domingo, 2 de marzo de 2008

viernes, 29 de febrero de 2008

Blanco White 3


La simpatía que le tengo a Blanco por sevillano (y sevillano fuera de Sevilla) va pareja a la profunda antipatía que siento por el Blanco White anticatólico y renegado, faceta esta de su personalidad, carácter y trayectoria que le define muy negativamente.

Sobre su vocación-sacerdocio, me atrevería a juzgar inválida su ordenación, tan en entredicho por la misma narración del propio Blanco. Comprendo que la tensión espiritual de un ministerio insincero se le volviera un tormento dificilmente llevadero, y que la "ausencia" de Sevilla con su posterior arribada a Inglaterra rehicieran una vida que, en lo sucesivo, quedaba resabiada y resentida. Estos fracasos, tráumas y frustraciones se "proyectan" en Blanco - y en su obra - contra su familia, la Iglesia Católica y España.

¿Contra Sevilla? También, pero con ese efecto de reflujo que le hiere en su intimidad más sincera cuando está clavando su pluma contra su Sevilla, a la que es evidente que ama y añora con toda la nostalgia de su pena personal.

La crisis espiritual-religiosa de Blanco, sin embargo, no esclarece. La Iglesia anglicana a la que se incorpora y que tan bien le recibe, tampoco acabaría satisfaciéndole. Su episodio unitarista merecería ser estudiado en referencia con una anécdota de otro heterodoxo sevillano, Casiodoro de Reina, del que se cuenta que lloró emocionado cuando le llevaron en Ginebra al sitio en el que quemaron a Miguel Servet, también español y hereje anti-trinitario, un "unitarista" avant la lettre (dicen que esa emoción de Reina casi le cuesta un disgusto en la severa Ginebra calvinista). Es curiosa esta coincidencia-confluencia-concordancia de herejes españoles fuera de España.

Algo parecido, pero en sentido muy distinto, me aviene, finalmente, con este Blanco post-católico, y es su relación con John Henry Newman, que le cita en su Apologia Pro Vita Sua como uno de sus amigos que tuvieron que ver en el proceso de su conversión a la verdadera Fe.

Tres veces sale Blanco en esta obra de Newman:

Capítulo Iº - Historia de mis ideas religiosas hasta el año 1833.

..." El doctor Hawkins fue también quien me enseñó a presentir que, antes de muchos años, se daría un ataque contra los libros y el cánon de la Escritura. A la misma convicción llegué en mis conversaciones con Blanco White, quien me inspiró también visiones más libres sobre la inspiración que las corrientes por entonces en la Iglesia anglicana. "

..."Por lo que al doctor Whately se refiere, su pensamiento era demasiado diferente del mio para que pudiéramos seguir mucho tiempo por la misma vereda. Recuerdo su disgusto por un artículo mio, aparecido en la "London Review", que el indulgente Blanco White se contentó con calificar de platónico."

Capítulo IIº -Historia de mis ideas religiosas de 1833 a 1839.

"No es de maravillar que Blanco White, que me había conocido en circunstancias tan diferentes, al oir hablar ahora del rumbo general que yo tomaba, se quedara estupefacto del cambio que reconocía en mí. Habla injusta y amargamente de mí en las cartas contemporáneas a los primeros años del movimiento; pero, en 1839, echando una ojeada hacia atrás, habla de mí en términos que dificilmente podría yo citar con modestia si no fuera porque lo que dice en mi alabanza se encuentra en medio de una reprensión. Dice así:

'' En este partido (el partido contra Peel en 1829) encuentro con gran sorpresa mía, a mi caro amigo Mr. Newman, de Oriel. Como él había sido uno de los que anualmente solicitaban del Parlamento la emancipación de los católicos, su súbita unión con los más violentos fanáticos era para mí inexplicable. Este cambio era la primera manifstación de una revolución de espíritu que lo convirtió repentinamente en uno de los principales perseguidores del doctor Hampden, y en el mienbro más activo en influyente de la asociación llamada partido puseysta, a la que debemos esas extrañas publicaciones tituladas Tracts for the Times. Al relatar estos hechos públicos, mi corazón se apena recordando la cariñosa y mutua amistad de este hombre excelente y yo; una amistad que sus principios de ortodoxia no le permitirían ya continuar con quien él mira ahora como irremediablemente condenado a la perdición eterna. Tal es el venenoso caracter de la ortodoxia. ¡ Qué daño no hará en un corazón malvado y en una mente estrecha cuando así puede malear al más benevolente de los amigos y uno de los espíritus mejor dotados, al amable, al intelectual, al refinado John Henry Newman ! "

Blanco White añade que yo no quería tener nada que ver con él, circunstancia que no recuerdo y de que dudo mucho. "
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Como decía, esto que narra Newman (y que merecería un comentario más extenso y detallado, pues las tres citas denotan bastante profundidad de intercambio de ideas y afectos) me reconcilia con Blanco, al que le cupo cierto papel en la "Vita" de Newman. Providencia, sin duda. Pero fuera lo que fuera y en el grado que haya sido, ciertamente la pérdida de Blanco se compesa con la ganancia de Newman (y sobreabundantemente, como la Providencia hace estas cosas, además).

El final de Blanco, después del desvarío unitarista, no sé cual habrá podido ser. Me refiero al final-final, no al biografiado. Uno que fue capellán real de la Capilla Real de la Catedral de Sevilla, no concibo que tenga un final sin misericordia, aunque sea de última hora, de último aliento, de extremo auxilio.

Pocas veces se han descrito con más acierto (y añoranza?) las ceremonias y liturgias de la Catedral de Sevilla, las que Blanco llevaría muy hondas cuando las evoca tan excelentemente desde su lejanía inglesa. "Pándite nunc Helicona, Deae !" Así encabeza en la Carta 9ª el apartado sobre la Semana Santa sevillana, con versos de la Enéida de Virgilio, como una erudita y pedantesca saeta...que no disimula lo que sentía por lo que iba a contar.
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Y me parece que "aquí queó!" Quiero decir que arrío el paso de Blanco, que bueno está lo bueno y pare usted. de contar. Si le hubieran adivinado que dos siglos después le íbamos a estar recordando en la Sevilla que dejó, no se lo hubiera creído. Pero me une a Blanco esa Stª Escuela de la que fue hermano, como Alfaraz y el que esto escribe lo somos ahora. Curiosa la coincidencia...o providencial, como todo.
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Llegados a este punto, me pregunto: ¿Querrá don José María que le apliquemos Misas? Cuestión que le encomiendo a mi confratello, por si hubiera que concertar algún discreto sufragio por nuestro "hermano ausente", para q.e.p.d. Amén.

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jueves, 28 de febrero de 2008

Blanco White 2

He querido añadir esta pequeña galería-semblanza de Blanco. Unas ilustraciones oportunas ayudan al texto, cuanto más si se trata de personajes reales, a los que no cabe poner una rostro imaginado, sino el suyo. Ignoro si existe algún dibujo o pinturita del Rev. Don José María Blanco, Capellán Real. Desde luego que me gustaría verla, pero no me consta que exista. La imagen más juvenil que conozco de Blanco es esta:



Supongo que el retrato se lo harían al poco de llegar a Inglaterra, en 1810, con unos treinta y cinco años, porque no se le adivinan más. La estampa romántica parece habérsele estereotipado en el tupé, las sienes peinadas hacia delante y las consiguientes patillas. Resulta un modelo muy del estilo de los personajes de los novelorios de Jane Austen, incluso ese aire de afectado clérigo-gentleman rural inglés.
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Este que sigue no sabría decir si es original o copia del anterior (o viceversa). Cuenta con la garantía de estar en la colección primera de la National Portrait Gallery de London, y está firmado por un tal J.Slater, en 1812; es decir, que Blanco tenía treinta y siete años cuando se lo hicieron. Mis dudas sobre la dependencia entre una y otra imagen son por sus evidentes similitudes, sin bien el primero acusa rasgos más juveniles, y más adultos el de la Portrait Gallery.


Este otro es un excelente retrato al óleo, con un Blanco más hecho, y por comparación con otros retratos, mucho más aproximado al personaje real. Del anterior retratado solo quedan la frente despejada, los labios finos y la nariz, más acarnerada que aguileña; pero ni los ojos, ni las cejas, ni el "aire", son los mismos. La pose de clérigo con clase, también es otra, aquí mucho menos romántica y más académica, más oxoniense.


Finalmente estos tres que siguen: El dibujo, que es el original, de Frederick Christian Lewis, grabado luego por William Behnes; y los otros dos óleos, que son copia-versión del primero, hechos ex-profeso para la Universidad de Sevilla, a fines del siglo XIX. Calculo que el dibujo será de, aproximadamente, la década de 1830, ya que Blanco aparenta unos cincuenta años, más o menos. Conserva cierto atuendo clerical, que en los dos óleos se ha disimulado con discreto lazo-corbata. Indudablemente es el mismo personaje del retrato oxoniense, incluso menos "idealizado" en el dibujo, pero plasmando el mismo perfil, y hasta el detalle de los ojos claros (azules-grises?), quizá miopes (un detalle de todos los retratos, son esas ojeras-bolsas debajo los párpados). Los dos óleos de la Universidad de Sevilla son, como se ve, bastante discretos.
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Quizá el Blanco sevillano que pudo haber sido, sea, más que ninguno, el del dibujo de Frederick C. Lewis, que me recuerda a otros personajes sevillanos contemporáneos, hasta en el vestuario.

Los amigos sevillanos de Blanco, los de su "círculo", fueron estos:

Manuel María del Mármol

Alberto Lista

Felix José Reynoso

Manuel María Arjona

Todos clérigos, todos hombres de letras, con currículum académico y hasta político; "afrancesados" más o menos (unos más que otros) y liberales (cuanto podían serlo sin desdoro de su posición). Todos muy cercanos en "perfil"a su ausente amigo José María, al que tanto y tantas veces añorarían.

Otra tesis que mantengo es que somos del tiempo que somos, sin remisión. Después, cada uno escoge época soñada o predilecta, para re-ubicarse o inspirarse...relativamente. Pero al fín somos de la generación en la que nos parieron. Como estos amigos y coetáneos de Blanco, tan próximos a él.

Nada en los presupuestos familiares-ambientales-histórico-culturales-religiosos de José María Blanco y Crespo supondrían un Blanco White, pero las circunstancias generales se impusieron sobre las particulares con el resultado de ese ilustrado-romántico-liberal, casi prototípico entre los españoles de su tiempo: Un español sin España, porque se había adelantado, y ni su Sevilla ni su España le acompañaban (aunque le seguían, e iban con él).

... (D. m. continuará, también) ...

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martes, 26 de febrero de 2008

Blanco White 1


Mi confratello Alfaraz ha sacado a relucir a Blanco y yo, que tenía pensado escribir algo a propósito de White, le tomo la palabra y sigo con el mismo tema (variaciones sobre).

A Blanco habría que leerlo todos los años un par de semanas. Me alarma, me irrita, enterarme de lo que se lee y a quien se lee, y descubrir lo que no y a quien no. Que un "culto" lea al último Werenganitho de Shuflas y sea analfabeto de Blanco, eso es crímen de lesa literatura y españolidad.

A estas alturas de mi cuarentena, sé muy bien que el japonés que estudia flamenco se va a la tumba (al crematorio me temo, más bien) sabiendo de Antonia la Gamba lo que yo de Yorimoto, poco más o menos. Y mantengo que el nacido entre los Pirineos y Tarifa que entiende de caviar y vodka y no sabe de jamón y manzanilla, es un capullo como el del emblema de Zp y su piara, poco más que menos.

Estoy firmemente convencido del localismo aborigen de cada quisque, que lo que sabe y entiende y aprecia y transmite bien es lo que ha mamado de la teta de su madre, pueblo, ciudad, región y/o nación (la fe incluída por gracia de Dios).

Y este es el caso de mi paisano y confratello José María Blanco y Crespo, que retornó al White de la mitad de sus antepasados cuando "se ausentó" de España y se plantó en Inglaterra, teniendo buen cuidado de dejarse el Blanco por su otra mitad, resultando ese semi-cursi Leucadio Doblado con el que firma sus célebres Cartas, que son Letters.

Unas cartas tan serias que el mismísimo don Marcelino Menéndez y Pelayo, a pesar de Blanco y las heterodoxias de White, reconoce que es el mejor documento literario de costumbres de la España de fines del XVIII y comienzo del XIX:

" Si las Cartas de Doblado se toman en el concepto de pinturas de costumbres españolas, y sobre todo andaluzas del siglo XVIII, no hay elogio digno de ellas. Para el historiador, tal documento es de oro: Con Goya y D. Ramón de la Cruz completa Blanco el archivo único en que puede buscarse la historia moral de aquella infeliz centuria...Pero es aun mayor la importancia literaria de la Letters from Spain. Nunca, antes de las novelas de Fernán Caballero, han sido pintadas las costumbres andaluzas con tanta fescura y tanto color, con tal mezcla de ingenuidad popular y de delicadeza aristocrática".

Esto dice Don Marcelino, y a Don Marcelino no se le discute la pesquis ni el buen gusto


Blanco habla de lo que sabe como nadie. Léasele si se está en el pecado de no haberle leído, y pruébese la honda sapiencia de White cuando escribe de Sevilla, de Andalucía y de España. Tanto atina, que todavía se reconoce en aquello que escribió todo lo de aquí que sobrevive incontaminado y genuino.

Yo tendría veinte años cuando me compré unas Cartas de España, la segunda edición, creo. Me escandalicé, ignorante, al enterarme que la primera edición española, en castellano, era de 1972, traducida por el catedrático sevillano Antonio Garnica Silva, que (confirmando mi tesis con exquisito gusto y ejemplo) aun siendo anglófilo de afición-formación y cátedra universitaria, se ha especializado en este personaje sevillano que escribía en inglés sobre Sevilla y España. A Garnica hay que agradecer casi toda la reactualización de Blanco White, directa o indirectamente. Aunque Sevilla no había olvidado a Blanco.

El caso de eventual olvido no podía darse porque Blanco es un nostálgico incurable, que hasta cuando clava el aguijón más crítico contra Sevilla está quejándose - ¡ay! - por su Sevilla. En sinceridad, el Cernuda relamido del hiper-mitificado Ocnos, es un desarraigado indolente que se canta como un narciso, comparado con Blanco, herido por Sevilla y rezumándola por todos sus poros.

Las Letters from Spain, enamoran, seducen, fascinan: Un aperitivo, una tapita con caña de manzanilla que abre las ganas de más...aunque se esté criticando a Sevilla, sus gentes y sus cosas. Y es que las escribe el más sevillano de todos los sevillanos que se fueron - porque quisieron, porque se tuvieron que ir, porque no pudieron volver - de Sevilla.

&. (D. m. continuará...)

lunes, 25 de febrero de 2008

Recogiendo el guante

Tente, mi amigo impertinente, me espeta que seguro que no conozco ni a un sólo cantante moderno de moda.

Esta es mi respuesta:

L'aria "Lascia ch'io pianga" del Rinaldo de Haëndel:




El joven se llama Philippe Jaroussky, francés - i presume - del mismo estilo, aprossimativamente, que Sarkozy.

En este otro youtube, canta un aria de Vivaldi (no dispone código para ponerlo aquí en directo).

No sólo Los Pirineos nos separan de Francia, como es evidente, oh Tente!

Pero impone más lo que nos separa de Alemania si la referencia es este mico-rapaz cantando una de las dos arias de la Reina de la Noche de la Flauta Mágica de Mozart:




¡Lloremos, pues! La cruda sorte etc. y todo lo demás, que hay materia y motivo abundantes.

Pero con música de Vivaldi en la dulce voz de Philippe Jaroussky, para que quede un lamento armonioso, por lo menos:






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viernes, 22 de febrero de 2008

Las predilectas


Vienen del brazo, tres y otras dos detrás. Visten chaquetones y abrigos oscuros, con pañuelos al cuello, los zapatos de tacón bajo. Caminan con un balanceo pesado, torpón, lento. Cada seis o siete pasos se paran un poco, y siguen otra vez, andando despacio, con cuidado.

Son las primeras que llegan a la Iglesia. Van primero al Sagrario; después escogen banco, que siempre es el mismo. Se sientan y empiezan a rezar el Rosario. Saludan con la cabeza o con la mano a las que van llegando. Cuando están a mitad de las Letanías, el sacristán comienza a rezar el Rosario a la Virgen del Consuelo, y ellas dejan sus Letanías y siguen el Rosario del sacristán.

Ya está llena la Iglesia. Rezan ahora las preces del Tríduo Doloroso y la coronilla de las Siete Avemarías, con rogativa por la concordia de las naciones, extinción de las herejías, conversión de los infieles y exaltación de la Santa Fe Católica. Ellas lo rezan todo, de carrerilla, apenas el Sacristán dice las primeras sílabas, que se saben de memoria desde niñas, y ahora todas tienen los ochenta cumplidos o van a cumplirlos pronto.

La gente más joven han ido ocupando los bancos de detrás y los laterales. Los primeros, detrás de la mesa de la Hermandad, son bancos de viejas, beatas de calidad, de solera. Como los vinos generosos, han ido mejorando con el tiempo, de año en año, de pena en pena, con la vida y con sus rezos. Las horas de Sagrario y Rosario las llevan en los ojos, que ya ven poco para coser, pero van penetrando mejor lo invisible, aquello que rezan sin meterse en complicaciones de doctrina, pero cada vez con más intuitiva profundidad, como cuando barruntan el tiempo porque les crujen los huesos. Con dos palabras y un suspiro exponen teología comprimida, que se cuece en puchero de lágrimas, a fervor lento, y se toma a sorbitos y a solas.

Llevan en el bolso calderilla para el pobre de la puerta y la canastilla del monaguillo. Todos los dias. Es la sisa de la economía, el diezmo doméstico, la reviviscencia del óbolo de aquella viuda a la que le han recogido el relevo, y ahora son ellas el Evangelio en céntimos de euro.

Cuando el cura en el sermón habla de penas, suspiran. Cuando el cura en el memento nombra a los difuntos, suspiran. Cuando se ponen en fila para la Comunión, suspiran. Cuando vuelven de comulgar, suspiran. Como si el alma necesitara más soplo, porque les ha crecido.
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Se van las últimas, después de pasar por el Sagrario y detenerse en algún altar, o en dos, o en tres, o en todos. Son viejas, y hacen las despedidas largas.

.Cuando al fin salen, dan las nueve y media en la torre del reloj, con dos campanadas dobles, lentas, al compás de su paso lento y torpón.


+T.

miércoles, 20 de febrero de 2008

Una Europa minada


En 1492, España reforzó el Ocidente Cristiano con dos hechos que satisfacían dos necesidades de toda cultura: Su estabilidad y su expansión. La estabilidad se conseguía blindando las fronteras del Mediterráneo occidental ante la historíca y nefasta penetración del Islam; costó ocho siglos (que podrían haber sido dos menos), pero desde esa fecha ese frente estaba asegurado. La expasión corrió a cargo de la gran empresa americana, una de las mayores de toda la historia, cuyo alcance, aunque evidente, todavía no se reconoce adecuadamente.

Mientras, la historia y sus historias habían dejado al descubierto el flanco oriental de Europa, amenazado desde siglos y arruinado finalmente al caer Constantinopla, pocos años antes de la toma de Granada, en aquel aciago 1453.

España y la Santa Sede terminaron también en Lepanto con el peligro de un Mediterráneo infectado de turcos y piratas, pero todo el oriente de Europa estuvo subyugado ominosamente bajo la dura férula otomana hasta el declive del la Sublime Puerta, en el XIX. Y todavía dura la resaca de aquello.

Que el criminal acretinado de Bush jr. meta la jeta en ese avispero heredado desde entonces, no me parecería mal si la bomba que estalle le reventara en su máscara de payaso yanqui. Pero la que se arme se armará aquí, a pocos kilómetros de Grecia, de Italia y de Austria, en mitad de esa antigua Yugoslavia que hoy es una Serbia desmembrada, humillada y rabiosa.

El enjambre histórico de esas imposibles fronteras con turcos musulmanes mechando la carne eslava ortodoxa, sólo se ha contenido cuando un poder fuerte les ha tenido en cintura, que es lo que hicieron el Imperio Turco durante siglos y Tito durante cuarenta años. Austria-Hungría lo intentó, pero acabó con un Archiduque heredero del Trono y su esposa asesinados, y la guerra más tremenda y letal que Europa había conocido jamás desencadenándose desde Sarajevo, en esa misma tierra que esta semana es noticia por lo de Kosovo y su precipitada, imprudente y temeraria "independencia".

Como me faltan dotes, no adivino qué pasará, pero como sé un poco de historia, me da escalofríos recodar lo que pasó. Lo que pasó tan recientemente que todavía están abiertas y sangrantes las heridas de las otras guerras de la ex-Yugoslavia. Recordar la 1ª Guerra mundial, me da más miedo todavía porque, aunque parezca un terrible sueño, las cosas que pasaron podrían volver a pasar con todos los mutatis mutandis de las circunstancias, pero quasi repitiendo la misma historia.

Yo prefiero una Yugoslavia más cristiana-eslava que turco-musulmana. Explicar todos los porqué sería tan largo como complicado. Pero el fundamental es que soy cristiano convencido, y también europeo medular. No me trago la bola de la "alianza de las civilizaciones" que inventó el mequetrefe de aquí, y creo mejor para la compleja y traumatizada ex-Yugoslavia un futuro que evolucione desde bases e instituciones cristianas que islámicas. Darle la venia a otra mini-república con la sharia optando a constitución, es activar y enterrar otra mina en ese hiper-delicado flanco de Europa.

No exculpo los horrores de la Serbia rabiosa y criminal, tan encanallada por la historia que la prostituyó y el marxismo que la adulteró, pero mis preferencias, por referencias, son estas:



Y no soy ingénuo.

&.

martes, 19 de febrero de 2008

O Fortuna


Aparte el formato quasi karaoke, pienso que es muy "cuaresmal" este montaje del O Fortuna de los Cármina Burana del maestro Carl Orff:





Orff tiene la extraña gracia y maestría de haber compuesto música clásica para un tiempo y en un tiempo en el que se había renunciado al clasicismo y optado por la improvisación pseudo-artística.

Un logro más de su genialidad es el de haber traducido en notas una extraña literatura ensalzándola, dotándola de un grado más alto de arte que el que los versos goliardescos tenían en sí, simbiosis que se logra muy raramente.

Si el Orff mil veces criticado por conservador y reaccionario (la piara siniestra no perdona nunca las genialidades de ningún tipo a la vez que impone sus mediocridades de toda laya) es un creador ajeno a su tiempo, que lo digan las veces que nuestro tiempo ha acudido a Orff y sus Cármina para expresarse.



Como yo estoy haciendo ahora, proponiéndola como música "cuaresmal".

Es porque la letra parece tan propia para un primer paso de contemptu mundi:


O Fortuna
velut luna
statu variabilis
semper crescis
aut decrescis;
vita detestabilis
nunc obdurat
et tunc curat
ludo mentis aciem
egestatem,
potestatem
dissolvit ut glaciem.
Sors immanis
et inanis,
rota tu volubilis,
status malus,
vana salus
semper dissolubilis,
obumbrata
et velata
michi quoque niteris;
nunc per ludum
dorsum nudum
fero tui sceleris
Sors salutis
et virtutis
michi nunc contraria
est affectus
et deffectus -
semper in angaria.
Hac in hora
sine mora
corde pulsum tangite;
quod per sortem
sternit fortem,
mecum omnes plangite

O fortuna - como la luna- en estado variable - siempre creces- o decreces - vida detestable - que ahora dura - y después preocupa - en el juego la punzada - de pensar en la indigencia - la potestad - derrites como hielo - Suerte desmesurada - y vacía - tú rueda voluble - mal asentada - hueca salud - siempre disoluble - ensombrecida - y velada - también resplandeces para mí - ahora por el juego - la espalda desnuda - llevo de tu calamidad - suerte de salvación - y de virtud - para mí ahora contraria - es afecto - y defecto - siempre forzado - En esta hora - sin demora - tocad el pulso en el corazón - lo que por la suerte - derrumba al fuerte . llorad todos conmigo!

Muy "cuaresmal", ¿verdad?

A la letra (traducción bruta-literal-macarrónica de un servidor) que describe la fatal variabilidad de eso que llamamos "fortuna", Orff le ha puesto esa música tan poderosamente turbadora y fascinante a la vez.

¿Qué más digo a propósito? Diré que estamos en las antípodas, en el reverso de otro mundo que bien pudiera simbolizarlo el emblema y el mote cartujano:

"Stat Crux dum volvitur Orbis", tan cuaresmal también.

Son dos referencias que siguen polarizando el mundo y a los hombres: Los que se suben a la rueda de la fortuna y los que se vinculan al eje de la Cruz. ¿Hay un medium virtutis, un centro equidistante que sirva de ubicación circunspecta a los que aborrecen (o temen) los polos? No sabría decir; pero parece - según los cartujanos - que lo único inmovil, firme, bien asentado, estable y constante, es la Crux.


Sub specie aeternitatis decían los antiguos que había que considerarlo todo. Y parece que el eje extático está más conforme con la species aeternitatis, ¿no?

Lo que pasa es que desde chicos - ¿por qué será? - nos gusta montar en tiovivo. Debe ser por algo del pecado original, la concupiscencia, y todo eso. Pero más cuenta nos trae que vayamos ensayando la eternidad, que es lo que va a durar, verdaderamente.


+T.