miércoles, 9 de abril de 2008

Indefiniciones inquietantes

Rara vez leo con paciencia una crónica política, o me mantengo atento a ningún programa de política/políticos. No me merecen más consideración que la sumaria, sin detalles. Basta para lo que hay.

Ayer, por ejemplo, la muestra suficiente para el análisis me la proporcionó uno de los ex-ministros del caducado gobierno, ese que va a ser ahora portavoz de su piara frente a la Soraya, la del nombre de travesti que se ha buscado el genio político del bi-perdedor Donmariano para portavoz de la suya. Pues fue que el ex de Defensa dijo que:

"...España es un proyecto colectivo..."

Tal cual: España es un proyecto colectivo. Concedo que una definición más o menos omnicomprensiva de España sea dificil. Pero subrayo la inquietante sensación de indefinición que la definición del politico me suscita. Y en particular la vulgaridad de conceptos, "proyecto" y "colectivo", los dos tan manidos.

Estuvo de moda aplaudir cualquier "proyecto" por ser proyecto, sin considerar su fundamento, sin ponderar su intención y sin tender a su ejecución/terminación. Sólo por ser proyecto era bueno, y mejor si se mantenía como proyecto sin pasar a nada más allá de su inconsistente esencia: Sólo proyecto, in perpetuum. La moda y su época las he conocido y padecido.

Conque en esa bisoña adolescencia teorizada/politizada se anda todavía el tal político de la piara. Y es de suponer que su jefe y la piara entera estén en lo mismo. Y que la indefinición de la España proyectada-colectiva les guste. Desde luego es muy cómoda y apta para el pasteleo - masa dúctil - y la maniobra - volante engrasado para girar 360 grados en practicables virajes.
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Le tengo particular antipatía a la otra palabra/concepto, "colectivo". Me huele a marxista que apesta. Lo peor es que la he visto usada y abusada en los más impropios entes y ambientes, Por ejemplo en la Iglesia. En cualquier reunión, programa de catequesis, documentos de vicarías/arciprestazgos/parroquias, hasta en homilías de curas y - oh espanto! - pastorales y otras papelerías episcopales. Sí.

Será cuestión de esperar un petit peu para que un "laico comprometido" (tantas veces no se sabe ni puede precisar con qué o quién), o un curilla aseglarado, o un obispo en trance de descatolización "indefina" a la Iglesia como un "proyecto colectivo". Me doy con un canto en los dientes si alguno no lo ha dicho ya. ¡Qué miedo!

En España - quizá como en otros sitios, pero aquí se nota mucho - la Iglesia es particularmente susceptible de contagiarse con los peores virus políticos. Desde el tiempo de los visigodos (lo de los defectos de los visigodos es algo que comento con cierta frecuencia, una afición-fijación).

Pero es lástima que no se mantengan también junto a las perversiones los atavismos virtuosos. De los visigodos, quiero decir.

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lunes, 7 de abril de 2008

Impía militante (y re-putada de nombre)

Soraya - con perdón - no es nombre decente. Vale para gata de angora y para pícara de alterne en club (sin más explicaciones). Soraya es nombre para letrero de neón. En un pueblo de los nuestros, una Soraya quedaría tan señalada que no necesitaría ni apodo: Llamarse Soraya ya es mote bastante, mote que heredaría su descendencia, lo más probablemente.

Si la Soraya va y dice que ella ni va a Misa y añade que está casada por lo civil, se confirma la impresión: La Soraya, además del nombre indecente, es una re-putada constitucional (nunca mejor dicho).

Hay que ser babieca entre los babiecas para escoger una Soraya. Si la Soraya electa participa de la óntica cretinidad de su padrino, tenemos una Soraya re-putada y váina mental en grado creciente. Será cosa de dejarla aumentar, como las calabazas de huerta, y a ver en qué degenera la melona.

El partido perdedor da la impresión que se ha instalado en una especie de perpetua perdición - cómodamente instalados, of course, sus diputados y sus di-puta-das (que hay diferencias de género en política como en casi todo) - . Por eso este clímax de peor que ayer pero menos que mañana del que hace gala su oligofrénica dirección política, o sea, su cúpula (es un decir) liderística (es por hablar).

Conque tenemos frente a la momia masona arrugada de la Vice-minis a la mona impía de la Soraya: Ella contra ella, a ver qué ella es más ella.

Como esta novedad resulte en el estrado tan perra de dichos como de nombre, la legislatura va ser tragi-cómico-bailable con rigodón y charlestón de estrambote.

Cada vez me parece mejor el hundimiento del sistema: Una especie de Titanic, con cuantos menos supervivientes mejor. Pero luego pienso en la demencial e injusta cortesía de "...¡¡primero las mujeres!!..." y me imagino a las Clintonas, las Sorayas, las Delavegas y demás monerías sobreviviendo y rehaciéndose, y corrijo: Mejor una adaptación de la benéfica Ley Sálica a la política, y que no puedan nunca jamás existir aberrantes aberraciones como la impía Soraya, verbigracia.

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domingo, 6 de abril de 2008

Impolíticamente incorrecto


Hablo de honorificencias de gallinero y prostituciones de clase, de esas que se ganan comprando-vendiendo-tratando-codeando-se. Es el pecaminoso prurito "social", tan versatil y omnímodo. No soporto con paciencia y detesto...hasta donde puedo disimularlo cuando me toca (que a veces me toca). Es como, digamos, en tantos sitios, pero me afecta más porque pasa aquí.
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Sevilla es experta en esa lid, que aparece en tantas sevillanerías desde la Semana Santa (ay! con tanta blasfema profanidad mechando lo más sacro) hasta la Feria (una quintaesencia alquitarada de sevillaneces).

Ayer hicieron de la Academia de Bellas Artes que hay en Sevilla a un torero inventado por los sevillanos, con más gacetilla que orejas y rabo en su haber. Hoy dice la prensa local que por la calle Abades no se cabía porque el "todosevilla" estaba allí, desde las más re-putadas noblezas al más refinado saraseo pasando por conspicuos cofrades profesionales y hasta algún clérigo postmoderno-erno, pregoneros (esta es una especie endémica autóctona) y la crème de la torería en potpourrí con la politiquería lugareña. Y mucha dama-dama y acompañantes de damas, que sin damas - y en estos tiempos menos que nunca - no hay aquelarre que valga.
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Porque estamos en Feria, Domingo de coches de caballos, con los farolillos puestos y el albero barrido y la Maestranza llenita hasta la bandera de sevillanos y madrileños. Y el gen sevillano se nos acelera y extrema y metemos en una provinciana Academia de Bellas Artes a un matador de toros que no es ni Cúchares, ni Pepe Hillo, ni Reverte, ni Belmonte, ni Joselito, que son los míticos. Sino a este, que es de la Sevilla auto re-inventada de la tercera modernización bajo - y nunca tan debajo - de un socialista que se llama Menteserrín, que es alcalde, y de otro que se llama Chaves, especie de virrey democráticamente votado por los mismos sumisos desde hace treinta años treinta.

Un capricho (tratado, negociado, avenido) de una Sevilla malcriada y caprichosa que se pone de volantes porque es Feria y olé!

Pero no hay más, como en el soneto de Cervantes, que nos caló tan bién:

Voto a Dios que me espanta esta grandeza
y que diera un doblón por describilla;
porque ¿a quién no sorprende y maravilla
esta máquina insigne, esta riqueza?

Por Jesucristo vivo, cada pieza
vale más de un millón, y que es mancilla
que esto no dure un siglo, ¡oh gran Sevilla!,
Roma triunfante en ánimo y nobleza.

Apostaré que el ánima del muerto
por gozar este sitio hoy ha dejado
la gloria donde vive eternamente.

Esto oyó un valentón, y dijo: "Es cierto
cuanto dice voacé, señor soldado.
Y el que dijere lo contrario, miente."

Y luego, incontinente,caló el chapeo,
requirió la espada,miró al soslayo,
fuese, y no hubo nada.


Pues eso: A pesar de tanto, nada.

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viernes, 4 de abril de 2008

La maldad bellamente actualizada

Me habían comentado el éxito de una serie de tele sobre los Tudor, en no sé qué cadena, que yo no veo porque no la capta mi tele ni la tengo contratada. Pero soy tudorófilo empedernido y, por mi santo, me han regalado los dvdeses de la primera parte de la serie: Tres disquetes pornográficos.
Yes: Pornográficos porque enseñan teta de casi toda la que sale; y de los machotes, el culo si se puede. De cada dos escenas, una enseña carne. Con decir que hasta sale en pelotas el Cardenal Wolsey, ya se puede uno imaginar.

Es trampa, claro. Porque una serie con Tudores y cortesanos tudoreños con la cara aproximada que tuvieron, hoy no la soportaría sino dos o tres como yo. Yo que ví una serie, inglesa, sobre Enrique VIII y sus 6 wifes allá por 1977-78, que ya tendía a lo que en esta ha degenerado, pero que se comedía y le ponía caras aproximadas a los personajes.

Nada más facil que hacer pornografía a costa de gente tan re-putada como Enrique VIII y parte de su family & friends. Pero ponerle al Henry 8º de turno la cara porcina del Enrique Octavo real-regio que pintó master Holbein, no cuela. Así que se escoge a un pimpollo de gimnasio con ojos verde-verdelimón y morritos, y ya es más visible el producto. ¡Que digo visible! La peli es explosiva, sexy, crea adición y suscita clubs de fans, loquitas (y loquitos!) por Henry 8º Tudor. Es, mutatis mutandis, una especie de cirugía estética, que le pone carita de galán post-moderno al carnoso careto que tuvo el Enrique real-regio, y le cambia los ojillos porcinos y malvados por tentadores ojazos verde-verdelimón. Y resulta.

La reina Catalina, muy digna...y tan guapa morena que se parece a la rubísima hija de Dª Ysabel y Dº Fernando rien de rien. Wolsey, que tenía un barrigón de perfil que ocupaba dos tercios del cuadro que le pintaron, es un sesentón atractivo. Y los cortesanos más íntimos del rey, unos boys de pelis de acción. Las damas, delgadas (eso sí era así) y sensuales made in hollywood (eso nunca fue así), todas muy monas y nada parecidas a las descoloridas hembras de la época Tudor. Ni la mismísima Ana Bolena serviría hoy para actriz de relleno, porque era feíta (pero comparada con Jane Seymur, que era bizca, o con Ana de Cleves, que tenía pecas y picaduras en los dientes, fascinó al rey sobresaliendo entre otras re-putadas damas). La Ana Bolena de la serie es una muchachuela provocativa, más de jeans y piercing que de verdugado y corpiño, con pinta de quinceañera descarada.
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¿Más concesiones? Muchas. Por ejemplo, al maestro Thomas Tallis lo sacan mariconeando con uno de los cortesanos, en una turbadora historia con final trágico-reconvertible y una mandolina hecha trizas.
De la desvalorización del matrimonio y la familia, ¿qué diré? De la exaltación de la a-moralidad sin escrúpulos, ¿qué cuento?

Ejem! Sí: Me he visto los dvdeses. Ya he dicho que soy adicto a ciertos momentos de la Historia, y este es uno de ellos: La Inglaterra desde la Guerra de las Dos Rosas hasta la decapitación de Carlos I Estuardo, que me pirra. Pero no hago promoción de la serie. ¿Censuro su visión? Por supuesto: Ad usum Delphini, sellaba yo, si pudiera, muchas cosas. ¿Y por qué comento? Para criticar, para poner peros, para desacreditar, para señalar, para denunciar: Que no fueron así, que no fue así, que no se debe contar así.
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¿Más comentarios? El color y la fotografía, brillantes/espléndidos. El vestuario y el atrezzo-decoración-ambientación: Escandalosamente cateto made in Hollywood, capaz de revolver las tripas al que tenga un poco de idea, con mamarrachadas, abusos, incongruencias y anacronismos rabiosos...pero muy bien disimulados por una fastuosa puesta en escena. Yo sé que es dificil, pero tremendidades como ponerles librea con las armas de los Reyes Católicos a los servidores de Enrique Tudor, o vestir a Wolsey y a los personajes eclesiásticos (el Papa incluído) con los más disparatados atalajes, o sacar coches de punto acharolados como carrozas del siglo XV-XVI, y otras salvajadas por el estilo, da cuenta de la poca "clase" de la producción/dirección. Se nota demasiado que han alquilado el vestuario de tres o cuatro o cinco pelis historicas de estos últimos diez, quince o veinte años. Y se nota tela: No, no han contado con un Ang Lee, y se nota (por el que pueda notarlo).
Claro que la serie se destina al gran público adicto a seriales, no para el informado (que lo verá sintiendo la atracción por el tema y la repulsión por lo tratado).

¿Algo bueno? Sí: La secuencia de los acontecimientos está bien expuesta. Un chico espabilado puede sacar un concepto bastante aproximado a los hechos. No es un manual de historia, pero vale como aperitivo.

¿Y malo? Of course: La tendenciosa presentación/interpretación de la verdadera historia, poniendo de fascinante al malo, y de perversos en diverso grado de perversión, a los buenos. Particularmente la Iglesia sale tan mal parada como se puede temer en un trabajo así. Preparado para el golpe, lo resistí hasta las escenas en que presentan a Thomas More como un intransigente perseguidor-inquisidor-ejecutor de herejes (dulces y bondadosos luteranos, of course). Vomitiva muy en particular la escena en que queman a uno con tres obispos vestidos como en el pase de moda clerical de Roma de Fellini, y con More mirando complacido la quema (un detalle: Tomás Moro es uno de los pocos personajes con aproximación en la caracterización al tipo real; lo intrepreta Jeremy Northam, bastante discretamente).

Sí: Yo quemaría con gusto a una buena piara; pero yo no soy Sir Thomas More. Ultrajar/falsear la memoria de los grandes, es criminal. Peor que edulcorar con ojos verdes al aberrante Enrique VIII.

Por cierto - y para volver a la actualidad - hoy me he enterado que el Obama negrón guapetón ha llamado "castigo" a los hijos concebidos y no queridos, dejando muy claro que él, el negrazo atractivo de las elecciones made in USA, es abortista desde siempre y para siempre. Otro guapo encanallado.

Y volviendo a la serie, yo diría que es pornográfica, como decía. Como lo fue una época en la que los Santos perdían la cabeza por las re-puta-ciones de un reyezuelo con cara porcina (hoy reciclado en boy de gimnasio con morritos y ojos verde-verdelimón).

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jueves, 3 de abril de 2008

Áire y Aria

Cada año, vuelven unas tardes que suenan a "O mio babbino caro", y entonces ya es Primavera irreversible. También podría decir que ese momento tiene luz y color de esa aria del Puccini: Y hasta que "huele" y que "sabe" a lo mismo.

Como soy ansioso perfeccionista, el aria a mi gusto sería una composición con lo mejor de cada una de estas:

Angela Gheorghiu




María Callas, París 1965:



Elena Obraztsova:



Monserrat Caballé-1



Montserrat Caballé-2



Kiri te Kanawa:





Leontyne Price:



Sobre estas donnas cantatrices, diré que me gusta más la Caballé 2 (trémolo y pianíssimi como ninguna) que la primera, tan joven y potente; y que de la Callas me he resistido para no poner otra patética interpretación del aria, con María declinante (y emocionante). La negraza Leontyne Price, con eco de blues; y la matrushka Obraztsova, tan honda. La Te Kanawa, que me chifla. Y Ángela Gheorghiu, la primera, que es al día lo que en el suyo fueron las otras, digna de admirar.

Pues era eso, porque ayer y esta tarde, ya es primavera "O mío babbino caro", sin duda. En Sevilla, por lo menos. Lo que pasa es que por aquí la gente piensa en Feria, pero el aire, a pesar de las sevillanas, es pucciniano.

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miércoles, 2 de abril de 2008

Memini eum

Cuando murió, iba a hacer un mes de la muerte de mi madre. Con la Semana Santa recién pasada y en plena Octava de Pascua, estaba especialmente sensibilizado. Viví aquellos días como si todo lo suyo hubiera pasado en casa, me hubiera pasado a mí.

Le conocí y estuve con él varias veces. Pero sólo esos momentos donde todo se va en impresión y mirar y escuchar y un poco hablar. Tampoco hacía falta más, porque su presencia era universal, no particular ni para particulares.

Ahora echo de menos no su ministerio, sino su persona. No por lo que era, sino por cómo fue y por los años suyos que definieron los mios, mi tiempo tan marcado por aquella breve época en la que él dejó su profunda huella.

Hoy hace tres años de su "dies natalis": Deo gratias!

+T.

lunes, 31 de marzo de 2008

Otras citas "magisteriales"


Las herejías de la antigüedad aparecieron, se desarrollaron y se extinguieron (con más o menos huella y/o eco). Por causas y en circunstancias muy variadas. Sumariamente, las herejías son parcializaciones del Credo originadas por una falta de asunción/profesión de la fe, ya sea por insuficiencia/exceso o por perversión. El cisma consumado y estructurado, confirió más estabilidad a las heterodoxias doctrinales, siendo este el caso de la pervivencia hasta la actualidad de algunos de los grandes cismas antiguos, aunque su presencia y estadísticas humanas sean, muchas veces, poco significativas.

La única herejía que se ha desarrollado y extendido - si bien degenerando constantemente desde sus propios orígenes - coincidió con un momento cultural definitivo e irreversible, marcado por la invención de la imprenta y la divulgación de la lectura y la propaganda escrita. No se entiende el luteranismo-protestantismo y sus derivados prescindiendo del fenómeno cultural anejo a su génesis: Sin libros y difusión de prensa, la reforma protestante hubiera terminado circunscrita y abortada en más o menos tiempo.

El medio de comunicación "virtual" que conecta a un mundo cada vez más ocioso y dependiente de la comunicación/intercomunicación, está suponiendo una muy particular y extensiva (la "intensidad" dependerá de personas y circunstancias) animación de las heterodoxias: Hay más gente "opinante", imbuída de un "derecho a opinar", y abundantes medios para la fácil difusión de las opiniones, con una marcada proclividad "sensacionalista" para la difusión de lo peor y más nocivo.

Cada vez es más frecuente que los seglares, sin una específica vocación personal, accedan a los estudios teológicos como a una cualquier otra formación, de la que en muchas ocasiones - dependiendo del centro de formación y sus docentes - sacarán impresiones/juicios sin referencia a la Iglesia y en contra de la fe. Igualmente aparecen nuevas publicaciones de nuevos autores, muchos de ellos sacerdotes o "gente de Iglesia", que enrarecen, desvirtúan o pervierten la teología, al margen del Magisterio (sin hablar de la competencia, información y garantías de esas publicaciones pseudo-teológicas).

Para contrarrestar el fenómeno, urge la presencia/actividad de una "ortodoxia on line". El "oportune et inoportune" paulino, nunca ha sido tan urgente; el recurso a la solidez y fecundidad de la Tradición, pocas veces tan necesario.

Dos amiguetes me han recordado una cita que han visto hace poco en inet, no recuerdan ni me saben decir dónde. Por eso he tenido que ponerme a buscarla yo, que soy el que tiene libros - no sólo de internet se nutre el enterado - y los maneja. Y ahí va la cita, a ver qué tal:


“... Pero tú hablas de «fe debilitada»... En última instancia, la fe es un acto de voluntad, inspirado por el amor. Nuestro amor puede enfriarse y nuestra voluntad deteriorarse por el espectáculo de las deficiencias, la locura, aun los pecados de la Iglesia y sus ministros; pero no creo que alguien que haya tenido fe alguna vez, retroceda más allá de su límite por estos motivos (menos que nadie, quien tenga algún conocimiento histórico).

El «escándalo» a lo más es una ocasión de tentación, como la indecencia lo es de la lujuria (a la que no hace, sino que la despierta). Resulta convincente porque tiende a apartar los ojos de nosotros mismos y de nuestros propios defectos para encontrar un chivo expiatorio... La tentación de la «incredulidad» (que significa realmente el rechazo de Nuestro Señor y Sus Demandas) está siempre presente dentro de nosotros. Una parte nuestra anhela contar con una excusa para que salga al exterior. Cuanto más fuerte es la tentación interior, más pronta y gravemente nos «escandalizarán» los demás.

Creo que soy tan sensible como tú (o cualquier otro cristiano) a los «escándalos», tanto del clero como de los laicos. He sufrido mucho en mi vida por causa de sacerdotes estúpidos, cansados, obnubilados y aun malvados; pero ahora sé lo bastante de mí como para ser consciente de que no debo abandonar la Iglesia (que para mí significaría abandonar la alianza con Nuestro Señor) por ninguno de estos motivos: debería abandonarla porque no creo o ya no creería aun cuando nunca hubiera conocido a nadie de las órdenes que no fuera sabio y santo a la vez. Negaría el Santísimo Sacramento, es decir: llamaría a Dios un fraude en su propia cara.

Si Él fuera un fraude y los Evangelios, fraudulentos, es decir, episodios seleccionados con la mala intención de un loco megalómano (que es la única alternativa), en ese caso, por supuesto, el espectáculo exhibido por la Iglesia (en el sentido del clero) en la historia y en la actualidad, sería una simple prueba de un fraude gigantesco. Pero si no, este espectáculo es, ¡ay!, sólo lo que era de esperar: empezó antes de la primera Pascua y no afecta a la fe en absoluto, excepto en cuanto podemos y debemos estar muy apenados.

Pero deberíamos apenarnos por Nuestro Señor, identificándonos con los escandalizadores, no los santos, sin clamar que no podemos «tolerar» a Judas Iscariote, o aun al absurdo y cobarde Simón Pedro o a las tontas mujeres como la madre de Santiago, que trató de poner a sus hijos por delante.

Exige una fantástica voluntad de incredulidad suponer que Jesús nunca realmente «tuvo lugar», y más todavía suponer que nunca dijo las cosas que de Él se han registrado (tan incapaz era nadie en el mundo de aquella época de «inventarlas»): tales como «antes de que Abraham existiera Yo soy» (Juan VIII); «El que me ha visto, ha visto al Padre» (Juan IX); o la promulgación del Santísimo Sacramento en Juan VI: «El que ha comido mi carne y bebido mi sangre tiene vida eterna».

Por tanto, o bien debemos creer en Él y en lo que dijo y atenernos a las consecuencias, o rechazarlo y atenernos a las consecuencias. Me es difícil creer que nadie que haya tomado la Comunión, aun una vez, cuando menos con la intención correcta, pueda nunca volver a rechazarle sin grave culpa. (Sin embargo, sólo Él conoce cada una de las almas singulares y sus circunstancias).

La única cura para el debilitamiento de la fe es la Comunión. Aunque siempre es Él Mismo, perfecto y completo e inviolable, el Santísimo Sacramento no opera del todo y de una vez en ninguno de nosotros. Como el acto de Fe, debe ser continuo y acrecentarse por el ejercicio. La frecuencia tiene los más altos efectos. Siete veces a la semana resulta más nutritivo que siete veces con intervalos...

A mí me convence el derecho de Pedro, y mirando el mundo a nuestro alrededor no parece haber muchas dudas (si el Cristianismo es verdad) acerca de cuál sea la Verdadera Iglesia, el templo del Espíritu, agónico pero vivo, corrupto pero sagrado, autorreformado y reestablecido.
Pero para mí esa Iglesia, de la cual el Papa es la cabeza reconocida sobre la tierra, tiene como principal reclamo el que sea la que siempre ha defendido (y defiende todavía) el Santísimo Sacramento, lo ha venerado en grado sumo y lo ha puesto (como Cristo evidentemente lo quiso) en primer lugar. Lo último que encomendó a san Pedro fue «alimenta a mis ovejas»; y como Sus palabras deben siempre entenderse literalmente, supongo que se refieren en primer término al Pan de la Vida. Fue en contra de esto que se lanzó la revolución del Oeste de Europa (o Reforma) -«la blasfema fábula de la Misa»- y la oposición entre las obras y la fe, un mero falso indicio...

...Pero me enamoré del Santísimo Sacramento desde un principio...pero, ¡ay!, no he vivido a su altura. Ahora rezo por vosotros todos, sin descanso, para que el Curador (el Haelend, como el Salvador era por lo general llamado en el inglés antiguo) corrija mis defectos y ninguno de vostros deje de nunca exclamar: Benedictus qui venit in nómine Dómini!”

Es una carta de J.R.R. Tolkien a su hijo Michael, 1 de Noviembre de 1963(cfr. J.R.R.Tolkien Cartas, selección de Humphrey Carpenter; carta 250, pp. 393-96. Minotauro, Barcelona 1993).


Me pregunto qué efecto tendrá (o no) entre los adictos-ilusos tolkienianos este texto. También si no hubiera sido mejor que master Tolkien se hubiera dedicado un poco ex profeso a la apologética, con ese estilo tan contundente que expresan estos párrafos de su epistolario familiar.

De todas formas, es un valioso testimonio de uno de los hombres que han marcado con su obra la Literatura Universal. Con plena (y afectada) conciencia, el Tolkien que se fundamenta y hace fuerte en la tradición más genuinamente católica, es un buen maestro/consejero para los perplejos: Los perplejos de buena voluntad, of course.


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