miércoles, 22 de septiembre de 2010

Intifada a la vista (Israel "inocente", of course)


Pues eso.

Quiero decir esto: La policía israelí irrumpe violentamente en la Explanada de las Mezquitas de Jerusalén.

Conque la Hilaria Clinton y su auto-propaganda como Doña Paloma de Paz Oriental quedan hechas unos zorros (le va, le va, le va...(con música de Julio Iglesias)). Y todo lo demás.

Y eso es lo que hay y lo que habrá. El grano viejo con nuevo abceso purulento. Hasta que reviente por Dios sabe dónde. Quizá, tal vez, por alguna novísima posible y probable casualidad israelí en esa misma Explanada de las Mezquitas que para Israel es una tentación. Una tentación diábolica. Muy ambicionada, como toda tentación hecha obsesión.

Y dentro de seis o siete mesecitos, nuevas conversaciones de paz con Israel en el papel de bueno victimalista y la pobre Palestina más inculpada que ayer pero menos que mañana.

Aunque lo más inmediato es esperar al Viernes próximo, el dia de oración de la morería, con la cabeza apuntando a la Meca inspiradora de vengaza y guerra santa. A ver cómo remata la jornada.

Israel, como de costumbre, se defenderá.
Solamente eso.
Nada más.
Pas rien.
Only.


Pax super Ierusalem!


+T.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Fray Leopoldo


Es tan familiar, tan de casa, que su foto (su estampa) aparece en cualquier cajón, entre las páginas de un libro, en el bolsillo de una chaqueta, en una cartera, en la cómoda, en el tocador, en las bandejas del ropero. En cualquier sitio. Por lo menos en mi casa.

Mi casa es particular, y se llueve y se moja como las demás. Ya no tenemos la casa grande y familiar, la antigua que tuvimos mientras pudimos. Se perdió con la decadencia de papá y nunca se recuperó. Pero en el piso de mi madre se conservó lo que se pudo, con detalles tan rancios como remotos. Por ejemplo el lararium.

El lararium romano era el altarcillo doméstico en el que se les rendía culto a los Lares, las divinidades del hogar. Se componía con figurillas e idolillos y otros objetos, de más o menso valor y calidad según la casa y su dueño; y se les presentaban ofrendas sencillas, caseras. Pues en mi casa el lararium pagano romano existe bautizado en cristiano: Un cuadro con estampas religiosas del Señor, la Virgen y los Santos, como un collage caprichoso, sin especial orden en su composición. Están las estampas de las devociones familiares. Y debajo de los Santos, una galería con fotos de los difuntos de la familia, tamaño carnet, recortadas de fotografías. Pues entre los Santos y la familia, Fray Leopoldo ha estado desde que yo tengo memoria del larario.

El larario es transportable, y se acomoda a cualquier circunstancia y en cualquier sitio. Yo lo he conocido en lo alto de la cómoda, encima del tocador, sobre un arca, en una repisa, encima del velador, en la mesilla de noche...Ahora mi tía lo coloca en una de las mesas de la cocina (y si sale y le tiene encendida una mariposa o un velón, lo mete en la bañera, hasta que vuelve a casa - "...no se vaya a volcar y se arme un fuego!", explica ella).

Se le encienden mariposas de aceite o velillas para cualquier cosa que necesita "refuerzo" de oración, por motivos de salud, de exámenes, de apuros en casa o la familia, por viajes, por enredos, porque se pierde algo, porque es un aniversario, porque es mes de difuntos, porque es dia del Santo, por algo que no se cuenta y no se sabe y mejor no saberlo, por las cosas que pasaron y para que no pasen cosas...Por todas esas cosas y mil cosas más. Como los romanos. Pero en cristiano, netamente católico, para horror y escalofrío de los herejes impíos protestantes y demás calaña infiel. Nosotros, en mi casa, católicos y romanos, con larario.

Por supuesto, Fray Leopoldo es de los que más velillas y mariposas gasta, con predilección. La querencia por Fray Leopoldo se inició en unas misiones populares que predicaron en mi pueblo los capuchinos, allá por 1960, más o menos, cuando empezaba a difundirse la devoción. Desde entonces no faltaron las estampitas, los almanaques, algunos ejemplares del Adalid Seráfico. Y la lotería de Fray Leopoldo que organizaba nosequién, y la rifa de Fray Leopoldo, y todo lo demás. En mi pueblo salen todos los años seis o siete excursiones a Granada, a ver a Fray Leopoldo (que no se ve porque está dentro de un catafalco de piedra pulida, que de grande que es ocupa toda la cripta). Se dice así: - "Han ido a ver a Fray Leopoldo". Y cuando vuelven del viaje traen estampitas y demás suvenires devotos que reparten entre las devotas.

Mi madre gastaba estampitas con reliquias de Fray Leopoldo constantemente. Se las prendía debajo del vestido, en el pecho, desde una vez que tuvieron que operarla. Era un elemento más de su vestuario devocional personal. Mi padre se molestaba, pero ella ni caso. La gracia era que le metía a mi padre estampitas de Fray Leopoldo en todas las chaquetas, en la cartera, en el maletín, en el buró de la oficina. Cuando papá cayó malo tuvo siempre la estampita de Fray Leopoldo debajo de la almohada.

A mí me lo daba para los exámenes, aquellos terribles exámenes finales de Junio del bachiller elemental, que nos examinaba - nosotros chiquillos de 10 años - un tribunal de catedráticos y catedráticas que imponían, catatúas y estafermos más malos que el saúco. Por lo menos eso nos parecían a nosotros, tiernos infantes impresionables. Pues frente a aquellos estrados fantasmagórico-académicos Fray Leopoldo era un abogado, un recurso, un auxiliador en el bolsillo del pantalón corto. Yo lo llevaba en estampa plastificada, y recuerdo que algún amiguete de clase lo portaba en medalla, y otro que lo usaba en llavero. Un año, Mª Loli Barrán se llevó un almanaque de pared completo, porque en su casa no tenían otro Fray Leopoldo a mano, y en mitad del exámen final de francés la catedrática, Doña María Lysén, creyó que escondía una chuleta y le tiró de una punta de papel sospechoso que le asomaba por debajo del suéter...¡y salió el almanaque de Fray Leopoldo completo! La pobre Mª Loli lloraba, nosotros nos sofocábamos de risa nerviosa, y la Lysén no sabía qué decir, impresionada (digo yo) con las barbas patriarcales del venerable siervo de Dios Fray Leopoldo de Alpandeire.

Fue un Santo de gente buena y sencilla, tan bueno y sencillo él. Nunca hizo milagros espectaculares, pero no paraba de hacer milagros chicos, caseros, de remedio y apaño, los milagros bienaventurados de los sencillos de fe, los de alma de niño y pecados de hombre. Pedía limosna para el convento, daba limosna a los pobres, y las limosnas que recogía y las que él daba eran pobres. Nadie le dio un millón, y si se lo hubieran dado imagino que no habría sabido que hacer con él. Y no era tonto, al contrario: Era santo. Rezaba y sabía hacer rezar. Tres sencillas Avemarías eran su receta más frecuente para todo y para todos.

Yo le guardo y profeso la simpatía devota que aprendí en mi casa, por contagio. Y me alegro de su beatificación (que no le añade -entiéndaseme- más santidad que la que tenía ya, en el larario de mi casa). Y espero y quiero que lo canonicen pronto (aunque en el lararium de mi casa ya sea santo entre los Santos, por intuición).

Por eso escribo esto, como un sencillo Ex Voto al bendito Fray Leopoldo.



+T.

domingo, 12 de septiembre de 2010

"No se hagan ilusiones:...ni afeminados, ni sodomitas...heredarán el Reino de Dios".


Un texto, diríamos, circunstancialmente "incómodo". En sí mismo, en su contexto de la ICor, ya lo es, tratándose de un asunto escandaloso sobre el que incide la palabra y la doctrina del Apóstol:


¡No os engañéis! Ni los impuros, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales,
ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los ultrajadores, ni los rapaces heredarán el Reino de Dios.
Y tales fuisteis algunos de vosotros. Pero habéis sido lavados, habéis sido santificados, habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesucristo y en el Espíritu de nuestro Dios.
«Todo me es lícito»; mas no todo me conviene. «Todo me es lícito»; mas ¡no me dejaré dominar por nada!
La comida para el vientre y el vientre para la comida. Mas lo uno y lo otro destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo.
Y Dios, que resucitó al Señor, nos resucitará también a nosotros mediante su poder.
¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? Y ¿había de tomar yo los miembros de Cristo para hacerlos miembros de prostituta? ¡De ningún modo!
¿O no sabéis que quien se une a la prostituta se hace un solo cuerpo con ella? Pues está dicho: Los dos se harán una sola carne.
Mas el que se une al Señor, se hace un solo espíritu con él.
¡Huid de la fornicación! Todo pecado que comete el hombre queda fuera de su cuerpo; mas el que fornica, peca contra su propio cuerpo.
¿O no sabéis que vuestro cuerpo es santuario del Espíritu Santo, que está en vosotros y habéis recibido de Dios, y que no os pertenecéis?
¡Habéis sido bien comprados! Glorificad, por tanto, a Dios en vuestro cuerpo. I Cor 6, 9-20


Merece leerse y echarle una serena meditación. Y apreciar cómo un tema tan escabroso termina ilustrado de forma admirablemente santa. Es un texto que prueba muy bien la novedad de Cristo y su obra, la acción del Espíritu Santo por medio del apóstol San Pablo que perfecciona y eleva a aquella comunidad de Corinto, hombres y mujeres de su tiempo, con las costumbres, las formas y las modas del momento, amonestados por la predicación porque ya no pueden seguir manteniendo esos comportamientos, puesto que son cristianos, son parte de un orden nuevo que exige una vida nueva, en gracia de Dios. Todo el pasaje es reconstituyente, impregnado de la gracia de la revelación cristiana.

Pues esa fue la 1ª lectura de la Misa del Martes pasado. En mi parroquia hubo en Misa matutina unas veinte selectas y pías personas, que no sé con qué grado de consciencia escucharían la epístola. Personas devotas que cuando el lector concluyó diciendo -'Palabra de Dios' contestaron -'Te alabamos, Señor', sin problema. Aunque existe el problema, hoy más que nunca.

¿Qué diría, qué opina, digamos, la Bibiana Aído, la ministresa promotora de todo lo contrario que aparece en ese texto, la ministresa que institucionaliza desde su ministerio esos pecados de los corintios (y las corintias), y los promueve, y los publicita, y los subvenciona??? La ministresa Bibiana, seguramente, denunciaría a San Pablo, y como San Pablo no está a su alcance estará dispuesta para llevar ante los tribunales a quien diga/predique/enseñe lo de San Pablo. Estamos a punto de eso. El día menos pensado viene la pareja de la guardia civil y detiene en el púlpito al cura por predicar IªCor 6, 11ss. Estamos a un paso de. En otros sitios ya ha pasado, en Inglaterra, por ejemplo, sucedió un caso así hará cosa de un año, con la paradoja de que fue un feligrés presente, policía en activo y miembro de un colectivo gay, que se levantó del banco y detuvo allí mismo al predicador. Y se lo llevó preso, por homófobo (como San Pablo).

La escena se complica considerando la particularidad que apunté más arriba, esa aclamación de -'Palabra de Dios' que define al texto y le confiere su valor: Lo dicho es Palabra de Dios. Ni más ni menos.

Entonces, luego, es decir, por tanto...Dios es homófobo. Ita!

Ejem, ejem, ejem!...Amadísmos hermanos (y hermanas): Llegados que hemos a esta consideración, me veo obligado a suplicar amparo al Altísimo, para mí y para todos los conscientes y coherentes, que nos exponemos a la furibunda iracundia de la impía Bibi y sus poderes, poderes injustos de este mundo fornicario y su gobierno que legisla a favor del pecado y en contra de Dios y su ley. ¡Oh, hermanos! ¡Ay, hermanas! Preparémonos para derramar sangre en defensa de nuestras católicas creencias, expuestas a la abyecta guerra que los enemigos de Dios tienen tramada contra la santidad y la verdad de nuestra fe, la única Fe salvadora...etc. etc. etc.

Esto de más arriba (que he escrito en forma histriónico-irónica - ¿lo han pillado Uds.??? -)es lo que se debería decirse en serio, en tono más grave, a propósito de. Pero no se dice eso. Y no lo dicen quienes tienen que decirlo, que son, primeramente, los Obispos, sucesores de los Apóstoles para predicar y enseñar lo que predicaron y enseñaron los Apóstoles. Tal es su misión y su ministerio.

Siendo más preciso, reconozco que de vez en cuando, algún obispo se pone la mitra y agarra el báculo y dice lo que debe y está obligado a decir. Pero son excepciones, raros entre el común. Lo prueba que salen en la prensa, como un notición escandaloso: "...Monseñor Onesíforo Felipe Rudatero, obispo de Traumatoquia del Tempú, publica una pastoral homófoba..." etc. etc. etc. Y así.

Como acabo de decir, es raro. Por circunstancias varias. Una de ellas, por ejemplo, es que el texto paulino que comento, IªCor 6, 11ss, se lee el Martes de la XXIIIª Semana, los años pares. No un Domingo del año todos los años, sino un Martes, entre semana, cada dos años. Y eso si no se sustituye por otra lectura, según la ocasión, por celebrarse una memoria o una fiesta con lecturas propias, que entonces no se lee. Y como no se lee, no se predica. Y como no se predica, no nos enteramos. Y como no nos enteramos...¿Me siguen ustedes?



Cuando compusieron el Novus Ordo de Pablo VI, los liturgistas encargados de confeccionar el nuevo leccionario litúrgico tuvieron cuidado a la hora de escoger determinados textos, por su valor, por su significado, por su contenido. Se dio cierta preferencia a algunos pasajes y otros quedaron en segunda línea. Con el ciclo terciado del Leccionario Dominical hubo posibilidad de alternar lecturas bíblicas muy variadas para los Domingos del Año Litúrgico (72 domingos cada año x 3 ciclos de leccionario x 3 lecturas cada domingo hacen posible una selección bastante variada (saquen, si quieren, la cuenta; yo soy de letras)).

Pues sabrán ustedes que entre todo ese elenco, este texto tan esclarecedor de ICor 6,11ss no sale, no se lee como epístola en ningún Domingo del año; sólo sale y se lee cada dos años, entre semana, un Martes (si las circunstancias, como he explicado, no lo impiden). Y no será porque el tema no esté de candente actualidad. Todo lo contrario.

¿Qué pasa pues? ¿No se quiere? ¿No se quiere querer? Yo pienso que no, que nadie quiere y los pocos que pudieran querer no se atreven porque les pueden dar tal patada en sus reverendas asentaderas que les manden a las antípodas de donde corresponda. Por imprudentes. Incluso por intolerantes. Hasta por homófobos, me atrevo a decir. Y conste que ahora no hablo de la ministresa inmoralizadora, sino que me refiero a nuestros Ordinarios (¿saben ustedes qué es un "ordinario"? Supongo que sí, que saben lo que son, ¿no?). No están por la labor, no se sienten cómodos enseñando esa predicación de San Pablo a los corintios.

Total, lo que quería decir es que con tales mínimos de interés no sale luego el máximum que se necesita. Y así andamos. Desde luego ni todo el mal es sexual ni el pecado mayor es el contra sextum (el 6º tiene cinco/5 mandamientos por delante, cada uno con su espectro de gravedad). Pero en un mundo/una sociedad donde el frenesí erótico-sexual termina descomponiéndolo todo y atentando contra todo, urge la denuncia, la alarma, y llamar al pecado por su nombre. Y a los pecadores, llamarles gravemente la atención.

El texto no es homófobo, simplemente es moral y es cristiano. Y está revelado, y no ha perdido nada de su valor moral, también revelado. Y lo que enseña lo dice muy claro: Los que cometen tales pecados, no caben, no tienen sitio en el Reino de Dios. Entiéndase que lo que se censura no son identidades, sino prácticas. Tan claro como que inmediatamente después de la severa afirmación el Apóstol reconoce que en la comunidad hay miembros que un día fueron culpables de aquello, pero se regeneraron por la gracia de Dios, se convirtieron y abandonaron el pecado, quedando purificados, aptos para la vida espiritual cristiana.

Pero en nuestro caso, para los afectados de nuestra época, aparece un problema de principio: Cuando se obvia, se niega y se anula el alma y todo lo que cuenta es cuerpo, el cuerpo y sus sensaciones, ¿de qué pecado vamos a hablar, si no saben ni qué es pecado? Y no lo saben no por que sean inocentes, sino por todo lo contrario: La ofuscación de la carne, tan fuerte, ha dejado al espíritu en un estado de consunción, irreconocible, exangüe, incapaz de reaccionar para reconocerse y pujar por sí. Y la razón inteligente se suma a la torpe cadena, sucumbiendo, prestándose a razonar contra sí misma.

No crean ustedes que me refiero a gente extraña, seres perversos de vida estragada y decadente. Estoy pensando en gente de nuestro entorno social más inmediato: familiares, amigos, vecinos y conocidos que piensan y sienten así, lamentablemente. No son monstruos, ni gente abyecta. Son hombres y mujeres, adultos, jóvenes, adolescentes de nuestro tiempo, gente corriente, gente normal. Como eran normales y gente de su tiempo y momento aquellos corintios a los que se dirigía con toda seriedad San Pablo.



¿Qué hacer, pues? ¿Cómo actuamos?

Primeramente hay que insistir, después hay que formar. Y es dificil, muy dificil, la batalla. Principalmente porque son pocos los convencidos, los que suscribirían de pe a pa ese texto paulino, que es Palabra de Dios, tan viva entonces como ahora, tan válida para los corintios del siglo I como para nosotros, los cristianos del XXI.

Me da pena reconocer que entre los convencidos las mitras y los báculos son una excepción, como ustedes sospecharán, tristemente.

Y así transcurre el siglo. Y así barren los vientos. Y así nos barrerán, como peleles "...sacudidos por las olas y arrastrados por el viento de cualquier doctrina, a merced de la malicia de los hombres y de su astucia para enseñar el error" Ef 4, 14.

¡Que el Señor nos haga conscientes y fuertes para resistir y luchar el combate de la fe!

Es justo. Es necesario. Y es urgente.


+T.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Un abandono escandaloso


La noticia con su escándalo ha corrido como pólvora en pocas horas por Sevilla entera. Primero en los mentideros clericales y después por todos sitios, porque el personaje es archi-conocido, de esos que ellos mismos se han dado a conocer, muy interesados en hacerse un sitio (un buen sitio) en la opinión pública, en primera fila, en palco.

Ha sido un privilegiado, Vicario Episcopal, párroco de una de las mejores parroquias de Sevilla capital, responsable de congresos super-publicitados, director de instituciones de primer rango diocesano, canónigo de la Santa y Metropolitana Iglesia Catedral, con todas las prebendas y buenas prendas anejas a todos esos cargos. Setenta y tantos años de edad y cuarenta y tantos de cura.

El bombazo es tal por el calibre del personaje, de mucho peso: ¡Se va! Quiero decir que se va y acompañado, por la puerta grande del escándalo clericalón. Abandona la clerecía, cuelga la sotana morada de canónigo (la negra común, la de cura corriente, me parece que nunca la usó) y deja la pingüe parroquia y el sitial del coro y todos los demás honores...porque le ha vencido el mundo, el demonio y la carne (no sé, no puedo precisar, si en esta o en otra secuencia de orden y/o afectación).

Se cuenta que ha sido "tentado" oficiosamente con algunas alternativas/salidas airosas, para mantenerle en un interim menos escandaloso. Pero él ha dicho que no, que ahora, que ya.

Yo me temo que es un infeliz, desde él sabrá cuando, porque estas cosas no son anécdotas de un día para otro sino que se gestan durante años, largo tiempo, hasta que explotan. Han jugado, él y otros, a modernistizar, apuntándose a todas las vanguardias, apostando (les fascina este concepto) a la revolución eclesial, inventando y organizando gestos desafiantes. Paso a paso, se estaban vaciando de fe y vaciaban la fe de todo lo que pasaba por sus manos. Seguramente, como todo sacerdote, habrá hecho mucho bien, no lo dudo. Pero ahora se computarán los daños causados y será durante algún tiempo un peligroso. Que el Señor nos libre de lo que todavía puedan hacer, decir y/o tramar.

Causa escalofríos considerar en manos de quiénes hemos estado. Porque han sido personajes así los que han gobernado nuestra Diócesis. Incluso el plan pastoral vigente ha sido trazado y elaborado por ese equipo que ha dirigido todo durante los últimos veintitantos, casi treinta años. Y todavía conservan puestos e influencias notables, muy importantes. Todavía.

No sé si este roto estrepitoso será la primera escandalosa defección de otras que pudieran seguir, siendo las circunstancias tan semejantes para otros personajes de su entorno. De todas maneras, el escándalo ya está en la calle, rodando.

A los afectados habrá que reanimarles. Porque estas heridas dejan heridas. Un sacerdote toca muchas cosas, sagradas y profanas, altas y bajas, del espíritu y de las conciencias, de las personas y de sus circunstancias. Y cuando se infecta un ministro sagrado, deja su pus infectante en cada alma que ha tratado.

Por eso toca rezar, hay que orar. Hay que pedir al Señor que repare y restañe con gracia la desgracia, para que sane y limpie el rastro infeliz que este caso, como todos los demás de esta clase, va a dejar. Que perdone y mande arrepentimiento al protagonista. Que los fieles olviden al hombre caído y se agarren sólo a la Cruz que, aun en estos desgracidos misterios del pecado (el pecado es también misterio, ¡que no se olvide!), resplandece como única señal de salvación. Siempre brilla la Cruz; si hay más oscuridad, más brillante luce.

Y que el Señor nos guarde y nos conceda sacerdotes buenos, fieles, perseverantes, resistentes al mal y a la tentación. Y santos, con la gracia de Dios.

&.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Arquitectura insignificante para el signo (minimizado?) de la Fe


En un par de dias se me ha juntado la pésima impresión de dos altares para dos próximos eventos, los dos muy señalados: La beatificación de Newman en Birmingham y la peregrinación del Papa a Santiago. Un doble y desagradable impacto estético-espiritual.

Que todas las bellas artes están sumidas en la crisis del no-arte es tan evidente como son patentes los desechos de un Tapies o un Barceló, manipuladores arteros para el consumo de absurdos conformistas de lo abyecto. La arquitectura también, de forma muy manifiesta y tanto más infectante/invadente cuanto que han convertido el mundo en una galería homogeneizada despersonalizante, construyendo lo mismo para una cosa y otra, en un sitio y en sus antípodas. A veces pienso que es un eructo retardado del empacho uniformista del izquierdismo sesentayochista, tan penetrado en la mente de las pseudo-élites, todavía.

Particularmente me preocupa en cuanto afecta a la fe. La fe es gracia, y virtud, y es sobrenatural. Pero la fe es para el hombre y el hombre está en el mundo, y aunque el hombre de fe, por la fe, se despega del mundo, en su decurso el mundo se le pega y termina oliendo a su mundo, que es su entorno. A pesar de la fe.

La fe de Tomás de Aquino tenía el color de y olía a siglo XIII tanto como la de Descartes se coloreaba y olía a grand siècle. Y nuestra fe, desventuradamente, huele a siglo XXI con tufo retroactivo y persistente del XX, que no son buenos olores para la fe. Ni para el arte. Incluso peor para el arte que para la fe, en razón de su materialidad fundamental.

Aunque en el fundamento del arte esté algo tan sutil y volátil como la inspiración, que es razón, que es intelecto, en el siglo del absurdo desfundamentante el bajo intelecto de la razón inspiradora deforma lo material hasta la degradación artística que padecemos, titubeante para la belleza y atrevida para el feísmo inexpresivo y vacuo, nauseabundo. Lo grave es que en la mente des-inspirada del pseudo-artista se pretende, justamente, eso. O se disimula con esto la imposibilidad esteril de una verdadera expresión de lo bello.

El otro día, viendo un mini-reportaje sobre algo que pintaba Antonio López, una vista de la Puerta del Sol, me asaltó la misma impresión de cada vez que veo algún cuadro suyo: Pinta muertos, pinte lo que pinte, sea un retrato, sea un paisaje o una pila de bidé, todo lo pinta muerto (o lo mata cuando pinta). Es la antítesis de aquellos maestros que pintaban naturalezas muertas que revivían en sus cuadros. Y pienso en los bodegones de Sánchez Cotán o de Zurbarán, que laten vida a pesar de ser materia inerte pintada. La diferencia entre arte y no-arte, que se quiere obviar.

Conozco, y me perturba, aficionados a eso, ciegos de yo no sé bien qué parte de los ojos, la estimativa o la razón estética. Enfermos, sin duda. Quizá, también, sea por pecado, por el pecado (no digo sus pecados, no me atrevo). Y es triste. Pero me afecta más, decía, cuando entiendo que devalua a la fe, al misterio.

Volviendo a los 2 altares proyectados, vean y juzquen sus calidades estético-religiosas y católico-litúrgicas:

Este es el escenario proyectado para la beatificación de Newman

Este el que se va a levantar en el Obradoiro para la Misa del Papa

El del Birmingham está super-visto, mil veces repetido, fatigosamente aburrido por multi-representado, passim, aquí y alla, tan semejante a un escenario de concierto, de auditorio, de espectáculo de cualquier cosa y/o género. Solamente la presencia minimalista de algún signo cristiano (un crucifijo) le confiere cierta entidad identificativa. Nada más.

El de Santiago, a falta de más concreción y detalle, según se ve en ese esquemático plano, parece una tarima-plataforma con techo y mampara lateral estilo ikea. Se supone que la decoración posterior precisará más que se trata de un espacio determinado para la celebración de la Misa por el Papa Benedicto. Llevará, imagino, algunos emblemas ad casum, alguna leyenda u otros elementos configurantes. Y poco más.

Se entiende que todo ese espacio escenográfico, el inglés y el compostelano, se transformará y aparecerán definitivamente sacralizados en cuanto sean ocupados por el Papa y el clero asistente. Pero pregunto: ¿De que se trata, para qué se han construido, para enmarcar al Papa o para celebrar el Sacrificio del Altar? ¿Qué/Quién tiene que resaltar? ¿Qué presencia debe remarcarse y prevalecer, la del celebrante o la del Celebrado?

En el sentido de esta cuestiones (y otras anejas y dependientes que evito por simplificar la exposición y no cargar el artículo) se me degrada la apreciación de uno y otro escenario en razón de una consideración que va más allá de lo estético-arquitectónico, porque se trata ya de una reflexión litúrgico-sacramental, y de índole espiritual y piadosa.

¿Qué creen (o qué no creen) los que idean tales formas para expresar y contener la Fe y el Misterio? ¿Y los responsables que encargan y aceptan eso?.

Lo de Birmingham supongo que se va a levantar en un espacio abierto, un descampado en el extra-radio de la ciudad, sin edificios próximos. Pero lo de Compostela se va a erigir en plena Plaza del Obradoiro, entre el Palacio de Rajoy y el Colegio de San Jerónimo...y la fachada de la Catedral, como un espejo. Un espejo para no mirarse y no tener forzosamente que compararse.



No pretendo decir que sean comparables una arquitectura efímera e insustancial con otra monumental, al mismo nivel, con parejas consideraciones. Pero sí digo que en este y otros casos semejantes se impone una relativa comparación, imposible de evitarse, indisimulable: Esto es lo que edifica nuestra fe, y aquello es lo que edificó la fe de los que nos precedieron, en otros siglos.

¿Es la misma fe, se puede identificar una con la otra, la nuestra con aquella, según se ve, según las formas visibles que manifiestan una y otra, la fe que trasluce el altar diseñado y la fe que contiene la fachada del Obradoiro? ¿Esta fe de hoy es aquella fe de ayer?

Una difícil cuestión que responde , primeramente, para irse matizando con considerandos y juicios que complican la primera y aparentemente facil identificación conclusiva, sin más. (Y eso que no he introducido la variante Pórtico de la Gloria, elemento de expresión de fe de un orden y calidad estético-cristiano un grado aun más profundo que el de la monumental fachada, que es su exterior, simplemente su envoltura).

Desde el versículo de la Escritura "...caeli enarrant gloriam Dei et opera manuum eius adnuntiat firmamentum /los proclaman la gloria de Dios, el firmamento anuncia la obra de sus manos" Sal 18, ¿qué mensaje, qué pregón de Dios hacen esos dos altares, qué dicen, qué enseñan de Cristo el Señor, de su Misterio, de su Presencia? ¿Y qué idea dan de su Iglesia, la que va a celebrar tan gran Misterio en ese espacio concebido ex profeso, para una y otra ocasión?

¿Opinan ustedes? ¿Deducen ustedes, concluyen? ¿Se atreven? Porque la conclusión da escalofríos. Si se cree, claro está.

A propósito: ¿Ustedes creen?

p. s. Y más a propósito: ¿Esas cosas les ayudan a creer?

+T.

domingo, 29 de agosto de 2010

Taizé, un encanto insuficiente


Confieso que me gusta la música de Taizé, algunos de los cantos corales de Taizé, quiero decir: Adoramus te Christe, Jesus le Christ, Cristus remember me, Nada te turbe, etc. Me gustan porque no son estridentes, manifiestan piedad, ambientan suavemente, y algunas de las letras de las canciones son en latín. Hasta ahí llega mi aprecio por Taizé. Después, sobre todo lo demás, tengo y mantengo un juicio muy diferente.

Desde los años de seminario, he conocido casos de gente que iba a Taizé y volvía "transformada"; transformación que al cabo de un tiempo iba derivando en alejamiento de la práctica de Misa y Sacramentos y/o indiferencia espiritual, para terminar en una común y ordinaria actitud contra-católica anti-religiosa. Y por ahí andan. Por supuesto ya no van a Taizé. Tampoco digo que Taizé sea la causa de estas defecciones. Pero sí digo que ese declive de fe les sobrevino a partir de Taizé, de haber estado en Taizé.

La semblanza que en estos días - sorprendente en alguos medios - se hace de Taizé traza un ambiente atractivamente idílico, centrado fundamentalmente en la personalidad amable de su promotor/fundador, el hermano Roger Schutz, una de las figuras más características de la espiritualidad cristiana de la Europa del siglo XX. Siglo XX europeo - no se olvide - que hay que definir desde dos guerras mundiales, el traumatismo del comunismo-telón de acero, el Concilio Vaticano II y el post-concilio, y las inciativas políticas pan-europeístas. En estas coordenadas, la personalidad y la obra de Roger Schutz son un significativo particular que contiene parte de todos estos elementos, como un pequeño mosaico compuesto con fragmentos de la razón de todo lo demás, de todas las circunstancias de la Europa del momento.

Cuando leo algo sobre los comienzos (idealizados?) de Taizé, se me plantea una cuestión: ¿De qué huía Roger Schutz cuando se aleja de su mundo/ambiente protestante? Si había insatisfacción, ¿de qué era, cual había sido? ¿Qué fue lo que dejaba y qué lo que buscaba?

A continuación se me plantean en paralelo otras preguntas sobre el fin, sus logros: ¿Encontró lo que quería? ¿una definitiva satisfacción de su sed espiritual? Aquí se me viene a la cabeza la canción extrañamente mística de Taizé, con letra (retocada) de nuestro Luís Rosales (¿y la breve música de Narciso Yepes?):

De noche iremos, de noche,

que para encontrar la fuente

sólo la sed nos alumbra

sólo la sed nos alumbra


No sé si el hermano Roger se sitió identificado con esta letrilla que yo, sin embargo, identifico con él, con el hermano Roger de Taizé. Me parece adecuada a la impresión que saco de su persona y de su obra.

Una obra extraordinariamente bien vista por la Iglesia Católica, como se desprende de las abiertas comunicaciones, simpatías y elogios. Cierto grado cenital de abierto reconocimiento se alcanzó en un acto memorable, cuando en el funeral de Juan Pablo II, con todo el mundo como testigo, el hermano Roger recibió la Comunión (en la mano) de manos del todavía Cardenal Ratzinger, celebrante de la Misa exequial del recien fallecido Pontífice. Como tantos católicos, yo también me pregunté si había algo más en aquella escena, si por fín el hermano Roger había sido plenamente recibido en la Iglesia Católica, y con aquel acto público y multitudinario se le daba finalmente publicidad.

He dicho "plenamente" porque desde los años '70 se difundió la impresión de que el hnº. Roger era católico de facto, a tenor de una cierta (y confusa) confesión de catolicidad profesada ante monseñor Armand Le Bourgeois, obispo de Autun, en 1972, quién le administró por primera vez, públicamente, la Comunión. Sin aclararse nada sobre el particular, se conjeturaba que sería una conversión mantenida en una relativa discreción, por las peculiares circunstancias de la vocación ecuménica de la comunidad de Taizé.

¿Cual es esta vocación ecúmenica, y de qué clase? El ecumenismo de Taizé es previo al espíritu ecuménico del Vaticano II y el post-concilio, diríamos que a la distancia que marcan las fechas; desde el nacimiento de Taizé en 1940 a la clausura del concilio en 1965 va esa diferencia de veinticinco años, que en cronología ecumenista son muchos más y miden conceptualmente un lapsus mayor. Digo esto para hacer ver que lo que se inicia en Taizé no sintonizaba con el ambiente general de la Iglesia Católica del 1940. Que, sin embargo, veinte años después sería una tónica dominante en la Iglesia conciliar de Juan XXIII y de Pablo VI. Precisamente, Roger Schutz y su obra se vieron manifiestamente recibidos en el Concilio, incluso personándose con uno de sus más carismáticos representantes, el hno. Max Thurian, invitado expresamente como observador conciliar. Max Thurian sí se convertiría al catolicismo, y se ordenó sacerdote católico poco tiempo después. Con él, la comunidad de Taizé patentizaba la consumación de su ecumenismo, una comunidad plenamente ecuménica, en la que convivían fraternalmente protestantes y católicos...y el hnº Roger, su superior. El hnº. Roger quedaba siempre indefinido en una especie de status de excepción eclesial.

A veces (supongo que otros habrán sentido lo mismo) he tenido la impresión de que Taizé se colocaba (se postulaba) por encima de la Iglesia, con ese confuso valor supra-eclesial que desde algunos estamentos/ambientes católicos parecía concedérsele al ecumenismo y sus instituciones. Algunas desdichadas imprecisiones oficiales de la Iglesia (un imperfecto/impreciso magisterio?) parecían dar pie a esta hiper-valoración ecumenista. El discutibilísimo subsistit in conciliar (LG), sin ir más lejos, por ejemplo (un raro y extravagante particular necesariamente explicado y re-explicado por el magisterio posterior, permítaseme el excursus). Taizé, con este telón de fondo católico, se perfilaba como la iglesia ideal de la intercomunión y la integración. Por lo menos así era vista la comunidad de Taizé por muchos, un pretendido ideal que empezaba a realizarse y se demostraba posible y factible en Taizé. ¿Un ensayo logrado? ¿Una experiencia de futuro abierto? Para muchos, yo diría, que una providencial profecía. (como ilustración de lo que llevo dicho, es interesante este artículo-entrevista con declaraciones del Card. Kasper, publicado hace un par de años)

¿Cual fue, en realidad, la situación/relación del hermano Roger Schutz con la Iglesia Católica? Yo respondería describiéndole como una de especie de catecúmeno privilegiado, que nunca llegó a la integración definitiva, plena y perfectamente reconocible y confesable. ¿Por qué? Y vuelvo a plantearme la cuestión: ¿Qué le impidió reconocerse y ser reconocido plenamente católico? ¿Algún particular de la Iglesia, algún motivo concreto, irremovible/inasumible por su conciencia?



En vísperas de la beatificación del gran converso del siglo XIX, John Henry Newman, el caso de Roger Schutz se me plantea todavía más extraño. Y su tratamiento por parte de nuestra Jerarquía, aun más raro. ¿No pudo asumir la Iglesia que sí asumió J.H. Newman? ¿La iglesia del pre-Vaticano I pudo ser confesada y reconocida por el intelectual anglicano Newman pero la iglesia del post-Vaticano II no pudo aceptarse/asumirse por el fundador de Taizé? (?)¿Qué separaba a un hombre sencillo y sincero como Schutz de abrazar la Fe que por su parte sí confesó e hizo admirablemente suya el gran Newman?

Algunos que queremos pensar bien siempre que se trata de pensar sobre la Iglesia, entendimos que la Comunión recibida en la Plaza de San Pedro, ante todo el Orbe Católico, escondía una clave católica, quizá una conversión acordadamente tácita, no hecha oficialmente pública por razón del caso especial de Taizé, tal y como parecía reconocerse por el siempre demasiado ansioso ecumenismo católico. Por el bien de Taizé, había sido por su bien, me explicaban algunos. Y mientras mejor me lo querían explicar, más reticencias se me despertaban. Nunca, pensándolo despacio, me argumentaron convincentemente por qué no la explícita conversión (si la había, si la hubo) y su reconocimiento.

Y así se me fue desdibujando el perfil del hermano Roger, incluso a propósito de su muerte, tan sorprendente y tan poco explicada, tan poco detallada, que pasó como una noticia de fin de semana de Agosto, con todo el mundo de vacaciones, entre el sopor perezoso de los noticiarios de la canícula. Y poco más. A parte la impresión de que con él Taizé también se diluía, uno de esos fenómenos tan ligados a la fuerte impronta de su ideador-promotor que al irse este se llevaba su obra también con él.

Desconozco cómo ha derivado Taizé, su comunidad, su mundo, desde la desaparición del hnº Roger. Insisto, sin embargo, en la impresión de relativa decadencia. Alguna vez pensé en Taizé como otro epifenómeno de la Francia del '68, con tantos elementos que se podían asimilar a los movimentos juveniles de aquellos años, incluído el fenónemo hippie.

Cuando me hablaban de la integración en Taizé del protestantismo (la espiritualidad bíblico-escriturística), la ortodoxia (veneración de iconos y cierta espiritualidad litúrgica) y el catolicismo (la capilla con la reserva del Sacramento, la celebración de la Misa y el sacramento de la Penitencia), todos estos elementos me parecían encajados en una estructura motivadora, atractiva, pero confusa, indeterminada, insuficiente.



El magistral (y cada vez más reconocido) Romano Amerio, en uno de los capítulos de su Iota Unum hace una crítica fundamental al concepto "movilista" de la fe, entendida como búsqueda y no como posesión. Trae a colación al filósofo alemán Lessing, citando una parábola suya conocida como "eine duplik" (una réplica):

"Si el infinito y omnipotente Dios me diese la posibilidad de escoger entre el don escondido en su mano derecha, que es la posesión de la verdad, y el don escondido en su mano izquierda, que es la búsqueda de la verdad, yo rogaría humildemente. ¡Oh Señor! concédeme la búsqueda de la verdad, porque poseerla solamente es propio de Tí"


Amerio señala, por una parte, el absurdo que entraña la situación/respuesta; y por otra la exqusita soberbia intelectual del que se prefiere a sí mismo, a su propia lucubración/cavilación/movimiento despreciando la verdad de Dios (la única y plena Verdad). En palabras del propio Amerio:

"...Prefiere su propio movimiento subjetivo y la agitación vital de su Yo a ese valor para detenerse en el cual le ha sido dado el movimiento subjetivo."


y concluye diciendo que
".... El error por el cual se estima más la búsqueda de la verdad que su posesión es una forma de indiferentismo."


¿Es eso, algo de eso, lo que es realmente Taizé? ¿Por eso la experiencia de muchos jóvenes que visitan Taizé concluye luego en una defección, un abandono de la práctica religiosa y un decaimiento paulatino de la fe?

Concluyo con una cita del hermano Roger Schutz, unas palabras de principios de los años '50:

"Sé entre los hombres un signo de amor fraternal y de alegría.
Ábrete a lo que es humano y verás disiparse todo vano deseo de huida del mundo.

Sé presente a tu época, adáptate a las condiciones del momento.
¡Oh Padre!, no te pido que los separes del mundo, sino que los preserves del mal.

Ama a los desheredados, a todos aquellos que, viviendo en la injusticia de los hombres, tienen sed de justicia. Jesús tenía para con ellos atenciones particulares. No temas jamás ser incomodado por ellos.

Ten por tus padres un profundo afecto; que éste les ayude a reconocer, por su misma cualidad, lo absoluto de tu vocación.

Ama a tu prójimo, cualquiera que sea su horizonte religioso o ideológico.

No te resignes jamás al escándalo de la separación de los cristianos que, confesando todos tan fácilmente el amor al prójimo, permanecen sin embargo divididos.

Ten pasión por la unidad del Cuerpo de Cristo."


Aun reteniendo el recuerdo amable del hermano Roger y su espiritualidad sincera, entiendo que son exortaciones asumibles por un católico, pero insuficientes, algunas con bastante contradicción interna, o faltas de una explicitación más concorde con el sentido del Evangelio.

Resumiendo, como he titulado esta reflexión-comentario: Un encanto insuficiente.


+T.

viernes, 27 de agosto de 2010

Iceta definitivamente en Bilbao


El nombramiento del nuevo obispo de Bilbao, Mario Iceta, se ha hecho declinando Agosto, con las fiestas de verano ya celebradas, la gente todavía de vacaciones, y el escenario de acontecimientos agostado. Es una de esas fechas que se escogen por discreción, que no es lo mismo nombrar obispo nuevo en Marzo que aprovechando el verano. Con eso se adelanta, de paso, la próxima entrada de curso, que será ya con obispo titular y aposentado.

Me declaro muy escéptico sobre la operación Munilla-Iceta, y no simpatizo nada con ella. Son dos "obispos de crianza", criados en maceta/invernadero ad casum, con determinados padrinos y deliberadas intenciones. Lo que pasa es que luego las cosas no salen como los experimentos de laboratorio y las pruebas de ensayo. Tratándose de obispos y de diócesis, mucho menos.

Yo no sé bien cómo llamar a estas operaciones episcopologueras, ni tampoco cómo designar a sus mentores-ideadores. A mí, personalmente, me daría miedo jugar al laboratorio de obispos y las incubadoras de mitras. Me da miedo, justamente, porque creo en el Episcopado. Y en Dios, nuestro Señor, y su Santísima Providencia, que todo lo rige y todo lo ordena y consuma. Es verdad que la gracia supone la naturaleza, pero determinar tan determinadamente la materia (las personas) para que la Gracia venga y actue (los obispos ordenen obispos), me parece una temeridad.

Verdaderamente, en este asunto de los nuevos obispos hay que preveer y proveer, que es una de las misiones de los obispos, precisamente dando cierta practicidad eficiente a su mismo nombre: En el griego original-etimológico, obispo quiere decir, más o menos, "supervisor". Pero una cosa es supervisar y disponer con sentido sobrenatural, y otra imponerse y/o tentar al Cielo. Claro está que de actos como este está la Historia bien surtida, pero la Historia demuestra cuántos yerros han habido por lo mismo. Y también, sobre lo mismo, cuántos partos de los montes que al final han sido casi nada, agua de borrajas. Aunque conste que, históricamente, también se conocen aciertos. Pero mucho me temo que no sea este el caso.

Por lo pronto, de lo de Iceta y Munilla se sigue y deduce una confirmación de la tesis "indigenista" que pide y exige obispos nativos para determinadas diócesis por exigirlo la razón política de determinadas provincias, regiones y territorios donde están las susodichas diócesis. Quiero decir que contra el entusiasmo de los que aplauden (ellos sabrán por qué (o no sabrán)) los nombramientos de Iceta y Munilla, sépase que la victoria, desde ese punto de vista, es de los que postulan obispos vascos para las Vascongadas. Que en el caso del recién titulado Iceta estarán encantados con su racial e inconfundible segundo apellido, un trabalenguas impronunciable de esos que ostentan orgullosos los etarritarris de las tres provincias vascas. Recalco que ahora, después de los años de Blázquez, otra vez con todas las sedes episcopales ocupadas por indígenas.

Pero, según noticias, el segundo efecto de la operación Iceta-Munilla es aun peor: Parece ser que en Roma dan luz verde para la constitución de una provincia eclesiástica vasca, con todo lo que esto supone, que supone mucho. Primeramente es dar cumplimiento a una ya vieja reivindicación de los eclesiásticos vascos con un reconocimiento que trasciende lo eclesiástico para afectar a lo político, puesto que sumará un grado más de virtual independentismo, un apoyo más para las reivindicaciones secesionistas de los separatistas.

Como inmediata consecuencia, también se desligan las vinculaciones histórico-eclesiásticas de las diócesis de Bilbao y Vitoria con la Archidiócesis de Burgos, de la que hasta ahora dependen como sufragáneas. Y otra consecuencia del mismo orden es que al constituirse la nueva provincia eclesiástica, queda en vilo la capitalidad de la misma, que por razones de obvio nacionalismo, se pretenderá que sea Pamplona. Si se concediera tal supuesto, sería otra apoyatura más para las tesis de la "nación vasca", que vería razonada sus ambiciones anexionistas sobre Navarra. Supondría, igualmente, una reordenación de toda la territorialidad eclesiástica, puesto que las otras diócesis sufragáneas de la Archidiócesis de Pamplona-Tudela, Calahorra y Jaca, tendrían que segregarase y reintegrarse en otra provincia eclesiástica (Zaragoza, probablemente).

Item más: Con la novedad de la re-estructuración eclesiástica, no sería disparatado que, con el tiempo, se postulara la resurrección de la diócesis de Tudela, para dar más entidad a la nueva Archidiócesis.

Por supuesto, todo esto son conjeturas y meras lucubraciones, posibles y probables todas ellas, pero sujetas a lo que Roma disponga. De todas maneras, aun sin Pamplona como cabeza, solamente con las tres diócesis de Vitoria, San Sebastián y Bilbao formando entidad eclesiástica propia, hay sustancia más que suficiente para alterar de forma muy notable el panorama de la Iglesia en España. Se me podrá decir que de hecho eso ya sucede, puesto que desde hace ya bastante tiempo ciertos documentos y medidas de determinado alcance pastoral se publican y se toman con el consenso y la coordinación de estas mismas diócesis. Pero siempre hay que insistir en el valor del derecho, que en asuntos como este vendría a ratificar los hechos, con las consecuencias colaterales de orden político que se derivarían, justamente, de ese reconocimiento eclesiástico de iure.

Volviendo a Iceta (y a Munilla), alguna vez he comentado que la relativa consecución de los objetivos que se hayan trazado al respecto dependerá de la permanencia de Iceta y Munilla en sus respectivas sedes, así como de la firmeza de sus criterios y formas de gobierno pastoral. Una mudanza de una u otra condición acabaría con todo el plan. He comentado también que la juventud de uno y otro juegan a su favor, ya que tienen - se presupone - tiempo para trabajar y empeñarse. Pero ¿y si pretendieran - ellos también - seguir su personal curriculum eclesiástico? ¿Qué pasaría si se les antojara ser promocionados a otras diócesis españolas? ¿Se volvería a organizar otra operación como la que les ha llevado a ellos dos a ser obispos predeterminados de San Sebastián y de Bilbao? ¿Habrá que imaginarse un seminario expresamente ad casum?

Hará unos seis años que coincidí la primera vez con Mario Iceta. Era entonces un jovencísimo y dinámico vicario episcopal de Córdoba. No le niego méritos personales, que tiene muchos, pero recuerdo bien que por aquellas fechas (y desde antes) era vox pópuli que al joven preste le estaban dirigiendo la carrera y el cursus honorum. Y ya se cantaba que sería, más o menos próximamente, uno de los nuevos obispos vascos, lo que se ha cumplido.

¿Como lo hará en Bilbao? Pues supongo que bien, con las limitacione impuestas por las circunstancias, como está pasando con Munilla en San Sebastián. No le auguro un pontificado "revolucionario" que trastoque la situación de la diócesis bilbaína en el sentido que parece estar detrás de las intenciones de sus promotores. En varios sentidos, la deriva de las Vascongadas, también en lo eclesiástico, es un hecho. El tiempo dirá.

Sin conocerlo bien, sólo de impresiones, no alcanzo a pronosticarle más triunfos que los conseguidos por Mons. Blázquez, que han sido pocos (o ninguno, salvo el mismísimo de ocupar la sede episcopal). Por lo pronto se le ha puesto cara de señor mayor, con esa papada y el volumen corporal que ha ido tomando desde que llegó de auxiliar a aquellas tierras, sus tierras. Se ve que le sientan bien.

Y no digo más, que ya he dicho bastante. Solamente que habrá que esperar un par de lustros, por lo menos, a ver en qué queda todo esto de los obispos de crianza para las Vascongadas. A ver si para Vitoria, cuando toque, sucede algo por el estilo.

Por lo pronto, recalco los dos goles a favor de la patria vasca: 1º todas las sedes episcopales con un mitrado indígena nativo, y 2º la próxima erección de la nueva provincia eclesiástica vascuence.

Si se ha tratado de un diplomático do ut des, tiene gracia la cosa.

Con razón se admiran algunos del renacimiento de las querencias eclesiasticonas en el PNV. Con mucha razón.

p.s. p.s. Por cierto: Las primera declaraciones de Iceta me resultan la mar de inquietantes. ¿Se imaginan ustedes la reacción de muchos si hubieran sido, por ejemplo, Uriarte o Setién los que hubieran dicho que La Iglesia está dispuesta a poner todo de su parte para alcanzar la paz ???


+T.