sábado, 14 de abril de 2012
Resentimientos, remordimientos, cargos de conciencia con retraso y falsa inculpada
Lo que podría haber sido (¡debería haber sido!) el testimonio agradecido por una vida salvada , se ha vuelto la vengativa persecución contra la parte más debil de una trama con suficiente argumento para un serial de telenovela.
La parte más débil, la parte rota, por donde han herido, ha sido una monja octogenaria, presentada por la prensa y los medios como la autora responsable de un caso de tráfico infantil, sustractora intimidante de un bebé recién nacido y dadora de este en ilegítima y sórdida adopción. Semejante presentación hace imaginarse un monstruoso perfil criminal cercano, en fisonomía y carácter, a una especie de Cruela de Vil. Pero la anciana de 84 años que compareció el otro día ante el tribunal y los implacables flashes de los fotógrafos era una monja desgastada, enferma, vestida con un pobre hábito azul, como tantas otras hermanas suyas que se pasan la vida en hospitales, orfanos, residencias de ancianos y colegios: El mismo tipo, la misma figura, el mismo estilo que el de una de esas monjas que sirven comidas en los comedores de cáritas. Todas saben mucho, y guardan un discreto silencio sobre muchas cosas que han sabido, que les han contado, que han vivido como co-protagonistas o que han acompañado como co-sufrientes. Ahora todo eso se les puede volver en su contra, como este caso demuestra.
¿Es que se pueden dar, pueden surgir, existen entre nosotros monstruosidades monjiles de abyecta condición, obscuras criminales de thriller de terror? Yo, entre los cuatro y los siete años, pensaba que sí.
Cuando entré en el colegio de RR. MM. Teatinas, con cuatro tiernos e impresionables años, yo era un primogénito híper-mimado, con llamativa cabezota rubia, unas gafas descomunales y botas ortopédicas. Entonces, una parte notable de todas mis frustarciones, tráumas, néuras, aversiones y terrores infantiles se focalizaron en las RR. MM. Teatinas, especialmente en un par de ellas, brujas con toca y rosario a las que empecé a odiar intensamente, con una manía que todavía perdura como un eco de mi remota (pero activa) conciencia infatil. ¡Maditas Sor Nuria y Sor Estefanía! (a quienes mis hermanas, que tenían tres años, adoraban, por cierto).
Con el tiempo, aquello pasó. No digo 'superé', digo que pasó, como pasa una tormenta o se pasa la varicela; pasó y durante muchos años me molestaba recordar aquellas clases de parvulario, aquellas mañanas de lectura, aquellas tardes de dictado y catecismo. Aquellas dos monstruosas reverendas se fueron alejando, difuminándose lentamente, como dos puntos terribles en el espacio-tiempo. Hoy puedo contra aquello, lo puedo recordar y escribir; entonces no podía ni verbalizarlo.
Digo todo esto por comparar para aclarar el odio que han volcado sobre la monja de 84 años, todo un auto-resentimiento personal, toda una auto-inculpación personal, todo un tráuma personal, una vida de remordimientos, de conciencia cargada, que ahora, acumulada y compactada en una pesada e insoportable losa, se deja caer sobre la monja anciana, pretendiendo sepultar con ella todo el mal que gravó un pasado culpable que ahora se intenta imputar a otro, a la monja, precisamente.
Una monja de colegio y una monja de hospital maternal pueden trasmutarse en los laberínticos circuitos de la psiquis de un niño y las complicadas conexiones causales de la razón de una madre traumatizada-frustrada, en una siniestra figura merecedora de castigo, sobre la que recaerán todos los palos, todas las recriminaciones del pasado y del presente que todavía duele como una vieja herida que nunca sanó.
Alguno pensará que desvio el tema. Yo pienso que no, que por donde digo corre el hilo de esa y otras tramas.
Por lo pronto parece que se ha dado la voz de alarma y el '¡sálvese quien pueda!'. El ministro de Justicia Gallardón, flanqueado por otros dos ministros pperos, declarando ante lo medios la inexorable persecución de los hechos era una imagen suficientemente elocuente. Casi tanto como la de la pobre monja acosada por las cámaras saliendo del juzgado.
Me pregunto si algún día habrá madres abortadoras que denuncien, acosen, persigan y criminalicen a los médicos, enfermeras, hospitales e instituciones sociales y políticas que intervinieron en el aborto de sus hijos.
Me pregunto si alguna vez el estado tomará cartas en esos asuntos tan decididamente como las ha tomado en el caso este de la monja acusada por la madre de la niña, por los padres que la adoptaron, por la niña traspasada y adoptada, por el estado y por la sociedad: Todos contra una que (en definitiva) salvó una vida.
¿O no fue eso?
+T.
viernes, 13 de abril de 2012
Expectantes expectamus
Dos palabras que ya están escritas y que anoche me avisaron me han dejado más motivado para la esperanza, para el bien.
Dos palabras son quasi nada, formalmente; pero con dos palabras, como con la palanca y el punto de apoyo adecuados que pedía Arquímedes, se puede mover un mundo, el mundo entero.
Motu proprio, gaudium magnum, Deo gratias...
Dos palabras: Fiat, fiat!
Para comenzar; que también se dice con dos palabras: In principio.
+T.
jueves, 12 de abril de 2012
¿Hacia una querella neocatecumenal?
El bien informado Sandro Magister ha publicado un artículo informando de la revisión a la que se está sometiendo el rito de 'la eucaristía' de las comunidades de Kiko Argüello "Esa extraña misa que el Papa no quiere" (atención: nunca decir 'Misa' si se trata de la celebración del camino neocatecumenal, según sus propios conceptos, usos y formas se dice 'eucaristia', 'misa' no se dice jamás, es una palabra-concepto excluída). Hoy, la agencia Rome-News se hace eco también de la noticia, con ese vídeo que he puesto de cabecera.
Todos los que nos interesamos por el tema supimos que el acto del pasado 20 de Enero no fue una ratificación global de los ritos neocatecumanles, sino una aprobación parcial de algunas de sus ceremonias características. La 'eucaristía' al modo neocatecumenal quedó fuera, no fue convalidada en aquella ocasión.
A propósio de aquel acto, escribí aquí, en ExOrbe, un articulete: Neocatecumenado, un hecho consumado De lo que dije entonces, entresaco este párrafo:
La conclusión resultante es esa tácita y semi-pautada aprobación de la neo-liturgia neocatecumenal que, se reconozca o no, es un rito, propiamente. No un rito secular, producto de una maduración teológica-espiritual-liturgica de siglos, sino una novedad creada a voluntad de los fundadores del camino, tan reciente como las mismas comunidades, fruto muy particular del experimentalismo reformista propiciado por el V2º
El arbitrismo litúrgico postconciliar se ejemplifica notoriamente en los ritos de las comunidades neocatecumenales. El movimiento neocatecumenal ha generado un rito propio, inventado, con unos elementos mínimos de permanencia-conexión-identidad que pueden reconocerse, más o menos remotamente y en sentido amplio, como propios del rito católico romano, pero con la misma propiedad con que se podrían referir a otras liturgias cristianas, incluso a ninguna de las conocidas ya existentes: Las novedades son tantas que, aun manteniendo unos supuestos católicos, se traducen, finalmente, en una desidentificación más que notable respecto a la liturgia católico-romana.
La importancia de la nueva liturgia dentro del camino neocatecumenal, su significado, es fundamental, no es algo prescindible en tanto en cuanto las comunidades se han fraguado celebrando, se han definido 'caminando' con esa liturgia. El camino, entre otras cosas, ha sido propiamente su intra-liturgia, ese modo neocatecumenal-comunitario que perfilaba su identidad espiritual-litúrgico-eclesial precisamente desde sus mismas celebraciones: Palabra y Eucaristía.
Item más: La impronta de la neo-liturgia neocatecumenal es tan efectiva que ha dejado su huella, su influencia, en muchos sacerdotes y por muchos sitios, directa o indirectamente. Incluso ha sido un fenómeno bastante frecuente que los religiosos que participan en las comunidades neocatecumenales terminen llevando a sus comunidades religiosas (conventos, residencias, colegios, etc.) el estilo celebrativo de los neocatecumenales.
Por ejemplo, se nota hasta en las religiosas y monjas de clausura, en sus respectivos conventos o monasterios. Son detalles, pequeños particulares que denotan que se han formado en comunidades y mantienen la impronta neocatecumenal, afectando, de alguna u otra manera, al modo de celebrar de las comunidades religiosas o monásticas en las que han profesado. Se ha dado en algunas ocasiones incluso una de-formación, a la inversa: Las novicias procedentes de las comunidades neocatecumenales han 'formado' en el espíritu neocatecumenal a sus maestras de novicias, extendiendo su influencia al resto del convento. Digo esto sólo como ejemplo anecdótico, pero ilustrativo de hasta dónde ha llegado la influencia de los grupos neocatecumenales.
La deformación en las parroquias ha sido mayor, porque los fieles, al ver que el sacerdote presta a las comunidades neocatecumales una dedicación exclusiva y reservada, entienden que la forma de la celebración de las comunidades es una especie de nivel superior de participación-integración en la parroquia y en la Iglesia, y tienden, consciente o inconscientemente, a la imitación: La comunión en la mano, los cantos, los comentarios, las oraciones, las posturas corporales, etc.
Si lo que dice Magister ha sucedido tal y como lo cuenta, el caso se ha vuelto no sólo preocupante, que ya lo era, sino un verdadero problema, con graves implicaciones en la Curia, y entre los implicados figura nuestro Cañizares:
Lo que sucedió es que el pontificio consejo para los laicos, presidido por el cardenal Stanislaw Rylko, había preparado el texto de un decreto de aprobación global de todas las celebraciones litúrgicas y extralitúrgicas del Camino neocatecumenal, que tenía que hacerse público el 20 de enero en ocasión de un encuentro previsto del papa con el Camino.
El decreto había sido redactado por indicación de la congregación para el culto divino, presidida por el cardenal Antonio Cañizares Llovera. Los fundadores y líderes del Camino, Francisco "Kiko" Argüello y Carmen Hernández, fueron informados de ello y anticiparon felices a sus seguidores la inminente aprobación.
Todo sin el conocimiento del papa.
Benedicto XVI vino en conocimiento del texto del decreto pocos días antes del encuentro del 20 de enero.
Lo encontró inconexo y equivocado. Ordenó que se anulara y se volviera a escribir según sus indicaciones
Todo esto que ocurría antes y durante la audiencia de Benedicto XVI a los neocatecumenales, el pasado 20 de Enero, ahora sale a la luz, con esa especie de notoriedad oficiosa que confiere a la noticia el artículo de Sandro Magister y el vídeo de la agencia Rome-News.
¿Cómo están recibiendo en las comunidades neocatecumenales esta (inesperada? prevista?) revisión-examen-juicio? ¿Habrá un dictamen definitivo? ¿Se aceptará formalmente? ¿Se eludirá intencionalmente? ¿Recurrirán, habrá apologías? ¿Habrá resistencia? ¿Tendrá consecuencias?
Todas estas cuestiones y otras más podrán articularse o ya estarán movilizándose, en tanto en cuanto la cuestión está siendo debatida en las más altas instancias eclesiales. Hasta ahora, la polémica neocatecumenal se ha venido planteando en otros niveles, parroquiales y diocesanos, ahora se dirime ante un alto e inapelable tribunal.
Conociendo la tendencia característica de Roma para estos casos, se procurará moderación y contención, se evitarán lesiones traumáticas y se buscará un consenso equilibrado y satisfactorio. El fundador, Kiko Argüello, no parece ser hombre de rupturas; sus hermanos de comunidad, sin embargo, dejan entrever actitudes más radicales, imbuídos, como están, del pneumatismo carismático neocatecumenal. Nacidos, crecidos y confirmados en una muy determinadas formas litúrgicas no van a tener fácil el sujetarse ahora a criterios uniformadores.
Pero, históricamente, esa ha sido una de las tendencias más firmes y constantes del rito católico-romano: Conformar la liturgia, erradicar particularismos e instaurar un rito único y común; así ha sido desde la más remota antigüedad. Siguiendo ese criterio, desaparecieron o quedaron reducidos a excepciones locales ritos tan venerables como nuestro visigótico-mozárabe o el ambrosiano. Así también se procedió (no obstante el liberal 'espíritu del V2º') cuando la tremenda reforma litúrgica del post-concilio, impuesta desde Roma inflexiblemente. ¿Así se procederá también ahora? ¿O se contemplaran algunas salvedades por mor de las peculiaridades y circunstancias del movimiento neocatecumenal?
Habrá que esperar; no sé decir si tendremos respuesta pronto o si ese exámen de la 'eucaristía neocatecumenal' se dilatará...¿hasta cuándo? ¿Podrá el Papa Benedicto pronunciar una sentencia terminante? ¿Le dejarán? Si el preludio de este capítulo ha estado tan 'enrarecido' como cuenta Sandro Magister, ¿cómo será su desarrollo, cuántas presiones, interferencias, ralentizaciones, intervenciones, cortes, golpes, roces, addendas y corrigendas etc. etc. etc. sufrirá durante su proceso?
Se me olvidaba decir que, como otros graves problemas, este es uno más de los dejados pendientes por el beato (¡súbito!) Juan Pablo II, el del largo pontificado y las magnas e irresolutas herencias.
+T.
miércoles, 11 de abril de 2012
Silencio avisen o amenacen miedo
No le tengo gusto a Günter Grass, apenas recuerdo algo de El Tambor de Hojalata y algún hojeo de El Rodaballo. Pero simpatizo con él desde hace unos días, por el anatema que le han echado los israelíes.
Lo han dicho guardando cierta corrección política, en términos de rancia diplomacia: Günter Grass declarado persona non grata, pero en realidad es una actualización del terrible 'herem' (Lv 27,29) aquella tremenda institución del Levítico que consagraba al exterminio a todo ser viviente.
Como habrán comentado otros, supongo (no he leído más que algunos articuletes, pocos), la maldición israelí equivale a la condena que el ayatolá Jomeini lanzó contra Salman Rushdie, que asoma tímidamente la cabeza, de vez en cuando, porque sabe que desde la sentencia del ayatolá tiene garantizada una 'muerte islámica'. A Rushdie le cayó encima el odio mahometano por una novela, a Günter Grass por un poema.
"Was gesagt werden muss" ( aquí en español )
El poema es una especie de catarsis que un alemán comprenderá mejor que nadie, porque no se entiende suficientemente si no se advierte que es el sentimiento desbordado de una inculpación histórica que se desata una mordaza impuesta (¿por todos? ¿por algunos? ¿por quasi-todos?) rebelándose contra una autocensura nacional-sicológica y clamando contra lo que todos entienden que es uno de los mayores peligros activos para la paz internacional. Eso es, resumiendo, el poema de G. Grass.
Con Iraq arruinado por la canallesca intervención de los USA de Bush, con todas las repúblicas islámicas del Mediterráneo y el Oriente Medio revolucionadas por una 'primavera árabe' que no se sabe en qué parará, con Siria al borde de la 'iraquización' y el Irán con la susceptibilidad de los ayatolás siempre hipertensa, el belicismo del estado de Israel es una bomba en forma de balón en mitad de un estadio de fútbol.
Apuntar la escopeta contra un señor premio nóbel de 84 años que escribe un poema diciendo lo mismo que piensa cualquiera medianamente consciente, define desfavorablemente, pero muy descriptivamente, a los dirigentes del estado de Israel.
¿Todo el mundo odia a Israel? Esa es la conclusión, afirmativa, que sacan los israelíes, en casos como este. Ignoro si se plantean también la cuestion y se preguntan, congruentemente: ¿Israel odia a todo el mundo?
Lo que me parece evidente, y comparto con Günter Grass, es que Israel teme a todo el mundo, y todo el mundo teme a Israel.
+T.
martes, 10 de abril de 2012
El Santo Entierro por la Pepa
Me enteré ayer noche: En Cádiz, por el bicentenario de La Pepa (la proto-constitución de 1812) montaron el Santo Entierro Grande.
Porque según los cánones y parámetros cofradieros, un Santo Entierro Grande es el non plus ultra, un acontecimiento que sólo se monta de hito en hito. En Sevilla, el último fue cuando la Expo, la mar de elocuente, dado el caso, también.
Un Santo Entierro Grande es una magna procesión con todos los pasos de Semana Santa ordenados según la cronología de los Misterios de la Pasión, fuera del orden habitual de días y precedencias históricas que rigen para las Cofradías. Suele empezar el cortejo con el paso de la Entrada en Jerusalén, y se cierra con el de la urna del Cristo Yacente y detrás la Virgen de la Soledad.
El invento no es de ahora, sino que consta que allá por los tiempos pre-constitucionales, con motivo de la visita de algún huésped real, se montaba la magna cofradía para deleite de propios y extraños. No recuerdo bien, pero me parece que cuando estuvo en Sevilla Pepe Botella, el efímero José I Bonaparte, alguien propuso homenajearle sacando a la calle el Santo Entierro Grande. La cosa no prosperó porque la mayoría de las hermandades se negaron a salir, aunque hubo algunas que se prestaron y cumplieron una santa pantomima, tan falsa como el reyezuelo napoleónico.
Total, que cuando me enteré que Cádiz solemnizó los dos siglos de La Pepa sacando el Sábado Santo el Santo Entierro Magno, me transporté en un rapto mental a la España más decimonónica, la de Fernando el Deseado y Rafael del Riego, la de los liberales y los servilones, la de los cristinos, los isabelinos y los carlistas, la de Calomarde y Mendizábal y todos los demás. Una España que lo mismo derribaba conventos y demolía iglesias que organizaba Santos Entierros magnos, con toda pompa y circunstancia.
Que en la España post-zapaterista, que en la Andalucía laicista del bajón social y el hediondo estercolero socialista, para festejar por todo lo alto el invento constitucional de 1812, salga el Santo Entierro, es tan alegórico como realmente simbólico.
Considerándolo bien, quizá sea lo más apropiado, porque lo mejor que tenemos, después de todo, es la Semana Santa, con todos sus perifollos.
¿O no?
+T.
Cuánta mitra sobre coco hueco !!
Como salió tronado de Cartagena-Murcia con todo aquello de la universidad y el kiko inclemente que le hostigó (aunque la cosa sería ad invicem, imagino), se comprende que tenga su espinita, como la copla, y que se la quiera sacar, con algún gesto, con notoriedad.
Pero la santidad incluye, por concomitancia, todas las virtudes, con la prudencia y sus derivadas, que no deben faltar, más aun teniendo oficio de prelado y siéndolo en circunstancias como las que concurren hodierna die.
Catilinarias mayores echa un servidor desde el púlpito, y sin papeles, y sin guión. Pero sentarse con mitra a leer lo escrito en cuatro folios y que lo que se lea fuera lo que se leyó, deja a su ilustrísima en suspensión de discreción de juicio. A pesar de los aplausos que la galería neocón dedica con fervor a su ilustrísima.
Que lo gay-militante es un horror (que lo es), se puede predicar el año entero; pero meter el tema homo-que-te-como en un sermón de Viernes Santo, es una quasi blasfemia. Siento que su ilustrísima no lo haya advertido. Y no lo siento por su ilustrísima, sino por el Viernes Santo.
Además con TVE. Que al final se pregunta uno si no sería la TVE lo que decidió a su ilustrísima a homosexualizar etc. el sermón. Que a mí me parece que sí, que fue por eso, por dar el campanazo con TVE y todo.
Cuentan que allá por años en que Roma languidecía embriagada de humanismo rinascimentale, un año, en San Pedro, uno de los prelados-canónigos de la Basílica - creo recordar que fue Tommaso-Fedra Inghirami, el bizco retratado despiadadamente por Rafaello - pronunció un sermón el Viernes Santo en el que no citó ni una vez ni el Antiguo ni el Nuevo Testamento, sino que todo fueron citas de los clásicos, griegos y latinos, acomodadas, con pedante artificio oratorio, a la liturgia del día. Se comportó como un hombre de actualidad, recurriendo a la moda del momento y las circunstancias de la época, su época.
Pues lo mismo, mutatis mutandis, nuestro televisado prelado: Lo actual se ha impuesto a lo eterno, travistiendo (nunca mejor dicho) un sermón de Viernes Santo con detalles y particulares que no debieran escucharse en mitad de unos Oficios de la Pasión del Señor.
¡Como si no hubiera días para sacar a relucir esos trapos!
Fue un año a predicar una de las novenas de mi pueblo un jesuíta con cierta reputación de buen orador. Una de las tardes de la novena acompañaba yo a mi madre. El predicador se enzarzó en una diatriba contra los vestidos cortos de la mujeres y la forma en que vestían las jóvenes, diciendo cosas como estas: "...y yo no digo que sean zorras, pero sí digo que 'zorrean'..." (sic). Y estuvo todo el sermón 'zorreando', más de media hora del mismo tema con variaciones. A la Virgen, ni la nombró.
En cuanto acabó la Misa, se levanta mi madre y busca con los ojos a una de sus co-beatas, le hace señas, me agarra del brazo (yo tendría 16 ó 17 años), y nos fuímos directos a la sacristía:
Mi madre -"¿El Padre Xçñ?? Mucho gusto. Mire padre, vengo a quejarme del mal rato que nos ha hecho pasar con el sermón, hablando usted como si estuviera en una taberna, de cosas y con palabras que un hombre con vergüenza no se atrevería a decir, ¿me entiende usted? Que el año tiene muchos días y usted predicará en muchos sitios para que tenga usted que venir a la novena de la Virgen a hablar de esas cosas tan impropias. ¡Hable usted de la Virgen! y lo demás déjelo usted para cuando le de catequesis a los novios"
Pues lo mismo, poco más o menos, le diría yo al perlado (sic).
Y que si tiene ganas de guerra, que se vaya con un megáfono a Fuencarral y alrededores, y eche el sermón en una de aquellas esquinas. A ver qué pasa.
Pero el Viernes Santo, si quiere improperios, que se limite a los litúrgicos, que son suficientes y elocuentes.
n.b. Atención con los comentarios, please: Comenten con tiento y poca disensión, porque ya saben Uds. que, en estos casos, no se admiten discrepancias, salvo las dosificadas con cuentagotas.
+T.
domingo, 8 de abril de 2012
La emoción del dolor, el amor y la Vida
In tribulatione sua mane consurgunt ad me venite et revertamur ad Dominum
quia ipse cepit et sanabit nos percutiet et curabit nos
vivificabit nos post duos dies in die tertia suscitabit nos et vivemus in conspectu eius Os 6,1-3
En los días previos a la Pasión del Señor son varias las escenas en que sus discípulos le muestran un afecto emocionado, desbordado a veces. Como Pedro, que le confiesa su decidida adhesión -"...Aunque tenga que morir contigo, jamás te negaré" Mt 26,35; o Tomás -"...subamos y muramos con él" Jn 11,36; o María de Betania, rendida en sentimientos a los pies del Señor, ungiéndole en casa de Lázaro Mt 26,6-13; Mc 14,3-9; Jn 12,1-8
Después, durante la Pasión, el miedo se impone a la emoción, casi ocultándola, hasta que vuelve a aparecer expansionada en dolor, un dolor funerario que parece querer compensar post mortem lo que en vida no supieron o no pudieron amar. Es una reacción muy común, característica.
Así comparecen las Miróforas, al alba del Domingo, yendo con ungüentos y con lágrimas al sepulcro de Jesús. Los hechos, sin embargo, se les imponen de forma inimaginada: Iban preparadas para encontrarse con la muerte y se les presenta contundentemente el hecho de la Resurrección: "...No está aquí: ¡Ha resucitado!" Mt 28 1-8; Mc 16, 1-8; Lc 24, 1-10; Jn 20,1-2
Los Evangelios de la mañana de Pascua son así, como flashes tomados con cámara en directo, con primeros planos, que pasan de las lágrimas de dolor a la estupefacción perpleja, y luego al miedo sobrecogido, y después al ansia expectante y finalmente a un gozo interior encendido en fervor que poco a poco consigue aflorar en palabras, por fin: "...¡Es verdad, ha resucitado!..." Lc 24, 34ss. Y así, hasta que la tarde, con la aparición a todos en el Cenáculo (Lc, 24 36 ss. y Jn 20, 19ss.) , serena en alegría luminosa la convulsión de aquella mañana de gloria inefable.
Inefable es lo que no se puede hablar porque no se sabe cómo, porque no se atina, porque la realidad de lo admirado supera la capacidad de nuestra expresión mental y verbal. A los testigos de la Resurrección les sucedió lo que a la Virgen, que estando en medio del Misterio, "...conservaba todo aquello meditándolo en su corazón" Lc 2, 19 y 51.
Ella llevaba toda una vida interiorizando el Misterio y co-participándolo. Ahora, en unas pocas horas, los Apóstoles y los discípulos estaban compartiendo la misma gracia: Ver, oir, tocar, creer, guardar en el alma y vivir en el Misterio.
Cuando se nos proclama a nosotros el Misterium Fidei, nos están convocando a lo mismo.
Crucen Tuam adoramus, Dómine, et Sanctam Resurrectionem Tuam laudamus et glorificamus...!!!
+T.
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