lunes, 18 de diciembre de 2006

Hannuká

Desde niño he sentido una atracción reverente por los símbolos religiosos del judaísmo: La estrella de David, los rollos de la Toráh, los mantos de oración, el candelabro...Hasta mucho después no supe que la Menorá de siete brazos era distinta a la hannuká y sus nueve lámparas. Recuerdo con toda nitidez la primera fotografía que vi de una mujer judía encendiendo la hannuká durante la celebración de la "Fiesta de las luces".

Se rememora y celebra un milagro ocurrido cuando la purificación del Templo y la restauración del culto en tiempo de los Macabeos. Faltaba aceite para encender las siete lámparas de la Menorá, y apenas se encontró aceite válido en una pequeña ánfora, que duró nueve días, los necesarios para traer desde Galilea el aceite cúltico. Por eso las nueve luces de la hannuká, que se encienden una a una durante los días que dura esta fiesta anual.

La Hannuká ha derivado actualmente en una especie de sucedáneo hebreo de las fiestas navideñas. Su proximidad en el calendario y el ambiente familiar e infantil de la celebración, han facilitado cierta asimilación de ambas festividades. Un dato, por lo demás, que confirma la real y evidente aproximación socio-cultural del Occidente Cristiano al Judaísmo, y viceversa.

Sin embargo, me estremece constatar que esa aproximación ha supuesto también la adopción por parte de Israel de algunas de las señas de identidad más indeseables del Occidente del XX-XXI y su "posmodernidad". Y no me refiero sólo a esa patente desacralización del estado de Israel que consiente (y promueve?) carnavaladas profanas como una manifestación de grupúsculos provocadores de gays y lesbianas por medio de la Ciudad Santa, dando con fantochadas asquerosas como esas un motivo más para radicalizar a los fanáticos del Islam, que, en este caso, se escandalizan con todo motivo. Me refiero a la letal y canallesca "política" de defensa con la que el todavía mal asentado y apenas nacido estado de Israel pretende asegurarse en un Oriente Medio histórica, cultural y geográficamente musulmán.

Los símbolos religiosos del judaísmo son "exportados" por Israel como símbolos de paz no se corresponden con los hechos del moderno estado de Israel. No se han buscado, o no se han querido, o no se han logrado apenas vias de comunión, pero se ha insistido y se insiste obcecadamente en el recurso a la violencia.

Así no vendrá la paz sobre la Ciudad de la Paz, a la que dudo que tantos que podrían quieran verla, de verdad, en paz.

En las platerías de la Vía del Portico de Ottavia, en pleno Barrio Judío de Roma, y en las tiendas de la Ben Yehúda st., en pleno centro de la moderna Jerusalén, los escaparates están llenos de candelabros de la hannuká. Así como la Menorá de siete brazos es más un símbolo y un elemento reservado apara el culto del desaparecido Templo, el candelabro de las nueve lámparas no falta en ninguna casa judía. En estos días, todos los hogares hebreos de todo el mundo encienden sus luces rememorando aquel milagro del aceite. No sé si en la casa del Patriarca José su esposa laVírgen, o incluso a Jesús el Señor, encenderían también las luces de la hannuká. Si lo hicieron, luces como aquellas nunca se encendieron jamás como entonces, mientras existió aquella Familia en la Tierra.

El Papa Benedicto ha dicho hoy que

«El rico patrimonio de fe» de judíos y católicos permite a nuestras comunidades no sólo entablar el diálogo, sino también trabajar juntos por el bien de la familia humana. Nuestro mundo agitado necesita el testimonio de gente de buena voluntad, inspirada por la verdad, revelada en la primera página de las Escrituras, según la cual, todos los hombres y mujeres han sido creados a imagen de Dios, y por este motivo poseen una dignidad y un valor inalienable».

«Judíos y cristianos están llamados a trabajar juntos para curar las heridas del mundo promoviendo los valores espirituales y morales fundados en nuestras convicciones de fe».

«Si damos un claro ejemplo de cooperación fecunda, nuestra respuesta a las necesidades de la familia humana será más convincente»

Yo rezo cada día para que la paz venga sobre Jerusalén y el Israel de Dios, y el Pueblo del Viejo Testamento alcance la bienaventuranza del Nuevo, y no se empeñe en ser el mascarón del militarismo más perverso del Occidente en el corazón del Oriente más Santo.

A mí me gusta encender velas y lamparitas. A lo mejor me compro una hannuká, y encenderé cada día de la fiesta una lámpara por la paz. Y al prender la llama, rezaré a la Virgen Nazarena un Ave por cada lamparita: Nueve Avemarías para que venga la paz con la luz.

Sí: Algún día me compraré y encenderé una hannuká "more catolico".

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