martes, 8 de junio de 2010

Tormenta sobre tormenta


Cuando la historia cuente la labor apostólica de Benedicto XVI, cada paso del anciano pontífice se medirá con metros de oro. En cinco años, las huellas del Papa Ratzinger ya son tan profundas como las de los 27 años de su predecesor.

Al visitar esta semana pasada la isla de Chipre, un viaje "discreto" a una nación de tercer rango, Benedicto XVI se sumergía de lleno en la crudísima realidad del Oriente Mediterráneo, la fachada trasera de Occidente, su primera frontera.

En Chipre la historia es carne viva y sangrante, como si desde los tiempos de las Cruzadas y el efímero reino de los Lusignan la historia se hubiera enrarecido en un bucle de tiempo que repite con distintos protagonistas una misma historia, con la Cruz y la media luna campeando en un combate sin final previsible.

El viaje, tan deseado, se tiñó primeramente con la sangre de los cooperantes pro-palestinos asesinados por el terrorismo institucionalizado de Israel. Nada es casual en ese tenso escenario donde la silueta de Chipre apunta como un índice hacia el rincón del antiguo Reino de Antioquía, como señalando acusador al viejo Oriente Islámico y al nuevo Israel sionista. La geografía, a veces, es elocuente en sus formas.

De aquellas costas, fronteras del Chipre cristiano, vendría el eco de la segunda sangre "ambientadora" del viaje pacífico del Vicario de Cristo. La noticia del asesinato del Obispo presidente de la Conferencia Episcopal de Turquía imagino que pesaría dolorosamente sobre el frágil Benedicto. La Santa Sede no sabe todo, pero cuando sabe conoce más y entiende mejor. Entender mejor, en casos como ese, es hacerse cargo de lo peor, que no se contará con todos los detalles sino cuando el tiempo pase, las heridas estén cicatrizadas y el trueno sólo sea eco. Así y todo, la dolorosa verdad nunca aflora del todo. Lo que la prensa sensacionalista del enemigo llama "secretos" vaticanos son, la mayoría de las veces, heridas que el pudor santo de la Iglesia prefiere guardar envueltas en esos pequeños/grandes holocaustos del silencio.

Turquía no es un problema emergente, porque Turquía ha sido para la Cristiandad (cuando la había) el rostro más feroz del Islam. Así desde el siglo XI, cuando se afirma como el rabioso y tenaz enemigo del declinante Bizancio. La Iglesia lo supo, y la tensión Santa Sede-Sublime Puerta es un capítulo con contenido proprio dentro de la Historia de la Iglesia y el Occidente Cristiano. A pesar de nuestro victorioso Lepanto, la decadencia putrefacta del sultanato, y la reconversión militarista de Ataturk, la Turquía contemporánea siguió tan poderosamente monstruosa como para perpetrar el genocidio de la Armenia cristiana, una de las grandes sombras que pesan como una losa sobre la conciencia de unos y otros.

Esa Turquía corrompida por militares y agitada por fanatismos islamistas, conserva tanta fuerza maligna como para desplantarse ante Europa entera e invadir y secesionar Chipre, amenazar a Grecia y chantajear a la OTAN y los EEUU. Hay alianzas que nunca debieran haberse hecho y oportunidades históricas que debieran haberse aprovechado ipso facto, sin ceder ni una hora al reloj de la historia.

Turquía debería haber sido descompuesta al final de la 1ª Guerra Mundial, fragmentándola y restaurando la nación Armenia y otras tantas según el mosáico de nacionalidades étnicas de sus fronteras. Si no se hizo por garantizar un tope a la URSS bolchevique-comunista, el pago de aquella oportunidad perdida hipoteca actualmente la sensibilísima frontera de Europa con el Oriente en llamas.

De Turquía es el asesino terrorista que atentó contra Juan Pablo II, y si se confirma la nueva "pista turca" que parece contener el asesinato de Monseñor Padovese, el turbante fantasmal de Solimán parece haberse reconstituído como una monstruosa hydra, con tantas cabezas asesinas como tantos son los fanáticos que anidan en los múltiples resquicios de la historia, reciclada en actualidad vengativa y belicosa.

Hace unos dias me chocaba el tópico comentario periodístico que cacarea que "el problema es el fanatismo islamista", cuando todo el mundo intuye que la frase correcta debería decir llanamente que "el problema es el Islam". Un problema que ya es amenaza viva y enquistada en el seno del Occidente decadente, el Occidente de nuestro "sistema democrático" que se tambalea afligido por la crisis, sin atinar remedios, olvidándose del co-problema del Islam "interno".



Lo peor, sin embargo, es el problema sobre el problema; o dentro del problema; o anejo al problema. Me refiero a la bomba de relojería del estado de Israel, que o se desactiva pronto/ahora/ya, o reventará el dia menos pensado como una re-edición actualizada del mito de Pandora y su caja de mil terrores.

Trágico marco para la visita apostólica de Benedicto XVI a Chipre, con sangre en el mar y sangre en tierra marcando la linde de su itinerario.

Hay llagas que la historia no ha cerrado, sobre las cuales se han abierto heridas nuevas que descalifican a los responsables y acusan a los mantenedores. Enconar la historia con una actualidad de incomprensible violencia es asegurarse un futuro que revertirá en crímenes multiplicados con cada golpe.

Resulta comovedora, por patética, la foto de Benedicto revestido de rojo martirial sobre el fondo de bidones de gasoil blanqueados con cal, marcando la frontera de la guerra.

Mientras, tan cerca de esa instantánea chipriota, Erdogan bramaba en Ankara y Netanyahu disparaba desde Sión.

p.s. Añado como apéndice esta sucinta referencia que no incluí en el articulete, por despiste. Me parece tan relevante como oportuno: El entonces Cardenal Ratzinger allá por el año 2004 se declaró contrario a la recepción de Turquia como miembro de la Union Europea ( Cardenal Ratzinger defiende identidad cristiana de UE ante posible ingreso de Turquía ) por tantas y tan buenas razones como un hombre bien formado e informado como él sabría explicar. Imagino que esa "opinión" del entonces Cardenal, hoy Papa, no se ha olvidado en Turquía.

+T.

lunes, 31 de mayo de 2010

Los palestinos necesitan un Leon Uris


Una de las pelis de mi videoteca que suelo re-ver un par de veces por curso (en verano, preferentemente) es la magnífica Exodo, de Otto Preminger. Excepto el papel de Paul Newman (no me gusta el actor ni le veo en el personaje que interpreta), me gusta todo lo demás. La banda sonora y el tema musical de la película, de Ernst Gold, es un clásico entre las mejores partituras de la historia del cine. Y la peli, una de las mejores de su género.

¿De qué género es Éxodus? Alguna vez me lo he preguntado y he concluido que Exodus es el film capital de un sub-género que yo llamaría "apologético-sionista". En Exodus están casi todos los elementos argumentales-dramáticos que reaparecerán en muchas películas que tratan, con variados libretos/tramas, la historia de los judíos europeos y el sionismo en el pasado siglo XX.

En Exodus sale casi todo, la historia de la post-guerra con flash-backs de la persecución antes y durante la guerra, el acontecimiento histórico de la constitución del estado de Israel, incluso una prospectiva bastante aproximada del futuro venidero.

La estupenda versión cinematográfica de la novela de Leon Uris es tan atractiva como la propia novela. A los lectores gustará o no gustará la obra de L. Uris, pero si son buenos aficionados reconocerán que es un estupendo novelista de género. De ese género.

Hará unos diez años, recuerdo que compré y leí durante un viaje en tren una de las últimas novelas de Uris, "The Haj" ("El Peregrino" es el título de la edición/traducción en español). Con toda su habilidad narrativa, Uris traza la historia de una familia de palestinos para demostrar la tesis de la maldad intrínseca y perversa de los palestinos, que acaban devorándose y destruyéndose a sí mismos. Todo en medio de un hiper-corrupto mundo de árabes y un esperanzador mundo israelí. Los palestinos son canallas, los israelíes son éticos héroes. Y si surge, alguna vez, un palestino heróico, es por cercanía al mundo y las tesis israelíes, que le convencen con todo el peso de su irrefutable razón; pero al final será destrozado por la implacable furia de los palestinos, raza maldita que no merece existir, ni merece patria, ni merece historia.

Sólo Israel es bueno y Leon Uris es su profeta.

Bueno, Leon Uris y toda una caterva de apologistas que infectan y confunden a una opinión internacional cada vez menos dispuesta a tragarse las bolas israelíes, exquisitas piedras de molino de la des-información.

En resumen, y ante los hechos consumados - una vez más - de una brutal matanza causada por Israel, la opinión oficial es la de siempre: Israel se defiende (con tiros que matan) de las agresiones contra Israel (en este caso, los del buque, dispararían con patatas y garbanzos y balas de granos de arroz, que es lo que llevaban en el barco para suministrar alimentos a los prisoneros de los campos de concentración de Gaza).

Los que digamos que Gaza es un gran campo de concentración, una "nación-campodeconcetración" creada y mantenida contra todo derecho y justicia por el estado de Israel, seremos señalados por el dedo israelí como enemigos de la humanidad. La humanidad que es Israel y sólo Israel. Lo demás no cuenta: Goyim, goyim, goyim. Carne de herém.

La trágica aventura del barco con suministros para los palestinos de Gaza, si la hubiera tomado Leon Uris como arguemnto de una de sus novelas, haría del barco una nave heróica como la del Exodus. Y también saldría por ahí un émulo de Preminger para filmar una peli heróica.

Pero la Palestina de los palestinos no tiene a su servicio un Leon Uris ni un Otto Preminger. Sólo tienen la decepción desastrosa de Gaza. La misma que alimenta la desesperación rabiosa de los niños que serán terroristas porque se han amamantado en la teta envenenada del odio israelí. Un Israel que siempre ofrece motivos sobrados para odiar. Es la única garantía que el estado de Israel otorga a los palestinos de Cisjordania y Gaza : Ser más odiados mañana que ayer.

Hoy también. Con catorce muertos más en la larga cuenta de las víctimas de Israel.



p.s. Esta mañana las agencias informaban que entre los pasajeros de los barcos asaltados criminalmente por el ejercito de Israel, viaja también el anciano Patriarca Melquita de Jerusalén, Monseñor Hilarión Capucci, el mismo que los israelíes mantuvieron en prisión 4 años, injustamente acusado. Monseñor Capucci tiene 88 años. Es palestino de nacimiento, de Cesarea, la patria de los Apóstoles.

p.p.s.La agencia Zenit recoge en su boletín diario el comentario desaprobatorio con la condena del portavoz de la Santa Sede, padre Lombardi, así como algunos testimonios comentarios de un sacerdote católico, párroco en la miserable Gaza. Merece leerlo porque es la voz sincera y dolorida de los que siempre son las víctimas. Las víctimas de Israel.

p.p.p.s. Se teme que este desgraciado acto de terrorismo militar-estatal israelí, con sus desafortunadas víctimas, enrarecerá el ambiente del próximo viaje apostólico del Papa Benedicto XVI a Chipre. Un viaje de primerísimo interés para la Santa Sede y los Patriarcados Ortodoxos Orientales (que tanto saben de las extorsiones, violencias, injusticias y crímenes del cada vez menos justificable "estado" de Israel).


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domingo, 30 de mayo de 2010

La nula voluntad de nuestra Jerarquía


Los Congresos Eucarísticos, cuando empezaron allá por 1881, en Lille, inauguraron, en cierta forma, la gran presencia internacional del Catolicismo en la era moderna. La Iglesia Católica cerraba así el siglo XIX, tan lesivo para ella, con una enorme actividad y proyección internacional. Los Congresos supusieron una gran confirmación de la fuerza y la actualidad del Catolicismo en el mundo. A los pocos años de la pérdida de los Estados Pontificios y la conclusión del Concilio Vaticano I, con el Papa "prisionero" en los estrechos límites de la Ciudadela Vaticana, la Iglesia Romana se hacía más universal que nunca, movilizando por los cinco continentes a Cardenales Legados que representaban al Papa en estas grandes celebraciones-exaltaciones de la Fe Católica.

Por su parte, los congresos nacionales, siguiendo un modelo a escala menor, sirvieron para re-evangelizar y resaltar en cada momento determinadas iniciativas destinadas al revitalizamiento de las Diócesis.

Durante los años que siguieron al Vaticano II, los Congresos Eucarísticos internacionales y los nacionales sirvieron para propagar los "frutos del concilio", muy especialmente las iniciativas e innovaciones derivadas de la reforma litúrgica post-conciliar. Los Congresos Eucarísticos han sido unos extraordinarios observatorios-testimonios de los cambios habidos en el último siglo de la historia del Catolicismo.

Del celebrado estos últimos días en Toledo algunos se han extrañado de la poca publicidad que se le ha dado. Yo les respondería que la midieran con la que está teniendo la Jornada Mundial de la Juventud. Evento por evento, compárese la publicidad de uno y otro y se comprenderá la importancia que se le da a cada uno.

Podrían decirme que no se puede comparar una concentración mundial con una celebracion nacional. Vale. Acepto el sed contra. Pero insisto: Compárese con la propaganda que se le da al Año Santo Compostelano, que es algo nacional. Si se me contesta que el Jubileo de Santiago es algo con repercusión europea y hasta mundial, también acepto la razón. Es verdad. Insisto sin embargo: Se da publicidad a lo que se quiere cuánto y según se quiere. En este sentido, es evidente que ni los organizadores (la Diócesis de Toledo) ni los promotores (la Conferencia Episcopal Española) se han movilizado apenas discretamente.

Una probable razón sería la "decadencia" de este tipo de celebraciones. Volviendo a las comparaciones, es evidente también que una Jornada Mundial de la Juventud tiene actualmente más repercusión y moviliza a más gente que un Congreso Eucarístico Internacional. Respecto a estos últimos yo diría que los Congresos Eucarísticos Internacionales, de hecho, tienen una repercusión nacional, salvando la presencia de los peregrinos que acudan de otros sitios, que no son demasiados, aunque nunca falte un número relativamente apreciable. Y los nacionales tienen, más bien, una importancia diocesana. Como este de Toledo, verbigracia. Considerando la gente de Madrid y sus proximidades que se habrán desplazado más cómodamente por la proximidad, y calculando la representación que ha salido de Sevilla (no más de unas veinticinco personas), me ratifico en los límites poco más que diocesanos del Congreso Eucarístico Nacional.

Que sin embargo sí mantiene su valor para Roma, que ha enviado nada menos que al ex-Secretario de Estado, Cardenal Sodano, actual Camarlengo del Colegio Cardenalicio, para presidir la clausura. Todo un signo de que la Santa Sede sigue apreciando este tipo de concentraciones, les ve sentido. Yo también. Mis amigos sevillanos que han asistido estaban ayer tarde emocionados. Son creyentes, muy buenos, y se emocionan cuando hay motivo. Y en Toledo los ha habido.

No hará falta que diga que, a parte la espléndida puesta en escena y la muy buena organización, a mis amigos de Sevilla lo que les emocionaba ayer era el "Centro" del Congreso: El Señor Sacramentado, el Amor de los Amores, suyo y mio.

Opino, sin embargo, que cierto "sentido" ha estado escandalosamente ausente en el Congreso toledano. Cuando me mandaron, hará más de un mes, el folleto con el programa de actos-celebraciones, inmediatamente eché de menos algo que considero fundamental: No se ha programado/celebrado ninguna Misa tradicional, ni siquiera se le ha dado espacio en alguna conferencia, ponencia, mesa redonda etc.

La extrañeza es mayor tratándose de Toledo, sede hasta hace poco del actual Cardenal Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, D. Antonio Cañizares. Tanto más extraño cuanto que el monseñor toledano Juan Miguel Ferrer Grenesche, subsecretario de la susodicha Congregación, ha participado en los actos y - me figuro - dado que su promoción al Dicasterio es de hace apenas un año, habría tenido que ver en la preparación del congreso. Un Congreso Eucarístico, aunque sea nacional, no se improvisa en unos meses.

Vuelvo a tener la impresión de un "pacto de silencio" conjurado por nuestros Obispos para que el Motu Proprio Summorum Pontificum tenga la menor repercusión posible en España. Si no, no me explico.

A estas alturas, está clara y patente la voluntad "reformadora" de Benedicto XVI en materia litúrgica. La expresión "reforma de la reforma" no es una anécdota, no se ha acuñado por una casualidad. Pasarla por alto significa obviar una de las líneas de acción más claras y firmes del pontificado de Benedicto XVI.

El Motu Proprio de restauración de la Liturgia Tradicional va a cumplir tres años desde su promulgación, y en España todavía no ha habido un prelado que haya celebrado la Misa tradicional. Y su restauración o promoción en las distintas Diócesis es apenas nula. A regañadientes van concediendo nuestros Obispos las celebraciones, cuando se ven obligados por las peticiones o instancias de algunos grupos y asociaciones de fieles. Prefieren que no se les saque el tema, que no se insinue siquiera. A lo más aceptan situaciones bajo mínimos, a veces dejando patente su desagrado, con toda reluctancia. Esto desde Finisterre a Tarifa, desde el Rosellón al Campo de Gibraltar. Una renuencia jerárquico-nacional general.

¿Por qué? Yo digo que por falta de fe. Y quizá por mala fe. Sic.

Volviendo al Congreso de Toledo, me hizo especial gracia, por paradójico, uno de los actos. Se trataba de una exposición sobre tres españoles con causas de beatificación-canonización incoadas: Teresa Enríquez "loca del Sacramento" (s. XVI), Luís de Trelles, fundador de la Adoración Nocturna Española (s. XIX), y Manuel Lozano Garrido "Lolo", periodista jiennese (s. XX), que será beatificado - D. m.- el próximo 12 de Junio.



¿Se les ha escapado a los responsables y organizadores que todos estos ejemplos de piedad y santidad eucarística se nutrieron con la Santa Misa que ellos desprecian y/o ignoran?

¿Cabe entender que se estimule la participación de los fieles en liturgias mozárabes y se ignore deliberadamente la liturgia de la Santa Misa que fue la única vigente y común para todos los fieles de la Iglesia Católica hasta 1969-70?

¿No hubiera sido oportuno con ocasión de este Congreso de Toledo dar una repercusión "nacional" al Motu Proprio, celebrando la Liturgia Tradicional, exponiendo el significado/valor del Motu Proprio de Benedicto XVI, en alguna ponencia, mesa redonda, siquiera en algún acto ???

Pues no. Ni siquiera en algún acto. En ninguno.

A estas alturas, la cuestión me parece vergonzosa; tan lamentable como descalificante. Para nuestros Obispos, quiero decir. Que en España la resistencia al Motu Proprio esté teniendo estos "protagonistas" es asombroso. Una Jerarquía Episcopal que salvo pocas excepciones se ha formado, precisamente, con esa Liturgia Romana tradicional. Una renuencia tal sólo trasluce un escandaloso desprecio, tan absurdamente impropio. Y culpable, también.

¿Cambiarán, se decidirán a mudar de actitud, reconocerán su injustificable cerrazón?

Si concedieran (o destituyeran) mitras con la condición de celebrar una Misa Tradicional, se iban a ver largas colas de aspirantes que repetirían, mutatis mutandis, el "París bien vale una Misa" del Borbón Enrique IV, con todo su mayor fervor.

Pero - otra vez - estoy soñando, delirando, figurando visiones.

Custos, quid de nocte?

+T.

jueves, 27 de mayo de 2010

A propósito de una peli sobre un cura


A ver si no me trasquilan por todos lados, porque segurito que más de uno se afrenta y se engalla (no problem, por mi parte). Pero ahi van mis impresiones, que podrán disgustar justamente porque, a pesar de ser impresiones, no son disparatadas, ni mucho menos. El articulete va de cine, de una peli.

La peli es nacional, española; o, más precisamente, madrileña. Madrid ha ido perfilando una personalidad, una idiosincrasia bastante acusada, con particulares muy identificativos. En lo eclesiástico, me refiero.

Al nuevo clero madrileño yo lo definiría "juanpablista". La entusiasta personalidad de Juan Pablo II, su estilo y su atractivo "juvenil", fue suscitando durante los años de su pontificado vocaciones sacerdotales, que se sumaban al dinamismo del Papa. No son - nunca han sido - verdaderamente tradicionales, pero han respondido con un estilo pastoral muy característico, ilusionado, entregado, trabajador, re-emprendiendo bajo las directrices, más o menos explícitas, de Roma la puesta en práctica del Vaticano II que el desconcierto post-conciliarista había extraviado y corrompido.

El estilo de cura "juanpablista" es urbano, post-moderno incluso. Con "gancho", comunican vitalidad; los más destacados suelen ser bastante "medíaticos", emprendedores, brillantes comunicadores. Ya dije que no son tradicionales, respetan los mínimos litúrgicos, conservan elementos de la piedad y la espiritualidad católica, pero se lanzan a experiencias nuevas, les gusta "romper moldes", impactar con palabras, gestos, relaciones. Todo con una desenvuelta resolución. No son de sotana, son de camisa clergyman y pantalón vaquero, de negro y con chaqueta para las ocasiones, en todo caso.

De este "perfil" simpático y arrollador tuvo que ser el sacerdote madrileño al que le han dedicado una peli, o un documental más o menos biográfico-hagiográfico. El prometedor sacerdote murió en un accidente, durante una excursión-escalada. Iba acompañado por una amiga. Murieron los dos.

El que presenta la peli, dice que por meterse en eso se mete en un lio. Yo pienso, más bien, que se mete en un "exceso", porque la peli me parece excesiva. Y si - como me han comentado - hay detrás una movida de "santo-súbito", me parece todavía más excesivo el exceso.

Antes, cuando los Santos no se hacían vía santosúbito, una postulación con esas circuntancias hubiera sido impensable. Absolutamente.

Insistiendo: Un sacerdote diocesano, por vocación, aspira a ser cura. Los curas corrientes celebran Misa por la mañana y por la tarde, administran los Sacramentos, predican, organizan y dirigen la parroquia, etc. Nada extraordinario (salvo el "milagro" de lo sobrenatural entre lo natural, lo extraordinario-santo en medio del mundo ordinario). No son héroes ni aspiran a serlo.

Los curas corrientes no pueden hacer montañismo porque no tienen libres los fines de semana. Los curas corrientes que están en un pueblo se pasan en el pueblo el dia entero y todo el año, y si tienen más pueblos y parroquias que atender se pasan el año, el mes y la semana de pueblo en pueblo, de iglesia en iglesia. Si logran reunir 20 fieles en Misa, cantan victoria por la multitud. Eso los de pueblo.

Y los curas de capital, lo mismo, con más gente, sujetos a la parroquia mañana y tarde, si estan solos y sin coadjutor, vicario y/o ecónomo que les asista; ellos solitos se apañan para bregar con todos y contra todos, catequistas, niños, padres, señoras, señores, viejas, viejos, enfermos, familias, el pobre del barrio y la tonta de la plazoleta. Además atiende a otros encargos, de beatas y beatos de muy distinta variedad y ocasión, cuando no una Misa, una boda, o unas predicaciones, o un retiro. O lo que salga. Eso un dia, y dos, y el curso entero. Y el año siguiente, Deo volente, más.



Si a un joven con vocación, si a un seminarista o a un joven sacerdote recien ordenado, le estimulan con la estupenda aventura de un cura-héroe, cuando se topa con la realidad de la vida de un cura-cura, se estrella y se hace añicos. No sé si me explico (que me entiendan o me quieran entender, es otro cantar).

Por eso no me gusta la peli. Tampoco me gusta el detallito del título "La última cima", que parafrasea muy malamente a "La Última Cena"; la foto del cura alzando con las cumbres de fondo, me gusta todavía menos porque no me gustan las excentricidades caprichosas, y celebrar una Misa en lo alto de un picacho nevado me parece un capricho excéntrico, incluso un abuso litúrgico. Y la música del tráiler, el remate. Montaje, mucho montaje.

Coda 1ª: El Cura de Ars no hacía alpinismo. Ni sólo ni acompañado.

Coda 2ª: Don Camilo, de Guareschi/Fernandel, me parece, a pesar del tópico, un modelo bastante vigente, todavía.

Coda 3ª: Estoy temiendo otra peli de otro cura que está para salir, made in Hollywood...pero con fondo, escenario, historia, texto y pretexto made in Spain 100%. Va a ser de tronío.

Coda 4ª: No sé - me gustaría saber - si a la peli esta (y a la otra) le habrán dado subvención.

p.s. Si alguno pregunta (que preguntará) le contesto:

- No, no conocía al cura de la peli.
- Sí, tuvo que ser un cura excepcional, no lo dudo.
De todas formas, hablo de la peli, de la impresión que me da. Solamente. Sin más intención. De verdad.


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sábado, 22 de mayo de 2010

Más de Schönborn indeseable



Alguna vez, oportunamente, digo que no se debe empinar al que ya está en alto. Y es que tengo un prejuicio muy particular contra los que son y quieren ser más, y buscan ser más, y aceptan gustosamente que les hagan más.

Sé lo que el Señor dijo aquello que “…al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene”. Pero esas palabras de Cristo parecen tener un contexto escatológico, se refieren al juicio particular final, en el que Dios retribuirá a cada uno según sus méritos. Para nosotros los viatores, los mortales que transcurrimos por el mundo, se ajustan mejor aquellas otra palabras del Evangelio: “El que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado” que, aun teniendo también un sentido escatológico, sirven muy bien como lema, un leit-motiv excelente para proceder y resolverse cristianamente.

Dicho esto, miren ustedes estos retratos:



¿Saben ustedes quiénes son estos personajes, estos prelados? Pues son los Señores Cardenales, Obispos y Prícipes electores Friedrich Carl von Schönborn, Lothar Franz von Schönborn, Franz Georg von Schönborn y Damian Hugo Philipp von Schönborn-Buchheim, los ilustrísimos, poderosísimos, engoladísimos, blasonadísimos, muy influyentes, nobilísimos y muy ensalzados tíos-bisabuelos y tataratíos del Emmº y Revmº Cardenal Cristoph Schönborn, Arzobispo de Viena. Una alhaja de valor entre todas esas preciadisimas alhajas.




Si me dijera alguno: Pero el actual Cardenal Schönborn se hizo dominico y dejó casa y hacienda, haciendo voto de pobreza, yo le respondería que igual da, porque no perseveró en la simple monasticidad docta y mendicante de los frailes predicadores, sino que en cuanto le ofrecieron una mitra dijo sí; también dijo que sí cuando le promovieron al arzobispado, y muy gustosamente dijo otrosí que sí al capelo. Conque al final, velis nolis, por caminos directos o indirectos, el resultado es el mismo: Otro Graf Schönborn príncipe de la Iglesia, con todo su ringo-rango, como sus ilustres tíos, esos de las peluconas de la época del emperador Francisco de Lorena, la Emperatriz María Teresa, y el imponente Imperio de los Habsburgo.

En los tiempos en que estamos, hay que ser un mentecato supino para sentir fascinación atractiva por un sujeto con papelorios genealógicos y tribu de antepasados con título y blasón, hay que ser muy lila. Pero el mundo es así, y corren por todos lados PepesBonos que casan a sus niñas con nietos de condeses y sueñan ellos mismo con el Toisón de Oro, o una Grandeza de España, o un Condado aunque sea in partibus infidelium (n.b. He dicho un pepebono porque es el ejemplar más cateto y vulgar de esta tendencia filo-aristocrática que se me viene a la cabeza; ustedes pueden pensar en otros u otras, les concedo la gracia de imaginar).

¿Qué si acaso fray Cristóbal Schönborn o.p. no tiene, no tuvo, no ha tenido, méritos y avales propios, personales, para llegar tan alto sin necesidad de tirar de blasones? Vamos, vamos, vamos…señoras y señores míos (es un decir). Quien no sepa que las discriminaciones positivas están y han estado en uso y nunca han pasado de moda, quien no sepa eso, no sabe nada ni de mundo, ni de suciedad (perdón; sociedad, quería decir, ha sido un lapsus). Inclusive ese enriscado mundo de las prebendas y dignidades eclesiásticas, tan sujetas a vanidad y propensas a suscitar mil vanidades más.


Todavía en el siglo XX-XXI a las Órdenes Religiosas les encanta presumir de nobleza, y tener un fraile, un hermanito, un reverendo que sea conde, marqués, duque o principés, por papá o por mamá. Les encanta, aunque no lo reconozcan y lo disimulen. Y después, si el chico es despabilado, se le abren todas las puertas, portones y portillos para que haga carrera. Un currículum de fraile-conde-duque resulta muy prestigioso, muy brillante.

Muy torpe borrico debiera haber sido el interesado sin con buenos colegios, refinado ambiente, encopetadas relaciones y excelentes modos desde la cuna no hubiera afinado su intelecto adecuadamente. Si en el convento le dieron un poco de cancha, muy favorablemente el nene despuntó, era de esperar. Estas especies nobiliarias son muy extremas: O salen tontos de remate o salen listos como el hambre. Y se ve que el Graff Cristoph es de los inteligentes prácticos, no un Stº Tomás de mucha celda y cátedra, de mucho rezo y libro, sino un aprovechado sapiente pragmático-eclesiástico, con la excelente carta de presentación de sus acreditados blasones de noble imperial.

Así fue desde que pareció con la sonrisita y el hábito de nuestro padre Stº Domingo (recuerdo las primeras fotos, de cuando era reciente obispillo auxiliar de Viena), con todo su brillante currículum de teólogo. Un mimado de la fortuna, en la casa solariega de sus papás y en la Orden Dominicana después. Quizá uno de los más reputados de entre los dominicos que han ocupado últimamente esos puestos (comisiones, representaciones, universidades, colegios, foros etc.) que se reservan para la cuota de representación de las diferentes órdenes y congregaciones religiosas. Competente y brillante.

Y sagaz, muy listo porque se presentaba (lo presentaban, lo publicitaban, lo señalaban) como un católico recto, de perfil conservador, que inspiraba confianza y despertaba las mejores expectativas en los sectores más firmes y fiables de la Iglesia. Al estallar el lamentable caso Groër, ganó en respetabilidad, por su discreción, prudencia y resolución. Un estupendo hombre de Iglesia, con las mejores perspectivas por delante.

Así hasta que empezó a señalarse, a desvelar poco a poco que no era el firme prelado católico que se pensaba, sino el arzobispo austriaco que sintonizaba con el des-catolicismo militante de la Österreich, el contemporizador que recogía las inquietudes de los grupos terroristas de los “somos iglesias” y el líder-portavoz de la muy descompuesta Jerarquía austriaca.

Fue entonces, hará unos años, cuando empezaron a circular las fotos y los youtubes de Schönborn, entre globitos y letreritos, en unas misas extrañas con luces de discoteca, cálices de cristal y otros extraños elementos, muy poco católicos. Ese es el Schönborn que se ha ido re-interpretando en estos últimos cinco años, los años del Pontificado de Benedicto XVI.

¿Es Schönborn – como dicen y corean algunos – un “hombre de Ratzinger” un “amigo de Benedicto”? Compárense, por ejemplo, las palabras de Benedicto XVI en Fátima, hace unos días, con las palabritas de Schönborn de hace un par de días. Compárense y sáquense conclusiones. Evidentemente, Schönborn aparece como una contrafigura, una sombra oscura de Benedicto XVI, porque, prácticamente, contradice al Papa en el fondo y en la forma.

Schönborn , muy en contra del perfil moderado y responsable que cierta prensa afín le atribuye, se perfila como uno de los más peligrosos y modernistizantes prelados de la actualidad, con todo su haber de noble-teólogo-arzobispo-cardenal de su parte, un currículum admirable, brillante, que se ha sabido labrar. Preside a los inquietos obispos de Austria, tiene relaciones cordiales con el episcopado de Alemania, cuenta con muy buen cartel entre los ortodoxos (y los ortodoxos rusos, además) y en un par de años se ha convertido en el mascarón de proa de la vanguardia des-católica europea. Ya se dice que es el delfín del fantasmón Martini, el candidato de los progres, el Cardenal papable de los insurrectos vaticanoterceristas. Etc.

Ese es Schönborn, el anti-celibatario, el que capitanea a los obispos contestatarios de Austria, el que ha abierto fuego y disparado dentro del mismísimo Colegio Cardenalicio iniciando una guerrilla combativa, que abre trincheras y ocupa puestos estratégicos de opinión e influencia en vistas al Cónclave que, más tarde o más pronto, vendrá.

El aperturismo de Schönborn significa, en el Pontificado esperanzador de Benedicto XVI, la reedición corregida y aumentada de los destructores de la Iglesia Católica, la continuídad de la devastación de los "inolvidables" Alfrink, Frings, Suenens, König y toda la trupe demoledora de adláteres. Dije el otro día, como un chiste, que Schönborn era el director de Orquesta Cacofónica de Viena; yo mismo reconocí la triste gracia que tenía mi triste chiste.

Este gran príncipe de la iglesia y el mundo, hijo de masón, se llama Conde Christoph Maria Michael Hugo Damian Peter Adalbert von Schönborn-Wiesentheid, con todas las letras. Es una bomba de relojería en el centro neurálgico - nada más y nada menos - del Colegio Cardenalicio.

La urgente "reforma" que necesita la Iglesia es la extirpación de esta nefasta jerarquía, heredada del pontificado anterior y que está hipotecando dramáticamente el pontificado actual. Si tan inquietantes son las cosas que uno se atreve a conjeturar, la realidad, los hechos con sus escenas, debe ser tremenda. Y Schönborn es uno de sus siniestros protagonistas, uno de los peores.

Imagino que eso de tener bisabuelos aúlicos, personajes de corte, salón, cortinajes y conspiraciones, se lleva en los genes y en la sangre azul. Cuanto antes se le “neutralice”, mejor para todos. Para la Iglesia, quiero decir.

&.

viernes, 21 de mayo de 2010

Indeseable Schönborn



Antes que nada preciso el adjetivo, para los imbeciletes irritables filo-modernistas des-catolizantes, o los timoratos acomplejados católico-conformistas mea-pilaristas. Dice el diccionario de la RAE:

indeseable.

1. adj. Dicho de una persona: Cuya permanencia en un país consideran peligrosa las autoridades de este.

2. adj. Dicho de una persona: Cuyo trato no es recomendable.

3. adj. Indigno de ser deseado.


Y ese sentido triple le doy al adjetivo. Tal cual.

Me mueve a la des-calificación el nuevo episodio (¿cuántos van?) de Schönborn, las nuevas palabritas del petulante Schönborn, cada vez más deslenguado, más osado, más impertinentemente siniestro. Ha sido una especie de "extensión", una coda conclusiva a las declaraciones del obispo emérito Mons. Iby, que hace una semana se despachó contra el celibato. Ahora Schönborn se alinea con las declaraciones de Iby. Incluso remacha que esa es la opinion general de los obispos y los fieles austríacos. Para que no quepan dudas.

El noticiario austriantimes.at recogía y publicaba las declaraciones del Cardenal Schönborn. En resumen, dice que

"La preocupación que expresó el Obispo Iby es compartida por todos nosotros (los obispos de Austria), y estoy feliz de estar en una Iglesia en la que hay libertad de expresión y de opinión" (palabras del Cardenal)


Unas palabras que a la vez que se suman a esa corriente anti-celibataria, parecen censurar a la Iglesia no-austriaca que, según deja entender Schönborn, es una Iglesia que veta la opinión y silencia su expresión. ¿Pensaría Schönborn en alguna Iglesia en particular? ¿Roma, quizá?

La noticia del austriantimes.at es para echarse a temblar. Porque además de las palabritas de Schönborn trae las declaraciones de tres o cuatro "líderes" de movimientos y organizaciones laicas (un dirigente de ese gran movimiento terrorista des-católico de los "somos iglesia", un portavoz de "las juntas parroquiales", y otro representante de grupos de apoyo a la iniciativa de supresión del celibato).

Estos personajillos (me los puedo imaginar, perfectamente) son los que tienen en un puño a los desgraciados obispos austríacos, los que movilizan y manipulan la opinión de los católicos para que se den de baja en sus parroquias, los que dictan sus novelerías en los consejos parroquiales etc. Son los agitadores del diabólico caldero donde se cuece la ponzoña que envenena al catolicismo austriaco. Y Schönborn aparece como su más alto representante, la cúpula púrpurada de esa "iglesia de base". Aunque parezca mentira, así es.

Cuando el año pasado fueron llamados al orden y acudieron a Roma para recibir una severísima amonestación del Papa, Schönborn fue el portavoz de aquella "comisión austriaca" que, en el colmo del desplante insolente, le expusieron al Papa Benedicto las demandas de los laicos de Austria, que junto con su Jerarquía (obediente y rendida a los laicos) exigían la supresión del celibato. Era la misma Jerarquia que unos meses antes se negó a aceptar el nombramiento del nuevo obispo auxiliar de Linz, hecho por Benedicto XVI, que tuvo que replegarse a las exigencias (amenazas?) de los obispos austriacos, presididos por Schönborn, que implícitamente dejaron entender que los nombramientos episcopales de Austria los hacía la Conferencia Episcopal de Austria (supongo que con el beneplácito de sus energumenizados laicos de "somos iglesia" y otros grupos terroristas des-católicos afines). El Papa, por su parte, tuvo que tragarse aquellos hechos consumados y pasar página.

Era la primera vez en muchísimo tiempo (¿desde el siglo XVIII?) que una Jerarquía nacional plantaba cara a Roma y se negaba a reconocer un nombramiento episcopal. Como he dicho, Roma calló, el obispo no se nombró (fue, incluso, peor porque estando nombrado fue forzado a rehúsar) y los obispos austríacos, con Schönborn a la cabeza, salieron triunfantes, con aquella significativa victoria en su haber.

¿Es exagerado deducir que estamos al borde de un cisma real, un cisma territorial, con una Conferencia Episcopal que ha roto de hecho su comunión con Roma, alegando una independecia dependiente de los movimientos y grupos de presión des-católicos, que son la fuerza articuladora y preponderante en la iglesia austriaca?

Si no se para ese tren, la misma tendencia contestataria anti-romana se extenderá muy pronto a Alemania, siguiendo el mismo proceso de contagio de los grupos activistas des-católicos de los "somos iglesia" y formaciones por el estilo. Y habrá otro Schönborn en Alemania, otro episco-monstruo cabecilla. La desproporcionada reacción de los obispos alemanes a la reconciliación de los cuatro obispos de la FSSPX y la hipersensibilidad por aquellas declaraciones "negacionistas" del obispo Williamson, demostraron que las tensiones Alemania-Roma estaban muy enervadas, dispuestas a precipitarse por cualquier incidente, plantando cara al Papa si se terciaba.

Schönborn es culpable muy gravemente, porque no sólo no frena sino que se pone al frente. A estas alturas de la "serie Schönborn" yo me cuestiono incluso sobre su participación en el proceso de acusación y deposición de su antecesor, el Cardenal-Arzobispo de Viena Herman Groër, hasta el presente el más alto inculpado por el escándalo de las pederastías. ¿Fué todo como se contó, como trascendió?

Schönborn también es culpable de atentar contra algo tan delicado como la integridad del Colegio Cardenalicio, que no es una institución eclesial cualquiera. Fueron muy graves sus comentarios sobre el Cardenal ex-secretario de estado Ángelo Sodano (y conste que el que esto escribe le profesa muy poca simpatía al Cardenal Sodano y su gestión al frente de la Secretaría de Estado), señalándole como el principal encubridor de las denuncias de abusos durante los años que ocupó su alto cargo curial durante el pontificado de Juan Pablo II. Hay cosas que, aunque sean o hayan sido, jamás deben trascender más allá de ciertos círculos, mucho menos si se airean en público dando la impresión de un combate de fuerzas, tendencias, intereses o influencias.

¿Se trata, quizá, de una maniobra de Schönborn para señalar, desmarcarse y destacar? No sabría decir, pero de hecho es una ruptura, un desgarrón ante la opinión pública, con las cosecuencias intra-colegiales que se pueden imaginar y que yo no sé tampoco calibrar. Sí sé que en los tiempos que corren una tensión-acusación pública entre dos eminentísimos miembros del Colegio Cardenalicio no favorece a la Iglesia ni deja en buen lugar al Papa.



Schönborn es culpable también de mantener un peligroso equívoco: Desde que apareció en escena, cuando le nombraron auxiliar de Viena, se le presentó como un teólogo sólido, que contaba con la confianza del entonces Cardenal Ratzinger, con quien colaboró ocasionalmente en Friburgo. Sus corifeos recuerdan esto y lo sacan a relucir cada vez que pueden, pretendiendo favorecer la opinión pública de Schönborn.

Pero Schönborn se ha destacado, poco a poco, como uno de los más sombríos personajes, contra-figura del pontificado de Benedicto XVI, un opositor-contradictor de primera línea. Dicen que es el nuevo adalid de los radicales vanguardistas europeos, el Caballo de Troya de los modernistizantes vaticanoterceristas para el Cónclave que venga.

Yo confieso mi esperanza de que Benedicto XVI dure todo lo necesario para que Schönborn & cía no tengan ni una miserable posibilidad de nada para nada.

A los nubarrones de tormenta, mejor que los barra el viento.


+T.

domingo, 16 de mayo de 2010

Verismo In Ascensione Domini



El año pasado puse la Cavalleria para ilustrar el Domingo de Resurrección, pero este año he preferido reservarla para la Ascensión. Porque, aunque el Mascagni ambienta la ópera en el Domingo de Pascua, lo que canta la Santuzza con el Coro es "...oggi ha asceso alla Gloria, alla gloria del Ciel!!!" ¡Hoy ha ascendido a la Gloria, a la Gloria del Cielo! Por cierto una muy justa interpretación inclusiva del Misterio, del Dogma.

La Ascensión, como la Resurrección, son difíciles de representar. La Resurrección más, porque tiene menos "recursos". Quiero decir que la Ascensión con los Apóstoles, la Virgen en el centro, los dos Ángeles amonestantes, Cristo ascendente y la nube, tiene mejor configuración que la Resurrección, que es un tema más "indescriptible". Quitando la de El Greco, que es espléndida, y algunas otras excepciones, las Resurrecciones me parecen extrañas y hasta ridículas. Por ejemplo, la que pintó Murillo es de risa, con un Cristo saltimbanqui-malabarista sobre un fondo color café-amarillo (lo mejor del cuadro son los dos esplendidos escorzos de los soldados, uno de ellos con unos pies de mendigo callejero de esos que sabía pintar muy bien el maestro sevillano).

Las Ascensiones, decía, son mejores. Me gusta especialmente la iconografía ingénua (?) que representa en dos planos el misterio: Abajo los Apóstoles arrodillados, con la Virgen en el centro, y arriba los pies de Cristo, solamente los pies y el borde de su túnica, porque la figura del Señor está velada por la nube; en el centro, entre el grupo expectante y Cristo semi-visible, la roca marcada con las plantas de Cristo. Es una representación simple, pero absolutamente concorde con el texto de Hch 1,1 ss. y los someros paralelos de San Marcos y San Lucas, con detalles devocionales jerosolimitanos, como el pormenor de las huellas sobre el suelo.

En la pintura moderna, Salvador Dalí pintó una versión surrealista de este tema ascensionista de los pies de Cristo, desde una perspectiva-concepción tan originales como otras iconografías cristianas pintadas por él (no me gusta Dalí, pero le reconozco su genialidad, excepcional).

La escena histórica - recalco histórica, con toda la fuerza testimonial de los Evangelios y el Nuevo Testamento, documentos históricos avalados por la garantía de la verdad de quienes dieron su vida por todo aquello que habían "...visto y oido, lo que palparon..." - la escena tuvo que ser fascinante y conmocionante en sumo grado, tanto que los espectadores, los Viri Galilei, necesitaron que los Ángeles les sacaran del éxtasis y les urgieran a ejecutar la misión encomendada por el Señor.

¿Se puede permanecer en el éxtasis contemplativo de la fe, mirando al Cielo? No. Se debe mantener la expectación anhelante del Cielo, pero con el empeño de vivir según el mandato de Cristo mientras estemos en la Tierra. El quietismo es una herejía, bastante "cómoda", por cierto.

El Cielo donde está nuestro Cristo nos aguarda, abierto de par en par, y el camino para llegar a Él se anda en la tierra, con la cruz de cada día. Y es un camino de subida, de ascensión. Un dia cristiano, un dia de cruz, nos asciende, nos sube. Es ese místico "sursum corda", lema de una espiritualidad auténticamente cristiana.

Él dijo que donde esté nuestro tesoro allí estará nuestro corazón. Y nuestro tesoro es Él, y nuestros corazones están (deben estar) en Cielo con Él.


Violeta Urmana Teatro Real 2007





Maria Callas




p.s. Las tres versiones del Inneggiamo son muy buenas. He puesto arriba, de portada, una representación con excelente montaje y la espléndida voz de Waltraud Meier, dirigida por Riccardo Mutti en Ravena, 1996, la escena completa desde el Regina Coeli.
En la segunda canta Violeta Ormana, preciosa voz, muy en el papel de Santuzza, con su coro de sicilianas veladas de negro, fondo de paredón encalado y disciplinantes, muy del gusto de los escenógrafos. Es una grabación hecha en el Teatro Real de Madrid en el 2007.
Y el tercer youtube con María Callas, inconfundible voz.

En la ópera del Mascagni el clímax religioso del Inneggiamo, centro de la ópera, deja paso a la vida cotidiana con sus dramas. Pero el eje es el Inneggiamo, que da sentido a la tragedia cuando aparece la muerte, porque la abre a la Gloria, que no sólo se canta sino que se espera: Una exaltación más allá del dolor, tan real como el dolor mismo, una ventura celeste que sucederá.

El Misterio también es "verismo".

+T.