lunes, 25 de abril de 2016
Colecta para Ucrania
Cuando nuestros feligreses - siempre generosos - se esperaban el anuncio de una colecta para los damnificados del terremoto del Ecuador, en vez de eso hemos tenido que explicar que la colecta de las Misas de este Domingo eran, por voluntad expresa del Papa, para Ucrania. Como la guerra de fronteras entre Rusia y Ucrania ya es un casus belli quasi añejo, era difícil exponer a los fieles qué motivo animaba esa colecta pro-Ucrania, salvo decir, sin más palabras, que había sido mandada por el Papa, que es lo he hecho yo, simplemente, sin más palabras, porque no quería decir más.
Si me hubiera extendido sobre el particular, tendría que haber referido el malestar de los greco-católicos ucranianos con Roma, con PP Franciscus, es decir. Tampoco pongo yutubes en Misa y, lo más breve e ilustrativo, hubiera sido ver la noticia tal y como se publicó:
El encuentro de PP Fraciscus con el Patriarca de Moscú, les removió la atrabilis a los jerarcas greco-católicos ucranianos, víctimas desde tiempos de San Josafat, mártir, de la implacable hostilidad de los ortodoxos rusos. Si el Papa, histórico protector de los ucranianos católicos de rito bizantino-eslavo, se aviene con el Patriarca moscovita, su histórico perseguidor, es comprensible el disgusto de los pacientes y sufrientes ucranianos.
No se callaron, por cierto. Su metropolita, el joven arzobispo Sviatoslav Shevchuk, que ha sido, durante un par de años, eparca en Buenos Aires, Argentina, le expresaría a PP Franciscus el justificado malestar del Sínodo greco-católico ucraniano. Su aproximación a Kyril de Moscú se entendía en Ucrania contraria a los intereses de los greco-católicos, por tantas y muy dolorosas razones.
Personalmente, no entiendo que el muy discutible y defectuoso ecumenismo vaticanosecundista ponga en crisis el verdadero ecumenismo que encarnan históricamente los greco-católicos ucranianos: La recta razón ecuménica, la única válida, es la reintegración de la comunión con la Iglesia Católica Apostólica y su Cabeza el Papa, sin más ambages (o sólo los mínimos necesarios).
Conque la colecta de este Domingo parece haber sido un parche de PP Franciscus a la herida de Ucrania. O un caramelito para endulzar el amargo trago, según se vea.
Aunque recuérdese el dicho de que, muchas veces, con azúcar sabe peor.
Oremus!
+T.
miércoles, 20 de abril de 2016
Agonía y amor de ida y vuelta.
En el año 1622 un guipuzcoano, oficial de la Real Hacienda en Sevilla, Juan Pérez de Irazábal, contrataba con el maestro escultor Juan de Mesa la hechura de la imagen de un crucificado, ajustando su coste en mil trescientos reales. El 5 de Octubre de 1626, Juan Bautista Pérez de Irazábal, hijo del susodicho, entregaba la imagen del Cristo a la parroquia de San Pedro de Vergara, la principal de la villa, cumpliendo la voluntad de su padre.
Sevilla apenas conoció una obra colosal que impresionó a la gente piadosa de Vergara. Si en Guipúzcoa el Cristo de San Pedro de Vergara marcó, desde su llegada, un brillante hito devocional y artístico, en Sevilla fue olvidado, perdiéndose el recuerdo de la impresionante imagen mesina.
En los años 1920-30 y siguientes, florece la generación de Diego Angulo Íñiguez, José Hernández Díaz, Heliodoro Sancho Corbacho, Celestino López Martínez y otros insignes historiógrafos del arte sevillano. Fueron también los años del redescubrimiento de Juan de Mesa gracias al hallazgo en el Archivo de Protocolos, en un viejo legajo, del contrato entre el escultor y la Hermandad del Poder y Traspaso de la portentosa efigie de Jesús del Gran Poder, el Señor de Sevilla (1). Con el descubrimiento, el joven erudito Helidoro Sancho Corbacho ponía en el podio de los grandes del Arte Español al hasta entonces quasi desconocido escultor, reputado, como mucho, un simple discípulo de la escuela o el taller de Martínez Montañés, a quien se le adjudicaban por atribución todas las obras, aun sin reconocer, del gran Juan de Mesa, su discípulo, sí, pero un artista tan grande como su maestro, el mítico Juan Martínez Montañés, a quien decían el Lisipo andaluz.
Creo que fue el mismo Hernández Diaz el que tituló al Cristo de la Agonía de Vergara como ‘el Laocoonte cristiano’, recalcando la tesis de la inspiración clásica de la escultura religiosa andaluza del siglo XVII. En el Cristo de Vergara reconocían la ‘línea serpentinata’ que evoluciona desde el apolíneo 'contraposto' de la escultura griega del período clásico, pasando por los modelos del patetismo helénico y llegando a los maestros del renacimiento italiano y el manierismo pre-barroco florentino del Cinquecento. Nuestros historiógrafos ven incluso una secuencia/consecuencia entre el famoso dibujo de Miguel Ángel, el Crucifijo de Vittoria Colonna, y una serie de obras de artistas españoles, como algunos Crucifijos de El Greco (1 , 2 , 3) y en Sevilla el Cristo de la Expiración de la Hermandad del Museo, obra de Marcos Cabrera en el año 1575.
El Cristo de la Agonía tallado por Juan de Mesa para Vergara se insertaría en el centro de una serie iconográfica que continuaría durante el resto del siglo XVII sevillano con obras como el Cristo de las Misericordias de la Parroquia de Santa Cruz (anónimo, atribuido al círculo de Pedro Roldán, ca. 1675) ( 1, 2 ), el Cristo de la Expiración de la Parroquia de Santiago de Écija, obra del maestro Pedro Roldán (1679) ( 1 . 2, 3 ) y, finalmente, la cumbre imaginera del maestro Francisco Ruiz Gijón, el Santísimo Cristo de la Expiración de la Hermandad del Patrocinio (1682), el archi-popular Cachorro de Triana ( 1 2 3 4 5 6 7 8) .
Desconectado de toda esta serie de iconografía cristífera, el Cristo de Vergara quedó en su lejano aislamiento guipuzcoano, apenas conocido por los sevillanos versados más allá de los tópicos de la imaginería de la Semana Santa hispalense. Un admirado y deseado sueño que algunos pocos deliran viéndolo en un paso sevillano, o, al menos, expuesto y venerado en la Sevilla donde fue imaginado originalmente. Un sueño.
De vez en cuando, empero, nos llega el eco emocionado/admirado de algún peregrino, curioso o estudioso, que sube a Vergara y baja a Sevilla con la impresión del Cristo de la Agonía en los ojos y el corazón, rebosando palabras para contar cómo es el Cristo de Sevilla que está en Vergara.
Esta Semana Santa me llegó uno de esos ecos de mano de un sacerdote de allí, de la lejana Guipúzcoa. Me habló, me contó de aquel Cristo, y me dejó una estampa que traía en el dorso estos versos:
Aunque narran en tercera persona, son, en cierto sentido, una oración, porque rezan en elipsis y refieren una plegaria que no se dice pero que late en sus estrofas.
Yo he escrito esta entrada como, también, un ex voto, una rogativa al Señor que expira crucificado en su altar de la iglesia parroquial de San Pedro de Vergara, como un suspiro sevillano que se une a su expiración sacrosanta, ese Misterio de muerte divina tan magistralmente efigiado, con temor y temblor, por Juan de Mesa, en Sevilla, hace cuatro siglos, para consuelo de las almas de Vergara (...y añoranza nuestra).
+T.
Apéndice.
Poco a poco, se fue dilucidando que la más venerada y admirada imaginería sevillana era obra
no de Montañés, sino de Juan de Mesa:
El portentoso Cristo del Amor ( 1
2 3 4
5)
El Cristo de la Conversión (1
2
)
El Cristo de la Buena Muerte (1 2 3)
El Cristo Yacente (1
2
3)
El Cristo de la Misericordia del Convento de Santa Isabel (1 2)
El Cristo de Vera-Cruz de Las Cabezas de San Juan (1 2
3)
El Cristo de la Buena Muerte de Osuna (1)
Etc...
Sevilla apenas conoció una obra colosal que impresionó a la gente piadosa de Vergara. Si en Guipúzcoa el Cristo de San Pedro de Vergara marcó, desde su llegada, un brillante hito devocional y artístico, en Sevilla fue olvidado, perdiéndose el recuerdo de la impresionante imagen mesina.
En los años 1920-30 y siguientes, florece la generación de Diego Angulo Íñiguez, José Hernández Díaz, Heliodoro Sancho Corbacho, Celestino López Martínez y otros insignes historiógrafos del arte sevillano. Fueron también los años del redescubrimiento de Juan de Mesa gracias al hallazgo en el Archivo de Protocolos, en un viejo legajo, del contrato entre el escultor y la Hermandad del Poder y Traspaso de la portentosa efigie de Jesús del Gran Poder, el Señor de Sevilla (1). Con el descubrimiento, el joven erudito Helidoro Sancho Corbacho ponía en el podio de los grandes del Arte Español al hasta entonces quasi desconocido escultor, reputado, como mucho, un simple discípulo de la escuela o el taller de Martínez Montañés, a quien se le adjudicaban por atribución todas las obras, aun sin reconocer, del gran Juan de Mesa, su discípulo, sí, pero un artista tan grande como su maestro, el mítico Juan Martínez Montañés, a quien decían el Lisipo andaluz.
Creo que fue el mismo Hernández Diaz el que tituló al Cristo de la Agonía de Vergara como ‘el Laocoonte cristiano’, recalcando la tesis de la inspiración clásica de la escultura religiosa andaluza del siglo XVII. En el Cristo de Vergara reconocían la ‘línea serpentinata’ que evoluciona desde el apolíneo 'contraposto' de la escultura griega del período clásico, pasando por los modelos del patetismo helénico y llegando a los maestros del renacimiento italiano y el manierismo pre-barroco florentino del Cinquecento. Nuestros historiógrafos ven incluso una secuencia/consecuencia entre el famoso dibujo de Miguel Ángel, el Crucifijo de Vittoria Colonna, y una serie de obras de artistas españoles, como algunos Crucifijos de El Greco (1 , 2 , 3) y en Sevilla el Cristo de la Expiración de la Hermandad del Museo, obra de Marcos Cabrera en el año 1575.
El Cristo de la Agonía tallado por Juan de Mesa para Vergara se insertaría en el centro de una serie iconográfica que continuaría durante el resto del siglo XVII sevillano con obras como el Cristo de las Misericordias de la Parroquia de Santa Cruz (anónimo, atribuido al círculo de Pedro Roldán, ca. 1675) ( 1, 2 ), el Cristo de la Expiración de la Parroquia de Santiago de Écija, obra del maestro Pedro Roldán (1679) ( 1 . 2, 3 ) y, finalmente, la cumbre imaginera del maestro Francisco Ruiz Gijón, el Santísimo Cristo de la Expiración de la Hermandad del Patrocinio (1682), el archi-popular Cachorro de Triana ( 1 2 3 4 5 6 7 8) .
Desconectado de toda esta serie de iconografía cristífera, el Cristo de Vergara quedó en su lejano aislamiento guipuzcoano, apenas conocido por los sevillanos versados más allá de los tópicos de la imaginería de la Semana Santa hispalense. Un admirado y deseado sueño que algunos pocos deliran viéndolo en un paso sevillano, o, al menos, expuesto y venerado en la Sevilla donde fue imaginado originalmente. Un sueño.
De vez en cuando, empero, nos llega el eco emocionado/admirado de algún peregrino, curioso o estudioso, que sube a Vergara y baja a Sevilla con la impresión del Cristo de la Agonía en los ojos y el corazón, rebosando palabras para contar cómo es el Cristo de Sevilla que está en Vergara.
Esta Semana Santa me llegó uno de esos ecos de mano de un sacerdote de allí, de la lejana Guipúzcoa. Me habló, me contó de aquel Cristo, y me dejó una estampa que traía en el dorso estos versos:
Este que veis Jesús crucificado
sana los cuerpos y las almas,
cura las heridas del odio y la tortura,
convierte en goce al corazón burlado.
Yo fui a Vergara un día atormentado,
vencido y roto en la pelea dura,
y, abrasado en la ardiente calentura,
recé gimiente, ante su altar postrado.
¡Hizo el milagro el prodigioso Cristo!
Desde entonces impávido resisto
los golpes del dolor, porque Él me ampara,
y, a través de mi vida borrascosa
siento en torno la ayuda poderosa
del Santo Crucifijo de Vergara.
Aunque narran en tercera persona, son, en cierto sentido, una oración, porque rezan en elipsis y refieren una plegaria que no se dice pero que late en sus estrofas.
Yo he escrito esta entrada como, también, un ex voto, una rogativa al Señor que expira crucificado en su altar de la iglesia parroquial de San Pedro de Vergara, como un suspiro sevillano que se une a su expiración sacrosanta, ese Misterio de muerte divina tan magistralmente efigiado, con temor y temblor, por Juan de Mesa, en Sevilla, hace cuatro siglos, para consuelo de las almas de Vergara (...y añoranza nuestra).
+T.
Apéndice.
Poco a poco, se fue dilucidando que la más venerada y admirada imaginería sevillana era obra
no de Montañés, sino de Juan de Mesa:
El portentoso Cristo del Amor ( 1
2 3 4
5)
El Cristo de la Conversión (1
2
)
El Cristo de la Buena Muerte (1 2 3)
El Cristo Yacente (1
2
3)
El Cristo de la Misericordia del Convento de Santa Isabel (1 2)
El Cristo de Vera-Cruz de Las Cabezas de San Juan (1 2
3)
El Cristo de la Buena Muerte de Osuna (1)
Etc...
sábado, 16 de abril de 2016
Nuestro iceberg
La REC es una de esas ocasiones/celebraciones que han estandarizado la aberración del des-catolicismo. Se entiende, pues siendo un congreso de colegios/centros de educación religiosos y estando estos, mayoritariamete, en manos y bajo la dirección de congregaciones religiosas, estando estas inmersas en la profunda crisis de des-identidad desde el post-concilio, hace 50 años, todo lo que gestionan sufre la degeneración que les transmiten sus directores.
Con repugnancia, temiendo ver cosas que indignan los sentimientos de cualquier católico consciente, suelo echar un vistazo a las grabaciones con las imágenes de algunos los actos de la REC, especialmente las de la celebración de clausura. Si Uds. quieren, vean el yutube:
https://www.youtube.com/watch?v=kbQyyGnZCKI
No comentaré en detalle, solo un par de particulares, muy concretos. Pero diré que toda la celebración me parece un gran abuso: El ambiente de espacio-luz-sonido es el de un espectáculo made in Hollywood; como aquello es California y aquel mundo existe allí mismo, supongo que se trata - consciente o inconscientemente - de un acto/ejemplo de inculturación. Allí las cosas se hacen así y la liturgia de la Misa se somete al estilo de allí. El resultado es esa especie de sensación de sala de espectáculos, con sonido, cantantes, música y danza, protagonistas/actores y espectadores sentados en sus asientos y que a veces co-protagonizan también. Vean algunos detalles:
- Extrañas danzantes
- Extraños ritos
- Extraños gestos de concelebración
- Extraños gestos de concelebración general (todos concelebran)
- Extrañas ostensiones
- Extrañas procesiones
En el minuto 1:07:40 comienza el ofertorio, con todas esas adaptaciones modernas que gustan tanto a los ceremonieros: Seglares vistiendo el altar, más seglares haciendo el oficio de los acólitos, mujeres que se acercan al altar, danzarinas que llevan los cirios, gente con trajes típicos que llevan las ofrendas...etc.
Me llaman especialmente la atención las grandes jarras de cristal con vino, cinco o seis o más (dos o dos y medio litros cada una?). Con ellas se van a transgredir un par de rúbricas del Misal Romano (novus ordo), una que prohíbe los vasos sagrados de cristal (por su transparencia y fragilidad (salvando, además, la consideración de la indignidad de unas jarras corrientes en vez de los cálices prescritos)). La segunda transgresión será la comunión con el Sanguis, que, según el vino presentado en el ofertorio, tuvo que ser numerosa, pero sin justificación dadas las restricciones que el Misal Romano (rito ordinario) pone a la concesión de la comunión de los laicos con el Sanguis. Como en la inconsciencia de los liturgistas responsables/preparadores de la celebración late la firme convicción de que el Misal Romano (novus ordo/rito ordinario) fue concebido para ser transgredido, ninguno de estos dos particulares que reseño resulta (para ellos) problemático. Aunque las rúbricas escritas no se cumplen, sí se observa 'el espíritu' del actual Misal Romano (postconciliar/novus ordo/rito ordinario) y la intención de sus autores/promotores.
El otro particular que me ha provocado es el de unos oferentes en particular, dos hombres que se acercan al arzobispo y al altar llevando con ellos a un niño de unos cuatro o cinco años (ver a partir del minuto 1:11:40 del yutube); en la grabación se ve al niño abrazando a sus dos ¿papás? Porque eso es lo que parece ser: Una aberrante pareja homo, con pseudo-hijo acompañante, llevan la ofrenda, que recibe el obispo y que ponen después sobre el altar - némine discrepante - abrazándose tierna y emotivamente cabe el altar. Lo más probable es que el tierno abrazo, como todo lo demás, estuviera previamente ensayado. El arzobispo, aunque se le vea con cierra cara de pena, se presta y celebra. y no es el lamentable Mahoney (que es uno de los concelebrantes), sino su sucesor, el receptor de una, como se ve, lamentable herencia que - como se ve igualmente - mantiene y no erradica.
Concluyendo, aprovechando la novedad del documento recién publicado, podríamos decir, resumiendo, que la Amoris Laetitia no es nada más que la punta de un catastrófico iceberg.
+T.
martes, 12 de abril de 2016
¿Una constitución apostólica sinodalista ???
Cualquiera que se acerque inteligentemente a la Historia de la Iglesia entenderá que el Primado Universal del Papa ha sido un factor decisivo-fundamental para el mantenimiento de la identidad y actividad de la Iglesia Católica, algo providencial si lo entendemos creyentemente. La primacía de la Santa Sede no ha sido un accidente de la historia (aunque tenga a cuestas mucha historia (y también, muchas historias)), sino algo ligado a su carácter sagrado-sobrenatural, expresión de la voluntad de Cristo: Una Iglesia con una Cabeza Visible, que es sucesor del Apóstol Pedro, el Papa.
La 'sinodalidad' es un concepto eclesiológico perfectamente compatible con la unicidad del Primado Romano siempre que no se defina contra ese Primado Universal. En este sentido, la sinodalidad, tal como se entiende en las iglesias cismáticas de la ortodoxia, es un concepto incompatible con el primado de autoridad de la Santa Sede.
Cuando se habla de la sinodalidad que pretende impulsar PP Franciscus y su comisión de los C9, ¿qué se está diciendo, de qué se trata realmente? ¿Es, acaso, una descentralización de poderes? ¿Conlleva una merma del primado ordinario, universal e inmediato del Papa sobre la Iglesia? ¿Debilitar a la Curia Romana significa privar al Papa de poder efectivo en favor de otras nuevas atribuciones a las conferencias episcopales, provincias eclesiásticas y diócesis?
Me inquieta todo esto por noticias como esta:
Imagino una Iglesia dividida en 'taifas', gobernada en Alemania de una forma, en España de otra, en la Argentina de una manera, en los USA de otra; imagino conferencias episcopales convocando conferencias inter-conferenciales, discutiendo y pactando cosas sobre liturgia, o teología, o moral que estarán vigentes en un sitio y no se observarán en otro. Imagino un totum revolutum generalizado, algo como lo que ya vivimos pero a escala universal y con la aprobación de todos, que estarán de acuerdo en que el desorganizado desorden del sinodalismo es un bien eclesial, es una gracia positiva que libera a los obispos y sus diócesis del ominoso yugo romano.
Es típico de provincianos quejarse del centralismo de la capital. Y me pregunto si en el sinodalismo francisquista no late un provincianismo argentino-bergogliano-sudamericano. Porque en cabezotes como R. Marx parece que reviven los gravámina aquellos que fueron, en gran parte, uno de los pruritos de la pre-reforma.
Sinodalizar es descomponer-dividir-fragmentar-debilitar...¿para qué? ¿en favor de quién? ¿para provecho de qué y de quienes?
Me cuestiono seriamente si en la época en que el mundo se siente globalizado no es síntoma gravemente preocupante que la Iglesia Católica se empeñe en descatolizarse, es decir, particularizarse, des-universalizarse: Sinodalizarse.
Oremus !!!
+T.
La 'sinodalidad' es un concepto eclesiológico perfectamente compatible con la unicidad del Primado Romano siempre que no se defina contra ese Primado Universal. En este sentido, la sinodalidad, tal como se entiende en las iglesias cismáticas de la ortodoxia, es un concepto incompatible con el primado de autoridad de la Santa Sede.
Cuando se habla de la sinodalidad que pretende impulsar PP Franciscus y su comisión de los C9, ¿qué se está diciendo, de qué se trata realmente? ¿Es, acaso, una descentralización de poderes? ¿Conlleva una merma del primado ordinario, universal e inmediato del Papa sobre la Iglesia? ¿Debilitar a la Curia Romana significa privar al Papa de poder efectivo en favor de otras nuevas atribuciones a las conferencias episcopales, provincias eclesiásticas y diócesis?
Me inquieta todo esto por noticias como esta:
Borrador de una Constitución Apostólica
El Papa y el C9 continúan profundizando en la sinodalidad del gobierno de la Iglesia
Imagino una Iglesia dividida en 'taifas', gobernada en Alemania de una forma, en España de otra, en la Argentina de una manera, en los USA de otra; imagino conferencias episcopales convocando conferencias inter-conferenciales, discutiendo y pactando cosas sobre liturgia, o teología, o moral que estarán vigentes en un sitio y no se observarán en otro. Imagino un totum revolutum generalizado, algo como lo que ya vivimos pero a escala universal y con la aprobación de todos, que estarán de acuerdo en que el desorganizado desorden del sinodalismo es un bien eclesial, es una gracia positiva que libera a los obispos y sus diócesis del ominoso yugo romano.
Es típico de provincianos quejarse del centralismo de la capital. Y me pregunto si en el sinodalismo francisquista no late un provincianismo argentino-bergogliano-sudamericano. Porque en cabezotes como R. Marx parece que reviven los gravámina aquellos que fueron, en gran parte, uno de los pruritos de la pre-reforma.
Sinodalizar es descomponer-dividir-fragmentar-debilitar...¿para qué? ¿en favor de quién? ¿para provecho de qué y de quienes?
Me cuestiono seriamente si en la época en que el mundo se siente globalizado no es síntoma gravemente preocupante que la Iglesia Católica se empeñe en descatolizarse, es decir, particularizarse, des-universalizarse: Sinodalizarse.
Oremus !!!
+T.
sábado, 9 de abril de 2016
Entre el mito-francisquista y la decepción, los malos piden más
Que PP Franciscus se ha vuelto un mito para los peores de la Iglesia (y la no-iglesia), es un hecho. Item más, porque el mito surgió en el balcón aquel mismo inolvidable 13-3-13. Et item plus, porque el mito parece haber sido elaborado en el cónclave: Buscaron y eligieron un perfil mitificable; por cierto, magníficamente asumido por el electo, desde su presentación.
No obstante, los agentes de la izquierda mediático-mitopoiética, son insaciables y ponen su nivel prometeico alto, muy alto. Y se decepcionan porque esperan más, sueñan con más, quieren más. Aun así, argumentan y disculpan porque alucinan con paranoias conspirativas que exculpan al mítico Franciscus y cargan contra los poderes ancestrales cimentados bajo la cúpula de San Pedro. Verbigracia, Juan Bedoya, uno de los más veteranos des-católicos de la prensa impía-masona, no resiste el tic de atribuir al Emmº Müller, el prefecto de Doctrina de la Fe, la dirección actual de la Inquisición del Santo Oficio. Léase:
Es el problema de prestarse al equívoco y danzar en los saraos del mundo, el demonio y la carne. Antes o después, te exigen bailar a su ritmo, con su música y sólo y exclusivamente con parejas (o coros) danzantes previamente seleccionados/escogidos/exigidos por los spónsores de la fiesta. Por eso, al final, se sienten frustrados y desilusionados.
Pero lo malo no es que los malos demanden y pidan más. Lo peor es que en cada baile los buenos pierden algo; bastantes veces, mucho; algunas veces, demasiado.
Oremus!
+T.
No obstante, los agentes de la izquierda mediático-mitopoiética, son insaciables y ponen su nivel prometeico alto, muy alto. Y se decepcionan porque esperan más, sueñan con más, quieren más. Aun así, argumentan y disculpan porque alucinan con paranoias conspirativas que exculpan al mítico Franciscus y cargan contra los poderes ancestrales cimentados bajo la cúpula de San Pedro. Verbigracia, Juan Bedoya, uno de los más veteranos des-católicos de la prensa impía-masona, no resiste el tic de atribuir al Emmº Müller, el prefecto de Doctrina de la Fe, la dirección actual de la Inquisición del Santo Oficio. Léase:
Exhortación apostólica ‘Amoris laetitia’: El parto de los montes
Francisco no se mueve de la doctrina tradicional. Define los problemas, pero deja las soluciones en manos de los obispos y los curas
Es el problema de prestarse al equívoco y danzar en los saraos del mundo, el demonio y la carne. Antes o después, te exigen bailar a su ritmo, con su música y sólo y exclusivamente con parejas (o coros) danzantes previamente seleccionados/escogidos/exigidos por los spónsores de la fiesta. Por eso, al final, se sienten frustrados y desilusionados.
Pero lo malo no es que los malos demanden y pidan más. Lo peor es que en cada baile los buenos pierden algo; bastantes veces, mucho; algunas veces, demasiado.
Oremus!
+T.
viernes, 8 de abril de 2016
Fuente turbia
Se busca agua limpia de manantial...y nos sirven un vaso de agua turbia de charca.
(...y si nos negamos a tragarnos el sapo, nos llaman fariseos).
&.
325 párrafos...para despistar
De lo que se podía esperar (o temer) del Sínodo de la Familia hemos comentado en ExOrbe desde que comenzó el pasteleo, con el brujo Kasper calentando la retorta para destilar el sublimado final, otra vez una obra maestra del alambique vaticanosecundista, con los antiguos aprendices de brujo, aquellos monosabios de cuando el concilio, hace medio siglo, hoy convertidos en pérfidos Frankensteins del nuevo engendro.
El documento francisquista será la guinda del pastel. Se sabe ya que son trescientosveinticinco parágrafos para encubrir/disfrazar/disimular lo que desde el principio se tuvo la intención de decir y hacer. Los 325 párrafos son la cobertura, capas concéntricas de característico género eclesiástico recubriendo la pildorita central, un recurso que se hizo célebre en algunos de los más famosos hitos del V2º.
El lema que ambienta, introduce y explica resumidamente el quid de la cuestión será, mas o menos, algo así: Se mantiene la doctrina, se adapta la praxis. La praxis pastoral, es decir; siendo la pastoralidad una esencia tan maleable, tan manejable para ser hervida en la retorta de turno.
Y así pasará a la historia todo lo del sínodo. No se intentará siquiera la sanación para la muy gravemente enferma familia católica, solamente se declarará con la hojarasca de los 325 párrafos que la Iglesia se rinde en la batalla de la familia y adopta los modos y las modas de la modernidad.
¿A qué precio? Seguramente, más o menos, sobre unas treinta monedas.
...Es la cantidad tasada para este tipo de convenios.
+T.
El documento francisquista será la guinda del pastel. Se sabe ya que son trescientosveinticinco parágrafos para encubrir/disfrazar/disimular lo que desde el principio se tuvo la intención de decir y hacer. Los 325 párrafos son la cobertura, capas concéntricas de característico género eclesiástico recubriendo la pildorita central, un recurso que se hizo célebre en algunos de los más famosos hitos del V2º.
El lema que ambienta, introduce y explica resumidamente el quid de la cuestión será, mas o menos, algo así: Se mantiene la doctrina, se adapta la praxis. La praxis pastoral, es decir; siendo la pastoralidad una esencia tan maleable, tan manejable para ser hervida en la retorta de turno.
Y así pasará a la historia todo lo del sínodo. No se intentará siquiera la sanación para la muy gravemente enferma familia católica, solamente se declarará con la hojarasca de los 325 párrafos que la Iglesia se rinde en la batalla de la familia y adopta los modos y las modas de la modernidad.
¿A qué precio? Seguramente, más o menos, sobre unas treinta monedas.
...Es la cantidad tasada para este tipo de convenios.
+T.
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