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domingo, 14 de febrero de 2021

Recortables


E
ntre la cartelería cofradiera se cuela de vez en cuando (frecuentemente, es decir) algún engendro que el cofradierismo oficial-profesional pretende salvar de la merecida crítica alegando eruditas o contundentes rimbombancias, por ejemplo estas dos de la prensa hispalense hodierna: "Un cartelazo en toda regla ", dIce uno, y el otro: "Arte contemporáneo".
Un recortable, digo yo; un recortable como aquellos de pliego con soldaditos.
Que vale, que puede valer, que va a valer. Vale. No problem. Pero es un recortable en supuesto formato Viacrucis sevillano.
- Es que es diseño vanguardista y etc. etc. etc.
Que sì, que sí... Pero sigue siendo una hoja de recortables.
'

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miércoles, 1 de marzo de 2017

Miserere - Glosa del Beato Diego José de Cádiz

I
Ten mi Dios, mi bien, mi amor
Misericordia de mí,
ya me ves postrado aquí,
con penitente dolor:
ponga fin a tu rigor
una constante concordia,
acábase la discordia,
que causó el yerro común,
y perdóname según,
tu grande misericordia.

II
Y según la multitud
de tus dulces y adorables
misericordias amables,
sácame de esclavitud.
Ya me ofrezco a la virtud,
y protesto a tu bondad,
que con letras de verdad,
caracteres de mi fe,
yo tu amor escribiré,
borra tú mi iniquidad.

III
Lávame más, buen Señor,
de mi iniquidad, porque
aun lavado, yo no sé
que me asalta de temor.
Fuentes de mi Salvador,
que habéis al mundo regado,
a mi corazón manchado,
lavad en vuestras corrientes,
y tú, dueño de estas fuentes,
límpiame de mi pecado.

IV

Porque yo en mi desvarío
conozco mi iniquidad
conozco que mi maldad
atropelló a mi albedrio:
que fue doble el yerro mío.
Miré, ví, quise, caí,
fui sangriento, le ofendí.
No puedo ocultarlo ya.
Conozco que siempre está
mi pecado contra mí.

V
A Ti sólo te ofendí,
hice delante de Ti,
el mal con que te agravié:
lo confieso para que,
o bien si me castigares,
o bien si me perdonares,
te justifiques, Señor,
en tus palabras de amor
y venzas cuando juzgares.

VI
Ya ves que en iniquidades
fui concebido, Señor:
¿Qué quieres de un pecador
que se concibió en maldades?
Merezca ya tus piedades
quien en culpa se formó;
si esta hechura se quebró,
templa tus ojos airados,
pues en males y en pecados
mi madre me concibió

VII
Ya ves, ¡oh Dios de mis cultos!,
pues amaste la verdad,
con cuanta sinceridad
te confieso mis insultos.
Tú los inciertos y ocultos
arcanos que has reservado;
allá en el seno sagrado
de tu alta sabiduría,
ciertos, claros como el día,
me los has manifestado.

VIII

Me rociarás, ¡oh! Bondad!,
con hisopos de tu sangre
hasta que en fin se desangre
la vena de mi maldad.
Me limpiaré y tu piedad,
si sobre mí se conmueve
y el sacro rocío llueve,
me lavarás y seré
puro, limpio quedaré,
y blanco más que la nieve.

IX
A mi oído le darás
un gran gozo y alegría
cuando oiga anunciar el día
en que me perdonarás.
Mis entrañas llenarás
de placer, escucharán
tu voz y te cantarán
himnos a Ti consagrados,
y mis huesos humillados
de contento saltarán.

X
Aparta tu rostro ya
de mis pecados y mira
que tu dulce vida expira
por mi, que por mi se da.
Tu sangre pidiendo está
el perdón de mis maldades,
y para que a tus piedades,
veloz mi espíritu corra,
destruye, consume y borra
todas mis iniquidades.

XI
Un corazón limpio cría,
!oh Dios!, en mi pecho impuro.
Rompe este corazón duro,
derrite esta nieve fría.
¡Ah! engañosa pasión mía,
¡cuán blandamente me engañas!
Tú Señor, que a nadie engañas,
dame un casto y dulce afecto,
y un noble espíritu recto,
renueva Tú en mis entrañas.

XII
No me arrojes enojado
de tu presencia, Señor,
que esta hechura tu dolor
y tu sangre te ha costado.
Perdí a Dios, dejé a mi amado,
y pues que yo te perdí,
deja que se anegue aquí
mi culpa en un mar de llanto,
más a tu Espíritu Santo,
no lo retires de mí.

XIII
Vuélveme ya la alegría
de tu salud que he perdido,
y volverá a tu sentido
y placer el alma mía.
Venga ya el dichoso día
que ponga fin a mi mal,
y con la gracia final
confírmame en tu afición
con un noble corazón
y espíritu principal.

XIV
Yo mismo enseñaré
a los malos tus caminos,
de sus torpes desatinos,
Señor, los apartaré:
Yo con tu luz guiaré
los tristes hijos de Adán,
ya que tan ciegos están
en los locos desvaríos
de su error, y los impíos
a Ti se convertirán

XV
Líbrame de sangre ajena,
¡oh Dios, Dios de mi salud!,
Yerros de mi juventud
me han labrado esta cadena.
Cautivo el corazón pena,
gime, llora y llorará,
y el mundo todo sabrá
que el mar de mis culpas mengua
con lágrimas, y mi lengua
tu justicia cantará.

XVI
Señor abrirás mis labios,
publicaran tus grandezas,
y te volveré en finezas,
lo que te quité en agravios.
Si para tus desagravios
das aliento a mi esperanza,
te entregaré sin tardanza,
este corazón de roca,
y agradecida mi boca,
anunciará tu alabanza.

XVII
Porque si hubieras querido,
sacrificio ensangrentado,
cierto que lo hubiera dado
para aplicarte ofendido.
Pero estoy bien advertido
que al corazón miras más,
y, pues lágrimas me das,
lloro mis días infaustos,
Señor, que en los holocaustos,
Tú no te deleitarás

XVIII
Sacrificio es para Dios,
un espíritu rendido,
atribulado afligido,
partido de pena en dos.
Confiado llego a Vos,
resuelto a no pecar más,
y un corazón que verás,
ya contrito y humillado,
arrepentido, enmendado,
mi Dios, no despreciaras.

XIX
Con benigna compasión,
Señor, con dulce piedad,
con tu buena voluntad,
trata a la amada Sion.
Benigno, tu corazón
acabe de hacer también,
que no tarde más, mi bien,
que se enjuguen ya mis llantos,
que se edifiquen los santos
muros de Jerusalén

XX
Entonces aceptarás
de justicia el sacrificio,
las oblaciones propicio,
y los holocaustos más.
Entonces recogerás
de montes, valles y cerros,
victimas que por sus yerros
penitentes gemirán;
entonces, Señor, pondrán,
sobre tu altar los becerros.




Seguramente, esta glosa rimada del Salmo 50 la pensó el Btº Fray Diego José de Cádiz para ser cantada en las misiones populares, a las que dedicó gran parte de su fecundo ministerio como predicador.
El Miserere del Beato Diego José fue muy popular, se imprimió muchas veces, con ediciones por toda España. En Sevilla, donde el célebre capuchino fue muy estimado, llegando a ser honrado por el Cabildo Catedral, la Maestranza de Caballería y las principales cofradías de la ciudad, apenas pervive su memoria, tampoco tiene devoción. Curiosamente, el Miserere glosado del Beato se ha conservado en otros sitios. En Zamora lo cantan en la Hermandad del Cristo del Amparo, conocida como la de las Capas Pardas, a la recogida de la procesión en su iglesia de San Claudio de Olivares, el Miércoles Santo. Lo llaman 'miserere alistano', porque el canto procede de la comarca de Aliste, probablemente del pueblo de Bercianos, donde sale cada Viernes Santo una antigua procesión, inspiradora de la de Zamora capital.



Si, como es muy probable, este Miserere también se cantó en Sevilla, cuando los sermones del Beato Diego José, sonaría, quizá, de otra forma ante el Señor del Gran Poder, o en el Patio de los Naranjos de la Catedral, donde una lápida recuerda al pie del púlpito que aquel fue el sitio desde donde predicaba el santo capuchino.

Yo lo pongo porque es una preciosa oración, castiza y devotamente popular, muy buena para rezar y ambientar la Cuaresma que hoy empieza.

Prosit !


+T.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Tota Pulchra et in dolore


Predico de la Virgen que los Siete Dolores que le atribuimos la embellecieron, la perfeccionaron. Me apoyo en Hb 2, 10: "...decebat enim eum propter quem omnia et per quem omnia qui multos filios in gloriam adduxerat auctorem salutis eorum per pasiones consummare / Convenía, en verdad, que Aquel por quien es todo y para quien es todo, llevara muchos hijos a la gloria, perfeccionando mediante el sufrimiento al que iba a guiarlos a la salvación." La Madre del Señor también se perfecciona en la Pasión del Hijo, por la Pasión del Hijo. Concebida en gracia, poseedora de toda virtud, sin embargo no había adquirido aquella perfección del amor en el dolor, que le advino iuxta Crucem.

Por eso, más bella que la Inmaculada es la Dolorosa: Cada dolor la perfecciona, cada lágrima la embellece. Por eso es tan bella, la más bella, en su Asunción, cuando la suben, porque lleva en su ser - cuerpo y alma - la perfección de la Pasión de la Virgen-Madre, Tota Pulchra. Por eso sube, tan excelsa, por encima de la belleza de los ángeles, más hermosa que los querubines, más bella que los serafines.

 

La iconografía católica atina cuando representa en el Stábat Mater a una mujer bella, dolorosa mas hermosa, especialmente pulcra en el dolor, Mater iuxta Crucen Filii.

Desde el románico, un realismo poco elaborado espiritualmente que representa el patetismo trágico de la Pasión con formas poco atractivas, no bellas, recalcando la descomposición de los rasgos de Cristo-herido y María-lacrimosa, va dejando paso a la iconografía de la Mater Pulchra in dolore. Ya en el Descendimiento de Roger van der Weyden, del Prado, la Virgen sincopada es la figura más hermosa del conjunto, patética en su dolor desmayado, pero bella. La Pietá del Michelángelo (Vaticano) es un culmen iconográfico de la acertada contemplación mística del misterio de la belleza del dolor divino, la hermosura de la Pasión del Hijo, cuya gracia también vence la fealdad del pecado, siendo todo hermoso el cuerpo sacrificado, siendo bello el dolor de la Madre que le llora, mostrándolo, juntamente con el suyo, como misterio de amor, atractivo porque es bello su dolor, ese dolor.



En la Escuela Andaluza de los siglos XVII-XIX, se roza casi lo sublime del concepto belleza-dolor en las figuraciones pasionistas. De Murillo y Montañés a los primeros maestros e imagineros del neoclásico y el romanticismo, la expresión de la belleza dolorosa desvela un logro iconográfico insuperable.

Una tesis a desarrollar: La merma en fe-devoción, incapacita la percepción de la belleza. En este sentido, me resultó tan extrañamente impresionante la primera vez que vi la 'Mater Dolorosa' de Rembrandt, una figura ligada a la iconografía hispánica (es, de hecho, una versión de la popularísima 'Soledad', ataviada con toca y delantal blancos, manos cruzadas y manto-velo negro), pero tan alejada en su patetismo del concepto de belleza/gracia.




El sueco Pär Lagerkvist, en su novela 'Barrabás' hace aun una más cruda y anti-estética descripción de la Dolorosa:

"...Tenía el aspecto de una campesina ruda y tosca. De vez en cuando, se pasaba el dorso de la mano sobre la boca y la nariz, que le goteaba, porque estaba a punto de llorar. Sin embargo, no lloraba. Su pesar era diferente del de los otros, como era diferente la forma en que lo miraba. Sí, era su madre. Experimentaba, sin duda, una compasión más profunda que la de cualquier otro; pero parecía reprocharle haberse prestado para hacerse crucificar."

Concluyo que se trataría, iconográfica-estéticamente, de una extensión negativa de la bienaventuranza: "Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios". Sin gracia en el alma, los sentidos no perciben, no son capaces de contemplar la belleza en el dolor.




Quiero insistir que me refiero no sólo a una belleza interior, sino a una hermosura corporal, como la que expresa el Cantar de los Cantares, una belleza formal, atractiva, radiante y seductoramente hermosa para el espíritu y la vista, interna y externamente.

n.b.
Escribo en Sevilla, centro iconográfico de la Mater Pulchra in dolore; también epicentro del mal gusto que desgracia por ínfima sensibilidad, torpe y vulgar, confundiendo lo sublime con lo ridículo más populachero.


+T.

martes, 1 de abril de 2014

Victoria y Paz

 
En pocos sitios de España sobrevive el pundonor de llamar a los hechos por su nombre y reconocerse en ellos. Por eso, que un 1 de Abril se recuerde la victoria y se ruegue por la paz, viene a ser un testimonio que, aunque sea un pequeño clamor entre las turbas, tiene mucho sentido y valor.

Lo que la des-memoria histórica de la piara marxista ha falseado y silenciado, en Sevilla es una institución sagrada, piadosa y popular, contra la que los malos (los vencidos) no se atreven a atentar porque goza del refrendo de la gente, del pueblo sencillo que sabe lo que pasó y se desentiende de imposturas impuestas, todo ello sin oponerse a nada, ni luchar contra nadie, ni reivindicar, ni movilizarse, puesto que basta la rotunda e incontestable realidad de una pacífica y no contradicha posesión.

La crónica de la Hermandad y Cofradia Sacramental del Stmº Cristo de la Victoria y Ntrª Srª de la Paz, da fe, con sencillas palabras, del cuando, cómo y por qué de su fundación:

"...Los sufrimientos de la recién terminada Guerra Civil y los deseos de que nunca más se repitieran están en el origen de la Hermandad de la Paz.

Nos situamos en la Sevilla de 1939. La Guerra Civil española ha terminado el 1 de Abril. Ese año la Semana Santa se celebra con todo su esplendor ya que a Sevilla hacía tiempo que había llegado la paz y la ciudad era considerada como retaguardia.

En Sevilla, en la primavera del 39 se vivía intensamente el año de la Victoria. Durante el mes de abril, el Jefe del Estado, Francisco Franco visitaba nuestra ciudad siendo aclamado por la multitud. Se celebraba en la Avenida de la Palmera el Desfile de la Victoria, y la Virgen de los Reyes el 16 de Abril, y el Gran Poder el 2 de Mayo, salen en procesión para dar gracias por el fin de la guerra.

En la primavera del 39, toma posesión como Arzobispo de Sevilla el Cardenal Pedro Segura, un hombre de recio carácter y temperamento. Rápidamente afirmó sus criterios en lo litúrgico y en lo profano. El Gobierno de Franco halló en él un aliado perfecto para que a través de la piedad popular reconvirtiera la Sevilla marxista de 1936 en la Sevilla cristiana de la Postguerra.

En este ambiente de euforia por la llegada de la paz y de énfasis religioso se funda la Hermandad de la Paz (...)

Los fundadores de la Hermandad de la Paz, eran, ante todo, capillitas y cofrades sevillanos (...) deciden fundar una hermandad para (...) dar gracias a Dios por la llegada de la paz a España..."
(web Hermandad de la Paz)

En Sevilla, la Victoria con Paz, más que un recuerdo histórico real y verdadero, es una devoción ferviente que procesiona triunfante el Domingo de Ramos, con hábitos de paz y luz de victoria, fascinando a todo el que ve pasar entronizado al Cristo de la Victoria tomando su Cruz, y a la Madre del Señor aclamada, bajo palio, como Reina de la Paz.



Para nosotros, los que nos reconocemos en la victoria del 1-IV-1939, cuando pedimos por la paz conseguida, además de recordar un capítulo glorioso de nuestra historia - hechos y hombres - proclamamos una esperanza mayor y mejor, que trasciende los anales terrenos y se abre a un horizonte de gloria y eternidad.

Quiero decir, que además de haber sido vencedores y artífices de paz, somos también creyentes que aguardamos más victoria y más paz.


+T.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Novedad: Turismo Cuaresmal


Ya sabemos que todo ha ido desvirtuándose paulatinamente, pero, de vez en cuando, nos sorprenden nuevos (o desconocidos) niveles de degradación. Por eso, cuando pasan cosas como estas, por una parte, no nos extraña; por otra parte, nos afecta un inquieto malestar, hondo y conmovente como una saeta, nunca mejor dicho, véase:

El Ayuntamiento de Sevilla promociona en Madrid el turismo de Cuaresma

Desde siempre ha sido Sevilla un foco de atracción para gente con buen gusto. Recuerdo, por ejemplo, a aquella conspicua hija de la Gran Bretaña, Lady Holland, excéntrica proto-romántica, que se hizo quasi-adicta a sahumarse con incienso-blended-typical-Catedral de Sevilla, que, por compromiso, los parientes de Blanco White le mandaban en cajoncitos desde la capital hispalense, para que la lady, sibarita de olfato, lo quemara en su salón londinense. Volutas para la voluptuosidad, en suma, aun no siendo el incienso sevillano perfume de boudoir sino elemento del culto litúrgico católico. Pero los sentidos, tantas veces, no entienden de religión y confunden el medio espiritual y/o sus recursos usándolos como deleite carnal, sea arquitectura, o escultura, o música, u olor, como estoy contando.

Conque valga el caso de la caprichosa Lady Holland para justificar este novedoso lanzamiento-promoción del turismo cuaresmal sevillano.

Digamos, por otra parte, que nuestros propios autóctonos ya consumen, desde muy antiguo, mucho antes de que la Lady Holland se aficionara al incienso catedralicio, estos productos quadragesimales que ahora se publicitan como típicos goces de la Cuaresma según Sevilla, siendo verdad que todos pecamos y hacemos pregones ditirámbicos a las torrijas o dedicamos saetas anacreónticas al bacalao. Y al arroz con leche, las espinacas, las tagarninas, y al más humilde potaje garbancero de Marzo y Abril.

Pero distingamos y digamos que una cosa son los humildes solaces de la despensa parca y contenida de la cuaresma católica andaluza, y otra cosa es inventarse un turismo con eso o a propósito de eso. La distancia entre una cosa y la otra es la que va entre el desmayo de un ayuno de Miércoles de Ceniza que se mantiene con un café por la mañana y con la esperanza de las espinacas, el bacalao y las torrijas que será la colación-cena del día-noche, y el atracón de bares, tapitas, cañas en barra y almuerzo en mantel trajinando dia, medio-día, tarde y noche-medianoche, correteándose, turísticamente, la ronda, el centro y los barrios, con ambiente cofradieril y coartada cuaresmal. Es decir, resumiendo, que es virtud de carnestolendas reconstituirse post-ieiunium con un plato de vigilia, que sabe a gloria; pero es pecado de lesa-cuaresmalidad venirse a Sevilla para practicar un tour-báquico con disfraz morado-inmoral de pseudo-cuaresma.

Digo también, así y todo, que parte de la culpa de este pitorreo la tuvieron (y tienen) los prelados hispalenses que, desde hace medio siglo, cometen el despropósito de dispensar ayunos y abstinencias el Viernes Santo. Un año que el 28-F ('F' de 'fantasma') cayó en Miércoles de Ceniza, también dispensaron. Así, la negligencia frívola de los pastores confunde a las ovejas bobas, llevándolas a la impiedad irreligiosa más banal.

Tiene des-gracia que sigamos vendiéndonos como sitio idóneo para la juerga y el disfrute fino. Tiene más desgracia que promocionemos gustos repugnantes de pijo-señoritos en adobo putrefacto. Tiene suma desgracia que hayamos convertido todo ello en un auténtico 'genero', con tipos humanos, micro-geografías y referentes en trance de cateta mitologización.

Pero la desgracia mayor es corromper lo sacro degenerándolo en profano. Y dejarlo estar. Y consentirlo. Y, al fin, consumirlo también por corrección político-sevillana (algo tan sutil).



Nos indignábamos cuando la piara pesoera se refería a la Semana Santa como un 'valor cultural'. Pero los promotores del turismo cuaresmal no son gente del capullo en el puño, sino peperos impúdicos. Son esos de la foto. El cura sonriente con dientes no sé quién será, no le conozco, faltaría más. A un par de los otros del grupo sí les conozco, qué se le va a hacer, pido disculpas y prometo no hacerlo más. Quédense Uds. con las caras para, si llega el caso, saludar y olvidar, con fina displicencia sevillaní.

Con toda la jeta marmorizada, los filo-cuaresmales pregonan:

"...Desde el Ayuntamiento de Sevilla queremos que estos 40 días que dura la Cuaresma no se queden sólo para los sevillanos, queremos que vengan visitantes a conocer lo que sucede en las calles e iglesias, queremos que los turistas descubran los ritos, sabores y olores de la Cuaresma."

Dicen esto, mezclando calles con iglesias y ritos con sabores-olores, sin la menor consciencia, impúdicos, sin vergüenza católica porque ellos mismos profesan la promiscua religión del montadito ibérico, el aroma de incienso en nariz y la copita de manzanilla en la mano, in saecula saeculorm. Amén-Olé (les responde el coro). Y sigue la liturgia con flamenquito y hasta una 'misa de la alegría' muy pijo-guapa, como extensión de la frontera de la capilla al colmao. ¡Qué bien se está aquí!

Resumiendo, unos pervierten y otros se dejan pervertir.

Nosotros, en cuanto podemos, resistimos. Cada vez nos entienden menos, nos excluyen más y tenemos más difícil poder estar e intervenir.

Tenemos la plaza ocupada y hasta en la procesión hemos perdido el mando: Son otros los que llevan el estandarte, el paso, el palio y la cofradía entera. A lo sumo, si no hacemos mucho ruido, nos dejan ir, con vela o con cruz, en silencio y con la cara tapada. Nada más.

p.s. A punto he estado de decir, para cerrar el articulete, '¡Feliz Cuaresma!', como dicen ya muchos por aquí, aunque Uds. no se lo crean. Doy fe.


+T.

viernes, 9 de agosto de 2013

La Imagen de la Esperanza Macarena


La sección de Cofradías del ABC de Sevilla traía hoy un articulo sobre la autoría de la Macarena, un artículo de apenas valor (típica noticia de relleno agosteño, publicada en la revista Pasión en Sevilla , nº 41, Nov. 2011), recogiendo, sin referencias, algunas opiniones de conocidos restauradores y escultores-imagineros sevillanos.

No existiendo (´no se conoce hasta el día) una documentación fidedigna, lo más discreto es dejar el tema en un suspenso poco definido, como hace el catedrático Fcº. Arquillo, que prefiere una datación temprana para la Imagen de la Virgen de la Esperanza, situándola en la primera mitad del s. XVII, sin más precisiones ni referencias.

Miñarro presenta una hipótesis (reforma en el XVIII de un original relacionado con Mesa) de relativo compromiso y complicada documentación, una teoría de laboratorio que daría material para un ensayo histórico-crítico-artístico-iconográfico que podría implicar a toda la galería de maestros y talleres de escultura del barroco hispalense.

La opinión que el artículo adjudica a Álvarez Duarte demuestra poca competencia al respecto, insistiendo en una disparatada atribución a Ruíz Gijón o 'su círculo', absurda apreciación que descalifica al opinante.

A pesar de ser un artículo nada 'científico' he echado de menos la cita, al menos, de la atribución por relación y semejanza con la única imagen conocida, hasta ahora, que tiene valor de 'documento' acreditativo, aunque dejando sin solución la identificación del escultor imaginero de la Macarena.

Me refiero a este dato: En la Parroquia de San Gil, histórica sede de la Hda. de la Esperanza Macarena, existió hasta su destrucción el 18-19 de Julio de 1936 una imagen de Santa Macrina jr. procedente del extinto Convento de San Basilio (sede original de la cofradía). Por fortuna, en el riquísimo archivo del antiguo Laboratorio de Arte, hoy Fototeca de la Universidad de Sevilla, se conservan cuatro fotografías de la desaparecida escultura, tres de ellas (las mejores) tomadas por José Mª González-Nandín Angulo en 1929, aprovechando que la Stª Macrina estuvo entre las obras prestadas por el Arzobispado para una de las exposiciones de patrimonio artístico organizadas durante la magna Exposición Iberoamericana; son tres estupendos negativos originales, uno en placa de vidrio y dos en celuloide. La cuarta foto aparece en el registro de la Fototeca como original de R. de Salas, aunque fechada en 15-4-1949 (probablemente la fecha de ingreso en el archivo fotográfico), parece tomada también durante la exposición del 29, pudiéndose apreciar en la peana una tarja con el nº 87, quizá el número del catálogo de exposición.






La Santa capadocia (Hermana de San Basilio Magno y de San Gregorio de Nisa) se representa estante, insinuando la pierna izquierda en actitud de avance; viste el hábito de monja basiliana, un ropón talar negro con pliegues, sin ceñir, con amplias y largas mangas que dejan ver otras ajustadas al puño, toca con punta en la frente y plieques en torno al cuello y el pecho, formando el característico rostrillo, con velo que cubre cabeza y hombros; en la mano izquierda lleva un libro abierto (regla monástica) y en la derecha debió llevar el báculo o la férula de abadesa.

La semejanzas con el rostro ylas  manos de la Macarena es asombrosa. Lástima que no se pueda estudiar directamente el original, desgraciadamente destruido en el asalto de las hordas marxistas a la Parroquia de San Gil, la aciaga noche-madrugada del 18 al 19 de Julio de 1936. **

Es evidente que cualquier hipótesis sobre la autoría de la Esperanza Macarena tiene que apoyarse en este dato. Quien documente la autoría de la Santa Macrina resolverá también el enigma del autor de la Macarena.

Si Dios quiere.


** Curiosamente, el 19 de Julio es la fiesta de Stª Macrina jr. detalle ignorado por los criminales que perpetraron aquella sacrílega destrucción.

+T.

sábado, 2 de marzo de 2013

Ritos de rezo y silencio

 
En el coro ha empezado a sonar el órgano, tocando la saeta primera, al punto de salir el sacerdote de la sacristìa, con pluvial morado; le acompañan los acólitos con el incensario y la naveta. Caminan despacio, recogidos, al ritmo lento de la antigua música de la Hermandad, la misma que hace siglos suena ante sus pasos en la Madrugá. Al llegar al presbiterio bajo se detienen y hacen reverencia a la Imagen del Señor, expuesto en besapiés. El sacerdote comienza las preces, cinco salutaciones de alabanza a Jesús Nazareno:

- Te adoramos, Jesús Nazareno, Hijo de Dios Altísimo, Redentor nuestro; por la fuerza de tu Santa Cruz defiéndenos de nuestros enemigos y fortalece con tu brazo potente a tu Iglesia Santa: Te alabamos, Cristo, Señor y Rey nuestro: Padrenuestro...

- Te adoramos, Jesús Nazareno, Hijo de Dios Omnipotente, Salvador nuestro; por la virtud de tu Cruz Sacrosanta extiende la paz por el mundo y ampara propicio a nuestra patria. Te alabamos Cristo, Rey y Pastor nuestro: Padrenuestro...

- Te adoramos, Jesús Nazareno, Hijo de Dios Eterno, Señor nuestro; por el misterio de tu Cruz Salvadora líbranos del pecado y haznos fuertes para vencer la tentación. Te alabamos, Cristo, Rey de eterna gloria: Padrenuestro...

- Te adoramos, Jesús Nazareno, Hijo de Dios Misericordioso, Mediador nuestro; por los méritos de tu Cruz Amorosa santifica nuestras almas y condúcenos a tu Reíno. Te alabamos, Cristo, Rey y Sacerdote Eterno: Padrenuestro...

- Te adoramos, Jesús Nazareno, Hijo del Dios Verdadero, Señor nuestro y Dios nuestro; por la gloria de tu Cruz Redentora bendícenos con tu poder y danos tu amor y tu gracia. Te alabamos, Cristo, Rey del Universo, Señor de Cielo y Tierra: Padrenuestro...

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo...

Los del coro cantan ahora la copla antigua del Quinario:

"Sufriendo, Jesús mío,
y a fuerza de dolor,
diste la Gloria Eterna
al pobre pecador...

(...) Oh Jesús! Oh Jesús
¡cuánto sufres por mi amor (...)

¡Ten compasión, ten compasión!"


El sacerdote, frente al Nazareno, con la mirada fija, reza y canta, siguiendo la letra de la copla, o dice alguna oración que no se oye, sólo se le ve mover los labios. A un lado y otro, el Hermano Mayor y otros señores hermanos de la Junta de Gobierno, algunos ancianos venerables y otros jóvenes estrenando vida, parecen igual de estáticos que el sacerdote, como si la Imagen del Señor les fascinara y envolviera en un halo de piedad, de emoción, de recogimiento, mitad embelesados, mitad temerosos, como si vieran más allá y más alto de la misma visión que captan sus ojos al contemplar la faz del Nazareno.

Cuando el coro entona el 'Christus factus est', el acólito acerca el turíbulo y el sacerdote incensa, cadencioso y pausado, la Imagen del Señor; se inclina y gira hacia la capilla de la Virgen e incensa desde allí mismo a la Imagen de María Santísima: Inclinación y tres glopes dobles de incensario al Señor, reverencia;  inclinación y dos golpes dobles de incienso a la Virgen, reverencia...

Sigue el responsorio 'Adoramus Te, Christe, et benedícimus Tibi / Quia per Sanctam crucem Tuam redimisti mundum'

El oremus del sacerdote suena grave y solemne, con la oración cantada

"Deus protector noster aspice, et respice in faciem Christi tui; custodi virtute Crucis Eius quibus in Suo Sánguine redimisti. Per eundem Christum Dominum Nostrum...Amen."

Concluídas las preces, el preste y los acólitos retornan a la sacristía, mientras el órgano toca otra vez la saeta primera.

El capiller comienza a apagar las luces de la capilla, después las del presbiterio. La Imagen del Señor queda sólo iluminada por unos reflectores que resaltan la figura sagrada rodeada de la penumbra del altar mayor, sólo con la luz de las velas de los candeleros y los faroles.

Se acercan quedamente algunas mujeres para besar los pies del Señor, el talón de la Imagen, el extremo de la Cruz de plata y carey. El prioste espera a que los últimos hermanos besen otra vez; algunos fotógrafos aprovechan para hacer las últimas instantáneas, captando algún perfil, algún detalle.

Se oyen chirriar las aldabas del cáncel de la iglesia, y, poco después, los cerrojos del portón de la calle, con esos ecos tan sonoros, tan identificativos de un ambiente, de un momento, de un lugar y un tiempo conocido, repetido, sabido.

Al salir al compás del atrio, el aire frío de la noche huele al incienso de la capilla, un aroma de resinas y rosas que nos llevamos prendido en la ropa y en la mente, que luego nos volverá en sutiles volutas de evocación, como un tracto de oración, con las notas de las coplas, con la neblina transparente, suave y vagamente radiante, de una visión de lo que hemos contemplado, olido, besado, sentido, rezado...

Deo gratias!


Ex Voto

+T.






viernes, 14 de septiembre de 2012

Cruz gloriosa


En Sevilla, ver andar a la Cruz no es una imaginación. La Cruz que precede a las procesiones de las Cofradías de Semana Santa se llama 'Cruz de Guía'. Es una insignia de la Hermandad, que recibe en algunas de estas corporaciones culto como Titular. Abre el paso de la Cofradía, yendo flanqueada por faroles y el primer tramo de nazarenos, y suele ser llevada por algún hermano a quien se le reserva el privilegio de ser portador de la Cruz de Guía.

Así la Cruz camina con paso humano, con las mismas cadencias del andar de su portador, dotada de un grácil y a la vez grave movimiento, variable según el peso y dimensiones de la insignia, dependiendo también de la estatura y capacidad del que la lleva. Las más antiguas de estas cruces que han llegado hasta nuestros días son del siglo XVII, talladas, doradas y policromadas, con representaciones de los atributos de la Pasión. De comienzos del siglo XIX, ca. 1800-1825, es un modelo con ejemplares en algunas de las Cofradías más clásicas y señeras de Sevilla (Silencio, Amor, Valle), de caoba lisa barnizada con cantoneras y pequeñas cruces angulares en plata. Siendo casi todas clasificables según una parecida tipología de forma y medidas, las hay de plata repujada, algunas de carey, unas imitan el leño arbóreo, otras reproducen antiguas cruces devocionales.

Si se las ve venir entre el gentío, parece que avanzan con paso y movimiento propios. Si aparecen procesionando según el orden de la Cofradía, imponen su presencia abriéndose paso por las calles, encabezando las filas de hermanos nazarenos y penitentes.

Remotamente, de forma ideal, se está escenificando el llamamiento de Cristo 'El que quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y venga en pos de Mí', como una representación alegorizada, de valor devocional y figuración iconográfica lograda según cierta estética al gusto de la piedad popular católica.

Para los cofrades sevillanos (y andaluces), más allá del significado penitencial, la Cruz de Guía nos causa alegría, nos inicia la expectación del Misterio, nos suscita el gozo de la Fe, es un aperitivo de lo sobrenatural incoado entre nosotros, el aviso de la Gloria que esperamos, la comunicación cierta de que estamos en procesión, en tránsito, yendo tras los pasos de Cristo, al ritmo cadencioso de la Cruz que camina con nosotros, entre nosotros, delante de nosotros.

Predicarnos la gloria de la Cruz es hablarnos de algo que entendemos, porque hemos sentido muchas veces la gloria inefable de caminar tras ella y bajo sus brazos: Nos autem gloriari oportet in Cruce Domini nostri Iesu Christi !







Crux mihi certa salus

Crux est quam semper adoro

Crux Dómini mecum

Crux mihi refugium



Orémus
Deus, qui nos hodierna die exaltationis Sanctae Crucis annua solemnitate laetificas: praesta, quaesumus; ut cuius mysterium in terra cognovimus, eius redemptionis praemia in coelo mereamur.
Per eúmdem Christum Dominum nostrum...Amen








Ex Voto

+T

martes, 3 de abril de 2012

Una cofradía sin imágenes


Ayer, Lunes Santo, por la tarde, la Hermandad de la Vera-Cruz de Sevilla hizo su estación penitencial a la Stª Iglesia Catedral, sin imágenes. Es decir, sin pasos. Sólo llevaron en procesión el relicario de plata con el Santo Lignum Crucis.

La expectación del transcurso de la cofradía por las calles mojadas de Sevilla, circunspecta o perpleja, según quien mirara, aparece hoy recojida en la prensa como una rareza, algo nunca visto. El youtube da una idea de como fue todo:



El video recoje el paso de la cofradía por la calle Tetuán, de vuelta de la Catedral. El cortejo (salvo cuatro parejas de niñas con coleta disfrazadas impropiamente de monaguillos) es magnífico, solemne, con ese punto de gravedad que las cofradías 'de silencio' saben imponer cuando salen a la calle. No sé si van todos los hermanos; me imagino que algunos se quedarían en la capilla de la calle Jesús, rezando junto a las Sagradas Imágenes del Stmº Cristo de la Vera-Cruz y María Stmª de las Tristezas. Sí se ve en el video el tramo de representaciones de las Hermandades de Veracruz de la Archidiócesis, unidas a la archicofradía. El Stº Lignum Crucis iba precedido por la capilla musical, servidores de librea con faroles de mano y los acólitos con ciriales e incensarios; no sé si es el Hnº Mayor quien porta el relicario, u otro miembro de la Junta de Gobierno. Detrás siguen los tramos de la Virgen, con cera blanca. El lugar del palio de la Virgen de las Tristezas parece haberse señalado con dos ciriales y acólitos, y al final el tramo del preste, con monaguillos y acólitos acompañantes.

In illo témpore, cuando la génesis de las cofradías y hermandades penitenciales, desde finales del siglo XIV a fines del XVI, las formaciones cofradieras hacían sus estaciones de Semana Santa de forma parecida a como procesionó ayer la Hdª de VeraCruz: Hermanos de luz con cirios, hermanos penitentes con cruz al hombro, disciplinantes, algunos estandartes y banderas, y un crucifijo de tamaño regular, alzado o en andas, en el centro de la cofradía; si asistía el clero parroquial, cerraban la comitiva el preste y los ministros asistentes, con pluviales.

Sólo desde el último tercio del XVI, en torno a 1570, se fueron incorporando de forma estable algunas imágenes al cortejo cofradiero. Entre las más antiguas en procesionar, incluso anteriormente a esta fecha referencial, es fama en Sevilla que fue una de ellas el precioso Stmo. Cristo de la Veracruz, que ya era una de las efigies sacras más veneradas en la ciudad. La escultura, de tamaño menor que el natural y de rasgos gótico-arcaizantes, se data en torno al último tercio del siglo XV. Tiene un valor iconográfico añadido por haber sido el modelo-tipo que inspiró a otras imágenes del mismo título veneradas en hermandades agregadas a la antigua archicofradía sevillana, con ejemplares, relativamente reconocibles, en diversos lugares de la provincia de Sevilla, en Andalucía y también otros en América (virreinatos de Méjico y Perú).

Ayer, cuando no procesionó, la ausencia de la Sagrada Efigie fue más notable en tanto era su falta, y no otra cosa, lo que marcaba de forma excepcional la estación penitencial.

Sin embargo, hará diez años, más o menos, recuerdo una conversación que tuve con la junta de gobierno de la Hermandad del Gran Poder (era entonces hnº mayor D. José León-Castro y uno de los consiliarios D. José Ortíz Díaz), al terminar uno de los días del tríduo cuaresmal que dedican cada año a la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso. Expresamente, les expuse al hnº mayor y a los otros señores de la mesa la posibilidad de que, en caso de lluvia u otras circunstancias que no permitieran la salida de las Sgdas Imágenes Titulares, la cofradía pudiera cumplir la estación penitencial yendo desde su Basílica a la Catedral con el cortejo formado, con la Cruz de Guía al frente, algunas insignias de los tramos del Señor y (sugerí) el Simpecado al final de los tramos de cera blanca de la Virgen, con el preste y sus acompañantes cerrando la procesión. Fue una conversación de sacristía, con los comentarios subsiguientes, unos aprobantes y otros discrepantes. Pero mantuve la idea, que me parecía digna de consideración por una hermandad como la del Gran Poder, con seriedad suficiente para echarse a la calle con esta otra modalidad estacional, sin imágenes (por aquellos años, creo recordar que habían sido dos, seguidas, las madrugadas que el Gran Poder no pudo salir por amenaza de lluvia inclemente).

La conversación se perdería como se desvanecen tantas iniciativas y propuestas, meras anécdotas en tertulias de capillitas sevillanos. Lo que no imaginaba entonces era que al cabo iba a ser la Hermandad de la Vera-Cruz la que se atreviera a salir sin pasos, tan consecuentemente con el espíritu penitencial que se supone en las reglas de las cofradías, que no son reglamentos para sacar pasos con imágenes, sino normas de vida, interior y exterior, para los hermanos de la corporación.

Las imágenes no son la hermandad, ni los pasos son las cofradías: Las hermandades son corporaciones de fieles, son los hermanos los que forman la cofradía, al extremo de que unas imágenes sin cofrades que les tributen culto, no son hermandad; pero unos fieles sin imágenes a las que rendir culto, sin iconos titulares, sí pueden ser hermandad, sí pueden ser cofradía, y hasta pueden hacer estación penitencial, et nihil obstat.


Dios quiera que el acto que decidieron ayer los señores hermanos de la Vera-Cruz de Sevilla sea tomado como ejemplar y otras muchas cofradías se atrevan a cumplir de la misma manera sus estaciones penitenciales, cuando las inclemencias naturales impidan la procesión de las Sagradas Imágenes. Y Dios nos libre de la inculta pacateria malformada y deformada de los pseudo-cofrades de folklore y fiesta, ignorantes de quasi todo, de ínfima espiritualidad y mínima sinceridad devocional, Dios nos libre.

Lo peor es que esta clase de cofrades ínfimos son los que ocupan los medios, los programas de radio y televisión, los foros de internet y demás puntos de publicidad y opinión. Me temo que no aprecien lo que vale una estampa como la que nos regalaron ayer noche los hermanos de la Vera-Cruz.

Dejo para el final, no obstante, esta consideración: Las Imágenes Sagradas no son un mero aditamento prescindible, sino un valioso elemento auxiliar del culto y la devoción cristiana. Tanto es así que dejan patente la impresión de su vacío si por cualquier motivo desaparecen de su lugar/tiempo de culto habitual, aunque en el rito católico romano su culto no sea estrictamente litúrgico sino, más bien, como en este caso, de carácter devocional popular.

A la Hermandad de la Vera-Cruz hay que darle una muy honrosa felicitación, y animarla para que se decida a fijar en sus reglas lo que ayer fue, por lo pronto, sólo una decisión excepcional. A ver si las otras cofradías (¿cuántas?) son capaces de imitar el buen ejemplo.

Y al Cristo de la Vera-Cruz hay que rogarle que nos libre de vernos obligados a dejar de sacar su Santa Imagen.

Crucem tuam adoramus, Domine!

+T.

domingo, 4 de marzo de 2012

Tabor y Calvario


Así se llamó una antigua revista cofradiera sevillana, sintetizando en su título la emoción de la piedad popular: La Transfiguración de la Pasión. Es fácil hacer esta ilación, esta inclusión de ambos Misterios, que están propiamente asociados: En el Tabor, durante la Transfiguración, Moisés y Elías hablaban con Cristo de su Pasión, que se iba a consumar en Jerusalén:

"...et ecce duo viri loquebantur cum illo erant autem Moses et Helias visi in maiestate et dicebant excessum eius quem conpleturus erat in Hierusalem ..." Lc 9, 30-31

En Sevilla se habla transfiguradamente de la Pasión el año entero. Ahora, en Cuaresma, cuando se celebran los cultos solemnes de nuestras Hermandades y Cofradías, el Domingo 2º, cuando se reza en la Misa el Evangelio de la Transfiguración, el predicador se eleva sin darse cuenta a la cumbre de una contemplación que satisface, que rebosa con un destello de gloria en la palabra emocionada del orador: Estamos en un Tabor y nos extasiamos ante la gloria que nos convoca a la Pasión.

De monte a monte, del Tabor al Calvario, existe el hito intermedio del Monte de los Olivos, donde la faz respladeciente del Cristo de la Transfiguración sudó sangre de agonía ante los tres mismos apóstoles testigos que le vieron radiante en el monte de Galilea. En Getsemaní no comparecen Moisés y Elias, sino el Ángel de la Confortación; y el asunto de la pasión ya no es un tema remoto, profetizado, sino un cáliz doloroso que se debe apurar. Pedro no dice en el Monte de los Olivos -¡Qué bien se está aquí!, ni tampoco los dos Zebedeos dicen nada, ellos que respondieron -Possumus! cuando el Maestro les preguntó si serían capaces de beber el cáliz que Él iba a beber. No son capaces ni de velar una hora, sino que se rinden cansados y se duermen.

El Tabor es un destello, un flash de gloria que sorprende como un fogonazo de luz inesperada. Getsemaní es una escena ralentizada, a cámara lenta, donde el tiempo y las imágenes parecen casi estáticos.

En estos dos pasos de su Vida quiso el Señor tener testigos, para que lo contaran después, cuando comprendieran y supieran predicar la gloria sublime del Rostro radiante y el dolor abnegado de la Faz sangrante, del mismo Cristo, del mismo Señor al que verían, escucharian y tocarían, después de la Pasion, glorioso y resucitado.


Me puse a escribir esto al volver del besapiés de Jesús Nazareno, en la Hermandad del Silencio. Cuando entré en la iglesia, pasaban los últimos devotos a besar el pié de la imagen del Señor, un icono impresionante.

Al Señor, para el besapiés, lo revisten como a un rey, con túnica de terciopelo morado bordada oro, ceñida a la cintura con varias vueltas de un cordón dorado. En la cabeza luce las tres potencias (poder, sabiduría y gracia) figurando haces de luz radiante labrados en oro y pedrería. Sobre el hombro derecho lleva la Cruz de carey y cantoneras de plata, abrazada, en posición característica, con el asta hacia adelante y la cabecera con el travesaño a la espalda. Durante la estación de penitencia, la madrugada del Viernes Santo, los hermanos penitentes llevan la cruz de la misma manera, como el Señor, prolongando el estereotipo en una secuencia de caminantes crucíferos vestidos con el severo hábito negro de la Archicofradía.


Para la piedad sevillana es fácil la imitación plástica del modelo, lo mismo que es tan dificil para el alma cristiana asumir y vivir la llamada de Cristo para que carguemos la cruz diaria y le sigamos, una vocación árdua y dificil, imposible si no es sostenida y asistida por la gracia.

Los instantes de gloria de Tabor a la sevillana, esos que proporcionan las Cofradías a sus hermanos, son momentos de aliento, inyección de fuerza, aperitivos para resistir, espacios para reanimarse. Y en la espiritualidad del cristiano, del católico, también: Dosis de Tabor ante un Sagrario, el consuelo y la paz del corazón durante una meditación, las lágrimas reconfortantes de una moción espiritual, de unos segundos en los que casi se roza el Cielo o se penetra con luz nueva en el Misterio de Dios con nosotros: Son nuestras breves secuencias de Tabor para poder subir al Calvario.

Con Pedro, el apóstol arrobado, se exclama tantas veces -¡Qué bien se está aquí!; pero sabemos que el Tabor no es para quedarse.

Con los tres discípulos de Getsemaní nos dormiremos, inconstantes, pesados para la oración y la vigilia, temerosos ante la agonía, acobardados por la pasión cercana.

¡Cuánta gracia, cuánta virtud necesitamos para perseverar y subir al Calvario y abrazarnos al madero de la Cruz, donde nos espera Él!

Un trayecto, un itinerario cumplido, consumado, desde el Tabor al Calvario: ¡Si todos lo viviéramos, Señor!

+T.

sábado, 11 de febrero de 2012

Una Novena en Septuagésima


He visto tu Rostro exangüe, lívido de dolor, los ojos cercados de pena, la frente ceñida de espinas, los labios fatigados, las sienes sangrantes. Aparecías sobre la cumbre de un monte de cirios, de flores, de rezos. Velaba tu Imagen con golpes de incienso, y entre nubes ligeras de aroma tu faz, tu mirada, tu boca, tu cuerpo caído, tu Sacra Figura temblaba entre nimbos de luz reflejada, divino y doliente, tan cerca de mí y tan alto en tu monte, la peña del Horeb, la cima del Sinaí, la cumbre del Tabor, la roca del Calvario: Siempre el monte y Tú, Señor de las Alturas, siempre encumbrado y caído, la mano en la piedra, la cruz en el hombro. Y el corazón escondido latiendo amores por nosotros, los caídos, los que caemos, los que caerán.

¡Señor de las Tres Caídas, Redentor de nuestras caídas, Salvador de los que han caído!

He buscado cada noche tu mirada, con un rezo en la boca, un Kyrie eleison que te dirigía triple, ductus e ictus de incensario, sonando el turíbulo con la cadenilla, como un compás sacro, litúrgico, sacerdotal, intercedente y deprecatorio.

Y luego has venido a mis manos, y te he elevado, Hostia Divina, musitando como una salmodia la rima sacra "...cuando en mis manos Rey Eterno os miro / y la Cándida Víctima levanto / de mi atrevida indignidad me espanto / y la piedad de vuestro pecho admiro..."

Tú sabes que lo rezo sincero, consciente y penitente, en compunción y arrepentido, implorando y fijando mi vista, mi alma, mi ser entero en tu Cuerpo, Salus Mundi, Verbum Patris, Hostia Vera, dolido porque no alcanzo a más piedad para inflamarme en tu gracia.

Es fácil rezar en el Tabor, contemplandote espléndente, subido el corazón hasta tu altura de luz que alumbra todo. Y conmueve contemplar que estás caido, tres veces, por nosotros, en esa Imagen que detiene tu humildad sufriente como un icono estático de la Salvación.



*   *   *


p.s. Esto es una breve expansión, al concluir la predicación de la Novena de Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas, un novenario en Septuagésima, con ecos anticipados de Cuaresma y Viernes Santo. Una Hermandad especial, de las de silencio, donde todo se escucha más y es más sentido, más hondo y más íntimo.

Cada vez estoy más persuadido, más firmemente convencido de la misión sacerdotal esencial: Celebrar y predicar. Y doy gracias a Dios que me lo concede y a los hombres de buena voluntad que me lo piden.

Cum Bene+dictione


Parroquia de San Isidoro

Hermandad de San Isidoro

Estación de Penitencia Viernes Santo 2009





+T.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Confusiones


Que la crisis no cesa sino que progresa y se vuelve crónica, como una afección orgánica, es una de esas evidencias que unos se empeñan en no ver, otros en ocultar y otros en favorecer, promover, consentir y/o aplaudir. Es decir, que estamos los que decimos -'que no que no', los que replican -'por qué no, por qué no', y los radicales del -'y mañana más y al año que viene todo'. Si me explico. Si Uds. me entienden.

La estampa es desazonante, desarmadora, una declaración, un manifiesto. Sin palabras, porque sobran. Sin comentarios, por el valor elocuente de la imagen misma.

Comprendo - comprendemos - muchas cosas, dado como está el patio. Imaginamos la que se puede armar en la prensa, los medios y los ambientes sensibilizados si alguien aireara el caso (que no se ha dado) de un prelado que se negara en redondo a admitir, a consentir, a dejar pasar estas cosas, abusos al fin.

Lo peor es que desde dentro, desde nuestras propias filas, te argumentan que sí, que se puede, que se hizo, que se está haciendo; que el Papa, incluso, lo permitió, que el Papa también lo admite y consiente. Hay fotos, of course; las últimas de este género, las que recuerdo, son las del viaje a los EE.UU. Seguramente habrá más, passim.

En nuestro caso, la permisión de tunicelas (que el vulgo llama 'dalmáticas'), una inveterada costumbre sevillana, que pasó de la Catedral a la Cofradías, agrega una nota de confusión más extrema, porque si la foto se ve donde no se sepa qué es, lo que se verá será una mocita revestida de dalmática. Dramática.

Y así discurre el siglo post-conciliar, hoy más turbio que ayer pero menos que mañana.

El que piense que esto es peccata minuta, allá él. Nosotros - yo y otros -pensamos que son epifenómenos de algo mucho más grave.

La duda inquietante - y no me refiero a este caso de la foto, sino en general - es saber si no se actúa por impotencia o si se permite por estrategia.


+T.

viernes, 5 de marzo de 2010

La contemplación de los humildes


Sevilla un primer Viernes de Marzo es una gloria de pre-pasión, una cuaresmalidad ferviente que roza el Misterio con la efímera contemplación de lo sacro figurado. Y como se figura y se imagina tan acertadamente, la conexión correspondiente de sentido y alma se realiza muy efectivamente.

Hace un par de horas estaba yo contemplando los dos planos, el de la gloria y el de la tierra, algo muy compuesto en los cuadros de los maestros del barroco, que abrían la escena terrena con un rompimiento de gloria, compenetrando lo sobrenatural y lo creado, lo divino con lo humano. Eso es la Encarnación, con sus consecuencias.

Pero lo que yo veía era todo eso more sevillano, según nuestros fervores. Estaba el Señor en el centro, un presbiterio cubierto de terciopelos granas con cirios morados sobre blandones dorados, faroles de plata y ánforas de plata repujada con lirios en fanal, una peana tallada y estofada, con cabezas de querubes y guirnaldas de frutos de promisión; sobre la peana la imagen de Jesús Nazareno, potente y soberano, coronado de espinas y tres potencias de oro y pedrería sobre las espinas de la corona, con la Cruz, de carey perfilado con cantoneras de plata. Y dos incensarios en sus soportes, humeantes y perfumantes, dando olor antiguo, jerosolimitano, sacerdotal, holocáustico de exquisito olor, más perfumado que el del Antiguo Testamento porque la víctima inmolada e incensada es el Verbo que se hizo carne, que se ha hecho imagen. Ese es el plano de gloria, el celeste.

El terreno está vivo, en contraste con la quietud inmovil del superior. En el presbiterio bajo, como una turba rediviva de las escenas de los Evangelios, están todos: Los ancianos, las mujeres, los enfermos, los niños. Todos. Se acercan reverentes, con confianza, con cierto temor y temblor que cada uno deja aflorar a su manera.

Hay una mujer que mira y llora, muy serena, pero con los ojos destilando vida que serán penas, que serán amores, que serán muertos, que serán dolores, que serán salud pedida o remedio suplicado o esperanza no cumplida y otra vez expectante. Todo eso que sale cuando se llora en paz. Y se acerca al Señor, se limpia los ojos y besa el talón de la imagen del Nazareno Divino; besa otra vez y pone el pañolillo con sus lágrimas junto a los pies del Señor, todo junto y en contacto, ella, sus penas y el Redentor, que no es la imagen, ella lo sabe, pero es de Él, y ella lo sabe. Y la fe que no ve cede al sentimiento que contempla, imaginando la gloria en su imagen.

Al lado, bajo el arco de la capilla de la Virgen, un padre lleva a su chiquillo en brazos. El niño está absorto, los ojitos clavados en la imagen del Señor, con esa seriedad imponente, profunda, que se tiene con dos años y se va para siempre cuando se cumplen cinco, la seriedad de la pureza, la gravedad de los inocentes. El padre le está hablando bajito, al oído. De pronto el chiquillo se mueve, su padre lo baja al suelo, y el niño, tan pequeño, se pone de rodillas con las manos juntas, una imagen viva, tan estática unos instantes como la del Cristo del presbiterio, tan conmovedora. El Cristo, que tiene la cabeza girada, parece como si mirara intencionadamente al niño, como un ángulo de una tela de Murillo, un detalle del Domenicchino, un pormenor de Le Nain. La iluminación tenue, suave, estudiada, con el velo del incienso tamizando contraluces. Y el niño, con la confianza de los inocentes, con la valentía de la pureza, con la osadía de los que no saben pecar, mira y le mantiene la mirada al Cristo. Todavía no sabe que está hablando con Dios, y un día olvidará que supo hacerlo tan bien, tan según Su voluntad. El Señor no lo olvidará.

A los pies de la iglesia, en el sotocoro, sentados en el banco corrido del frente, están los viejos, pesadamente solemnes, viendo sin ser vistos, en la sombra de sus recuerdos de otros besapiés de otros años, de tantos años, los años que llevan encima, gravitando sobre sus espaldas, las que apoyan en el respaldar del banco porque de pie ya no aguantan. Hay dos que llevan bastón, y otros tres que disimulan con el paraguas. No hablan entre ellos, pero se entienden sin palabras, observan y reconocen, y rememoran todo, y rejuvenecen con todo, nutriéndose la memoria con bocanadas de lirios, de sahumerio, de cirios.

También entran los despistados y los turistas de paso, los que ven el portón de par en par y se meten dentro porque intuyen que hay algo. Entran, ven, huelen, se quedan parados, perplejos, unos segundos de estupor, y se ponen en la fila para besar los pies del Señor, que no sabían que iban a besar, pero están y hacen lo que gente hace, miran besan, algunos también rezan. La piedad es comunicativa, es atractiva, invitatoria, imitatoria. Muchas veces, no hay más piedad porque los piadosos no se ven; si se vieran, su piedad llevaría a otros a la práctica. No basta la fe interior si no se explicita con actos, con obras, con rezos.

Las que más rezan son las que menos se nota que están, en los rincones de la capilla, en una silla con reclinatorio, casi toda la mañana, algunas toda la tarde. Han oído la Misa desde su discreto rincón, repartiendo las miradas entre el Altar y la imagen del Señor. Después de comulgar han vuelto a su sitio y han seguido con el rosario, otro rosario. Se les ha pasado el día volando, entre rosario y rosario, y el Viacrucis, y la Misa, y ya eran las nueve y empieza a rezar el Hno. Mayor el Ejercicio de las Cinco Llagas.


Como es el besapiés del Señor, han venido los de los pitos, la música de capilla, un trío de fagot, oboe y clarinete, para tocar las saetillas del Silencio, una música melancólica y bellísima, suave como el humear del turíbulo de plata, tan penetrante. Es la música de la Cofradía, la que tocan durante la estación penitencial de la Madrugada, por las calles y en la Catedral, desde que salen de la capilla hasta que entran, delante de los pasos del Señor y de la Virgen. Cuando suenan las saetillas de los pitos en la Madrugada, suena el alma de Sevilla, tonos menores, suavidad de cera y rastro de azahar amargo. Cosas de aquí.

La zarza del Horeb era algo así, como un Viernes de Marzo en el Sinaí, que no se consumía, que no se acababa, que fascinaba y atraía lo humano a lo Divino, que revelaba a Dios en el alma de su siervo, descalzo ante la Zarza inflamada que hacía santa la tierra sobre la que ardía.

+T.

viernes, 8 de mayo de 2009

Mediatrix

Hoy, 8 de Mayo, es día de propio en el Calendario Hispalense: La Santísima Virgen María, Mediadora de Todas las Gracias - Memoria -. Una memoria que se vincula a la más remota devoción mariana sevillana, porque depende, entiendo, de la vieja fiesta del Patrocinio, tan vinculada a las celebraciones de la antigua Iglesia Hispano-Visigótica. Sin embargo hoy, esta memoria del 8 de Mayo, la Virgen Mediadora, la habrán celebrado en la Catedral y en privado los pocos curas que tienen el cuidado de seguir la epacta con el Proprium Hispalense.
.
Por pura gracia han sobrevivido y se conmemoran estas devociones antiguas, especialmente la del 18 de Diciembre, sin rango litúrgico pero con toda la prosapia de la devoción popular más activa, gloria sevillana. Porque en Sevilla donde no llega la liturgia llega la devoción, como una extensión peculiar, idiosincrática, de la lex credendi sobre la lex orandi, el sensus fidelium sobre el munus docendi. Si me explico.

La Mediadora se jura en Sevilla, con sangre en la fórmula. Y un beso. La fórmula del juramento la lee el secretario de cada Hermandad, y el beso lo da cada cofrade, sobre la estampa de la imagen de la Virgen y con la mano sobre el Evangelio abierto.

La fórmula de la defensa de la Mediación es al estilo hiperbólico-sevillano: "...Otrosí juramos defender con la sangre de nuestras venas, si necesario fuere, el privilegio de la Mediación Universal de Nuestra Señora en la dispensación de todas las gracias...". Así, más o menos, al final de la parte declarativa de la Protestación de Fe, solemnísima e imprescindible institución de las Hermandades y Cofradías sevillanas.

La devoción de la Mediación fue notable durante todo el XIX católico, siendo el Papa Leon XIII quien se distinguió de manera muy notable en enseñar cada vez que pudo este misterio mariano. Tiene que ver con el neo-tomismo leoniano, porque parece que en su magisterio el Papa Pecci extrae su doctrina sobre la Mediación de las consideraciones mariológicas del Doctor Angélico, que profundiza admirablemente sobre las consecuencias que se desprenden de la "cooperación" de la Virgen a la Redención, hecho que San Tommaso fundamenta en el Misterio de la Anunciación-Encarnación, una especie de "sine qua non" definitivo que sitúa a la Virgen en ese único e irrepetible lugar de la Economia Salutis.

El fervor mediacionista (tan netamente católico) no prosperó como se esperaba. Quizá la proclamación de la Realeza Universal de Ntrª Srª el 1 de Noviembre de 1954 fue el hito que cerró este periodo de la mariología católica. Después de las proclamaciones dogmáticas de la Inmaculada Concepción - Pio IX el 8 de Diciembre de 1854 - y de la Asunción - Pio XII el 1 de Noviembre de 1950 - se esperó con bastante probabilidad que se proclamara la Mediación.
Incluso el Concilio Vaticano II en la Lumen Gentium, declara cuan viva estaba la doctrina en el Concilio (Cfr. Lumen Gentium 60, 61, 62 ). Luego del Concilio (aunque el minimalismo mariológico estuvo activo antes y durante), la tendencia fue difuminar todo el concepto de la Mediación en aras de un malentendido "ecumenismo". Y hasta el día.

Pero la devoción vive. Y se sustenta en esas "intuiciones" que son de fe, aunque no estén "definidas". Ya se sabe que siempre el Misterio precede a la fe, la fe sigue al Misterio, y la fe ilustra la doctrina. Y a falta, todavía, de doctrina definida, se vive en la devoción y se expresa en la oración.


Desde el Sub Tuum Praesidium al Memorare, el Avemaría y la Salve, nuestro Rosario o el Acathistos de los orientales, la Mediación de la Señora es un convencimiento que se reza, que se siente, que conmueve.

En mi casa se cantaba, cuando las mujeres de mi casa ensayaban las coplas de la Novena de Agosto:

"Para más luz inmortal /siendo Vos alba del día/ sois proclamada, María,/Mediadora Universal/..."
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Son cosas que no se sabrán explicar, pero que se sabe lo que son porque dependen de conceptos comprensibles que el Misterio ha hecho suyos: Maternidad, filiación, intercesión, mediación, dispensación...O, simplemente, Amor: El Amor que se hizo Hombre en Ella y que por Ella nos da gracia tras gracia.

+T.