viernes, 19 de noviembre de 2010

Derrumbar la Cruz del Valle


Mi padre estuvo en la inauguración del Valle de los Caídos. Conservó mientras vivió un trozo de bandera española, un pedazo de la cinta que se cortó durante la ceremonia. Tenía pensado llevar al Valle los restos de su único hermano, caído luchando por Dios y la patria, contra los rojos, cuando tenía poco más de 18 años, en Enero de 1939, a dos meses de la Victoria. Al final nunca llevó a cabo el traslado, que yo dudo si estuvo verdaderamente en su intención. Ahora, desde hace unos años, los restos del tío Antonio descansan junto a los de sus padres, mis abuelos.

Mi padre, cuando iba a Madrid, siempre buscaba un hueco para hacer una visita al Valle de los Caídos. Admiraba el monumento y se emocionaba con lo que significaba. Él lo sabía muy bien porque sufrió la Guerra intensamente, quedando marcado, en el cuerpo y en el alma, mientras vivió. La última vez que estuvo en el Valle fue para el entierro de Franco, con mi madre, los dos con sus camisas azules, conscientes de que asistían a un ritual que ellos también protagonizaban. Sabían que se cerraba una época, la suya, que habían vivido leales a lo que amaron, profesaron y defendieron. Hasta el final.

Ni mis hermanos ni yo estuvimos nunca en el Valle de los Caídos. No era cosa de niños, decían en casa cuando alguna vez pedimos que nos llevaran. Sólo guardamos algunas tarjetas postales que nos escribían mis padres desde Madrid; unas pocas son del Valle de los Caídos, la Cruz monumental y el altar mayor de la Basílica. Ninguno de mi familia, supongo, tiene nada más en sus recuerdos, si tienen alguno sobre eso. Tampoco yo he sentido ninguna atracción especial por el monumento; si algo me ha interesado un poco ha sido la comunidad benedictina, por un amigo que frecuentó la hospedería, otro que iba con cierta regularidad porque hizo amistad con los monjes, y uno que estuvo de novicio y lo dejó al cumplir la probación.

Pero desde hace unos años el Valle ha salido en más de una conversación, casi siempre por noticias que alguien traía contando la situación cada vez más incómoda que vivían los monjes de la abadía. Un premeditado y constante acoso. Como conocíamos la catadura de los implicados, nos hicimos idea de que la cosa iría a peor. Como ha sido.




Están padeciendo una situación trazada ex profeso para acabar con el recinto monumental, la Basílica, la Abadía y toda huella de lo que es y se quiso que fuera el Valle de los Caídos. La cuestión es si se logrará. Por lo pronto, como efecto inmediato, el Valle y su crisis están en primera página. Y ha removido sentimientos, admiraciones y entusiasmos que parecían pasados, o por lo menos templados, muy templados, casi tan fríos ya como las piedras del recinto memorial. Pero el efecto de la actualidad va subiendo el ardor, tan próximo el 20-N, una fecha especialmente sensible, este año con más motivo.

¿Se ha buscado intencionadamente el desafío provocativo coincidiendo con la efemérides del 20 de Noviembre? Porque el tema del Valle, la restauración de la Piedad, la tensión con la comunidad monástica, cada uno de esos episodios han ido ocurriendo durante todo este curso pasado. Si la basílica suponía un peligro para los visitantes y turistas, si se tenía que cerrar, ¿por qué no se cerró a mediados de Agosto, cuando menos gente va, y no ahora, en Noviembre, precisamente el Domingo que estaba el Papa en España, a dos semanas del 20-N? No parece que haya sido casualidad reunir tantas casualidades, concentradas en una fecha tan señalada, justo en Noviembre, el mes del Valle de los Caídos.

¿Se desearía (se busca?) una reacción que terminara en incidente grave, con las consecuencias que son de temer en un caso así? Me imagino muchas escenas, todas posibles dadas las circunstancias. Espero y deseo que no pase nada, que la agitación que pudiera surgir no termine en nada que hubiera que lamentar. Pero reconozco que las cosas no se han enconado espontáneamente, sino que se han ido excitando de forma muy efectiva.

¿Estará feliz Zp con su obra? ¿Estará satisfecho?

Con España bajo una amenaza-tensión de debacle social y económica como nadie se podría imaginar, con 4 millones de parados reconocidos (más los que no se cuentan porque no se quiere), con todos los rotos y descosidos, las mil corruptelas y corrompidos...¿Estará Zp contento?

El personaje es tan patéticamente ridículo que puede que sí. Que se imagine que ha cumplido, que ha hecho obras grandes, que deja un mundo mejor que el que le dejaron. Sin guerras, con las civilizaciones aliadas, con España más buena, más verdadera y más libre, con la fórmula de aquel retruécano medio blasfemo de que la libertad nos haría verdaderos.

Al borde del precipicio, a punto de desbarrancarse y arrastrar a la nación en su propia (y merecida) ruina, la obsesión del gran fantasma nacional es derribar la Cruz, abatir ese signo que le traumatiza, precisamente en ese punto monumental donde confluyen y conectan los sentimientos atávicos que parecen haber movido su inolvidable des-gobierno.

Él sabrá por qué cadena mental de conexión de hechos, personas, signos e interpretaciones.

Yo si sé por qué he sentido un escalofrío al leer esta mañana la noticia:

Piden la voladura de la Cruz del Valle de los Caídos

¡Por mis muertos! Si al Zp le remuerden y espolean sus muertos, a mí me claman los míos, que son, que han sido, que serán mejores que los suyos, siempre mejores, en la vida y en la muerte, en el tiempo y en la eternidad.

Descansar bajo el signo de la Cruz, desear estar y aguardar la gloria bajo sus brazos, bajo sus alas, es un anhelo y una militancia: Queremos estar y luchamos para poder permanecer.

Los que piden dinamitar la Cruz del Valle serán cuatro gatos (o cuatro ratas); cinco si Zp está con ellos. No más.

Los de la Cruz somos yo no se cuàntos, una multiud ingente de esas que se cuentan con números apocalípticos, todos marcados con el signo de la Cruz.



Muchas veces recuerdo y predico que la Cruz es cruz, que es dolorosa por naturaleza y gloriosa por gracia sobrenatural. Padecerla mortifica y lastima; pero si se une a la Cruz del Redentor, santifica y glorifica. Sufrir la cruz y llevarla como Cruz es un signo de redención.

Por eso hoy me he sentido caído y exaltado, por la Cruz que quieren derribar y la Cruz que nunca podrán quitar, la que redime al mundo, la que aparecerá finalmente en el cielo y todos verán; también quienes la atacaron, también los que la abominaron.

Con la imagen presente de Asia Bibi, la joven paquistaní condenada a la horca por cristiana, reconozco la huella del maligno, del anticristo enemigo de la Cruz, por tantos sitios, por todo el mundo. Y tengo en mente el rostro de los enemigos, con rasgos tan reconocibles. Si los de aquí no ahorcan, no degüellan, no fusilan, sólo es cuestión de distancia histórico-social, no por falta de violencia intencional. Se persigue de otro modo, se ataca con otras armas, pero la agresión es la misma y los agresores son los mismos.

Conviene recordar y no olvidar las palabras del Apóstol, para encuadrar las cosas y entenderlas:

"...nuestra lucha no es contra la carne y la sangre, sino contra los Principados, contra las Potestades, contra los Dominadores de este mundo tenebroso..."

Ef 6, 12ss.


Y sigue diciendo: ¡Tomad las armas de Dios para poder resistir!, como si nos hablara a nosotros y nuestro tiempo. A nosotros que vemos como se persigue a la Cruz que es nuestra señal, nuestra esperanza, nuestra gloria.


Y nuestra arma.


¡La del Valle - especialmente ahora - también!


+T.

domingo, 14 de noviembre de 2010

La inquietante cuestión de la fe


Se rezó como Evangelio del Domingo XXIX y en la Misa de esta mañana, Sábado XXXII, otra vez. Es simpática la parábola. Incluso imagino que el Señor tenía en mente al personaje que decribe, quizá alguna viuda tremenda de Nazareth o alrededores, que él conocería personalmente, o de oídas. Una dómina famosa, en todo caso.

Pero lo más llamativo es que el Señor escoja esa escena, con esos personajes, la viuda terca e impertinente y el juez inicuo, para referirse a la oración y una de sus condiciones para que sea eficaz: La constancia. El texto dice que pronunció la parábola para enseñar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse (Lc 18, 1-8). Concluye planteando, dejando en el aire, una cuestión inquietante: "Pero cuando venga el Hijo del Hombre ¿encontrará esta fe sobre la Tierra?". Algunas versiones, la Vulgata incluída, traducen simplemente fe ...verumtamen Filius hominis veniens putas inveniet fidem in terra/ cuando vuelva encontrará fe en la Tierra?; aunque el original griego de San Lucas ('eurései tèn pístìn epì tès gès') parece aludir a la fe sobre la eficacia de la oración, sobre la que predica el Señor.

De todas formas, en un sentido amplio, podemos decir que se refiere también a la fe, en general, porque la oración es una genuina manifestación de la fe: Sólo reza el que cree, el que tiene fe. Cuando reza, el creyente explicita y pone en acto las tres virtudes teologales, Fe, Esperanza y Caridad, porque al orar está creyendo en Dios, amándole y esperando en Él. Por eso, si no hay oración, si no se reza, es que no hay fe, o se tiene poca. La fe mueve a la oración. La falta de oración es falta de fe. En este sentido debe entenderse la inquietante pregunta del Señor, una pregunta que, podríamos también decir, es global, porque cuestiona al mundo entero, a todos los hombres, cuando dice "sobre la tierra" .

Yo he alcanzado a conocer, de niño, las rogativas ad petendam pluviam como algo normal. En mi pueblo sacaban al Cristo de la Agonía, una impresionante imagen, último recurso para cuando el cielo se cerraba y los campos se agostaban. Después también he presenciado las rogativas por la lluvia como algo casi "folklorizado", valorado ya como un rito ancestral que debía conservarse y por eso celebrarse de vez en cuando. El año 1980, o el 81, no recuerdo bien, sacaron en Sevilla a la Virgen de los Reyes en procesión de rogativa, y lo más memorable de la ocasión fue el efecto capillita, el comentario entre los cofrades sevillanos sobre lo impresionante que iba la Virgen vestida de morado y sin tumbilla. La rogativa, la oración con su intención, fue lo de menos; importó, más que nada, la procesión con su anécdota.

Lo mismo he podido constatar después en otros sitios, en casos similares. La gente del campo y los labradores - los que van quedando - están más atentos y se fian más del parte meteorológico que de la rogativa al Santo Patrón. Item más: En la Sevilla famosa de las Hermandades y Cofradías, los hermanos y cofrades ya no ruegan ni piden a sus Santos Titulares que no llueva cuando el día de la procesión amenaza chaparrón, sino que llaman al servicio meteorológico del aeropuerto, o a la base militar de Tablada, o a la de Morón de la Frontera, o a alguno de las estaciones de observación meteorológica, y se atienen para salir o no salir al cálculo de probabilidad de riesgo de lluvia que dan los meteorólogos. La confianza en la oración está mínimamente en el ambiente, pero insuficientemente presente.

Y como este, tantos casos, ya sean de salud y enfermedad, de accidentes, de tantas cosas que antes eran motivo y materia de oración - de fe, es decir - y ahora se resuelven acudiendo a otras instancias. Pero no a la oración.

No estoy diciendo que todo el mundo; pero sí digo que todos entendemos el mundo de otra manera, más independiente de Dios, menos pendiente de la la fe. Y esto no es de creyentes.

Voviendo al ayer, recuerdo escenas domésticas que llevaban cada una de ellas el signo de la fe: Se hacía una labor, y se trazaba la señal de la cruz, ya fuera para plantar un olivo o al pan que se iba a meter en el horno, o a las aceitunas que se iban a aliñar, o cuando se cortaba una tela, o se levantaba una pared, o se trabajaba el hierro en la fragua. La cruz, la oración, la fe estaban siempre presentes. Y no se debe decir que fuera superstición, que eso es pagano, sino que era la pequeña y simple conciencia de Dios y su Providencia, algo que es muy cristiano.

¿Si se pierde esta conciencia se pierde la fe? La sabiduría creyente que mete la levadura para que fermente toda la masa es, entre otras cosas, esa misma sencilla acción de saber referir todo a Dios, pidiendo, insistiendo, perseverando.

Esta mañana leía una noticia típicamente post-moderna, de neto siglo XXI:

Una ecuación del universo sin Dios

Otra vez - me dije - la arrogancia de los inteligentes, que se vuelven necios, ofuscados, negando una luz que les ciega y les deja envueltos en el sinsentido de un laberinto. Un mundo sin Dios, a Quien no se ve porque un día dejaron de rezarle, de creerle, de amarle, de esperarle.

La trayectoria de la modernidad, desde hace dos, tres siglos, es una cada vez más insistente y generalizada negación del Creador. Parece un grado extremo de radical absurdo que la ciencia atea postule algo que ella misma negaba como un imposible y hable ahora de un universo que surgió de la nada.

El racionalismo que empezó negando al Dios hecho hombre y definiendo sólo un vago concepto de Dios, ni siquiera sostiene ya un mínimo deísta, ni siquiera un confuso panteísmo, sino que en un paso más allá niega toda trascendencia y proclama el vacio de un origen en la nada y una evolución hacia la nada.



Lo más patético es que el sostenedor de la hipótesis sea un hombre como S. Hawking. O quizá por eso.

Alguna vez me he preguntado si el clamor negacionista de los ateos no será un insistente quejido, un inconsciente llanto rebelde que como no sabe (no quiere?) rezar rompe en un agresivo grito anti-divino, que en fondo del alma desesperada es un como un de profundis mitad blasfemo, mitad mísero, para que Dios mire, como provocando, tentando a Quien niegan para ver si se afirma, si se les muestra científicamente evidente, como una forma de probar al Omnipotente, de someterle a un especulativo análisis de laboratorio in extremis.

También he imaginado la parte del Libro de Job en la que Dios, por fín, interviene y habla como la escena de la Sagrada Escritura que mejor describe/profetiza el final de la diatriba de la ciencia no creyente y sus científicos contra Aquel y aquello que se empeñan en obviar:

Dios repondió a Job desde el seno de la tempestad y dijo:
¿Quién es éste que empaña el Consejo con razones sin sentido?
Ciñe tus lomos como un bravo: voy a interrogarte, y tú me instruirás.
Dónde estabas tú cuando fundaba yo la tierra? Indícalo, si sabes la verdad.
¿Quién fijó sus medidas? ¿lo sabrías? ¿quién tiró el cordel sobre ella?
¿Sobre qué se afirmaron sus bases? ¿quién asentó su piedra angular,
entre el clamor a coro de las estrellas del alba y las aclamaciones de todos los Hijos de Dios?
¿Quién encerró el mar con doble puerta, cuando del seno materno salía borbotando;
cuando le puse una nube por vestido y del nubarrón hice sus pañales;
cuando le tracé sus linderos y coloqué puertas y cerrojos?
«¡Llegarás hasta aquí, no más allá —le dije—, aquí se romperá el orgullo de tus olas!»
¿Has mandado, una vez en tu vida, a la mañana, has asignado a la aurora su lugar,
para que agarre a la tierra por los bordes y de ella sacuda a los malvados? Ella se trueca en arcilla de sello, se tiñe lo mismo que un vestido.
Se quita entonces su luz a los malvados, y queda roto el brazo que se alzaba.
¿Has penetrado hasta las fuentes del mar? ¿has circulado por el fondo del Abismo?
¿Se te han mostrado las puertas de la Muerte? ¿has visto las puertas del país de la Sombra?
Job 38, 1-17ss. (pongo la cita con el enlace para que continuen leyendo, porque los versículos que siguen son tan tremendamente bellos como conmovedores).

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La viuda impertinente que insistía incansable al juez inicuo es una ínfima imagen del clamor de los que piden a Dios porque sólo en Él han puesto su esperanza, la pequeña de todos los días, la minúscula del minuto de apuro, y la gran esperanza final que se asoma al vértigo de la Eternidad.
Esta es la fe que el Señor se pregunta - ¡nos pregunta! - si quedará al fin sobre la tierra.

La cuestión se responde, por lo que nos toca a cada uno, rezando creyendo, amando y esperando en Él, que es Quien nos examina a nosotros y al mundo que creó y que se resiste a su Señor.

+T.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Dañino Dagnino


Profeso una cordial antipatía a algunas instituciones de esas que se insertan por arte de birlibirloque en el sarmiento, y por el sarmiento en la vid (se supone). No me extiendo más porque el asunto merecería una de esas exégesis que los más peritos eruditos dedican a echar luz en los rincones y los vericuetos más recónditos. Ni valgo para eso ni tengo la más remota intención (ni posibilidad). Pero vaya por delante que reconozco la poca gracia que me hacen el San Pablo-CEU y sus anejos.

Con la lectura del articulete de su presidente, me reafirmo. Este articulillo:

Es el momento de una sana laicidad

Hay tópicos manidos, que huelen a alcanfor de enaguas del tiempo de Maricastaña, y hay topicazos fresquistos, recien pescados en el rio revuelto de la actualidad. Lo de la sana laicidad, por ejemplo.

Paso de reconecerle "sanidad" y/o "salubridad" a ninguna laicidad, concepto que - por mucho que se empeñen - precede, deriva o se coordina con laicismo. Entiendo que "sanolaicismo" es una de esas obras pasteleras de los que fluctuan entre dos aguas y juegan a dos bandas. Y se inventan estas cosas, tan neblinosas, propias de tiempos turbios, como los que padecemos.

Volviendo al articulete, diré que es de esos que sólo se pueden encajar católicamente con tragaderas capaces de deglutir ruedas de molino, habilidad esta bastante ejercitada por todos los oportunistas que en la historia han sido. Pero muy especialmente, desde el post-concilio, yo diría que ha sido muy ensayada y puesta en práctica por los que se han mantenido en el candelero, equilibristas y trapecistas con red quitagolpes-aseguravidas. Algunos - los más osados - hasta con pretensiones magisteriales.

El articulillo tiene párrafos de tentieso, remarcables:

Ha llegado el momento de un llamamiento a una sana laicidad, una laicidad positiva que sea garante del sagrado derecho fundamental a la libertad religiosa; una laicidad que velando por la libertad de creencias, la libertad de creer o de no creer, no considere la religión ni la Iglesia como un peligro para la democracia, sino como una ventaja; una laicidad que sea garante de la libertad de profesar una fe o de no profesarla, pero que, sea garante último para quienes la profesen del derecho de actuar en la vida pública de acuerdo con esas convicciones religiosas y morales, sea garante de la libertad para los padres de procurar a los hijos una educación conforme a sus convicciones.


Parece como si Dagnino se hubiera endosado la máscara del manifiesto y esté dando desde su podio de presi-dente del San Pablo-CEU un novedoso y revolucionario manifiesto sanolaicista al mundo, al orbe, al universo: ¡Sanolicistas del mundo uníos! ¡Hasta la meta final! ¡Muramos por nuestro credo! ¡Sanolaicismo o muerte!!!

Que Dagnino tiene cara de lo que tiene, no lo diré. Total, nadie se escoge la cara y se nace con ella y con ella se levanta uno cada día (maquillajes y estéticas ayudan, pero la materia prima, la natura susbsistens originalis, no se muda ni mejora hasta la resurrectio carnis). Y no diré que la cara es el espejo del alma porque eso sí que es un tópico maricastañero alcanforizado. Pero conste que me reprimo.

Él, el Dagnino, no se reprime un pelo. Y después del párrafo de marras, repite, insiste, eructa este otro, tan memorable como el otro de antes:

Ha llegado el momento de que, en un mismo espíritu, la religión, y muy particularmente la religión católica, que es mayoritaria, miren juntas a los desafíos del futuro y no sólo a las heridas del pasado. Sólo desde el firme arraigo a esa fe y a ese patrimonio moral y espiritual que nos han legado dos mil años de cristianismo, podremos servir lealmente al hombre y al bien común de nuestra sociedad; sólo así podremos afrontar la regeneración moral de nuestra sociedad desde sus raíces más profundas y servir a la promoción del bien común.


Este buen hombre, presi-dente de una cosa tan, tan, tan...tan eso la San Pablo-CEU, ¿no se da cuenta, no advierte la contradicción, las contradicciones, el absurdo pasteleo en que se enreda?

Quizá se trate de eso, de enredar. Y por eso.

O de hacer una emulsión, una liga de aceite y agua, que naturalmente no se juntan (ni sobrenaturalmente tampoco). Pero si se baten bien, con un buen meneado, resulta una emulsión. Como una salsa tártara, o una mahonesa, o una vinagreta.

Sería interesante saber qué guiso piensa aderezar con la salsa, la emulsión de todo eso que no se mezcla si no se bate y se menea bien. A mano, con mucha muñeca, o con batidora electrica, que las hay muy buenas.

Ya se sabe que una buena salsa sirve para disimular una mala carne. O un pescado pasado, o un marisco caducado.

Que se sufran después unas cagaleras perniciosas (hoy se dice, más fino, gastroenteritis), es lo que pasa. Pero pasa también que la vomitona y la cagalera consecuentes no las tiene el que hace la salsa que disimula el plato, sino el que se lo come.



Moraleja: Pongan ustedes la que les parezca mejor. Yo les aconsejo que separen, que no tomen juntos lo sano-laico ni lo confundan con lo bueno-católico ni lo recto-cristiano.

Así se librarán de dos bacterias más letales que la de la legionella, a saber:

a) el liberalismo

y

b) el indiferentismo

Desde que se echó el cerrojo al magisterio pre-vaticano2º, nos tragamos cada bola que no se la salta un galgo.

Y así están los tiempos. Se empieza por admitir otras verdades junto a la Verdad, y se termina por reconocer derechos y hasta pretender ligar lo contradictorio proclamando principios novedosos que son anzuelos/redes para incautos (o sagaces oportunistas, descreídos medradores, post-modernos confundidos, etc. etc. etc.).

Pero los Dañinos, ya lo ven ustedes: De presi-dente. Muy acomodados acomodadores. Catedráticos titulares de la docta disciplina de la cuadratura del círculo.


p.s. Huelga decir que si eso es lo que se estila en un CEU paulino, la moda que se vista en otros mentideros debe ser...Pues eso (y hasta tres veces peor, y me quedo corto).


&.

domingo, 7 de noviembre de 2010

La Iglesia se opone a todas las formas de negación de la vida humana


"La Iglesia aboga por adecuadas medidas económicas y sociales para que la mujer encuentre en el hogar y en el trabajo su plena realización; para que el hombre y la mujer que contraen matrimonio y forman una familia sean decididamente apoyados por el Estado; para que se defienda la vida de los hijos como sagrada e inviolable desde el momento de su concepción; para que la natalidad sea dignificada, valorada y apoyada jurídica, social y legislativamente. Por eso, la Iglesia se opone a todas las formas de negación de la vida humana y apoya cuanto promueva el orden natural en el ámbito de la institución familiar"

Benedicto XVI, en Barcelona, España, en la homilía de la Misa de dedicación de la iglesia de la Sagrada Familia.

Unas palabras del Papa sobre España


Estas palabras de Benedicto XVI:

"En España ha nacido una laicidad, un anticlericalismo, un secularismo fuerte y agresivo como lo vimos precisamente en los años treinta, y esta disputa, más aún, este enfrentamiento entre fe y modernidad, ambos muy vivaces, se realiza hoy nuevamente"

estas palabras dichas ante la prensa, en el avión, cuando volaba de Roma a Santiago de Compostela, con el presidente Zp huído a Afganistán, tienen un valor, un significado mucho más que contundente.

Item más siendo el 6 de Noviembre la fiesta-memoria litúrgica de los SS. Mártires Españoles del siglo XX , las víctimas de aquel secularismo ateo, republicano, masón, marxista, criminal y anti-español.

Tampoco ha sido casualidad que haya sido el mismo día, el de la peregrinación del Papa a España, el escogido para cerrar el acceso a la basílica de Stª Cruz del Valle de los Caídos.

¡Cuán miserables! Aferrados a la peor historia de España, violentando y falseando su des-memoria histórica.

Lástima que el Papa tenga que volver a Roma, tan pronto...y qué desgracia que Zp regrese de Afganistán, tan pronto.

Estos años, cuando pasen, deberían rasparse de la crónica hispana, como han hecho, como están haciendo ellos con el pasado que les acusa desde la Historia.

+T.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Un lamentable cigüeñazo


Con el autor del artículo al que me refiero he tenido un par, o tres, de encontronazos que han terminado a trompazos. Virtuales, porque, gracias a Dios, nuestro trato ha sido virtual-internetero y no en carne mortal. El Señor me libre (y le libre a él).

Nunca le he supuesto más (ni menos) que lo que él mismo trasluce y deja deducir de él mismo. Sin embargo, ahora que anda hospitalizado por un arrechucho, atribuyo el desdichado articulete a la merma de facultades y/o de consciencia. El artículo, tal cual, sale en su blog así, este es el enlace:

A propósito de esa madre de diez años

Pero, por si caso lo borra o lo enmienda, lo pongo aquí también, para que conste:

La noticia era verdaderamente llamativa. Una niña de diez años acaba de tener un hijo en España. Después nos fuimos enterando de más circunstancias. Y todas preocupantes.

Como casi todo el mundo se imaginó no se trataba de una niña española. En este caso, del Este de Europa. No vivía ella aquí aunque sí sus padres. Y cuando llegó el momento del parto, pues a España. Que es gratis y con muy buena atención médica. Pues ya hayu algo que no encaja. Un país como el nuestro, en una gravísima crisis económica, no se puede convertir en el lugar privilegiado del turismo sanitario del mundo. Bien está que ayudemos a todos los casos excepcionales que podamos. Perro siempre que podamos y que sean excepcionales. No podemos convertirnos en el paritorio gratuito del mundo.

Pronto supimos que no se trataba de un acto de desconocimiento de unos niños que juagaban a lo que no debían y se encontraron con las consecuencias sino a algo conocido y tolerado por las familias de esos niños. Pues, con gente así, yo absolutamente solidario con las medidas de Sarkozy. Esas gentes cuanto más lejos, mejor. No aportan nada, parasitan cuanto tocan y el inmenso error es dejarles entrar.

Hacen además un daño grandísimo a los millones de emigrantes que se ven asimilados a ellos. Y no tienen nada que ver salvo en el estado de necesidad. Buenas personas, honrados, trabajadores, con deseos de integrarse entre nosotros y conseguir una vida digna para ellos y los suyos, se ven objeto de discriminación y rechazo por culpa de unos seres insolidarios e inasimilables que producen anticuerpos por cada sitio que pasan y dejan una imagen imposible de la inmigración. Imposible e inmerecida.

Cuanto menos se repitan noticias como ésta mejor para todos. Autóctonos e inmigrantes. Y aquellos que por los motivos que sean fueren incapaces de convivir pacíficamente con nosotros, puerta cuanto antes.


Sic. Esto ha escrito.

Los exabruptos del autor, tan característicos ya, se han ido atemperando con el tiempo, las circunstancias y, supongo, los compromisos adquiridos. Nunca ha sido imparcial dentro de su presumible definición, porque, según criterios que a veces huelen a capricho, o manía, o lo que sea, a unos ha tratado con escoba cuando no merecían tanto barrido, y a otros los montó en el podio cuando no había quasi nada que lucir. Pero el personaje, el autor, es así, con profundos desatinos y señalados aciertos. Mediante un arte perspicaz, mitad estadística, mitad sentido común, con un cuartillo de información y un jeme de pesquis curialesca, ha ganado fama de bien informado cuando se trata sólo de una buena capacidad de atención y conclusión (que no digo que no sea de admirar). Pero no hay más (o poco más).

Cuando desbarra, se lleva la palma. Cuando mete el pinrel, sublima la metedura. Cuando desatina, no tiene rival.

Presume de auditorio, tiene claque de primerísima calidad, mantiene una computadísima afición, y es, al día, el blog de género "eclesiástico" más popular, muy por delante de todos los demás. Un amiguete me comentó una vez que se le podría considerar el inventor de la prensa-rosa eclesiasticona. Yo le dije que sí, que podría ser. El tejemaneje de este sí, este no, este será, aquel no me gusta, mira quién habla, mira quién no habló, este dijo mucho, el otro no dijo mú, a este le descalifico, al otro lo cualifico...etc. etc. etc. es el ritmo de su blog, tan visitado, tan sorprendente muchas veces, tan animado casi siempre.

Una vez me vino a la parroquia una madre de cinco hijos, cuyo primogénito tenía 4 años, seguían dos mellizas de tres, un chiquito de año y medio y el quinto, de tres o cuatro meses. Me contó que venía decepcionada de su parroquia (al lado de la mía) porque el cura la habia echado de Misa, a mitad del sermón, porque los niños no dejaban de incordiar. La pobre, azorada, conteniendo las lágrimas y el enfado, cogió a sus hijos y empujando el carrito con el pequeño, pian pianito, por mitad de la iglesia, salió por la puerta principal para no volver más a su parroquia.

Se vino a la mía, donde la admití a ella, a su marido y a su prole. Con mucho gusto, porque yo también he sido niño en Misa con papá, mamá y cinco nenes. No se me olvida lo que aquella madre (lo pudo haber dicho la mía) me dijo aquel día:

- Mire usted, padre, no pueden estar ustedes predicando que tengamos hijos y despacharnos de la iglesia porque molestamos cuando venimos con los hijos que ustedes predican que hay que tener.


Más razón que un Santo tenia aquella madre. Ahora son ya siete los niños (nueve de familia, contando al papá y la mamá) y los mayorcitos me acompañan de monaguillos en las Misas del Domingo (cuando llegan a punto). El cura que los despachó aquel día no tuvo (no tenía?) sensibilidad familiar, ni pastoral, ni sacerdotal.

Pues, mutatis mutandis, lo mismo digo del fatidico articulete cigoñero: ¿Dónde quedan, bajo qué concepto, temas y asuntos como familia, vida, educación, caridad, dignidad humana, derechos de los desfavorecidos etc. etc. etc. cuando se tratan tan obtusamente, tan parcialmente, tan desconsideradamente? ¿Qué criterios subyacen, qué hay detrás de un articulete semejante?

¿Clamamos por la vida, por el no nacido, por las madres gestantes, por la familia...y juzgamos un caso excepcional como ese con esos criterios y conclusiones tan impropias, repugnantes a cualquiera que pretenda mantener un mínimo de moralidad católica?

Un madre de 10 años da escalofríos, pero es una madre, y su hijo es un hijo, con padre, aunque el padre tenga 13 años. Y la familia, con los defectos que tenga, aunque sean tremendos, una familia.

Tampoco a mí me gustan las circunstancias que posibilitan que una chiquilla de 10 años y un chaval de 13 se enreden en cosas que no convienen a su edad, pero menos me gustan otras cosas que también pasan y se dejan que pasen. Al final, cuando un niño, un hijo, se gesta y se da a luz, a ver quién dice que eso no es un bien, aunque esté rodeado de imperfecciones, riesgos y peligros. ¿Es malo ese final? Es mejorable, diría yo. Malo no. Ni despreciable.

Resulta, suele pasar, que ese tipo de familias que desprecian Sarkozy y el autor del articulillo, tienen sus peculiaridades, algunas para echarse a temblar, otras más positivas. Si se traen a su hija a España para que el parto sea aquí porque les parece mejor, ¿eso no es valorable? ¿no están buscando algo bueno para la chiquilla y su hijo? De muchas cosas debería avergonzarse España, pero no de darle cama en una maternidad de hospital a una madre de 10 años. Eso no da vergüenza, eso es una honrosa obligación. Y ya quisiera yo podérselo pagar si se tuviera que pagar. En mi conciencia iría.

También me niego a seguir otras suposiciones que se están haciendo, fundadas, me temo, en prejuicios por el estilo de los que laten en el articulillo que comento. Pero le recordaría al autor del artículito la que armó en su blog cuando Mons. Rino Fisichella dijo lo que dijo (en mala hora) cuando el caso aquel de la excomunión de la familia de una menor brasileña que abortó etc.

Por otra parte, sobre el tema de los emigrantes, yo diría - si tuviera que decir- que los rumanos que se han instalado en nuestros pueblos, con toda la problemática aneja de estos casos, al cabo de una generación, o dos, tres a lo sumo, se habrán hecho nuestros, integrados y sin más problemas que los corrientes, los que pudieran tener en cualquier otro sitio. No me preocupan ni - pienso - deberían preocupar más de lo razonable. En el pueblo de mi familia ya hay chicas rumanas que se han casado con muchachos del lugar. Será que en los pueblos estas cosas se ven con otros ojos.




¿Y qué más decir?

Mejor callar, me parece.

Al autor le deseo mejoría integral: Del cuerpo, del alma y de la vis bloggera. Que le pase el arrechucho y se recupere y quede con buena salud. Y que se enmiende. Y que no piense así ni escriba esas cosas. Nunca mais. Please.

Una muchachita con 10 años y un hijo es para conmoverse, para sentir más que para pensar, y dejar al corazón campar con benevolencia, que se desborde, más bien.

Porque, señores y hermanos míos, no somos discípulos de Sarkozy, sino de Otro que tiene un Corazón manso y humilde, paciente y misericordioso, cálido como un horno ardiente de caridad, hondo como el abismo de todas las virtudes, con entrañas de Padre de infinita e inagotable piedad.

Espero que me esté explicando y se me esté entendiendo.

+T.