miércoles, 25 de agosto de 2010

De Novena


He estado de vacaciones, esto es, de Novena. Hace ya casi diez años que no me tomo - que no me puedo tomar - el mes de vacaciones canónicas, y mis días de asueto veraniego son los de la Novena, con unas jornaditas de propina, total dos semanas y pico. No me quejo, conste; pero que conste. Además la Novena es mi descanso, mi pequeño paraíso de Agosto.

De la Novena ya he hablado un par de veces (aquí y aquí), pinceladas, impresiones de un cuadro con tantos pormenores como un universo. Y es un universo religioso y familiar, tan penetrado lo uno con lo otro que la Novena es una verdadera reunión de familia, familia católica, con todos sus signos de identidad propia - la Novena es inconfundible - y sus momentos, sus ceremoniales, introducciones y despedidas.

De introducción, por ejemplo, fue la otra tarde, con la Misa amenizada con lloros, risas y carreritas de los chiquillos que iban a ser recibidos de hermanos, allá unos cuarenta, lo menos. Algunos estaban recien nacidos y recien bautizados, con sólo unas pocas semanas de edad. Otros eran más mayorcitos, de meses, los chiquillos nacidos durante el año que llevamos, retoños del 2010 que sus padres presentaban a la Virgen e inscribían en la Hermandad de la Asunción. El cura rezó las preces del ritual y bendijo las medallas, la secretaria de la antigua Hermandad asuncionista iba nombrando a los neófitos, y el hermano mayor imponía las medallas a los niños. Por supuesto con foto conmemorativa para cada uno, para que no se olvide (que no se olvida).

Debajo del presbiterio, la familia, abuelos y otros afectos, seguían con animada expectación el acto, una verdadera presentación en sociedad, con el inocente protagonismo de los niños, presentes y ausentes a la vez. Quiero decir que presentes de hecho, córpore et ánima, pero ausentes en no se sabe bien qué espacio de su personal intimidad mental y/o fantasía infantilísima, tan misteriosa.

Siempre me pregunto, en escenas como esta, dónde están y por dónde vuelan las pequeñas inteligencias, tan sutiles y activas, de los niños. Estos de la Novena, los novísimos hermanos que estrenaron medalla de plata y cordón blanquiceleste, tienen los ojitos encantados por las luces del Altar, candelabros de cera encendidos y lámparas de cristal, las gradas de plata y el dosel grana ribeteado en oro, y la Virgen Asunta, tan bella, tan gloriosa, y los ángeles y arcángeles de la nube de la Asunción, y las cabecitas de querubines y serafines que se reparten por todo el altar. Tantos focos de encantadora y piadosa atracción que impresionan las pupilas de los chiquillos, excitados por la luz, el color, las figuras. Y por lo sagrado.

Por supuesto que hay en los niños una aprehensión de lo sagrado (“...Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”), un reconocimiento de lo santo, de la presencia de Dios. Tan fina, tan tierna, tan sutilmente gradada que nadie puede medirla sino los Ángeles. Claro que primero es la acción de la gracia en las almas, ese gran misterio de santificación, pero también importan definitivamente las vivencias religiosas-sensibles, que marcan tanto y son medio providencial de la gracia.Yo les pido a los Ángeles de los niños, con toda mi consciencia, que me presenten con ellos a Dios, al Señor y a la Virgen, y que en las recónditas alacenas de mi alma reactiven las gracias de las primeras visiones de lo sagrado, de aquellas primeras Novenas que yo ví con limpios ojos y oí con oído puro, finísimo, de niño que iba recibiendo las impresiones matrices de lo más santo y lo más bello, de lo más amable, de lo eterno.

Que esa es otra parte de la Novena, la de la fuga a lo eterno. Una fuga incesante, armónicamente pautada, como las que se tocan en el órgano correteando los dedos por el teclado y los pies por los pedales, con las notas declinando sincopadas según la partitura. En este caso, el caso de la fuga de ánimas, la partitura la compone la Providencia, que es la que rige las entradas y salidas, las oberturas, los improptus y las fugas, desde el primer compás al último. Pero con nombres, con personas, con almas en vez de notas, compases o melodías.

Cada tarde, cuando el sacristán lee en voz alta las intenciones de difuntos por los que se va a aplicar la Novena, el murmullo de las beatas y de todos los presentes se baja, y se reduce a una especie de silencio elocuente-expectante. En una lista solemne se van nombrando con nombre y dos apellidos, y van surgiendo del recuerdo, del pasado más reciente o el ya remoto, caras, historias, recuerdos, instantáneas como flashes, de amigos, familiares, vecinos, que de pronto revolotean entre las arañas de cristal y las colgaduras de damasco granate, luciendo como lámparas, o tendiendo un velo de olor en una voluta de incienso, o timbrando un arpegio del armonio del coro, o un bajo bordón de la tubería del órgano. Y cada nombre, cada recordado, se hace presente en el Altar.

Yo imagino que cada cual se acomoda en algún sitio, a su placer; en un encaje de los manteles, o en un bordado, un candelabro de plata, un guardabrisa de cristal, un jarrón repujado, una flor, un borlón, un farol, una insignia, en el Simpecado, en el dosel, en la peana de la Virgen o en su trono. Y allí se quedan. No son fantasmas: son almas queridas y evocadas, no por magia ni por dolor desesperado, sino traídas por la esperanza con fe. Y todas traen y llevan consuelo, fragmentos de misterios del Misterio del Altar.



Naturalmente, todo transcurre al margen de estas lucubraciones interiores, reales, pero íntimas. De suyo, la escena es popularísima y colorista, como corresponde a un acto religioso donde lo popular matiza a lo sagrado sin timidez, sin preocupaciones de forma, sino con expansión de afectos. Por ejemplo, nada más entrar y ver la Imagen de la Virgen en su Altar, muchas de las devotas rompen en exclamaciones, y le dicen “sus cosas” a la Virgen Gloriosa, y los piropos piadosos van formando una particularísima letanía ad usum familiae nostrae, sólo para uso y abuso de propios, de los nuestros, de los de casa, que sentimos lo que decimos barruntando algo más allá que escapa a la precisión de los eucologios que creemos y rezamos con Amén final. Pero se trata de poner al lado del dogma que cree la efusión del amor que vitorea con verbo sencillo lo inefable y sublime, todo esto sin intención deliberada, sino como estallido incontenible del corazón arrebatado: arrebatado por la Virgen, por su Asunción, por la Gloria de Dios. En un versículo del Himno que durante los días de la Novena se canta en los momentos más solemnes, todo esto que digo se resume y se canta así “…Madre, no nos dejes, que te amamos con locura; que nuestra alegría es besar tu frente pura…” ¡Amar con locura! La ingenuidad de la rústica mística del sencillo pueblo creyente sobre las cosas de Dios y sus Misterios.

Mi tía Antoñita, con sus amigas, preside el banco de la dictadura. Le tengo puesto ese mote porque las que se sientan en él nacieron todas durante la dictadura de Primo de Rivera. Mi tía es una de las decanas. Haciendo honor al competente régimen bajo el que nacieron, dictan sin complejos desde su sitial, amonestando a todo quisque, ya sea al coro, al cura, al predicador de la Novena, al sacristán, a los de la junta de la Hermandad…y al Santo Padre de Roma (si se les pusiera por delante). Ellas son la razón y la ley del pasado en el presente, y rigen con ordeno y mando en el pequeño mundo de su banco (y alrededores). Genio y figura. Usan de cetro sus abanicos, y son un tribunal inapelable, de inexorable oráculo. Gracias a Dios, sus poderes son temidos y no ejecutados, y hasta los chiquillos que corretean por el pasillo, entre los bancos, ignoran al formidable tribunal y sus rigores. Pero ellas existen e insisten. La que hace de secretaria del grupo, la que guarda los asientos y cumple otros servicios internos, es la Niña Perán, que rondará los ochenta. La más veterana es Mª Lola Montejón, viuda. Mi tía es del selecto club de las solterísimas, especialmente consideradas en razón de su integridad.

Yo tengo reservado mi sitio en el presbiterio, con asiento en uno de los sillones presbiterales, todo solemnidad. Cuando empieza la predicación, me mudo a una silla más baja, en un rincón del Altar Mayor, para poder mirar a la Virgen mientras rezo el rosario y el cura predica.

A pesar de todo y lo mucho que se conserva, faltan tantas cosas, tanto "viejo estilo". Maneras y reverencias y piedades que se fueron con los tiempos y las personas. Calidades en el rezar y en el estar, riquezas y tesoros que la fuerza del mundo -¡ay, el mundo! – ha barrido con el viento de los tiempos. Ya no está Don Pedro con su bonete y su roquete almidonado y encañonado, sentado en el sillón de damasco rezando su breviario, ni mis tíos, con sus abaniquillos, gráciles y señoriles en el banco de la Sacramental (tampoco existe ya el banco de la Sacramental). Ni están mis tías cantando en el coro, con voces encantadoras, de corte y salón, trinando arias de Verdi y canciones de Tosti con las letras cambiadas y arregladas para la Virgen. Tampoco está mi tía Matilde, con su velo de blonda y su abanico de rejilla, ni mi tía Magdalena, con su bastón de puño de plata que sólo sacaba para la Novena, ni tía Concha, que se sabía de memoria la Novena completa, desde el acto de contrición a la oración final. Ni mi tía Elvira, ni Morejón, su marido, ni Natividad la Cerrero, ni Rosarito la Matabuena, ni Matildita la Caraña, ni Concepción la Paloma, ni Manolito el Bardo, ni Gasparito el de Cinta, ni Manolita la Chita, ni Pastorilla la de Pino, ni Encarnación Cebre, ni Pinochi el de Veguita, ni Rampito Cordeles, ni Tanito Vega, ni Cecilita Lara. Todos los que ya están sólo en alma y no pueden estar con sus cosas, como antes, como cuando yo los conocí y sentí.

Todas estas cosas del pasado que fue y del presente que corre son cosas, decía, de familia. De familia en Novena. Y Novena de Asunción, dulce Misterio de tránsito y de gloria, de subida, de cielo, de ángeles portantes en volandas y Empíreo abierto de par en par.

Y una creyente ansia de llegar, una firme y expectante fe de plenitud.

p.s. El año que viene, Deo volente, más (io aspetto).


+T.

lunes, 9 de agosto de 2010

Las juventudes católicas movilizadas en movida


El juanpablismo de masas sigue causando estragos. Estragos que se consienten y son polvos que mañana serán un barrizal, en cuanto caigan dos chaparrones. Opino.

No sé si ustedes serán adictos a las liturgias masivas, multitudinarias, super-entusiasmantes. Yo soy enemigo radical desde la primera vez que estuve en una, en primera fila, y vi cosas, escenas, que nunca olvidaré. Fue en Noviembre de 1982, cuando la 1ª visita de JPII a España. Y desd entonces las cosas - esas cosas - fueron a más y peor.

¿Tiene necesariamente que ser una Misa la forma en que la multitud se encuentre con el Papa? Me parece absurdo que en la época de las mil alternativas celebrativas se limite a la celebración de la Misa la posibilidad de una macro-celebración. Absurdo y escandaloso.

Escandaloso para mí, que creo en lo que se celebra, en la Misa. Por eso no encuentro pretexto, ni siquiera con motivo de la presencia del Papa, para exponer la celebración de la Misa a abusos, irreverencias y hasta sacrilegios. Una macro-celebración garantiza todo eso: Abusos, irreverencias y sacrilegios. Doy fe.

Pero esa es la forma que en tiempos de Juan Pablo II se impuso, con el Papa como primer impulsor. A él le gustaban las cosas así. Y no era desconocedor de lo que pasaba, porque me consta - repito: soy testigo - de los abusos y las irreverencias coram ipsius. Pero por un bien que él sabría cual (yo no lo sé, obviamente) consentía y, por donde iba, la Misa multitudinaria era el acto central. Más de 25 años celebrando Misas multitudinarias, marcan un estilo. Y detrás de esas formas, un concepto (un concepto pastoral, litúrgico, espiritual, eclesial...etc.).

Esas celebraciones masivas de la Misa deberían desaparecer, absolutamente. Opino. Por lo menos en ese formato juanpablista que ha sido su caldo de cultivo. Benedicto XVI, tan diferente (gracias a Dios) a su antecesor, parece estar promoviendo otras formas. Aunque esté tan dependiente, tan hipotecado, a las maneras impuestas por su predecesor. Es una lucha, una reforma verdadera, más dificil de lo que a primera vista parece. Pero se van haciendo cosas.

Por ejemplo, el encuentro de los 50.000 monaguillos en Roma, hace unos días, si hubiera sido en tiempos de Juan Pablo II, lo más probable es que hubiera concluído con Misa (y con falsas chicas-monaguillas asistiendo al altar). Benedicto, sin embargo, ha preferido atender a los niños y jóvenes en la Audiencia del Miércoles, en la Plaza de San Pedro. Se ha tenido que tragar la presencia de "monaguillas", pero por lo menos ha conseguido salvar la dignidad y la reverencia evitando una celebración litúrgica con impostaciones.

Dado el ambiente de los participantes ( vean fotos aquí , aquí, aquí ), gracias al Papa se han evitado escenas impropias de verse en y durante la celebración de una Misa. Una Misa del Papa, además. Pero escenas de ese o parecido tenor se habrán visto en Sidney, hace unos años. Y, es de temer, se verán en Madrid en Agosto del año que viene, D. m.

Salvo excepciones, los jóvenes de ahora no se educan en la formalidad religiosa. Incluso se les sigue deformando con malos conceptos incompatibles con una recta comprensión de la piedad y sus actos externos. Todavía circulan y están en boga slóganes tópicos como "sé tú mismo", "atrévete a expresarte", "no dejes que otros elijan por tí", "¿por qué no?" etc. Como se puede detectar, son restos de la peste del Mayo del '68 que, si se aplican a la religiosidad, conducen fácilmente a su descomposición y vacio. Al rechazar unas estructuras mínimas y necesarias, todo se vulgariza y adquiere las formas más comunes, las corrientes. Así, una audiencia Papal (o una Misa, si se hubiera celebrado) termina siendo tan poco diferenciable de otro tipo de concentraciones juveniles como lo atestiguan las fotos de esos enlaces. Todo se parece a todo, y todo parece lo mismo.


Disfruten, si gustan ustedes, de estas otras instantáneas de obispos-con-jóvenes españoles en Santiago:

Esta, con los obispos más característicos del momento, detrás de la Cruz y del icono de la Virgen, rodeados de chavales y chicas con el "uniforme" de la peregrinación, y los sombreros australianos, y el ambiente tipo Taizé (por describirlo de alguna manera)

Esta, con otro detalle de lo mismo y los mismos

Y esta, con Rouco en look footing-episcopal, y los otros dos obispos con sus sotanas-solideos y revuelo de fajines y esclavinas, y los de detrás, no sé si rezando letanías...o comentando con guasa, por lo bajini y risum teneatis, la estampa que tienen delante (y eso que ellos mismos no se ven, también dentro de la estampa).

Y aquí, todos cantando; menos el de Córdoba, que se hurga con toda gravedad y disimulo la nariz; y tres o cuatro que parece que no se saben la letra de la copla; y otros dos o tres que miran al techo, muy atentos y admirados.

Lo de las etiquetas-tarjetones de acreditación es de risa, como si no se reconocieran entre ellos mismos, o los organizadores no hubieran visto nunca a sus Eminencias, Excelencias, Ilustrísimas y Reverencias y se les tuviera que poner un letrero con el nombre: "Esto es un obispo". ¡Qué de tonterías se hacen y se dejan hacer!

Pero, por otra parte, eso es lo que les distingue en ese ambiente "distinto", "juvenil", "participativo", "vivencial", "comunicativo", "lúdico y festivo", una "celebración de la fe" etc. etc. etc. Si no llevas colgado del pescuezo un folio plastificado, con fotito, no eres nadie. Un auténtico v.i.p. elesiástico lleva cartoncillo con nombre, oficio y dirección, no sea que se pierda, se despiste confundido entre la multitud. Y haya que devolverlo a casa. Pobrecitos. Un obispo extraviado es un problema, verdaderamente.

¿Están cómodos? Parece que sí, que están en su salsa, diríase. Yo pienso que disimulan, y que, por lo menos la mitad de los que están, piensan que todo eso es un peñazo. Pero hay que estar: Porque están de moda los obispos con baño de juventudes.

Algún cretino, en un blog de comentarios eclesiasticones, se ha dedicado estos días a establecer un hit-parade de obispos clasificándolos según y cuánto sea el número de jóvenes que han aportado sus respectivas diócesis a lo de Santiago. Ridículo si no fuera patético. ¿Esa es la medida? ¿Un obispo/una diócesis vale o no según la capacidad para meter en autocares a grupos de jóvenes y transportarlos allí donde se ha organizado una "movida eclesial"?



Pero vuelvo a lo dicho más arriba: Comparen ustedes las escenas, los tipos, las formas, de una cosa como la de Santiago con otros eventos juveniles, por ejemplo con un des-concierto de petardo-rock o de petardo-pop. Si se fija uno, las diferencias son curiosas, evidentes, claro. Pero se dan tantas concomitancias, se parecen tanto que asusta.

Otro detalle: ¿Por qué un estadio? No caben todas esos jóvenes en la Plaza del Obradoiro y alrededores de la Catedral? Porque nunca entenderé que se prefiera un tablado en un campo de fútbol a una Catedral, para celebrar Misa. Más en un caso como este, en sl que el centro de la celebración debería ser la Catedral con el Altar y la Tumba del Apóstol, precisamente. Pero se prefiere el campo de fútbol. ¿Por? ¿Alguna extraña voluntad/identificación desacralizante? ¿O quizá una asociación de multitud/estadio en versión litúrgico-consumista? ¿Una pastoral nueva para consumo de masas?

Incluso me cuestiono la mayor: ¿Hace falta, es necesario, movilizar a 10.000 jóvenes? ¿Para qué? ¿Con qué objeto? Al final todos sabemos que van los que van, los mismos de siempre para lo mismo de siempre. Y vuelven lo mismo. Hasta la próxima (ya hay "profesionales" de estas movidas, me temo).

Alguno habrá que diga: - Pues yo he encontrado mi vocación en ese encuentro, aquellos días, allí.

Yo le digo al que diga eso, lo digo muy seriamente, que es mentira. Que una vocación no salta como un resorte en un par de días de canciones, guitarras, pancartas y una Misa en un campo de fútbol. Eso no pasa.

Lo que pasa es que hay, verdaderamente, vocaciones en espera de un momento, y a veces el entusiasmo del calor de muchos hace que esa chispa final surja y prenda...sobre lo que ya existía, por motivos más consistentes que una caminata, una acampada o una convivencia de entusiasmados. Si hay vocaciones que brotan en esos sitios, vocaciones verdaderas, es porque ya existían antes. Y hubiera sido mejor, más adecuado, que hubieran alcanzado ese climax en otros sitios, en mejores ambientes, más sólidos y menos frívolos. He dicho frívolos, yes.

Al final, muchos se llevan la impresión para los restos, y se convierten ellos mismos en promotores de más de lo mismo. Sería curioso hacer estadísticas y saber cuántos de los que van ahora a estas cosas estuvieron en su día en las macro-celebraciones juanpablistas. Etc.



Otro espectáculo es el de la propia celebración litúrgica, con los planos clero mitrado/clero engorrado. Me refiero a la esperpéntica división de los con-celebrantes, unos con mitra y todos los arreos dominando en el altar de arriba, y los concelebrantes del clero bajo en plano de tierra, con gorras y gafas de sol (y maquinita de fotos/video al cuello, como una especie de pectoral ad casum). Un esperpento, ya digo.



Y más allá, la masa. En las gradas o en el cesped. La masa movilizada y entusiasmada (o no).

Abominación, señoras y señores. Una abominación. Y el que piense lo contrario, que se examine muy en serio y mire si no le afecta uno de esos virus des-católicos, causantes de estragos de epidemia por doquier.

No hará falta que les diga que me estremezco pensando/imaginado el Agosto del año que viene - Dios mediante - con la JMJ en Madrid, horror de los horrores. En cierto sentido, esto de Santiago ha sido una especie de ensayito, como usteds pueden facilmente comprender.

Cuando me paro y reflexiono cómo están y por dónde van las cosas y las movidas que montamos y los recursos humanos y materiales que empleamos, gastamos y desgastamos en estas cositas...me espanto.

¿No se puede parar este tiovivo?

Si de una cosa estoy convencido es de la necesidad de un parón que nos deje quietos, bien fijos en un sitio/un tiempo para que podamos mirar y orientarnos sólidamente.

¡Que bastantes vueltas hemos dado desde 1965!

Pero a nuestros obispos les gusta la movida. Ya se ve.

p.s. Vean otras fotos, de la "vigilia", con puesta en escena tipo ópera rock, con una bailarina danzando delante de la Custodia...y los obispos encantados y emocionados. ¡Qué desgracia de tiempos, modas y jerarquía de entusiasmados!


+T.

***Addenda a la entrada anterior: Un artículo de La Gaceta-Intereconomía que merece la pena leer (y entender)

El precio de ser insumiso en un Israel fuertemente militarizado


Y, por cierto, los comentarios de los lectores me parecen también muy interesantes. Además, considérese que se trata de La Gaceta de Intereconomía. No digo más.


&.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Israel se encanalla otra vez

El otro día, el Domingo pasado, me alarmé con la noticia de que el estado de Israel pactaba con Palestina y Jordania un arreglo sobre preservación de la Ciudad Vieja. Mantengo la opinión/la impresión de que una noticia que airea un acto de buena voluntad de Israel precede, más o menos inmediatamente, a una canallada israelí. Primero perfuman el ambiente, y seguidamente lanzan la bomba fétida.

La noticia sobre el pacto conservacionista para Jerusalén, aparecía así en ABC.

En El País aparecía también la noticia, pero se aclaraba que era papel sobre papel mojado, porque ya existía un documento parecido sobre lo mismo. Si se re-edita, será porque no se ha cumplido. Y si no se ha cumplido, será por culpa, por acción y/o por omisión de Israel. De Israel, únicamente, porque ni Palestina ni Jordania tienen nada que ver con los atentados contra la conservación del patrimonio histórico intramuros de la Ciudad Vieja de Jerusalén, donde mandan, desde 1967, exclusivamente los israelíes. Con todo el énfasis que cabe poner en el adverbio: Exclusivamente Israel, excluyendo a todos los demás.

Israel, el hoy por hoy cada vez más injustificable estado de Israel, ha sido el responsable único de la destrucción de la antigua Jerusalén. No me refiero (excavaciones peligrosas/caprichosas/provocativas a parte) a que el estado israelí haya bombardeado ningún monumento notorio (y no digo que le falten ganas), sino a la destrucción de la imagen de la Ciudad.

Una ciudad histórica tiene una imagen que se debe conservar. Si tras el recinto amurallado de Ávila levantaran una urbe de torres de hormigón, edificios de cristal y aluminio, barrios y calles modernas, etc. etc. etc. la imagen de la Ávila de los Caballeros quedaría tan desgraciada que no volvería a ser la misma que ha llegado bien conservada hasta el siglo XXI. La imagen, el perfil paisajístico de una ciudad histórico-monumental, también es patrimonio y también se debe estimar y preservar (sobre lo mismo, aquí).

En Jerusalén, el perfil de la Ciudad Santa que se contemplaba en bellísima e incomparable panorámica desde el Monte de los Olivos (también desde el Monte Scopus) ha quedado aberrantemente alterado por las edificaciones de la "nueva Jerusalén". Cuando el estado de Israel firma un papel comprometiéndose a preservar, es tan poco creíble como dejan patentes esas indecentes arquitecturas del moderno Israel, que son un atentado contra la Ciudad que dicen que van a preservar. Y no se trata de una ciudad cualquiera.

Tengo y mantengo la impresión de que el Israel sionista odia a Jerusalén, a su imagen, su perfil: Porque es cristiano y musulmán. Lo que le da un sello visual inconfundible a Jerusalén son, sobre todo, sus bellas y bien conservadas murallas otomanas (s. XVI) y la cúpula dorada de Omar (s. VII); y después los campanarios y cúpulas plomizas de la Basílica del Santo Sepulcro y demás iglesias cristianas. Netamente judío, sólo quedan en Jerusalén los restos reconocibles de algunas edificaciones del tiempo de Herodes, y el Muro de las Lamentaciones. Y nada más. Excepto lo que se empeñan en sacar de debajo de las piedras los arqueólogos israelíes, que son más piedras, muchas más piedras, sólo capaces de ser entendidas/leídas por los arqueólgos que las exhuman.

¿Existe un plan para hundir la Jerusalén cristiana y musulmana a base de excavar por debajo de lo que se ve?. Eso es lo que dicen los musulmanes de Al-Quds, que se estremecen cada vez que se enteran de que los israelíes han empezado otra nueva excavación, otro túnel más por debajo de las mezquitas. Aunque juzgo cada día más disparatado la existencia de ese estado de Israel, me parece un disparate paranóico suponer que los israelíes quieran demoler las mezquitas para levantar el tercer (o el 4º) Templo. Aunque conste que de boca israelí he oído, más de una vez, la especie, con triple escándalo estremecido por mi parte: Por criminal, por atentar contra el arte y la historia, y por blasfemo.

De ese "pacto" a tres bandas pro-Jerusalén, lo interesante, más que nada, es que el estado de Israel se haya avenido a firmar algo con Palestina y Jordania como iguales interesados e implicados en la suerte de la Ciudad Vieja, con todo lo que esto supone. Pero un papelorio diplomático firmado en Brasilia, dadas las circunstancias del trío firmante, vale poco más o menos que el papel, la tinta, el sello y las firmas de los rubricantes.

Y volviendo al principio, después de la buena noticia diplomática de Brasilia, se lanzó la bomba guerrera:

Tropas israelíes y libanesas se enfrentaron ayer en un incidente fronterizo que puede tener graves consecuencias.

El nuevo golpe de Israel sobre el Líbano tiene todo el sello del típico acto consumado provocado por Israel: El casus belli, en esta ocasión, ha sido un árbol (vean el vídeo)

Pero las motivaciones bélicas de Israel, aunque parezcan tan absurdamente fútiles como la tala de un árbol en una frontera alambrada, son más profundas, retadoramente perversas. Quiero decir que el arbolillo de marras es el pretexto que esconde la otra razón, la verdadera. Que yo creo que es esta:

Siria y Arabia Saudí promueven la paz en el Líbano

Es la reciente visita al Líbano del rey Abdulá de Arabia y del presidente Bashar al-Assad de Siria el motivo verdadero del incidente bélico provocado por Israel en la frontera con el martirizado Líbano. Lo del arbolito y tal, cortina de humo. Y lo de la firma con palestinos y jordanos sobre la preservación de la Ciudad Vieja de Jerusalén, azúcar sobre la hiel. Son las cosas de Israel, la sonrisita del diplomático que enmascara la boca de la fiera.

Mientras, pase lo que pase con lo del incidente en la frontera del Líbano (¡el Señor nos libre y libre al martirizado Líbano!), la historia cotidiana y corriente sigue en Palestina-Israel. Ayer también, en una de esas escenas que se te cruzan en la tele de repente, pusieron un vídeo que después no he podido encontrar, porque tenía intención de ponerlo. Era una escena patética:

Una patrulla de ocho o diez soldados israelíes, con casco y metralletas, deteniendo en su casa a un infeliz cisjordano, acusado de haber robado agua de un canal para regar su huerto; detuvieron también a su padre, un viejo con canas y arrugas. Pero la escena la protagonizaba un chiquillo de tres o cuatro años, llorando agarrado a las perneras de los pantalones de los militares, preguntando con su lenguaje infantil que por qué se llevaban a su padre, que no le mataran, que no se llevaran a su abuelo, que era bueno, que no le mataran. Todo eso sin dejar de llorar, yendo de un soldado a otro. Pocas veces he visto una escena así, tan crudamente conmovedora.

Buscando el vídeo (que no encontré), me topé con esta otra noticia, casi del mismo tenor, pero multiplicado:

Fuerzas israelíes arrasan un poblado beduíno en el Negev

Ambas escenas, la del chiquillo llorando por su padre y la de la aldea arrasada, son la realidad cruenta que se esconde tras el telón israelí.

Simpatizar con ese estado encanallado es hacerse cómplice de sus crímenes.

Callar, lo mismo.

...¿O acaso no es eso lo que ellos, cuando fueron víctimas, decían de sus verdugos???


p.s. Recuerdo - no me olvido - que hace cuatro años, Julio-Agosto del 2006, cuando la criminal segunda guerra contra el Líbano, un valentón de boca recalentada se daba fuelle y arreaba tizonazos de foro (¿logia?) HazteOir aplaudiendo engallado las perversas acciones criminales de Israel contra los desgraciados libaneses. El miserable se enardecía pisoteando la razón de las víctimas y coronando las vergüenzas de los verdugos. Seguro que ahora estará disfrutando lo mismo, o incluso esperando que el incidente del arbolito acabe con más sangre, con más víctimas inocentes, de esas que se cobra Israel con la tasa habitual que pesa y venga los agravios con regla de tres de Lamek.


+T.

martes, 3 de agosto de 2010

Lo que dijo Rouco

Aunque ya han pasado unos días, una semanita larga, todavía no me he explicado (ni nadie me ha explicado) qué quiso decir nuestro Cardenal Rouco con aquellas palabras que recogieron todos los medios sensibles a este tipo de declaraciones de este tipo de personajes. Fue una especie de cóctel-molotov, muy extraño, porque el artefacto oral-explosivo se lanzó en un medio no-hostil, ya que se trataba de un acto organizado al alimón por San Dámaso y CEU. Y va el Cardenal y tira el petardo:

“Una cosa es el principio de separación entre la vida pública y la vida privada y otra distinta las responsabilidades morales y éticas que tiene un gobernante en relación con la ley vigente. En un sistema jurídico como el nuestro, tiene que aplicarla, y si no la aplica tendrá que renunciar a su cargo. Hay que aplicarlo a las situaciones concretas, porque para un gobernante es una obligación, tiene la obligación del sistema jurídico vigente en una democracia de cumplir la ley. No está por encima de la ley. Otra cosa es qué hace con su conciencia ante una ley que es injusta. Eso es un problema que habría que ver en cada caso cómo se resuelve"

Yo le comenté a uno que parecía una especie de corolario de aquello que explicaban para justificarse los militares ejecutores de las represiones de cuando la dictadura de los generales en Argentina, que el presidente Raúl Alfonsín promulgaría como ley, la célebre Ley de Obediencia Debida. Pues lo de Rouco, mutatis mutandis, lo mismo. Es decir. Ustedes me entienden. Supongo.

A otro le comenté que si lo de Rouco iba en serio, con esas palabras le estaba dando martillazo mortal y estocada hasta la bola a un tema tan viejo para la Moral Cristiana que es un capítulo con entidad propia en la Historia de la Iglesia, que se podría rastrear perfectamente desde el tiempo de las Persecuciones hasta nuestros días, con momentos estelares como el de Thomas More, el santo ex-canciller y mártir inglés. Y con cabeceras tan fundamentalmente ilustrativas como la escena evangélica del Tributo del César, o la sentencia apostólica-petrina de que "...hay que obedecer a Dios antes que a los hombres" Hch 5, 29. Palabras estas de especial valor en tanto dichas por Pedro justamente cuando emerge la Iglesia en la Historia, entrando, desde el primer momento de su ser sobrenatural, en conflicto con las leyes de los hombres y los hombres que hacen leyes.

El Cardenal debe conocer la explayación que sobre el particular aparece en el Catecismo:

2242 "El ciudadano tiene obligación en conciencia de no seguir las prescripciones de las autoridades civiles cuando estos preceptos son contrarios a las exigencias del orden moral, a los derechos fundamentales de las personas o a las enseñanzas del Evangelio. El rechazo de la obediencia a las autoridades civiles, cuando sus exigencias son contrarias a las de la recta conciencia, tiene su justificación en la distinción entre el servicio de Dios y el servicio de la comunidad política. "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" (Mt 22,21). "Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres" (Ac 5,29)"


¿Distingue acaso, estaba distinguiendo, el Sr. Cardenal entre la obligación de conciencia del común de los ciudadanos-cristianos-católicos y otra especie de obligatoriedad sujeta a las circunstancias del cargo de gobierno y/o magistratura que eventualmente pudieran ostentar estos mismos? Sería tremendo. Sería terrible. Sería espantoso. Porque el que habla es un Emmº y Revmº Sr. Cardenal.

Todavía no sé qué decir. Ni qué querría realmente decir. Ni por qué lo dijo allí, entonces y en aquel sitio.

En ciertos medios se intentó cubrir con un capote y se corrió un tupido/estúpido velo. Sin ir más lejos, me comentaron que al director de la web de Infocatólica se le instó a que borrara un articulete sobre el tema (en Infocatólica dirige el director pero el que parte el bacalao y ordena y manda es otro, me parece). Total, que el dire de Infocatólica tuvo que tragarse lo que escribió, y lo colgó luego en un blog suyo personal. El articulete se titulaba Quo vadis Antonio Mª?. Muy propio.

A mí, naturalemente, me dejaron un mal regusto las palabritas del Cardenal-Arzobispo de Madrid, cabeza visible de la Iglesia Española (guste o no guste la cabeza). ¿Por qué las diría? ¿En qué o en quién pensaría cuando las dijo? Y ¿qué eco tendrían, a dónde llegarían, quiénes las comentarían?

Pocos días después, nuestro Cardenal curial más conspícuo, el Prefecto de Culto Divino y Sacramentos, hacía otras declaraciones, de muy distinto tono de las de Rouco:

"No existe verdadera justicia en un país que aprueba leyes que matan a inocentes. Cuando una ley legitima el aborto, deja de ser una ley civil moralmente vinculante"

En Religión Digital titulaban que Cañizares llama a la insumisión. Les faltó decir que tocaba a rebato para reclutar tiranicidas dispuestos a la carga. Muy característico del tremendismo de RD. Pero lo que dijo Cañizares, lo dijo. Y yo me pregunto si fué un cañazo de Cañizares a Rouco. ¿De parte del Vaticano, quizá? ¿O motu proprio, tal vez?

Y luego, durante su intervención en un acto progamado en un curso de verano de la universidad Juan Carlos I, el Cardenal Rouco hacía otras declaraciones que parecían matizar su bombazo. La prensa contó sumariamente la intervención del cardenal, y al final se aludía sucintamente a algo que dijo sobre la objeción de conciencia. Y poco más.

¿Fue una corrección del Cardenal, estilo "donde dije digo digo Diego"? Yo diría que no. No da esa impresión porque, de haber tenido este valor, debería haberse hecho de forma más explícita, con alguna explicación que diera un sentido suficiente a aquellas palabras tan sorprendentemente "legalistas". De todas formas, algo es algo. Y pudiera ser que esta intervención de Rouco en el curso de verano tuviera una intención correctora. Digamos.

Parloteando con unos com-padres, sin testigos, decía yo que con la agenda de este Otoño y la del próximo Verano, las cosas están para no tensar demasiado la cuerda, la híper-simpática cuerda del arpa CEE-Gobierno. Porque el Papa viene a España, y - Dios mediante - va a venir dos veces en menos de un año, en unos meses: En Noviembre a Santiago y a Barcelona, y en Agosto a Madrid. Dos viajes papales a una misma nación con un intervalo de 9 meses, es una rareza extraordinaria.

Maldita sea si se tratara de politiquear con la mala canalla nacionalista y conceder su "cuota" de Papa a Galicia (con la excusa del Jubileo Compostelano) y a Cataluña (con la aun peor excusa de la bendición/dedicación de la Sagrada Familia). Maldito sea el invento y malditos los inventores si están jugando también a costa del Papa, metiéndolo en el hediondo estercolero de los nacionalistas, nuestra vergonzosa perrera nacionalista.

Pero es lo que yo temo, precisamente, que esté detrás de la condescendecia contemporizante de Rouco y sus extrañas palabras. Viene el Papa, la cosa ya está arreglada, hasta con visita del infausto Zapatero al Vaticano y todo. Conque conviene no menear el caldero, no sea que rebose el cocimiento y nos pringuemos todos. Tengamos la fiesta en paz. Y pelillos a la mar.

¿Ha sido eso y por eso?

Al final, yo sigo sin saber qué decir. Ni de las palabritas, ni de Rouco que las dijo.

Digo que no sé porque es lo que se dice. Como Uds. podrán imaginar, sí digo. Y no se imaginan ustedes las cosas que digo (y las que no digo).


+T.

lunes, 26 de julio de 2010

El martirio de las cosas y las almas. Una madrugada de Julio de 1936.


Por Santiago y Santa Ana, cada año, nos recordaban la madrugada terrible en que quemaron la Iglesia. Todavía se celebraba en la Parroquia la Vigilia de Desagravio, con el Señor expuesto en la Custodia hasta el alba del día de Stª Ana, concluyendo con una Misa votiva. Mi padre, que era de la Adoración Nocturna, se pasaba, con los otros adoradores, toda la noche velando por turnos. Él nunca nos contó nada, ni una palabra de todo aquello que pasó, como si una reserva de tristeza y dolor le velara la memoria, voluntariamente. Eran mis tías quienes nos contaban la trágica historia, tal y como ellas la recordaban.

Desde el 18 de Julio, en cuanto se conoció el Alzamiento de Queipo de Llano en Sevilla, el pueblo estuvo sometido al capricho y las amenazas de una especie de improvisado concejo popular. Fueron casa por casa recogiendo los aparatos de radio, para que nadie pudiera oír las noticias. Iban con armas, y mandaron tener todas las persianas levantadas, día y noche.

Algunos de mis tíos y otros familiares y amigos de casa que no pudieron irse a Sevilla, estaban amenazados de muerte. El miedo y la aprensión eran constantes, de día y de noche. Entraban en las casas y registraban todo, buscando armas; al que le encontraban una escopeta se lo llevaban detenido. Las mujeres sujetaban a los hombres para evitar desgracias, y al final todos se callaban sin responder a las provocaciones. Se esperaba que pronto llegaran las tropas desde Sevilla, y liberaran al pueblo. Aquellas dos semanas se hicieron interminables.

La Virgen, la imagen de la Asunción, estaba en Sevilla desde Marzo. Aprovechando que cubrían el Altar Mayor para la Semana Santa, una madrugada fueron abuelo Emilio, tío Antonio, tío Enrique y los primos Pepe y Eduardo, bajaron a la Virgen del Trono y la envolvieron en unas mantas y una funda de lienzo que había cosido expresamente abuela Antonia; Maqueda el cosario estaba avisado, esperando con su camioneta en la puerta de detrás de la Iglesia, la que daba al barranco del Palacio. Cuando los detuvieron en la barrera entre la barca-puente y la Estación, contaron que llevaban a arreglar unas piezas del Monumento y un par de arcones, y así pudieron llegar con la Virgen a Sevilla, donde estuvo escondida en casa de tía Rosario hasta que pasó todo.

En la Parroquia no había culto. La iglesia estaba cerrada; tampoco dejaban tocar las campanas, y los entierros los llevaban derechos al cementerio, sin asistencia del clero. Don Jerónimo, el cura, a finales del mes de Junio, había trasladado y reservado secretamente el Santísimo en casa de unas devotas de confianza, en la calle Ejido.

A primeros de Julio, se corrió la voz de que los del Frente Popular querían dar un escarmiento y acabar con la gente de derechas. Se hicieron tres criminales propuestas y las echaron a suerte tres veces. Y las tres veces salió la misma papeleta con la sentencia escrita : Quemar La Iglesia .

El día de Santiago fue uno de los de más calor de aquel verano. Entonces se cenaba temprano, y a eso de las diez de la noche estaban todos los de casa en el patio, con la luz apagada, rezando el rosario. De pronto empezó a sonar el esquilón de la Parroquia: - ¡¡¡ Tan, tan, tan, tan tan, tan, tan...!!! Las mujeres se taparon la cara y se echaron a llorar, y los hombres apretaban los puños hasta hacerse sangre. Mi abuelo Emilio se asomó a puerta y volvió diciendo que había gente del comité con escopetas por la calle.

Subieron a la azotea, y se veían llamas reflejadas en la torre, y un humo negro, y el aire traía olor a incienso, y se oían como unas trompetas, que eran los tubos del órgano, que los habían arrancado y los soplaban dando trompetazos; las campanas dejaron de tocar porque se rompieron las sogas, y les disparaban con las escopetas y los fusiles desde abajo. Los mayores se quedaron toda la noche velando, aquella madrugada de Santiago a Santa Ana de 1936.

Poco antes de amanecer, tío Enrique cogió una barquilla para cruzar el rio y echarle un ojo a las viñas. Temerariamente, pudo cruzar el rio a la altura del senadal. Desde la casilla de los guardas se veía todo el barranco con los restos destrozados de los altares. Había muchos restos medio quemados, y algunas columnas de los retablos que rodaron hasta la mitad del terraplén y no cayeron al río.

Cuando volvía de las viñas, vio venir algo en mitad de la corriente, parecía el cuerpo de un ahogado y se acercó con la barca; asomaba un brazo del agua: era el Cristo de San Felipe, la imagen del Señor con un brazo sólo, porque el otro se lo habían arrancado; como pudo, lo sacó del agua y lo metió en la barca.

Dejó la barca amarrada en la maroma de la Alameda, se echó el Cristo a cuestas y tiró por la calle de la Plaza; todavía era temprano y no había nadie. A mitad de la calle salió la prima Asunción, que lo había visto venir desde su casa:

-"¡Enrique! ¡Que te van a matar como te vean! ¡Entra, entra aquí!..."

Y le abrió el portón del zaguán; cerraron, subieron el Cristo al soberao, y lo taparon con unos sacos y unos capachos. De milagro,  nadie los vio. Cuando empezaron los trabajos de reparación de la iglesia, la Hdad. de la Asunción se hizo cargo de la restauración del Cristo y de su exposición en el antiguo altar de San Felipe, donde recibe culto.

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(en la foto de arriba, el Cristo de San Felipe en la actualidad).

Como esta, eran la historias que nos contaba mi tía Flora, la mujer de tío Enrique, el que recogió al Cristo del río. Algunas veces se acordaba de algún detalle más, y otras éramos nosotros quienes le preguntábamos por algo. Poco a poco nos aprendimos los "capítulos" de aquellos terribles días. Si era tía Flora la que narraba, lo hacía gesticulando, con la cara, las manos y los ojos. Si era mi tía Asunción, o tía Rosario, se resistían porque al contar algunas cosas rompían a llorar, se emocionaban, y no podían seguir.

Ahora, con los años, me doy cuenta de detalles, pequeños detalles que enriquecen aquellas historias. Por ejemplo, no se contradecían, ya las contara mi abuela, o mis tías, u otra gente de la familia o de confianza. Después, he ido buscando expresamente otras informaciones, en casa de algunos amigos, preguntando a sus padres lo que recordaban, y a sus abuelos, si todavía vivían. Y todos contaban lo mismo, con otras anécdotas, pequeñas historias personales o familiares, pero la misma gran historia de aquella noche trágica y sacrílega y los días que le siguieron.

La Parroquia quedó arrasada. Un edificio grande, de tres naves, con retablos preciosos, una imaginería admirable, pinturas, cuadros y mobiliario de gran valor. Todo arrasado. Arrancaron los retablos, los despedazaron, quemaron imágenes, los cuadros, los ornamentos de la sacristía. Las piezas de platería desaparecieron, nunca se supo si las echaron al fuego y se fundieron, o si alguien las sustrajo y las sacó del pueblo. Siglos de fe, devoción y belleza consumidos en unas horas de odio contra Dios y sus cosas.

El párroco, Don Jerónimo Ramos Feria, se salvó porque unos amigos lo tenían escondido en su casa; desde el ventanuco del pajar donde pasó aquella noche, pudo contemplar conmocionado el dantesco espectáculo. Se conserva un relato que dejó escrito, con su testimonio de aquella terrible historia.

Cuatro días después, el 30 de Julio, una columna del ejercito al mando del Comandante Don José Gutiérrez Pérez y el capitán Don Gonzalo Briones, tomó el pueblo, sin apenas resistencia. Los que eran valientes contra Dios se escondieron y huyeron, o fueron víctimas de la represión justiciera de las armas. A algunos los defendió y amparó el mismo sacerdote al que habrían fusilado si lo hubieran tenido a mano.

La guerra siguió, con toda su secuela de fantasmas de vida y de muerte. Uno de los momentos más tremendos fue cuando llegaron las noticias de las matanzas de Lora del Rio, donde murió un familiar muy querido, tío de mis abuelos, Don Francisco Arias Rivas, arcipreste y párroco de Lora del Rio, salvajemente vejado, atormentado y finalmente martirizado. Contaban que, después de fusilarlo, lo enterraron todavía vivo, y que desde la fosa donde lo echaron sin rematar, cuando le cubrían con paletadas de tierra, tuvo fuerzas, las últimas fuerzas sacerdotales, para sacar la mano y dar la bendición a sus verdugos. Contaban también que uno de ellos se la cortó de un machetazo. El sucinto informe que remitió el párroco sucesor por requerimiento del Arzobispado, impresiona por todo lo que se supone que hay detrás de las timoratas y contenidas palabras:


"...ambos sacerdotes (el arcipreste y el coadjutor) fueron fusilados en las primeras horas del día primero de Agosto del próximo pasado en el Cementerio de San Sebastián de esta Villa, habiendo sido enterrados en este mismo lugar, ignorando si vivos o muertos, así como también las demás circunstancias que pudieron ocurrir en dicho Cementerio...que en la prisión en que también se hallaban los testigos, recibieron los referidos sacerdotes toda clase de insultos y vejaciones, de palabra y de obras, obligándoseles a limpiar lugares destinados a la inmundicia humana, barrer, regar, trasladar tierra de un lugar a otro, y otras cosas parecidas con el sólo objeto de escarnecer la dignidad personal y sacerdotal de los mismos, pues para hacer estas cosas eran preferidos a los demás presos...demostraban mucha resignación, dirigían a los demás palabras de consuelo, y muchos de los presos confesaron con ellos en los días y horas que precedieron a los fusilamientos..." cfr. La Persecución Religiosa en la Archidiócesis de Sevilla. José Sebastián y Bandarán y Antonio Tineo Lara; parte IIª pp. 91-92. Sevilla 1938. Editorial Sevillana.

A medida que pasaban los días iban llegando otras terribles noticias de amigos y gente conocida, también asesinadas atrozmente en Constantina y Cazalla de la Sierra.

Las almas de los muertos quedaron en Dios. Lo perdido más valioso, nunca volvió. Pero todo lo que se pudo se rehízo, todo lo recuperable se recreó.

El retablo del Altar Mayor se pudo reconstruir en parte porque se recuperaron algunos elementos de talla e imaginería, que se reintegraron en otro retablo antiguo procedente de un convento exclaustrado de Carmona, cerrado al culto, que la Hermandad de la Asunción consiguió que se le cediera después de trabajosas demandas al Arzobispado. Fue una tarea ímproba, muy laboriosa. Las mujeres (las que podían) entregaron sus alhajas de oro para que un equipo de batihojas, que la Hermandad trajo al pueblo expresamente, labraran el pan de oro con que se tenían que dorar las piezas nuevas del retablo, o re-dorar las antiguas que se iban restaurando. Aunque parezca mentira, un año y nueve meses después de la sacrílega destrucción, el 10 de Abril de 1938, se bendijo el nuevo retablo del Altar Mayor, tan suntuoso y magnífico que era hasta unos metros mayor y más alto que el profanado y destruido, de igual estilo, hermosamente barroco, en cuyo centro volvió a resplandecer la imagen gloriosa de la Virgen Asunta. Un milagro de la Virgen, la Asunción Gloriosa, y un logro del tesón de mujeres y hombres que por encima de las lágrimas de sus penas supieron anteponer la gloria de Dios.

En el año 1952, el jesuita y escritor mexicano p. Ramón Cué Romano (un "mito" entre los personajes, pregoneros y publicistas de la Semana Santa de Sevilla) prologaba un libro-reportaje editado por la Hermandad de Ntrª Srª de la Asunción de Cantillana, y prefirió, más que un prólogo de presentación al uso, componer un poema dedicado al dramático episodio de la destrucción del Altar Mayor. Con mucho sentido, lo tituló "El Martirio de un Retablo":


I
El Motín

¡Al río, al río, al río!
!Que ruede todo el Retablo
roto en añicos al río!
(No está acabado. Le falta
muerte, tortura y martirio).

¡Que descuarticen sus miembros!
¡Que decapiten su brío!
¡Que lo quemen en la hoguera!
¡Que lo ahoguen en el río!

- "¡Aquí estoy!", dijo el Retablo.
Atleta gigante erguido.
- "Aquí estoy, por mi Reina
iré al martirio.
Pero ¡que nadie la toque!
Por ella muero ¡ y lo exijo!

Y alzó su musculatura
de fustes en desafío...
La Princesa, con pié incólume,
pisó fuego, odios, cuchillos...

II
El Asalto

Y se abandonó el gigante
a los enanos mezquinos...
Fue cómplice del asalto,
y aguantó - torre y castillo -
las escalas que apoyaron
sobre su ancho pecho altivo...
Sogas, hachas, garfios, sierras
lo descuartizaron vivo.
Cascadas de miembros rotos
- fustes, frontones, racimos -
sembrando el suelo de llagas
y la brisa de quejidos...
mientras que por cada herida
los rotos miembros polícromos
daban su ofrenda de sangre
de oro viejo en chorros líquidos...
¡Qué invisible charco de oro
en aquel cruento martirio!

III
El Rio

¡Al río, al río, al río!
¡Que ruede todo el Retablo
roto en añicos al río!
El verdugo quiso ahogarlo,
el Guadalquivir no quiso.
En sus hombros de cristales
lleva incólumes, en vilo,
las reliquias mutiladas
del martirio...

De nuevo va sin hundirse
San Pedro sobre el abismo.
Santiago duplica conchas
en sus hombros peregrinos.
Entre los juncos del agua
van Apóstoles floridos
con nuevas barbas fluviales
¡hoy pescadores de río!

Los fustes desentumecen
su secular porte rígido.
Las columnas salomónicas
desenroscan sus anillos,
sierpes de oro sobre el prado
- del agua entre ángeles niños -
entre guirnaldas de espigas,
alas rotas y racimos...

De Cantillana a Sevilla
el agua es Retablo líquido;
engarzados entre esmaltes
van los miembros doloridos...

Y en medio de la corriente,
- la luna llena lo ha visto -
con sus dos brazos abiertos,
acostado en su navío,
leves de espumas los flancos,
bogaba un Cristo dormido...
¡De Cantillana a Sevilla
es retablo todo el río!

IV
Resurrección

¡Al río, al río, al río!
¡Pescadores del Retablo
a recoger sus añicos!

Se alzó el Atleta chorreando
cristales de su bautismo.
Llevaba al río en sus brazos,
entre sus miembros fundido.
Erecto bajo la bóveda,
el retablo no es el mismo:
es el Río puesto en pie,
cuajado en oro macizo,
con estrellas, con espumas,
con lunas, juncos y lirios;
con aromas de azahares
y hojas plateadas de olivo...

Y en medio de la corriente
- alas llevando el navío -
¡la Asunción de Cantillana
sube al Cielo desde el Río!

¡Al río, al río, al río,
que se nos va la Señora
por la corriente del Río!

Ramón Cué, s.j.

foto 1: El Altar Mayor adornado para la Novena de la Asunción en Agosto de 1933


foto 2: El Altar Mayor después de la profanación y la destrucción de los marxistas en Julio de 1936




foto 3: El Retablo restaurado y renovado en Abril de 1938, pocos días después de su bendición



foto 4: El Altar adornado para la Novena de la la Asunción, en Agosto de 1963



foto 5: Imagen de Ntrª Srª de la Asunción.


Una pequeña "epopeya", tan emocionante para los que la vivieron, y lo mismo para los que la recibimos como una memoria, un testimonio de fe, de fortaleza, de voluntad resistente. También de victoria.

Todo sucedió en Cantillana, provincia de Sevilla, el pueblo de mi familia, mi pueblo, aunque hace años que ya no vivo en él. Allí tenemos todos cuna y sepultura, pila y altar. Todos estamos ligados por hechos y sentimientos que trascienden lo familiar y se transmutan en Misterio. La Virgen, la Asunción, es nuestro centro de atracción más definido, una verdadera "pasión" que nos levanta, nos arrebata, nos "sube".

Cuando recordamos, no estamos haciendo memoria, sino que vivimos y re-vivimos, sintiendo la raíz de sangre y de alma que nos nutre, que nos reconforta, que nos fija a la tierra de nuestros mayores y nos hace crecer elevándonos a lo más alto: La Asunción, ser "asuncionista", es una "espiritualidad" que se vive en este mundo y nos alienta a subir a la Gloria.

p.s. Por incuria de los SS. Arzobispos y la fría voluntad de determinados elementos influyentes, la Archidiócesis de Sevilla era de las pocas de España que no abrió expediente de beatificación-canonización de ninguno de los sacerdotes, clérigos y seglares Mártires, victimas de la persecución anti-católica desencadenada por las autoridades y las hordas republicano-marxistas en aquel memorable verano de 1936. 

p.p.s. A Dios gracias, incoada la postulación de las causas en Octubre de 2014, luego de la oportuna y diligente tramitación de los respectivos expedientes ante el Dicasterio para las Causas de los Santos, el PP. Francisco reconocía en Carta Apostólica el martirio inscribiendo en el libro de los Beatos al siervo de Dios Francisco Arias Rivas y a otros 19 compañeros - presbíteros diocesanos, seminarista y laicos - que fueron proclamados solemnemente en la Catedral Metropolitana de Sevilla, el 18 de Noviembre de 2023.

 ¡Laus Deo Virginique Matri in Coelum Assumpta!


+T.

viernes, 23 de julio de 2010

¿Qué es peor, codearse con un capo mafioso o alternar con un ministro (o ministra)???


De vez en cuando noto que estoy vivo, activo y reactivo, por cierto tic inconformista impolíticamente incorrecto que me aflora incontinente, como un estornudo estruendoso. Esta vez ha sido por un articulete que informaba del rapapolvo que un obispo calabrés le había echado a sus diocesanos mafiosos. Nada más leerlo, tanto el artículo como la noticia me han chocado un petit peu. Y el obispo - sin tener el disgusto de conocerle - lo mismo (n.b. A los no habituales les informo de que sólo siento predilección por una especie de obispos: Los Mártires (preferentemente los ya martirizados)).

La Mafia, la Camorra, la 'Ndragheta y demás sociedades afines son, en cierta manera, estados dentro del estado, pero en formato sui generis en vez de en formato político. No sé si me aceptarán esta tesis, pero la tengo por suficientemente válida. Y soy consciente de que es políticamente incorrecta. Incluso sumo un grado más a la incorrección y digo: Que a la clase política en general le va cantidad alternar con mafias & cía cuando conviene. Y conviene mucho. Muchas veces. A todos. No justifico nada. Pero no me trago bolas.

La maldad de una sociedad que vive y sobrevive a costa de sórdidas actividades criminales es evidente. Pero, en comparación, el "crimen puro y neto" de las mafias, camorras, 'ndraghetas, tríadas chinas y demás equivalencias me parece menos malo, por ejemplo, que la peste etarra o cualquier otra canallada político-terrorista de las que son y han sido. Un bandido que mata es distinto a un fanático político-criminal. Por ejemplo, un Don Corleone tiene más dignidad (y la merece) que una rata etarra (y sus padrinos políticos). Hasta en el crímen hay clases, noblezas y aristocracias. Como entre los demonios, aunque a la postre todos sean diablos y agentes del mal. Pero conviene no obviar matices, diferencias, distingos. Porque los hay, me parece evidente.

Dando otra vuelta de rosca, pregunto: ¿Qué mancha más, que es más sucio, pedir un favor a un mafioso o hacer un favor a un etarra? ¿Qué es más pecaminoso, disimular a un capo o esconder a un terrorista? ¿Qué tiene más delito, arreglar una cosilla con la 'Ndragheta o pactar un arreglo con un vasco criminal-nacionalista y/o su partido y/o sus organizaciones???

Porque también ha sido noticia hace poco que en Loyola, la cuna de San Ignacio de idem, los perros habían pactado con los lobos una "solución"; lean aquí la oscura historieta, una entre mil, sólo un capítulo más de la ya demasiado larga saga lasciva de los hijos de perra con los cachorros de loba. Pero lo más nauseabundo de la noticia es la cobertura dada al contubernio por los rr. pp. de la Compañía, con conocimiento y asentimiento, según parece, hasta del mismísimo reverendísismo p. prepósito general. Ellos dirán que es un servicio a la paz, yo les diría que no se puede militar bajo dos banderas, hay que escoger: O la del Rey Eternal, o la de Lucifer (cfr. Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola, nº 136-142).

¿Qué dirían ustedes? Todo malo, todo turbio, todo podrido y apestando. Pero, así y todo, nadie se mete con esos, ningún obispo se lanza a recriminarles la acción como el obispo de Calabria con los feligreses de la 'Ndragheta. A esa mala gente, a esos repugnantes "dialogadores" de Loyola, nadie les chista. Nadie. Y seguirán, como han seguido hasta ahora. Y sin desdoro, sin despestigio, mácula o baldón para sus respectivas honras (es un decir). Al contrario, en ciertos círculos, peñas, clubes y logias, estos profesionales dialogantes del crímen político son apreciadísimos, piezas de inestimable valor.

Pero demos una vuelta más al tornillo. Miren ustedes la foto (pongo esta porque es la más vista y porque son dos personajes de primerísimo y significadísimo rango). Mírenla:



Una foto simpática, natural y espontánea, casi contagiosa de la risa. Pero ¿y si el de la foto, en vez de Bono, fuera Don Vito Corleone? ¿Qué pasaría, qué se diría, qué reacciones provocaría entre propios y extraños, nacionales e internacionales si el retratado junto al Emmº y Revmº Cañizares en vez de Presidente del Congreso fuera Capo de la 'Ndragheta? E insisto: ¿Acaso es peor compañía para reir, mancha más reir con un Don Vito que con un Don Bono? Y hablando de manchas, arrugas y demás, ¿qué opinaron Uds. de esta otra foto, tan comentada en su día?



Sí, sí, sí. Si yo lo entiendo todo y sé que es diplomacia, fina y florentina diplomacia vaticana, tan exquista e históricamente decantada y depurada. Si yo eso, todo eso, lo sé. Pero, a pesar de saberlo, me siguen afectando estas cosas, estas imágenes, estas estampas, estas fotos. Estos encuentros. Estos alternes. Estas relaciones. Yo lo comprendo todo. Pero el vómito es incontrolable, no se contiene. Sorry.

¿Tiene arreglo, cabría alguna mejoría?

Ayer me contaron una anecdota, que les cuento: Los de siempre, los pperos y los comisarios hazteoires de la peña sevillana, convocaron hace unos días una manifestación protestantiva por los 25 años de aborto criminal y legal en España. De reina de la fiesta, con toda su escenográfica dignidad, iba el primero y protestaba con toda su representativa protestantividad el jefezuelo ppero sevillano, un tal J.I. Zóido.

Pues ocurrió que en mitad del paseillo protestantivo se le acerca un joven sevillano, muy bien arreglado, de correctísimo look pijo-irreprochable, le tiende la mano a Zóido, ambos se sonrien y confraternizan cordialmente etc. Y en esto, el joven le dice al líder ppero:

- "¡Un éxito la manifestación! ¡Enhorabuena, Zóido! Porque 8 años de esos 25 son del PP. No se te olvide, Zóido, que a mí no se me olvidan: ¡Ocho años de abortos en España han sido posibles gracias al PP!"


Por lo visto, la sonrisita se le encarajotó en la cara al jerarca ppero, que no sabía, no contestaba. Y dos gorilas de corps quitaron de enmedio, expeditivamente, al joven incordiante con su verdad por delante.

Cierro con esta anécdota para poner en el paredón al tercero en discordia, no vaya alguno a pensar que sólo son malos los etarras, y los psoeros, y los de la ceja, y nadie más.

Yo no sé a cuántos infelices matarán cada año la 'Ndragheta, los pistoleros de la Mafia o los de la Camorra. ¿Pero saben Uds. cuántos inocentes concebidos son asesinados "legalmente" en España, y en Europa, y en el Mundo? ¿Y reconocen ustedes a los autores/promotores/ideadores de esos asesinatos, los políticos que con expresa voluntad o tácita aquiescencia, por activa o por pasiva, actuando o dejando actuar, han sido o son los culpables políticos/legales de esos crímenes? ¿Y toleramos, soportamos, consentimos, nosotros los católicos, que un Obispo, que un Cardenal, se codee con ellos, con foto-sonrisa y todo? ¿Y no pasa nada? ¿Y todos contentos?

¿Y si fueran de la Mafia, la Camorra o la 'Ndragheta los que salieran en esas fotos con esos prelados?

No sé si me explico.

Tocante a la Iglesia, hay que distinguir bien entre relaciones necesarias y relaciones incompatibles. No es lo mismo que el Papa reciba a, supongamos, el presidente Obama, que sería un acto formal, necesario para la Iglesia en cuanto necesita una presencia reconocida y garantizada en los paises, naciones y estados; o que la Santa Sede mantenga abierta una nunciatura en Cuba, o una delegación diplomática en China. No es eso lo mismo que ver o saber en relaciones abiertamente sociales a un cardenal, o un obispo, con un político pro-abortista, o con un ministro de un gobierno declaradamente laicista y anticatólico. No es lo mismo. Como decía, hay cosas necesarias, ineludibles, y otras incompatibles, absolutamente prescindibles. Así como son distintos y hay que distinguir los foros oficiales donde se tratan asuntos oficiales de los los foros sociales en los que se hace vida social.

Y más todavía: Hay que distinguir personas de personas en los momentos y lugares en los que se celebra la Fe. ¿Me siguen ustedes? Me refiero a que en la España en la que se dan órdenes ministeriales para laicizar todo, y se quitan crucifijos, y los ministros y las ministras no juran, y se suprimen tradicionales actos religiosos por mor de una supuesta no-confesionalidad del estado (que es de hecho un muy agresivo laicismo oficial), en esta España neo-pagana no se puede por la mañana ser laicista según la legalidad vigente y por la tarde presentarse con vara de plata a presidir una procesión, o a asistir a una Misa, o a celebrar con todas las galas la fiesta del Santo Patrón del lugar.

p.s. Post Scriptum breve y a modo de moraleja para el obispo de Calabria & cía: Que es muy valiente meterse con la 'Ndragheta, Monseñor, es verdad. Pero con los otros ¿cuándo? ¿A que no? ¿A que seguiran los divertimentos? ¿A que siempre habrán fotitos de esas con esos (y esas)???

p.p.s. Otra cosa, que se me olvidaba: Por supuesto, sería preferible, un mafioso piadoso que un masón impío, porque del primero todavía se podría esperar conversión, pero del segundo sólo se podrán temer maldades. Las cosas como son.

p.p.p.s. Quizá por eso el obispo de Calabria les ha dado cañazo a los 'ndragheteros, a ver si alguno deja el mal negocio y se decide a llevar mejor vida (para él mismo y para los demás). A lo mejor.

p.p.p.p.s. Un detalle más: Ustedes, inteligentes lectores de este articulete, ¿cómo entienden, juzgan y valoran las últimas declaraciones del Cardenal Rouco sobre la "obediencia debida"? Porque yo, escribiendo esto que escribo, no sé muy bien qué decir, la verdad.



+T.