martes, 6 de enero de 2015

Villancico 3


Qué oscura es la noche,
qué blanca la estrella,
como terciopelo
el fondo del cielo
parece que tiende
un tupido velo
que hace más bella
su radiante luz...
...Qué oscuro el azul
que envuelve el destello
de aquel astro bello
que anuncia a Jesús.

Del Oriente vienen
Magos peregrinos
siguiendo el camino
que marca la luz
limpia de la Estrella
que a Belén les lleva
y ven a Jesús,
el Rey que ha nacido,
en brazos de María.
La sabiduría
de los tres sapientes
se torna alegría
y gozo inocente;
cual niños que vuelven
a entender las cosas
que el tiempo robó,
sienten la ternura,
la nueva dulzura
con que atrae Dios,
como el Sol que abre
cuando cae la tarde
del jardín la flor.

La rosa es María
y el Niño es el Sol.

Dejan a sus plantas
oro, incienso y mirra
y el portal se empapa
en sagrado olor.

Arrastran sus capas,
en gesto adorante,
y al Oriente vuelven,
nuevos caminantes,
sabiendo secretos
del Hijo de Dios.

- José se dormía
y un ángel venía
a decirle en sueños
que huir debería
llevándose a Egipto
la Rosa y el Sol. -




+T.

jueves, 1 de enero de 2015

Vilancico 2



La Virgen se ha dormido,
el Niño vela,
los sueños de su Madre
el Cielo llenan.

¡Oh quién pudiera
en su sueño celeste
estar con Ella!
¡Ay quién pudiera
velarla con el Niño
a su cabecera!

El pecho de la Virgen
el Niño besa,
ni los Querubes gozan
de tal pureza,
pureza bebe
del pecho de su Madre
el Dios del pesebre.

La Virgen mece al Niño
en su regazo
y el Empíreo contempla
embelesado
a Dios dormido
en brazos de la Madre
que mece al Hijo.

La Virgen mira al Niño,
refulge el Cielo
reflejando en sus ojos
mil y un luceros,
los Cielos brillan
cuando mira a su Hijo
Santa María.

También el Patriarca
José se duerme,
con la cabeza puesta
sobre el pesebre.
Su sueño celan
dos Arcángeles bellos
que salmos rezan.

...El buey y la mula
rezan con las estrellas
y con la Luna.

 

Feliz 2015, santo y próspero, a todos los amigos, colaboradores, comentadores, visitantes, transeúntes, habituales y ocasionales de ExOrbe , cum Bene + dictione

+T.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Demos gracias...

Demos gracias por lo bienes
y por los males pidamos
elevemos nuestras manos
y nuestros ojos al cielo.
Recordemos a los buenos,
oremos también por los malos,
que todos en bien crezcamos
y no nos empeoremos.
Con confianza imploremos
para todos mejoría,
y la súplica acompañemos
rezando un Ave María.


Y mejor - si lo sabemos -
al Dios Clemente recemos
agradecidos, Te Deum: 


Te Deum laudamus: te Dominum confitemur.

Te æternum Patrem omnis terra veneratur.

Tibi omnes Angeli, tibi Cæli, et universæ Potestates: Tibi Cherubim et Seraphim incessabili voce proclamant: Sanctus, Sanctus, Sanctus Dominus Deus Sabaoth.

Pleni sunt cæli et terra majestatis gloriæ tuæ.

Te gloriosus Apostolorum chorus, Te Prophetarum laudabilis numerus, Te Martyrum candidatus laudat exercitus.

Te per orbem terrarum sancta confitetur Ecclesia, Patrem immensæ majestatis: Venerandum tuum verum et unicum Filium: Sanctum quoque Paraclitum Spiritum. Tu Rex gloriæ, Christe.

Tu Patris sempiternus es Filius, Tu, ad liberandum suscepturus hominem, non horruisti Virginis uterum.

Tu, devicto mortis aculeo, aperuisti credentibus regna cælorum. Tu ad dexteram, Dei sedes, in gloria Patris. Iudex crederis esse venturus.

(los versículos siguientes se rezan de rodillas)

Te ergo quæsumus, tuis famulis subveni, quos pretioso sanguine redemisti.

Æterna fac cum Sanctis tuis in gloria munerari.

Salvum fac populum tuum, Domine, et benedic hereditati tuæ.

Et rege eos, et extolle illos usque in æternum.

Per singulos dies benedicimus te; Et laudamus Nomen tuum in sæculum, et in sæculum sæculi.

Dignare, Domine, die isto sine peccato nos custodire.

Miserere nostri domine, miserere nostri.

Fiat misericordia tua, Domine, super nos, quemadmodum speravimus in te.

In te, Domine, speravi: non confundar in æternum.

V. Benedicamus Patrem, et Filium, cum Sancto Spiritu.

R. Laudemus, et superexaltemus eum in sæcula.

V. Benedictus es, Domine, in firmamento cæli.

R. Et laudabilis, et gloriosus, et superexaltatus in sæcula.

V. Domine, exaudis orationem meam.

R. Et clamor meus ad te veniat.

V. Dominus vobiscum.

R. Et cum spiritu tuo.

Oremus.
Deus, cujus misericordiæ non est numerus, et bonitatis infinitus est thesaurus: piissimæ maiestati tuæ pro collatis donis gratias agimus, tuam semper clementiam exorantes; ut, qui petentibus postulata concedis, eosdem non deserens, ad præmia futura disponas. Per Christum Dominum nostrum. Amen



+T.



La pastoral del prelado


De vez en cuando recuerdo que los católicos estamos tan faltos de líderes, que levantamos en peana al primero que entona un simple pío-pío. Por eso algunos se han apuntado a la claque del prelado de Alcalá, a punto de encenderle velas en vida. Y yo no le veo el mérito; más bien discuto la oportunidad de temas y referencias, lo que otros le aplauden, precisamente.

Casi medio siglo después de Franco, todavía supervive un catolicismo español que no ha digerido que aquello pasó, que no existe un estado católico ni un partido político de bases católicas que represente a unos electores católicos. A estas alturas, quejarse en una pastoral de que Rajoy se comporte como uno más entre los presidentes de gobierno de la Europa del 2014 y su entorno político-social me parece, fifty-fifty , tan ingenuo como insensato.

Si Rajoy hubiera profesado el juramento anti-modernista antes de emprender su curriculum político, si hubiera prometido a la CEE un determinado programa, unos objetivos, habría cierta razón para llamarle la atención, pero Rajoy - que se sepa - no se comprometió a nada con los Obispos ni con los católicos españoles, no consta.

¿O acaso hubo algo? Si hubo, cuéntese con pelos y señales. Si no, evítese el esperpento sagradoescrituresco de trasmutar a Rajoy en Esaú en una disertación limitada a un determinadísimo sector católico que - me temo - ya ni siquiera recuerda o sabe la historia del potaje de lentejas y las triquiñuelas de los hijos de Isaac y Rebeca.

Quienes nunca hemos depositado esperanzas en Rajoy ni en su peperío, no nos sentidos ni defraudados ni traicionados con él ni con su tropa. No merecen una pastoral de obispo, no hay materia ni lugar.

Lo necesario, lo urgente, lo oportuno, lo conbativo sería una pastoral de obispo - de Alcalá o de la Cochinchina - apuntando al Sínodo, a sus fautores, a lo que está en juego moral-doctrinal, a quien maneja el timón y a la mar procelosa que amenaza a la barca.

Esa sí que sería una pastoral valiente de un obispo aguerrido, esgrimiendo el báculo, con la mitra bien puesta, precaviendo, defendiendo, denunciando y advirtiendo.

...pero lo de las lentejas de Rajoy, aguachirle (aunque algunos se lo hayan tomado por alquitarado destilado de esencias).


+T.

lunes, 29 de diciembre de 2014

Thomas Becket, tan lejano


Cada año confieso, como un rito privado, mi devoción por Thomas Becket, gran Santo, cuyo ejemplo martirial es hoy, en Europa, una clamorosa denuncia contra el episcopado europeo, tan lejos de seguir las huellas con rastro de sangre de Becket.

Escribo con la noticia fresca del repugnante obispo de Amberes, ese que reclama reconocimiento eclesial del pecado nefando. Aunque lo nieguen (por el momento), no tengo claro si lo que pretenden estos degenerados mitrados (porque no se trata sólo del de Amberes, seguro que hay más) es 'sacramentalizar' la aberración sodomita y la juntura de torcidas hembras y machos contranaturalizantes. Sea lo que sea, en el fondo de la postulación del infecto epíscopo belga late una conversión al mundo, una entrega a la corriente inmoral paganizante que domina e impregna la decadentísima Europa, mercado común atque común prostíbulo.

El martirio cristiano siempre que ha ocurrido ha sido contra mundum, contra los poderes y las seducciones del mundo. Cuando los cristianos siguen la corriente, no hay Mártires, sino abundancia de pecadores enredados en las charcas hediondas del mundo. Obviamente, el pestilente prelado de Amberes no tiene, ni remotamente, vocación martirial, su tendencia es acomodarse a las tendencias,

¿Nos volvemos hacia Dios, o miramos al mundo dando la espalda a Dios? Curiosamente, en la rubricación ceremonial imperada por la reforma post-conciliar, el sacerdote queda justamente así, dando la espalda a Dios y mirando al pueblo, en diálogo con el pueblo, en dirección al pueblo, con el Oriente a la espalda. En todo caso, el neo-altar postconciliar es un obstáculo entre el sacerdote y el pueblo; si se pone la Cruz sobre el altar, también - dicen - obstaculiza la vista del pueblo.

Se mira al pueblo y se termina adoptando las cosas del pueblo, posturas, modas, opiniones, corrientes; se miran las cosas del mundo y se asimilan con fascinante facilidad. Siendo hijos de Eva, llevamos el apetito de lo prohibido tan a flor de piel, tan activo. Miramos, apetecemos, tomamos, comemos, caemos, invitamos a otros a caer. Muchas veces, en el como de la a-moralidad, imperceptiblemente, con casi plena inconsciencia.

Así ha debido ser la secuencia, el proceso, del aberrante obispo de Amberes. Lástima que no tengamos espectógrafos secuenciales del alma para ver como se forman los pecados. O no, no hay que lamentar que no existan aparatos para ver las operaciones del alma, siendo todo bien conocido de Quien tiene que conocer estas cosas, y nadie más.



Conque decíamos que con esta casta episcopal hodierna no tendremos mártires obispos, con la falta que nos hacen.

En Madrid, tampoco habrá un Becket, por lo menos próximamente. No, la Almudena no podrá atesorar reliquias insignes de un arzobispo martirizado habiendo luchado contra mundum.     ***

En Oriente Próximo, donde impera la espada mahometana, allí sí, allí sí tendrán abundantes reliquias de prelados estilo Becket, hombres de Dios, verdaderos hombres de Iglesia, defensores del honor de Dios. Gracias a Dios.

Occidente, declinante, decadente capite et in membris, ya no defiende el honor de Dios, ignora, incluso, que es el honor de Dios. Becket está muy lejos.

n.b._He puesto de ilustración de cabecera ese cuadro tan dramático, que un amigo me ha enseñado esta mañana: Albert Pierre Dawant, 'La muerte de Thomas Becket', en el museo de Fécamp, una imagen impresionante. Aunque prefiero las escenas que representan el martirio con S. Thomas Becket de cara al altar, con los criminales detrás.

*** La indignada pastoral contra-rajoyana del perlado de Alcalá, no vale, no lleva impronta becketiana, porque el perlado tal no lucha por el honor de Dios, sino que clama contra quien consideró que era su defensor, su paladín, su aliado. Conque aplíquesele al mentecato la sentencia del profeta 'Maldito el hombre que confía en el hombre y en la carne pone su confianza ' Nada más. No hay madera de mártir en Alcalá.


+T.

domingo, 28 de diciembre de 2014

El Nacimiento



Cuando chico, el primer Nacimiento que recuerdo era grande, largo y profundo, que ocupaba todo el testero del salón, bajo el espejo veneciano, con el tablero y el medio tablero y los cuatro caballetes, tres de frente y uno esquinado. El portal era de corcho, y el castillo de Herodes de escayola blanca, con los perfiles pintados color madera y unas palmeras de alambre y cartón. Los tres Reyes Magos iban entre los riscos de corcho y las palmeritas, por un caminillo de serrín. Abajo a la izquierda se figuraba el pueblo de Belén, con casitas de cartón y corralitos con pavos, gallinas, pollitos, cabritas y vacas; más al centro se ponía el río, con muchos patitos de barro sobre un papel de plata con un cristal encima. Los pastores con las ovejitas se repartían por los corchos, las figuras grandes más adelantadas, debajo, y las más pequeñas detrás, en alto. En el rincón de la derecha se ponía una cueva con el demonio dentro, con un papel colorado y una bombillita, que representaba el infierno rabiando porque había nacido el Señor.

También recuerdo otro, más recogido, que se puso en el estrado del recibidor, sobre una de las arcas grandes, debajo del cuadro grande del Ángel de la Guarda, allá por el año 1966, con un Misterio nuevo que compró mi padre en la calle José Gestoso porque las figuras antiguas estaban muy estropeadas. También compró unos Reyes, pequeños, pero muy bonitos, con los tres pajes, pintados y dorados. Tia Antonia hizo un naranjal en una de las esquinas, con ramitas de lentisco y naranjitas y limoncitos de caramelo sujetos con alfileritos, que tuvo que reponer dos o tres veces porque nos los comíamos con esa delectación tentadora e irresistible con que gustan las cosas prohibidas; el demonio en su cueva estaba junto al huertecillo, también, aunque nuestras travesuras sólo fueran pecadillos veniales, acaramelados.

Los años del luto por abuela Antonia y abuelo Emilio nos colocaron el Nacimiento en la alcoba entre el recibidor y el despacho de mi abuelo, para tenerlo reservado a las visitas. Cuando cantábamos con las panderetas, cerrábamos la puerta para que no se oyera en el salón ni en el comedor. Uno de aquellos años, nos trajeron por primera vez un árbol para adornar, que era un pino redondo, mediano, que mi tía plantaba en un garrafón enorme de cristal verde, sobre uno de los soportes de hierro de los macetones del patio. Quedaba muy bonito en el rincón de entrada al comedor, con las lucecitas de colores, las tiras de flequillos brillantes, la estrella arriba, las bolitas de cristal y unas piñitas pintadas de purpurina. Pero mi hermano Ricardo, de un balonazo, reventó la gran damajuana de cristal, y ya no se volvió a poner el pino.

Cuando se vendió la casa grande y nos mudamos al piso, el Nacimiento lo poníamos en la entrada, sobre el arca, apoyando los corchos en una de las rinconeras. Yo, que ya me hice cargo del montaje, sustituyendo a mi tía, tenía en mente una estructura ideal, alta y con tres o cuatro niveles, que nunca logré, siempre me salía más o menos igual. Mi punto flaco era la iluminación; todos los años fundía los plomillos al encender las lucecitas del portal (y la cueva del demonio).



Ahora pongo el Nacimiento reducido, sólo para mí, como un rito obligado de Navidad, piadosamente pero sin la maravillosa ilusión de cuando era niño. Coloco solamente el Misterio, La Virgen, San José y el Niño, sin mula ni buey. El Niño es el resto sobreviviente más antiguo de otros nacimientos pasados, una figurita de terracota con ojitos de cristal, desconchado, roto y pegado. También, cerca, a los lados o en algún hueco, donde me caben, meto a los Reyes, a camello, con sus pajes. En torno, unos cuantos iconos, que adornan muy bien, y unas puntas de lentisco. Y la estrella, que es de plata.

Demonio ya no pongo. Aunque tengo por ahí un dragón dorado que pegaría, haciendo las veces.

Durante Navidad y Reyes, encima de la comodilla del dormitorio, junto a unos cuantos calcetines y pañuelos, y el cepillo de los zapatos y un bote de betún,  tengo un Niño en la cuna, de los de Olot, pequeño, bonito, de los antiguos, para besar cuando entro y salgo.


+T.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Villancico 1


Estrellitas del cielo,
luz de diamante
poned junto al pesebre
del Dios Infante;
vengan mil soles
que alumbren como el día
la Santa Noche.

Florecitas del campo
ricos olores
llevad al portalito
con mil colores;
y con romero
sahumad al Niño,
Dios Verdadero.

Pajaritos del bosque
trinad loores
y haced con suaves plumas
almohadones
para el pesebre
donde yace dormido
Quien nunca duerme.

Pececitos del río
labrad de espuma
una cuna de plata
y luz de luna;
conchas de nácar
trabajad con finura
de filigrana
a Quien aguas divide
y aguas separa.

Criaturitas del cielo,
el mar y la tierra,
contemplad al Creador
que todo crea,
recien nacido
es eterno en su Gloria,
Dios infinito.


+T.