martes, 9 de septiembre de 2008

Doña Matilde


Estoy convencido del carácter que el nombre impone al que lo lleva. Y muy particularmente distingo el fenómeno en las féminas. Así, una Concha es tremenda, y una Lola lo mismo. Las Pilares son generalas con mando en plaza, y las Cármenes hacen honor a su nombre con poderío de rompe y rasga. Hay excepciones. Pero la observación fenomenológica me confirma de manera irrefutable la impresión. De entre las más notables, las Matildes.
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Me gustaría ver y comentarme (me fatiga comentar a los otros pero me solaza comentarme ad intra) la exposición recien abierta en el Vaticano sobre la Condesa Matilde, muy señora mia a la que profeso admiración y simpatía, que lo cortés no quita lo valiente (ni viceversa). Desde la lejania del milenio que nos separa, Matilde de Canossa se me perfila como una Matilde con toda la idiosincrasia matildista, aumentada en este caso por la formidable entidad del personaje y su época. Los hechos lo confirman.

Tenía detrás, apenas cerrado, el terrible Siglo de Hierro, aquel que va entre el X y el XI, con sus flecos de años más o menos por uno y otro extremo. Se le llama así en la Historia de la Iglesia a aquel periodo del Pontificado Romano que conoció episodios tan increíbles como el Concilio Cadavérico y otras amenidades por el estilo. Durante aquellos años, emergieron algunas hembras sin parangón, como la célebre Marozia, de la casa de los Teofilacto, matriarca de Papas y árbitro de las circunstancias. Pudo con todo y con todos. Y lo chocante es que no se sepa más, porque con lo poco y casi siempre poco contrastado que se sabe (Liutprando scripsit), uno se queda con ganas de saber más sobre la dominadora Marozia y su simpar parentela.

Pues Matilde, un par de generaciones más allá, fue de esa misma o parecida laya, pero más piadosa y con mejores hombres y circunstancias que administrar, regir e influenciar. Ya no es el siglo de hierro de los Papas impuestos, substituidos, asesinados y/o repuestos, aquella Roma con Papas adolescentes, títeres de sus madres o sus abuelas o sus hermanas naturales o políticas (también sus amantes). A Matilde le cupo en suerte tener a su vera a un Hidebrando o a un Hugo de Cluny, por ejemplo. Cuando el severo Hildebrando llega a la Cátedra Petrina como Gregorio VII, donna Matilde se congratuló de haber elegido y mantenido bien sus simpatías y sus amistades. Pronto la probarían por lo uno y por lo otro.


De entre las lides y contiendas que siembran el Medievo, ninguna más definitiva que aquella que se conoce como "La Lucha de las Investiduras", pasión de todo un siglo más o menos resuelta con el Concordato de Worms (1122). Pero antes el feudalismo imperial - casi bárbaro, con frescura de sangre de germanos, francos y normandos - tuvo que medirse con la potencia recien renovada de una Iglesia Romana, que se recuperaba de la postración de un siglo aciago con el vigor y la pasión de reconocerse protagonista primera de la historia, señora y no súbdita, dadora de poder y no vasalla.

Enrique IV es el primero; después vendrían otros. Por ser el primero, le cupo más tensión y más tráuma, pero también más pasión y empeño. Si se figuró que el Papa Gregorio era como aquellos Obispos de Roma corregidos y amonestados por Otón el Grande o Enrique II, se equivocó. Los acontecimientos demostrarían que ni él era como aquellos imponentes Otones, ni siquiera uno de sus predecesores Salios; ni tampoco el nuevo Papa como los del siglo antes.



La humillación de Canossa es un hito histórico, irreversible marca de una Edad Media ya no bárbara, sino en conflicto ad intra, enfrentada consigo misma, como una de esas crisis de organismos jóvenes que entre fiebre y fiebre crecen y desarrollan sus miembros. Yo diría que es el primer paso de lo que ha devenido en nuestros dias Comunidad Europea, con todas sus tensas contradicciones.

Canossa es un Papa perseguido, pero consciente de su razón y su doble fuerza que viene del Cielo pero se ejerce en la Tierra. Y un Emperador que quiere imperar libre de la ligadura eclesiástica y que el poderío terrenal de lo espiritual también sea de su dominio. La historia, tan dramático-política, tiene más capitulos. Son hombres y mujeres sus protagonistas, más allá de los rígidos y áridos conceptos de gobierno del mundo. También había pasiones, tan fuertes y arrebatadoras como los vientos de aquella edad, a dos páginas de los bárbaros.

Érase un Papa apasionado eclesiástico. Y érase un emperador y rey apasionado. Y érase una Matilde, señora de casi media Italia, esposa de un Godofredo el Jorobado que la dejó viuda y más poderosa, luego de cuatro breves años de casorio y jorobaciones. Y estos son los tres de Canossa: El Papa perseguido ha excomulgado a Enrique y se ha refugiado en casa de Matilde. Enrique el perseguidor es ahora un excomulgado, en entredicho, abandonado por los suyos; ha bajado desde Alemania y quiere reconciliarse. Matilde tiene de huésped a Gregorio y trata y promedia con Enrique, con el Papa dentro del castillo y el emperador fuera, en el portón de la muralla, vistiendo sayal de penitente, descalzo y descubierto. Y era Enero. Y hacía un frío medieval.

Oh! aquelos tiempos en que una excomunión estremecía a un imperio y descabalgaba a un emperador. Porque lo emocionante no era que se creyera, sino que todos creían, incluso el emperador excomulgado. Hoy la increencia afecta hasta al excomulgante, que me daba yo con un canto en los dientes si existieran dos obispos 2 que creyeran en los efectos de la excomunión. Y no los hay. Y por eso no hay humillaciones como la de Canossa (tan sanas, terapéuticas y profilácticas) , porque los gestores primeros están en crisis contra su propia esencia y conciencia. Y así nos luce el pelo.
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Un asunto intra-canossiano que discuto, porque no tengo claro el detalle pese a las fuentes, es el siguiente: ¿Quién dejó a Enrique a la intemperie, Gregorio o Matilde? Porque no sé por qué sospecho que fue cosa de ella. Son armas de hembra, me parece. Por muy tremendo que fuera el Hildebrando cluniacense, dejar a un tio en calzones expuesto al frio de Enero, con sus tiritonas, no me cuadra en la mente de un monje por muy Gregorio VII que fuera. Pero en una Donna, en una Contessina, en una Matilde...Ahí sí que cabe imaginarse tamaña crueldad, sabiendo como se reblandece una voluntad a medida que se congelan las glándulas etc. Y seguro que habría humo de chimenea, y luces de candelas, y aromas de asado y olla torturando al soberbio Enrique. Todo dispuesto por Matilde. Seguro.

Canossa venció. Y hubo reconciliación con levantamiento de excomunión, y buenas intencioes, y pelillos a la mar que aquí no ha pasado nada. Pero sí que había pasado. A Enrique, por ejemplo, el enfriamiento de Canossa se le hizo crónico. Al poco, ya estaba otra vez correteando al Papa Gregorio por toda Italia. ¿Y quién salvo esta vez a Gregorio? Un normando, casi un vikingo todavía, un apuesto y rubio Roberto Guiscardo, que rescató al Papa del feroz tedesco y con su gesta protectora civilizó con nobleza a la montuna tribu normanda, que al poco entraría por la puerta grande de la Historia haciendo de los nietos de los vikungos héroes de la Cruzada.

Epílogo. El ocaso de los protagonistas fue distinto: Gregorio, aparentemente vencido, pero vencedor, murió santamente en Salerno, fuera de Roma, en Mayo del 1085. Enrique, vencedor ante el mundo, pero vencido, contradicho hasta por los de su propia sangre, muere en Lieja, en 1106. Matilde, la Gran Condesa, muere en 1115, sin herederos naturales directos, dejando a la Santa Sede como única heredera de su extenso y rico patrimonio en Italia, el célebre Patrimonium Petri que devendrá poco después en los Estados Pontificios, capital de peligrosa y azarosa gestión, a la vez salvavidas y ruína del Papado, según cuándo cómo se mire.


Por eso la enterraron en San Pedro, en pleno barroco, con todos los honores y en tumba del Bernini, como si fuera un Papa, a ella que dejó bien asegurada la tiara de y para tantos Papas:

« Corde pio flagrans Mathildis lucida lampas. Arma voluntatem, famulos, gazam proprianque, excitat, expendit, instigat, proelia gessit. Singula si fingam, quae fecit nobilis ista, carmina sic crescens, sunt ut numero sine stelle. » Vita Mathildis II prolog 2º.


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sábado, 6 de septiembre de 2008

Cine-malevolencias


Tenía intención de hacer una píccola crítica de tres pelis que no he visto y que no pienso ver. Porque son malas, porque van cargadas de prejuicios, porque están hechas con la intención de atacar cosas que para mí valen más que todas las pelis del mundo y el invento de los Lumière.

La primera crítica me la ahorro porque ya la ha criticado un amiguete virtual. Pero diré-le que no entiendo-le cómo ha sido capaz de ver-se el engendro. También le discuto su ponderado artículo, que reconce ciertas gracias a la peli y su autor. Yo opino que cuando prima la malevolencia, huelgan consideraciones favorables. Ponderar la gracia sutil del movimiento de la víbora no es conveniente. Por los riesgos.

La otra peli mala se recrea en un invento de no sé quién que fantasea con dos o tres historietas de vencidos resentidos. El dire es otro resentido más, otro de los traumatizados con abuelete al estilo del fantoche de la z y la p. Los del reparto son los colocados afiliados a la teta del ministerio, los Goya, y las familias de la mafia cinematográfica hispana. Tiran con metralla dura contra los curas, los católicos y la gente de orden y de bien. El héroe es un cagón escondido en una alacena, de esos que temían porque tenían que temer y que si hubieran estado sueltos y vencedores habrían hecho a los otros lo que ellos temían que les pasara a ellos. La peli es cutre en todo, como todo"nuestro cine" más reciente, tan característico hasta en el color de los fotogramas (si pegaran todas las pelis de género "guerra civil-posguerra" filmadas desde los '80, se verían sin sentir el paso de una otra).

La tercera se llama "La conjura del Escorial". Una - dicen- "superproducción". Otra - digo - como el Alatriste, que resultó ser la caca cacarum más cara filmada en España. Historicista pero en la era Zp, es a la España de Felipe II lo que la serie adoctrinante "Cuéntame etc." a la España de Franco: Todo parecido con la realidad es mera coincidencia.

No quiero ni pensar cómo quedarán Felipe II, la Santa Inquisición y la España en cuyos dominios no se ponía el Sol. Por lo pronto, lo que se ve en el trailer de la tele (reafirmo mi tesis de que la propaganda de una peli en Tv es inversamente proporcional a su calidad) son escenas tópicas de la peor leyenda negra reciclada. Tremenda (de mala) tiene que ser.

p.s. Si algún impertinente insensato me replicara que cómo machaco si no las he visto, le contaría que una de mis abuelas jamás comió cierta fruta porque supo que la detestaba desde el mismo momento que se la nombraron: Una intuitiva estimativa que en ciertos casos para ciertas cosas también tiene su nieto.

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viernes, 5 de septiembre de 2008

Capa imperial

La conocí cuando todavía estaba en la sala de la Sacramental, en la Parroquia de Santiago. Era una de esas cosas que se guardan con misterio, que se enseñan con misterio, y que desencantan sin misterio. Cuando la ví, ví que no era más que una capa de coro, de las que sacan para las procesiones los canónigos: Paño de brocado con capillo y orifrés bordados en imaginería. Estaba incapaz. Desde los tiempos del Emperador llevaba a cuestas muchas posturas. Las últimas en tiempo de Muñoz y Pabón y su tío, que la sacaban para la procesión de Su Majestad, por Pascua. Ya por entonces dejó de sacarse, y desde que la Parroquia quedó sin cura y agregada a la de San Ildefonso, la Sacramental la guardaba como uno de esos tesoros de sacristía.
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Han echado dos años en restaurarla, y ha costado un pico. Ya está expuesta en la Catedral, y hoy la han "presentado". La consejera de curtura de la Junta (la curtura es más hembra de un tiempo a esta parte) ha dicho lo que le han dicho, que es lo que luego han repetido todas las agencias de noticias: Que es la capa de la Coronación de Aquisgrán (1520) y que llegó a Sevilla en 1526, cuando la boda del Emperador, y desde entonces está en Sevilla.
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No atino a recordar dónde ni quién ni cuándo, pero yo tenía entendido que fue regalo de Don Carlos a uno de sus nobles , un caballero de cámara, y que después uno de sus descendientes fue el que la legó a la Sacramental de Santiago. Y no sé si deliro, pero recuerdo que me dijeron hasta el nombre del fulanito y todo. Pero que averigüe Vargas, o que la consejera pague beca a un pupilo del partidito y publique tesis. (Y si me paso por exceso de recuerdo que no fue, mejor para mí y mis historias. Además, tuvo que ser así, de todas formas).



No la he visto expuesta, pero por las fotos se ve que ha quedado muy aparente. Hago salvedad de la "ubicación", porque la han puesto en medio de la nave, metida en la urna iluminada. Yo que me aprendí la Catedral cuando todo estaba recogido, en su sitio y al uso, abomino de las modernidades espaciales neo-museísticas. Desde el fatídico '92, desarmaron las sacristías y los roperos y han dejado las naves y las capillas sembradas de cubos de metacrilato y otras abominaciones.

.Me gusta recrear escenas (mis novelas históricas me las monto yo), y la coronación 1ª. la de Aquisgrán, con esa capa sevillana, tuvo que ser como la representan algunos grabados, con todas las limitaciones de la xilografía del momento, pero algo así: Los Príncipes Electores, el estrado con el trono bajo dosel, y Don Carlos con la media melena y la boca abierta. A Don Carlos le duró la boca abierta hasta que llegó a Sevilla y vió a su Doña Isabel de Portugal. Cuando llegaron a Granada, ya no era el mismo: Perdió la pinta de borgoñón y embarneció español, enamoradísimo de su bella prima y señora esposa. Todavía se ven por las librerías de viejo ejemplares del delicioso opúsculo de Mata Carriazo con las cosas de aquella boda imperial en Sevilla y sus tornabodas en Granada. Quizá (y sin quizá) las semanas mejores de la vida del Emperador.

Que no sé si echaría de menos la capa que dejó en Sevilla cuando tuvo que ponerse otra de esas capas clericales para la otra coronación, más solemne. Porque Carlos V se coronó Emperador dos veces: En Aquisgrán primero, y otra vez en Bolonia. En Alemania, el arzobispo de Colonia le puso la corona de Carlomagno, y le aclamaron Rey de Romanos; y en Bolonia, en San Petronio, diez años después, recibió la Corona Férrea de los Longobardos y fué consagrado Emperador del Sacro Imperio por el Papa Clemente VII Médici, el mismo que sufrió tres años antes el terrible Sacco di Roma. Con la coronación se arreglo más o menos el desencuentro entre Papado e Imperio, y pareció que la Cristiandad se reconciliaba en sus cabezas sacro-temporales, cosa tan necesaria habida cuenta de cómo estaba el siglo.


De esa coronación en San Petronio tengo la semblanza tan bien figurada por Múgica Láinez en su Bomarzo. Y casi me veo en la plaza, entre los Grandes de España y el Imperio entrando en procesión; y junto al fascinante Pier Francesco Orsini, llevando torpe y cojeando la vara del palio imperial. .
Lo que no sé si dudar de la competencia de los competentes: Decían en la noticias de prensa que tras mucha averiguación había identificado a los Santos del orifrés, y que uno de ellos era...Santa Juana de Arco!!! Mon Dieu!!! ¿Se imaginan Uds. a la Queen de Inglaterra yendo a coronarse llevando una pegatina de Hitler en el armiño del manto de coronación? Pues algo así hubiera sido que un nieto de María de Borgoña, de Isabel de Castilla, de Maximiliano de Habsburgo y de Fernando de Aragón llevara de adorno en su capa a una francesa valedora de los Valois y quemada por bruja en la hoguera (y cuando todavía faltaban 400 años para que la Doncella de Orleáns fuera canonizada).

Yo no sé si poner en entredicho la sensatez de los investigadores-restauradores o la formación (o el buen oído) de los periodistas, pero alguno-a ha metido la pata hasta el corvejón. Es para sospechar, ¿no es verdad?.

Pues todo eso y más fantasías que me guardo, a propósito de una capa con tanta historia.

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martes, 2 de septiembre de 2008

Echando cojones a la muerte

"Apostanto por"; "ofertando socialmente"; "optando por la modernidad"; con ese lenguaje verborrero del charlatanerío de la piara del capullo en el puño, que ha hecho mala-escuela y que repiten los alcaldes de cachiporra de los pueblos, los judas de paja de las diputaciones y hasta los mamporreros de las asociaciones de vecinos. Como hablan ante los micrófonos y los medios los infra-camaradas del mequetrefe de la z y la p.

Así presentan la última novedad, el último invento, la ocurrencia de apertura para el inicio del curso in-político: "Ley de Derechos y Garantías de la Dignidad de las Personas en el Proceso de la Muerte". Tal cual. Con la poca vergüenza del desplante y el descaro, como un torero con patillas a lo Curro Cúchares mirando desafiante al tendido, reclamamndo el aplauso del respetable. Con dos pares de...o como si los tuvieran.

Después de treinta aciagos años de cacicazgo socialista, hediendo a omnímoda corrupción desde la playa de Ayamonte a la punta del Cabo de Gata, la Andalucía que sigue la última entre todas es la primera en montarse una ley mataviejos, para gloria de sus políticos gobernantes y des-gloria de sus sub-políticos de oposición que no son menos nada porque han tocado el fondeo del estercolero del no-ser-no-poder-no-querer-ser.

Y todo lo mismo con los mismos.

No sé cuándo estará lista y vigente la exculpación legal para la impune ejecución de abueletes, suegras insufribles, parientes y trapos viejos en general. Pero va a tener que ver. Me queda la esperanza de que los pingües negociantes de residencias de ancianos protesten, porque se les va el negocio. Mas me temo que el negocio se implemente con una sección de "pasillo de la muerte" en cada residencia, con subvención y complemento de mensualidad. Pero va a tener que ver.

Y vamos p'alante. Porque si Uds. no lo saben en esta adelantada Andalucía vamos ya por la "tercera modernización". Tal cual.

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domingo, 31 de agosto de 2008

Alma, Vida y Corazón

Son tres palabras, conceptos, realidades. Quizá en cierto sentido resumibles o reducibles una a otra. Definirá bastante al que tenga que elegir el concepto-palabra que escoja de las tres para incluirlas en una: ¿Alma? ¿Vida? ¿Corazón?.

.Mejor, pienso, mantenerlas así, separadas palabras y conceptos, porque son identificables y definibles cada una en sí. Sin reducirlas quedan más suficientes y expresivas. Al fin se refieren a algo único pero complejo, que es la persona, cada persona.

Una persona consciente de su alma, vida y corazón tiene mucho ganado y aprendido. La vida, que tantas veces se impone, y que esconde corazón y alma. El corazón, tan central y latiente que cuando domina hace pulso y sentimiento con la vida y sus cosas. Y el alma - que en la oración que cito es la primera - tan profunda y omnipresente, pero tan misteriosa e inasible, que está en todo, callada y sin ruido, que si no está no late el corazón ni queda vida, pero si está y está consciente da alas al corazón y abre la eternidad para la vida.

Está bien el orden: Alma, vida y corazón. Alma que da vida al corazón. O corazón que vive porque hay alma. O vida con corazón desde el alma.

Pero del alma, ¿qué se dice? ¿qué se sabe? ¿qué se enseña?. Nos hemos hecho complicados oradores de la vida, poetas del corazón y analfabetos del alma. Y en el fatal recurso de una falsa cultura, enemigos de la vida, desconfiados del corazón y necios del alma: Contra la vida, sin corazón y con el alma ignorada.

Todo se puede perder, y se pierde: La vida, el corazón y también el alma. Nuestro tiempo es tiempo de pérdida de estas tres, de todas las tres. Como perlas engarzadas en el mismo hilo, se rompe el hilo y con una perla suelta que se cae se pierden juntas las otras.

El que sepa la oración (si la sabe porque la reza, mejor) sabrá que son un verso del "Bendita sea tu pureza", una de las plegarias más castizamente españolas de las que conozco. Debe ser del XVII, seguramente. No sé. Es una belleza del eucologio popular mariano, una preciosa décima del Siglo de Oro con su alma, vida y corazón (que también cada siglo y cada época los tienen y los expresan).

Me ha salido este excursus porque en el Evangelio de este Domingo se habla del alma: "...Y ¿qué aprovecha al hombre ganar todo el mundo si pierde su alma? ¿O qué podrá dar el hombre a cambio de su alma?..." (Mt 16,26). Se entiende que es lo más preciado que tenemos. Y desalienta saber que nuestro mundo la tiene tan olvidada que tantos no saben siquiera que tienen alma. Y otros ignoran que se puede perder.

Con la lógica de la secuencia de la décima, si se perdiera el alma, con ella se perderían vida y corazón. Y se olvida el alma, se quedan olvidados el corazón y la vida. Y el que no sabe del alma, ni entiende la vida ni sabe del corazón. Son riesgos del alma.

Quizá por eso se ofrecen los tres a Ella, para que nos los guarde (o limpie, o repare, o lo que sea que necesiten). Es un rezo en verso de un niño a su Madre, para que custodie bien lo que vale tanto y se nos puede perder: El alma con la vida y el corazón

+T.

sábado, 30 de agosto de 2008

De Rusia que insiste

Rusia apenas sale en la historia hasta, se puede decir, el terrible Ivan IV el Terrible. Muy injustamente porque cumplió durante los oscuros siglos del Medievo la tarea impagable de parar o absorver o templar o empaparse gran parte de las invasiones orientales con sus señoras hordas. Me gusta esa Rusia emergente, con un perfil ya decididamente anti-resto-de-Europa. En lo religioso, se creían la heredera de Bizancio y lo eran en gran parte, para su gloria. Incluso les disculpo su anti-romanismo anticatólico (muy típico porque desde aquellos tiempos los malos de todas las novelas, óperas y pelis o son caballeros teutones o jesuítas. Que tiene toda su gracia y su intuición). Y Rusia, a pesar de todo, era una Rusia santa y feliz.

La antipatía se la empiezo a tener a partir del gran fantoche Pedro el Grande, que se empeña en "europeizar". Un catastrófico pre-ilustrado que pelaba las barbas a los boyardos y les obligaba a vestir a la pàge de Paris; Con él empieza el militarismo ruso que se mete a guerrear en las batallas de Europa. Primero fue con los vecinos del Báltico y poco después (después de muerto el Perico Grande y después de sus azarosas sucesiones, que los Romanov fueron de muchos azares desde siempre) Catalina la Grande se repartía con las potencias del momento el pastelón de Polonia (un putón emperatriz y además volteriana, la alemana reconvertida Romanova). Siempre, ya fueran zares o zarinas, despóticos y autócratas sin discusión ni la más mínima duda al respecto de cómo se debía gobernar la Gran Madre Rusia.

A Napoleón se lo cargaron y le dieron el tiro de gracia (cfr. Guerra y Paz, con la paciencia que la lectura requiere; si se puede). Y después vino una infectación patológica de liberalismos que causaron estragos en las clases altas y dejaron Rusia lista y aderezada para el pandemonium bolchevique-comunista. Fue una ordinariez de bastardos proletaristas cambiar a los crepusculares Romanov por los dictadores asesinos políticos del "Partido". Del águila bicéfala bicoranada a la hoz y el martillo con la estrellita sobre rojo, va todo ese mundo que pasó de oler a "piel de rusia" a heder a comunismo criminal y masas esclavizadas cuando no masacradas o estajanovichzadas.
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Desaparecido el "Partido" y derrumbada su ideología (confieso que, de todas formas, me parece poco y siempre aspiro a más definitiva extinción de restos ideológicos-históricos-epigónicos), la Rusia actual no es aquella U.R.S.S. que daba repelucos ver en los mapas del colegio. Gracias a Dios. Y por eso mis consideraciones al respecto no son las mismas, faltaría más. Sin embargo, cuando salen en la tele los de la Duma, no se me hurta a la pesquis que esos mismos "demócratas" rusos han mamado trilita comunista y se han criado en las escuelas del partido. Son los cachorros reciclados de los osos rabiosos de entonces. Y rabian también. Pero todo ha cambiado (para que todo siga igual, como en el Gatopardo).


En los EEUU, no se quieren enterar yée-yée y parece que se preparan para la peli de Guerra Fría II, como si la echaran de menos para ser más ellos mismos. O como si no tuvieran bastante con Irak y Afganistán. No sé si podrán abarcar tanto. Cuentan con sus "bases", tan nuestras que ya ni se las criticamos ni nadie piensa en desmontárselas. Tanto echarle místicas a Bienvenido Mister Marshall nos ha hecho obviar que al mister lo tenemos en casa muy cómodamente (y menos mal que están y que siguen, tal y como están las cosas y con los moros agitándose a dos pasitos de Tarifa).

Pero a mí me gustaría que saliera un europeo a lo Monroe y fundamentara bien y en efectivo que Europa es para los europeos (que es lo que están diciendo - en el fondo - los rusos con su variante del leit motiv). Claro que también sabe uno que los europeos hace un siglo que enredamos guerras de las que nos tienen que sacar los "...americanos, americanos os saludamos con alegría óle mi madre y óle mi tia..." (no era así la copla de la peli???).

Y así va el capítulito de la hodierna historia.
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n.b. En las ilustraciones, tres estampas de tres representaciones del Boris Godunov de Mussorgsky, que me gusta mucho y le pega al caso.

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jueves, 28 de agosto de 2008

Chinos en China

Además de la Novena, estas dos últimas semanas del dorado Agosto me las he pasado viendo todo lo que podía de las Olimpiadas. Como estaba en vacances, he visto bastante. Lo que no he visto es China.
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Cuando devoraba novelorios de Jules Verne, también me leí uno titulado "Las tribulaciones de un chino en China", que cuenta las peripecias de un idem en la eadem, sin ficciones futuristas. Y es de Verne. Hasta Verne las cosas estaban relativamente en su sitio, y los chinos en China. Todavía en el XIX se publicaban esas láminas-litografías con tipos del mundo entero, ataviados según su propia usanza, ya fueran indios de América, papúes de Nueva Guinea o lapones de Finlandia. Y los chinos iban de chinos, con coleta. Chinos de mi infancia fueron el del sobre del Flan Chino Mandarín, la familia papá, mamá y niños chinos de una baraja, y el chinito de la hucha del Domund: Mis primeros e inolvidables chinos.

Pero los de las Olimpiadas de Pekín (P-e-k-í-n , que se escribe y se dice así) han sido un horror desnaturalizado. Menos los ojillos oblícuos, todo lo demás parecía desmentir su esencia sinantrópica pekinesa. Vestidos de yankis, parecían yankis (que ya quisieran ellos ser yankis!!). Ni siquiera les ha quedado el uniforme gris rata del monstruo Mao.


Bien considerado, el uniforme gris basura del funesto Mao fue una transición a la vulgaridad. Del brillante colorido de las sedas de los Tang y los Ming y los Manchú, la repugnante proletariedad comunista dejó sólo los colorines en la bandera (roja y gualda, por cierto) y a los chinos los vistió de color rata de albañal; a lo sumo se permitía la variedad matizada de gris ratón de granero. Y ya está. Cuando se escriba la crónica de la criminalidad comunista universal, el capítulo del crímen del mal gusto comunista va a necesitar suplementos y apéndices extra (uno también para el negro bruja infame de la pasionaria - con minúsculas, que no se merece más -).

Yo soy muy tradicional, no sé si se me nota. Y un chino chino lo quiero de chino 100% sin mezcla ni sucedáneos. Cuando vi "El Último Emperador" de Bertolucci (una excepción que confirma la regla del mal gusto comunista; pero es italiano, como Visconti y Passolini, y ya se sabe que el p.c. italiano es Don Peppone y Don Camilo y admite esas excepciones que confirman que no era tal p.c. el pí-chí); pues cuando vi esa peli sufrí al ver al mentecato de Pu-Yi (q.e.p.d.) vestirse de chaqueta, pantalón, chaleco, corbata y mascota, despreciando las sedas manchúes. Me condolí con los pobres eunucos imperiales, desolados y compunjidos por el mal gusto y la poca reverencia del último emperador (que el mal gusto se paga muy caro).

Toda la China-china que ví durante las Olimpiadas fueron unos retazos de la Muralla China y una pagoda de las tumbas de los Ming, en un islote de un lago en el que nadaban los temerarios (y las temerarias) del Triatlón. Y poco más.

Lo demás que se veía podía ser cualquier sitio de cualquier parte del vulgar mundo global y de serie calatrava-moneo-bofill y demás basureros vanguardistas. Un horrooooooor.


Pero los chinos tan contentos. Como son tantos, si se les pega el mal gusto post-moderno, estamos listos.

Grande y extensa entre el Yan Tsé, y los Montes Celestes, el Altai, los Himalaya y el Hindu Kush, espero que exista y siga existiendo suficiente China profunda para que, llegado el dia, se regenere según los Ming, los Tang y los Manchú.

Aunque cuando veo los mcdonales y los burguerkines con los neones encendidos frente al Potala de Lasa, desisto y me temo peores degeneraciones de la China degenerada. Las Olimpiadas de Pekín, una muestra. Verbigracia.

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Newman present time




Como se acerca su beatificación, parece como si los energúmenos que le complicaron su vida - tan sincera - revivieran y se reencarnaran en energuménicas entidades.

Un compadre ha escrito a propósito una píccola apologia pro vita sua.

Aunque a estas alturas la vita de Newman está bien defendida.

Vivat!

+T.