martes, 11 de septiembre de 2007

De membrillo

Aunque nos bombardeen todos los dias a todas horas con el climático cambio, ya sudamos en Sevilla la calor del membrillo. Con la misma sensación pegajosa que padecieron antes del cambiante clima mis abuelos, bisabuelos, moros, visigodos, romanos, fenicios, tartesos, y nietos de Adán y Eva que incolaran los primeros el Valle del Guadalquivir (desde que el rio se hizo su valle, claro).
El membrillo es fruta áspera de tacto y pulpa, de esas que hay que aderezar con confituras para que se pueda presentar en una mesa como Dios manda. Pero para los chiquillos, es un reto tentador morder y sentir los dientes largos y la lengua áspera con una gamboa. Gamboas es como se les dice a los mebrillos en mi pueblo. Es un nombre rotundo, apetitoso, que llena la boca al decirlo, como la fruta que apela: Gamboa.

Las traían en canastos de los huertos, para dejarlas estar hasta que se hicieran por Noviembre las compotas y la carne de mebrillo, una exquisitez de cocina conventual que en Sevilla alcanza el summum en la repostería de las Jerónimas de Santa Paula, una perfección indudable.

Antes de reservarlas para la conserva dulce, los niños lampábamos por coger una gamboa y sentir el escarrapelo de la carne recia llenándote la boca; como algunos venían todavía pasando del verde al amarillo, sin madurar, la acidez y la aspereza te estremecían de la coronilla al talón, como un calambre de fruta.

Ninguno terminaba su gamboa, y todas quedaban mordidas por la mitad, con marcas de bocados que se ennegrecían al momento, como los dientes.

Una fruta fuerte para un tiempo de calor característico. En mi pueblo son ya pocos los huertos que recogen gamboas; pero la calor del membrillo sí que vuelve todos los años por Septiembre.


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lunes, 10 de septiembre de 2007

Gimnasia


Me ha fastidiando el desajuste de mi horario particular para seguir las retransmisiones de los Mundiales de Gimnasia. Un reloj en Stuttgart y otro en Sevilla, no deberían estar tan desacompasados.

Lo contrario que los formidables gimnastas, todo armonía de física y movimiento. A la potencia corporal del atleta, el gimnasta añade agilidad sincronizada y una más estética expresión corporal, con notas de un estatismo más logrado que en las pruebas atléticas de fuerza y velocidad.

Son cuerpos desenvolviéndose en la superación tridimensional del espacio, modelándose en el aire, liberando formas de potencia y volumen de armónica capacidad expresiva, expresión de dominio orgánico.

Yo nunca hice bien la gimnasia, uno de mis infantiles tráumas que sabe Dios qué lesiones me habrá dejado en la complicada e impresionable psiquis. Quiero decir que fuí enclenque, timorato y patoso para todo lo que fuera deporte, desde la elemental gimnasia del parvulario hasta la temida gimnasia del bachillerato, asignatura que me aprobaban por gratia gratis data, casi milagrosamente. Por eso, quizá, admiro y disfruto más viendo saltos y ejercicios de potro, caballo, plinto, barra, anillas, paralelas, suelo...

También me atrae la individualidad casi heróica de este tipo de deportes, tan diferente de los de equipo. Los retos y la superación de marcas personales se desenvuelven en un plano de concentrada interiorización, a veces dramáticamente evidenciada en la misma ejecución de las pruebas, con el gimnasta expuesto al público en la soledad de su propia capacidad y fuerza. Cada vez que salga a la palestra será no uno entre otros, sino el sólo vencedor o el único vencido.

Y con una inclusión del espíritu más clásico que enseñaba el ideal de la armonía entre mente y cuerpo, dominio interior y fuerza externa, imperar desde dentro y vencer fuera, sin que aflore al rostro la tensión penosa del esfuerzo en la prueba.

Αταραξία , llamaban los griegos a algo parecido a eso que logran y transmiten los gimnastas desde Stuttgart. Los medios, entre los "deportes de masas" y su publicidad, apenas lo cuentan.


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jueves, 6 de septiembre de 2007

Biólogos, alquimistas y brujos


Me da escalofríos lo del embrión fifty-fifty humano-vacuno que están aliñando en Inglaterra, sin obstáculos. Tampoco - no problem - habrá trabas para la empresa en España, donde legalmente cabe porque se ha hecho ex profeso una legislación para que quepa. Eso mismo que están haciendo allí, se hará pronto aquí también, que no somos menos libres, modernos, capaces y pérfidos que Albión.
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De repente, al postmoderno siglo XXI ha retornado el "homúnculo", ese proyecto delirante de la alquimia medieval que pretendía hacer una especie de hombre sublimando en una alquitara los elementos adecuadamente mezclados. Se sabía absolutamente, indiscutiblemente, cuales eran los ingredientes a combinar: Agua, aire, tierra y fuego, los cuatro elementos del viejo Empédocles; se dudaba en las proporciones de la combinación; pero se confiaba en el resultado final, siempre perfectible.

Todavía en pleno XVI, Paracelso ensayaba con estiércol de yegua el calor adecuado para la retorta en la que debería later el engendro. No sé si en el gabinete del estrambótico emperador Rodolfo se cocerían las últimas tentativas para lograr el homúnculo, pero la ciencia positiva del XVII-XVIII se derivó de aquellos antros de la alquimia, que traspasó los matraces al laboratorio de Lavoisier sin solución de continuidad.

Después la literatura heredó el tema con la misma trama fascinante del sabio que fabrica vida humana. Del alquimista del XIV a Mary Shelley y su novelorio del Dr. Frankestein, sólo dista lo que va de una gárgola gótica a una neo-gótica, con invariable sustancia.

La misma que luego fue perversamente reintentada en los pabellones de Austzwich, Dachau o Treblinka, con un Mengele en vez de un Frankenstein actuando con materia humana real, viva, manipulable.

Lo de ahora es el siguiente capítulo de la misma terrorífica secuencia de ciencia-ficción-realidad. Con la diferencia de que todo Occidente con el peso de su irrenunciable modernidad "apuesta" por el "progreso" y la "ciencia", como sea y a costa de lo que sea, encubriendo con leyes el horror y dictando el discurso irrevocable de que esto es ciencia y aquello fue crímen.

Ellos no se ven el rostro, pero son los mismos Mengele-Frankestein-Paracelso-Flamel...y así una larga secuencia de perfiles desde un Bernat Soria a un brujo de novela gótica, Saruman incluído.

El híbrido de embrión humano-vacuno ya tiene pseudo-nombre: Se le llama "quimera", para despistar y con una intencionalidad de coartada "clásica", supongo.

Un dia cualquiera, uno de estos bió-alquimistas, tentará elaborar sirenas y centauros; y otro buscará un necronomicón perdido para conjurar alternativas de vidas contrahechas. No estamos tan lejos de Lovecraft, me temo.

Pero se ha trazado la secuencia a la inversa, progresando en degradación perversa del científico al alquimista al brujo.
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¡Qué miedo!


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martes, 4 de septiembre de 2007

Noches sin luz


A propósito del aniversario de la muerte de Teresa de Calcuta (Beata Teresa de Calcuta), han sacado a relucir ciertos pasajes de su epistolario en los que escribía eso de lo que saben los que entienden de estas cosas, tan poco aptas para que salgan publicadas en la frivolidad insustancial de un telediario, o un periódico de prensa.

"Cuentas de conciencia"; así se llaman esas confidencias, "cuentas de alma" que un cristiano hace a su director espiritual, o a personas de su íntima confianza, o a algún superior religioso; por necesidad de consulta, por apremio de conciencia, como ilustración del estado interior, como expansión espiritual...

Estas cosas no deberían trascender más allá. Son, por sustancia, de naturaleza reservada; se cuentan por lo que se cuentan, a quien se cuentan, y por lo que se cuentan. Decían en las noticias que Madre Teresa pidió expresamente que esas cartas en las que se contienen estas cuentas de su alma, las quemaran; pero sus íntimas colaboradoras, sus hijas misioneras de la caridad, decidieron conservarlas. Hoy son materia de exámen para su causa de canonización, y un precioso testimonio de la probada vida interior de una Santa de fines del XX.

Las "teresas" son así. Desde la primera, gran Teresa de Jesús, hasta esta de Calcuta, pasando por la de Lisieux. Sienten hondo, ya sean consolaciones que las transverberan, ya desolaciones que las dejan en desconsuelo de alma, muy hondo, muy oscuro. Y lo escriben, además. Tremendas, las teresas, nuestras teresas.

A mí, particularmente, no me gusta ver publicadas cosas así, de Santos, en medios tan poco santos y para un mundo/una gente que cada vez sabe menos de Santos, ni aspiran a ser Santos. Mantengo, además, que a los "incipientes" les puede confundir, llevándoles a la presunción de hacer paralelos entre lo que les pasa a ellos y lo que pasaron los Santos...y eso es, también, vanidad.

De estas cosas entiende la Iglesia, que tiene doctores para esto (por cierto que hace unos días ha muerto un docto en estas especialidades del interior cristiano, el venerable Don Baldomero Jimenez Duque, casi centenario, abulense como Teresa y contemporáneo de esta otra Madre Teresa; que esté tan alto como docto fué, con gloria, Amén.)

Nosotros, los pobres pecadores, los que rondamos el Castillo o apenas estamos en sus umbrales, no padecemos noches oscuras de alma, como los Santos místicos; nosotros sufrimos los efectos y consecuencias de nuestros pecados, que es otra cosa. Otra cosa que dicen los doctos y peritos del alma que hay que pasar para adelantar en la senda de la perfección cristiana y prosperar en la ascética, de virtud en virtud etc. etc. etc. Amén Jesús ,y que ustedes lo vean y lo disfruten con salud (de alma mayormente, of course). Amén, otra vez.

Yo fuí pequeño testigo de un chispazo de aquellas desolaciones de Madre Teresa de Calcuta:

Fué en Roma, 1990-91. Nos avisaron que había profesiones de "calcutas" en la casa-convento que tenían en el Celio, y que estaría Madre Teresa en persona. Al fín no pude ir, pero mis amigos volvieron impresionados con la "escena" vivida con Madre Teresa. Terminó la Misa de profesión de las religiosas, y llevaron a Madre Teresa a la Sacristía, para saludar a los sacerdotes celebrantes. Fueron pasando ante ella, con tanta curiosidad como veneración. Y mientras la saludaba uno de nuestros amigos sacerdotes, Madre Teresa le retuvo la mano entre las suyas y, mirándole fija y profundamente, le dijo:

- " Padre, padre ¿cosa debo fare per amare piú il Signore?" Padre, padre, ¿Qué tengo que hacer para amar más al Señor?".

El joven sacerdote no salía de su estupor, mudo como una piedra. Cuando nos lo contó, la perplejidad primera se convirtió después en materia para muchas reflexiones, y meditaciones, y oraciones, y predicaciones...Más o menos como esta de ahora.

Poco después pude yo también saludar en persona a Madre Teresa; providencialmente, un Miércoles de audiencia general, cuando iba desde la entrada del Santo Uffizio a la casita del Dono di María que Juan Pablo II había encomendado a las Misioneras de la Caridad, las calcutas, en la esquina de Porta Cavallegeri. Madre Teresa, tan anciana, entre dos monjas más jóvenes, se paró y se entretuvo brevemente con algunos peregrinos y sacerdotes. Le estreché la mano, se la besé, y todavía recuerdo el tacto - huesudo, descarnado, pellejón y suave - de sus manos de anciana; también sus ojos, profundos entre arrugas, muy humildes, muy amables, silenciosos y emocionantemente sinceros.

Cuando paso por allí, por la acera junto a la edícola de la Virgen "ab Ángelis defensa", recuerdo estas pequeñas, personales, íntimas "florecillas" de la Beata Teresa de Calcuta.

Los Santos, los de las noches desconsoladas con su alma a oscuras, están entre nosotros, caminan entre nosotros.

Son lamparitas del Dios de Dios-Luz de Luz que nos hacen ver la Luz.


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Peligro neocons


Unas recientes observaciones de Henry Kissinger:


«si pudieran, derrocarían el gobierno chino, ruso, iraní y también el norcoreano; y la definirían estrategia a largo plazo. Yo, en cambio, pienso que los americanos no tenemos ni la capacidad, ni la constancia para ser los padrinos del universo»

Aparecieron publicadas en el diario alemán Die Zeit y el italiano La Repubblica el pasado 28 de Junio, en una entrevista en la que el político americano hablaba, entre otras cosas, de las peligrosas tendencias de los neoconservadores, a quienes se refiere en la cita.

Ese Henry Kissinger me resulta odioso desde que empecé a verle aparecer en la tele, cuando yo era un chiquillo; una de esas antipatías espontáneas que después, con el tiempo, se confirman razonablemente. Si me hubieran pronosticado que algún día iba a concordar en una opinión de la peculiar visión geo-política-estratégica de este odioso personaje, hubiese dicho que no, que eso sería muy poco probable.

Ma, ecco il caso! Voilá, mes amís!

No sé si el tremendo comentario será de despecho, al verse superado por la terribilidad temeraria de los hechos del sangriento payaso Bush jr. (con su padre Bush sr. dos baldones king size para la gloriosa historia contemporánea de los USA, tan impóluta como es sabido). Pero el comentario de Kissinger es tan acertado, tan afiladamente certero.

Von Ranke escribió que:

"No es tan facil cambiar las direcciones adoptadas por una potencia, porque poco a poco se han fundido con su esencia propia"

Inteligente, ¿verdad?; también una verdad probada históricamente tantas veces, passim. Y amenazadoramente presente en las temeridades de los neocons.

Me gusta que el odioso Kissinger haya adquirido con los años esa descarnada y autocrítica sinceridad, ya que, en definitiva, está arremetiendo contra su propia prole. Pero me da escalofríos suponer que habrá que esperar a que los feroces neocons tengan ochenta años cumplidos para que atinen a corregir, y hacer críticas semejantes a las de su papá Kissinger.

Y mientras tanto, a temer qué nuevo Irak se inventan los epígonos.


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sábado, 1 de septiembre de 2007

Atletismo


Son de las pocas retransmisiones deportivas que veo con gusto y atención: Las pruebas de Atletismo de las Olimpiadas y los Mundiales.

Es deporte-deporte, quizá el más genuino y clásico, con tantas referencias a auténticos pilares de nuestra Cultura Occidental. Siendo estudiante universitario escuché una conferencia de uno de mis profesores en la que comentó que la punta de la evolución antropológica de la especie humana se mide y se celebra en las Olimpiadas, especialmente en esas pruebas de atletismo donde se realiza el ideal-lema citius, altius, fortius.

Me pregunto a propósito si la gente, tan moldeada por la propaganda temática impuesta desde los medios y los convencionalismos sociales y políticos en curso, advierte que cuestiones tan actuales como la igualdad de sexos y de razas - temas tabú de nuestra civilización postmoderna - resultan en franca evidencia durante estas competiciones donde hombres y mujeres compiten por separado, y en las que es facil apreciar la competencia y adaptabilidad física de los indivíduos de las diferentes razas para según qué tipo de pruebas.
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Indiscutible también la superioridad de los deportistas en paralelo a la fuerza política-económica-cultural de los respectivos países. En este sentido, las competiciones de convocatoria mundial se convierten en una galería de naciones demostrando qué y cuánto son.

Lo mismo sobre algunos logros de los pasados regímenes comunistas, que supieron formar y mantener todavía una excelente élite deportista, no digo ya en la China colosal, sino en los restos de las repúblicas desmembradas de la antigua federación soviética, o en la aislada Cuba caribeña.

Otro particular admirable: Los progresos de las transmisiones, puesta en escena, técnicas de imagen, cámara, pormenores, comentaristas. Todo un alarde de la mejor televisión, con una calidad indiscutible sólo superable por la siguiente ocasión, en la que todo será más y mejor.

A pesar de todas estas excelencias no es un espectáculo de masas, sino de élites, tanto de los que lo protagonizan activamente como atletas, como de aquellos que lo disfrutamos como aficionados y espectadores. Quizá también por eso es de las pocos eventos deportivos que espero y disfruto.

Me agrada pensar que no estamos tan lejos de la antigua Olimpia, a pesar de que el histórico recinto haya estado a pique de arder entre los olivos y laureles del Peloponeso en llamas. Y para dentro de dos veranos - D. m. - más atletismo y en Olimpiadas (aunque sean en ese descomunal reducto comunista de la China).


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jueves, 9 de agosto de 2007

De género homínis


Hace un par de dias que leo en la prensa noticias que me han vuelto a la clase de Prehistoria, cuando el Dr. Enrique Vallespí se apasionaba en el áula contándonos la aventura de los Leakey en los barrancos de Omo y Olduvai.

Por un lado, el esqueleto de Lucy, la australopiteca, ha dejado la sala del Museo de Addis Abeba y está de gira por los EEUU recaudando dinero para su Museo de Addis Abeba. Unos dicen que aguantará; otros dicen que volverá echa polvo del viaje; yo digo que como se descuiden los que la cuidan, se vuelven a Addis Abeba con una réplica made in USA (y con el dinero, claro). Y quizá sea lo mejor para el Museo y para Lucy.

También publican la aparición de restos que demuestran la coexistencia, no la sucesión, durante un mismo periodo de los H.hábilis y los H.erectus, lo que descalificaría la teoria de la evolución de pre-homínidos y homínidos en esa secuencia de especies.
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Y, tercera noticia sobre lo mismo, parece que se prueba que los primeros pobladores humanos de Europa proceden de Asia y no de África.

A ver en qué queda la cosa. Cuando más firmes parecen las hipótesis, nuevas y probadas teorías vuelven a replantear el rompecabezas de la evolución y el origen del hombre. A mí, que me apasiona todo eso y le tengo devoción a Teilhard de Chardín (sapiens haeresis) y leo con gusto artículos como los de estos dias, me dejan relativamente indiferente porque, en el fondo y al respecto, yo no salgo de los primeros 11 capítulos del Génesis, tan sugestivos: Antropologia Perennis.

Pero he vuelto, cada vez que leía uno de esos artículos de divulgación científica, a recordar medidas y capacidades craneanas, anchuras de pelvis, robustez de mandíbulas, arcos superciliares, esqueletos y tipos antropomórficos. Y la voz del Dr. Vallespí, gangoseando, pronunciando un interesante monólogo sobre Lucy y las formas más gráciles de otros restos encontrados y estudiados por los Leakey.

Yo tenía 17 años, estrenando Universidad.

Paradójicamente, las estratigrafías más remotas de la paleoantropología, me rejuvenecen cada vez que me las encuentro.

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sábado, 28 de julio de 2007

Un patio para el calor

Blanco White, en sus Cartas de España, describe muy bien cómo es una casa sevillana; Pemán tambien tiene un artículo o dos en los que cuenta los agradables aciertos de verano y los desapacibles defectos de invierno de nuestras casas.

Se bromeaba antiguamente que los sevillanos, cuando levantaban una casa nueva, le decían al maestro de obras - "Hágame usted un buen patio...", y con eso ya estaba encargado lo principal; las salas, habitaciones y alcobas eran simples piezas secundarias, porque lo importante era el patio.

En el siglo XXI de los minipisos y apartamentos uni-personales, aquellas casas de patio son un auténtico paraíso (perdido, claro). Yo entiendo que son más romanas que moras, que la morería aprendió y aprovechó lo que ya existía: Patios, fuentes, arriates, macetas; todo eso es romanísimo, como lo de las simples fachadas a la calle y la concentración de lo decorativo de puertas adentro, para el disfrute privado y no la ostentación aparente.

En las ciudades, pocas se conservan ya, pero así han sido hasta hace poco las casas de nuestros pueblos, donde quedan más. En una de ellas me crié y viví los años de mi infancia, entre patios y cuadras, salas, salones y alcobas. El fresco de los patios por las mañanas, la vela de toldo blanco al mediodía, y las corrientes de ventanas y puertas abiertas, con arrriates y macetas recien regados por la tarde, creaban ese ambiente de frescura, ya luminosa, ya umbría, que templaba el insufrible calor de Julio y Agosto.

Ahora son los grandes calores, de Virgen a Virgen, del Carmen a la Asunción. Cuesta hacerse a estos primeros y más fuertes, con la molestia del sudor y el medio sueño, la chicharra de siesta y el grillo de madrugada. Si la noche ha sido pesada, se ansía la mañana, a ver si amanece fresca; con sólo salir a la calle temprano, ya se adivina el día de calor que va a hacer.

En un piso de Sevilla, recordar las tardes de mecedora, con el velador de mármol y los jazmines, el platito con los nardos delante de la Virgen, el sonido de los abanicos...es evocar un pequeño paraíso.

Pequeños paraísos, tan sentidos y recreados que casi dan frescura, como un aire en corriente entre ahora y entonces.

Si un día puedo, diré también que me hagan un patio con casa.
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