miércoles, 4 de mayo de 2011
El entusiasmo y la precipitación
Un anónimo (no sé si amigo invisible o si enemigo emboscado) me ha avisado en un comentario que me han puesto en la picota; o en la 'caverna' de Infracatólica, mejor dicho. A parte de que las cavernas me fascinan (las geológicas, las platónicas y las admirables del Cuartenario), que te señalen los iraburritas y los mercenarios paniaguados de la pluma forzada, a estas alturas, es un honor que define muy bien. Gracias, gracias, muchas gracias. No merezco semejante distinción.
Pero para que vean los iraburritos que no andamos desnortados, vean Uds. lo que se dice y comenta por ahí un par de días después de la beatificación express de Juan Pablo II (para algunos 'magno'):
Sobra evidencia de que Juan Pablo “sabía que Maciel era un criminal”
Así de duro es el titular. Que tiene todas las probabilidades de estar en lo cierto, como Uds. mismos juzgarán cuando lean el articulete, nada sensacionalista, sino todo lo contrario: Muy aclarador, ponderado, bien informado y aportando datos.
Desde antes de 1956 sabían en Roma cosas de M. Maciel. Por eso quizá el poco relieve del personaje durante aquellos años y los pontificados siguientes. Fue justamente con Juan Pablo II cuando Maciel salió a escena, a bombo y platillo.
Me pillaron en Roma aquellos años dorados, cuando los Legionarios descollaban en todo y por todos sitios, brillantemente. No había punto clave romano donde no estuvieran (o se les esperara). Y muy bien, por cierto, con toda competencia, calidad y nivel. Quizá JPII soñara con hacer de la Legión la sustituta eficaz de la Compañía para su Tertio Millenio Adveniente. Y se comprende si tuvo o hubo esa intención. Lo que no se comprende ni se puede tapar con el repostero de la beatificación es la cobertura de JPII a Maciel.
El caso Maciel, por mucho que se repita y se diga, es una monstruosidad que no tiene parangón en la Historia de la Iglesia. De tal maginitud que pone tacha, da sombra y deja mancha en todo lo que tocó y a todos los que se arrimó. Y la proximidad de Maciel y Juan Pablo II fue mucha. Ahí están los hechos, que cantan.
Se podrá decir, como se dice, que la aceptación/promoción/espaldarazo fue a la obra (de Maciel), a la Legion, los Legionarios de Cristo y el Regnum Christi, independientemente del sórdido fundador. Pero es que el sórdido fundador estuvo todo ese tiempo en el candelero romano. Sólo al final, con un Juan Pablo II patéticamente valetudinario y las riendas del gobierno en manos de un par de Eminentísimos, ocurrió el retiro de Maciel. Y la pena canónica no vino sino después de muerto y sepultado Juan Pablo IIº.
Cuando estos últimos días se ha visto tantas veces en los esecenarios de la beatificación al Cardenal Stanislaw Dziwisz (en los años juanpablistas nada más y nada menos que Don Estanislao, un simple sacerdote-monseñor con más influencia y poder que los más conspicuos curiales vaticanos), me resultaba inquietante la reaparición del personaje, que tantos datos sobre tantas cosas supo en su día y calla ahora. Tantas cosas sobre tantos casos.
Pero un secretario debe callar, servir y guardar discreción. Es su oficio. Lo que me parece impropio es que se velen con cortinas cosas que van a salir a relucir con poco mérito para los protagonistas, directos o indirectos, y mucho descrédito para la Iglesia.
Supongo que me comprenderán Uds. si confieso que a mí me importa la Iglesia, no los personajes de la Iglesia, sean quienes sean y/o quienes hayan sido. Con adornos, con marco, pulidos o revestidos, con gestatoria o en papamovil, con tiara o con casco de bombero, un Papa tiene un valor tan relativo como el que le confiere el plazo de su pontificado. Y su valor mayor, una vez pasado, queda en su doctrina, su magisterio y su gobierno. Por eso es tan peligroso precipitarse y 'subitanear' lo que, por prudencia y discreción mínimas, debería tratarse con parsimonia y pies de plomo.
Vuelvo a comparar y reflexionar sobre una figura tan enorme como Pio XII, alabada universalmente en 1958 y en 1962 calumniada y pisoteada con saña irreverente; hoy todavía pesa sobre su recuerdo la venganza implacable del peor sionismo que ha hecho del Papa Pacelli un totem maléfico, con tal efectividad que en el mismo Vaticano pesa un tabú sobre su causa, tabú del que no fue ajeno el recien beatificado Juan Pablo II. Comparar la causa del Papa Pacelli con la de Wojtyla da mucho que pensar.
Pero así como los testimonios sobre Pio XII van esclareciendo el humo con el que oscurecieron su historia, lo que pueda pasar con la historia de los años juanpablistas es un dossier abierto que, por mucho que algunos quieran cerrar, permanecerá mucho tiempo con sus páginas preparadas para recoger lo que se vaya sabiendo y publicando. Hechos y conclusiones como las del articulete mexicano, tan tremendo.
Repito que me importa la Iglesia; los personajes en tanto y en cuanto. Aunque sean beatos (de lo que me alegro tanto como se merecen, of course).
+T. (cavernícola, de la inmemorial y nobilísima tribu del bisonte rojo altamirano, honradísimo y complacidísimo de serlo, inmerecido y altísimo honor).
lunes, 2 de mayo de 2011
Un entusiasmo excesivo
Del largo pontificado de Juan Pablo II, visto a la distancia de estos cinco años, digo que fue un gran exceso, que casi todo fue excesivo. Como el gasto de una casa que se arruina mientras dilapida en lujos o excentricidades lo que debería emplear en consolidar su economía doméstica. Si nunca me explicaré suficientemente el entusiasmo quasi delirante del Vaticano II y sus participantes, el del pontificado de Juan Pablo II tampoco consigo explicármelo.
Las celebraciones de su beatificación van por el estilo, con excesos. Exceso es un proceso consumado en sólo 5 cinco años. Cinco años en los que, a la vez que avanzaba la causa de beatificación, se iban conociendo cosas que hubieran bastado para detener el proceso, tan precipitadamente incoado. De Juan Pablo II se conocían las mil imágenes archi-publicadas por los medios, fotos, películas, viajes, audiencias. Pero se ignoraban otras cosas, tan grandes en demérito para su pontificado.
Como cierta argumentación a su favor, se nos ha dicho que no se beatifica un pontificado, sino a un hombre, un cristiano cuyo testimonio creyente se juzga ejemplar por todos los que le conocieron. Una abstracción así resulta extraña, separando el ministerio del sujeto, siendo ese ministerio el que le dio notoriedad, en cuya referencia encontraban sus actos un valor específico.
Parece evidente que la exaltación del nuevo beato lleva como un cometa la cola de todos sus actos, inseparablemente. Todo. Y no todo fue beatificable; muchos de sus actos fueron discutibles; algunas cosas ni siquiera aceptables.
Casi todos los testimonios que se han publicado estos días son de personas de su entorno que declaraban sobre la impresionante figura del Papa Wojtyla, que marcó sus vidas. También los lejanos, los que le siguieron por la televisión, los reportajes de sus viajes, sus mensajes, sus enseñanzas, todos los que recibieron una 'impresión' del Papa Juan Pablo II resaltan el espíritu animoso que supo infundirles, suscitando un característico entusiasmo.
Sus años de pontificado están jalonados de importantes acontecimentos, algunos verdaderos referentes para la vida intra-eclesial, casi todos con determinado estilo en el que se nota la impronta de su promotor, desde el Códex Iuris Canonici al Catecismo pasando por los documentos emanados de los Sínodos Romanos reunidos durante su pontificado. En todos ellos aparece, más o menos explícita, la intencion consciente de que se está construyendo la Iglesia del 'tercer milenio' con estructuras inspiradas en las directrices del Vaticano II, ese concilio que no quiso ser dogmático pero que en los años de Juan Pablo II se convirtió en un dogma imponente, contraste de todo y universal sine qua non.
¿Y los frutos? Si el entusiasmo es fruto, fue un rotundo éxito. Como la celebración de esta mañana, de desbordante entusiasmo multitudinario. Pero los frutos eclesiales reales, son pocos: La Iglesia del 2005, la que dejó Juan Pablo II, era una Iglesia sumida en una crisis de identidad como jamás se ha sufrido en la historia. Una crisis de des-catolización, de pérdida y confusión de la identidad católica, dentro y fuera, afectando profundamente a personas, instituciones, acciones y perspectivas. Una Iglesia que durante los años de Juan Pablo II se entusiasmaba con el Papa e iba a la deriva, todo a la vez y sin (aparente) contradicción.
Habrá que reconsiderar, como en estos dias se ha insistido, persona y obra, el sacerdote y el Papa, el anciano sufriente y el Pontífice Romano. Y distinguir, y separar, y deslindar. Y no comulgar con todo lo del Beato Juan Pablo como no se admiran ejemplares las negaciones de San Pedro, la cobardía de los Apóstoles, o las dudas de Stº Tomás. Entiéndaseme. Quiero decir que podemos admirar sin titubeos y venerar reverentemente al anciano sacerdote abnegado, orante, abrazado a la cruz del dolor y anclado en la esperanza de la Gloria; pero no es asumible el Papa de Asís, ni tampoco algunos otros momentos del Beato Juan Pablo. La heroicidad de las virtudes (¿sigue vigente este concepto en la positio de una causa de beatificación/canonización?) no convalida los errores, ni suple las deficiencias.
¿Y los milagros? Los milagros son obra de Dios, respuesta de Dios a las oraciones de sus fieles. Los intercesores válidos y los beneficiarios de los dones viven en ese gran misterio de la Communio Sanctorum, y se vivifican espiritual y sobrenaturalmente dentro del gran organismo humano-divino del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia. Ayer mismo me informaron de un milagro importante ocurrido en España, atribuido a la intercesión de Juan Pablo II, que no ha servido para la causa de beatificación porque se había preferido otro, y que tampoco valdrá para la causa de canonización pues se necesita otro distinto para la formalidad del proceso. Lo comento como un hecho válido, tanto como la aceptación de la providencia que guia estos asuntos entre la tierra y el cielo, el mundo y la Gloria.
En 1996, para conmemmorar el jubileo del 50º aniversario de su ordenación sacerdotal, Juan Pablo II publicó el libro Don y Misterio, una bella semblanza de su vocación, el seminario y primeros años de ministerio sacerdotal. En algunos pasajes aflora la emoción de aquella vocación recordada, fielmente perfeccionada y renovada. Después de leer este interesante testimonio, no comprendí cómo el sacerdote que contemplaba la obra admirable de aquellos años de su juventud era el mismo que como Pontifice de la Iglesia impedía y negaba que los jovenes del siglo XXI pudieran formarse en seminarios, con la solidez doctrinal, espiritual y pastoral que el joven Karol Wojtyla disfrutó en su querida y añorada Cracovia. ¿No era una contradicción re-configurarse sacerdotalmente escribiendo y publicando aquellos recuerdos y a la vez impedir (por acción u omisión) que en la Iglesia del tercer milenio se recuperase aquel modelo tan fascinante, atractivo, válido y fructífero? Estando en sus manos el poder hacerlo, el poder haberlo hecho. Si no como iniciativa de aceptación general al menos como una positiva siembra particular de rica, necesaria y urgente regeneración.
En la historia de la Iglesia hay un caso de un Papa calamitoso, que es santo, el bueno de San Pedro Celestino (Celestinus V), que fue un eremita y admirado asceta, pero un Papa lamentable. Dimitió, el único Papa que lo ha hecho (creando un anómalo precedente, una tentación que más de uno saca a relucir ahora como una alternativa bastante asumible). Todavía no me explico su inclusión en el Santoral. Pero ahí está, para quien quiera encomedarse a él. El año pasado estuvo Benedicto XVI venerando sus reliquias, en Sulmona, una localidad de los Abruzzos.
Pues lo mismo, mutatis mutandis, ahí estará el nuevo beato, para sus devotos y entusiastas. Pero vuelvo al principio: Me parece un exceso. No sé si el proceso de canonización también correrá express. A ver en qué queda todo, porque a los Santos también los perfila el tiempo. Dios dirá.
Excursus
Me ha parecido extraño que no se hayan examinado las reliquias; imagino que pudiera ser (?) que tras un examen en privado se haya resuelto no exponer el cuerpo. La explicación que dan, que cinco años es poco tiempo (y lo es: poquísimo e insuficiente tiempo para resolver una causa, y una causa semejante), me parece extraña, poco congruente: Justamente, tradicionalmente, uno de los signos corroborantes de una presunta santidad era (es) la incorrupción del cuerpo.
En el caso de nuestra Stª Teresa, por referirme a uno particularmente bien datado, antes del año de la muerte de la Santa se abrió el féretro y se reconoció el cuerpo, que estaba incorrupto; otro reconocimiento se hizo en 1585, a tres años de su muerte.
Conste, no se olvide, que el cuerpo de la Santa no había recibido ningún tipo de preparación ni tratamiento anti-descomposición post-mortem. En el caso de los Papas es costumbre el 'retoque' y tratamiento del cadáver en vistas a la exposición a los fieles, dada la demora de los ritos exequiales y la inhumación.
Por eso no es explicable que no se hayan examinado los restos ni abierto los féretros, mucho menos con la excusa de los 5 años. A no ser que ya se haya comprobado y se tengan pruebas de que no está, digamos, 'presentable'. En este supuesto, debe de estarlo poco, siendo como son los italianos expertos en la preparación y adecentamiento de reliquias, consiguiendo arreglos y resultados espectaculares.
De todas maneras siempre hubiera quedado el recurso de la mascarilla de cera coloreada, o a la mascarilla de plata, como las que cubrieron los cuerpos-reliquias de San Pio X, el Btº Juan XXIII y demás.
¿Por qué no en este caso de Juan Pablo II ? ¿En tan malas condiciones está?
p.s. Lo de las reliquias con ampollas de sangre extraídas en el hospital para los análisis clínicos que van a ser expuestas como reliquias corporales de Juan Pablo II, supone otra novedad. Hasta ahora, la sangre que la Iglesia ha venerado ha sido la de los Santos Mártires, vertida por Cristo, en testimonio de la fe; esto de la sangre de laboratorio clínico es, como digo, otra llamativa novedad. Una más.
p.p.s. Si alguno preguntara si he rezado al beato, contesto que sí, brevemente. Mantego la convicción de que los Santos (los declarados sobre todo) están para ayudar. Conque si es Santo, que trabaje, que ayude a los llamados a ser santos a que alcancen la Santidad, y que demuestre su beatitud, ya que la tiene.
+T.
martes, 26 de abril de 2011
El Papa predica y responde
Me inquietan - ya lo he comentado a propósito de otros actos - las nuevas formas de comunicación usadas por el Papa Benedicto, esas que han ido surgiendo en el transcurso de su pontificado, en estos últimos años: Breves respuestas a las preguntas de los periodistas (preservativos y sida en África, 1ª entrega); comentarios en el libro-entrevista Luz del Mundo (preservativos y sida en África, 2ª entrega); las dos partes del Jesús de Nazareth (extraño e injustificado libro publicado por el teólogo Joseph Ratzinger siendo Papa Benedicto XVI, sin discernimiento claro de autor/doctrina); y ahora, el pasado Viernes Santo, esa novedad del consultorio televisivo del Papa.
El resultado - doy sólo mi opinión - es bastante pobre: Preguntas escogidas según ciertos estereotipos, con personajes y circunstancias correspondientes, y respuestas de parecido orden. Insuficientes, a mi entender. Todas. Algunas, incluso, un tanto decepcionantes. Y hasta imprecisas, me parece (la referida al Descensus ad Inferos, por ejemplo).
Comprendo que el marco escogido y las exigencias de la emisión marcaban unos estrechos límites; incluso aprecio que algunas de las cuestiones planteadas hubieran precisado una comunicación más empática, menos 'estática' (el Papa sentado ante su escritorio con una cámara fija tomando un frio y distante plano). Por eso mismo no comprendo la exposición de Benedicto XVI a un acto como ese, absolutamente prescindible e innecesario.
¿Por qué entonces esa emisión? ¿Qué interés la ha promovido? ¿Por qué se ha aceptado? El aspecto cansado, pesado, del Papa al hablar no daba sensación de especial interés personal, al contrario. Repito que son mis impresiones.
Otras (impresiones) han sido las que han publicado los medios. De los medios desafectos no digo nada porque no consumo basura anti-católica. Pero me refiero a un medio de gusto y uso de nuestros católicos oficiales, un programa emitido en Intereconomía; una de esas presentadoras-reporteras infra-dotadas que suelen aparecer en los susodichos espacios televisivos, se refirió al programa entrevista del Papa con estos dos titulares:
- el líder espiritual de millones de católicos (o cristianos, no recuerdo exactamente)
- da respuestas a las inquietudes de los ciudadanos
Que en el estúpido y desinformado concepto de la sub-periodista el Papa sea 'el líder de millones de católicos' es preocupante; que se diga así, igualmente. Pero preocupa más (me preocupa a mí más, quiero decir) que el Papa se exponga a ser considerado eso mismo, un líder de millones de seguidores, en tanto en cuanto adopta la forma de dirigirse a los fieles tal y como lo hacen los líderes (los 'otros líderes', ya sean religiosos, políticos, deportivos, o de lo que sea) con sus adeptos.
Item más: Resulta precupante (me resulta preocupante a mí) que (si Dios no lo remedia) se vuelva a repetir el próximo Octubre en Asís la escena lamentable, confundente e inquietante de ver al Papa entre 'otros líderes religiosos mundiales', como si el Papa fuera uno más, uno entre iguales, otro entre los otros. Y que sea el Papa quien se preste a semejante escena, tan ofensiva y lesiva para su dignidad. Una dignidad única y sin igual, la más alta y santa que existe en el mundo, por encima de todas las que el mundo conoce.
¿Que por ser tan única y alta no se puede manchar ni deteriorar? Lo discuto: Los últimos decenios prueban que desde el mismo Papado parece que se ha promovido (con más o menos intención) un movimiento minimalista tendente a cierta 'nivelación' (¿homologación?) del ministerio y la diginidad papales. El caso en particular de Juan Pablo II rayó el esperpento; con la gravedad añadida de imbuir en muchos (¡muchos!) el errado concepto de que un Papa era y debía ser y comportarse así.
Lamentable (que en latín se dice 'Lamentabili' (sic)).
Junto a este desacierto televisivo y sus implicaciones, reseño unas tremendas palabras, en este caso de especial valor, por su gravedad. Son un fragmento de la homilía del Santo Padre en la Misa Crismal, la mañana del pasado Jueves Santo:
¿Somos verdaderamente el santuario de Dios en el mundo y para el mundo? ¿Abrimos a los hombres el acceso a Dios o, por el contrario, se lo escondemos? Nosotros –el Pueblo de Dios– ¿acaso no nos hemos convertido en un pueblo de incredulidad y de lejanía de Dios? ¿No es verdad que el Occidente, que los países centrales del cristianismo están cansados de su fe y, aburridos de su propia historia y cultura, ya no quieren conocer la fe en Jesucristo? Tenemos motivos para gritar en esta hora a Dios: “No permitas que nos convirtamos en no-pueblo. Haz que te reconozcamos de nuevo. Sí, nos has ungido con tu amor, has infundido tu Espíritu Santo sobre nosotros. Haz que la fuerza de tu Espíritu se haga nuevamente eficaz en nosotros, para que demos testimonio de tu mensaje con alegría.
Las preguntas-interrogantes con que empieza el párrafo son desazonantes (si no son retórica, si no son recurso oratorio); y lo que sigue es grave, muy grave. Dicho por el Papa, más. Cuando lo leí recordé con cierto estremecimiento aquella famosa alusión de Pablo VI al humo de Satanás que se colaba por las grietas de la Iglesia.
El fragmento de la homilía está inserto en una pieza mayor, que le resta peso en tanto se matiza (y hasta da como la impresión de que se contradijera) con lo que se dice antes y después. Pero ahí quedó, como un claroscuro suficientemente llamativo como para no reparar en él. Un treno de Benedicto XVI, propiamente, diría yo (aquí el texto completo).
Un tópico que suele correr por los salones, actos, reuniones y ocasiones eclesiásticas de toda clase, es la especie que considera que sufrimos una inflación de textos, comunicados, alocuciones, pastorales, encíclicas etc. como no se ha sufrido nunca en los XX siglos de historia de la Iglesia. Para más inri, no sólo nos invaden los textos propios sino los ajenos, porque gracias al internete te llegan via mail los escritos de los antes remotos y ahora cercanos sitios y personas. Y con el Papa pasa quasi lo mismo, en su propia proporción, siempre de primerísima y excepcional magnitud.
Al susodicho tópico se responde con el correspondiente lugar común de que sería preciso un ayuno-abstinencia de textos (comunicados, pastorales, encíclicas...etc.). Una sugerencia hoy por hoy impracticable. Pero serían saludablemente higiénicas ciertas contenciones, justamente necesarias y realizables.
Una homilía de Misa Crismal es un elemento necesario; el programa de consultorio televisivo no. Lo de Asís, muchísimo menos (con el plus nocivo añadido de inducir confusiones e indiferentismos). No sé si me explico.
Lo que no me explico es cómo se puede predicar un párrafo como el de la Misa Crismal y compatibilizarlo con lo de Asís. Y otras cosas por el estilo.
+T.
domingo, 24 de abril de 2011
Sicut cervus desiderat...
Así mi alma te busca a Tí, Dios mio.
Tiene sed de Dios, del Dios vivo...
De Tí, Cristo del sepulcro,
Fuente de Vida, Jesús,
con cinco llagas de gracia
abiertas en cinco veneros
de misericordia y luz:
Tu corazón, tus manos,
tus pies,
manantiales de dulce consuelo
y poder.
Con ansias te busca mi alma
sedienta, Señor, de Tí.
Porque vives, porque han visto
tus pasos en el jardín,
y estando sacrificado
tu Cuerpo resucitado
en comunión viene a mí.
Con ansias mi alma quiere
amarte tan sólo a Tí.
Con ansias de Pascua teme
mi alma quedar sin Tí.
Como un ciervo temeroso
mi corazón tembloroso
sediento va en pos de Tí.
+T.
viernes, 22 de abril de 2011
Popule Meus
Oremus et pro perfidis Judaeis ut Deus et Dominus noster auferat velamen de cordibus eorum; ut et ipsi agnoscant Jesum Christum, Dominum nostrum.
Omnipotens sempiterne Deus, qui etiam judaicam perfidiam a tua misericordia non repellis: exaudi preces nostras, quas pro illius populi obcaecatione deferimus; ut, agnita veritatis tuae luce, quae Christus est, a suis tenebris eruantur.
Et reliqua.
-
jueves, 21 de abril de 2011
Monumento
Mi oración ideal, la mejor imaginada, la más deseada, es una tarde, noche y una mañana ante el Monumento. Sonando en el aire templado del atardecer los gritos de los vencejos, y por la noche con los ecos de las cornetas y los tambores, y el canto de un gallo en mitad de la madrugada, y por la mañana los primeros trinos de las golondrinas.
Una oración con rezos de letanías y secuencias de Evangelios de la Pasión, con nombres conocidos de lugares santos evocados: Jerusalén, Cenáculo, Getsemaní, Torrente Cedrón, Sanedrín, Pretorio, Calvario, Gólgota, Sepulcro. Y mi alma yendo de un sitio a otro, medio dormida, medio dolorida, impresionada, prendida, despabilada, temerosa, recogida, balbuciente, orante.
La urna de plata que contiene su Presencia Real, el Sacramento, su Sacrificio, su Comunión, es un punto atrayente, centrante, iluminado con la cera de las velas que chorrean lágrimas derretidas y van dando una luz matizada cada hora, distinta en cada tramo de la noche de la Pasión.
Si abren la ventana, desde la Alcaidía llega el olor del azahar de los naranjos, que se mezcla con el del incienso y la cera, endulzando el aire ya perfumado con los alhelíes, los claveles y las calas. También hay rosas.
Las campanadas del reloj suenan especialmente solemnes, todas las horas con sus cuartos y la repetición. ¡Las cinco! ¿Dónde estabas a las cinco, qué sufrías, qué te hacían, qué rezabas, qué pedías?...
Y con un temblor de espíritu, la curiosidad del alma: -¿Pensaste en mí, en mis pecados?...Y la oración se vuelve tremor, y amaga alguna lágrima, y se siente latir el corazón porque Él te dice que sí, porque tú sabes que sí, que Él pensó en tí, que te tuvo en su mente, en su intención, en su voluntad, en su Pasión.
Y te convence el Sacramento del ansia pascual, del amor hasta el extremo, de su dolor y su gloria.
Señor de mis horas dormidas,
Dios de mis oraciones,
Cristo de mis pasiones,
Jesús de todos mis días.
La noche del Monumento
te rezo sin darte un beso
porque temo darte un beso de traición.
Temo entregarte, perderte,
tiemblo hasta imaginando
que un día vender pudiera
por treinta dineros viles
tu amor, tu amistad, tu entrega;
temo ser el que te exponga
a la pasión y el dolor.
Si quieres, óyeme
y nunca me dejes,
besarte en falso, Señor.
Déjame mejor llorar
lágrimas de arrepentido.
Déja que el gallo me cante
y del corazón me arranque
la amargura de quien llora
por el dolor de no amarte
tanto como tú mereces
tanto como tú me amaste
y me amas, mi Señor.
Y así venga clareando
el alba del Viernes Santo
y el sol me encuentre rezando
junto a tu altar de Pasión.
¡Quién pudiera tantas horas
como estrellas tiene el Cielo
rezar y ganar consuelo!
+T.
miércoles, 20 de abril de 2011
Membra Iesu nostri
Membra Iesu nostri, de Dietrich Buxtehude:
1.- Ecce super montes
¡Qué hermosos son sus pies sobre el monte!
Clavados sobre el leño, ¡qué bellos!
gotean sangre como empapan vino
los pies de un lagarero.
Al subir fue marcando sus pasos por la calle,
tintas en sangre sus huellas
quedándose en las piedras imborrables
brillando dolorosas, tan bellas.
Cuando quitaron los clavos del madero
sus pies en sangre se abrieron,
dos granadas con rubíes de pena
que la tierra besaba y los Ángeles cantaban:
¡Qué santos, qué puros, qué bellos,
los pies del Señor sobre este Monte,
los pies del Pastor hecho Cordero!
p.s. Un amable anónimo me ha puesto el enlace youtube a la pieza del Mesias de Haendel correspondiente a esta parte de la cantata de Buxtehude: How beautiful are the feet:
+T.
1.- Ecce super montes
¡Qué hermosos son sus pies sobre el monte!
Clavados sobre el leño, ¡qué bellos!
gotean sangre como empapan vino
los pies de un lagarero.
Al subir fue marcando sus pasos por la calle,
tintas en sangre sus huellas
quedándose en las piedras imborrables
brillando dolorosas, tan bellas.
Cuando quitaron los clavos del madero
sus pies en sangre se abrieron,
dos granadas con rubíes de pena
que la tierra besaba y los Ángeles cantaban:
¡Qué santos, qué puros, qué bellos,
los pies del Señor sobre este Monte,
los pies del Pastor hecho Cordero!
p.s. Un amable anónimo me ha puesto el enlace youtube a la pieza del Mesias de Haendel correspondiente a esta parte de la cantata de Buxtehude: How beautiful are the feet:
+T.
martes, 19 de abril de 2011
Iraburradas, 7ª puntata
Ya están las siete pedradas, a mano, sin honda. Y como una piedra se parece a otra piedra, un articulete al otro, como una tamborrada con variaciones. Yo mismo me veo obligado a quasi lo mismo, practicando el género de la variación sobre un mismo tema.
Sin embargo, ahora que ha cumplido la amenaza, el oráculo iraburrita debería haber considerado dos actualidades que le quitan consistencia a la ferocidad de su discurso. A saber:
Esto y esto que ha pasado en China
y esto, que ha pasado aquí
De esto que ha pasado aquí me dicen que ha tratado muy fogosamente el sub-Iraburu, la voz delegada de Infocatódica. Me parece muy bien. Como no tengo el mal gusto de leerle, no puedo citarle, pero me imagino el discursete conociendo el verso y el vate.
¿Y qué dicen, qué opinan de ello? Porque si la pedrada más pesada e hiriente es la del cisma-cisma-cisma con repetición, me digan qué son estos dos casos sino cisma-cisma-cisma. Pero de verdad.
Con los chinos parece que se sufre la resaca de la ostpolitik de los '60-'70, un virus que todavía infecta y emborracha a la diplomacia vaticana. Lo de las ordenaciones en China, además de su ilicitud, es un secuestro. Pero con dispensa: Una nota, dos comunicados, unas palabritas etc. Pero excomuniones, ni una. Excomuniones que en estos casos penan ipso facto, latae sententiae, código automático. Pero con los chinos no. Por eso que no se sabe bien explicar y que no se explica.
Lo del vasco-etarritarri es lo que es, sin más. Pero se trata de un cisma-cisma. También con dispensa de pena, sin censura. Se le deja estar porque levantar esa tapadera es abrir la sentina del barco. Del otro barco, en realidad, porque a estas alturas a ver quien es el docto que me convence de que este Azurmendi y el otro Pagola navegan en la Barca de Pedro y no en la Txalupa de Patxi. O como se diga en jerga vasca. Lo que quiero decir es que estos dos y los de su peña ni creen lo que yo, ni predican lo que yo predico, ni celebran lo que yo celebro. Pero este cisma, el de esta tribu, ni se reconoce, ni se declara, ni se purga.
Aquí el sabio Iraburu y que explique cómo y porqué el caso de los chinos y el de estos dos españoles. A ver. Sobre el caso de estos dos de aqui, yo le pediría un excursus sobre su fe actual en la 'iglesia actual' de la actualidad, porque más bien (más mal) parece que son creyentes en una iglesia-ficción del futuro que ellos se imaginan y/o se inventan. Una iglesia sin credo, sin dogma ni teología, que cree vagamente en un tal Jesús de Nazareth, un 'judio marginal' semi-neblinoso, que no es Verbo ni Hijo, sino insuficiente protagonista accidental de una historia mal contada por eso que llaman 4 evangelios (bueno, 3 de hecho porque el 4º no es de recibo para estos tipos).
Pero tranquilos, que no habrá siete pedradas contra este tandem, ni contra los chinos tampocos. No. Las pedradas a los católicos-católicos, a los integérrimos, a los inflexibles, a los sólidos. A esos. Los cañones contra ellos que son el enemigo, a las armas contra ellos que son los cismáticos, los que han roto y cuarteado la túnica inconsútil (¡¡¡???).
Este septenario irabureño ha valido, de todas formas, para algo: Ha dejado al sujeto en su sitio, en sus coordenadas. La mar de tieso, como un Don Tancredo en el ruedo. Desde los burladeros, la cuadrilla aplaude y piden dos orejas y rabo, agitando pañuelos de emoción.
Pero los toros no se han lidiado. Como en una de esas corridas de charlotada se ha falseado una lidia que no es tal porque ni había toro, ni toreros, ni plaza siquiera. Sólo un Don Tancredo en el ruedo. Y sus monosabios.
Lo más patético son los desengaños, las frustraciones, las llagas que supuran, los callos y las mataduras que salpican el discurso de Iraburu. Y así y todo se repite el disco rayado de que somos los sanos y que los tísicos son los otros, los que tienen su organismo capaz, higienizado, vacunado, con dieta sana y en forma. Los que no se han movido de su sitio mientras todos los demás bailaban el tango del aggiornamento.
+T.
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