martes, 24 de abril de 2007

Portada efímera-exportable


Sevilla ha sido desde siempre - desde siempre que fué Sevilla - maestra en "arquitecturas efímeras", que es algo así como los castillos en el aire, los castillos de arena, los castillos de náipes...pero un poco más real y con
cierta tectónica, aunque sea de cartón piedra.

Argumento de autoridad al canto:

Voto a Dios que me espanta esta grandeza/
y que diera un doblón por describilla;/
porque ¿a quién no sorprende y maravilla/
esta máquina insigne, esta riqueza?/


Por Jesucristo vivo, cada pieza/
vale más de un millón, y que es mancilla/
que esto no dure un siglo, ¡oh gran Sevilla!,/
Roma triunfante en ánimo y nobleza./


Apostaré que el ánima del muerto/
por gozar este sitio hoy ha dejado/
la gloria donde vive eternamente./

Esto oyó un valentón, y dijo: "Es cierto/
cuanto dice voacé, señor soldado./
Y el que dijere lo contrario, miente."


Y luego, incontinente,/
caló el chapeo, requirió la espada,/
miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.


Es el célebre soneto de Cervantes al túmulo que en la Catedral de Sevilla se levantó para las honras fúnebres de Don Felipe II (que por disputas por prevalencias y puestos de honor entre las autoridades hispalenses, se tuvo que suspender y no se pudo celebrar hasta varios años después...pero esa es otra historia). Tampoco comento el soneto con su estrambote, tan agudo en captar el santo y seña de Sevilla, del barroco, y del momento aquel de la España que enterraba su efímera gloria con el Rey.

Esto viene ahora porque hace un ratito se encendía la portada de la Feria, la de este año 2007, que es la arquitectura efímera de más imponente máquina que se levanta en Sevilla; ayer por por un Rey, hoy por la Feria.

Un personaje llamado "El Perlo", ha sido desde hace años el ideísta de las portadas; las trazaba con tiza sobre el papel y los paneles, y luego se montaban sobre estructuras que antes eran de palos y madera y ahora son de tubos metálicos, además de vientos de alambre (antes) y cables tensores (ahora). Me parece que "El Perlo" - el hijo de "La Perla" - no idea ya las portadas, sino que son arquitectos que han tenido el buen gusto de seguir el estilo de aquellas portadas que se han copiado y plagiado y re-interpretado por toda Sevilla, su Provincia, Andalucía y España entera, con perdón.

Y es que Sevilla es creadora-creativa de formas, y las exportamos sin querer, porque no se inventan para los de fuera, pero como gustan, las toman y se las llevan. La Feria, por ejemplo, es algo tan sevillano para los sevillanos que ni siquiera congenia con todos los sevillanos, pero que encanta a los que vienen a Sevilla, que terminan haciéndose adictos o montando una feria a la sevillana cuando llegan a su pueblo, ciudad, o patria. Por eso las sevillanías o sus sucedáneos están rodando por el ancho mundo, y se bailan sevillanas hasta en el Japón, sin exageración.

Pero son tambien arquitecturas efímeras, como la portada de Feria con sus yo-no-sé-cuántas-mil- bombillas, farolillos aparte, que acaban de encender. Se ha montado para que dure una semana, de Lunes a Domingo, nada más; pero para el año que viene, si Dios quiere, otra.


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lunes, 23 de abril de 2007

El Señor San Jorge

Hoy se celebra todavía San Jorge...por un pelo: Por un providencial pelo.

Ya los bolandistas (les tengo cierta justificada manía a esta tropa) lo sometieron a una tala que dejó al frondoso árbol en escuálido plantón con rodrigón, pero el riesgo mayor le vino cuando la reforma litúrgica del Vaticano II, que a punto estuvo de expurgarlo del Martirologio. Fué desconsideradamente eliminado de las memorias obligatorias del Misal Romano, y apenas se toleró la supervivencia del culto porque razones de irremovible peso lo aconsejaban; esto es: Se temió la reacción de los cristianos de Rito Oriental, que desde Alejandría a Moscú pasando por el Athos y la Capadocia, le profesan ferviente devoción al Agios Georgios.

Hoy te garantizan poco más que el martirio de un cristiano - posiblemente militar, quizá en relación con el palacio imperial o la corte - en Nicomedia, la ciudad de residencia del pérfido Diocleciano, el gran perseguidor de la Iglesia y los Cristianos, a fines del siglo IIIº y comienzos del IVº; lo demás, dicen, leyenda.

Y a mí se me revuelven los centros cuando dicen "leyenda" como si dijeran prensa amarilla. Leyenda es y ha sido la más rica veta de literatura y arte que nos ha llegado desde que somos Historia, e incluso desde antes. Leyenda es la Legenda Áurea del Medievo, recompilada y escrita por Jacobo de la Vorágine (seu Btº Iácopo di Varazze), que te sumerge en la Edad Media con sólo hojearla, y que cuenta cosas maravillosas de San Jorge y sus hazañas.

Me desentiendo del Sant Jordi, amariconado por los catalanes con la cursilería del capullo y el libro, allá ellos! y que se las entiendan con el Santo, que ha pasado de ser excelso Patrón a mero comparsa del dia de los capullitos de rosa y los libritos de temporada (ejemplo palmario de secularización, que los de la Ciudad Condal siempre han sido muy adelantados para los laicismos).

Pero rompo lanzas por el Agios Georgios de los iconos, desde la Tebaida al Tauro; por el San Giorgio in Velabro de Roma, dove sotto il suo Altare si trova il capo venerábile del Mártire; por el San Giorgio Maggiore veneziano; por el Saint George de la artúrica Anglia, también; y por el florentino de Paolo Ucello (envidia del cómic universal).

Y es que soy georgiano por alcurnia sevillana: Hermano de la Hermandad de la Santa Caridad, que tiene sede en su Iglesia del Señor San Jorge, aneja al Hospital fundado por el Venerable Don Miguel de Mañara, frente al Guadalquivir, en pleno Arenal de Sevilla y olé! Torre del Oro, donde los sevillanos corren los toros, un poco más allá.

Hasta escondo -ay!- una nostalgia georgiana-sevillana: Que la incultura de los políticos liberales (todos los políticos tienen esas liendres) derribaran el Castillo de San Jorge, en el Altozano de Triana, en la otra orilla del Rio, donde tuvo su sitio el Santo Tribunal de la Inquisición con sus legendarias cárceles de eximios huéspedes, desde San Juan de Ávila al Fidelio de Beethoven.

En Triana hoy sólo queda la calle San Jorge y un San Jorge espléndido en el Retablo del Altar Mayor de la Real Parroquia de Señora Santa Ana (Viva Señá Santa Santa!!), del pintor Pedro de Campaña, patriarca de la Escuela Sevillana, que nació en Flandes pero tuvo el talento de venirse a vivir, pintar y morir en Sevilla.

Otro San Jorge precioso, pero en talla del maestro Don Pedro Roldán, recibe culto en el Altar Mayor de su Iglesia, en la Stª Caridad; este no va a caballo, sino que como el florentino del Donatello está de pié, con coraza y escudo, pero con lanza y casco emplumado (en Sevilla, un casco que se precie tiene que tener plumero estilo Centuria Macarena, ya se sabe).

Total, que a pesar de los bolandistas, los liturgistas y las mariconadas de la rosita y el libro, San Jorge adest en el siglo XXI, con dragón y recatada princesa, que van en el lote completo (la princesa y el dragón) junto con el caballo (blanco, efectivamente, como el de Santiago, también caballero y caballista).

La memoria libre del Misal Romano tiene su colecta, que el que sepa de eucologios sabrá apreciar su remota antigüedad distinguible por la simple estructura y la profunda intención deprecativa:

Señor, alabamos tu poder y te rogamos que San Jorge,
fiel imitador de la Pasión de tu Hijo,
sea para nosotros protector generoso en nuestra debilidad.
Per Xtº. Ntrº. Sñºr. ...Amén.


Y me quedo con la sugestiva certeza de que tuvo que ser grande, muy grande ese Jorge para que la Iglesia de Xtº le recuerde así y pida así su protección; como la Princesa aquella ante el dragón aquel, hoy nosotros con los dragones postmodernos, pero San Jorge está de nuestra parte, gracias a Dios.

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sábado, 21 de abril de 2007

Caligrafías

He estado corrigiendo unos exámenes, de gente de mi edad, señoras cuarentonas, mayormente, con algunas de treintitantos; como otras veces, espontáneamente, he clasificado edades y educación por la caligrafía. Sin tener siquiera rudimentos de grafología, sólo observando, saco conclusiones con bastante aproximación a la realidad. Pero se padece una universal decadencia de la caligrafía, la buena y educada caligrafía que definía tantas cosas de la gente y era una nota de educación y de distinción.

Una vez mi padre acudió a un amigo suyo, excelente caligrafista, para rotular una dedicatoria en un libro de regalo; a él no le pareció bien su letra, y ya quisiera yo tener la letra de mi padre! Tan cabal, selectamente masculina, admirablemente legible y elegante, con cada letra tal y como debía ser, pero con el pulso y el trazo inconfudible de un abecedario personalizado en olografía.

De la letra de mi padre a la mía hay un bajón, que yo noté desde niño, cuando me gustaba leer las postales ocasionales que mi padre me escribía, o alguna de sus cartas, y comparaba admirado mi letra con la suya. Mi caligrafía, en cambio, es cursiva, de pata de araña y vírgulas de notario antiguo; pero sé que impresiona cuando me la leen (o intentan interpretarla/descifrarla) porque no es vulgar ni repetida, sin ser deliberadamente estudiada: Escribo así.

Mis hermanas escriben en redondilla, letra de niña, con un toque agarbanzado; mi hermano es tremendo, y sus renglones siempre me han dado repelús, los leo de prisa, enmarañándome la vista entre sus letrajos. Mi madre y mi tía Antoñita, tienen la misma letra, letras "de bastidor", lentas y con moñitos, como si las bordaran; las madres de algunos de mis amigos, que son de su misma edad, escriben casi igual y lo mismo, con cierta esclerosis gráfica por falta de práctica, ya que lo que más escriben es la firma, listas de compras, notas caseras y poco más.

Mis abuelas y mis tías usaban una exquisita letra inglesa, un poco conventual, porque la aprendieron en colegio de monjas. De entre todas, tía Aguasantas tenía letra de rancia nobleza, hasta en los márgenes y el espacio de la firma. Una belleza de letra aunque escribiera un pedido de tabaco (era viuda y con estanco, que era honroso negocio, sin desdoro para viudedades selectas de provincias).

Pero la que se llevaba palma del mérito era tía María Antonia, que hacía caridad escribiendo cartas. Yo no sé si fue idea propia u ocurrencia recomendada, pero en los años de la guerra y la posguerra le escribió cartas a casi todas las madres y novias "sin letras" del pueblo. Y tantas veces poniendo el papel, el sobre y hasta el sello; "...si no tenían para el puchero, cómo iban a gastar en cartas!...", decía.

Hace unos años, me llevé una sorpresa de esas que te imponen corrección de prejuicios. Fue cuando iba a clases de filosofía en el Angelicum, y coincidí durante unos seminarios sobre Escolástica con gente de otros sitios, entre ellos un grupo de novicios y seminaristas africanos; hablaban en francés y asistían a las lecciones de una religiosa dominica francesa, Soeur Jacqueline L'Amoureux, una especialista en filosofía contemporánea con un bigotazo que la toca le resaltaba llamativamente. Después de una de las sesiones, me interesé por unas bibliografías y me dirigieron a Soeur L'Amoureux, que me las prometió para aquella tarde. Me las entregó en un folio a mano, con una preciosa caligrafía, tan bella que le comenté algo a propósito; ella, sonriendo con su bigotazo intonso, me dijo que no era su letra, y llamó y me presentó a Étiènne, un chico muy simpático, que hablaba un francés de la Sorbona y escribía como un experto pendolista; me contó que aprendió a escribir en su poblado del Congo, en la escuela que allí tenían unas monjas misioneras de la misma congregación que Soeur L'Amoureux.

Yo me alegré y di gracias a Dios, que hace las cosas tan bien y escribe vida con insuperables caligrafías, aunque hoy se vean pocas de calidad notable, y casi no tenga sentido ya la admonición escolar de -"Despacito, y buena letra", con la falta que hace.

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miércoles, 18 de abril de 2007

Sangre común

Todo el mundo civilizado se ha estremecido a causa de los treintitantos estudiantes asesinados por un demente en una universidad de los USA; desde el Lunes pasado, las fotos del suceso han estado en primera página de prensa, noticiarios e internet. Junto a las fotografías de los jóvenes tiroteados, la del presidente Bush jr, que se declaraba "horrorizado" por este nuevo crímen sin sentido, que no es el primero ocurrido en su país.

En otro plano de la actualidad, los muertos de hoy en Bagdad han sido más de 130, que no horrorizan ni al cretino envilecido que preside los EEUU, ni al mundo que se ha acostumbrado a los muertos de Bagdad.

Hasta que el mundo no vea sentados ante un tribunal a personajes tan poderosamente perversos, capaces de provocar una guerra amañada ante la opinión pública, el escándalo por las víctimas de un demente sólo será hipocresía teledirigida de una sociedad enferma que desvaría.

Siento casi un deber moral clamar por el horror de Oriente Medio y la guerra de Irak, para que conste. Y quizá recordarme a mí mismo que no existe una sangre con más derechos que otra para ser derramada en balde, sea el demente autor de la matanza un estudiante perturbado, o un degenerado político encumbrado a una poderosa e impune presidencia.


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Despertar


martes, 17 de abril de 2007

Quién sería?

No semos náide, que decía aquel. Yo lo digo por el pobre Quevedo - q.s.G.h.- de cuyo polvo enamorado se han escrito por docenas cosas como la que yo escribí, y que luego de tanta semblanza y polvareda, resulta que sólo son 10 los huesos que se certifican como suyos. Que por otra parte es lo que se puede esperar que quede de una osamenta de mediados del XVII, que aunque se proclame enamorada, pulvis et cíneres son, y sanseacabó no tiene vigilia.

Esto de los restos mortales, es asunto cómico o trágico, depende. Yo me echo a temblar si me toca hacerme cargo de renovar nichos de la familia, a la que siento; pero me presto, si hace falta y sin tráuma, a enterrar muertos ajenos, que son otra cosa y que además se gana mérito porque es obra de misericordia. Si los restos son de uno del Siglo de Oro, la ocasión, si se presenta, es para no perdérsela. Yo fuí relativo testigo de uno de esos "descubrimientos", hará unos quince años, en Roma. La cosa no trascendió ni yo voy a pecar de indiscreto, pero algo voy a contar.
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Y fué que un gran prelado de aquí, a punto de llegarle la edad de presentar la renuncia a su Sede, quiso recuperar los restos de un predecesor suyo que por azarosos y penosos episodios de la Historia, finiquitó sus días en Roma, y en Roma se quedó. No es mal sitio Roma para esperar el Juicio y la Vita Venturi Saeculi, y de haber sido yo el muerto y sepultado, maldita la gracia que me hubiera hecho que después de cuatro siglos y medio me hubieran removido los huesos.

El difunto prelado en cuestión descansaba en la cripta de debajo del Altar Mayor de una de las más bellas, artísticas e históricas Iglesias de Roma, codeándose en su descanso con Santos, Beatos, Papas, artistas y prelados de primer rango (aunque él también lo era). El prelado que tuvo la ocurrencia de reintegrarlo a su sede hispana, usó de todas sus influencias para conseguir de las altas instancias de la Iglesia y el Estado que su deseo se viera cumplido, y lo consiguió. No sé si querría añadir un capítulo a la Historia a costa de no dejarla descansar, pero, aparentemente, lo intentaba.

Después del papeleo, lo último era recoger los restos y traérselos a España. Y llegada que fué la hora de esa emocionante operación, surgió el más insospechado de los obstáculos (para el prelado y los ejecutores de su capricho). Fué este que los muy cándidos pensaron que debajo de la losa, estaba el muerto; pero la lápida con su inscripción era una más entre las muchas del solemnísimo presbiterio, y debajo de la losa no estaba la sepultura individual; debajo de la losa estaba la amplia cripta del espacioso presbiterio con todas las sepulturas que se pueden imaginar.
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- "¿Y cual es?..."

- "¿Y cual será?.."

- " ¿Y cual sería?..."

Y como nadie sabía, ni en ningún papel rezaba, ni ningún documento lo contaba, se resolvió el dilema mortal con la más expeditiva circuspección por aproximación. Esto es: Miraron desde la cripta al techo de la bóveda, y calcularon la losa de arriba, y trazaron una perpendicular a tierra, y la sepultura que cayó debajo esa fué; recogieron los huesos, los pusieron en una caja ad hoc, se levantó acta solemne, y se trajeron el reverendo depósito al corazón de España.

Unos amigos y yo, testigos cercanos del episodio, todavía nos preguntamos qué fraile sería el solemnemente trasladado, porque apenas cabe duda de que el buscado no fué el hallado ni el recibido. A saber.

Y es que quizá, como decía, el eximio prelado estaba ya acomodado en el humus de la Roma eterna, y se las apañó para no moverse...a estas alturas.


É vero, ma non so s' é ben trovato.

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Por un plato


Eran restos de viejas vajillas que se iban rompiendo en la mesa o el fregadero, y los impares sobrevivían a la suerte de la compañía; los desportillados, cascados, rajados y pegados, dependía de la gravedad de cada caso para concederles un efímero indulto.

Tuve un bisabuelo, coronel de caballería, que fué experto en la faena: Rara era la noche que no partía una sopera en la cena, bién asentándola con golpe seco sobre el salvamantel, bien dándole un marcial golpe de cazo o cucharón. Las soperas, fuentes, besugueras y salseras víctimas del abuelo Ricardo, eran legión.

Aparecían con dignidad cuando podían salir nones, sin el resto de la vajilla original; esto es, o en la mesa familiar de confianza, sin invitados, o cuando se mandaba un regalo guisado en casa - o postre o fruta o dulces - a casa de alguien. Pero no estaban para solemnidades.

Y eso que eran buenos: De la Cartuja, o con los bordes dorados y las iniciales del bisabuelo y la bisabuela también dorados; otros eran de nosequé fábrica de nosedonde sitio; de un viaje a Inglaterra, trajeron una vajilla completa, que también fué pereciendo plato a plato.

En mi familia siempre hemos tenido artistas domésticos, y con los platos sueltos hacían virguerías: Los pintaban, los adornaban, los doraban; al final se colgaban en el patio de dentro, entre las macetas de las paredes. De mi tío Antoñito que murió en el Frente de Extremadura, había toda una colección con motivos geométricos, otros con flores y algunos con perros y caballos. Originalísimas eran las creaciones de tía Aguasantas: Iba guardando los trozos rotos de platos, tazas, azucareros, y cuando tenía juntos un lote, los iba pegando con escayola forrando macetas, tinajas y orzas pequeñas que resultaban la mar de decorativas para adornar el patio o algunos rincones de casa.

Otros restos desportillados de vajillas, algunas veces volvían, no se sabe cómo, a la mesa, y eran toda una nostálgica evocación del tiempo que se fue rompiendo con los platos. Ayer tuve un reencuentro con uno de esos platos heroicos, y fue una emoción tomar la sopa sorbiendo recuerdos a cucharadas.


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