martes, 12 de mayo de 2009

Tres prelados proskinetes (more Taizé)

La verdad es que no sabía qué título poner a esta entradilla bloggera. Después he pensado que la foto se comenta sóla. Pero luego decidí que había que ponerle cabeza al articulillo, et voilà: Tres prelados por los suelos, un cardenal y dos obispos (el cuarto, el de la hopa blanca, es un "monje" de Taizé). Están en la Catedral de Sevilla, en la nave del Crucero, ante el Altar de plata del Monumento, ahora permanentemente (?) instalado en el extremo del crucero de la nave del Evangelio, en la Puerta de la Concepción, como altar para celebraciones ocasionales.
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Porque Taizé ha sido el "marco" de esta ocasión. Tiene la justificación de que están adorando la Santa Cruz (modelo Taizé). Tiene la injustificación de que, seguramente, el Viernes Santo, en los Santos Oficios de la Pasión del Señor, ninguno de los tres, ni el cardenal-arzobispo de Sevilla ni sus dos obispos sufragáneos de Cádiz y Huelva, se postrarían de manera tan patente a la hora de adorar la Santa Cruz.

προσκυνéω es la palabra griega que significa postrarse en adoración, y adorador se dice προσκυνητης ; las dos palabras y sus derivadas tienen como etimología la palabra κuνóς/perro, porque el gesto típico de adoración era echarse por tierra, en el suelo, como un perro, en la postura que recuerda a un perro rendido con la cabeza y los cuartos delanteros a ras de suelo y las patas traseras dobladas. Así se representan a los adorantes en la iconografía oriental. En los iconos, ante la figura de Cristo Pantocrátor o Entronizado, a sus pies, suelen aparecer dos (o más) figuras prosternadas de esa guisa (basileus, patriarcas, jerarcas, etc.). En las ceremonias del Rito Romano, las postraciones de ese tipo no existen. Los fieles están de pié, de rodillas, o tendidos bocabajo en postración completa (como piden las rúbricas para el comienzo de los Oficios del Viernes Santo, o para las Ordenaciones de diáconos, presbíteros y obispos, durante el canto/rezo de las letanías). Pero esa "proskínesis" oriental no se conoce entre las posturas litúrgicas de nuestro Rito. Adviértase que es la misma postura adorante característica de los musulmanes cuando oran.
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Resulta curiosa la "atracción" de esas formas adoptadas en Taizé. Taizé es un interesante "proyecto" ecuménico. No sé cómo lo explicarán los miembros de esa famosa comunidad, pero yo supongo que cierto "vacío" ritual-devocional en el frío y severo ámbito de las liturgias minimalistas protestantes, condujo al hermano Roger, Max Thurian y aquellos primeros miembros de su comunidad a adoptar una serie de elementos de la espiritualidad y la liturgia católica y greco-ortodoxa, asimilándolas poco a poco a la "experiencia" ecuménica de Taizé. De hecho, existe una aproximación desde el protestantismo al catolicismo utilizando como "puente" el Oriente Ortodoxo. Con la Palabra, la Cruz, la iconodulía, los cantos antifonales y responsorios, ciertas formas de convivencia comunitario-monacal etc. , con todo eso se ha ido operando un acercamiento a la Iglesia que "culminó" con la todavía no bien explicada Comunión que el hermano Roger, el fundador de Taizé, recibió de manos del Cardenal Ratzinger en la Misa funeral de Juan Pablo II, una aparentemente pública confesión de su pertenencia (?) a la Iglesia Católica. Aunque ya digo que no suficientemente aclarada. No sé si el tiempo pueda desvelar (oportunamente) más datos al respecto.

Ciertamente la comunidad fundada por el hermano Roger Schutz ha navegado en una corriente "católica" desde sus orígenes protestantes. Taizé es una encrucijada en la que el "encuentro" hace que se desdibujen las distinciones y los protestantes se acerquen a lo católico, y los católicos se aproximen a lo protestante. Para algunos, una muy apreciable (y viable) realidad ecuménica. Para otros (más conscientes?) una dudosa promiscuidad con ciertos peligros anejos, conducentes a la confusión de doctrina-credo y liturgia.

Claro que todo ello late en el confuso (equívoco?) concepto de "ecumenismo" que sustenta/justifica a Taizé, para algunos el mismo que subyace (o resalta) en ciertas interpretaciones según "el espíritu" del Vaticano IIº. Adviértase que esta discusión sobre la entidad y el valor de lo de Taizé ocurre in situ en la misma Francia de la FSSPX y el cada vez más afianzado tradicionalismo católico.


De la foto que ha dado pié a este articulillo, y volviendo a ella (esta de arriba muestra la "ambientación Taizé" instalada en el susodicho Altar del Monumento) , se me ocurre comentar que la apertura de nuestros prelados al "ecumenismo" de Taizé no se corresponde con una simpática sensibilidad intra-católica.

Quiero decir - por ejemplo -que ni el Cardenal Amigo Vallejo, ni Monseñor Ceballos, ni Monseñor Villaplana han celebrado públicamente (no me atrevo a decir que ni siquiera en privado; quizá (?)) la Santa Misa en su forma extraordinaria, algo de tanto valor para significar (y realizar) la "comunión" , sobre todo después de la publicación-recepción del Motu Proprio de Benedicto XVI, tan explícitamente "positivo" en su intención de restaurar y normalizar la celebración según el antiguo Misal.

No estoy en contra, al contrario, de "experiencias" como Taizé, y de rezar o cantar con cosas de Taizé que aproximan a Taizé a la Iglesia Católica. Pero me extraña la fácil acomodación a esas "formas" (véase la foto) y las dificultades, reluctancias y/o displicencias para (o contra) lo nuestro, lo que más identificativamente podemos considerar como nuestro.

¿Resistencia a lo católico y apertura a lo extra-católico-ecuménico? Desconcertantemente, esa parece ser la actitud predominante en ciertos niveles en los que se esperarían otras proclividades y/o firmes, sólidas, constantes convicciones.
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Un incidente más


No lo he visto, gracias a Dios, y me he librado de pasar un mal rato. Pero habrán sido, me figuro, unos minutos tensos y desagradables para el Papa: Un personaje palestino-jerosolimitano de primer orden, el jeque Taisir Tamini, presidente de los tribunales islámicos de Jerusalén, ha tomado la tribuna y el micrófono por asalto, y se ha puesto a lanzar exabruptos contra el Estado de Israel. Dos de los representantes judíos invitados se han levantado, airados, abandonando el acto. Mientras, el Patriarca Latino, Su Beatitud Fouad Twal, intentaba, sin conseguirlo, calmar y callar al jeque.

El p. Lombardi ha publicado inmediatamente un comunicado aclarando que no estaba prevista esta lamentable y extemporánea intervención del jeque Taisir Taimini. Pero ya la cosa ha sucedido, y esperemos que quede sólo como desagradable anécdota y no se convierta en "caso". Que es lo que hacía falta.

Un com-padre me ha preguntado que qué pensaba yo. Y le he dicho, sin pensarlo mucho, estas dos cosas:

1ª) Que, aunque parezca impropio, me pongo en el pellejo del jeque y "comprendo" el impertinente exabrupto. Tragando quina todos los días, el hombre ha visto la oportunidad de montar un "pollo" memorable que todo el mundo ha visto, va a ver, y va a comentar. Es como lo del zapatazo a Bush del periodista iraquí, poco más o menos (y me imagino que algo habrá influído el zapatazo aquel en este "estallido" del jeque no invitado a la tribuna). Los palestinos están que trinan y ese jeque ha trinado por todos ellos. Me figuro que el impertinente jeque Taisir Taimini va a ser muy aplaudido por todos los palestinos, como un "héroe".

Claro que un "héroe" a costa del Papa. El Papa - como todos nosotros - sufre el "desencuentro" entre palestinos e israelíes. Pero, se quiera o no, los israelíes y los palestinos marcan distancias entre ellos y todos los demás. El conflicto (guerra pura y dura) es entre ellos. Los demás (el Papa incluído) somos circunstantes y "afectados" que abogamos por soluciones que ellos no quieren porque tienen en mente y proyecto "otras soluciones".

Considerando este último parrafito, la segunda cosa que pienso es esta:

2ª) Que el Papa, en una ocasión como la de esta peregrinación, debería limitarse en sus actos públicos a encuentros, celebraciones y recepciones estrictamente religiosos, sin que se dé lugar a actos de índole "promíscua" que pudieran conllevar situaciones como esta del jeque incontinente (haya sido o no premeditada-ensayada su "incontinencia" verbal). ¿Me explico?

La infección de la "corrección política" nos mete en unos berenjenales que deberíamos evitar por el bien de lo que se pretende. Hacerse otros planes con otras ilusiones, es planear ilusionando. Y la situación de Palestina-Israel no es para "ilusionarse".
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Si al jeque en vez de un discurso le sale otra clase de "atentado"...¿qué hubiera podido pasar? Seguro que todos los presentes estarían super "garantizados" etc. Pero he ahí que lo imprevisto ha sucedido. Sáquense, pues, las consecuencias que del episodio se derivan.

Hay actos que quizá en Roma, en París o en Madrid tienen su "marco" y su sentido. En Jerusalén, durante una "peregrinación" del Papa quizá no tanto. Ya se está viendo.

Resumiendo: Rezar sí; "conversar" y dar "discursos" con personalidades de todo "espectro", me parece que no, que no es "oportuno".

Y no es que esté "corrigiendo", ni siquiera "aconsejando". Simplemente "comento". Y lamento que otra vez las cosas que le preparan al Papa vuelvan a estar cargadas de "imprevistos" que se debieran prever para evitar que sucedan, ni remotamente.

Oremus pro Papa nostro Benedicto!

Et pax super Ierusalem.
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domingo, 10 de mayo de 2009

Benedicto peregrina


Entresaco algunas palabras del Papa Benedicto, del simpático blog Un Sacerdote en Tierra Santa, un blog que tiene la ventaja del "directo in situ".

Con estas me identifico, porque es lo que sienten - yo mismo lo he he sentido - los peregrinos:

"...ahora es mi turno de satisfacer el profundo deseo de tocar, de sentir el consuelo de los lugares donde Jesús vivió y que fueron santificados por su presencia..."

Es una especie de síndrome del peregrino, un ansia creyente que se desborda queriendo meter en el alma con besos, con miradas, tocando con las manos, apoyando la frente, con los ojos cerrados, todos los Santos Lugares, desde Nazareth a Jerusalén, desde Belén a Getsemaní. Yo me recuerdo contínuamente, sin necesidad de fotografías, sólo con la memoria tan viva y despierta de aquellos dias de peregrinación. Hasta el olor peculiar de la losa del Santo Sepulcro, o el incienso de rosas que usan los ortodoxos, todo se te resucita en la memoria.

Supongo que Joseph Ratzinger habrá estado alguna vez en Tierra Santa. De todas maneras ahora el que está peregrinando es el Papa Benedicto. Es el tercer Papa que está en los Santos Lugares, después de Pablo VI y Juan Pablo II. Y no es más dificil su viaje que lo fueron los otros dos, pero sí son dificiles las circunstancias que rodean y han precedido a este viaje papal. Pero a pesar de eso, Benedicto va a ser el primero que celebre en medio de Jerusalén, al pie del Monte de los Olivos y el Torrente Cedrón-Valle de Josafat, algo que ninguno de sus dos predecesores pudo hacer. Y será digno de ver (¡ de estar !) en esa Misa del Papa, con Getsemaní detrás y el Monte del Templo enfrente: Un verdadero acto pontifical, como un puente entre Templo-Mezquitas-Altar. Va a ser digno de estar (¡ de ver !).

Todo me hace pensar que pese a los malentendidos y las arremetidas de unos y otros, este viaje ha estado muy preparado. Y que su preparación no se ha "interrumpido" ni por las algaradas de unos ni de otros por lo de Ratisbona, o lo de la oratio pro iudaeis, o el exabrupto de Williamson. Este viaje, con estos actos, no es algo que se prepare en unos meses, ni siquiera en un año. Quizá se lleve preparando desde que Benedicto llegó a la Sede de Pedro.

Pedro, el Papa, Benedicto. Son - es - un valor universal. Vale mucho el Papa presente, la voz del Papa, un mensaje del Papa. Valen mucho los actos del Papa. Y el mundo lo sabe. Y el mundo "mejor" valora su presencia, y la reclama. Y cuando el Papa llega todos se le acercan con sentimientos más profundos que los que salen luego en las fotos. Y las fotos salen bien, pero la experiencia de los que están con él es mejor: Saben, tienen la conciencia de que no están ante un personaje más, saben que es "distinto".

A Benedicto, en las imágenes que están llegando televisadas, en las fotografías, se le ve feliz, serenamente gozoso. Es un efecto de Tierra Santa en los peregrinos, como un eco profundo que nos "acomoda" en una Tierra que es nuestro fundamento. Como Cristo, también Pedro es de allí.

Y no es dificil hacerse la imaginación de acompañar a Benedicto, orando con él, por lo que él está pidiendo; basta también nuestra simple y sencilla intención de peregrinar con él.

Recién llegado a Ammán, en el aeropuerto, con emoción de peregrino, expuso brevemente sus "intenciones":

"por la conversión de los corazones al modo de perdonar y solidarizar que es propio de Dios, para que mi esperanza - nuestra esperanza - para la unidad y la paz en el mundo dé frutos abundantes"

Esta es "su" esperanza. Y es con Benedicto "nuestra" esperanza. En todas las Misas, en todos los altares, hoy hemos pedido por esa esperanza del Peregrino.

Pax super Ierusalem!

+T.

viernes, 8 de mayo de 2009

Mediatrix

Hoy, 8 de Mayo, es día de propio en el Calendario Hispalense: La Santísima Virgen María, Mediadora de Todas las Gracias - Memoria -. Una memoria que se vincula a la más remota devoción mariana sevillana, porque depende, entiendo, de la vieja fiesta del Patrocinio, tan vinculada a las celebraciones de la antigua Iglesia Hispano-Visigótica. Sin embargo hoy, esta memoria del 8 de Mayo, la Virgen Mediadora, la habrán celebrado en la Catedral y en privado los pocos curas que tienen el cuidado de seguir la epacta con el Proprium Hispalense.
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Por pura gracia han sobrevivido y se conmemoran estas devociones antiguas, especialmente la del 18 de Diciembre, sin rango litúrgico pero con toda la prosapia de la devoción popular más activa, gloria sevillana. Porque en Sevilla donde no llega la liturgia llega la devoción, como una extensión peculiar, idiosincrática, de la lex credendi sobre la lex orandi, el sensus fidelium sobre el munus docendi. Si me explico.

La Mediadora se jura en Sevilla, con sangre en la fórmula. Y un beso. La fórmula del juramento la lee el secretario de cada Hermandad, y el beso lo da cada cofrade, sobre la estampa de la imagen de la Virgen y con la mano sobre el Evangelio abierto.

La fórmula de la defensa de la Mediación es al estilo hiperbólico-sevillano: "...Otrosí juramos defender con la sangre de nuestras venas, si necesario fuere, el privilegio de la Mediación Universal de Nuestra Señora en la dispensación de todas las gracias...". Así, más o menos, al final de la parte declarativa de la Protestación de Fe, solemnísima e imprescindible institución de las Hermandades y Cofradías sevillanas.

La devoción de la Mediación fue notable durante todo el XIX católico, siendo el Papa Leon XIII quien se distinguió de manera muy notable en enseñar cada vez que pudo este misterio mariano. Tiene que ver con el neo-tomismo leoniano, porque parece que en su magisterio el Papa Pecci extrae su doctrina sobre la Mediación de las consideraciones mariológicas del Doctor Angélico, que profundiza admirablemente sobre las consecuencias que se desprenden de la "cooperación" de la Virgen a la Redención, hecho que San Tommaso fundamenta en el Misterio de la Anunciación-Encarnación, una especie de "sine qua non" definitivo que sitúa a la Virgen en ese único e irrepetible lugar de la Economia Salutis.

El fervor mediacionista (tan netamente católico) no prosperó como se esperaba. Quizá la proclamación de la Realeza Universal de Ntrª Srª el 1 de Noviembre de 1954 fue el hito que cerró este periodo de la mariología católica. Después de las proclamaciones dogmáticas de la Inmaculada Concepción - Pio IX el 8 de Diciembre de 1854 - y de la Asunción - Pio XII el 1 de Noviembre de 1950 - se esperó con bastante probabilidad que se proclamara la Mediación.
Incluso el Concilio Vaticano II en la Lumen Gentium, declara cuan viva estaba la doctrina en el Concilio (Cfr. Lumen Gentium 60, 61, 62 ). Luego del Concilio (aunque el minimalismo mariológico estuvo activo antes y durante), la tendencia fue difuminar todo el concepto de la Mediación en aras de un malentendido "ecumenismo". Y hasta el día.

Pero la devoción vive. Y se sustenta en esas "intuiciones" que son de fe, aunque no estén "definidas". Ya se sabe que siempre el Misterio precede a la fe, la fe sigue al Misterio, y la fe ilustra la doctrina. Y a falta, todavía, de doctrina definida, se vive en la devoción y se expresa en la oración.


Desde el Sub Tuum Praesidium al Memorare, el Avemaría y la Salve, nuestro Rosario o el Acathistos de los orientales, la Mediación de la Señora es un convencimiento que se reza, que se siente, que conmueve.

En mi casa se cantaba, cuando las mujeres de mi casa ensayaban las coplas de la Novena de Agosto:

"Para más luz inmortal /siendo Vos alba del día/ sois proclamada, María,/Mediadora Universal/..."
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Son cosas que no se sabrán explicar, pero que se sabe lo que son porque dependen de conceptos comprensibles que el Misterio ha hecho suyos: Maternidad, filiación, intercesión, mediación, dispensación...O, simplemente, Amor: El Amor que se hizo Hombre en Ella y que por Ella nos da gracia tras gracia.

+T.

Tentetieso bajo el arbolito


Lo "vasco-euskaldún" (no sé escribirlo mejor) y demás etarritarrerías son uno de los floklores más impostados (y peor impostados) de todos los de nuestro patrio solar (adviertan Uds. este rancio concepto "Patrio Solar", tan decimonónico como yo mismo (mi parte s. XIX, quiero decir)). Pués iba diciendo eso, que lo vasco-etarritarri-euskaldún-borroko-malarralea es una pésima impostación de yo no sé qué (que allí tampoco saben). Todo aquello es como lo del falsísimo "yacimiento" de Iruña-Veleia, que bien que se lo han callado y apenas dicén mú sobre el caso-esperpento los euskaldunes y sus cómplices (los del pachilope y los zpestantes etc.). Una impostura, decía.

Lo digo por el espectaculito de parada de cómicos de la legua en torno al "mítico" árbol de Guernica (que hay gente que saca mito hasta de un cagajón, como los hindúes de las boñigas de vaca (vacas sagradas, of course)). Pues eso decía.

Lo del aquel "ante Dios humillado..." es mito. Es decir, cuento que no se creen ni ellos mismos (y si se lo creen, peor). Esa fórmula enfática no es humilde, no es humildad. Es todo lo contrario porque lo humilde no se enfatiza, no se resalta, no se recalca. Y el que proclama "qué humilde soy" es un soberbio que echa en cara a los otros lo poco humildes que son. Paradojas de una virtud que cuanto menos se ve/se nota/se cacarea, más auténtica es, más verdadera. Y viceversa. Por eso ese "humillado" no es creíble.

Así y todo hay que ser tan cretino como se aparenta para prescindir de auxiliis en unas circunstancias como las que encara el neo guru-lendacari del talante. A ver como se las apaña con esa panda de la canalla nazionalista gurri-gurri-etarri-burraka, desde el penuve al camaleónico partiducho de los asesinos encapuchados, los "valientes" victimarios "guerrilleros". A ver.

Para mí que, en cuanto pueda y en todo lo que pueda, cederá y la cosa seguirá lo mismo, con unos cuantos gestos para mayor gloria del talante ztapestante.

Serán los justificados prejuicios que honradamente profeso, pero me parece que al Pachilope se le ha puesto jeta y rictus de compugido vasco, con el mismo hocico fruncido y ceño encogido de sus indecentes predecesores.
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Ya veremos si por no querer "humillarse" al Cielo va a hocicar en el fango de la patria vasca (tres provincias de España, a saber: Álava, Vizcaya y Guipúzcoa). Porque, visto lo visto, yo no sé qué será peor, si un hipócrita humillado o un tentetieso que dice que no humilla (ante Dios).

El tiempo irá descubriendo ante quién, si no, mancornará humillado el arrogante neo-lendacari.

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jueves, 7 de mayo de 2009

Zollitsch se retracta y corrige, Deo gratias

Las reacciones ante las heterodoxas declaraciones del presidente de la Conferencia Episcopal Alemana han puesto el dedo sobre una dolorosa llaga. Que ha reaccionado. El último número de la revista Konradsblatt trae un artículo muy "expresivo" (y aclarativo) de Mons. Robert Zollitsch: "Anunciamos tu Muerte, proclamamos, Señor, tu Resurrección".

En mitad del artículo, aparece este elocuente párrafo:

"Der christliche Glaube scheut sich nicht, sogar noch dem Tod des Herrn eine positive, heilsvermittelnde und sühnende Bedeutung zuzuschreiben. Christus stirbt zu Gunsten der Menschen und stellvertretend für sie. Er tut, was sie selbst nicht tun können, weil sie in die Sünde verstrickt sind. Er wird zu einem Opfer menschlicher Bosheit, das gedemütigt und gequält am Kreuz stirbt. Stellvertretend für die Menschen überlässt er sich als Opfer der rettenden und wirksamen Liebe Gottes, die tiefster Grund seiner Lebenshoffnung ist. So öffnet er in unserer gewalterfüllten, sündigen Welt den Zugang zum Leben Gottes."

Que traducido dice:

"La fe cristiana no tiene miedo de atribuir a la muerte del Señor, un positivo significado salvífico y expiatorio. Cristo murió para beneficio del pueblo y en su lugar (en lugar/en sustitución). Él está haciendo lo que ellos mismos no pueden hacer, porque viven inmersos en el pecado. Él se convierte en víctima de la maldad humana, y muere humillado y torturado en la cruz. En nombre del pueblo Él se despoja de sí mismo como una víctima sacrificial al eficaz amor de Dios que es la más profunda razón de su esperanza. Así Él abre a nuestro mundo pecador y violento el acceso al Dios Vivo".


(Más o menos, porque mi alemán es muy rudimentario, ustedes se harán cargo).

¿Qué ha pasado? ¿Qué habrá podido pasar? Pues, probablemente, que alguién con "competente autoridad" ha debido darle un "toque" de atención a Mons. Zollitsch, que debe ser un buen entendedor porque ha entendido pronto y corregido bien.

Comenta a propósito un avispado comentador, un italiano muy perspicaz, que sólo los blogs de perfil "tradicional" han reaccionado contra las heterodoxas declaraciones aquellas de Zollitsch. Y es verdad. Y se pregunta el inteligente comentarista italiano si sólo los católicos de carácter "tradicional" han sido y son capaces de "detectar" la "sapiens haeresis" y a-católica doctrina que subyacía en aquellas declaraciones de Zollitsch. Y parece ser que sí, que sólo los bien formados católicos que saben distinguir qué es y qué no es lo que creemos.
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¿Qué ha pasado en la Iglesia? Lo digo por la "indiferencia" con que se reciben doctrinas "parciales" (la herejía es una "parcialidad") sobre temas fundamentales, artículos del Credo, la Cristología, la Eclesiología, los Sacramentos, la Escritura, la Fe en suma. ¿Es tanta la confusión? ¿Tanto ha "calado" y tantos son los "afectados" por esas "defectuosas" opiniones generadas por la pseudo-teología de los pseudo-teólogos?

Me reconforta y tranquiliza la corrección - aunque sea discreta - de Zollitsch. Tiene incluso cierto valor de "reparación" por aquello de "verba volant, scripta manent" (aunque una grabación audiovisual en directo también permanece y se difunde bastante, los tiempos han cambiado).

Y con más fuerza que las palabras al viento y lo escrito en papeles, "exempla tradunt", los ejemplos mueven y arrastran. Bien, pues, por Zollitsch, que con su ejemplo (donde dije "digo", digo "diego") ha enseñado tal y como se espera de un presidente de una conferencia episcopal. Bien.

Pero mejor decir las cosas bien desde el principio, y así todo queda más claro, nítido, luminoso. ¿No es verdad?
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domingo, 3 de mayo de 2009

Apocalípticos

El Apocalipsis es un libro estupendo. La primera vez que lo leí completo - siempre hay una primera lectura de la Escritura, pero nunca es la "definitiva" - me quedó la impresión de esa abigarrada secuencia de plagas y horrores cósmicos, tan fascinante. Una fascinación de todos los siglos que demuestra que el Apocalipsis es un formidable libro "interactivo", el más interactivo de todos los libros de la Biblia, quizá.

Y quizá, iconográficamente, lo descubrimos y marcamos su primer hito "interactivo y global" en España. Los comentarios ilustrados al Apocalipsis del Beato de Liébana fueron mucho más que una obra, porque se convirtieron en un género. Un libro que acompasa texto e imagen, lectura y color, en uno de los más sugestivos imaginarios de la Cultura Cristiana medieval (es decir, de todos los tiempos). Nuestro Beato y los beatos que lo copiaron y circularon por la remota Europa de la Alta Edad Media abrieron una corriente imparable de Apocalipsis ilustrados.
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El Apocalipsis de San Juan es una revelación profética optimista para un tiempo/un momento dificil. No es un libro de ilusiones para pusilánimes y escapistas, sino un mensaje de aliento para batalladores, tenaces y resistentes. Un contenido de magnífica esperanza, pero tremendamente realista. No oculta el sufrimiento ni elude las batallas, pero presenta un panorama positivamente favorable a la Iglesia...finalmente. Una Iglesia que se revela una y la misma pero viviendo en dos planos, dos dimensiones: Una Iglesia celestial que alaba en gloria, y una Iglesia terrena que sufre y testimonia en la historia que ocurre en la tierra.
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Si el Apocalipsis fue una inyección revigorizante de fuerza y espíritu para las iglesias perseguidas del siglo I-II, también fue el recurso al que volvieron los cristianos cuando llegaban días de acuciante peligro. Nuestro Beato de Liébana escribe su comentario en la España arrasada y sometida por los moros, cuando todo parecía perdido. Los Apocalipsis de la Edad Media se cierran con otro de imaginería tan brillante como el de los Beatos liebaneses. Me refiero a la espléndida serie de tapices angevinos representando las escenas del la Revelación joánica, otro de los monumentos del Arte Cristiano medieval, providencialmente conservados y expuestos antes en la Catedral de Angers, y ahora en su Castillo-museo. Se tejieron en las postrimerías del siglo XIV, cuando la peste negra asolaba Europa, la Guerra de los Cien Años a Francia, y el Cisma de Occidente a la Cristiandad. Cuando todo parecía perderse.


El imaginario del Apocalipsis tuvo un final tardo-medieval sorprendente e impensable: Sirvió a los luteranos como inspiración iconográfica para uno de los más virulentos ataques propagandísticos que jamás haya sufrido la Iglesia. Con una diabólica imaginación "apocalíptica", las xilografías de los grabadores germanos representaban al Papa como el Anticristo y a la Iglesia Romana como la meretriz Babilonia, todo ello tomando pie y excusa en los textos y escenas del Apocalipsis. Sin pretenderlo, inconscientemente, ellos mismos protagonizaban la profecía apocalíptica de la reversión perversa de los acontecimientos y los hombres contra los fieles de Cristo, del Cordero. Un tremendo punto final para los Apocalipsis medievales, con mucho éxito también, como los otros.

Después el Apocalipsis se representó poco, aunque siempre ha mantenido su poderosa capacidad inspirativa, tan fascinantemente sugestiva. Sigue siendo un recurso, un medio de fe para entender las cosas que pasan (pueden pasar) con la fe y los fieles, los creyentes, los cristianos.

Sin ser un libro "político", el Apocalipsis describe los poderes políticos del mundo que luchan contra la Iglesia. Uno de los pasajes más conocidos traduce en gematrías el nombre de los perseguidores de la Iglesia, esa "cifra de la bestia" que tanto gusta a los satanistas y demás conciliábulos dementes. San Juan (yo pienso que con bastante sentido del humor (también hay un simpatiquísimo "humor revelado" salpicado, passim, por toda la Biblia)) disimula el nombre de los primeros perseguidores "globales", con toda la gracia cuando escribe: "¡Aquí la sabiduría! El que tenga inteligencia calcule la cifra de la Bestia, porque es una cifra humana..." Ap 13, 18


Con este y algunos otros simpáticos "guiños", el Apocalipsis de San Juan se revela uno de esos textos de la Sagrada Escritura que ofrecen/incluyen una "clave" para interpretar la historia. Es un tentador recurso para "leer" no sólo el futuro (porque no se olvide que es profecía), sino también el pasado y el presente. Por ejemplo, leyendo los capítulos del Apocalpsis, uno se pregunta: ¿Quién la Bestia del 2009? ¿Cual es su cifra? ¿Y la meretriz borracha montada lúbrica y obscena en el lomo del dragón? ¿Y el Anticristo? ¿Y los Testigos? ¿Y los que siguen al Cordero?

¿A que dan ganas de lanzarse a calcular cifras y personajes, prostitutas en dragones, bestias con cuernos infames y anticristos de perversión? ¿A que tenemos siempre un galería nutridísima donde escoger? ¿A que siempre hay "candidatos" (y candidatas) para los papeles apocalípticos?

El Apocalipsis se lee/se reza en Tiempo Pascual, una lectura simpática, positiva, entusiasta, valiente, para el tiempo litúrgico más triunfante. Durante estas semanas, capítulo a capítulo, se va leyendo el Apocalipsis, como pasando hoja a hoja el rutilante universo imaginado por el Beato de Liébana, o desplegando los espléndidos tapices de Angers. Y a mí me dan ganas de tomar colores de minio y oro, o carretes de seda y madejas de lino y lana, y pintar o tejer una página o un tapiz coloreado del 2009, con las imágenes del Apocalipsis y sus personajes, según las "cifras" de nuestra actualidad y sus protagonistas. ¿A que sí?
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Y es que siempre, cada tiempo y momento, es una escena del Apocalipsis. Hasta que veamos bajar de lo alto la definitiva Jerusalén Celeste, este "Apocalipsis" es nuestro. Y unos son testigos fieles, y otros bestias y/o anticristos y/o meretrices borrachas sobre un dragón.

Peeeeero: ¡Ojo! Ojo y atento a la tentacion porque eso es lo que hicieron los herejes luteranos del tiempo del hereje Lutero: Se leían el Apocalipsis y practicaban un divertido y ocurrente libre exámen de la Escritura adjudicando malos personajes apocalípticos y creyéndose ellos los apocalípticos buenos. Un error - uno entre cientos - de los heréticos luteranistas. Que el Señor nos libre.
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Hay que tenerlo claro, y no olvidarse: El Apocalipsis es revelación de Dios, no un texto interactivo para revelaciones privadas, muy divertidas. Yo no digo que no haya sueltos por el mundo tarascas, anticristillos, putones babilónicos, y bestezuelas con cifra del 6'066, que de todo eso hay para aparejar un buen muestrario. Lo que digo es que la Revelación es una y mayor, uno y muy grande el Misterio, y una y en rodaje la Historia de la Salvación. Y los católicos-católicos sabemos que estamos en la profecía del Apocalipsis, pero no la "adjudicamos", sino que la expectamos y, a la vez, la contemplamos y meditamos, como viendo y leyendo un Beato o los tapices de Angers.

Y, sin embargo sí hay una parte del Apocalipsis muy oportuna para un libre y personal exámen, sin que se caiga en aquel "libre examinar" heretizante: Los capítulos Iº y IIº con las siete cartas a las Siete Iglesias. Un formidable chequeo para pasarnos revista "cristiana". Una muy positiva lección "eclesiológica", para que entendamos algunas cosas y pongamos a punto otras, no sé si me explico.

El Apocalipsis, finalmente, es un libro de prisas que exige saber esperar. Grita ¡Ven Señor! pero proclama que ya vino y está viniendo. Y que cuando vuelva plenamente, no habrá duda: "...et videbit eum omnis oculus et qui eum pupugerunt/ ...Todo ojo Le verá, también los que Le traspasaron". Ap 1, 7.


Conque es cosa de esperar con paciencia, como todos los buenos han hecho.
Amen.

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jueves, 30 de abril de 2009

Pio V: La fe y el Culto

Desde la feliz entrada en vigor del Motu Proprio Summorum Pontificum, algunas Fiestas y Santos se pueden celebrar dos veces, una según el rito ordinario y otra según el extraordinario. Son las ocasiones litúrgicas que tienen fijada fechas distintas en el calendario de uno y otro Misal. Y son bastantes. Por ejemplo San Pio V, que se celebra hoy en el Misal de Pablo VI, y en el "Misal de San Pio V", el 5 de Mayo.
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Hace poco se comentó en este blog que los Papas de los grandes Concilios han solido ser no los convocantes, sino los que siguieron y pusieron por obra lo dispuesto por aquellos Concilios. Muy pocos han estado a la altura de esta grave obligación. Y si hubiera que destacar a alguno que haya personificado el carácter de un Concilio, sin duda que Pio V es quien mejor se define como el Papa de Trento.

Trento supone el fin de una agitada época eclesiástica que - podría decirse - comienza en el siglo XIV con la crisis de Avignon y el Cisma de Occidente. Entre uno y otro episodio la Iglesia se "re-configura" en medio del Renacimiento y las nuevas instancias y circunstancias políticas y culturales. Los últimos capítulos de este ciclo (y los primeros, a la vez, del que le siguen) son la Reforma protestante y el período de Trento y su post-concilio. Así hasta la llegada del 1600, otra época con otro perfil que agonizaría en el último cuarto del XVIII con la crisis de las monarquías ilustradas y la Revolución.

Anterior a Trento es el fenómeno conciliarista, propiciado por la debilidad de los Pontífices de Avignon y el desconcierto del cisma subsiguiente, en una de las más agitados y creativos períodos del Occidente cristiano. Acababa la Edad Media entre las convulsiones de todo el "status" medieval, desde el Pontificado al Imperio pasando por los reinos/estados, las monarquías, las ciudades, las órdenes religiosas, el comercio, la población, el arte y la cultura. Todo.

La discusión en torno a la potestad del Concilio sobre el Papado es consecuencia de la degradación de la institución papal, sometida a las ingerencias de los intereses particulares de Francia y sus reyes, en un momento en que la Guerra de los Cien Años hacía de Francia el campo de batalla de Europa. Las posturas se definieron más por proclividades de estados celosos de otros estados que por la tesis conciliarista en sí, que fué perfilándose y tomando sustancia doctrinal poco a poco. De todas formas, una cosa fue el conciliarismo de aula (el que se podía exponer o discutir en una universidad o en un capítulo religioso) y otro el conciliarismo que se utilizó como amenaza contra el Papado por los monarcas europeos. Así hasta el mismo Carlos V cuando la convocatoria de Trento.

Resulta llamativo, sin embargo, que los concilios conciliaristas terminan siendo concilios papistas que eligen, nombran e imponen papas a la Cristiandad. El conciliarismo nunca solucionó nada, sino que tendió a agravar las fracturas de la Cristiandad bajomedieval. Las resoluciones conciliares de los conciliaristas del siglo XV concluyen con pactos y compromisos en torno al papa y por el papado, y compromisos para una ncesaria "reformación" que nunca llegaría o sería tímida e insuficiente. En esa coyuntura, se definen dos fuerzas en tensión que marcaron el periodo eclesiástico siguiente: Los conciliaristas se hicieron conscientes del poder de la institución conciliar a la vez que despertaron la prevención sobre los riesgos y el "peligro" de un concilio, y el papado resolvió fortalecerse como estado para verse libre de las presiones e injerencias de monarcas y conciliaristas.

La vertiginosa concatenación de los hechos precipita en la Italia del Renacimiento, demasiado volcada en su despertar-resurgir humanista para sentir la urgencia de otras cuestiones que afectaban estructuras fundmentales de la Iglesia. Así, la rica belleza formal renacentista convive con una agitación espiritual fortísima, que estallaría en la Alemania de Lutero con imparables consecuencias.

Trento es el momento, la ocasión, en que tres siglos se examinan, serenan y concluyen. Todas las cuestiones de la escolástica, el tomismo y el nominalismo abiertas en el siglo XIV y revolucionadas con el siglo XV de los humanistas y el XVI de los reformadores se encuentran debatidas por los mejores del momento. Trento es el "momento católico".

Todavía algunos desinformados cargados de prejuicios de inculta insuficiencia se empecinan en decir "tridentino" como sinónimo de oscuro catolicismo; son los que no pueden (no llegan) a apreciar las riquezas de Trento y sus protagonistas. Valga decir que Trento es "el Concilio" para resumir lo que es. Un concilio que marcó una época y mantuvo cuatro siglos de vida de Iglesia, hasta el contemporáneo Vaticano II, impensable (e insostenible) sin Trento.

El perfil del Papa Ghisilieri, San Pio V, no es el del Papa Ratzinger, Benedicto XVI. Comparten, empero, algunas anecdóticas y significativas coincidencias: Los dos emergen como hombres de iglesia en el pre-concilio; los dos estuvieron en el post-concilio al frente de la misma Congregación Romana (Santo Oficio/Doctrina de la Fe); los dos llegan al Papado finalmente, tras dos pontífices de fuerte carácter (Pio IV/Juan Pablo II).

La oración del antiguo Misal, la que se reza el 5 de Mayo, dice esto:

Oremus
Deus, qui ad conterendos Ecclesiae tuae hostes, et ad divinum cultum reparandum, beatum Pium Pontificem Maximum eligere dignatus es: fac nos ipsius defendi praesidiis, et ita tuis inhaerere obsequiis; ut omnium hostium superatis insidiis, perpetua pace laetemur.Per Dominum nostrum Jesum Christum, Filium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus, per omnia saecula saeculorum.
Amen.

La que se reza hoy, dice:

Oremos
Señor, tú que has suscitado providencialmente en la Iglesia al papa San Pío V, para proteger la fe y dignificar el culto, concédenos, por su intercesión, participar con fe viva y con amor fecundo en tus santos misterios. Por nuestro Señor Jesucristo...
Amen.

La del Misal antiguo nombra expresamente a los "enemigos" de la Iglesia, pero recalca una idea "restaurar el culto" que se repite con la expresión "dignificar el culto" en la del Misal del '69; esta, además, le asocia el concepto "proteger la fe", como dependiente uno del otro, o anejo.

El cuadro que he puesto como ilustración es uno de esos que tiene nuestro Museo del Prado en sus riquísimos (y desconocidos) fondos. Es de un veneziano proto barroco, Michele Parrasio, muy influído por Veronés y Tintoretto. Opino que es una de las mejores iconografías histórico-papales de todo el Arte Cristiano: El pintor representa al Papa descubierto, arrodillado, adorando al Cuerpo de Cristo custodiado por los ángeles (una alegoría-iconografía de la Eucaristía muy típica del XIV, que evoluciona remotamente desde Italia, pasa a la pintura Flamenca, se sigue representando en el Renacimiento y el Manierismo, y desaparece practicamente a fines del XVI).

De la representación del Papa cortesano o militar o político, se ha vuelto a la representación del Papa-Sacerdote. Aunque distinta formalmente, la iconografía del cuadro del Parrasio es un trasunto evolucionado de la iconografía medieval de la "Misa de San Gregorio Magno", reinterpretada según la sensibilidad del post-concilio tridentino, con el "liturgista" Pio V como protagonista de la escena.

Sobre la sábana-corporal en la que descansa el Cuerpo del Señor (un sobrepaño rojo y un mantel blanco extendido sobre un altar, todo con una implícita alusión a la Misa-Sacrificio-Redención-Presencia-Comunión) se ha inscrito una frase del Prefacio Pascual "...Qui mortem nostram moriendo destruxit"/"...Que muriendo destruyó nuestra muerte"; debajo del Cuerpo de Jesús aparece una sepultura con un cadáver (Adán simbolizando toda la humanidad pecadora y mortal) en esqueleto descarnado rodeado por los instrumentos de la Pasión. En el margen izquierdo del cuadro, se ve el stipes y un brazo de la Cruz, con el subpedáneum entre la cabeza de Cristo y el ángel. Arriba del todo, en un rompimiento de gloria, dos arcángeles portan un cáliz con el Sacramento y una filacteria blanca con la leyenda "Hic est Panis qui de Coelo descendit/Este el pan que ha bajado del Cielo" Jn 6, 59.

Todo el sentido "sacramental-eucarístico-sacerdotal" del cuadro se desvela más con otro detalle: El Arcángel que sostiene el brazo de Cristo (parece que da besar al Pontífice la mano con la llaga de Jesús; una alusión a la Comunión?), lleva revestida una estola de diácono, como si estuviera asistiendo al sacerdote (el papa S. Pio V, genuflexo, con la mirada conmovida y recogida fija en el cuerpo del Señor) en la Misa, en el momento de cubrir el copón o poner la palia sobre el cáliz, o tomar la custodia, o reservar el Sacramento en el Sagrario; los arcángeles del remate del cuadro, también portan estolas diaconales.

Este originalísimo y emocionante cuadro merece estar en un Sagrario, como una perpetua exposición de un Credo, una Fe, una Iglesia, un Misterio. Lástima que esté en un museo, aunque sea el Prado. En la pintura está - se puede decir - todo Trento, con una intensa e intencionada caracterización del Papa de Trento y su obra.

Si alguno no lo ha advertido, comprenda que en la comprensión del ministerio papal en clave de culto y fe, sí que se parecen Pio V y Benedicto XVI. Seguro que también en más detalles, los mejores probablemente.

n.b. Para ver ampliado el precioso cuadro del Parrasio, picar sobre la imagen (la primera, debajo del título).

+T.