miércoles, 18 de febrero de 2015

Notas De Ceniza


El rito de bendición e imposición de la ceniza es un sacramental de esos que, considerando la extensa e intensa demolición de los antiguos rituales de la liturgia católica romana perpetrada en el post-concilio, han sobrevivido quasi milagrosamente, aunque alterado por la nueva liturgia, que retocó, desmejoró y empobreció todo. En la actualidad ya se proponen y practican novedades, a gusto de la ocurrencia de cada sacerdote, improvisándose formas extrañas, neo-rituales que intentan desterrar la ceniza que sería, dicen, poco 'significativa', extraña para la cultura del hombre moderno, y la sustituyen por otros elementos simbólicos de la conversión, un término preferido para excluir el concepto tradicional y evangélico de penitencia.

Sin embargo la penitencia es el meollo de toda la espiritualidad cuaresmal, siendo una de las partes integrantes de la predicación del mismo Cristo: El 'Convertios y creed el Evangelio' es la versión moderna de los textos evangélicos que hablan de penitencia, un concepto que incluye la conversión, obviamente, pero que parece repugnar a la pastoral del postconcilio, cuyo optimismo omnímodo se orienta según un 'espíritu positivo' que ignora y pretende erradicar el 'contenido negativo' que atribuyen a la penitencia como tal concepto, práctica y hábito. Sed contra, los textos de los Santos Evangelios coinciden en la proclamación de la penitencia como parte nuclear de la predicación mesiánica:


"...paenitentiam agite adpropinquavit enim regnum caelorum"                     Mt 4, 17

"...paenitemini et credite evangelio"                                                                Mc 1, 15

"...non dico vobis sed si non paenitentiam egeritis omnes similiter peribitis" Lc 13, 5


La penitencia es un hábito de vida que, movido y sostenido por la gracia divina, conduce a la santidad y la perfección según el paradigma de Cristo; es decir, que un proceso de conversión es en realidad un itinerario penitente, aquel decurso propio de los viatores que viven aspirando a cumplir la voluntad de Dios siguiendo, fielmente, con la cruz de cada día, a Cristo el Señor.

En este sentido, el signo de la ceniza es un recordatorio que advierte de la vanidad efímera de lo humano, la insustancialidad de propósitos y proyectos que dependen de la fragilidad del hombre creado del polvo de la tierra y destinado a volver a él. "Sin mí no podeis hacer nada" (Jn 15, 5), nos advierte Cristo.

En la poderosa y tremenda imaginería de la profecía de Ezequiel 37, la palabra predicada por el profeta regenera los miembros muertos y secos, y el espíritu les insufla vida nueva, quedando el erial de muerte constituido en un ejercito dispuesto para combatir y vencer. Una visión válida para ilustrar nuestra Cuaresma y el sentido de la imposición de la ceniza.

La Iglesia comienza con la ceniza cuaresmal lo que culminará con el fuego de Pentecostés, una paradójica secuencia invertida, desde lo inerte consumido a la viva lengua ardiente, las llamaradas del Espíritu enviado por Cristo, que enciende la caridad y el fervor en las almas.

En el antiguo Pontificale Romanum aparecía como ceremonia propia del Miércoles de Ceniza el rito 'De Expulsione Poenitentium ab Ecclesia in Feria Quarta Cinerum' (véase aquí), uno de esos sacramentales actualmente perdidos y no restaurados, aunque deficientemente suplidos, supongo que vigentes entre los afortunados que conservan y practican el Vetus Ordo. En el momento de la imposición de la ceniza a los penitentes públicos que van a ser despedidos hasta su reconciliación en la mañana del Jueves Santo, el obispo usaba una fórmula más completa que la utilizada en la simple imposición a los fieles comunes, pues dice: 'Memento homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris: age poenitentiam, ut habeas vitam aeternam.'

Esa animosa exhortación, tan positiva, que complementa a la terrible admonición del versículo del Génesis, me parece una pequeña joya del gran tesoro del eucologio católico: "...age poenitentiam, ut habeas vitam aeternam! "

Agamus, ergo, fratres, poenitentiam ut habeamus vitam sempiternam.

In Christo, Domino nostro.

Amen.


+T.

jueves, 12 de febrero de 2015

Monstruos benedictinos

Ravasi sin capisayos, al natural
El Papa Benedicto nos dejó al irse una insufrible galería de monstruos eclesiásticos. No discuto las razones porque desconozco los motivos de nombramientos, elecciones, promociones y permanencias. Lo que sí mantengo es el pésimo juicio que me merecen los Maradiaga, Tagle, Marx, Ravasi, Fisichella & cia.


Ravasi con pileolo y filetata

El monstruo Ravasi, que se reedita continuamente para justificar su entidad cultural en la poco parnasiana corte francisquista, dicen que ha propuesto, para la nueva curia, la constitución de un 'polo cultural', que no es un helado congelado de bellas artes con palito para chupar y refrescar la vis estético-católica, sino una una especie de concentrado para mandar más y mejor, como el anillo único, para dominarlos a todos.


Marx, una eminencia esférica, global, sin ángulos, todo curvas

El monstruo Marx - cada día de perfil más bávaramente grueso, más 'salchichoso', todo cara espejo del alma - también ha eructado una novedad, una parida a propósito de la reforma de la curia. Sorprendente y contradictoriamente, piensa que urge desclericalizar, pero no da ejemplo y pontifica elucubraciones con insoportable tufo des-católico. Debería regalarnos una auto-desclericalización en primera persona, y quedaríamos muy edificados.


N. b. Dado el conocido carácter anti-católico de los mendas gobernantes-manipulantes de RD, léanse los enlaces a su nada-católica web con la precaución, el discernimiento y el juicio ponderado que hay que mantener cuando se leen cosas publicadas in situ ille por semejantes profesionales de la kaleborroka eklesiastikoide.


+T.

miércoles, 11 de febrero de 2015

In Memoriam


Hace dos años ya de aquella mañana de la alocución a los Cardenales, cuando anunció que dejaba vacante la Santa Sede, leyendo suavemente, con discreta voz, el documento en latín que - ¡ay! - pocos de los presentes entendieron.

Fue como si se hubiera auto-fulminado, él sabrá por qué. Cada vez es más obvio que se vio sometido a presiones internas y externas, de propios y extraños, indignos todos del Benedicto a quien asediaron.

No fue indefectible, pero de su calidad cada día somos más conscientes.

Se le añora a cada momento. No por nostalgia, sino por forzosa comparación con la penosa realidad, esa que aplauden los necios poco-católicos del des-catolicismo.

El tiempo, como a todos los grandes, le hará justicia a su memoria.

Su renuncia fue una herida que aun sangra y duele.


+T.

viernes, 6 de febrero de 2015

Burke claro, sólido, rectilíneo


Seguramente comparto bastantes opiniones católicas con el Emmº Leo Burke, el Cardenal que destaca entre los cardenales. Hoy me he alegrado de saber que el Reverendísimo no admite cleriguillas trasvestidas de monaguillas; yo tampoco, of course. Por eso han arremetido contra el Cardenal, por no prestarse a la confusión de quienes bajo la manta de las niñas de altar esconden la pretensión de una futura hembra ordenada.

Conozco el caso de un cura que mandaba a los monaguillos a unas convivencias que organizaban en la Delegación de Pastoral Vocacional. Hasta que comprobó que a esas convivencias también iban y admitían niñas. Cuando llegó la siguiente ocasión, volvió a interesarse preguntando en directo a uno de los responsables -¿Irán niñas 'monaguillas'? El responsable, un poco extrañado, respondió -'Bueno, sí; si vienen niñas, como otras veces, también estarán en la convivencia'. -'Ah, entonces no mando a los monaguillos. No me gustan estas confusiones. Si son convivencias con sentido vocacional-sacerdotal, no deberían Uds. prestarse a la confusión'.

En el blog 'Messa in Latino' comentan que el autor del articulete de Vatican Insider que arremete contra el Cardenal Burke, un tal Gianni Gennari, es un cura renegado, casado, militante comunista y ahora periodista de vanguardia des-católica (estilo 'religiondigital', para entendernos). Poca credibilidad católica y visceral anti-catolicismo de pluma hiriente y tinta corrosiva, en suma.

El ex-cura filo-monaguillas arguye contra Burke aquella desgraciada y desafortunadísima disposición permisiva que se ha ido extendiendo, según tendencia vaticanosecundista que generaliza y universaliza una concesión bastante restringida. El último documento - creo recordar - que se refiere al caso es la Instrucción Redemptionis Sacramentum, de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, del año 2004, con el Cardenal Arinze de prefecto:

" 47. Es muy loable que se conserve la benemérita costumbre de que niños o jóvenes, denominados normalmente monaguillos, estén presentes y realicen un servicio junto al altar, como acólitos, y reciban una catequesis conveniente, adaptada a su capacidad, sobre esta tarea. No se puede olvidar que del conjunto de estos niños, a lo largo de los siglos, ha surgido un número considerable de ministros sagrados. Institúyanse y promuévanse asociaciones para ellos, en las que también participen y colaboren los padres, y con las cuales se proporcione a los monaguillos una atención pastoral eficaz. Cuando este tipo de asociaciones tenga carácter internacional, le corresponde a la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos erigirlas, aprobarlas y reconocer sus estatutos. A esta clase de servicio al altar pueden ser admitidas niñas o mujeres, según el juicio del Obispo diocesano y observando las normas establecidas."

El texto mantiene y alaba la consideración vocacional del ministerio acolital de los niños, y sólo al final concede la posibilidad de las féminas sujeta al juicio del los Obispos en sus respectivas diócesis. El caso es que pocos obispos han reglamentado formalmente el supuesto de niñas-monaguillas, como si importara poco. Al final las cosas se aceptan sin más problema que las quejas de los recalcitrantes católicos, anclados en otros usos de otros tiempos. Usos genuinamente católicos de tiempos más católicos, tradicionalmente vivos, sin necesidad de hermenéuticas.

Lamentablemente ya no vige el cánon del antiguo Códex, tan claro:

"Can. 813. § 2. Minister Missae inserviens ne sit mulier, nisi, deficiente viro, iusta de causa, eaque lege ut mulier ex longinquo respondeat nec ullo pacto ad altare accedat."

El ministro que sirve en la Misa no sea mujer; a no ser faltando un hombre, por justa causa, asista con la obligación de responder (las oraciones del Misal que reza el monaguillo en respuesta al sacerdote celebrante) a distancia y no se acerque al altar por razón alguna.

La tendencia de conceder poco a poco algunas cosas, además de hipócrita contemporización con la dictadura del feminismo, supone actuar según una corrección política incompatible con la doctrina, el credo y la tradición de la Iglesia respecto a cosas esenciales. En el fondo, lo de las 'monaguillas' es jugar con algo tan sagrado como el Sacerdocio, cuya esencia no es un capricho de la historia sino parte fundamental-constitutiva de la Iglesia de Cristo tal y como la quiso Cristo y sus Santos Apóstoles nos la transmitieron

El resistirse a admitir 'monaguillas' no es escrúpulo de Burke. No es un detalle menor: Es un síntoma de algo muy grave, aviso de la descomposición que sufre el catolicismo desde hace cincuenta años. Medio siglo de crisis crónica, con el Sacramento del Orden especialmente afectado y amenazado.


+T.

martes, 27 de enero de 2015

Pecando (en femenino) contra el Espíritu Santo

Ayer tarde rezaba el Papa en San Pablo Extramuros por la unidad de los cristianos; hoy se atentaba sacrílegamente contra esa espectral unidad. Parece como una parodia irreverente, aberrante, pero al fin los anglicanos originales, los que nacieron del verraco insatisfecho Henry VIII Tudor, han consumado el pecado horrendo de ordenar obispo a una hembra, una feministona ambiciosa con antojo irreprimible de poder clerical.

Matizo que no siendo Iglesia y sin tener la potestad de conferir el Sacramento del Orden, lo que han hecho esta mañana en York es una patochada clericaloide herejética impropia, aunque le echen toda la pompa y circunstancia de la Gran Bretaña. Pero pecado hay, porque además de subsistir como tal confesión anglicana en la herejía original de su turbia fundación, los participantes, ella y sus complacientes co-jerarcas, no son ignorantes, ni inocentes. De lo que opine la suprema cabeza visible anglicana que es la Queen, no se sabe. Intuimos que mientras no peligre the Crown, la Queen firmará lo que sea donde haya que firmar y estampará su real sello, sin meterse en más complicaciones. Si unicamente ha alzado la voz en contra un clérigo discrepante y todos los demás asistentes han aprobado y el público ha aplaudido, la Queen, graciosamente, consiente y pásese página, que no están los tronos sobrevivientes como para sufrir escrúpulos religiosos. Doctores, además, tienen Oxford y Cambridge que sabrán discernir. O no. Pero qué más da, si el rito resulta políticamente femini-correcto, según la moda.

A nosotros, los católicos, la aberración nos afecta por contagio de proximidad y confusión, obra todo ello del desgraciado ecumenicismo vaticanosecundista, que degeneró muy pronto en un panfilismo de tragaderas tamaño Cloaca Máxima romana, capaz no sólo de codearse y simpatizar con lo más tradicionalmente anticatólico, sino incluso de propiciar el engendro de las convivencias inter-religiosas de Asís.

Así podemos asistir a escenas tan católicamente inimaginables como ver al Papa saludar con derroche de afectos a una hembra con traje clerical que es presidenta de no se que cosa de los herejes de no se donde. La foto es de ayer mismo, en San Paolo Fuori le Mura, donde rezaban juntos por la unidad:




Los anglicanos atentan contra el sacerdocio con toda irreverencia porque no saben qué es lo que nunca han tenido: Jerarquía sacerdotal.

Los católicos callamos...o aprobamos, consentimos o disimulamos porque estamos dejando de creer en el Sacramento del Orden, sus efectos y sus consecuencias. Por eso ya hay des-católicos a quienes les parecería bien que se ordenasen mujeres, también tenemos monjas degeneradas que lo reclaman como un 'derecho', incluso hay obispos poco-católicos que están 'abiertos' a la sacrílega ocurrencia.

El problema es de fe, de falta de fe, de pérdida de la fe católica y apostólica. El problema es eclesiológico, teológico.

Yo soy de los que todavía esperan que (como ese anglicano que se levantó y protestó) algún obispo católico, consciente de su sagrado munus episcopal-jerárquico, se desmarque de la piara episcopal silenciosa y condene y declare pecado contra el Espíritu Santo la aberración de las pseudo-ordenaciones de hembras anglicanas. Un pastor, ni más ni menos, que distinga al lobo y le quite el engañoso pellejo de oveja ecuménica.

Yo soy de los que creen y esperan y no tragan por mucho que edulcoren la pildorita venenosa con jarabe dulce de ecumenismo.

Huelga decir que si rezo por la unión, pido antes por la conversión, el arrepentimiento y la sanación espiritual de los herejes y cismáticos. Aunque lo vea cada vez más imposible, dada la falsa voluntad que demuestran perversiones como la que comento en este articulete.

Dios nos salve de la Reina y de sus hembras obispesas !!!


+T.

martes, 20 de enero de 2015

'Para ser buenos católicos no hay que ser como conejos' ; Franciscus, ipse, dixit


Lo comentamos con disgusto en Ex Orbe al poco de la inolvidable elección, y desde entonces ha habido que repetirlo casi cada mes, por alguna indiscreta, importuna y/o desafortunada expresión de PP Franciscus: El Papa no puede hablar así.

El Papa no trasluce, en absoluto, un nivel cultural/intelectual como el que sería esperable. Que en el siglo XXI un cardenal no sepa hablar con soltura en inglés debería ser suficiente motivo para no estar en la lista de los papables. Las escenas de Ceilán y Filipinas han rozado el bochorno, con el Papa predicando con un traductor al lado. Su predicación es torpe, de muy poca calidad. Hasta el español que habla es pobrísimo, sembrado de modismos argentinos, muy mal pronunciado y lamentablemente versionado al italiano. Continuamente da sensación de improvisación, de que sus homilías y discursos son una sarta de ocurrencias mechando un texto o un guión apenas esbozado.

No sé decir de quién sería la peregrina idea de poner al Papa a dialogar con los periodistas durante los vuelos de ida o vuelta, cuando viaja. Si tal anómala forma de comunicación ya causó al muy prudente, comedido y discreto Benedictus XVI un par de disgustos y provocó sendas equívocas tandas de dimes y diretes papal-periodísticos, es obvio que al improvisador incontenible siempre a-protocolario PP Franciscus semejante medio puede convertírsele en un peligroso instrumento. Con eso no se bromea. Alguien se lo debería decir. Alquien se lo debería recordar. Alguien debería repetírselo cuantas veces haga falta. Muchas veces. Todos los días varias veces. Como el 70 veces 7 petrino, amoldado ad casum.

Digo todo esto por lo que ha dicho en el avión de vuelta de las Filipinas, algo inaudito, grosero, impropio, hiriente:

Algunos creen que para ser buenos católicos debemos ser como conejos

Ha dicho más. Incluso insinuando algo que él sabrá qué, que yo no quiero saber. También ha pedido disculpas por lo que iba a decir, y que no se le interprete mal y que tal y tal y tal...Pero lo que ha dicho, lo ha dicho.

Tiene a su favor que las mamás conejas católicas y los papás conejo-católicos del Opus Dei, de Comunidades Neocatecumenales y de los mejores sectores católicos se callarán y no reclamarán. Incluso reaccionarán rezando más por él, por el Papa que les ha llamado 'conejos': Matrimonios y familias de conejos. Y que no son buenos católicos por haber engendrado hijos, los hijos que - Ecclesia semper dixit - son una bendición de Dios.

Siento vergüenza, vergüenza sacerdotal. Y pena, porque soy hijo de Padres que quisieron tener muchos hijos, cinco al fin, con mucho sufrimiento, pero mis padres engendraron nueve, entre vivos y malogrados, todos queridos, amados todos, llorados también.

Quiero bendecir y encomiendo a las familias, matrimonios, padres e hijos que sentirán las hirientes palabras de PP Franciscus. Les digo que no son ellos los equivocados.

No se lo merecen. No se merecen un Papa que hable así de ellos.

No nos merecemos un Papa que nos hable así.


+T.

miércoles, 14 de enero de 2015

Educar hijos felices


Hace poco que han publicado en el ABC una pequeña entrevista a un profesor de filosofía de - creo recordar - la Universidad de Barcelona, D. Gregorio Luri: 'Los padres que quieran hijos felices tendrán adultos esclavos de los demás':


"...Estoy empezando a pensar que hay un sector de educadores postmodernos que se han convertido en el aliado más fiel de la barbarie, que lo que hacen es ocultar la realidad y sustituirla por una ideología buenista, acaramelada, y de un mundo de «teletubbies». Personalmente, me resultan más atractivas la valentía y el coraje de afirmar la vida. Tenga usted un hijo feliz y tendrá un adulto esclavo, o de sus deseos irrealizados o de sus frustraciones, o de alguien que le va a mandar en el futuro. Personalmente, me resulta mucho más atractiva la valentía, el coraje de afirmar la vida. Algo que ha sido, por otra parte, la gran tradición occidental desde Homero hasta hace dos días: Querer a la vida a pesar de que esta es injusta, tacaña, austera. No querer a la vida porque encontramos la forma de diluirnos todos en un acaramelamiento que hasta me parece soez. Ahora la felicidad se entiende como un recorte de las aspiraciones (...)

Hay que tener claro que lo contrario de la felicidad no es la infelicidad, es la realidad. Hay que asumir la complejidad del mundo (...) cuando nuestros hijos salgan al mercado, la sociedad no les va a medir por su grado de felicidad, sino por aquello que sepan hacer, que es exactamente lo que se le pide a las personas con las que nos relacionamos. Cuando vamos al dentista, no nos importa que sea feliz, sino que sea profesional en lo que hace (...) "

Se agradecen artículos interesantes de gente bienpensante. Pero extraño la ausencia del concepto sobrenatural si se habla de felicidad. Cuando Aristóteles hablaba de felicidad enseñaba que el hombre es feliz cuando satisface su más alta potencia, que es la inteligencia; a más alto saber, más felicidad. Y cuando los cristianos entendemos eso, damos un paso más allá, mucho más allá, y enseñamos que la felicidad parcial que el mundo nos proporciona sólo se completa/perfecciona y satisface verdaderamente con el goce de Dios.

Comprendo que a un filósofo del s. XXI le cueste siquiera aludir a la 'visión beatífica', pero me resulta enormemente empobrecedor enseñar que educar es hacerse cargo de la realidad sin perspectivas de más realidad que la que vemos (o sufrimos). Un cierto fatalismo pagano (?) late en la tesis de educar para ser competentes con lo que te toque, y nunca ni nada más.

Leí el articulete entrevista con interés, como he dicho. Me gustó la inclusión de la anécdota de Creso atormentado recordando en la pira a Solón. Recordar y citar a los clásicos greco-latinos es un exquisito detalle que siempre complace; además es una referencia a una de las fuentes de nuestro pensamiento, perenne escuela, muy dañoso cuando se ignora. Pero mientras leía me acordaba de otros posibles discursos cristianos, empapados en la sabiduría de la Fe, viniéndoseme a la cabeza el P. Alonso Rodríguez y su 'Ejercicio de Perfección', con lo que dice sobre este tema:

'Que esta perfecta conformidad con la voluntad de Dios es una felicidad y bienaventuranza en la tierra'

También ameniza el P. Rodríguez lo que expone con una cita de los clásicos por medio de San Agustín, que contaba sobre los que subían a las cumbres del Olimpo llevando una esponja con agua puesta en la boca y la nariz para poder condensar y respirar el sutilísimo aire del monte de los dioses, y llegados allí escribían en las piedras con la punta del dedo, y cuando volvían tiempo después encontraban lo escrito intacto, sin que el viento o el agua o la nieve lo hubieran borrado, tal era la serenidad de aquellas cimas. Y concluye:

"...los que tienen esta conformidad entera con la voluntad de Dios 'nubes excedit Olympus et pacem summam tenent', hanse subido y levantado tan alto, han alcanzado ya una paz tan grande, que no hay nubes, ni vientos, ni lluvias que lleguen allí; ni hay aves de rapiña que salteen ni roben la paz de su corazón".

Y sigue diciendo que por eso predica San Agustín que el 'beati pacifici' de la 7ª bienaventuranza se refiere a esto mismo, pues son dichosos y son llamados 'hijos de Dios' por su conformidad con la voluntad del Señor.

Conclúyase, pues, que la mejor educación de un padre para sus hijos es formarlos en la conformidad con la Divina Voluntad, algo que, siendo sobrenatural, deberá procurar a la vez con ciencia, ejemplo y súplica, rogando al Espíritu Santo que infunda esa sabiduría preciosa en sus almas.

La filosofía con la Fe es scientia perennis, la mejor docencia.


+T.