miércoles, 30 de marzo de 2011

Globos, globos, globos (...y otros detalles)

Hace un par de semanas trajeron a Sevilla una cruz y un icono que circulan en una especie de tournée para ambientar la JMJ. En una tierra de artísticas cruces y admirable imaginería, extrañaron esos dos elementos de culto, tan simples: La cruz era dos tablones lisos barnizados con una plaquita de bronce con una leyenda, y el icono una copia regularcilla de la Salus Populi Romani. Pero como eran 'imágenes oficiales' se les preparó una adecuada recepción y circulación, oficiales también.

En España, desde el curso pasado, el lema pastoral general es JMJ-JMJ-JMJ, y casi nada más. Las Jmjs son un invento juanpablista típico-tópico, que se inspira en concentraciones juveniles no-religiosas (conciertos de pop y rock) para causar un impacto espiritual en las juventudes católicas (sin despreciar la asistencia de otras posibles juventudes concurrentes; 'abiertos', como se dice ahora) con el atractivo principal de la presencia del Papa, el verdadero movilizador.

En alguno de estos articuletes del blog recuerdo haber escrito que la Jmj ha sido una de las herencias juanpablistas endosadas a Benedicto XVI, que ha tenido que apechar con ellas, velis nolis. A mí me parece - tengo esa impresión - que al Papa actual no le van nada este tipo de actos, pero es lo que hay y con esos bueyes hay que arar, como se suele decir. Aunque yo digo (yo sé) que lo que se quiere cambiar se cambia: ¡Cosas mayores se han cambiado!

En sí mismas, las Jmjs son un cambio de estilo notable (muy notable) en la manera de relacionarse el Papa con la juventud. Antes, el Papa se veía con los fieles católicos, sin muchas diferenciaciones. En cuanto los transportes agilizaron y facilitaron los viajes a Roma, ya en tiempos de Pio XII era común que el Papa recibiera a grupos más determinados. Con Juan Pablo II lo excepcional se hizo corriente, y desde el principio de su pontificado se fue imponiendo cierto estilo quasi confraternizador: El Papa se salía del discurso escrito, improvisaba, bromeaba ligeramente, se reía con todos y como todos. Esas y todas las demás escenas que fueron la estampa nuestra de cada día, mucha gente, muchas palabras, muchas fotos, mucho entusiasmo. Y mañana más. Y pasado mañana, también. Y para el mes que viene dos veces más. Y así. A Juanpablo IIº lo quería todo el mundo, con musiquilla ambiental de estadio (¡¡¡oé-oé-oé-oéeee!!!).

A la liturgia, ya bastante y alarmantemente deformada, alterada y degradada por los mil abusos del post-concilio, se le fueron añadiendo, además, ciertos elementos ocasionales, circunstanciales, anecdóticos. Teníase entonces la impresión de que se confundían audiencias pontificias con liturgias papales. Exceptuando (y no del todo) las celebraciones más solemnes en la Basílica de San Pedro, en otros sitios el altar del Papa se convertia en una especie de Sala Nervi, donde quasi tutto se admitía. El entorno litúrgico del Papa empezó a enrarecerse, in crescendo.

Todo ese estilo de las liturgias juanpablistas, pese al cambio notable y la relativa restauración promovida por Benedicto XVI, se ha perpetuado en dos especiales 'marcos': Las celebraciones con ocasión de los viajes apostólicos, y las Jmjs.


La recepción en Sevilla de la cruz y el icono de las Jmjs han significado también un adelanto de las formas que se verán (expresión espiritual y estilo litúrgico) en la JMJ de Madrid. A mí lo que más me ha chocado han sido los globos, esos globos azules que se pasearon por las calles y luego entraron en los solemnes espacios catedralicios del la Metropolitana Hispalense para quedar flotando etéreamente sobre la tarima del altar de plata, flanqueando al Sr. Arzobispo y a los curas sevillanos que se asistieron al acto. Quasi una alegoría de lo que hay y lo que habrá, diría yo. Los globos de gas dominando el escenario.


También danzaron unas melífluas danzarinas en camisón de dormir; y hubo guitarritas y paseo con canciones para la traslación de la cruz y el icono a algunas parroquias y conventos. Lo de los conventos es preocupante porque la ingenuidad de las buenas monjitas puede derivar facilmente en la adopción de las formas que ven (que les llevan). Y como son cosas oficiales. Y como lo manda el arzobispo. Y como es por el Papa. Y como el Papa va estar...

Total, que es de temer (me temo yo) que el dia menos pensado pongan globos de gas en los altares, u organicen un viacrucis con globos, o adornen con globitos el Monumento del Jueves Santo.

Digo globos queriendo decir, por inclusión, todo lo demás.


p.s. De todas formas, hubo algún lapsus en el que las tendencias sevillanas se impusieron y marcaron una nota de mejor gusto, como la tarde del Viernes que tocó hacer el Viacrucis a la Cruz del Campo, que por la molesta lluvia se redujo al tramo entre la Casa de Pilatos (el palacio sevillano de los Duques de Medinaceli) y la vecina parroquia de San Esteban.

Aquí más fotos (muchas fotos).


+T.

domingo, 27 de marzo de 2011

Viendo Dragones


Desde hace más de dos meses, prácticamente desde que pasó Navidad, me han bombardeado con la propaganda de la peli de los Dragones: Nulla dies sine Dragons, como un lema de cierto concepto malentendido de apostolado.

Ahora que la peli ya está en pantalla, me auguro (me temo) otros tres meses de canto triunfal, también apostólicamente entendido, of course. De lo que resulta un comprensible empacho de pre y post propaganda de Dragones.

Desde que ví los primeros trailers, pienso que la peli es una gran impostación, tanto más ilegítima e injustificable cuanto que de San Josemaría hay estupendos testimonios, siendo uno de los pocos Santos que pudieron ser filmados realmente por una cámara.

Hace un par de años compré un dvd con grabaciones de algunas tertulias de Monseñor Escrivá, para regalárselo por Reyes a un amigo del Opus Dei. Antes de enviárselo, lo puse en el reproductor de casa para echarle un vistazo. Y no lo regalé, me quedé con él y al amigo le mande una corbata (que le gustó mucho). Las tertulias de San Josémaría Escrivá son un raro testimonio documental, extraordinario, con la valiosa realidad del directo.

¿Hacía falta una peli de ficción sobre el personaje? ¿A quién (a quiénes) les ha sido necesario encargar esa peli? ¿Por qué y para qué?

La peli - pienso - falsea al personaje en cuanto se trata de un guión elaborado como trama irreal para desenvolver a un personaje real. Además con la sospecha (la mía y la de otros, supongo) de trazar cierto marco de "corrección política" para resituar al personaje con otras referencias más asumibles para cierta sensibilidad contemporánea.

¿Talante, otra vez? Yo diría que sí, que mucho. Hasta me atrevo a decir un nuevo talante. El mismo novedoso estilo que hemos detectado quienes - sin ser del O. D. - somos amigos de muchos miembros (iba a decir 'socios') y conocemos sus circustancias, más o menos en directo.

Incluso he tenido la impresión de que There be Dragons es una más de las series de revisiones de nuestra historia reciente, estilo a la televisiva 'Cuéntame cómo pasó', o a la telenovela 'Amar en tiempos revueltos' o la nueva serie 'La República'; mutatis mutandis, claro, pero con mismo trasfondo intencional: Contar la historia que fue, reversionando el pasado al gusto y con moldes más concordes con la actualidad.

¿Es legítimo? Yo pienso que no, teniendo en cuenta la fidelidad integral (no relativa) que merece un personaje como el que se trata. También pienso que al Fundador no le hubiera hecho ni chispa de gracia saber que le iban a meter a él de 'personaje pretexto' en una peli estilo made in Holywood.

Para remate, la peli se parece como un calco a las pelis que sobre temas de Guerra Civil se han filmado estos últimos años en España: Fotografía, escenarios, montajes, ambientaciones, vestuario. Y actores. Y actrices.


Vuelvo a preguntarme que por qué y para qué. Pregunta que algunos (amigos y no amigos, afectos y desafectos del O.D.) tendrán ya contestada, en buen o mal sentido. Pero yo no: No me explico una peli así, sobre un personaje así, con un tema así.

Me ha recordado a esas novelitas ligeritas-ligth de Louis de Wohl, con un cierto estilo pre-textual que pretende acercarse al personaje central mediante el circunloquio de personajes de ficción y circunstancias inventadas en torno a un eje más o menos real. Las novelitas, a la postre, resultan insatisfactorias, vagamente formativas, desagradablemente deformativas, limitadamente divulgativas y de baja calidad literaria.

Lo que sí tienen las novelitas de Louis de Wohl son unos títulos muy atractivos. Como la peli, que se titula la mar de oportunamente, 'There be Dragons', en castellano con acento aragonés, como el original, para que no quepan dudas.


&.

lunes, 21 de marzo de 2011

Semiclausurado por Ejercicios Espirituales: Oremus!



Esto tenía que haber salido el Lunes pasado, prima luce.

...Pero, como Uds. habrán podido comprobar, el autor de este blog es tan torpe y despistado como no se imaginan.

Sobran pues las palabras, háganse cargo.


p.s. Hace un rato que he vuelto de Ejercicios Espirituales, muy mejorado y muy mejorable.

Oremus pro invicem!


+T.

Iraburu insiste (y van tres)


Tercera es contumacia. Ya no se trata de casualidad temática o de argumentación de respuesta por la primera. Cuando son tres es que se le ha descubierto un plus de interés. Que no es el de los argumentos, tan manidos que son ya quasi eructo de repetición, porque no hay novedades. ¿Qué es entonces lo interesante para tripitir? Pues yo pienso que eso mismo, el interés, el negocio interesado.

Porque es notorio el subidón de comentarios y comentaristas. No suelo visitar la web infocacótica, pero como me han avisado de que Iraburu ha soltado el tercer torito, le he echado un vistazo a la plaza, que ofrece lo de siempre de los de siempre. Pero, desde luego, el foro de Iraburu está la mar de animado.

Ya le dije a unos pocos que eran tontos si encima de sentirse espoleados acudían a la guarida del tigre para recibir más leña peleando contra el Gran Adalid Iraburita, porque es seguirle el juego y prestarle munición para el cañón. Me explico:

En infocacótica están a la cuarta pregunta, buscando dineros y sponsores. El furibundo anti-filolefebvrista anda que se las pelas mandando mails para recoger fondos. Hasta tal punto que remite a los bloggers de la web solicitudes para que suscriban una cuota. Desde que lo supe, me pareció esta una curiosa circunstancia, que además de sotener la web de infocacótica con sus respectivos blogs, los bloggers tuvieran que tributar en el mostrador de impuestos y pasar por caja.

Ese tipo de webs como Infocacótica (o Religión Des-Libertad) son regularcitas tirando para malas; se nutren de pocas noticias entresacadas de las agencias del periodismo profesional; sólo mantienen el relativo interés de los blogs y sus bloggers. Si encima de contribuir a darle perfil y contenido a la web con sus respectivos blogs se les pide a los bloggers que paguen alquiler de página, el abuso interesado raya la indecencia. Sería, modo internetero, reactualizar la anécdota refranera del sastre de Campillo, que cosía de balde y encima ponía el hilo. Pues lo mismo, mutatis mutandis.

Uno de los handicaps que afecta a Iraburru (y es una desgracia que lamento, sinceramente) es el de ser un absoluto ignorado entre los teólogos españoles, que no le hacen ni caso, ni por referencia siquiera. Unos, los malos que le desprecian, porque pasan de él y ni le miran; otros, los buenos que le podrían admirar, porque no se quieren juntar con él ya que les puede pegar la mala nota de integrista que se le colgó como sambenito in illo témpore (y que ahora parece como si le pesara ???). Ya digo que lo siento, porque su obra es meritoria y digna de ser tenida en cuenta. Pero los malos le vuelven la espalda con aborrecimiento y los buenos lo contemplan a dos leguas de distancia.

Eso, empero, no importa, no debería importar porque tales como esas han sido las coordenadas de muchos sabios que en el mundo han sido. Lo patético es que en este furibundo ataque de embestidas Iraburu se desnorta y abre fuego de forma tan absurda y contradictoria consigo mismo; o, por lo menos, con lo que ha venido siendo hasta ahora. Un despropósito, dado el sujeto, el objeto y el predicado con sus circunstanciales arremetidas anti-filolefebvristas.


¿Qué pretende? ¿Algún galardón, alguna prebenda? ¿Algún sponsor pudiente suficiente y sólido para la web?

¿O es que escribe al dictado (o al mandado)? ¿Pudiera ser esto? No sé, porque no me muevo en ciertos ambientes, que detesto. Pero pudiera ser. Por lo pronto, el nivel de los tres articuletes no es el del Iraburu más brillante. No me he detenido en analizar más, pero la impresión es magra, poco sustanciosa. Y repetida, ya sabida. Para remate, el tercer envite es pura tramoya salteada con enlaces a los blogs que le discuten (por cierto que abusa de linkear sin avisar siquiera, vampirizando blogs para darle cuerpo a su articulete).

Total, que como sospecho que le ha pillado el tranquillo al invento, habrá - me temo - una 4ª y 5ª etc. Espero que no aspire a la docena.

Lo más preocupante sería si con esta declarada persecución anti-filolefebvrista Iraburu estuviera avisando que se arrepiente de Iraburu.

No se si me explico. ¿Me entienden Uds.?

p.s. No sé si será impresión mía, quizá me engañe. Pero parece como si estuviera en capullo a punto de flor una secta iraburrita, una especie de variante cutre-juanpablista o algo así. Tremendo. ¿No?


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sábado, 19 de marzo de 2011

El Patriarca


En mi casa, la josefinista mayor era abuela Antonia. De ella aprendería mi madre a referirse a San José como 'El Patriarca'. Y así se le llamaba, con el 'bendito' preferentemente detrás, sobre todo cuando se le invocaba con un suspiro de desahogo: - ¡Ay, Patriarca bendito!

Que era muy frecuente, y raro el día que el suspirado ¡Patriarca Bendito! no se oyera, por la mañana o por la noche. Hasta recuerdo cierto sonido de medalleo peculiar cuando era abuela Antonia la invocante, porque le sonaban las medallas que llevaba, unas de oro ensartadas en su cadena de lo mismo, y otras de plata y de aluminio, bajo el vestido, pinchadas en un imperdible, lo menos diez o doce medallitas, un par de ellas del Patriarca. Como las mujeres de mi familia han sido (y son) todas de generoso pecho, las medallas externas e internas disponían de amplio asiento.

La imagen del Patriarca con el Niño estaba encima de la cómoda alta, delante tenía un mariposero de loza con una o dos mariposas encendidas. Cuando había tres, era por algún apuro gordo o una acción de gracias extraordinaria; pero la mariposilla diaria no le faltaba al Patriarca. Mientras se la encendía, abuela Antonia le echaba al Santo uno de esos rezos de bisbiseos y golpecitos de pecho, tan íntimos y resabidos que nunca me enteré de qué decía, si era una letanía aprendida o una retahíla improvisada. Lo que sí era notable es que rezaba en serio, frente a la imagen de San José, mirándola fijamente, o con los ojos cerrados. Alguna vez la ví sacarse el pañolito de la manga y enjugarse alguna lagrimilla, que seguramente también tenía que ver con el Patriarca, alguna penita o alguna emoción.

Como buena josefinista, llevaba bien la cuenta para cuando tocaba empezar los Siete Domingos, a finales de Enero. Y ya no faltaba el librito de los 7 Domingos encima de la camilla, en el tocador, en la estantería, por todos sitios se encontraba uno con el devocionario josefino, tan releído y rezado que tenía la sobrepasta de cabritilla sobada, gastada y recosida en las puntas. Yo me conocía bien las estampas que llevaba dentro, para marcar las hojas. Una de ellas era el recordatorio de cuando murío la bisabuela Elvira, con un San José troquelado sobre una cartulina negra mate.

Del día del Santo, lo mejor era la mañana, antes de Misa de 11, cuando iba a casa de abuela Antonia, sabiendo que tendría preparado el regalo del Santo y un beso más grande que el de todos los días, uno de esos besos que sonaban tambien a medallas, que no olvido. Ni el olor de su pecho, que olía a azahares, y en verano a nardos.

Para el dia del Patriarca ya estaban abiertas en flor las brujillas y los primeros alhelíes. Mi abuela era experta en criar claveles de señorito y alhelíes dobles. Preparaba un mantillo especial para las macetas, unas macetas grandes, terrosas, pintadas por fuera con unos polvos morados-granates que te dejaban manchadas las manos cuando las rozabas. El mantillo, decía mi abuela, era lo que le daba el olor intenso a los claveles y los alhelíes, un olor dulce que llenaba toda la sala alta, donde estaba el dormitorio de abuela Antonia y abuelo Emilio.


Y hasta tal punto tengo unidas la memoria de mi abuela con San José que se me vienen juntos en el rezo, y algunas veces no distingo si encomiendo la intención al Patriarca o a mi abuela. Me razono que estas devociones de la tierra unen a los Santos en el Cielo, y abuela Antonia seguro que está muy bien colocada entre la clientela del Patriarca.

Que es curioso que sean tantas las devotas que tiene el Glorioso San José. Y no conozco a ninguna que no sea buena por encima de la media corriente, como si gozaran de una dotación de especiales prendas, como si el Patriarca las bendijera con una privilegiada excelencia entre las mujeres.

Que quizá sea - intuyo - porque les extienda a sus devotas un poco de la gracia de su Esposa, la Santísima Virgen, bendita entre las mujeres.


Ex voto.


+T.

viernes, 18 de marzo de 2011

Un cuadro cuaresmal

Sin duda, la noticia artística de la temporada ha sido la aparición del fascinante El Vino del Día de San Martín, del maestro Peter Breughel el Viejo, un verdadero descubrimiento que enriquecerá la colección de El Prado, para satisfacción de todos los que sentimos el arte y admiramos orgullosos nuestras colecciones; las españolas, me refiero.

Pero hoy han vuelto a darme una alegría con la noticia de un estupendo Van Dyck re-descubierto entre los fondos de la Real Academia de San Fernando. El cuadro es una joya, atractivo hasta viéndolo solamente en las fotos que ilustran la noticia.

Aparte el valor de la pintura en sí - un Van Dyck siempre es una exquisitez, ya sea retrato, escena piadosa o fábula mitológica - al lienzo de la Academia se le añade un interés iconográfico, por su rara temática, nada frecuente: Una Madonna con Santos ex-pecadores, que son los SS. David, Mágdalena y...¡el Hijo Pródigo!

Tocante a tan elocuente trío, me extraña la presencia de un personaje de parábola, ficticio, por más que sea evangélico y hechura narrativa del mismísmo Jesucristo. En el personaje (el joven del centro, entre María Magdalena y el Santo Rey David) del supuesto Hijo Pródigo, yo incluso adivino un posible autorretrato del joven Van Dyck, a quien se parece por las facciones y el corte de pelo, pero de quien se diferencia por el color de la cabellera y la piel, que son cetrina y morena en la pintura y fueron rubios en el muy cortesano maestro Van Dyck. Pero, así y todo, yo no descartaría un posible auto-retrato del maestro, como digo.

Por discrepar, por discutir, yo propondría antes al Buen Ladrón Dimas, que al Hijo Pródigo. Claro que está el handicap indumentario: Dimas se representa desnudo, con sudario o perizoma, como fue crucificado, y no semi-vestido con medio ropaje sujeto al hombro y un bordón en la mano. Porque lo que parece que lleva el personaje es una especie de bastón de palo, la cayada de porquero, el oficio que tuvo que desempeñar después de su ruína el hijo menor de la parábola.

Quizá la confirmación del personaje dependa de que se conocía la obra por descripción en alguna fuente documental constatable y fidedigna, o por alguna otra versión del mismo cuadro. Por ejemplo, en la página del ABC donde ví primeramente la noticia, ha estado puesta hasta hace unos minutos una fotografia de otro cuadro, estimo que una copia o una réplica, con las mismas figuras dispuestas de igual manera y con iguales caracterizaciones, salvo detalles.

Volviendo al cuadro, resulta patente la influencia de los maestos venecianos, Tiziano sobre todo. No sólo en la composición de la escena, sino incluso en semejanzas concretas, como la rubia Magdalena, tan tizianesca.

Sobre el asunto iconográfico, en el articulete de El País (como suele pasar, mejor compuesto, informado e ilustrado que el del ABC (hoy peor que ayer pero menos que mañana, ya se sabe)) se dice que los tres personajes serían encarnación de tres pecados típicos: Lujuria, adulterio y prodigalidad. Pero pienso irreflexivo y demasiado fácil tal comentario, entre otras cosas por la proximidad y quasi equivalencia de lujuria-adulterio, tanto más si se refiere a María Magdalena, de cuya mala vida se suponen e imaginan tantos  capítulos en que cabrían múltiples variedades del pecado de la carne.

Aunque bien es cierto que los tres personajes, los dos reales y el parabólico, estarían implicados en pecados de vanidad, sensualidad y lujuria, siendo ese un común denominador a tener en cuanta en la razonable selección de ellos y no otros posibles (que los hay).

Sin embargo, como muy bien destaca el articulista de El País, la pintura pondría en escena a tres arrepentidos, tres grandes arrepentidos, los tres con una historia narrada en la Sagrada Escritura, los tres protagonistas de un sincero dolor de los pecados, contritos y humillados los tres, valiendo como tres grandes ejemplares-tipos de conversión.

Los tres se aproximan al Trono de la Misericordia, la Sede de la Gracia que es la Madre del Redentor, Jesucristo, que en la figura tierna y amable de Niño restituye y recrea con su gracia la inocencia perdida de los pecadores. Los tres - Magdalena, David y el Pródigo - esbozan una sonrisa ingénua, estáticos; no lloran, viven un estadio ulterior al del arrepentimiento y el dolor de la culpa y la penitencia, que ya pasaron. El detalle del bodegón-vánitas con la calavera y el frasco de myron (atributos de la Magdalena) dejados a los pies del Niño-Dios, cabe la Virgen, en el ángulo izquierdo del lienzo, sugiere ese paso ya obrado del estado penitente al estado de gracia y unión, tan aproximado también iconográficamente a la figuración de los misticos desposorios (Stª Catalina de Alejandría, Stª Inés). En este caso con la asistencia del Rey David y el Hijo Pródigo como testigos de la gracia, invitados a las bodas del Cordero.

Así trata el Señor a los que se arrepienten y lloran sus pecados respondiendo a la gracia que les estimula el dolor de sus yerros y les abre el apetito del bien, la virtud y la santidad junto con el temor y el amor de Dios.


Justamente dentro de una semana, el Jueves de la IIª Semana de Cuaresma, se reza en la Misa de la feria esta bella oración, tan característicamente cuaresmal y católica:

Señor, Tú que amas la inocencia y la devuelves a quienes la han perdido, atrae hacia tí nuestros corazones e inflámalos en el fuego de tu espíritu, para que permanezcamos firmes en la fe y eficaces en el bien obrar. Por Ntrº Sr. Jesucristo...Amén.

Pues esta misma oración está pintada en ese cuadro precioso de Van Dyck, el caballero Antón Van Dyck, un artista de cuando la fe y la inspiración caminaban juntas y enseñaban con arte la lex orandi-lex credendi, ya con pinceles, ya con gubias, con óleo, madera, bronce o mármol, todo Ad Maiorem Dei Gloriam.

Aquel mundo que deja en evidencia al nuestro cada vez que, como con este piadoso cuadro, aflora entre las suciedades y horrores de este tiempo descreído y atroz, de falso arte y apostasía impía.

Estamos como el Hijo Pródigo cuando guardaba cerdos, estragado por las orgías, consumido por los excesos y comiendo pienso de cochinos.

¡Dios nos de gracia con lágrimas de arrepetimiento para querer salir de la porquera y poder estar en una escena como la del cuadro!

Ahora que es Cuaresma, que es tiempo de gracia, día de salvación.


+T

martes, 15 de marzo de 2011

De abstinencia


El Arzobispo de Valencia, Mons. Carlos Osoro, ha publicado un decreto dispensando a sus fieles valencianos de la abstinencia cuaresmal de carne el próximo Viernes 18, víspera de San José. Por las Fallas, ese es el motivo de la dispensa.

Un motivo grave, serio y ponderado. Igual que cuando el Arzobispo de Sevilla, fray Amigo Vallejo, dispensó del ayuno y la abstinencia un año que el Miércoles de Ceniza cayó en 28 de Febrero (la fiesta que la piara socialista inventó e instituyó como 'Día de Andalucía').

En España, el sentido penitente de la abstinencia de carne de todos los Viernes del año lo tenemos quasi absolutamente perdido por causa de la famosa Bula de la Santa Cruzada, un santo abuso que lucramos permisiva y privilegiadamente, con más escándalo que provecho, por mucho que se quiera explicar.

Yo he alcanzado a conocer la generación que todavía era experta en interpretar las concesiones de la Bula de la Santa Cruzada y aplicarlas a la dieta doméstica. Mis tías eran unas expertas moralistas caseras circa la Bula. Y mi madre. Así y todo, a pesar de las facilidades de la Bula, en mi casa se observaba la abstinencia de carne y derivados con una escrupulosidad quasi farisáica: Recuerdo a mi padre, muy enfermo, negándose a tomar una taza de caldo de pollo un Viernes Santo, rotundo e inflexible, casi con un pie en la sepultura: ¡Tomar caldo un Viernes Santo! No hubo manera de persuadirle de que estaba dispensado, eso lo sabía él muy bien. Pero faltar a la abstinencia un Viernes Santo, ¡ni muerto!

En Sevilla, uno de los campanazos del post-concilio fue la dispensa habitual del ayuno y la abstinencia del Viernes Santo. El primero que tuvo la impía ocurrencia fue el Cardenal Bueno Monreal; Amigo Vallejo, no problem, siguió decretando cada año la misma dispensa; y el año pasado, Asenjo siguió con la 'costumbre', repitiendo el decreto dispensante.

Desde hace unos años, una muchacha moldava atiende a una anciana feligresa, una vieja parroquiana. Un día me contó que la chica practica dos cuaresmas: Una en Adviento, hasta Navidad (que en su calendario ortodoxo-juliano cae por Reyes), y la Cuaresma pre-pascual. No toman nada de carne, ni derivados, ni huevos tampoco, ni lacticinios. Yo sentí una incómoda sensación, por comparación.

La incomodidad se me repite frecuentemente, más de lo que yo quisiera. Por mis relaciones con las hermandades y cofradías sevillanas, me veo obligado a asistir a esos actos medio cofradieros medio sociales que suelen terminar con un piscolabis. En el mundillo cofradiero se le llama a ese tipo de convites "un pescaíto", porque lo habitual es servir tajadas de merluza frita, pavías de bacalo, gambas en gabardina, croquetas de pescado y demás frituras de pescadería. Eso era lo 'clásico', como digo. Pero de unos años a acá, desde que nuestros arzobispos empezaron a dispensar la abstinencia, la dispensa prendió y corrió como la pólvora vulgarizándose en una pandemia que afecta por doquier a quasi todos los refrigerios cofradieros. El pasado Viernes, sin ir más lejos, me tuve que escapar de un fin de acto cofrade en el que me tentaban con unas estimulantes y aperitivas mesas con ricos platos, entre ellos una estupenda y apetitosa bandeja repleta de rodajas de chorizo ibérico. No me fijé en más detalles, pero intuyo que habrían más viandas servidas. Y el pescado frito como coartada.

Lo peor es que cuando alguna vez me he resistido, no ha faltado quien haya criticado mi resistencia; además con todos los tópicos y dichos acuñados a propósito: Que si son hipocresías, que si es peor el desprecio que se hace, que si con eso se deja en evidencia incómoda a la demás gente, que antes que nada es la convivencia fraternal, que la Iglesia está trasnochada, que mejor abstenerse de cigalas y centollos, que si patatín, que si patatán, que si tal que si cual. Y todo eso.

No crean ustedes que estas razones y dialécticas anti-abstinencia han surgido espontáneas del cacumen o la vis moralis de nuestra plebe sub-católica. No. Esos razonamientos se han predicado en cursillos de espiritualidad, en catequesis de adultos, en sermones parroquiales y en mil ocasiones por el estilo. Han sido críticas, mofas e ironías hechas por el clero, por los curas, por los religiosos, por los frailes, por los sacerdotes de colegios religiosos, por las monjas de idem. Etc.

Cuando un elemento religioso o moral se devalúa por parte de sus celadores y desciende luego a la baja consideración de la gente corriente, se convierte pronto en un elemento perdido cuya recuperación y/o restauración resulta poco menos que imposible. Si se lograra reasumir, sería sólo a costa de ímprobos esfuerzos, con gran polémica envuelta en ofensivas y vergonzosas vulgaridades y provocando, además, una reacción airada contra los agentes de la pretendida recuperación. (Esto mismo que aquí refiero a la abstinencia y el ayuno cuaresmal, se aplica igual a tantas otras cosas, concomitantes o de parecida especie).


Lo paradójico es que en muchos casos, por razones de tipismo o por arraigadas costumbres locales o familiares, la dieta de Cuaresma se mantiene sin problemas, sin echar de menos la carne abstinencial, y prefiriendo los platos del tiempo, propios y tradicionales de la Cuaresma y la Semana Santa.

Para los católicos conscientes, las dispensas frívolas decretadas ligeramente por los prelados son escandalosas e irreverentes; y para los impíos paganizados son ocasión de pitorreo y menosprecio.

Como consecuencia, decaen y se arruínan las prácticas católicas más genuinas y se adelanta en esa vacía infra-religiosidad pan-confusa y poli-equívoca, con episodios consecuentes de verdadero esperpento. Les podría decir nombre y apellidos de católicos que se burlan de la abstinencia y el ayuno y que luego respetan como un tabú escrupuloso la dieta musulmana si tienen en el comedor escolar a un niño moro o si atienden en la Cáritas parroquial a una familia de musulmanes.

Conste que me importa un pito lo que almuercen o cenen los moros mahometanos, ellos allá con su cazuela infiel. Lo que me afecta y me importa es la desenfrenada decadencia y descomposición de los católicos.

p.s. O quizá debiera decir 'filolefebvristas', como se empecina en llamar el capo infocatólico p. Iraburru a los católicos conscientes.


+T.

domingo, 13 de marzo de 2011

Las Tentaciones

El Evangelio de las Tentaciones en el Desierto es como el toque mayor en el campanario de la Cuaresma. En el prefacio de la Misa (novus ordo) se proclama que el Señor orante y ayunante -"... inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal, y al rechazar las tentaciones del enemigo nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado. Un enunciado extracto de espiritualidad cuaresmal que dice, implícitamente, mucho más.

Por ejemplo, el giro, el cambio absoluto que se opera en la Historia de la Salvación. Desde el Edén de nuestros Primeros Padres, la del hombre fue una historia de tentaciones y caídas; incluso después de la Alianza y la Ley. El "todos pecaron" paulino (Rm 3, 23) es un clamor acusador que sólo comienza a mudarse patentemente en el Desierto. *** En cierto sentido, podría decirse que la Redención comienza en el momento de las tentaciones del desierto.

El desierto fue el yermo que recibió a Adán y Eva después que se les expulsó del Edén. Y el desierto también fue la región por la que deambuló el Pueblo de Dios al salir de Egipto, en el desierto recibieron la Ley y en él vivieron hasta el día de la entrada en la Tierra Prometida. El desierto fue, así mismo, el lugar del pecado: El becerro de oro idolatrado y las defecciones y murmuraciones del pueblo contra Dios. Hasta Moisés mismo fue tentado y cayó en el desierto, siendo como era el elegido de Dios para liberar a Israel. Había como una correspondencia habitual entre desierto, tentación y pecado. Hasta que aparece Cristo.

Después de orar y ayunar cuarenta días con sus noches, Cristo se encuentra frente al Diablo, que le tienta. La primera tentación es corporal; el demonio le insta a que convierta piedras en panes para saciar el hambre del ayuno. La respuesta del Señor, sin embargo, subordina el pan a otro sustento necesario para el hombre: La Palabra de Dios vivificante. Una Palabra que es Él mismo, engendrado ab aeterno y encarnado para nuestra salvación, que un día dejará para alimento sobrenatural de los hombres su Cuerpo y su Sangre bajo la especie del pan eucarístico. ¿Qué entendería el diablo del Pan de Vida? ¿Qué comprendería el demonio de la Palabra que alimenta?

Entendió, sin embargo, que Cristo le resistía con la Escritura, y en la segunda tentación Satanás arguye con una cita, un versículo del Salmo 90 -"...te llevarán en sus palmas para que tu pie no tropiece en la piedra". Le incita a hacer un milagro estupendo, otra vez bajo el condicional "si eres Hijo de Dios", un interrogante que el diablo aun no ha resuelto y quiere saber. Más tarde, en algunas escenas de la Vida Pública, el Señor se mostrará terminante con quienes le piden signos, como el diablo tentador del desierto. En el Calvario volverán a tentarle los injuriantes, gritándole con desafio que hiciera un milagro y se salvara de la Cruz. Para todas estas escenas (y también para nosotros si supeditáramos la fe a la prueba de un signo, de un milagro) la respuesta de Cristo es la misma que le da a Satanás: -"¡No tentarás al Señor tu Dios!".

Sigue la escena. Si el diablo se ha dirigido a Cristo y Él le ha respondido "No tentarás al Señor tu Dios", ¿no está ya resuelta la pregunta del demonio?, ¿no ha respondido Cristo implícitamente?

Parece que, en todo caso, Satanás no comprende la intención ni el alcance de la misión del Señor, porque, paradójicamente (o demencialmente, como si hubiera perdido el tino, el concierto, el juicio) en la tercera tentación le ofrece a Cristo el mundo con sus fastos si se presta a adorarle, a él, el diablo. La contestación del Señor parece confirmar el sentido de la anterior: -" Vete, Satanás, porque está escrito: 'Al Señor tu Dios adorarás y a Él sólo darás culto' ". La traducción se me ocurre que podría decir, explicitando parte de su sentido, "vete y no estorbes", no obstaculices la Redención que se va a consumar y que ni todos los poderes y vanaglorias del mundo podrán tampoco frenar con sus engaños.


Cuando leo y medito este Evangelio, me detengo en su final, en la frase que reza que los Ángeles se le acercaron y le servían. Y me imagino a los Ángeles espectadores de las tentaciones del diablo a Cristo, entendiendo, como sólo los Ángeles pueden, los pormenores y las profundidades de la escena, tan nueva: Un hombre resistiendo y venciendo al Tentador, algo nunca visto. Y un hombre que es Dios, el Hijo de Dios.

Para cerrar la meditación evoco en ese mismo desierto los versos del Cantar de los Cantares:

¿Qué es eso que sube del desierto,
como una columna de humo,
perfumada de mirra y de incienso
y de todos los perfumes?

Es el aroma fragante de Cristo Vencedor, que sube como incienso de sacrificio aromático, como la primicia de otros aromas que por su gracia subirán al Altísmo con suavísimo olor victorioso, cada vez que un cristiano resiste y vence, por la gracia de Cristo, al demonio, al mundo, a la carne.

*** Previamente, con Cristo como centro y motivo, el privilegio de la Inmaculada Concepción supone un adelanto de la gracia definitiva del Nuevo Testamento, pero es un Misterio de internis, que ocurre en el alma santificada de la Virgen y no se manifiesta ad extra.


+T.