El Réquiem de Gabriel Faurè (1884) es al género lo que los Pre-rafaelistas a la pintura. Por aproximarlo a una estética, sería modernista sin llegar al art nouveau y con esa impronta pre-rafaelista, tan apropiada para matizar con sugestiva luminosidad colorista el contenido de un Réquiem. El resultado es una composición delicadamente descriptiva de la apertura al Misterio que supone el concepto cristiano de la muerte. Esta versión del coro del King's College de Cambridge - Pie Iesu, Agnus y Requiem final - es adecuadísima, con todo el colorismo matizado de la música de este francés que suena tan cercano al Elgar inglés:
Fue una lástima que toda la belleza litúrgica de la Misa de Réquiem desapareciera con las nuevas ordenaciones de las rúbricas del Misal de Pablo VI. Una de las consecuencias de la restauración del antiguo Misal de San Pio V será la de poder volver a celebrar la Misa según el modelo que inspiró y al que se adaptaron todas las grandes composiciones de este género del "réquiem", tan rico en emociones y sentimientos religiosos.
Ahora compárenla con este otro Pie Jesu del Réquiem del contemporáneo Andrew Lloyd Webber:
No es lo mismo, pero Loyd Webber tiene detrás, quizá como motivo inpirador más o menos directo, el Réquiem de Gabriel Fauré. Hay temas-géneros que suponen un reto para un artista que se precie, ya que suponen el contraste de la maestría. Evidentemente el Andrew Lloyd de las exitosísimas comedias musicales demostró con su Réquiem que era músico-músico de verdad, capaz de inspirarse y conseguir una obra inspirada de notabilísima calidad y belleza, perfectamente adecuada al texto y el género. No es Fauré, evidentemente, pero sí una música conmovedoramente hermosa.
Y un Réquiem.
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jueves, 1 de noviembre de 2007
miércoles, 31 de octubre de 2007
Sanctorum Communionem Credo
Nos decían en las catequesis, cuando niños, que en los Santos, como en las vidrieras de las iglesias, se traslucía la Luz de Dios. Así me lo contaron una vez, y esa imagen de la luz se me viene a la imaginación cada vez que me toca explicar qué son/cómo son los Santos.La Santidad es un atributo esencial de Dios, inseparable de su Ser. Desde Él se comunica a todo lo creado, hasta ese grado ínfimo de la criatura simple que participa algo de la santidad por ser, sencillamente. Pero en el hombre la santidad es una vocación, una expectación, un aliento de más ser; lo que busca el mortal a tientas y enmedio del desegaño insatisfecho de las cosas, el cristiano sabe que es la santidad: "Quemadmodum desiderat cervus ad fontes aquarum, ita desiderat anima mea ad te, Deus..." Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a Ti, Dios mio..." Sal 42, 1
Agustín dice lo mismo al comenzar las Confesiones: "Para Ti nos hiciste, Señor, y nuestro corazón deambulará inquieto hasta que en Ti repose...", casi proclamando la sentencia de que la santidad es el cánon del hombre, su proporción, su medida. El cánon de Protágoras es insuficiente: El hombre es la medida de todas las cosas...pero no para sí mismo.
Las palabras del Señor son la sentencia de esta ley: "Sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto" Mt 5,48 / "Sed misericordiosos como vuestro Padre celestial es Misericordioso" Lc 6, 36 / "Sed santos porque yo, vuestro Dios, soy Santo" Lev 19, 2
Y cabe hacer la ilación consecutiva saltando de santidad a misericordia y de misericordia a perfección; y también desde la misericordia a la perfección concluyendo en la santidad; o variando la secuencia empezando por perfección con la misericordia enmedio y la santidad al final...
Son las variaciones sobre la santidad, tan ricas y matizadas como las policromías irisadas y traslúcidas de un vitral de un rosetón: Una misma, sóla y única Luz trasluciéndose inagotable y haciendo de luz lo que traspasa: "..No destruye la naturaleza, sino que la perfecciona y la eleva".

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Huesos de Santo y batatas

Mi abuela Antonia tenía su peculiar calendario, que era de fiestas y dulces: Cada una tenía su repostería y era pecado tomar el dulce que no era en la fiesta que no tocaba. Los pestiños y las perrunas de manteca y almendra son de Navidad, como los alfajorillos, los mantecados, las tarteras de cidra y el mazapán; pestiños y perrunas se hacen en casa, y los otros se encargan fuera. Para Semana Santa, torrijas, pellizcos, piñonates, gañotes y empanadillas de cidra. Para los dias de los Santos de la familia, brazos de gitano, bizcochos, huevos reales, empanadillas de crema, y, si caen en verano, helados de mantecado al corte. Por los Santos y Difuntos, las batatas al horno, las batatas en almíbar y...los huesos de santo.
Los huesos de santo eran una especial chuchería que se traía de Sevilla, de alguna de las confiterías de toda la vida. Mi abuela Enriqueta era la especialista y distinguía si eran de La Española, de Ochoa, de La Campana, o de Convento. Mi padre, que era quien se encargaba de comprarlos y traerlos a casa, prefería los de La Española. A mí me gustaban todos, y me gustan y los compro con esa especie de ritual casi de culto. Y es que soy muy de rito hasta para eso, como Dios manda.
¿Y qué se lee en estos dias de Los Santos y los Difuntos? Se lee la "lectura recreativa" del Padre Coloma "Era un Santo!" ¿Que no la conocen, que no la han leído, que no saben quien es el Padre Coloma? O,mio Dio! Mon Dieu! My God! Mein Gott!!!!! Uds. los que no leen al padre Coloma (ni comen huesos de santo por los Santos, seguro), ustedes acabarán mal.
Háganse el favor de comprarse una bandejita de huesos de santo, y cómanselos leyendo "Era un santo!" . Será el comienzo de una deleitosa afición que les abrirá el apetito de otros y más altos deleites.
N.B. Postrimerías y postre vienen de lo mismo: Considerénlo, medítenlo.

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martes, 30 de octubre de 2007
Un cuento (incompleto) de Otoño

Ya las mañanas eran frescas, y había que salir con algo de abrigo. A las siete clareaba, con los gallos cantando en los corrales y algunos perros ladrando a lo lejos, que parecía que se escuchaban más porque el frio hace más silencio de fondo, y empezaba a notarse el frío.
Cuando fué a arrancar el coche, tuvo que repetir cuatro o cinco veces, porque la batería no iba a la primera. Los faros redondos del viejo Volkswagen, el primero y el único del pueblo, se encendieron poco a poco, con una luz amarillenta, tan perezosa como la mañana. Los cristales de las ventanillas y el parabrisas se empañaron nada más salir de la cochera; al bajar un poco el cristal, el aire frío se coló dentro con el olor de la retama que quemaban en el horno de la tahona de Dámaso.
Camino de la estación, vió el humo de los boliches encendidos en la cuesta; Manuel el cisquero y uno de sus hijos cargaban unos sacos de picón sobre dos borricos, y junto al chozo había dos montones de carbón.
Tomó un café con leche y una torta de aceite, con la copita de coñac que le sirvió Melitón sin pedírsela, mientras leía por encima el Abc, en la cantina de la estación. Al salir se caló la mascota y se subió el cuello de la gabardina. Fuera se había levantado una neblina que daba más sensación de frio. Recogió a los chiquillos en el andén; venían medio dormidos, la niña en brazos de la tata, que parecía más vieja con la toquilla que traía echada sobre la cabeza, tapando con un pico a la pequeña.
Al entrar con el coche por el corralón de atrás esperaron a que salieran Juan el Moreno y uno de los mozos, que llevaban una yunta de mulos a la herrería. En la cocina habían encendido la chimenea baja, y ya tenían los tazones puestos en la mesa, esperando el chocolate que se hacía en la hornilla. Olía a pan tostado y café.
Las mujeres entraron todas corriendo al oir a los niños, que echaron a correr abrazándose al cuello de las tías, que se los comían a besos.
En la calle, el de los calentitos pregonaba con su vocecilla ladina: ¡¡¡Caleeeen...titooo...calieeeenteeees...!!! Y los niños pidieron y una de las muchachas salió a comprar unas ruedas.
Cuando acabaron de desayunar, ya eran casi las nueve. En la torre tocaba el último para la Misa, y los mayores se fueron a la Iglesia. Las tatas se llevaron a los niños a la huerta alta, a cojer granadas
En el salón habían encedido el primer brasero, y toda la casa olía a alhucema, desde el zaguán al patio.
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domingo, 28 de octubre de 2007
Pulchra Victrix

El rey dijo a Ester: "¿Qué tienes, reina Ester? ¿Qué es lo que quieres?
¡Incluso la mitad de mi reino te será concedida!". Est 5,3.
Durante la semana pasada se ha estado leyendo en la secuencia del Oficio de Lectura el libro de Ester. Se trata de una de esas historias menores, anecdóticas, que se incluyen en un apartado de los libros históricos junto con los libros de Tobías y Judit . El tema de la narración es la peligrosa situación del pueblo judío a punto de perecer víctima de una persecución general, por instigación del primer ministro del rey Asuero de Persia. Por la intercesión de Ester, una joven israelita que ha llegado a ser esposa del rey, se destapa la trama criminal, el culpable es ejecutado y el pueblo hebreo se ve libre de la amenaza que pesaba sobre él.
La narración pondera en todo momento la belleza imponente de Ester, incluso apreciando la irresistible sensualidad de su porte, que llega a fascinar al poderoso rey hasta ese extremo de la cita, tan oriental "...la mitad de mi reino te daría...", que parece adelantar el escenario de las mil y una noches de Bagdad.
Lo impresionante, sin embargo, es descubrir cómo la belleza, la sensualidad, la gracia corporal, el exorno, la insinuante conversación, el gesto femeninamente estudiado...todo eso se hace instrumento de salvación inspirado y sostenido piadosamente, ofrecido religiosamente como un singular sacrificio a Dios.
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Y Dios lo acepta: El sacrificio de la reina Ester, con todo su envoltorio de sensual y femenina hermosura.
Los judíos celebran todavía la fiesta de los Purim que conmemora la novelesca hazaña de la bella Ester. Los cristianos (los católicos!) hemos ido más lejos:
Interpretando alegóricamente toda la narración y sus principales elementos y protagonistas, se entiende la historia como una preciosa profecía: El pueblo amenazado es la Iglesia; Amán, el ministro malvado, es el Demonio; el poderoso rey Asuero es figura de Dios; y la reina Ester es una imagen de la Virgen María, Reina intercedente, espléndida y de majestuosa belleza que alcanza con su poderosa súplica la protección para su pueblo y el castigo del perverso enemigo.
A mí me emociona.
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P.s. Lo de Judith Triunfans, para otro día: No se me adelanten.
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N.b. La pintura de rutilante escenografía es de Sebastiano Ricci, veneziano (1659-1734); la quasi porno, de Chasseriau (francés, claro); se titula "La toilette de Esther", que suena ya casi porno total (y eso que es de 1841); está en el Louvre.
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Dies Irae secundum Verdi
Para ir ambientando las próximas Fiestas y Conmemoraciones:
Iba a poner uno dirigido por Claudio Abbado, pero este otro de este señor con su batuta y su kippá tiene mejor calidad de sonido (recomiendo oirlo a todo volumen, si no no es lo mismo). Entre los cantantes está el desaparecido Luciano Pavarotti, q.e.p.d.A.
Uds. sabrán la historia, pero se la resumo por si acaso: Verdi pensó dedicarle una Misa de Requiem a Rossini, con motivo de la muerte del gran maestro en 1868; contaba con otros compositores italianos del momento para que cada uno compusiera una parte de la Misa; él se reservó el Libera me Dómine. Pero el proyecto se malogró, y sólo después de algunos años volvió Verdi sobre esta partitura con motivo de la muerte del novelista Alessandro Manzoni, al que quedó finalmente dedicado en 1874.
Es una pieza impresionante, especialmente este arranque de los coros en la secuencia Dies Irae.
P.s. Es la 1ª parte; si gusta, pongo la 2ª; si no gusta...es que tiene Uds. un mal gusto de muerte.
P.p.s. Bueno, todo esto si hay "ustedes", claro.
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Iba a poner uno dirigido por Claudio Abbado, pero este otro de este señor con su batuta y su kippá tiene mejor calidad de sonido (recomiendo oirlo a todo volumen, si no no es lo mismo). Entre los cantantes está el desaparecido Luciano Pavarotti, q.e.p.d.A.
Uds. sabrán la historia, pero se la resumo por si acaso: Verdi pensó dedicarle una Misa de Requiem a Rossini, con motivo de la muerte del gran maestro en 1868; contaba con otros compositores italianos del momento para que cada uno compusiera una parte de la Misa; él se reservó el Libera me Dómine. Pero el proyecto se malogró, y sólo después de algunos años volvió Verdi sobre esta partitura con motivo de la muerte del novelista Alessandro Manzoni, al que quedó finalmente dedicado en 1874.
Es una pieza impresionante, especialmente este arranque de los coros en la secuencia Dies Irae.
P.s. Es la 1ª parte; si gusta, pongo la 2ª; si no gusta...es que tiene Uds. un mal gusto de muerte.
P.p.s. Bueno, todo esto si hay "ustedes", claro.
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viernes, 26 de octubre de 2007
Templarios (absolución y vindicta de)

Muchas veces me gusta considerar cuánto depende la actualidad del pasado; o cómo este insiste en aflorar recurrentemente; y también la de veces que se instala de manera casi habitual en nuestro presente.
El Archivo Secreto Vaticano - entidad dependiente de la Biblioteca Apostólica Vaticana (que permancerá cerrada por obras durante los próximos 3 años...que es es como decir un cuartito de hora tratándose de tan centenaria y sobre-temporal institución) - acaba de presentar una impresionante edición facsímil del célebre pergamino de Chinón, con la absolución de Clemente V a la Orden de los Caballeros del Temple. Se han reproducido sólo 799 ejemplares, que ya se disputan las más afamadas bibliotecas, universidades e instituciones del mundo; el precio de venta de cada uno de esos ejemplares en pergamino será de 5.900 euros (lo que vale en el mercado actual la reproducción en facsímil de un códice; un precio casi simbólico). En graciosa deferencia del Archivo Secreto Vaticano, vea el que quiera aquí el pergamino (gratis) :
Pergamino de Chinón (picar sobre visualizar en la pestaña superior)
El documento facsimilizado (una amplia hoja de pergamino plegado y enfundado en piel) es el acta oficial que cerraba la investigación eclesiástica sobre el Temple, con la absolución de las terribles acusaciones de herejía y brujería que pesaron sobre los templarios por instigación del rey Philippe IV de Francia. El pergamino fue hallado entre los fondos del Archivo Secreto Vaticano hace unos años, cuando se creía perdido o destruído. Las actas tienen la valiosa addenda de comentarios al margen hechos por el propio Clemente V, el papa que desde Avignon extinguiría de manera oficial a la envidiada y temida orden de caballería en 1312, con la bula Vox in Excelso y todo un Concilio, el de Vienne (1311-12), convocado ad casum.

De nada valió ni la absolución papal ni la supresión de la Orden del Temple, porque no era sólo eso lo que se buscaba. El rey Felipe IV le Bel (el hermoso), acuciado por grandes déudas de estado, estaba decidido a hacerse con las riquezas de la Orden y fraguó junto con sus eficientes y poco escrupulosos colaboradores la trama de acusaciones y presiones que acabarían con el Temple y sus caballeros. El capítulo final después del proceso exculpatorio de la Iglesia, lo consumaría el monarca francés en uno de los más inicuos procesos de la historia: sometidos a vejaciones, amenazas, cárceles y torturas, finalmente su gran Maestre Jacques de Molay junto con algunos de sus cofratres reconocieron todos los horrendos crímenes que sus torturadores les obligaron a confesar. El 18 de Marzo de 1314, fué quemado en la hoguera junto con su hermano de orden Godofredo de Charnay ; antes que ellos, varios centenares de templarios habían sucumbido también víctimas de las torturas, el cadalso y las llamas, todos a manos del regio victimario Philippe le Bel y sus agentes.
El cronista Geoffroy de Paris, narra así los últimos momentos y palabras del Gran Maestre Jacques de Molay antes de morir en la hoguera:
« Le maître, qui vit le feu prêt, s'est dépouillé immédiatement, et se mit tout
nu en sa chemise... Il ne trembla à aucun moment, bien qu'on le tire et
bouscule. Ils l'ont pris pour le lier au poteau, et lui, souriant et joyeux, se
laisse faire. Ils lui attachent les mains, mais il leur dit : « Dieu sait qui a
tort et a péché, et le malheur s'abattra bientôt sur ceux qui nous condamnent à
tort. Dieu vengera notre mort. Seigneur sachez que, en vérité, tous ceux qui
nous sont contraires par nous auront à souffrir »
(El maestre, que vió el fuego preparado, se desvistió enseguida, y quedó desnudo, sólo cubierto con la camisa...En ningún momento tembló...lo llevaron a atar al patíbulo, mientras él, sonriente y alegre, se dejaba hacer. Le ataron las manos, mas él les dijo: "Dios conoce quién es el que yerra y ha pecado, y la maldición caerá sobre quienes nos condenan. Dios vengará nuestra muerte. El Señor sabe en verdad que todos los que están contra nostros, por nosotros tendrán que sufrir").

Otra tradición cuenta que maldijo hasta la decimotercera generación a los tramadores de la conspiración y a sus condenadores, con la tremenda casualidad (?) de que aquel mismo año de 1314 morían el Papa Clemente V (20 de Abril) y el rey Philippe IV (29 de Noviembre).
El juicio de la historia baldona la memoria de los responables: La del Papa Clemente V - francés, el primer Papa del lamentable período de Avignon - merece que el gran Ludwig von Pastor le califique "el más servil de todos los pontífices del siglo".
La calificación de Philippe IV le Bel, resulta más equívoca: Todas sus terribles injusticias, vejaciones, abusos y atropellos se le disculpan bajo la consideración de ser el primer monarca que define el futuro concepto de "estado nacional" y "soberanía absoluta", inaugurando una tendencia que ya no cesará hasta la cumbre de las monarquías absolutistas del XVII-XVIII. En el fondo late la animadversión de casi toda al historiografía occidental contra la Iglesia: Ni el atentado contra el octogenario Bonifacio VIII, ni la amenazante presión sobre Clemente V, ni el inicuo y canallesco proceso contra los Templarios significan apenas nada; sólo ponderan la ferocidad de carácter, su versatilidad política, y la férrea voluntad con que este monarca dirigió los asuntos de su reinado.
Sus contempóraneos hicieron, sin embargo, otra lectura de los hechos, desde la fulminante muerte de este Felipe IV el Hermoso, hasta la deshonra y la tragedia de su familia durante el reinado de sus hijos, Luis X el Obstinado (su esposas y su cuñadas Margarita y Blanca de Borgoña, mantuvieron licenciosas relaciones adúlteras con los hermanos Philippe y Gaultier de Aunoy, siendo descubiertos y condenados todos a terroríficas penas), que darían materia para el drama folletinesco del gran Dumas La Tour de Nesle o la Torre de los placeres (si tienen paciencia, léanla...pero sin imaginar demasiado).
Además, todos sus hijos tuvieron efímeros reinados : Luís X 1314.16; Juan I el Póstumo 1316; Felipe V el Largo 1316.22; y Carlos IV el Hermoso 1322-28; y todos ellos murieron sin descendencia directa. Con ellos se extinguió la estirpe de los Capeto, sucediéndoles su primo Felipe VI, primer monarca de la Casa de los Valois.
Y, como terrible coda de la historia, la Guerra de los Cien Años.
Todo esto ha venido por la actualidad de los Templarios, que lleva aparejada la sabia y vieja moraleja sentenciosa: El que la hace, la paga (en esta vida...o en la otra). ¡Que el Señor nos libre!
&.De Martíribus

“Al término del segundo milenio, la Iglesia ha vuelto a ser de nuevo una Iglesia de Mártires”.
Esta cita de Juan Pablo II aparece en el mensaje que la Conferencia Episcopal Española ha dirigido a todos los fieles de España con motivo de la próxima beatificación de 498 Mártires, víctimas de la violencia anticristiana desatada en nuestra patria durante los años de la Segunda República y la Guerra Civil.
Las duras circunstancias que vivió la Iglesia Española en aquel trágico período de nuestra historia, se sellaron con miles de martirios que revivieron la crueldad de las antiguas persecuciones, a la vez que reactivaron la extraordinaria vocación martirial que es, desde sus orígenes, uno de los sellos que marcan la identidad de la Iglesia de Cristo.
No hay, no ha habido, Iglesia sin mártires. En nuestra España reciente, un siglo de persecución y conflictos religiosos (desde la “Desamortización de Mendizábal” en 1835-36, hasta el final de la Guerra Civil en 1939) hicieron que la posibilidad del martirio se hiciera una realidad, vivida con la entrega en sacrificio de cuantos fueron expuestos al extremo de testimoniar con la vida su Fe.
Aunque el testimonio cristiano esté por encima de cualquiera consideración ideológica, el hecho del martirio evidencia la profunda confrontación-contradicción que la Iglesia de Cristo vive en medio del mundo, cuyos poderes se oponen, tantas veces, al Reino de Dios con una violencia deliberada. El odio a la fe y la persecución de los creyentes son un capítulo constante de la historia de la Iglesia, nunca cerrado, siempre re-protagonizado por nuevos cristianos.
La ocasión de la prueba fue también la oportunidad de la gracia. Con el recuerdo vivo de los que dieron su sangre por Cristo y su Iglesia, aparecen los ejemplos de virtud que les acompañaron: Hombres y mujeres de oración y Sacramentos, de Eucaristía y caridad, de humildad y abnegación, de trabajo y esperanza, de Iglesia y de familia, de compromiso y fidelidad, de valentía y sinceridad; constantes en la piedad y firmes en la adversidad; con la sencillez de sus vidas como medio, y una grandeza heroica en su final; todo un caudal de riqueza interior, espiritual, probada día a día y rubricada con sangre.
Así son los llamados, los elegidos por Dios para ser sal de la tierra y luz del mundo. De entre ellos, los Mártires con una particular vocación que manifiesta el Misterio de Cristo activo en la pasión de los miembros de su Cuerpo, que es la Iglesia.
En medio de la polémica suscitada por la parcial recuperación de la “memoria histórica”, la Beatificación en Roma de estos 498 testigos de la Verdad supone una llamada a quienes nos toca vivir el testimonio de nuestra fe en una sociedad manipulada en su conciencia, que renuncia a los ideales cristianos y apostata de la ley del Evangelio de Cristo.
Como hubo un tiempo para los Mártires, ahora hay una oportunidad para renovarnos en gracia y en fuerza, alentados por el valor de quienes supieron seguir a Cristo hasta la cumbre de su Pascua de sacrificio y de gloria.
Si la sangre de los Mártires fue siempre semilla de nuevos cristiano, nos cabe la esperanza de que germine en la Iglesia de España la sementera de santidad que plantaron con sus vidas todos estos que se verán proclamados por la Iglesia Mártires de Cristo y partícipes gloriosos de su Reino.
Esta cita de Juan Pablo II aparece en el mensaje que la Conferencia Episcopal Española ha dirigido a todos los fieles de España con motivo de la próxima beatificación de 498 Mártires, víctimas de la violencia anticristiana desatada en nuestra patria durante los años de la Segunda República y la Guerra Civil.
Las duras circunstancias que vivió la Iglesia Española en aquel trágico período de nuestra historia, se sellaron con miles de martirios que revivieron la crueldad de las antiguas persecuciones, a la vez que reactivaron la extraordinaria vocación martirial que es, desde sus orígenes, uno de los sellos que marcan la identidad de la Iglesia de Cristo.
No hay, no ha habido, Iglesia sin mártires. En nuestra España reciente, un siglo de persecución y conflictos religiosos (desde la “Desamortización de Mendizábal” en 1835-36, hasta el final de la Guerra Civil en 1939) hicieron que la posibilidad del martirio se hiciera una realidad, vivida con la entrega en sacrificio de cuantos fueron expuestos al extremo de testimoniar con la vida su Fe.
Aunque el testimonio cristiano esté por encima de cualquiera consideración ideológica, el hecho del martirio evidencia la profunda confrontación-contradicción que la Iglesia de Cristo vive en medio del mundo, cuyos poderes se oponen, tantas veces, al Reino de Dios con una violencia deliberada. El odio a la fe y la persecución de los creyentes son un capítulo constante de la historia de la Iglesia, nunca cerrado, siempre re-protagonizado por nuevos cristianos.
La ocasión de la prueba fue también la oportunidad de la gracia. Con el recuerdo vivo de los que dieron su sangre por Cristo y su Iglesia, aparecen los ejemplos de virtud que les acompañaron: Hombres y mujeres de oración y Sacramentos, de Eucaristía y caridad, de humildad y abnegación, de trabajo y esperanza, de Iglesia y de familia, de compromiso y fidelidad, de valentía y sinceridad; constantes en la piedad y firmes en la adversidad; con la sencillez de sus vidas como medio, y una grandeza heroica en su final; todo un caudal de riqueza interior, espiritual, probada día a día y rubricada con sangre.
Así son los llamados, los elegidos por Dios para ser sal de la tierra y luz del mundo. De entre ellos, los Mártires con una particular vocación que manifiesta el Misterio de Cristo activo en la pasión de los miembros de su Cuerpo, que es la Iglesia.
En medio de la polémica suscitada por la parcial recuperación de la “memoria histórica”, la Beatificación en Roma de estos 498 testigos de la Verdad supone una llamada a quienes nos toca vivir el testimonio de nuestra fe en una sociedad manipulada en su conciencia, que renuncia a los ideales cristianos y apostata de la ley del Evangelio de Cristo.
Como hubo un tiempo para los Mártires, ahora hay una oportunidad para renovarnos en gracia y en fuerza, alentados por el valor de quienes supieron seguir a Cristo hasta la cumbre de su Pascua de sacrificio y de gloria.
Si la sangre de los Mártires fue siempre semilla de nuevos cristiano, nos cabe la esperanza de que germine en la Iglesia de España la sementera de santidad que plantaron con sus vidas todos estos que se verán proclamados por la Iglesia Mártires de Cristo y partícipes gloriosos de su Reino.
* * *
Este es el artículo que un "confratello" ha redactado para el boletín sevillano de la Adoración Nocturna. A la altura de las circustancias, y diciendo entre líneas más de lo que explícitamente puede leerse.
Yo acotaría el texto con las siguientes notas:
1º No sabían que iban a ser Mártires. Hay épocas, momentos, en los que los fieles entrevieron el riesgo, pero en la España de 1931-39, la gente, nuestros cristianos, no sabían a qué se exponían. Los agresores sí sabían (las víctimas rara vez son conscientes de su destino). Sólo al final, en el último momento casi, supieron que sus vidas estaban llamadas al testimonio cruento.
2º Todavía hay una parte de la Iglesia (clero y fieles) que se resiste a reconocer los hechos; a veces por la errónea catalogación ideológica que identifica estructuras y circustancias del mundo con las categorías del Reino de Dios, que no son de este mundo; por otra parte, el mismo desenfoque desde otra posición política rentabiliza con un entusiasmo parcial un acontecimiento que es intra eclesial en sustancia y sólo extra eclesial en cuanto testimonio anejo a la misión y la evangelización.
3º Los herederos ideológicos de la persecución, ni han reconocido los hechos, ni se consideran histócamente implicados, ni han pedido perdón, ni garantizan a la Iglesia y a los cristianos que episodios similares nunca se repetiran (por lo que a ellos respecta).
Esta "garantía" cerraría, en cierta forma, ese período martirial. Si no llega, si no se expresa, si no se patentiza, toda legislación sobre memorias de la historia será una parcialización falseada, insuficiente y tergiversada.
Esta "garantía" cerraría, en cierta forma, ese período martirial. Si no llega, si no se expresa, si no se patentiza, toda legislación sobre memorias de la historia será una parcialización falseada, insuficiente y tergiversada.
Y no quiere eso decir que no esperemos más martirios, sino que queremos que se reconozcan los habidos. Los del porvenir llegarán también, con la certeza del signo inseparable que acompaña un Misterio que está en el mundo, pero que no es del Mundo. Y lo sabemos:
Adsumus!
+T.
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