miércoles, 21 de noviembre de 2007

Beowulf, cómic-tragic versión

Cuando leí que estrenaban próximamente Beowulf, tuve un conato de entusiasmo que duró lo que tardó la razón en ajustarme a la realidad de lo probable. Lo probable será que sea una peli-cómic que destroce al Beowulf como han destrozado The Lord of the Rings con la pelicucha esa.
¿Queda el consuelo de que, por lo menos, la incultísssima plebe post-moderna se entere de qué-quién es Beowulf? No queda si lo que les va a quedar en la impresión al populacho es parecido a lo que hicieron no hace mucho con otra peli en la que "comiquizaron" a Leónidas, las falanges de Esparta, y la batalla del paso de las Termópilas. Horrendo.

Pues eso será el Beowulf en pantalla: Efectos especiales y tios cachas arreándose espadazos y chorreando sangre; mucha cámara, sensorround a toda pastilla, y montaje de impacto.

Me pongo a imaginar, y no me extrañaría que pronto salgan Fingal y toda la saga del Ossian, ¿por qué no?

Además con ese filón para los guiones no hay que pagar copyright a los herederos de Tolkien, porque a ver quién reclama los derechos de autor del Beowulf. Ja!

Me imagino que los perspicaces apreciarán de dónde bebe Maese Tolkien, y lo bien que sabe escoger fuentes e inspiración (no como los petardos de la peli, que ni con las estampas por delante fueron capaces de hacer nada más allá que la ridiculez de esas bochornosas tres partes).

A mí me entusiasmaría un seminario sobre Tolkien y sus fuentes, con el Beowulf, Ossian, la saga de los Nibelungos, los mitos célticos y sajones, etc. Un seminario con sus monográficos, con sus extensiones, con sus ensayos, profesores invitados, quaestiones disputatae & quodlibetales con sorpresa. Eso.
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¿Que si iré a verla? No señorito. Ultimamente lo más hard que soporto son las de Harry Potter, conque ya ves que no estoy para un Beowulf formato cómic para adictos a video-consolas. ¡Qué horror!

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Arpa y voz suave

Un amigo me ha untado de dulzura la mañana, con esto:





Es una canción popular irlandesa que sale en la peli "The quiet man", de John Ford; desde la primera vez que la escuché me quedé con ella, es muy pegadiza. Y es preciosa. Esta versión, con esa celtic woman quasi pre-rafaelista, también.

Como ando lloroso, es una música apropiada para ambientar con un toque de arpa y voz.

La uso como variación circunstancial de nuestro "cantando la pena la pena se olvida", una suave evasión a la isla soñada y poética de Inisfree.

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martes, 20 de noviembre de 2007

Cuentos con lechuza de fondo


Era nuestro miedo muchas noches, noches de otoño o de invierno, cerradas, lloviendo y con viento que sonaba y silbaba en los cristales y por las ventanas. Para dormirnos nos contaban cuentos de ánimas, de muertos que aparecían y pedían Misas, de gente que murió y se las veía de noche en los espejos.

Mis tías contaban que sus tías les contaban que en los espejos, pasada la media noche, si te mirabas salía el reflejo del demonio. Sería por eso, pero nunca las ví ante el espejo pasadas las 12. Y las doce en el reloj de la cuesta sonaban tan lentas, sonando según las trajera el viento, más cerca unas veces, lejanas otras. Y rezaban por los difuntos, y los niños preguntaban, imaginando a los difuntos con las caras vistas en retratos viejos. Y el reloj repetía las doce.

Si rezaban el rosario, los niños se dormían; un rosario lento, tan largo, con tantos mementos y réquienes y difuntos. Yo calculaba que uno por cuenta, por cada perlita negra, por eso duraba tanto el rosario, y nos dormíamos.

Si el cuento lo contaba tia María, se acababa pronto y nos dejaba con ganas de más; si era un cuento de tia Titi, el cuento duraba y nos dormíamos la Titi y nosotros, y el cuento seguía en los sueños.

- Cuando se murió la vieja del callejón del Pinto, volvía en alma todas las noches y su hija la sentía que se acostaba a su lado y respiraba y se levantaba la colcha y el lado de la cama estaba frío como un muerto, como un muerto. Y la hija decía - "Madre, madre ¿es usted?" Y en eso se oía a la lechuza - "Shhiiiiissss...shhiiiiissss...ssshhhiiiisssss...." Porque su madre vino de Bilbao, era bilbaína, y la gente de Bilbao recalca mucho la ese, como las lechuzas.


Y en eso se oía de verdad a la lechuza...La lechuza se oye volar - ...plas...plas...plas...- y cuando vuela chirría -...sshiiirrssss....sshhiiirrrssss....ssshhhhiiiiishhhhjjjuiiiijssss...- y parecía que era el eco de la vieja del callejón del Pinto, que volvía y se acostaba en la cama de su hija por las noches.


- Y cuando se murió el niño de la hermana de la tata Patrito, por las noches se veía en el espejo la carita amortajada, que se la pintaron de albayalde, y el niño murió morito porque no lo bautizaron y está en el Limbo, sin pena ni gloria, y por eso se reflejaba la carita en el espejo de su madre, que se le cortó la leche en la cuarentena y estuvo a la muerte, la pobre...


- ¿Qué es que se le cortó la leche?
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- ¡Cuidado la pregunta del niño! Anda, que ya tienes un pecado de purgatorio: Esas cosas no se preguntan.

-- ¿Y tú, las cosas que les cuentas? Como si no hubiera cuentos con menos detalles.

- " Ea! Se acabó el cuento. ¡Venga el rosario!"


Y empezaba el rosario y después de persignarnos, ya estábamos dormidos, tapados hasta la coronilla, temiendo a la lechuza, a las ánimas en pena, a que se asomara el niño del limbo en el espejo.

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sábado, 17 de noviembre de 2007

Atracciones

Hasta el ejido habían cinco o seis manzanas de casas, con sus calles que se hacían callejuelas a medida que se distanciaban del centro del pueblo. También las casas iban desmejorando; las primeras del ejido eran casuchas viejas, bajas, con el tejado hundido.

Dos hileras de portalones se abrían a uno y otro lado de la anchura, que no era plaza. El taller del talabartero, cuatro o cinco cuadras de caballos, otras tres o cuatro vaquerías, un corralón de cabras, una herrería de rejas, el taller del carretero y, al final, en la esquina de la cuesta de la tahona vieja, el matadero.
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El matadero estaba medio techado, con una patio delante mismo del cancelón de entrada que estaba a la intemperie. Allí, en la entrada, había dos pilares con argollas para amarrar las reses, y un pilón corrido con un caño que traia el agua desde la fuente del Barrero. El pilón rebosaba y el empedrado del patio tenía siempre charcos, que en invierno se helaban y las vacas y los becerros resbalaban.

Lo techado era una nave alta, como una crujía grande. Un poyete doble, como una grada, corria a lo largo de dos de los muros; en el de enfrente había otra pila grande, también con agua corriente. Y en medio de la nave otros dos pilares cuadrados, con argollas en las cuatro caras, y una especie de gradas en dos de los lados.

Al llegar los terneros, los chiquillos se subían excitados a las gradas altas, viendo cómo los hombres tiraban de los cabestros y metían dentro los animales. Si una becerra o un añojo se soltaba, el espectáculo duraba mientras los hombres más jóvenes y los más fuertes conseguían atar otra vez al animal, que daba vueltas por la nave embistiendo a todos los que cogia por en medio.

Cuando estaba la res bien sujeta a la argolla, un matarife subía por detrás a una de las gradillas del pilar, y con la puntilla clavaba un golpe en la nuca del animal, que caía al instante al suelo, abierto de patas. Algunas veces no acertaban a dar el puntillazo en el sitio, y el becerro levantaba violento la cabeza, como embistiendo con la cornamenta hacia atras, hasta que repetían el golpe de puntilla y se desplomaba.

Los chiquillos bajaban de las gradas y se ponían alrededor del animal recien sacrificado, viendo cómo le cortaban a tajos la cabeza, y lo abrían en canal y salían las tripas y la panza, que recogían para lavarlas en la pila, y otros desollaban al animal, colgado en unas argollas del muro, para el descuartizado. La sangre la removían en una tinas de madera, metiendo los brazos arremangados hasta el codo.

El suelo de cemento del matadero tenía rastros de sangre, y de pisadas de los botos altos de goma de los hombres. Toda la nave olía a sangre de reses y a carne recien desangrada, que se pegaba a la ropa y olía después todo el dia, como los carniceros, que llevaban encima el olor, y en sus casas también olía a sangre y a carne.

Siempre había alguno que se hacía con la cornamenta de un becerro o una vaca, y se ponían a jugar a toros ; cuando se cansaban la tiraban y los perros iban a roerla.

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Retro-memoria

Uno de los más peligrosos potenciales de todo gobierno, el que sea, es poder dirigir la atención de la gente hacia un determinado punto, tema, cuestión etc. previamente determinado; así ha sido siempre.

Pero en la actualidad tal potencialidad está más en manos de los medios, que la usan y abusan.

Pero no se puede considerar capaz y apto a ningún gobierno si no tiene habilidades, recursos y/o medios para gobernar y dirigir los medios.

En ese ten-con-tén se debaten las politiquerías desde, por lo menos, la aparición de la prensa amarilla, allá por los años de la guerra de Cuba, el hundimiento del Maine, etc. etc. etc. y Citizen Kane.

Un gobierno que se precie y siga reactualizado y reciclado el programa de Niccoló Machiavelli, hará que la gente vea lo que el gobierno quiera que la gente vea; mientras menos se note que es voluntad del que gobierna que la gente conceda atención a esto u aquello, mejores artes tendrá el responsable de la acción para ser reputado como apto gobernante.

Primero es focalizar la atención; la reacción de la gente será lo segundo, pero será sólo una consecuencia de lo primero. Es como dirigir un cañón de luz sobre el público de una sala e iluminar una parte, un grupo, una pareja, una cara. O como cuando en una clase el profesor escribe en la pizarra y señala luego con el puntero: Captar la atención y dirigirla.

La tropa de Zp lo está haciendo muy bien: Han dirigido la atención de la gente setenta años atrás, nada menos. Además a una zona tenebrosa de la memoria que mejor debería estarse quieta en la memoria de los pocos directamente afectados por aquellos oscuros tiempos que todavía viven. Pero el foco ha iluminado toda la galería de terrores de hace tres cuartos de siglo, y el espanto puede que esté dando resultados de espanto.

En lo que llevamos de semana, en Sevilla, capital de la Tierra de María Santísima (y del cacique Chaves y el señorito Arenas y la ministra reidero de Fomento y la otra ministra que fue de in-Curtura y del caricato Menteserrín etc. etc. etc.) en esta Sevilla decía, profanaron la otra noche con una pintada un retablo callejero de la Macarena, tiñeron con los tricolores ominosos de la republica-ca el atrio de la Basílica de la Macarena, y quemaron ayer en la Alameda un poster de la Macarena (dos valientes encapuchados, que todo se aprende cuando se ve tantas veces y los encapuchados que queman banderas y otras insignias insignes ya no son aborígenes de las Vascongadas, sino que hasta los hay en la Alameda de Hércules de Sevilla - el barrio donde viven las mamás de los encapuchados, supongo -).

Con el refresco de la memoria de la ley de la memoria histórica de Zp y su tropa, se han acordado de que en la Basílica de la Macarena está enterrado el General Queipo de Llano que se alzó en armas contra la republica-ca (la 2ª) un Sábado 18 de Julio de 1936. Y por eso lo de profanar, pintar y quemar lo macareno.

¿Y qué más? ¿Y ahora qué? ¿Qué?

Los prudentes que comen del pesebre del presupuesto general del estado - ya sean psoeros, ya peperos, ya de peor calaña - dicen que calma, que calma; que vamos a callarnos, que ya está bien. Pero no está bien: No-está-bien.

No está bien porque desde las filas de la piara y sus cómplices se mira, se rie, se sonríe, se guiñan, se dan con el codo, y se dicen por lo bajo : "Ahí, para que aprendan!" (esto dicho por lo fino, que en el lenguaje de la calle y la mala lengua de la granujería política se dice y suena peor, muchísimo peor).
A los que han atentado contra los "símbolos", no les va a pasar nada, porque ejercen su derecho de memoria histórica y libre expresión, garantizados por la ley, por supuesto. A los que sí les puede pasar es a los que se atrevan a partirles la boca, la cara, y el morro a los encapuchados valientes (esos que vivirán donde sus mamás, por la Alameda).

Por la Alameda por donde pasa la Macarena en la Madrugá, con sus miles de nazarenos macarenos y su Centuria. Y va a pasar. Y no sé que podrá pasar.

La paradoja es que la canalla se ha acordado de un general muerto hace cincuenta años, y no se fijan en algún asesino de los de entonces que todavía vive y hasta cobra espléndida pensión del erario, el infame.

Y así.

Son los aciertos de la propaganda memorístico-publicitaria que mal-gobierna España señalando con el puntero la España de hace setenta años.

A ver cómo deriva la cosa, de aquí a Marzo...y de Marzo hasta donde Dios quiera. A ver.

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jueves, 15 de noviembre de 2007

Doctor Doctorum


Merece que escriba algo, hoy que ha sido su festividad, a propósito de San Alberto Magno. De todos los grandes de la Escolástica, ha quedado, más que ningún otro, con un halo casi mágico, por la impresión que causó entre los de sus tiempo, que lo tuvieron por una especie de peligroso mago y extravagante sabio.

Como las ciencias estaban en capullo y sin discernir, cualquier aproximación a experimentaciones y manipulación de elementos naturales se juzgaba arte de magia. De ahí a la sospecha de brujería o nigromancia había apenas un paso. Ni Alberto se libró de esa fama aun siendo obispo de Ratisbona, como tampoco se libró en su tiempo Gerberto de Aureillac aun siendo Papa Silvestre II. Para la mente del medievo había actividades que apenas se comprendian, y la mente de los más sabios era siempre, más que admirable, más bien sospechosa.

Quizá la brillantez de su pensamiento, la riqueza perspicaz y curiosa de su intelecto, y la sabia y prudente capacidad de gobierno le valieran al fin la victoria sobre toda sospecha. Además fué sobrio y pobre, caritativo y desprendido, un buen mendicante hijo de Stº Domingo que, a pesar de ser Obispo en mitad del siglo XIII, no dejó en sus cajones ni un florín porque todo lo empleó en dar y socorrer.

Como de otros notables sabios, se cuenta la anécdota de que fue por milagro de la Virgen que adquiriera su prodigiosa capacidad de comprender y memorizar, y para que no le cupiera duda, la Virgen le advirtió que poco antes de morir perdería todas aquellas dotes. Hoy diríamos que tuvo un alzheimer, o que chocheó de repente, como decían antes, pero lo cierto es que en mitad de la setentena, que en su siglo era edad muy provecta, declinó en pocas semanas y se mantuvo en una inocente piedad hasta que se murió mientras rezaba serenamente con sus hermanos de convento.

En un áula de filosofía regida por dominicos, aprendí una mañana de Noviembre una oración sencilla y preciosa compuesta por Alberto Magno, que yo rezo con devoción desde entonces:

"Doce me, Dómine,
radices árboris mei
Coelo et non terra infígere,
ut non in foliis verborum
sed in frúctibus bonorum óperum
fidelis agnóscar."

(Enséñame, Señor, a plantar las raíces de mi árbol en el Cielo, no en la tierra, para que sea reconocido fiel no por por el follaje de las palabras, sino por los frutos de las buenas obras)

Quizá el más excelente fruto de la palabra y la ciencia, de la piedad y las obras de San Alberto fué aquel alumno suyo, Tomás de Aquino, que tanto le honró con su obra y al que tanta predilección tuvo como maestro.


En el pórtico de entrada del Angélicum, en el átrio interior, hay dos estatuas de mármol, a uno y otro lado del portal: Un Santo Tomás y un San Alberto. Las pusieron allí por los años en que Pio XI proclamó a Alberto Magno Doctor de la Iglesia, en 1931: El Doctor Universalis, como se le conoció entre los de su tiempo, porque supo de todo, y de todo supo bien.

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Fructus Iovis iuvabit


Esta tarde he estado en mi pueblo, para la Misa por los difuntos de la familia, en la Novena de Ánimas de la Hermandad, que acaba mañana. He almorzado en casa el delicatessen que mi tia me tenía preparado. Todo: Desde el aperitivo hasta el postre, con dos platos de verdad, no como los que yo me guiso. Y he tenido postre y sobre-postre, porque luego de las manzanas, me ha sacado unas bellotas. Oh!

Las bellotas nos las traían a casa de La Dehesa, una antigua finca que mis abuelos perdieron pero en la que quedaban gente que le seguían guardando querencia a la familia, y su manera de recordarnos era traernos de vez en cuando algunas exquisiteces de La Dehesa, como las bellotas.

Mi pueblo, el pueblo de mi familia, tiene por gracia de Dios una vega feliz y ubérrima, con dos rios; y también planta término en la peana de Sierra Morena. Allí, en la primera sierra suave, crecen encinas y alcornoques. No llegan a ser grandes e imponentes árboles, pero sí graciosos arboletes que dan bellotas. La encina, no lo olvido, es quercus ilex (y el roble, quercus róbur).
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Cuando niños, a mis hermanos y a mí nos encantaban las bellotas; más que las castañas porque se pelan mejor y no tiene áspero el pellejo de dentro. Además mis tias nos contaban cuentos de bellotas; y hasta cantaban un villacinco en el que San José le regala a la Virgen un dedal hecho con el sombrero de una bellota:
"Cogió una bellota,
le quitó el sombrero,
y un lindo dedal
le puso en su dedo"

Las bellotas tiene peculiar sabor, más dulce en la cabeza y menos en la punta; si la punta está verde, amarga. Pero es dulce incluso con el amargor inmaduro, porque si tomas un sorbo de agua mientras las comes, cuanto más amarga, más dulce es el efecto que hace con el agua.

Las que me ha sacado mi tia de re-postre, las ha traído esta misma mañana Cipriano el Rubillo desde la Dehesa. Eran para mi hermana, que está delicada. Dice mi tía que dijo el Rubillo que se las comiera todas, que daban salud, y que ya traería otra taleguilla más cuando se acabaran.

Yo me he traído un puñado a Sevilla, tan contento. No es el contento inocente del niño, pero soy el mismo que se contentaba con las bellotas.

Y estoy seguro que alguna inocencia perdida me rebrotará con las bellotas...aunque sólo me dure el rebrote lo que tarde en comerlas. ¡Ay!



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