jueves, 14 de abril de 2011

Otro Catecismo



Un sacerdote amigo me pide que publique una censura que ha hecho a un catecismo. Por supuesto, libenter, incluyo aquí su interesante crítica. Lo que para algunos serian simples 'minucias', para un católico conscientes son peligroso escollos capaces de causar un naufragio de fe. Ahí va pues el trabajo:



Sobre las Guías catequísticas oficiales de la diócesis de Santander
2º y 3º Curso de Catequesis de Infancia


Ambos volúmenes, que tienen como autor al sacerdote santanderino D. Jesús Nistal Bedia y cuentan con el imprimatur del Obispo diocesano D. Vicente Jiménez Zamora, llevan un único prólogo, dedicado a los “agentes de la catequesis”, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos. Por medio de estas “advertencias preliminares” nos enteramos de que la doctrina aquí expuesta proviene en primer término de libros elaborados, se avisa solemnemente, por la Conferencia Episcopal Española (C. E. E.), “ejerciendo [sus miembros] en colegialidad [el] ministerio pastoral y evangelizador” propio de los Obispos. Aunque, claro está, la C. E. E., para un más perfecto accionar de su burocracia, cuenta con una algo pomposamente llamada Subcomisión de Catequesis, donde los textos invocados fueron engendrados y nacieron, deduzcamos que de auténtica semilla episcopal. Los organismos intermedios se han multiplicado.
Los textos de la Conferencia Episcopal, instruye el autor a sus potenciales lectores catequistas, buscan preparar “a los niños, dentro del proceso catequístico, para la celebración de la primera Eucaristía”; ¡es lo que llamábamos antes rústicamente “estar preparados para recibir la primera Comunión¡”.


Pero pasemos al análisis de alguno de los contenidos de las Guías en cuestión.




“La Biblia es la Palabra de Dios escrita y guardada por la Iglesia” (2.º Curso, página 24).


¿No es acaso también transmitida por ella, es decir, por la Sagrada Tradición de la Iglesia Católica? ¿Ha quedado superada la expresión Sagrada(s) Escrituras(s)?; ¿resulta acaso incomprensible para los niños de hoy? Señalemos por otro lado que de esa venerable Tradición nada se dice en toda la extensión de las Guías.


“Dios solo pensaba en hacer feliz al hombre” (2.º Curso, página 30).


¿La Creación no tiene nada que ver con la gloria de Dios? ¿No es su manifestación exterior? ¿Es solamente una especie de instalación eudaimónica, un gran parque de diversiones para la felicidad de los hombres?


Hay gente en todo el mundo que dice: ¡Hay que salvar a las ballenas! Lo mismo dijo Dios: Hay que salvar al hombre” (2.º Curso, página 31).


Sin poner en duda lo más mínimo las buenas intenciones del autor ¿es este un símil adecuado para la formación de los niños en la Fe?


“Una vez [Jesús dijo a un niño]: El Reino de Dios lo forman todas las personas, mayores y pequeños, que aman de verdad a los demás” (página 46).


¿En dónde consta que Jesús dijera tal cosa?


“José y María querían tener hijos. Querían formar una familia” (2.ºCurso, página 50).


José, puede concederse. María, jamás. Como exclamaba un teólogo desilusionado del progresismo de su juventud: “Tanto luchar en la Iglesia hasta definir la fórmula dogmática aeioparthénos, para llegar a esta Mariología de pacotilla que acaba en cinco minutos de catequesis con siglos de elaboración cristológica.” Así también puede escribirse, ¡para catequizar a los niños!, que “María tenía unos 14 años cuando se enamoró de José que tendría unos 20 años, […] y José se enamoró de María. […] Y decidieron casarse y pensaban: Tendremos muchos hijos; [… y después de haberse casado decían:] Somos marido y mujer” (3er Curso, páginas 36-37). ¡Se comprende que se pueda presentar ¡a los catequistas! “la historia de María, la madre de Jesús” (página 37), sin llamarla ni una sola vez Santa ni Madre de Dios!


“Jesús nace igual que nosotros” (2.º Curso, página 75).


¡Lo que implica una coma gráfica! Porque decir: “Jesús nació, coma, igual que nosotros nacimos”, es cierto, pero afirmar: “Jesús nació igual que nosotros nacimos”, sin la minúscula coma, es o ignorar mucha teología, o tergiversar gravemente el milagro insondable del parto virginal.


“La liberación de la Humanidad se obtiene con el sacrificio de Jesús” (2.º Curso, página 86).


Otra afirmación generalísima vertida en el marco de la preparación a la primera Comunión de niños: lo dice todo, no dice nada y calla demasiado acerca del Sacrificio de Cristo en la Cruz que cada Santa Misa renueva de modo ritual incruento. Podemos evocar en sentido opuesto una formulación catequética tradicional sin duda más exacta y menos ambigua: “Los fines de la Santa Misa son cuatro: adorar a Dios, darle gracias, pedirle beneficios y satisfacer por nuestros pecados.” ¿Estamos muy lejos con esta formulación tradicional del pomposo universalismo cuasimasónico al que nos acerca la expresión “liberación de la Humanidad” empleada por el autor? Pero estaremos más cerca de la verdad de las cosas, que es lo importante a la hora de educar en la Fe y para su ejercicio.


“Suponemos que [Jesús] resucitó al comienzo del domingo” (2.º Curso, página 98).


Valde mane! La Iglesia, que así canta en Pascua, no lo supone, lo sabe sin sombra de duda porque así estaba profetizado en el Antiguo Testamento y porque los Apóstoles así lo testificaron y lo transmitieron de palabra y por escritos divinamente inspirados.


[El día de la Ascensión de Jesús] les pareció [a los Apóstoles] que se elevaba hacia el cielo” (2.º Curso, página 106).


Vaguedad de vaguedades, pero ¿con qué efectos sobre el entendimiento infantil en formación? ¿No es dejar abierta la puerta al “Jesús de la fe”, es decir, al Jesús que a cada cual le parece?


“El espíritu de Jesús movía a Jesús desde dentro” (2.º Curso, página 111).


Olvida el autor distinguir entre el alma de Cristo, sustancialmente unida a la Persona del Verbo igual que su cuerpo, del Espíritu Santo, cuya relación con Aquél describe bien la Teología católica partiendo de la formulación dogmática: Ex Patre Filioque procedit.


“[Los Apóstoles] se parecían en todo a Jesús: querían a todos, enseñaban el Evangelio, bautizaban, perdonaban” (2.º Curso, página 111).


Es verdad. Pero se omite recordar que tenían autoridad y que la ejercían como Jesús, y que juzgaban y castigaban a los hallados culpables precisamente porque los amaban según el mandamiento de Cristo y porque antes amaban a la Iglesia de Cristo encomendada a su cargo, gobierno y responsabilidad.


[El día de Pentecostés los Apóstoles] supieron que había venido [el Espíritu Santo] porque, aunque no lo vieron, sintió cada uno dentro de sí como un fuego”, etc. (3er. Curso, página 18).


Aplicando a mansalva el principio de subjetivismo aquí evidente en la presentación de un pasaje fundamental del Nuevo Testamento, el autor no sólo destruye este pasaje sino que inocula en el catequizando escepticismo e incredulidad; el autor quiere una y otra vez en estas Guías que en los alumnos se despierte “admiración, “entusiasmo”, “pasión por la Iglesia”, a la que sin embargo trata despectivamente al descartar sus enseñanzas milenarias, que fortalecieron la fe de los Santos. Las dificultades exegéticas de la Sagrada Escritura encuentran su respuesta en la Tradición y en el Magisterio, no en la prestidigitación del racionalismo o en las torpezas mentales del materialismo.


La Iglesia o Comunidad cristiana la funda o inventa Jesús cuando, antes de su muerte, forma con los Apóstoles un grupo de amigos […]. La Iglesia o Comunidad cristiana nace, o recibe vida, o la pone en movimiento el Espíritu Santo el día de Pentecostés”, etc. (3er. Curso, página 19).


Doble desviación eclesiológica, al enfatizar un origen de la “Comunidad cristiana” (sintagma que permite entender casi cualquier cosa) preponderantemente (aunque no exclusivamente) apostólico (¿sobre sólo bases humanas?), y pentecostal-carismático, en menoscabo de su origen en la Encarnación por la unión hipostática de la naturaleza divina del Hijo con la naturaleza humana que asume el Verbo en el vientre virginal de María Santísima y que el mismo Jesucristo consuma en el altar de la Cruz.


“Es más bonita la palabra Eucaristía o [el sintagma] Cena de Jesús [que la otra palabra] Misa” (3er. Curso, página 23).


Nos preguntamos para quién será en efecto “más bonita. La palabra Missa está, digamos así, en el genoma espiritual del cristiano porque se halla en la raíz evangelizada de las culturas y lenguas modernas (tema caro al Papa Juan Pablo II), y buscar desplazarla, aunque sea en el ámbito del vocabulario (esto es, del pensamiento), no es prudente, si se quiere mantener la identidad católica.


“Las reuniones [generales] del Papa con los Obispos se llaman Concilios, que significa Consejos. Así hablamos del Concilio Vaticano” (3er. Curso, página 27).


. El lector se puede preguntar: ¿Concilio Vaticano I (que también existió) o II ? Precisamente el Concilio Vaticano I es el del Papa Pío IX que definió la existencia, la naturaleza, las condiciones y los límites del ejercicio de la infalibilidad del Sumo Pontífice, prerrogativa en nuestras Guías sólo descrita de modo fenoménico y superficial (“enseña la verdad, no se equivoca”), sin emplear la palabra nuclear de dicha definición dogmática (3er. Curso, página 28).


“El pueblo de Dios, en la Iglesia de Jesús, es más importante que los Obispos y el Papa, pues éstos están al servicio de aquellos […], son nuestros servidores. […] Sin nosotros, la Iglesia no es la Iglesia de Jesús” (3er. Curso, página 28).


Es inadmisible confundir la cabeza visible de la Iglesia, embarullándola con, contra, sus miembros. Aunque abonada en opiniones teológicas esta concepción horizontalizante de la Jerarquía es inadmisible porque anticipa su desaparición y falsea la voluntad de Jesucristo expresada en los discursos de la Última Cena.


La Iglesia de Jesús, la Comunidad cristiana, es también pecadora porque nosotros somos la Iglesia y nosotros somos pecadores” 3er. Curso, página 28).


Repetida hasta el hartazgo, esta falsa idea, blasfema y herética, ha calado en los fieles. Aquí se intenta que la conciban, deformando su amor a la Iglesia Santa, desde la misma catequesis infantil. ¿Cómo querrán recibir en lo sucesivo su santificación de una Iglesia a la que se les enseña a despreciar, incluso a temer?


“Hay algunos que hasta insultan a Dios. Esa es la mayor tontería que pueda hacer un hombre” (3er. Curso, página 44).


En el marco de la presentación del segundo mandamiento no se menciona la palabra blasfemia, que no es precisamente “una tontería” y práctica frecuentísima en la diócesis a la que estas Guías van destinadas.


“No podemos matar nunca nadie” (3er. Curso, página 48).


¿No existe acaso la defensa propia? ¿No hay guerras justas? ¿Es totalmente inaplicable la pena capital?


“Sería muy conveniente que a medida que van narrándose los pasos de la Última Cena y de la Misa, se vayan presentando los vasos sagrados con el pan y el vino y colocándolos sobre una mesa para familiarizarse con el rito” (3er. Curso, página 89).


Sería conveniente, pero para desacralizar aun más la Misa a los ojos de los niños. Los vasos sagrados no son juguetes. El sentido de lo sagrado se aprende por el respeto y la elevación en el trato de las cosas consagradas. ¿Existe ya en las almas tan escaso temor del sacrilegio que pueden impartirse descuidadamente estas instrucciones en unas Guías de catecismo editadas con aval episcopal?


“El sacerdote es sólo un “doble” de Jesús” (3er. Curso, página 89).


Los niños conocen bien a los “dobles” de las series y películas, y las acciones a veces ridículas a veces temerarias que deben ejecutar por su oficio. ¿Merece la misteriosa actuación sacerdotal in Persona Christi esta banalización? ¿Qué concepción del sacerdote católico se busca inculcarles? No extraña que en toda la presentación del Sacramento de la Eucaristía ni una sola vez se emplee la palabra transubstanciación, acción confiada sólo al poder sacerdotal; los catecismos tradicionales, en cambio, la usaban con toda simplicidad, siguiendo el mandato del Concilio de Trento y de los Sumos Pontífices que insistían en que fuera periódicamente mencionada y predicada a los fieles en el sermón dominical. Como tampoco que se distinga entre substancia y accidentes (3er. Curso, página 96): ¿no se confiesa así implícitamente que el niño es inhábil para usar su inteligencia o que no posee capacidad de abstracción; que sólo es afectividad, emociones, sensibilidad física y sentimientos.


“No sabemos si hay alguien en el infierno” (3er. Curso, página 110).


Van a encontrarse estos niños –a lo largo de su vida y en las páginas de cualquier historia objetiva- con la realidad del frecuentísimo triunfo terreno de los malvados. La misma Sagrada Escritura nos lo advierte: El mundo entero yace en poder del Maligno (1Jn. 5, 19) Pues bien, el autor de las Guías sugiere o más bien afirma su triunfo también en el más allá. Una vez más vemos que se sustituye el misterio –la eternidad de las penas del infierno- por el absurdo de esta idea –en el fondo blasfema- de una Misericordia, que no perfecciona la Justicia divina sino que es de hecho indiferente al bien o al mal de sus criaturas El Infierno existe, existen los condenados a la pena eterna, son dogmas de la Iglesia; y esta existencia responde a la exigencia de la Justicia divina a la que estas Guías se cuidan bien de mencionar.



Verán Uds. que las críticas son justas, concisas, inteligentes, oportunas y católicas. No son caprichosas, quiero decir. Ni extemporáneas.

Lo grave es que catecismos de este estilo que critica mi amigo pululan por todas partes. Item más: Todavía más cargados de errores que los diocesanos son los que suelen usarse en colegios religiosos, en colegios regentados por congregaciones religiosas, quiero decir. Suelen ser especie de folletos fotocopiados con guiones de catequesis elaborados por el religioso (sacerdote) encargado de ello. En colegios de monjas, lo mismo, a veces con detalles que te dejan el alma en suspenso: Recuerdo haber tenido conocimiento de una catequesis de preparación al Sacramento de la Confirmación en la que se usaron textos de Leonardo Boff. Las historietas de Anthony de Mello también son muy utilizadas (el peligro no son las fábulas, sino la explicación o explayación que sigue, tomando pie en las narraciones). Y así.

Esta misma tarde comentaba con otro padre (de familia numerosa) que actualmente muchos sacerdotes no sabrían siquiera responder a las preguntas del Catecismo de 1er. grado. No exagero. La formación doctrinal católica, desde la catequsis básica a los grados de formación académica, ha sufrido tal degeneración que se llega a casos de verdadero escándalo.

Antes de cerrar el articulete, agradezco a mi estimado amigo esta interesante aportación, tan ilustrativa. Y me uno a sus oraciones para que vengan tiempos mejores. Que, en y para estos casos, deben ser tiempos de corrección y enmienda de yerros. Tantos.

Oremus!

+T.

lunes, 11 de abril de 2011

La decadencia de los válidos y la obcecación de los resentidos (Iraburismo agudo, 6º avenate)

El pasado Sábado, por un mensaje de un contacto del facebook, me enteré de que había muerto el p. Cándido Pozo, un quasi héroe de la resistencia de los últimos jesuítas-jesuítas; que el Señor le haya dado la Gloria.

Como él, de su estilo fiel y batallador, apenas quedan ya padres en la Compañía. Aparte de su obra publicada y sus trabajos, no deja herederos, ni seguidores, ni continuadores (dentro de la Compañía, quiero decir). Herederos, seguidores y continuadores efectivos, reales o potenciales, quería decir. Con el p. Pozo se va también el representante de una cierta continuidad de los teólogos jesuítas de renombrada calidad, los ortodoxos, los fieles y leales ignacianos. Al ir desapareciendo, se patentiza la depauperación de la Compañía, imparable en su penoso languidecer, irrefrenable en su desgraciada corrupción y descomposición.

Los que apreciamos, a pesar de todo, a la Compañía, lamentamos que no se realizara aquel supuesto proyecto de una provincia ignaciana que se quiso fuera la reserva de la pars sanior de la Compañía que Arrupe recibió robusta y dejó sumida en crisis letal de identidad formal y material. Si aquel proyecto hubiera podido ser, quizá hoy tuviéramos sucesores de los Aldama, de Solano, de Pozo. Pero ni aquello se realizó en su momento, ni ahora hay quien encarne dentro de la Compañía esa veta saludable que todavía quedaba, manteniendo una intra-ortodoxia entre la defección de la mayoría.

Pozo ha muerto denigrado por los suyos, un proscrito, abandonado y preterido. En la Compañía, los alabados, venerados, admirados, eran los neo-jesuítas de comando activista, los Diez-Alegría, Ellacuría, Castillo & cía.

Y la Jerarquía ¿ha estimado a Pozo? Yo diría que le admitieron, pero nunca lo promovieron. En sus mejores días, el voluminoso Don Marcelo recogía en Toledo a estos 'ortodoxos oficiales', prestándoles el púlpito toledano. Pero nada más. En parecido sentido, la presencia del p. Cándido Pozo en la abigarrada, colorista y promíscua lista de la Comisión Teológica Internacional, era quasi-testimonial.

Contó, sin embargo, con los fidelísimos discipulos de la Compañía, los jesuitones incombustibles, acérrimos. Tengo un par de parientes entre ellos, de inconfundible estilo, leales hasta la médula, concentrados en los últimos islotes-reliquias de las Congregaciones, organizando tandas de ejercicios espirituales para septuagenarios y otros pequeños apostolados. Cuando ya no queden jesuítas de fiar (y quedan dos docenas de fiables, poco más o menos), no sé qué harán. Porque los jesuítas que pudieron ser terminaron de seminaristas en Toledo, o se ubicaron luego en Madrid y Getafe, o se buscaron alguna sinecura tipo CEU. Casi todos han rematado juanpablistas o rouquistas.

Supongo que Iraburu (que ya va por el 6º avenate contra-filolefebvrista) reflexionará sobre estos hechos, personajes e historias personales, la trayectoria y el final de cada uno: Una historia de francotiradores, a lo sumo guerrilleros, que terminan exhaustos y (reconozcámoslo) derrotados, vencidos por lo que hay.

La coyuntura de Iraburu se aventura aun más desazonante, porque Iraburu no cuenta siquiera con esa tropilla de leales que han tenido estos formidables. Si alguno quiere valorar los posibles de Iraburu, échele un vistazo a la galería de presentes en su Infocatatónica, y hágase idea de la partida y de quienes la forman.

Item más: Todavía, estos últimos aguerridos de la Compañía como Solano, Aldama, Pozo, Bover, han dejado una obra teológica estupenda, referencial, imprescindible incluso. Iraburu, sin embargo, no llega a más; a pesar de su apreciabilísima ortodoxia, una rara especie entre el estercolero de autores y publicaciones neo-modernistas.

No obvio lo sobrenatural, los caminos humildes por los que el Señor conduce sus planes providentes. Pero no olvido que la historia de la Iglesia demuestra que las reformas, las grandes reformas necesarias en tiempos de grandes crisis, sólo se han realizado gracias a la acción de sólidas resistencias y/o reacciones, fuertes, claras, decididas, leales consigo mismas e inflexibles a la hora de enfrentarse con los problemas, dificultades, corruptelas y desviaciones del momento, capite et in membris, con la firme y recta conciencia de obrar pro bono Ecclesiae.

Vuelvo a decir a esos buenos reticentes que atacar a los mejores resistentes es frustrar las esperanzas de regeneración. Dudo que a estas alturas el re-confirmado ánimo obcecado del iraburismo atacante atine a distinguir siquiera qué es lo que está haciendo/consiguiendo con estas andanadas bastardas. Hasta yo mismo dudo de que Iraburu y su partida puedan ser ya considerados siquiera como 'buenos reticentes', dado que se les ve resbalar tan aceleradamente por ese plano inclinado del juanpablismo, tan peligroso.

El juanpablismo resulta ser de complicada conceptuación: Por su cima parece que toca la cumbre del Sinaí; por la mitad contemporiza con lo que se encuentra; y por debajo se sume en la profunda confusión del abismo post-moderno. Ya he dicho que tiene figura de plano inclinado. Iraburu debería haberlo notado.


Entiendo (y entiendo bien) que valorar a los que tienen muy determinada y contrastada vocación de solidificar y mantener el edificio en pie, sin peligrosas inclinaciones periclitantes, es una necesidad, una urgencia. Verles como elementos desintegrantes es sufrir una muy nociva y distorsionada apreciación de las cosas y sus perspectivas: Al presente, son ellos los más firmes elementos de sostén, los más sólidos pilares para reemplazar las estructuras fallidas. Y no hay otros, ni de su calidad ni de su resistencia. Lo están demostrando, con frutos muy reconocibles.

p.s. Preguntándome por la etiología de estos avenates iraburitas, me he acordado de aquella precisa definición: 'Tristitia boni alieni'.

¿Será al fin eso, sólo eso?


+T.

domingo, 10 de abril de 2011

No hemos tocado fondo


La crisis y la decadencia de la Iglesia Católica post-conciliar no han llegado a su punto más bajo. Por todos sitios se evidencian graves problemas, violentas contestaciones y la insuficiente acción de un episcopado mediocre anclado en un vaticanosegundismo confuso e iluso. Mientras, los enemigos de la fe no cesan su trabajo de demolición; enemigos internos, porque operan desde dentro y cuentan con los medios de difusión de la misma iglesia a la que socavan y descomponen. Un ejemplo actualísimo, de ayer mismo:

Una desafiante 'propuesta' des-católica radical

El sujeto de la izquierda (¡cómo no!), el sonriente de la cobarta celeste mal anudada, es un jesuíta (?) de los más perniciosos que ha gestado y mantenido la Compañía: El tristemente célebre Juan Antonio Estrada; con el funesto J.Mª Castillo, fueron el monstruo bicéfalo, mascarón de proa de la ultra-modernista Facultad de Teología de Granada. Le despacharon de esa forma en que la moderna Compañía despide a sus queridos contra-teólogos cuando son amonestados por Roma; es decir, que los dejan estar 'no-oficialmente' haciendo lo mismo que hacían, como si nada.

En el caso de Estrada y Castillo (& cía.), siempre he echado de menos la actuación firme y formal de un obispo creyente que les hubiera impuesto la pena canónica que merecen. Ni uno ha habido que sea capaz de ponerle el bozal al perro (los perros, en este caso). Ni uno. Tampoco la CEE. Ni Roma siquiera, porque, a pesar de las censuras, estos dos (& cía.) deberían estar reducidos al estado laical hace muchos años. Peron ahí siguen, dañosa y perversamente activos contra fe y la doctrina.

El acto que cuenta la noticia es el de la presentación de un libro de la antes ortodoxa editorial Herder. Echen un vistazo a la Editorial Herder y vean hasta qué punto ha degenerado la otrora buena editorial (digo buena en sentido inclusivo: moral y propiamente editorial).

El libro que presentan es la obra de otro peligroso des-católico, el sudafricano de origen alemán Fritz Lobinger, un obispo emérito (para vergüenza del que le nombro obispo, del que le mantuvo y del que no le censuró en su momento ni le censura ahora, en este momento). Para que se hagan una idea de lo que enseña este personaje, si quieren sufrir un rato de inquietante desasosiego, lean esta entrevista publicada hace poco en la página anti-católica no-cristiana de Redes Cristianas:

El obispo Fritz Lobinger contra el sacerdocio católico

Para que se hagan una idea, se refiere (o describe) a los sacerdotes como "líderes locales voluntarios", concepto con el que designa más particularmente a los pretendidos nuevos 'ministros'. Dice que su "propuesta" de otras formas alternativas al sacerdocio católico no pretende erradicar a este, sino que las nuevas formas podrian coexistir con el ministerio sagrado tradicional. Aclara que esta radical novedad sólo sería posible, realizable, supuesto un consenso eclesial, un acuerdo pastoral (supongo que de amplia base).

Lo estupefaciente es que sin consenso, ni acuerdo, ni amplia base, esos 'ensayos pastorales' de comunidades sin sacerdotes dirigidas y 'ministeriadas' por un 'líder local' ya existen. Son aberraciones que los misioneros promueven en las misiones y que luego, al regresar a Europa, intentan introducir en nuestras diócesis con la excusa de la escasez de sacerdotes y vocaciones. Por ejemplo, en Holanda y en Austria ya son frecuentes estos 'experimentos', con la aquiescencia de los obispos (progresistas) y la buena acogida de los feligreses (inconscientes).

En España funcionan 'equipos de pastoral parroquial' dirigidos por religiosas que desempeñan funciones y ministerios quasi-sacerdotales; en algunos casos, cuentan hasta con nombramientos efectivos expedidos por los respectivos obispos diocesanos. Otras veces, la 'alternativa pastoral' la dirigen diáconos permanentes (casados); en otros casos, se improvisan otras fórmulas a-sacerdotales ad casum.

Se trata, en suma, de una efectiva, pero disimulada, sustitución/suplantación del sacerdocio católico, devaluado en su aprecio y criticado en su formalidad en cuanto tal, insistiendo en particulares como el celibato (el no-celibato, es decir) y la urgencia/necesidad de incorporar a las mujeres a los ministerios (sacerdocio y jerarquía). De esta forma, se consigue una paulatina aceptación popular-social que refuerza las reivindicaciones de los grupos más radicales del des-catolicismo anti-cristiano.

El telón de fondo de estas inquietantes escenas es el triunfalismo juanpablista, iluso, fatuo, vano, inconsciente.

Por eso resulta tan extemporánea la crítica hiriente de quienes acusan a los grupos de católicos conscientes de cismáticos o de próximos al cisma.

Frente a la motemática polémica de iraburitas y demás especies, el cisma de verdad, el cisma lesivo, degenerativo y mortal, existe dentro de la misma iglesia; un cisma polimórfico y policéfalo, reducible globalmente a un neo-modernismo reformulado y sólidamente insertado en casi todas las instituciones de nuestro catolicismo contemporáneo.

No es de extrañar puesto que hasta en el Oficio Divino, entre los escritos que la Iglesia medita y reza, se introdujeron textos tan indefinidos y ambiguos como este:

"...Así, pues, a los que creen en el amor divino les da la certeza de que el camino del amor está abierto para el hombre, y que el esfuerzo por instaurar la fraternidad universal no es una utopía. Al mismo tiempo advierte que esta caridad no hay que buscarla únicamente en los acontecimientos importantes, sino, ante todo, en la vida ordinaria...

Él, sufriendo la muerte por todos nosotros, pecadores, nos enseña con su ejemplo que hemos de llevar también la cruz, que la carne y el mundo echan sobre los hombros de quienes buscan la paz y la justicia.

Constituido Señor por su resurrección, Cristo, al que le ha sido dada toda potestad en el cielo y en la tierra, obra ya por la virtud de su Espíritu en el corazón del hombre, no sólo despertando el anhelo del siglo futuro, sino alentando, purificando y robusteciendo también, con ese deseo, aquellos generosos propósitos con los que la familia humana intenta hacer más llevadera su propia vida y someter la tierra a este fin.

Mas los dones del Espíritu Santo son diversos: pues mientras llama a unos para que den un manifiesto testimonio, por medio de su ardiente anhelo de la morada celestial, y conserven así vivo este anhelo en medio de la humanidad, a otros los llama para que se dediquen al servicio temporal de esa humanidad, y preparen así el material del reino de los cielos.

A todos, sin embargo, los libera, para que, con la abnegación propia y por el empleo de todas las energías terrenas en pro de la vida humana, proyecten su preocupación hacia los tiempos futuros, cuando la humanidad entera llegará a ser una ofrenda acepta a Dios.

G.S. nº 37-38; 2ª lect. del Oficio de Lectura del Sábado IVª semana de Cuaresma"




Soy de los que piensan (temen!) que este vago 'magisterio' resulta demasiado frágil para campear el temporal que amenaza a la barca de Pedro. Si se aplica la regla de la lex orandi-lex credendi, un católico que rece con ese texto formará y alimentará una fe tan débil e insuficiente como el texto mismo.

Quizá de concepciones tan delicuescentes hayan surgido grupos tan desfiguradamente infra-católicos y contra-eclesiales. Cuando la Jerarquía no actua/reacciona, termina afectada y contaminada ella misma; el caso de ese obispo y su 'alternativa no-sacerdotal' es sólo un ejemplo entre un variado y feraz muestrario de cizaña intra-católica.

Personalmente, no temo al enemigo de fuera (secularismo político, ideologías anticristianas, paganismo social, laicismo radical, etc.). Mis temores son ad intra, por el enemigo de puertas adentro, la debilidad patológica de nuestra jerarquía y la insuficiencia de doctrina-magisterio.



+T.

jueves, 7 de abril de 2011

Los escrúpulos (o el caso de Mirita la Papela)


Para ambientar la Cuaresma con mica salis y pimienta, ahí va esta anécdota que recuerdo todos los años en cuanto toca la abstinencia cuaresmal. Léanla in spíritu hilaritatis, pero sin perder el tiento.

Pues érase una Cuaresma, en un pueblo, una salerosa parroquia andaluza con todas sus propiedades (almas y cosas), como cualquier otra. Y eran tiempos católicos, pre-conciliares, sin dudas ni aventuras, con la fe ferviente e íntegra y un buen ambiente general, robusta salud espiritual y buen estado moral de la feligresía.

Ni que decir tiene que la susodicha parroquia contaba con su beatería, de diverso nivel, ya se sabe: Beatas de mantilla de blonda de seda, beatas de velo de espuma, beatas de velo tupido y beatas de pañolón; todos negros, of course, menos los de las mocitas, las niñas y las pollitas, que lo usaban blanco.

Me contaron que la protagonista del casual estaba en esa edad de la mocedad pasante, que no era solterona pero amagaba quedarse en el poyetón, que tenía buena fama y buen juicio, pero que le faltaba un hervor (o dos) para arribar a la sazón. Se llamaba Ramira, como su abuela, pero familiarmente era Mirita, la Mirita, más completamente Mirita la del Penco (el Penco era su abuelo paterno).

Había empezado la Cuaresma y los pudientes habían tomado la bula, para poder permitirse las facilidades de la abstinencia, las mitigaciones del ayuno y la casuística de las promiscuidades; todo eso que Roma concedió generosamente cuando en España se guerreaba la Cruzada contra el moro infiel, pero que luego se perpetuó cómodo privilegio más allá de la Toma de Granada. Como iba diciendo, la Bula de la Santa Cruzada aligeraba sustancialmente los rigores de la dieta Cuaresmal para quienes podía adquirir la cedulilla correspondiente. Los pobres que no podían lucraban los beneficios de la Bula sin tener que pagar; pero quedaba esa numerosa plebe que ni era pudiente ni tampoco pobre, obligados a bregar con los pormenores de la dieta cuaresmeña, que les complicaba la conciencia, si tenían conciencia sensible y activa.

Y Ramira, la Mirita, la tenía; una conciencia muy viva, despabilada, bien formada, y - como toda buena beata que se precie - con un punto de escrúpulo según que materia. Por ejemplo, tocante al pudor modoso y el vestir, Mirita era rigurosa: Ni un descote, ni una merma en la falda, las mangas hasta la muñeca, y en verano manguitos; los zapatos de medio tacón, las medias espesitas y sin costura, el talle holgadito, el refajo recio, con ballenas y enterizo hasta el sobaco.

Para las cosas de la lengua, no era tan rigurosa y perdía un poco la conciencia cuando se le iba el músculo bucal campando suelto por críticas y recríticas. Que decía Mirita que eso no era pecar, que era sólo llevar la cuenta de lo que había y se hacía, que no era calumnia, ni pulla envidiosa, sino sólo una 'ratafero' (un relata refero, quería decir ella), sin poner ni un pum ni un pom, ni insultaba, ni mentía, ni rebajaba la fama de nadie.

En Cuaresma le atacaba un escrúpulo especial, por lo del ayuno y la abstinencia: ¿Qué es colación y cuánta colación y cuándo la colación? Esto es, qué comida del día había de tenerse por colación, cuánto pan migado en el café era justo y necesario para que la colación no pasara de ser colación, a qué hora justa había de tomarse, si una colación frugal se podía unir a otra sin dejar de serlo, o si se podía tomar una doble colación. Y esas cosas.

Lo de la abstinencia de carne era una briega fuerte. Una mujer como la Mirita, que guisaba para cinco hombretones (sus hermanos), dos mujeronas (sus hermanas), el padre (que gastaba un arco de panza con 20 botones entre la pretina y la portañuela) y la chacha Consuelo, que no tenía dientes pero estaba el dia entero rumiando como los bueyes. Menos su madre, que era canija como una caña y de poco comer, en casa de Perico el Penco comían como mastines. La misma Mirita, que era tipo bambú, como su madre, comía como un sabañón, con el agravante de que le gustaba todo todito todo, animal, vegetal y mineral. Una boquita de piñón y un estómago de acero.


Por eso, cuando ponía el cocido a la lumbre y le iba echando la tajada de magro, las costillas, el tocino de veta y las morcillas, la pobre Ramirita sufría lo que no se imagina el mundo, tentada por la carne, la carne del cocido. Y la pringá, ¡ay la pringá! La tentación era tanta, que en Cuaresma no aparecía por el comedor y se tomaba su pucherito de legumbres en el cuartillo de labor, donde cosían y bordaban y planchaban. Allí, entre hilos, madejas, lienzo moreno y crudillo, echaba una servilleta por encima de una azafate, y se montaba su mesa cuaresmal: El potajito de legumbres (a saber: lunes-habas, martes-garbanzos, miércoles-chícharos y jueves-lentejas); los viernes, acelgas; los sábados arroz con habas, y los domingos, arroz con alcauciles). Y un café migado por la mañana, y por la noche media rosca con un huevo duro y un arenque. Así la Cuaresma entera, hasta el Sábado de Gloria, que rompía los rigores con los primeros tiros de los 'Júas'.

Pues sucedió que tuvo que comprar una pella de manteca colorá, con todos sus avíos, en la tienda de Basilito el Nardo, que hacía la mejor manteca del pueblo, que daba gloria verla en su lata redonda, con la paletilla de madera asomando el rabo. ¡Y un olor! El olor se le metió a la Mirita en el hipotálamo nervioso, y tres horas después de comprar la manteca colorá (que era para su hermano Juan y el novio de su hermana Magdalena, que estaban destroncando olivos y necesitaban - eso decía su madre - una consistencia en el almuerzo), tres horas luego de ponerla en el tazón y meterla en la esportilla, todavía sentía el olorcillo sabroso en la nariz, en la punta de los dedos, y hasta en la pechera y el bajo del delantal que llevaba puesto.

¿Y me voy a condenar por la manteca? Se decía. Porque en la alacena había quedado la mitad de la compra, para la mañana siguiente. ¡Ay, qué tentación! ¡Esa manteca! Todo el día, que era Viernes, anduvo así. Hasta se metió un diente de ajo en la nariz, a ver si perdía el olor. Pero con el ajo fue peor.

Eran las cinco y media de la tarde, recien terminado que se hubo la merienda (dos higos pasas y una mandarina con un coscorroncito de pan duro). Y cuando estaba arreglándose para irse al rosario, entonces pasó aquello, aquel retortijón doble, un imprevisto al que siguió el correspondiente acto concomitante, con asalto de escrúpulo y amago de ataque de nervios. Se recompuso como bien atinó, se echó el velo en la cabeza, y salió despavorida la cuesta arriba, para la Iglesia.

- ¿Su permiso, Don Gabriel?

- Buenas tardes nos de Dios; pasa, pasa...

- ¡Ay Don Gabriel! ¡Ay qué disgusto más grande! ¡Ay que me va a dar algo!

- Bueno, bueno está, venga con esos nervios, venga ya Ramirita, que no será pa tanto...

- ¡Ay Don Gabrié! ¡Que sí, que sí! ¡Que he roto la Cuaresma!

- ¿Tú solita, o con la ayuda de alguien?...

- ¡Ay Don Gabrié! ¡Qué ánimo tiene usté! ¡Por Dios bendito, que vengo azufraíta!

- Ea, pues vete al confesonario, que ahora voy yo. Venga, venga...


- ¡Dios se lo pague a usté, Don Gabrié! ¡Ay Don Grabié!


 
Don Gabriel, el cura, conocía a Ramirita la del Penco desde que la parieron, porque a la tres horas de haber nacido se la presentaron en la Parroquia para que la bautizara: Ramira María del Rosario Vicenta Carrillón y Cueto, hija de Pedro y Juana María. Y también conoció a sus abuelos, los de padre y los de madre. Y es que Don Gabriel - decía el boticario, que eran un guasón - llegó a la villa con los fenicios, y se conocía el árbol genealógico del pueblo entero, con el particular de vicios y virtudes de cada casa y parentela. Por eso conocía bien a la Mirita y sus cosas, que en lo de los escrúpulos salía a su tia abuela, Vicenta la del Dorro, una beata de moño y peinecillo que atormentó con sus escrúpulos al paciente confesor. Las almas son así, pensaba Don Gabriel, y Dios sabe (y el demonio algo sabrá también) el por qué de esas ansiedades escrupulosas, ¡el Señor nos libre!

Se sentó Don Gabriel en el confesonario, corrió la cortinilla y abrió la rejilla:

- ¡Ejem¡

- Ave María Purísima...

- Sin pecado concebida...

- Ay, padre!

- ¿Qué pasa, hija; que ha pasado?

- Ay, padre, que he cometido un pecado muy grande, muy grande, siendo Cuaresma, como es, y Viernes; que yo nunca he faltado de obra (de pensamiento sí, pero venciendo el deseo, padre, como usted sabe), ¡ay! Pero esta tarde, esta tarde, padre...¡ay! La carne, padre, la carne...Que estaba yo en el retrete...

-¡Jesús, Ramira! ¿Qué dices, criatura, qué has hecho? ¡Ay, Ramira, Ramiraaaaa!

- La carne de la abstinencia, padre, me refiero, no la otra carne, no se figure usted lo que no ha sido, que no es de eso, padre, que no es eso. Pero lo mismo da, que es un pecado grave, que yo en mi vida he faltado al mandamiento de la Santa Madre Iglesia, y esta tarde, esta tarde, en el retrete...¡Ay Don Gabrié, que se me infunde una vergüenza que no puedo soltar palabra! ¡Ay qué apuro, mire usté!

- Niña, Ramirita, suelta ya la bola, hija, y acaba, que tiene que empezar el rosario, que están dando el tercero en el esquilón, ¿no oyes? Venga y termina lo que tengas que decir, échale valor, hija, ten confianza.

- Pues eso, padre, que entré en el retrete, para mis necesidades, y...y...y...¡que he pecado contra la abstinencia!

- ¿En el retrete, niña?... ¿Qué hiciste?

- ¡Ay, padre, ay!...que...que...queee
...mmm...mmm...¡Que me he limpiado el culo con el papel de la manteca colorá!¿Cómo? ¿Qué has dicho? Más alto, Ramira, que no me he enterado...

- ¡Ay!...¡Que me limpié el culo con el papel de la manteca colorá!!

Don Gabriel se quedó un segundo, un momento, estático, los ojos abiertos y la boca. Hasta que se le fue aflojando el rictus y rompió en una risa congestiva, irreprimible, que puso a temblar las maderas del confesonario.

- ¡Pajolera Ramirita! ¡Anda, anda, que vas a rematar como tu tia Vicenta, so pava! ¡Mira que la ocurrencia! ¡Y el pecado! Vamos que esto es para escribirlo en el repertorio de los casos de conciencia del manual de confesores. ¡Cuidado con la Ramira y su pecado de abstinencia! Si es que tú no estás cabal, hija mía, tú tienes algo en la cocotera...
Pues mira, ¿sabes lo que te digo? que te impongo de penitencia que cuentes lo del papel de la manteca, pa que tó el pueblo se entere de lo tonta que eres, Mirita.

- ¡Ay, Don Gabrié! ¡Ay, eso no! ¡Ay, eso no! ¡Que yo me muero de vergüenza, Don Gabrié! ¡Por Dios, Don Gabrié!...¿Y entonces, no es pecado?

- ¿Qué?

- ...lo del papel

- ¡Papel el que te voy a dar como vengas otra vez con esa paparrucha, so tonta, que vas a rematar tonta de paga!
Anda, anda y reza de penitencia un Credo a San José, a ver si te manda el talento que te falta, Ramirita. ¡Jesús qué cosas tienen estas mujeres!

- ¡Ay Don Gabrié, Dios se lo pague a usted! ¡Y usted perdone, Don Gabrié!

- Anda, anda...


Pero lo del papel se supo, no se sabe cómo. Dicen - pero es rumor sin confirmar - que fue el sacristanillo, el monaguillo mayor que estaba aquella tarde barnizando la barandilla del baptisterio, y que pegó el oído y se enteró (sin querer) del pecado del papel de la manteca. Y se fue muerto de risa y se lo contó a Basilito el Nardo, el de la tienda, el que hacía la manteca. Y aquella misma noche el caso del papel corrió de casa en casa por Castivieja del Sotillo, divirtiendo la velada de toda la vencidad.

La pobrecilla anduvo dos días que no se le quitaban los colores de la cara; por las esquinas, los chiquillos le decían: - ¡Ramirita, la papela! Y se le quedó el mote: 'Mirita la papela'.


Se cuenta también que su padre le dijo:

-¡So loca! ¡Que vas a caer mala de los nervios, con tanta tontería! Si en lo de comer, cuando hay de comer, no hay pecado como no sea que se pierda el sentío, que eso me lo dijo a mí el pater del cuartel, cuando hice la mili en Tetuán, y no me s'olvida (sic).

Pero cuando llegó el Sábado de Gloria, Perico le regaló a la niña una orza de manteca colorá que encargó en cá Basilito el Nardo. La Mirita se azoró, y decía que no, que para ella se terminó el gusto por la manteca, que ya no probaba más ni un chicharrón. Desde luego, lo decía con la boca chica, porque lo cierto fue que estuvo toda la Pascua Florida entretenida y mantenida con la orza de la manteca, tan rica.

Ya dije que el mote de la papela se le quedó. Y la anécdota pasó a ser ejemplo muy usado en la catequesis, cuando las beatas enseñaban los Cinco Mandamientos de la Santa Madre Iglesia a los chiquillos que iban a hacer la Primera Comunión. Cuando explicaban el 4º, 'Ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Santa Madre Iglesia', contaban el caso del papel de la manteca. Sin nombrar a la Mirita (detalle que no hacía falta porque aquello se sabía en todo el pueblo, como es natural).

n.b. Conste que la historia es real, fidedigna, garantizada. Y que sólo he cambiado nombres de personas y lugares para despistar.

*** Para los que no sepan qué es, lean: Manteca Colorá


+T.

martes, 5 de abril de 2011

Filo-lefebvristas en el disparadero (5º asalto iraburita)


Iraburu amenaza con 7 artículos (ya lleva 5). Me han dicho que se justifica diciendo que la septena en la Biblia significa la perfección. Me extraña que a la vejez se haya vuelto biblicista con fuego en la pluma, como si se hubiera auto-endosado la potencia aniquiladora de un ángel castigador (bíblico). Y todavía me extraña más que parezca aspirar a la perfección no por la calidad de lo que expone, sino por acumulación de articuletes, siendo, entiendo yo, todo lo contrario, por lo menos en la serie articulera, de la que podría decirse que hoy peor que ayer pero menos que mañana.

Y del autor en tanto que autor, quasi lo mismo: El ex-cabeza visible de la ortodoxia hispana (a partir del 1er. articulete de la serie cayó irremisiblemente del pedestal) se empeña en atacar y herir al miembro sano, el miembro más sano, la pars sanior de la Iglesia Católica (bis: léase esta última parte de la frase otra vez: "...se empeña en atacar y herir al miembro sano, el miembro más sano, la pars sanior de la Iglesia Católica"). Así.

El discurso iraburita, ya agotado desde la 1ª entrega, se repite e insiste machaconamente en lo cismático. Una insistencia cargada de prejuicios negativos contra la FSSPX que obvia otros cismas de hecho (suponiendo que el caso de la FSSPX sea cismático, que no lo es). En la Iglesia actual, se podría decir (y yo lo digo), se sufren cismas por comisión y por omisión. Me explico:

- un cisma por comisión entiendo que sería cuando se nombran o se mantienen obispos manifiestamente desafectos al dogma católico; de entre ellos muchos (casi todos?) de los pertenecientes a determinadas congregaciones religiosas, generalemente en diócesis de misión. Citaría, por ejemplo, a nuestro Nicolás Castellanos, o el mitificado Casaldáliga, o ese que ha salido a relucir hace poco con escándalo declarándose pro-abortista filantrópico, el tal Juan Godayol, y los demás como ellos. Cada vez que se ha nombrado, se ha mantenido y/o no se ha sustituído y/o penado canónicamente a uno de estos 'prelados', se ha cometido, de hecho, un cisma interno que afecta a la integridad de la Iglesia Católica.

- un cisma por omisión sería (y cito el caso por parecerme un ejemplo claro del concepto) el ocurrido hace un par de años en Austria, cuando la jerarquía del país con el presidente de la C.E. el Cardenal Schönborn a la cabeza, se niegan a aceptar el nombramiento del nuevo auxiliar de Linz, Gerhard Wagner, obligando a la Stª Sede a ceder a sus presiones y revocar el nombramiento del obispo electo. Situaciones como la de Austria se repiten en diverso grado, con parecidas tensiones, en otras partes, con más o menos reconocimiento y/o publicidad. De hecho, significan un cisma interno que afecta gravemente a la autoridad de la Iglesia, en cuanto se la niega, o se la impide, o se la frena.

Un tema este, el del disenso y la descomposición interna de la Iglesia, que Iraburu ha tratado ampliamente, ya sea en ensayos particulares, ya passim en otras obras publicadas. Por ejemplo, en su ensayo Infidelidades en la Iglesia, habla de los graves casos de disidencia post-conciliar y también de las reprobaciones oficiales que califica como "tardías, débiles o inexistentes". Sic.

En esa misma obra Iraburu habla de un triple modo de servir a la verdad:
1º-predicar la verdad 2º-defenderla de los errores contrarios, y 3º-reprobar eficazmente a los maestros del error.

En conciencia, en su conciencia sacerdotal, como hombre de Iglesia y teólogo, sinceramente, de verdad y con la mano en el pecho: ¿Se atreve a sostener Iraburu que la FSSPX no predica la verdad católica, no defiende esa verdad de los errores, no se opone eficazmente a los que egendran y difunden esos errores?

Por contra, el llamado 'cisma' de los lefebvristas resulta ser una sólida concentración de identidad e integridad católicas dentro de un agitado espacio de desintegración y división intra-católico. A veces tan alarmante (constatemente alarmante) como la última noticia que acabo de recoger, unos artículos del hoy Cardenal Ravasi en los que soltaba herejías como esta:

"...Sono da evitare due estremi:
1) credere che Gesù risuscitò Lazzaro da morte, nel modo e nei particolari descritti da Giovanni; 2) che lʼintera storia è una pura invenzione dell'evangelista"

(Es un comentario a propósito del milagro de la Resurrección de Lázaro; Ravasi escribe que habría que evitar dos extremos: 1º) creer que el Señor resucitó a Lázaro de la muerte de la forma y con los detalles descritos en la narración de San Juan y 2º) suponer que toda la historia es una pura invención del evangelista. Como se ve, Ravasi opta por una 'via media' que no dice ni sí ni no sino todo lo contrario, exponiendo un discurso ambiguo que disuelve el Evangelio. Lo gravísimo es que respecto a la Resurrección del Señor opina y enseña algo por el estilo. Y con esas ideas, con esos méritos, llegó a ser nombrado primero obispo y luego cardenal)

Con la Iglesia sumida en este estado de confusión y con una Jerarquía en la que caben personajes como Ravasi, resulta paradójico que se combata y rechace desde una pretendida responsabilidad católica aquello que representa y mantiene actualmente lo más genuina y contrastablemente católico. La FSSPX no ha perdido ni un punto del catolicismo que se ha ido demoliendo de forma constante desde la clausura del Concilio Vaticano IIº hasta el presente. Todo lo que se ha perdido, desde la teología a la pastoral, la espiritualidad y la moral, la eclesiología y la misión, la conciencia y la identidad, todo se mantiene y atesora celosamente, como un precioso don, dentro de la FSSPX: Un espejo donde la Iglesia se mira y descubre (traumatizada? avergonzada? estupefacta?) su propia imagen-identidad-conciencia perdida y/o deformada.

Me pregunto cual será el tipo de reacción que experimentará Iraburu cuando se mida con los sacerdotes y los miembros de la FSSPX, si estupefacción, si vergüenza o si shock traumático. Si no sintiera, sería porque ha perdido aquello de lo que presumía, la sensibilidad católica que hasta hace poco parecía ser su santo y seña. Quizá por eso ataca ahora, disparando a la diana más católica, como una especie de él sabrá qué tipo de extraña catarsis.


No sé si será consciente de que al atacar (y ya van cinco arremetidas y amenaza siete) adopta las trazas del enemigo, de uno de esos a los que he llamado cismáticos por comisión u omisión, que no están penalizados canónicamente, pero que de hecho son una pena interna para la Iglesia, a la que desintegran y desarticulan infectándola con sus desviaciones contra-católicas. Triste decadencia la de Iraburu, pasar de ser campeón católico a cripto-aliado vergonzante de los peores enemigos intra-católicos, esos que él mismo denuncia (o denunciaba).

Somos (me considero) una generación posterior a los hechos, y juzgamos los episodios pasados con otros referentes actuales. Por ejemplo, nos resulta patente la devaluación flagrante y acelerada del pontificado de Juan Pablo IIº post mortem. El caso de su próxima (y precipitada) beatificación ocurre en medio de la descomposición de una memoria que será más relativizada en cuanto vaya quedando más patente la insustancialidad de un pontificado y la gravedad de los hechos acaecidos en su transcurso, ya fueran consentidos, ocultados o ignorados. El entusiasmo de los adeptos se verá cada vez más contrastado por las evidencias. Desgraciadamente.

Al mismo tiempo, desde entonces al presente, ha ido confirmándose y resaltando la solidez de la FSSPX, cada vez más valorada por quienes profesamos (¡queremos profesar!) el Credo católico de todos los siglos con una conciencia católica sin merma, sin confusiones, sin desviaciones doctrinales, sin nocivas promiscuidades, sin contradictorias mixtificaciones, sin incompatibles añadidos.

Ignoro la etiología exacta de ese mal que afecta a los que ven enemigos donde deberían ver garantes. Espero que sea una fiebre pasajera, y que no les deje secuelas irreparables en la recta inteligencia y la buena voluntad.

A pesar de que ya van cinco arrechuchos (y se anuncian dos más).

+T.

domingo, 3 de abril de 2011

Juanpablismo en acción (ensayando la JMJ)


Un pérfido amigo, para removerme la atrabilis, me ha mandado este provocativo youtube. Toda una animada declaración de intenciones sobre lo que será la JMJ Madrid-Madrid-Madrid. Salvo un detalle a tener en cuenta y temer: Que en este youtube van vestidos, pero en el febril Agosto madrileño...a saber cómo irán des-vestidos-as



Muy monos, muy monas, ¿verdad? Muy pperos, muy pijo-urbanos, muy chupis, muy guays. Si hubieran sacado a dos beata-vaqueritas de Lerma, el clip hubiera estado quasi perfecto (en su género). La web que presenta el clip, por cierto, se llama empápate. De verdad. Palabra de honor.

La visión del clip es estupefaciente/desasosegante fifty-fifty, porque uno, entre tanta movida, se pregunta si hay algo más de lo que se ve, porque lo que se ve es...es...es...¿Qué es lo que se ve?

Bueno, sí, al final salen Juan Pablo II (beato súbito) bailando una conga, y Benedicto XVI con cara de circunstancias.

Confieso que si el vídeo es para abrir las ganas, a mi me ha descendido tres grados más por debajo la desmotivación que tengo.

Claro que es que un servidor no se ve representado ni reconocido entre esos chicos-as católicos de movida, porque un servidor se reconoce cada vez más como católico-católico de los que no caben (ni se esperan) en semejantes saraos juanpablistas.

¿Y qué más? preguntaría yo. Pero me he acostumbrado a no preguntar sobre ciertas cosas porque ya sé que no hay respuestas para lo que yo pregunto. Sic.

p.s. La coplilla que suena y cantan el gordito saltarín y su pandilla, ese 'pa-pa-pa-pa' en inglés pop-rock-pazguato, es la mar de sugerente. Yo hubiera puesto un chotis, total, si va a ser en Madrid.

p.p.s. O quizá una versión adaptada JMJ del bombazo 'Aquí no hay playa' (menos mal).


&.

viernes, 1 de abril de 2011

Dia de la Victoria (¡que no se olvide!)

Ahora que casi todos se olvidan y falsean y ocultan (y se ocultan), recordar es un deber de honor, de gratitud, de verdad. También de esperanza.

Hay memorias que honran.

Y que no olviden los merecidamente vencidos que fueron derrotados por los mejores.

Que se extinga la memoria de los malos derrotados y perdure más allá de las estrellas el recuerdo de los buenos que lucharon y vencieron por Dios y por España.



¡¡¡¡Viva!!!!