domingo, 22 de abril de 2012
La caza real
Cuando desaparecieron Don José María Pemán, Don Pedro Saínz Rodríguez y los otros pocos monárquicos inteligentes, sabios, históricos, perdimos una clase privilegiada que no se ha renovado. Siempre he visto en la ausencia de grandes monárquicos una de las mayores y más peligrosas debilidades del status político de la España actual.
Gente de la talla de los que acabo de citar, Saínz Rodriguez y Pemán, fueron una especie de custodios-mentores de la monarquía, desde el destronamiento de Don Alfonso XIII hasta la proclamación de Don Juan Carlos. Desfortunadamente, no han tenido herederos.
De aquella generación de monárquicos, hay que destacar que sus convicciones políticas iban acompañadas (precedidas) de una firme profesión católica y una neta conciencia española/hispánica, y entendieron que la mejor definición político-social para el futuro de España se garantizaría por y con la monarquía como institución de referencia.
Lo que ha sucedido estos días atrás, sólo se entiende desde la errática perspectiva de una sociedad sin conceptos históricos, por la pérdida de auto-conciencia, un vacío quasi ontológico que se rellena con viento de mentideros de internet, modas de esquina, rejones de micrófono, portadas de revista y titulares de televisión.
Cuestionar las entradas y salidas del Rey puede ser justo y necesario dentro y a partir de cierto entorno familiar-institucional, un nivel que circunscribe a unos pocos selectos por proximidad dinástica o por responsabilidad estatal, y a nadie más. Pasar de ese límite, bajar de ese nivel, denota desafecto por la Corona y deslealtad con las personas.
La publicación de lo de la cacería, la agitación de los medios por el anecdótico incidente, si fuera una maniobra tramada por la siniestra post-marxista del psoe y cía, apestaría lo mismo pero se entendería ajustada a la indignidad de sus inductores. Lo que sorprende es ver a neocones pperos y gacetilleros afines pringando en el plato, al borde de la iracundia jacobina.
Las revoluciones acabaron con la nobleza de sangre como clase, pero no consiguieron que desaparecieran las monarquías como formas de identidad histórico-nacional. Los estados que las han conservado, se enriquecen con un patrimonio de inmenso valor, digno de admiración y preservación constantes, permanentemente, en todo tiempo y bajo cualquier circunstancia.
Ser Rey de España no es cualquier cosa. Que lo sepa el Rey, importa. Pero importa tanto (o más) que la gente sepa que al Rey no se le pasa revista.
+T.
jueves, 19 de abril de 2012
Siete años
El tiempo vuela, y cuanto más años cumples, más rápidamente se van para no volver, acumulando un pasado cierto, un presente efímero y un futuro indefinido, aunque marcado por los hechos ya cumplidos. Los siete años de Bendicto XVI, que hoy se cumplen, se sujetan también a lo dicho.
El otro día, no encontré suficiente motivación para escribir nada; llegar a los 85 años es asunto personal, para celebrarlo a solas o en familia, no merece alboroto, aunque comprendo el festejo (siendo dificil de equilibrar la fiesta y el incordio tratándose de un octogenario). Pero hoy sí merece recordación especial que hace siete años fue elevado a la Sede de S. Pedro, una semana de años que ya ha sido marcada con suficientes hechos para hacer de este un pontificado memorable.
Tengo la impresión de que el tiempo, en cuanto vaya pasando, irá magnificando el paso de Benedicto XVI, tanto como, por otra parte, irá ajustándose a sus proporciones, peso y medidas reales, no figuradas ni ficticiamente aumentadas, la época del beato (precipitado) Juan Pablo IIº. A estas alturas, siete años después de aquel demasiado largo periodo, se van entendiendo muchas cosas, se desmontan otras, otras ya han caído con estrépito, se temen más derrumbes y se valoran propiamente unos cuántos momentos, actos y documentos, en los que parece notarse más al Ratzinger celoso, vigilante y prudente, que al Wojtyla entusiasta, desmesurado, comunicativo, multitudinario, escénico y empático. En este sentido, comentábamos el otro día, en una tertulia, que vale más la ratzingeriana Dominus Iesus, solamente, que todo el lote de documentos de JPIIº.
Siete años de independencia, también dignos de celebrar. Yo mismo supuse que la impronta juanpablista modelaría el pontificado que le siguiera, siendo su sucesor una especie de calco en tono menor. Gracias a Dios, desde que se impuso el nombre, todos advertimos que el muy discreto Papa Benedicto pisaba con huella propia, que no le cabían moldes, que su personalidad se definía distinta, no en contra de su predecesor, pero sí absolutamente diferenciado en estilo exterior e interior, en palabras, modos y hechos, también en la forma de relacionarse y verse relacionado, de cerca y de lejos. Con un ligero y eficiente soplo, la espesa, omnipresente y abarcadora sombra de su predecesor, fue desapareciendo, desdibujándose.
Aunque todavía - entiendo yo - perdure demasiada juanpablolatría, uno de los efectos más de agradecer de estos 7 años, es el haber estructurado un pontificado independiente, el haber disuelto suavemente el mito megalómano del papa-milenium (permítome el concepto, si no académico sí descriptivo).
No estoy diciendo que se haya disuelto el 'juanpablismo', que ese es otro problema, dependiente, sobre todo, de la propaganda de 'recurso al pasado' que mantienen y sostienen los grupos eclesiales favorecidos y patrocinados entre 1978 y el 2005. Tanto más cuanto algunas de estas instituciones emblemáticas del juanpablismo o han caído o están siendo objeto de una profunda revisión durante este septenio benedictino, proyectando una vaga reluctancia implícita que flota en el ambiente, en la misma curia romana y otros medios e instituciones eclesiales.
Si en varios análisis publicados durante estos días unos pocos comentaristas reducen la obra de Benedicto XVI a una especie de labor de purificación-desinfección institucional y espiritual de la Iglesia, quizá también se esté soslayando interesadamente otra evidente acción, más profunda: La rectificación de la procastinación del papado anterior.
Con el concepto de 'hermenéutica de la continuidad' se ha emitido, una inteligente clave, valída para recibir adecuadamente la herencia del Vaticano II sin colapsar la vida y la historia de la Iglesia.
Junto con todo, quizá sea la restauración de la liturgia tradicional y la decidida voluntad de reintegrar canónicamente a la FSSPX lo más significativo de estos siete años, por lo menos para el catolicismo consciente de la deriva y descomposición sufridas por la Iglesia entre 1965-2005.
Sin embargo, constará también en la crónica de estos años de pontificado la resistencia de los grupos des-católicos, aun minoritarios, pero cada vez más movilizados, emergentes en algunos países occidentales, cuya consolidación significaría a la larga, en un futuro más o menos próximo, la consumación del cisma formal, que ya existe de facto.
Aun si esto sucediera (Dios no lo quiera), los años de Benedicto XVI quedarán registrados como una fecha referencial en la historia de la renovación y restauración de la Iglesia.
Oremus pro pontifice nostro Benedicto.
R. Dominus conservet eum, et vivificet eum, et beatum faciat eum in terra, et non tradat eum in animam inimicorum eius.
(Pater, Ave, Gloria)
Deus, omnium fidelium pastor et rector, famulum tuum Benedictum,
quem pastorem Ecclesiae tuae praeesse voluisti, propitius respice:
da ei, quaesumus, verbo et exemplo, quibus praeest, proficere:
ut ad vitam, una cum grege sibi credito, perveniat sempiternam.
Per Christum, Dominum nostrum. Amen
+T.
martes, 17 de abril de 2012
Tantas nuevas, cada vez más buenas
Será porque la noticia es de las que marcan una época y distingue tiempos pasados, dejándolos atrás por el presente que se impone y el futuro que se vislumbra con nueva claridad. Van a ser - espero, esperamos - dias, semanas, meses de muchas buenas nuevas:
Esta mañana, en Vatican Insider, esta era la más reseñable, de hace unos días:
Lefebvre: la respuesta al Vaticano
Esta tarde, era esta otra, de hace unas horas:
Lefebvriani, la risposta positiva è arrivata
Y en otros medios, lo mismo. Parece como una contra-reloj, a ver quien publica antes, a ver quien se adelanta y cuenta más o sabe más.
Me gustan - of course!- estas ansiedades tratándose de lo que se trata.
A ver si todo se ajusta cuanto antes, a ver si por fin se marca este hito, tan deseado por los buenos como odiado por los que están perdiendo (o ya han perdido, por desgracia) su conciencia católica.
Adeamus ergo cum fiducia ad Thronum Gratiae!
+T.
domingo, 15 de abril de 2012
Ver y tocar
Ha sido una de las sentencias que más veces me han dicho, en tono admonitorio y corrector -"Santo Tomás, ver y tocar". Me lo decían, efectivamente, cuando tocaba algo con, digamos, consecuencias: Volcar, tirar, romper, estropear, manchar, mancharme. O también, simplemente, tocar por curiosidad. Si me lo decían mis tías mayores, no me molestaba; si me lo reñían mis tías jóvenes, me irritaba especialmente. Cosas mías. Pero es verdad que me gustaba tocar, ver y tocar (como Santo Tomás).
Mi tía favorita, mi predilecta, conocía mi inclinación y me la consentía: Me dejaba abrirle todos los cajones de las cómodas, escritorios, roperos, y los baúles, los arcones, las alacenas, la despensa: Todo. Hasta el cajón de la mesilla de noche y los de su tocador. Ver, tocar. Y oler. Un día metí la nariz en un bote de cristal tallado, precioso, que se había quedado manchado por dentro por un resto de esencia de jazmines que se fue consumiendo y dejó un poso reseco, parduzco. Le habían echado amoníaco, para que disolviera aquello. Llegué, le quité el tapón de cristal y (ajeno a lo del amoníaco) aspiré hondo, para oler el especioso aroma de jazmín reseco, sssssniiifffffff...Y me caí de espaldas, aturdido y lagrimeando, y escuchando el recriminatorio -"¡Santo Tomás, ver y tocar!" (además de oler).
A Santo Tomás le debemos estar agradecidos porque se atrevió a decir y hacer lo que a muchos les pasa por la cabeza y les gustaría hacer, aunque no lo digan ni lo hagan: Ver y tocar.
Comprendo que me digan, que me expliquen y prediquen que, satisfechas esas dos apetencias visuales y táctiles, la fe queda relativamente desvalorizada, con poco mérito. Yo respondo que no, en absoluto. Por lo menos en el caso de Stº Tomás, vidente y tocante, nuestra fe en Cristo resucitado queda satisfactoriamente confirmada y testada. Además, desprendo por el versículo de Lc 24, 38-40 que no fue Tomás Dídimo el único que tocó, sino que otros, además de él, también tocaron (y vieron):
Pero él les dijo: -"¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como véis que yo tengo." Y, diciendo esto, los mostró las manos y los pies.
Y San Juan, en el exordio de su primera epístola, lo confirma:
"...lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida" IJn 1,1
Es decir, que San Juan también tocó y, por supuesto, vio. Lo recalca, incluso, enfatizando. No en vano Verbum caro factum est, el Verbo se hizo carne, carne visible y tangible que fue vista y tocada después de su Santa Resurrección, para que la impresión recibida por los Apóstoles y los Discípulos fuera efectiva, satisfactoria, corroborada por la acción de los sentidos externos que informan a la inteligencia según ese proceso fascinante que es el acto del conocimiento racional humano, todo eso que se estudia en la epistemología (que nunca me gustó estudiar).
Lo que pasa es que el pobre de Stº Tomás dudó y dijo en voz alta su duda. ¿Los otros no dudaron? No sé qué decir. De lo que dicen los SS. Evangelios se deducen actitudes variadas, imagino yo que cada uno reaccionó muy personalmente, pero dubitantes hubo, más de uno, aunque la duda se achaque, por título, a Stº Tomás.
Lo que pasó, también, es que Stº Tomás no estuvo cuando la primera aparición y se resistía a creer lo que le contaban, no recibió la impresión primera de los que sí vieron al Resucitado (y seguro que algunos también lo tocaron), quedándose suspenso en ese intervalo de emoción que no rompe porque no ha probado, no ha sentido.
Y ya como corolario: ¿Qué hubiera sido de la iconografía pascual si no hubiera habido duda, desafío visto y tacto de Santo Tomás, el Dídimo? Tantos relieves, frescos, lienzos, tallas, grabados que no habrían enriquecido nuestro arte cristiano, embellecido iglesias y afamado museos, desde Silos a Orsanmichele, desde Verrocchio a Salcillo, desde Alejo Fernández al Caravaggio, tanta belleza sacro-emocionante.
Conque verán Uds. que estoy dispuesto a montar todo un alegato pro-Tomás y su comprobación. Le estoy, en suma, muy agradecido.
Llegado a este punto, al 'ver y tocar' se me van sumando una serie de dípticos, de parejas de palabras, todas en relación con aquello: Ver y tocar, tocar y sentir, sentir y creer, creer y temer, temer y amar, amar y rezar, rezar y esperar, esperar y vivir, vivir y ansiar, ansiar y aspirar, aspirar y tender, tender y subir, subir y llegar...
...Y al fin ver y tocar.
+T.
sábado, 14 de abril de 2012
Resentimientos, remordimientos, cargos de conciencia con retraso y falsa inculpada
Lo que podría haber sido (¡debería haber sido!) el testimonio agradecido por una vida salvada , se ha vuelto la vengativa persecución contra la parte más debil de una trama con suficiente argumento para un serial de telenovela.
La parte más débil, la parte rota, por donde han herido, ha sido una monja octogenaria, presentada por la prensa y los medios como la autora responsable de un caso de tráfico infantil, sustractora intimidante de un bebé recién nacido y dadora de este en ilegítima y sórdida adopción. Semejante presentación hace imaginarse un monstruoso perfil criminal cercano, en fisonomía y carácter, a una especie de Cruela de Vil. Pero la anciana de 84 años que compareció el otro día ante el tribunal y los implacables flashes de los fotógrafos era una monja desgastada, enferma, vestida con un pobre hábito azul, como tantas otras hermanas suyas que se pasan la vida en hospitales, orfanos, residencias de ancianos y colegios: El mismo tipo, la misma figura, el mismo estilo que el de una de esas monjas que sirven comidas en los comedores de cáritas. Todas saben mucho, y guardan un discreto silencio sobre muchas cosas que han sabido, que les han contado, que han vivido como co-protagonistas o que han acompañado como co-sufrientes. Ahora todo eso se les puede volver en su contra, como este caso demuestra.
¿Es que se pueden dar, pueden surgir, existen entre nosotros monstruosidades monjiles de abyecta condición, obscuras criminales de thriller de terror? Yo, entre los cuatro y los siete años, pensaba que sí.
Cuando entré en el colegio de RR. MM. Teatinas, con cuatro tiernos e impresionables años, yo era un primogénito híper-mimado, con llamativa cabezota rubia, unas gafas descomunales y botas ortopédicas. Entonces, una parte notable de todas mis frustarciones, tráumas, néuras, aversiones y terrores infantiles se focalizaron en las RR. MM. Teatinas, especialmente en un par de ellas, brujas con toca y rosario a las que empecé a odiar intensamente, con una manía que todavía perdura como un eco de mi remota (pero activa) conciencia infatil. ¡Maditas Sor Nuria y Sor Estefanía! (a quienes mis hermanas, que tenían tres años, adoraban, por cierto).
Con el tiempo, aquello pasó. No digo 'superé', digo que pasó, como pasa una tormenta o se pasa la varicela; pasó y durante muchos años me molestaba recordar aquellas clases de parvulario, aquellas mañanas de lectura, aquellas tardes de dictado y catecismo. Aquellas dos monstruosas reverendas se fueron alejando, difuminándose lentamente, como dos puntos terribles en el espacio-tiempo. Hoy puedo contra aquello, lo puedo recordar y escribir; entonces no podía ni verbalizarlo.
Digo todo esto por comparar para aclarar el odio que han volcado sobre la monja de 84 años, todo un auto-resentimiento personal, toda una auto-inculpación personal, todo un tráuma personal, una vida de remordimientos, de conciencia cargada, que ahora, acumulada y compactada en una pesada e insoportable losa, se deja caer sobre la monja anciana, pretendiendo sepultar con ella todo el mal que gravó un pasado culpable que ahora se intenta imputar a otro, a la monja, precisamente.
Una monja de colegio y una monja de hospital maternal pueden trasmutarse en los laberínticos circuitos de la psiquis de un niño y las complicadas conexiones causales de la razón de una madre traumatizada-frustrada, en una siniestra figura merecedora de castigo, sobre la que recaerán todos los palos, todas las recriminaciones del pasado y del presente que todavía duele como una vieja herida que nunca sanó.
Alguno pensará que desvio el tema. Yo pienso que no, que por donde digo corre el hilo de esa y otras tramas.
Por lo pronto parece que se ha dado la voz de alarma y el '¡sálvese quien pueda!'. El ministro de Justicia Gallardón, flanqueado por otros dos ministros pperos, declarando ante lo medios la inexorable persecución de los hechos era una imagen suficientemente elocuente. Casi tanto como la de la pobre monja acosada por las cámaras saliendo del juzgado.
Me pregunto si algún día habrá madres abortadoras que denuncien, acosen, persigan y criminalicen a los médicos, enfermeras, hospitales e instituciones sociales y políticas que intervinieron en el aborto de sus hijos.
Me pregunto si alguna vez el estado tomará cartas en esos asuntos tan decididamente como las ha tomado en el caso este de la monja acusada por la madre de la niña, por los padres que la adoptaron, por la niña traspasada y adoptada, por el estado y por la sociedad: Todos contra una que (en definitiva) salvó una vida.
¿O no fue eso?
+T.
viernes, 13 de abril de 2012
Expectantes expectamus
Dos palabras que ya están escritas y que anoche me avisaron me han dejado más motivado para la esperanza, para el bien.
Dos palabras son quasi nada, formalmente; pero con dos palabras, como con la palanca y el punto de apoyo adecuados que pedía Arquímedes, se puede mover un mundo, el mundo entero.
Motu proprio, gaudium magnum, Deo gratias...
Dos palabras: Fiat, fiat!
Para comenzar; que también se dice con dos palabras: In principio.
+T.
jueves, 12 de abril de 2012
¿Hacia una querella neocatecumenal?
El bien informado Sandro Magister ha publicado un artículo informando de la revisión a la que se está sometiendo el rito de 'la eucaristía' de las comunidades de Kiko Argüello "Esa extraña misa que el Papa no quiere" (atención: nunca decir 'Misa' si se trata de la celebración del camino neocatecumenal, según sus propios conceptos, usos y formas se dice 'eucaristia', 'misa' no se dice jamás, es una palabra-concepto excluída). Hoy, la agencia Rome-News se hace eco también de la noticia, con ese vídeo que he puesto de cabecera.
Todos los que nos interesamos por el tema supimos que el acto del pasado 20 de Enero no fue una ratificación global de los ritos neocatecumanles, sino una aprobación parcial de algunas de sus ceremonias características. La 'eucaristía' al modo neocatecumenal quedó fuera, no fue convalidada en aquella ocasión.
A propósio de aquel acto, escribí aquí, en ExOrbe, un articulete: Neocatecumenado, un hecho consumado De lo que dije entonces, entresaco este párrafo:
La conclusión resultante es esa tácita y semi-pautada aprobación de la neo-liturgia neocatecumenal que, se reconozca o no, es un rito, propiamente. No un rito secular, producto de una maduración teológica-espiritual-liturgica de siglos, sino una novedad creada a voluntad de los fundadores del camino, tan reciente como las mismas comunidades, fruto muy particular del experimentalismo reformista propiciado por el V2º
El arbitrismo litúrgico postconciliar se ejemplifica notoriamente en los ritos de las comunidades neocatecumenales. El movimiento neocatecumenal ha generado un rito propio, inventado, con unos elementos mínimos de permanencia-conexión-identidad que pueden reconocerse, más o menos remotamente y en sentido amplio, como propios del rito católico romano, pero con la misma propiedad con que se podrían referir a otras liturgias cristianas, incluso a ninguna de las conocidas ya existentes: Las novedades son tantas que, aun manteniendo unos supuestos católicos, se traducen, finalmente, en una desidentificación más que notable respecto a la liturgia católico-romana.
La importancia de la nueva liturgia dentro del camino neocatecumenal, su significado, es fundamental, no es algo prescindible en tanto en cuanto las comunidades se han fraguado celebrando, se han definido 'caminando' con esa liturgia. El camino, entre otras cosas, ha sido propiamente su intra-liturgia, ese modo neocatecumenal-comunitario que perfilaba su identidad espiritual-litúrgico-eclesial precisamente desde sus mismas celebraciones: Palabra y Eucaristía.
Item más: La impronta de la neo-liturgia neocatecumenal es tan efectiva que ha dejado su huella, su influencia, en muchos sacerdotes y por muchos sitios, directa o indirectamente. Incluso ha sido un fenómeno bastante frecuente que los religiosos que participan en las comunidades neocatecumenales terminen llevando a sus comunidades religiosas (conventos, residencias, colegios, etc.) el estilo celebrativo de los neocatecumenales.
Por ejemplo, se nota hasta en las religiosas y monjas de clausura, en sus respectivos conventos o monasterios. Son detalles, pequeños particulares que denotan que se han formado en comunidades y mantienen la impronta neocatecumenal, afectando, de alguna u otra manera, al modo de celebrar de las comunidades religiosas o monásticas en las que han profesado. Se ha dado en algunas ocasiones incluso una de-formación, a la inversa: Las novicias procedentes de las comunidades neocatecumenales han 'formado' en el espíritu neocatecumenal a sus maestras de novicias, extendiendo su influencia al resto del convento. Digo esto sólo como ejemplo anecdótico, pero ilustrativo de hasta dónde ha llegado la influencia de los grupos neocatecumenales.
La deformación en las parroquias ha sido mayor, porque los fieles, al ver que el sacerdote presta a las comunidades neocatecumales una dedicación exclusiva y reservada, entienden que la forma de la celebración de las comunidades es una especie de nivel superior de participación-integración en la parroquia y en la Iglesia, y tienden, consciente o inconscientemente, a la imitación: La comunión en la mano, los cantos, los comentarios, las oraciones, las posturas corporales, etc.
Si lo que dice Magister ha sucedido tal y como lo cuenta, el caso se ha vuelto no sólo preocupante, que ya lo era, sino un verdadero problema, con graves implicaciones en la Curia, y entre los implicados figura nuestro Cañizares:
Lo que sucedió es que el pontificio consejo para los laicos, presidido por el cardenal Stanislaw Rylko, había preparado el texto de un decreto de aprobación global de todas las celebraciones litúrgicas y extralitúrgicas del Camino neocatecumenal, que tenía que hacerse público el 20 de enero en ocasión de un encuentro previsto del papa con el Camino.
El decreto había sido redactado por indicación de la congregación para el culto divino, presidida por el cardenal Antonio Cañizares Llovera. Los fundadores y líderes del Camino, Francisco "Kiko" Argüello y Carmen Hernández, fueron informados de ello y anticiparon felices a sus seguidores la inminente aprobación.
Todo sin el conocimiento del papa.
Benedicto XVI vino en conocimiento del texto del decreto pocos días antes del encuentro del 20 de enero.
Lo encontró inconexo y equivocado. Ordenó que se anulara y se volviera a escribir según sus indicaciones
Todo esto que ocurría antes y durante la audiencia de Benedicto XVI a los neocatecumenales, el pasado 20 de Enero, ahora sale a la luz, con esa especie de notoriedad oficiosa que confiere a la noticia el artículo de Sandro Magister y el vídeo de la agencia Rome-News.
¿Cómo están recibiendo en las comunidades neocatecumenales esta (inesperada? prevista?) revisión-examen-juicio? ¿Habrá un dictamen definitivo? ¿Se aceptará formalmente? ¿Se eludirá intencionalmente? ¿Recurrirán, habrá apologías? ¿Habrá resistencia? ¿Tendrá consecuencias?
Todas estas cuestiones y otras más podrán articularse o ya estarán movilizándose, en tanto en cuanto la cuestión está siendo debatida en las más altas instancias eclesiales. Hasta ahora, la polémica neocatecumenal se ha venido planteando en otros niveles, parroquiales y diocesanos, ahora se dirime ante un alto e inapelable tribunal.
Conociendo la tendencia característica de Roma para estos casos, se procurará moderación y contención, se evitarán lesiones traumáticas y se buscará un consenso equilibrado y satisfactorio. El fundador, Kiko Argüello, no parece ser hombre de rupturas; sus hermanos de comunidad, sin embargo, dejan entrever actitudes más radicales, imbuídos, como están, del pneumatismo carismático neocatecumenal. Nacidos, crecidos y confirmados en una muy determinadas formas litúrgicas no van a tener fácil el sujetarse ahora a criterios uniformadores.
Pero, históricamente, esa ha sido una de las tendencias más firmes y constantes del rito católico-romano: Conformar la liturgia, erradicar particularismos e instaurar un rito único y común; así ha sido desde la más remota antigüedad. Siguiendo ese criterio, desaparecieron o quedaron reducidos a excepciones locales ritos tan venerables como nuestro visigótico-mozárabe o el ambrosiano. Así también se procedió (no obstante el liberal 'espíritu del V2º') cuando la tremenda reforma litúrgica del post-concilio, impuesta desde Roma inflexiblemente. ¿Así se procederá también ahora? ¿O se contemplaran algunas salvedades por mor de las peculiaridades y circunstancias del movimiento neocatecumenal?
Habrá que esperar; no sé decir si tendremos respuesta pronto o si ese exámen de la 'eucaristía neocatecumenal' se dilatará...¿hasta cuándo? ¿Podrá el Papa Benedicto pronunciar una sentencia terminante? ¿Le dejarán? Si el preludio de este capítulo ha estado tan 'enrarecido' como cuenta Sandro Magister, ¿cómo será su desarrollo, cuántas presiones, interferencias, ralentizaciones, intervenciones, cortes, golpes, roces, addendas y corrigendas etc. etc. etc. sufrirá durante su proceso?
Se me olvidaba decir que, como otros graves problemas, este es uno más de los dejados pendientes por el beato (¡súbito!) Juan Pablo II, el del largo pontificado y las magnas e irresolutas herencias.
+T.
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