha enviado el link de un artículo de The Wanderer: ¿Qué hacemos con Newman?
El artículo, interesante y ponderado (como todos los del Wanderer), suscita respuesta y comentario (como habitualmente el Wanderer) que, en este caso, he preferido, tal si fuera una separata, escribir aquí. Porque como un escolio de lo que expone al respecto el Wanderer, lo que en Ex Orbe tememos es que la canonización de Newman sea el caramelito para distraernos de lo que vayan a perpetrar en el Contubernio de la Amazonia, que ocurrirá por las mismas fechas, más o menos, que la programada canonización newmaniana.
Con temor y temblor - somos así - incluso hacemos cálculo (la paranoia campa desatada) y medimos la magnitud del personaje, Newman, con la posibilidad del disparate con Newman como coartada, el conciliábulo amazónico como circunstancia real (corpus delicti) y el Bergoglio Party como agentes de todo ello; considerándolo todo junto, nos resulta una ecuación digna de la página de un grimorio nigromante del más tenebroso nivel, con Newman como señuelo, como cebo del anzuelo, como sombra chinesca en el escenario de algún malvado demiurgo charlatán.
...Y mientras subían a Newman a la gloria del Bernini, todos entusiasmados, emocionados, agradecidos y fervientes, en aquella misma hora, los pérfidos juramentados consumaban la traición, el alevoso crimen eclesial que, en consecuencia, reducía a Newman y su obra a una difuminada sombra decimonónica que el Latrocinio Amazónico disimuló con los fastos de su canonización.
Gente con un concepto de iglesia que repugnaría al maestro oxoniense se afanan en un nuevo episodio descatolizador que hará a la Iglesia Católica más parecida a aquella otra iglesia de sombras de la que Newman muy conscientemente salió, firmemente convencido de que transitaba 'Ex umbris et imaginibus in Veritatem'.
NB. Los autores de Ex Orbe declaran y aclaran que todo lo expuesto en esta entrada es un timor tremendus, una extrasistólica corazonada, un gris barrunto. Nada más.
Témome que nos toman el pelo (el poco pelo católico que nos va quedando) con ese 'sínodo amazónico'. Conque no se convoca un sínodo para evangelizar a la morisma de la morería de la islamidad que nos aterroriza e invade y nos planta jaimas y mezquitas sin freno; así que no se convoca un sínodo para la evangelización de China con los millones de chinos que tiene China y lo necesitados que están los chinos de la China de una buena misión, con todo esto (y pongo como ilustración sólo dos urgencias misioneras de urgente misión), y nos salen con un sínodo para la Amazonia, donde yo no sé cuántas tribus hay (las que queden) y en donde dudo se tenga intención recta de evangelizar católicamente. Vamos, vamos.
¿O es que se cree alguien con dos dedos de pesquis católica (la poca que nos va restando) que los misioneros brasileiros, empapados en pablofreirismos y teologíasdelasliberaciones se van a dedicar a bautizar indígenas hasta cansárseles el brazo y enseñarles el Catecismo de Ripalda? ¿Es que algún católico con perspicacia católica se traga la bola de que esa jerarquía brasileña criada a los pechos de Héldercámaras y Casaldáligas tiene interés en que los indígenas de las selvas amazónicas hagan la Primera Comunión y observen el cumplimiento de la Misa dominical?
Bueno, pues ese es el cebo que quieren que piquemos. Todo para pescar dos monstruosidades des-católicas: Curas casados (para evangelizar el Amazonas) y mujeres diaconisas (para lo mismo en el mismo sitio)...Y de paso, de coda, como el que iba a por atún y a ver al duque, colarnos la enormidad por la gatera y que, después de la tropelía en el Amazonas, broten, por petición extrapolada de las conferencias episcopales, curas uxorizados y diaconisas por todas las fronteras de la geografía católica.
¿No eran los jíbaros de la Amazonia quienes reducían las cabezas de los vencidos y se las colgaban luego de adorno? Pues eso me temo yo que quieren hacernos a los católicos (los que quedemos): Reducirnos la cabeza, jibarizarnos para capitidisminuirnos.
Me llegó el otro día publicidad de la pseudo-católica editorial San Pablo (Ediciones Paulinas), las novedades de Otoño. Entre ellas, el libro de un tal (que no nombraré) cuyo contenido resumía el propio autor así:
Este libro defiende dos ideas mayores: que lo mejor del catolicismo no está en el pasado, sino que puede estar en el futuro, y que, si cabe hablar de edad de oro del cristianismo, está delante de nosotros y no detrás. Lo que exige otra Iglesia: sinodal, superando el clericalismo, liberándose de la era de la cristiandad y, al fin, habilitando completamente a la mujer en su seno. La segunda, para significar que, en la era global, plural y crecientemente desigual en la que nos encontramos, necesitamos superar la fractura binaria entre creyentes y no creyentes, de tal suerte que todos los que, con buena voluntad, tengan inquietud por un mundo mejor puedan trabajar, conjuntamente en ello, y desde sus propias convicciones personales.
El tal autor está considerado como un hombre centrado, filántropo, comprometido, creyente al día, de salida, buen gestor de empresas samaritanas, ponderado y lúcido, abierto al horizonte venturus, libre de apegos al ayer, un hombre de diálogo y convergencias . Un tipo francisquista, vamos, de característico troquel, modélico, en sintonía con la des-compañía arrupista, lovainero de formación y talante. En otra presentación de otro libro suyo, se dice esto:
Este libro, partiendo de esta realidad sociológica y analizándola con las herramientas de las ciencias sociales, sugiere y propone, humilde pero firmemente, otro modelo de Iglesia para el siglo xxi: una Iglesia en red, al modo de un gigantesco archipiélago que cubra la faz de la tierra, con diferentes nodos en diferentes partes del mundo, interrelacionados entre sí y todos ellos religados a un nodo central, que no centralizador, que, en la actualidad, está en el Vaticano. En el Vaticano (o en otras partes del planeta) se reuniría una representación universal de obispos, sacerdotes, religiosas y religiosos, laicos de ambos sexos, miembros de la Curia, todos bajo la presidencia del papa, para debatir sobre la situación de la Iglesia en el mundo y adoptar, si es el caso, las decisiones pertinentes.
Paradójicamente, hoy ese Vaticano es, precisamente, el agente de la auto-revolución desconcertante que se postula en ese libro. La roca de la fe vuelta reolina, ruleta del juego con y en el mundo moderno/modernista, centrifugando 20 siglos de fe, de cristiandad, de catolicismo, de romanidad. La zaranda diabólica cribando la fe petrina con trepidante agitación nunca vista.
Cuando releo o recuerdo cosas escritas, aquí, en ExOrbe, desde 2013 hasta ahora, me estremezco. Todo lo temido se va ejecutando, pian piano. Si en los próximos sínodos consiguen que se suprima el celibato (con la coartada de los curas casados 'necesarios para evangelizar la Amazonia' (risum teneatis !!)) y la ordenación de mujeres (con el señuelo de las 'diaconisas'), el golpe a la Iglesia Católica será tan grave que dudo se pueda recuperar de la herida.
Como áncora para la tempestad sólo nos queda creer lo que rezamos y esperar lo que pedimos, Deo volente.
La crisis del sacerdocio católico no termina, muta y se prolonga desde el concilio Vat2º y sigue siendo hoy una herida que sangra y debilita a la Iglesia. No sólo es una crisis de vocaciones, sino que es también una gravísima crisis de defecciones: No llegan vocaciones a los seminarios, los sacerdotes abandonan el ministerio y los obispos no se van también porque temen perder status, no porque no estén ellos mismos afectados. Casos como el del ex-obispo de Mallorca, el patético Mons. Salinas, y esas otras dimisiones y/o destituciones (más o menos discretas) passim, por todo el orbe católico, son un triste y lamentable muestrario de la degradación jerárquica que sufrimos.
En Roma, donde deberían saber más y mejor, se queda uno con la impresión de que se han anclado en los '70 y no salen de esa escollera, pues insisten en que el problema es el sexo:
Resulta patético el 'experto', un tal padre Amedeo Cencini, según RomeReports, muy conocido en eventos del género como este organizado por el Regina Apostolorum (¡¡oh!!), dedicado a rectores de seminario.
Muy pronto parece que se han sacudido la sombra de Maciel, todo un clásico afectado sobre el tema en cuestión. Aunque pudiera ser que les hayan incluido en la penitencia impuesta el organizar simposios como este. Cosas veredes.
Dejando bien subrayado que la infección del sexo inmoral es una pandemia y envenena todo, como una peste negra del siglo XXI, constatar que el clero se vea afectado es, más que una obviedad, un lugar común, un tópico. También en la Vetusta de 'La Regenta' pasaba aquello, y en 'Tormento', en el Madrid de Galdós, y en la 'Pepita Jimenez' de Valera. Eso ha pasado siempre, con picardías medievales del Arcipreste de Hita o con vena mafiosa del best seller 'Monsignore'. El demonio no ha dejado de tentar al clero, aún cuando se escudaba bajo la égida de la sotana y la tonsura, y el sexto ha sido un mandamiento de mucha batalla para los ministros sagrados, más por simple razón de la naturaleza que por perversión impía del orden sacro, nunc et semper.
Por eso, que se insista en eso, es rayar la superficie y no profundizar en la veta, si de verdad se indagara la etiología del mal.
Porque la raíz del trastorno y la mengua del clero católico es de fe, se trata de un problema de fe, de pérdida de fe, de falta de fe.
Desde hace ya un par de años, las alarmas católicas alertan sobre la supresión del celibato obligatorio y la ordenación de clero casado (o la re-admisión al ministerio de los renegados), que, no sé con qué lógica argumental, dicen que van a meter entre los temas a tratar en el próximo Sínodo de la Juventud, con aprobación de PP Franciscus. Por todo esto que se rumorea y temiéndonos ya que se pudiera concluir con otro caso-documento post-sinodal mucho peor y más dañino que el AL, todo lo que pueda afectar a la documentación que pongan a disposición de los participantes en el Sínodo merecerá toda la atención posible, porque será lo que se expondrá y se debatirá en el aula. Si la problemática de la crisis vocacional-clerical se presenta reducida al conflicto sexual, las soluciones que se propondrán (y quizá ya estén preparadas para sacarlas en su momento) irán contra el celibato sacerdotal, insistiendo en que asumir una sexualidad activa y reconocida será el remedio para la renovación/actualización del sacerdocio católico y el incremento de las vocaciones.
Los autores de todo esto, saben que es mentira, que las tesis son falsas. Pero insistirán e incluso denunciarán al clero reticente o a los fieles resistentes. Si se realizara, supondría el principio del fin del Catolicismo, o, por lo menos, su dramática aceleración.
Como telón de fondo, añadiendo un decorado patético, PP Franciscus, con toda la Iglesia, se dispone a celebrar con fastos solemnes el mayor y peor ataque al Sacerdocio Católico que jamás se ha visto en la historia, pues eso fue (entre otras más cosas) la funesta rebeldía heterodoxa del pérfido Martín Lutero y su 'reforma' protestante. No sé, no me explico, cómo una Jerarquía Sacerdotal puede celebrar su aniquilación.
Claro que si se emperran en que la crisis es por cosas de sexo, pudiera tener cierta lógica que aplaudan a Lutero que, además de con la sola scriptura, apañó su crisis sacerdotal fornicando con Catalina Bora, su seductora querida.
De la camarilla francisquista, algunos personajes se desvelan, desde el principio, particularmente siniestros. Son no sólo los electores-promotores, sino también los ingenieros del grupo. Poco a poco están montando una estructura que condicionará la vida futura de la Iglesia, en lo quede de este período y para las siguientes etapas. Son mecanismos pastorales que una vez se pongan en movimiento seguirán funcionando, y en la dirección que se les está marcando. Si se podrán parar, por quién y cuándo, no lo se. Las noticias sobre la puesta en marcha de sus proyectos de des-catolización son cada día más alarmantes, pues hablan como si todo el plan estuviera ya listo e, incluso, operativo.
En pocos días, la web de Rel.Digital, especialmente identificada con los sectores más degenerados y activos del des-catolicismo, publicaba estas dos noticias, una con el cardenal Marx de Munich como protagonista, y la otra con Kasper, a cual más inquietante:
Kasper, el activista que gestionó la trama pre-sinodal que concluyó con el polémico documento Amoris Laetitia, es quien parece también controlar los planes para la demolición del celibato sacerdotal. Si el momento del asalto se prepara para el sínodo temático del próximo 2018, y si su gestión es tan efectiva como la que desempeñó antes y durante el Sínodo de la Familia, el nuevo sínodo de los obispos parirá un documento que será la trampa por la que se colará la ordenación de hombres casados (viri probati), el celibato opcional, el diaconado femenino y el fin del sacerdocio católico tradicional, con la consiguiente desestructuración jerárquica de la Iglesia, un verdadero cañonazo en uno de los puntos más sensibles y esenciales de la eclesiología.
Las excusas se presentan también como acciones obligadas por las circunstancias, ocultando que esas supuestas urgencias pastorales esconden otras intenciones, como la promoción del clero casado y la desaparición del modelo tradicional de sacerdote/sacerdocio católico. Véase como ejemplo este artículo sobre la situación de algunas diócesis castellanas: Parroquias de Castilla la Vieja
Asombra ver la torpeza de la maniobra, como si reviviéramos uno de esos momentos históricos, míticos o legendarios, en que los supuestamente sabios deciden acciones letales, como meter el Caballo en Troya o lanzar la Carga de Balaklava. Pero lo peor es sospechar, intuir, que los planes de Kasper, Marx y cía. no son producto de una obtusa torpeza o una arrogante soberbia, sino la obra de una voluntad deliberada para consumar la descomposición de la Iglesia Católica y la instauración de la neo-iglesia que aquel fantasmal 'espíritu del concilio' tenía en mente.
Aun cabe esperar de algunos episcopados la suficiente resistencia para parar esta demente carrera al abismo. Pero también son cada vez más débiles las sensibilidades generales en el clero y los fieles para advertir y ser conscientes de la magnitud y la profundidad del mal que nos afecta.
Resulta una paradoja quasi burlesca que el Papa que capitanea este movimiento de 'iglesia en salida' esté a la vez concediendo indulgencias por el centenario de las Apariciones de Fátima.
A los que sí vemos y tememos, sólo nos queda orar y ofrecer.
Cualquiera que se acerque inteligentemente a la Historia de la Iglesia entenderá que el Primado Universal del Papa ha sido un factor decisivo-fundamental para el mantenimiento de la identidad y actividad de la Iglesia Católica, algo providencial si lo entendemos creyentemente. La primacía de la Santa Sede no ha sido un accidente de la historia (aunque tenga a cuestas mucha historia (y también, muchas historias)), sino algo ligado a su carácter sagrado-sobrenatural, expresión de la voluntad de Cristo: Una Iglesia con una Cabeza Visible, que es sucesor del Apóstol Pedro, el Papa.
La 'sinodalidad' es un concepto eclesiológico perfectamente compatible con la unicidad del Primado Romano siempre que no se defina contra ese Primado Universal. En este sentido, la sinodalidad, tal como se entiende en las iglesias cismáticas de la ortodoxia, es un concepto incompatible con el primado de autoridad de la Santa Sede.
Cuando se habla de la sinodalidad que pretende impulsar PP Franciscus y su comisión de los C9, ¿qué se está diciendo, de qué se trata realmente? ¿Es, acaso, una descentralización de poderes? ¿Conlleva una merma del primado ordinario, universal e inmediato del Papa sobre la Iglesia? ¿Debilitar a la Curia Romana significa privar al Papa de poder efectivo en favor de otras nuevas atribuciones a las conferencias episcopales, provincias eclesiásticas y diócesis?
Imagino una Iglesia dividida en 'taifas', gobernada en Alemania de una forma, en España de otra, en la Argentina de una manera, en los USA de otra; imagino conferencias episcopales convocando conferencias inter-conferenciales, discutiendo y pactando cosas sobre liturgia, o teología, o moral que estarán vigentes en un sitio y no se observarán en otro. Imagino un totum revolutum generalizado, algo como lo que ya vivimos pero a escala universal y con la aprobación de todos, que estarán de acuerdo en que el desorganizado desorden del sinodalismo es un bien eclesial, es una gracia positiva que libera a los obispos y sus diócesis del ominoso yugo romano.
Es típico de provincianos quejarse del centralismo de la capital. Y me pregunto si en el sinodalismo francisquista no late un provincianismo argentino-bergogliano-sudamericano. Porque en cabezotes como R. Marx parece que reviven los gravámina aquellos que fueron, en gran parte, uno de los pruritos de la pre-reforma.
Sinodalizar es descomponer-dividir-fragmentar-debilitar...¿para qué? ¿en favor de quién? ¿para provecho de qué y de quienes?
Me cuestiono seriamente si en la época en que el mundo se siente globalizado no es síntoma gravemente preocupante que la Iglesia Católica se empeñe en descatolizarse, es decir, particularizarse, des-universalizarse: Sinodalizarse.
Que PP Franciscus se ha vuelto un mito para los peores de la Iglesia (y la no-iglesia), es un hecho. Item más, porque el mito surgió en el balcón aquel mismo inolvidable 13-3-13. Et item plus, porque el mito parece haber sido elaborado en el cónclave: Buscaron y eligieron un perfil mitificable; por cierto, magníficamente asumido por el electo, desde su presentación.
No obstante, los agentes de la izquierda mediático-mitopoiética, son insaciables y ponen su nivel prometeico alto, muy alto. Y se decepcionan porque esperan más, sueñan con más, quieren más. Aun así, argumentan y disculpan porque alucinan con paranoias conspirativas que exculpan al mítico Franciscus y cargan contra los poderes ancestrales cimentados bajo la cúpula de San Pedro. Verbigracia, Juan Bedoya, uno de los más veteranos des-católicos de la prensa impía-masona, no resiste el tic de atribuir al Emmº Müller, el prefecto de Doctrina de la Fe, la dirección actual de la Inquisición del Santo Oficio. Léase:
Es el problema de prestarse al equívoco y danzar en los saraos del mundo, el demonio y la carne. Antes o después, te exigen bailar a su ritmo, con su música y sólo y exclusivamente con parejas (o coros) danzantes previamente seleccionados/escogidos/exigidos por los spónsores de la fiesta. Por eso, al final, se sienten frustrados y desilusionados.
Pero lo malo no es que los malos demanden y pidan más. Lo peor es que en cada baile los buenos pierden algo; bastantes veces, mucho; algunas veces, demasiado.
De lo que se podía esperar (o temer) del Sínodo de la Familia hemos comentado en ExOrbe desde que comenzó el pasteleo, con el brujo Kasper calentando la retorta para destilar el sublimado final, otra vez una obra maestra del alambique vaticanosecundista, con los antiguos aprendices de brujo, aquellos monosabios de cuando el concilio, hace medio siglo, hoy convertidos en pérfidos Frankensteins del nuevo engendro.
El documento francisquista será la guinda del pastel. Se sabe ya que son trescientosveinticinco parágrafos para encubrir/disfrazar/disimular lo que desde el principio se tuvo la intención de decir y hacer. Los 325 párrafos son la cobertura, capas concéntricas de característico género eclesiástico recubriendo la pildorita central, un recurso que se hizo célebre en algunos de los más famosos hitos del V2º.
El lema que ambienta, introduce y explica resumidamente el quid de la cuestión será, mas o menos, algo así: Se mantiene la doctrina, se adapta la praxis. La praxis pastoral, es decir; siendo la pastoralidad una esencia tan maleable, tan manejable para ser hervida en la retorta de turno.
Y así pasará a la historia todo lo del sínodo. No se intentará siquiera la sanación para la muy gravemente enferma familia católica, solamente se declarará con la hojarasca de los 325 párrafos que la Iglesia se rinde en la batalla de la familia y adopta los modos y las modas de la modernidad.
¿A qué precio? Seguramente, más o menos, sobre unas treinta monedas.
...Es la cantidad tasada para este tipo de convenios.
El célebre jesuita p. Escobar en un grabado francés de la época
El otro día, en un encuentro con ex-alumnos de colegios jesuitas, PP Franciscus preguntaba a los concurrentes si aun conservaban el 'virus jesuítico'. Y les hacía una interesante reflexión sobre la impronta ignaciana a través de algunos puntos de los Ejercicios Espirituales. Sin duda, el haberse formado en centros regentados por los hijos de San Ignacio de Loyola supone un estilo de pensar y actuar, mucho más notable en aquellos que han profesado en la Compañía, cuyo espíritu asumen, recibiendo una influencia mayor y más profunda. ¿Hasta dónde?
Con motivo de las preocupantes sesiones del recién concluido Sínodo de la Familia, recordé ciertos episodios históricos que podrían estar detrás de la dirección que parecía haber marcado PP Franciscus, en la que se entreveía un atávico 'virus jesuítico'.
Cuando surge la gran controversia moral del siglo XVII, los jesuítas fueron etiquetados de 'laxistas', un sambenito que después los adversarios de los jesuitas achacaron en general a la Compañía, casi como una carta de identidad. Aunque fue un gran dominico, el p. Bartolomé de Medina, santo varón de la confianza y el afecto de Santa Teresa, que le mandaba las truchas que le regalaban a ella, tanto era su aprecio por aquel sabio, docto y discreto confesor, el que abrió la interesante cuestión de la moralidad de las sentencias probables, que se pueden rectamente seguir. Aquella vena de ciencia moral abierta por fray Bartolomé era tan rica y afluente que apasionó a los teólogos y un siglo después derivó en una de las grandes contiendas doctrinales del catolicismo,
Además del famoso Padre Escobar (p. Antonio de Escobar y Mendoza, 1589-1669), la bestia terrible contra la que diatribaron los feroces jansenistas de Port-Royal, hay otros jesuitas no menos osados en el probabilismo y sus casuísticas, como el también célebre p. Tomás Sánchez (1551-1610), cordobés, especializado en cuestiones de moral matrimonial. El abate de Saint Cyran lo consideró un monstruo depravado por la impúdica exposición de los casos y sus particularidades y circunstancias que sacaba a relucir en su tratado 'De matrimonio'. Por los seminarios de entonces corría una letrilla alusiva que decía "Si quieres saber más que el Demonio, / lee a Sánchez en 'De Matrimonio' ".
Otro doctor Juan Sánchez fue denunciado a la Inquisición por las tesis que enseñaba en su libro de cuestiones morales que tituló 'Selectas', en cuyas páginas aparecían conclusiones de este estilo:
Al que vive amancebado se le debe absolver y no se le debe negar la absolución en la confesión, aun si no deja su amancebamiento. si en su caso se dieran, por ejemplo, algunas de estas circunstancias
- si la manceba con la que comparte techo y lecho le debiera una cierta suma de dinero que el susodicho dejaría de cobrar si la echara a la calle
- si siendo ella mujer bien dispuesta para los negocios y arrimara ganancias a la casa, en caso de que se la despidiera su ausencia mermaría el capital y la hacienda de su protector
- si habiéndose aficionado a su buen trato temiera perderse una compañía afín difícil de hallar en otra criada que no fuera tan a propósito
(cfr. Denzinger. Errores varios sobre materias morales, condenados en los Decretos de 24 de septiembre de 1665 y 18 de Marzo de 1666. D-1141 ss. No debe obligarse al concubinario a expulsar a la concubina, si ésta le fuera muy útil para su regalo, caso que, faltando ella hubiese de pasar una vida demasiado difícil, y otras comidas hubiesen de causar gran hastío al concubinario, y fuese demasiado dificultoso hallar otra criada.)
Las 'Selectas' del p. Juan Sánchez se publicaron en Madrid en 1624, y el libro no fue denunciado hasta 1640, con lo que corrió y fue divulgado durante tres lustros como obra docta e ilustrativa para el manejo y formación de confesores y gente de cierto nivel moral. También se entiende que tales lecturas removieran la atrabilis de los severos jansenistas, que se hacían el peor de los conceptos sobre aquellos jesuitas españoles, tan adelantados en la moral de lo inmoral.
Aun cuando Inocencio XI condenara tesis, autores y seguidores como esos que he citado, e incluso apoyara personalmente al prepósito general p. Tirso González para la erradicación del probabilismo del seno de la Compañía, la pelota ya estaba en el tejado y había rodado y dado mucho juego, creando a la vez, junto con la controversia, mucha opinión. Según algunos autores, con los probabilistas se había pasado de una moral que se centraba en el objeto material de las acciones, lo objetivo. a otra consideración en la que intervenía, con todo su peso, lo subjetivo, el examen y la casuística de lo personal y sus circunstancias podían variar la valoración moral de los actos.
Y todo esto no era obra de perversos inmorales, sino fruto de las reflexiones de rectos y graves doctores que sopesaban actos y personas reales, corrientes, no ideales. La teología moral bajaba de los eximias y doctas cátedras(***) y se sentaba en la calle, las plazas y los salones, concluyendo desde el plano de la gente de su época y sus mudanzas. Y siempre tendiendo en sus soluciones a la mitigación y no al rigor.
Si han perdido el hilo del discursillo, la cuestión era preguntarse cuánto de este 'virus jesuítico' ha gravitado (o no) sobre el pasado Sínodo.
(***) Aunque lo mismo se puede objetar que la casuística probabilista es lucubración prolijamente elaborada en alambique de erudito.
p.s. Por cierto, como buen español, confieso que, en moral, tengo y mantengo algún sano probabilismo, muy bueno para los nervios (también los nervios espirituales).
Con el Sínodo de la Familia como trasfondo, hemos visto despabilarse una consciencia de fe que ha brillado en las intervenciones de algunos de los obispos sinodales, iluminando el oscuro ambiente que otros habían ido extendiendo por el aula. De esa inteligencia rectamente alumbrada y motivada por la Escritura-Tradición-Doctrina hemos participado todos los que hemos seguido con atención y oración las sesiones de la preocupante asamblea sinodal. En este sentido, esta mañana, en la Misa, las palabras de la Epístola de San Pablo a los Romanos resonaban con especial virtud, tonantes como un relámpago:
Porque los que se dejan dirigir por la carne tienden a lo carnal; en cambio, los que se dejan dirigir por el Espíritu tienden a lo espiritual. Nuestra carne tiende a la muerte; el Espíritu, a la vida y a la paz. Porque la tendencia de la carne es rebelarse contra Dios; no sólo no se somete a la ley de Dios, ni siquiera lo puede. Los que viven sujetos a la carne no pueden agradar a Dios. Pero vosotros no estáis sujetos a la carne, sino al espíritu, ya que el Espíritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Espíritu de Cristo no es de Cristo. Rm 8, 5-9
La claridad del texto inspirado deja en evidencia a quienes con sus propuestas llevaron al Sínodo la voz de la carne y exigían sus derechos, los derechos de la carne. ¿O no son hechos de la carne las situaciones de pecado, el divorcio y el adulterio, la práctica de la homosexualidad y las relaciones contra natura, las uniones aberrantes legitimadas por las políticas contra-cristianas, la inmoralidad del materialismo neo-pagano que envilece a todo el Occidente moderno?
La innovación se presentaba en el Sínodo con el empuje de la novedad y el cambio como única razón, más la fuerza de una masa social de conciencia turbia incapaz de distinguir ya el pecado de la virtud. Hasta se han atrevido a predicar la necesidad del cambio como si la verdad y el bien moral estuvieran sujetos a la inestabilidad variable de las ideologías, la moda de una época o la razón extraviada de las mayorías.
Decepcionantemente, el Sínodo, aun salvando la doctrina, ha dejado demasiados cabos sueltos. Compromisos y equilibrios de tendencias han impedido que prevalezca una doctrina nítida y fuerte que posibilite después una vigorosa pastoral universal capaz de resanar y plantar semillas de buena y verdadera re-evangelización familiar.
Al fin, hemos vuelto a oir con desencanto la bronca reprimenda preñada de descalificaciones de quien debiera ser el primer garante del bien y el porvenir de la Familia Cristiana:
"Ei Sínodo significa que el Evangelio sigue siendo para la Iglesia una fuente viva de eterna novedad, contra quien quiere «adoctrinarlo» en piedras muertas para lanzarlas contra los demás. Significa haber puesto al descubierto a los corazones cerrados, que a menudo se esconden incluso dentro de las enseñanzas de la Iglesia o detrás de las buenas intenciones para sentarse en la cátedra de Moisés y juzgar, a veces con superioridad y superficialidad, los casos difíciles y las familias heridas. Significa haber afirmado que la Iglesia es Iglesia de los pobres de espíritu y de los pecadores en busca de perdón, y no sólo de los justos y de los santos, o mejor dicho, de los justos y de los santos cuando se sienten pobres y pecadores. Significa haber intentado abrir los horizontes para superar toda hermenéutica conspiradora o un cierre de perspectivas para defender y difundir la libertad de los hijos de Dios, para transmitir la belleza de la novedad cristiana, a veces cubierta por la herrumbre de un lenguaje arcaico o simplemente incomprensible. (...)
Y –más allá de las cuestiones dogmáticas claramente definidas por el Magisterio de la Iglesia– hemos visto también que lo que parece normal para un obispo de un continente, puede resultar extraño, casi como un escándalo, para el obispo de otro continente; lo que se considera violación de un derecho en una sociedad, puede ser un precepto obvio e intangible en otra; lo que para algunos es libertad de conciencia, para otros puede parecer simplemente confusión. En realidad, las culturas son muy diferentes entre sí y todo principio general necesita ser inculturado si quiere ser observado y aplicado. ***
(...) La experiencia del Sínodo también nos ha hecho comprender mejor que los verdaderos defensores de la doctrina no son los que defienden la letra sino el espíritu; no las ideas, sino el hombre; no las fórmulas sino la gratuidad del amor de Dios y de su perdón. (...) Significa superar las tentaciones constantes del hermano mayor (cf. Lc 15,25-32) y de los obreros celosos (cf. Mt 20,1-16). Más aún, significa valorar más las leyes y los mandamientos, creados para el hombre y no al contrario (cf. Mc 2,27).
También dice poco después que "...El primer deber de la Iglesia no es distribuir condenas o anatemas...", con ese rancio tono que olvida desde cuando no se condena y anatematiza (¡ay!) a nadie ni nada, como si la memoria se le hubiera quedado bloqueada en un pasado remoto que se vuelve a imaginar en extemporánea desconexión con el presente.
Habiendo dicho poco antes que los participantes en el Sínodo se han expresado con "métodos no del todo benévolos", no nos podemos creer la benevolencia con misericordina que se predica en este texto.
Cuando termina diciendo que "...concluir el Sínodo significa volver verdaderamente a caminar juntos", nos quedamos suspensos en la perplejidad de una intención que difícilmente compagina con lo dicho antes.
De todas formas, Deo gratias por el Sínodo que termina..
Et oremus pro fructibus...et futuras sinodales consecuentias.
*** (Llamo la atención sobre este párrafo con ese discurso inculturizador, que rezuma relativismo del más neto sabor modernistizante. Nótese.)
Desde el año pasado pronosticamos que el Sínodo, fuera lo que fuera, ya estaba determinado, con una muy expresa voluntad de PP Franciscus de la que Kasper estaba siendo agente procurador. Ahora, con el Sínodo en vísperas de clausurarse, nos enteramos de las triquiñuelas finales para salirse con las suyas. Dirán y repetirán, cada vez que haga falta, que la Doctrina no se ha tocado y sigue igual, pero todos sabemos que nada va seguir lo mismo. Los dos motu proprio francisquistas sobre las nulidades matrimoniales fueron un golpe de mano premonitorio. Y ahora las declaraciones públicas de algunos señalados implicados en la trama sinodal van desvelando lo que ya se preveía:
El Sínodo tiene final abierto, incluso en los temas delicados
El paso siguiente será ver cómo las conferencias episcopales arbitren medidas que, más o menos explícitas, autoricen la Comunión a los divorcidos re-casados. Y el capítulo sucesivo, con aplauso de la mayoría social infra-católica, será la paulatina aceptación pastoral de todas las demás conferencias episcopales. Incluso dentro de una misma nación podría darse el caso de algunas diócesis que consentirán y forzarán que otras más reticentes se vean obligadas a consentir también. Creo recordar que en un articulete del año pasado comparé el caso con el que ya se dio cuando la extensión de la administración de la comunión en la mano, que en pocos años fue universal. Pues con esto, lo mismo.
Si habrá o no habrá documento final de PP Franciscus, no se sabe. Ni falta que hace, dadas las circunstancias.
Hemos sido testigos de un grave capítulo de la Historia de la Iglesia cuyas consecuencias podrían ser mucho más profundas y lesivas de lo que ya nos figuramos.
Quienes recelamos de los autores y actores del Sínodo, nos preguntamos si las polémicas propuestas de Kasper & cía no serán el señuelo para distraer la atención mientras tanto se cuelan otros temas en el Sínodo. Temas que con sólo ser sacados a colación /exposición /discusión, por lo menos ya tendrían una 'presencia' que luego podría citarse como un hecho a estudiar /tratar /solucionar con más atención, dotándole así de más entidad, más allá de la que ahora no tiene. Por ejemplo, ese arzobispo canadiense que ha sacado la cuestión de la admisión de las mujeres al diaconado. ¿Se refiere PP Franciscus este tipo de cuestiones cuando en estos últimos días ha insistido en la 'apertura' del Sínodo, que no sea una asamblea 'cerrada'?
Con el mismo sentimiento aprensivo, nos preguntamos si no serán cebos en anzuelos para que piquen, cedan y pacten. Como un fino-florentino cambalache de callarnos nosotros esto si vosotros consentís aquello. Y se cambalachea, y se pastelea...y al final se elabora una pasta fina que se amoldará suavemente satisfaciendo a timoratos vencidos y aprovechando a intrépidos vencedores, que al fin lograrán lo pretendido.
Cuando he dicho lo del arzobispo canadiense ese, el pro-diaconisas, se me ha venido a la cabeza otro ocurrente canadiense, el célebre Léger, abanderado de las vanguardias cardenalicias vaticanosecundistas, y con él, en ristra, quasi he visionado la formidable tropa de los Liénart, Frings, Alfrink, Suenens. König, Bea, Lercaro...¿No parece un dejá vú? Me refiero al Sínodo y a sus maniobrantes hodiernos, epígonos y émulos de aquellos.
Y los 11 Cardenales tan aireados como los intransigentes también parecen un remake del Coetus Patrum, inocentes ellos, que a pesar de sus resistencias y cautelas se quedaron cortos y no intuyeron en toda su potencia catastrófica el tsunami devastador del post-concilio y el vendaval arramblante del espíritu del concilio.
Pues con estas aprensiones estamos, temiendo lo que se pueda estar cociendo y aun no ha salido. O el pasteleo que se esté amasando y aun no se ha destapado. O el cambalache que se esté pactando hoy y será la pesadilla de mañana y pasado mañana.
Porque, como decíamos in principio, no nos fiamos de autores y actores sinodales.
De vez en cuando recuerdo que los católicos estamos tan faltos de líderes, que levantamos en peana al primero que entona un simple pío-pío. Por eso algunos se han apuntado a la claque del prelado de Alcalá, a punto de encenderle velas en vida. Y yo no le veo el mérito; más bien discuto la oportunidad de temas y referencias, lo que otros le aplauden, precisamente.
Casi medio siglo después de Franco, todavía supervive un catolicismo español que no ha digerido que aquello pasó, que no existe un estado católico ni un partido político de bases católicas que represente a unos electores católicos. A estas alturas, quejarse en una pastoral de que Rajoy se comporte como uno más entre los presidentes de gobierno de la Europa del 2014 y su entorno político-social me parece, fifty-fifty , tan ingenuo como insensato.
Si Rajoy hubiera profesado el juramento anti-modernista antes de emprender su curriculum político, si hubiera prometido a la CEE un determinado programa, unos objetivos, habría cierta razón para llamarle la atención, pero Rajoy - que se sepa - no se comprometió a nada con los Obispos ni con los católicos españoles, no consta.
¿O acaso hubo algo? Si hubo, cuéntese con pelos y señales. Si no, evítese el esperpento sagradoescrituresco de trasmutar a Rajoy en Esaú en una disertación limitada a un determinadísimo sector católico que - me temo - ya ni siquiera recuerda o sabe la historia del potaje de lentejas y las triquiñuelas de los hijos de Isaac y Rebeca.
Quienes nunca hemos depositado esperanzas en Rajoy ni en su peperío, no nos sentidos ni defraudados ni traicionados con él ni con su tropa. No merecen una pastoral de obispo, no hay materia ni lugar.
Lo necesario, lo urgente, lo oportuno, lo conbativo sería una pastoral de obispo - de Alcalá o de la Cochinchina - apuntando al Sínodo, a sus fautores, a lo que está en juego moral-doctrinal, a quien maneja el timón y a la mar procelosa que amenaza a la barca.
Esa sí que sería una pastoral valiente de un obispo aguerrido, esgrimiendo el báculo, con la mitra bien puesta, precaviendo, defendiendo, denunciando y advirtiendo.
...pero lo de las lentejas de Rajoy, aguachirle (aunque algunos se lo hayan tomado por alquitarado destilado de esencias).
Si confunde (y promiscua) la Caja de Pandora con los Establos de Augias, si conoce la teología como la mitología, el tal debe de desenvolverse en un penumbroso universo de enredos mal deslindados y proyectos desenfocados.
El tal a quien me refiero es ese que dicen que es la eminencia gris de PP Franciscus, que en una entrevista, a propósito del Sínodo estridente, se desvela un engendro digno de vigilancia, dada su privilegiada situación/relación, sub umbra Petri.
No sólo se enreda con la mitología cuando dice que "...Si no se abre la caja de Pandora, lo que se hace es esconder la mugre debajo de la alfombra..."; no sólo parece que no sabe quien era Pandora, ni qué era su caja, sino que, con suma desconsideración, arremete contra los sinodales rebeldes (i. e. ortodoxos) con incontenible displicencia/violencia, y anima a la jerarquía a practicar el nihilismo moral, pues según este privilegiado prelado argentino "...lo que faltó fue que los obispos se preguntaran, como hizo Francisco, '¿quiénes somos nosotros para juzgar a los gays?' (...) ".
Además del malestar por sus declaraciones, confieso que hago esta crítica afectado por la repugnancia del tipo somático del personaje, que me resulta visceralmente antipático, quizá por similitud con un conocido (indeseable), también clérigo, moreno cetrino, cabeza ovoide, mirada lánguida y vestimenta clergyman poco creíble.
Su foto me ha recordado, como en un flash, al vampiro de la peli de Murnau, el abominable Nosferatu.
En suma, digamos que ha aparecido en la escena un siniestro personaje de la corte-camarilla francisquista.
Por las ventanas abiertas del aula sinodal se ha colado la fantasmal corriente aggiornante del espectro conciliar V2º. El tal viento ha perturbado tanto, que algunos se ven a ellos mismos protagonizando un remake del concilio y otros más deliran y ven a Ottaviani cuando miran a Müller.
Que recuerden con temor y temblor al venerable Ottaviani da idea de la edad de los afectados, del look vaticanosecundista que endosan y de la resaca crónica que la borrachera conciliar les ha dejado. Pero ellos, los sinodales resfriados que estornudan y moquean polvos y lodos de los '60, no quieren que les vean viejos reumáticos con artrosis post-conciliar, sino interlocutores en onda con el mundo moderno. El mundo es su fascinación. Practican una contra-ascética pervirtiendo el clásico de contemptu mundi y volviéndolo un abrazo estrecho (caricias, roces y tocamientos) con el mundo, su mundo, este mundo.
Por eso contemporizan globalmente y asimilan todo-todito-todo, las fornicaciones, los concubinatos, las aberraciones nefandas...Todo. En un incongruente discurso, culmen de la hipocresía de todos los tiempos, dicen que guardan la doctrina y practican la misericordia, como si dijeran que salvan al becerro y hacen barbacoa con su carne, todo a la vez.
El resumen de lo expuesto y discutido horripila el vello de la piel católica (de quien la conserve). Lo que ya se veía venir es lo que ha llegado, lo que Kasper adelantó. Una primavera, dicen. Una terrible tormenta de primavera, digo, con rayos, truenos y granizo.
De la ya escandalosamente famosa Relatio post disceptationem, este sería el equívoco enunciado matriz:
11. (...) Es necesario aceptar a las personas con su existencia concreta, saber sostener la búsqueda, alentar el deseo de Dios y la voluntad de sentirse plenamente parte de la Iglesia, incluso de quien ha experimentado el fracaso o se encuentra en las situaciones más desesperadas. Esto exige que la doctrina de la fe, que siempre se debe hacer conocer en sus contenidos fundamentales, vaya propuesta junto a la misericordia.
Esta la artimañosa tesis hermenéutico-argumental:
17. En consideración del principio de gradualidad en el plan salvífico divino, nos preguntamos ¿Qué posibilidades tienen los cónyuges que viven el fracaso de su matrimonio? o ¿Cómo es posible ofrecerles a ellos la ayuda de Cristo por medio del ministerio de la Iglesia? A este propósito, una significativa clave hermenéutica proviene de las enseñanzas del Concilio Vaticano II, el cual, mientras afirma que "la única Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia católica", también reconoce que "fuera de su organismo se encuentran diversos elementos de santificación y de verdad, que, perteneciendo propiamente por don de Dios a la Iglesia de Cristo, impulsan hacia la unidad católica" (Lumen Gentium, 8).
18. Bajo esta luz, son sobre todo reafirmados los valores y la consistencia propia del matrimonio natural. Algunos se preguntan si es posible que la plenitud sacramental del matrimonio no excluya la posibilidad de reconocer elementos positivos también en las formas imperfectas que se encuentran fuera de tal realidad nupcial, a ella de todos modos ordenada. La doctrina de los grados de comunión, formulada por el Concilio Vaticano II, confirma la visión de un modo articulado de participar en el Mysterium Ecclesiae por parte de los bautizados.
19. En la misma perspectiva, que podríamos llamar inclusiva, el Concilio también abre el horizonte en el cual se aprecian los elementos positivos presentes en las otras religiones (cf. Nostra Aetate, 2) y culturas, no obstante sus límites y sus insuficiencias (cf. Redemptoris Missio, 55). De la mirada dirigida a la sabiduría humana presente en ella, de hecho, la Iglesia comprende como la familia viene considerada universalmente una forma necesaria y fecunda de convivencia humana. En este sentido, el orden de la creación, en el cual planta sus raíces la visión cristiana de la familia, se despliega a nivel histórico, en las diversas expresiones culturales y geográficas.
20. Se hace por lo tanto necesario un discernimiento espiritual, acerca de las convivencias y de los matrimonios civiles y los divorciados vueltos a casar, compete a la Iglesia reconocer estas semillas del Verbo dispersas más allá de sus confines visibles y sacramentales. Siguiendo la amplia mirada de Cristo, cuya luz ilumina a todo hombre (cf. Gv 1,9; cf. Gaudium et Spes, 22), la Iglesia se dirige con respeto a aquellos que participan en su vida de modo incompleto e imperfecto, apreciando más los valores positivos que custodian, en vez de los límites y las faltas
Este el golpe aberrante:
50. Las personas homosexuales tienen dones y cualidades para ofrecer a la comunidad cristiana: ¿estamos en grado de recibir a estas personas, garantizándoles un espacio de fraternidad en nuestras comunidades? A menudo desean encontrar una Iglesia que sea casa acogedora para ellos. ¿Nuestras comunidades están en grado de serlo, aceptando y evaluando su orientación sexual, sin comprometer la doctrina católica sobre la familia y el matrimonio?
51. La cuestión homosexual nos interpela a una reflexión seria sobre cómo elaborar caminos realísticos de crecimiento afectivo y de madurez humana y evangélica integrando la dimensión sexual: por lo tanto se presenta como un importante desafío educativo (...)
52. Sin negar las problemáticas morales relacionadas con las uniones homosexuales, se toma en consideración que hay casos en que el apoyo mutuo, hasta el sacrificio, constituye un valioso soporte para la vida de las parejas. Además, la Iglesia tiene atención especial hacia los niños que viven con parejas del mismo sexo, reiterando que en primer lugar se deben poner siempre las exigencias y derechos de los pequeños
Si ironizamos diciendo que es el Sínodoma y Gomorra, es porque huele, suena y parece eso. Si no todo, sí bastante.
Aun así, no desesperemos. Como sólo se trata de un borrador (manipulado) y sólo un ensayo (bajo el espectro embriagador del sublimado V2º combinado con fashion-mundum-fascination), todavía nos queda el recurso de la oración para que la tentativa falle y vaya al cesto de la basura (pues hogueras ya no hay).
Oremus, ergo, pro conversione Sínodomae et Gomorrae, fratres.