Dulce Jesús que duermes
pero no dejas
de oir las oraciones
de los que rezan:
Tú sabes que te pido
por tantas cosas,
unas con alegría,
con penas otras.
Ya se que mis palabras
conoces todas,
y hasta lo que me callo
ante Ti consta.
que me repito tanto,
siempre lo mismo,
que esto mismo que digo,
ya te lo he dicho.
ya sea con los labios
o por escrito,
con lágrimas a veces,
o con suspiros.
Si desde que despierto
empiezo el rezo
e incluso cuando duermo
rezo entre sueños,
no se ajustar la cuenta
y me da miedo
de no guardar silencio
como los buenos,
que callan y meditan
de tu Misterio
abriéndote sus almas
en pensamientos
hondos, ricos, profundos
y de alto vuelo,
mientras yo apenas subo
desde mi suelo.
En estas noches vengo,
por ser las Pascuas,
a tu pesebre y canto
con toda mi alma
romances con letrillas
de villancicos
que igual te cantan otros
con mejor trino.
Mas todo esto que escribo
o que te canto,
sueño poderlo un día
subirlo un grado
en la escala bendita
que a lo más alto
por contemplar tu rostro
suben los Santos.
Hasta que ascienda, Cristo,
a tu montaña
y me goce en tu gloria
transfigurada
mi alma y mi ser entero
por tu mirada,
ten conmigo paciencia,
limpia y repara
mis rezos y coplillas
para que valgan
tal que humilde Salterio,
simple plegaria.
Jesús, Niño dormido,
¡Dios de mi alma!
+T.




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