viernes, 6 de abril de 2012

Stabat Mater...dum pendebat Filius

Silencio, huellas, sangre...


Todavía - gracias a Dios - es frecuente encontrar a gente piadosa que dedica la mañana del Viernes Santo a visitar el Monumento y hacer un rato de oración, o estar unas horas acompañando al Señor, oculto en el Sacramento. Son fieles especiales, personas bien formadas, que saben reservar esos minutos de culto personal a Cristo en la mañana de su Pasión, buscándolo y encontrándolo en el Misterium Fidei.

Repito muchas veces, cuando predico durante la Cuaresma y la Semana Santa, y también por la Pascua, y el año entero, que en el altar siempre es Jueves Santo, Viernes Santo y Domingo de Resurrección, porque Él quiso que en su Sacramento el tiempo se concentrara realmente como es real su presencia, dejándonos un memorial vivo de todas las horas y días de la Pasión y la Resurrección: Todo está en el Sacramento del Altar.

Cuando amanece el Viernes Santo, un silencio especial, como ninguno de ningún otro día, envuelve la mañana del día de la Pasión de Cristo. Parece como si el mundo se recogiera con un temor reverente que se presiente en el aire, en la luz, en el ambiente del Viernes Santo. Dentro de la iglesia, junto al Monumento, los que están adorando entran, con más o menos consciencia, en ese tiempo sagrado que comunica el presente con el Misterio, todo desde el Sacramento, participando las horas de la Pasión con los minutos de su oración.

Me impresionó cuando lo ví un video con algunas escenas del rito dei battenti, una devoción penitencial que se practica desde hace siglos en algunas localidades de la Calabria, el Viernes Santo: Los penitentes se hieren las piernas con una especie de cepillos de cardar, con puntas, y sangran mientras van de iglesia en iglesia, con gente detrás. Al llegar a la puerta del templo, se arrodillan y salpican con la sangre el umbral y las losas, como dejando un cruento testimonio de que estuvieron allí y cumplieron su penitencia.



Así quedó Jerusalén, marcada con la Sangre del Señor. En el suelo de la Ciudad Santa quedaron señaladas las huellas del Redentor, sus piedras fueron salpicadas con su sangre, el mundo se manchó con ella, como una prueba clamorosa de su Pasión.

Era - ¡es! - la Sangre del Cordero de Dios que nos marca con una señal de amor sacrificado, para nuestra salvación. ¡Que el mundo no lo olvide!

Pero el mundo olvida, o no quiere recordar, o ignora la Pasión del Hijo de Dios. Por eso el silencio de las cosas del Viernes Santo, el silencio del universo interior de las almas que se recogen reverentes, temerosas, en torno al Monumento de la Pasión, que nos recuerda que su Sangre está presente, que viven las Cinco Llagas de la Pasión, gloriosas pero abiertas, que está presente y activo el Cordero Divino, el Cristo de la Pasión, que su sangre fue derramada y se sigue ofreciendo, la misma, en el cáliz de cada Misa, que su Cuerpo, el mismo, sigue elevándose sobre el Altar atrayendo a todos hacia Él, convocando a todos a la salvación por su Pasión y su Cruz.

Antes, cuando los campanarios marcaban las horas, el silencio del Viernes Santo se rompía con el toque de la matraca, seco, destemplado, como una carrañaca estridente que saltaba de tejado en tejado, de esquina en esquina, dejando en el aire el aviso seco del tablón golpeado, de la madera percutida, como un eco de los golpes de la Cruz, de los sonidos del Calvario.

Adoramus Te, Christe, et benedicimus Tibi, quia per Sanctam Crucem tuam redemisti mundum

+T.

Horas de vela


No es lo mismo el Monumento de tarde de Jueves Santo que el Monumento de madrugada de Viernes Santo. Ni se reza igual en uno y en otro. Si los rezos de la tarde son dorados, dulces como un panal de miel de Eucaristía, las oraciones de la madrugada son densas, con repentinas tristezas, y algún desconsuelo, y algún temor. Es la distancia que va del Cenáculo a Getsemaní.

Tiene que ver la luz, la cera recien encendida, que alumbra brillante y blanca; y la cera bien prendida, que da luz más amarillenta, con alguna vela humeando un hilo negro que sube desde la punta de la llama y se pierde en el aire de la capilla.

También es por el aire, fresco y oloroso, a flor, a incienso, cuando ponen al Señor en el Monumento; poco a poco, cuando los cirios se van consumiendo, templan el ambiente, cada vez más cargado, con olor a cera ardiendo y a flor agostándose.

Los sonidos de fuera cambian, primero, por la tarde, el murmullo de los que salen de la iglesia y los que entran; más tarde son menos las voces, pocas y con un timbre más bajo. Cuando anochece, se escuchan los pasos de los que van por la calle. Y de madrugada sólo los ecos de la noche, lejanos.

El ruído de dentro cambia también; primero se va ralentizando, amortiguando, y después el interior del templo se torna extrañamente sonoro, cada hora más intensamente, hasta que por la madrugada el crujido de un banco es un clamor y un libro que se cae arma un estruendo.


...Y el sueño, las cabezadas y los ojos pesados, que parece como si el primer Getsemaní se contagiara a todos los Monumentos del mundo, como un detalle que no debe faltar, como si los Ángeles quisieran probar que todos los hombres se duermen cuando les toca velar junto al Señor.

Con el Señor que se entrega a la Pasión, propter nos homines et propter nostram salutem.

"...et venit ad discipulos et invenit eos dormientes et dicit Petro sic non potuistis una hora vigilare mecum vigilate et orate ut non intretis in temptationem spiritus quidem promptus est caro autem infirma..." Mt 26, 40ss.

+T.

martes, 3 de abril de 2012

Una cofradía sin imágenes


Ayer, Lunes Santo, por la tarde, la Hermandad de la Vera-Cruz de Sevilla hizo su estación penitencial a la Stª Iglesia Catedral, sin imágenes. Es decir, sin pasos. Sólo llevaron en procesión el relicario de plata con el Santo Lignum Crucis.

La expectación del transcurso de la cofradía por las calles mojadas de Sevilla, circunspecta o perpleja, según quien mirara, aparece hoy recojida en la prensa como una rareza, algo nunca visto. El youtube da una idea de como fue todo:



El video recoje el paso de la cofradía por la calle Tetuán, de vuelta de la Catedral. El cortejo (salvo cuatro parejas de niñas con coleta disfrazadas impropiamente de monaguillos) es magnífico, solemne, con ese punto de gravedad que las cofradías 'de silencio' saben imponer cuando salen a la calle. No sé si van todos los hermanos; me imagino que algunos se quedarían en la capilla de la calle Jesús, rezando junto a las Sagradas Imágenes del Stmº Cristo de la Vera-Cruz y María Stmª de las Tristezas. Sí se ve en el video el tramo de representaciones de las Hermandades de Veracruz de la Archidiócesis, unidas a la archicofradía. El Stº Lignum Crucis iba precedido por la capilla musical, servidores de librea con faroles de mano y los acólitos con ciriales e incensarios; no sé si es el Hnº Mayor quien porta el relicario, u otro miembro de la Junta de Gobierno. Detrás siguen los tramos de la Virgen, con cera blanca. El lugar del palio de la Virgen de las Tristezas parece haberse señalado con dos ciriales y acólitos, y al final el tramo del preste, con monaguillos y acólitos acompañantes.

In illo témpore, cuando la génesis de las cofradías y hermandades penitenciales, desde finales del siglo XIV a fines del XVI, las formaciones cofradieras hacían sus estaciones de Semana Santa de forma parecida a como procesionó ayer la Hdª de VeraCruz: Hermanos de luz con cirios, hermanos penitentes con cruz al hombro, disciplinantes, algunos estandartes y banderas, y un crucifijo de tamaño regular, alzado o en andas, en el centro de la cofradía; si asistía el clero parroquial, cerraban la comitiva el preste y los ministros asistentes, con pluviales.

Sólo desde el último tercio del XVI, en torno a 1570, se fueron incorporando de forma estable algunas imágenes al cortejo cofradiero. Entre las más antiguas en procesionar, incluso anteriormente a esta fecha referencial, es fama en Sevilla que fue una de ellas el precioso Stmo. Cristo de la Veracruz, que ya era una de las efigies sacras más veneradas en la ciudad. La escultura, de tamaño menor que el natural y de rasgos gótico-arcaizantes, se data en torno al último tercio del siglo XV. Tiene un valor iconográfico añadido por haber sido el modelo-tipo que inspiró a otras imágenes del mismo título veneradas en hermandades agregadas a la antigua archicofradía sevillana, con ejemplares, relativamente reconocibles, en diversos lugares de la provincia de Sevilla, en Andalucía y también otros en América (virreinatos de Méjico y Perú).

Ayer, cuando no procesionó, la ausencia de la Sagrada Efigie fue más notable en tanto era su falta, y no otra cosa, lo que marcaba de forma excepcional la estación penitencial.

Sin embargo, hará diez años, más o menos, recuerdo una conversación que tuve con la junta de gobierno de la Hermandad del Gran Poder (era entonces hnº mayor D. José León-Castro y uno de los consiliarios D. José Ortíz Díaz), al terminar uno de los días del tríduo cuaresmal que dedican cada año a la Virgen del Mayor Dolor y Traspaso. Expresamente, les expuse al hnº mayor y a los otros señores de la mesa la posibilidad de que, en caso de lluvia u otras circunstancias que no permitieran la salida de las Sgdas Imágenes Titulares, la cofradía pudiera cumplir la estación penitencial yendo desde su Basílica a la Catedral con el cortejo formado, con la Cruz de Guía al frente, algunas insignias de los tramos del Señor y (sugerí) el Simpecado al final de los tramos de cera blanca de la Virgen, con el preste y sus acompañantes cerrando la procesión. Fue una conversación de sacristía, con los comentarios subsiguientes, unos aprobantes y otros discrepantes. Pero mantuve la idea, que me parecía digna de consideración por una hermandad como la del Gran Poder, con seriedad suficiente para echarse a la calle con esta otra modalidad estacional, sin imágenes (por aquellos años, creo recordar que habían sido dos, seguidas, las madrugadas que el Gran Poder no pudo salir por amenaza de lluvia inclemente).

La conversación se perdería como se desvanecen tantas iniciativas y propuestas, meras anécdotas en tertulias de capillitas sevillanos. Lo que no imaginaba entonces era que al cabo iba a ser la Hermandad de la Vera-Cruz la que se atreviera a salir sin pasos, tan consecuentemente con el espíritu penitencial que se supone en las reglas de las cofradías, que no son reglamentos para sacar pasos con imágenes, sino normas de vida, interior y exterior, para los hermanos de la corporación.

Las imágenes no son la hermandad, ni los pasos son las cofradías: Las hermandades son corporaciones de fieles, son los hermanos los que forman la cofradía, al extremo de que unas imágenes sin cofrades que les tributen culto, no son hermandad; pero unos fieles sin imágenes a las que rendir culto, sin iconos titulares, sí pueden ser hermandad, sí pueden ser cofradía, y hasta pueden hacer estación penitencial, et nihil obstat.


Dios quiera que el acto que decidieron ayer los señores hermanos de la Vera-Cruz de Sevilla sea tomado como ejemplar y otras muchas cofradías se atrevan a cumplir de la misma manera sus estaciones penitenciales, cuando las inclemencias naturales impidan la procesión de las Sagradas Imágenes. Y Dios nos libre de la inculta pacateria malformada y deformada de los pseudo-cofrades de folklore y fiesta, ignorantes de quasi todo, de ínfima espiritualidad y mínima sinceridad devocional, Dios nos libre.

Lo peor es que esta clase de cofrades ínfimos son los que ocupan los medios, los programas de radio y televisión, los foros de internet y demás puntos de publicidad y opinión. Me temo que no aprecien lo que vale una estampa como la que nos regalaron ayer noche los hermanos de la Vera-Cruz.

Dejo para el final, no obstante, esta consideración: Las Imágenes Sagradas no son un mero aditamento prescindible, sino un valioso elemento auxiliar del culto y la devoción cristiana. Tanto es así que dejan patente la impresión de su vacío si por cualquier motivo desaparecen de su lugar/tiempo de culto habitual, aunque en el rito católico romano su culto no sea estrictamente litúrgico sino, más bien, como en este caso, de carácter devocional popular.

A la Hermandad de la Vera-Cruz hay que darle una muy honrosa felicitación, y animarla para que se decida a fijar en sus reglas lo que ayer fue, por lo pronto, sólo una decisión excepcional. A ver si las otras cofradías (¿cuántas?) son capaces de imitar el buen ejemplo.

Y al Cristo de la Vera-Cruz hay que rogarle que nos libre de vernos obligados a dejar de sacar su Santa Imagen.

Crucem tuam adoramus, Domine!

+T.

lunes, 2 de abril de 2012

Tarde y corta: La censura de Torres Quiroga


La recien pubicada nota de la Conferencia Episcopal Española, Comisión de Doctrina de la fe, Notificación sobre algunas obras del Prof. Andrés Torres Queiruga, llega tarde y es insuficiente.

1. Tarde, porque el mal ya está hecho, Torres es un viejo profesor con muchos años de docencia y muchas publicaciones, mucha gente que le ha leído y muchos alumnos (entre ellos muchos sacerdotes, religiosos y monjas) que han sido infectados por su mala doctrina no-católica

2. Insuficiente porque no impone censuras canónicas al autor en cuestión, sobre el que se espera, a estas alturas, que "... siga clarificando su pensamiento y lo ponga en plena consonancia con la tradición de fe autorizadamente enseñada por el Magisterio de la Iglesia." (ver final de la
nota).

Item más: Es insuficiente porque no dilucida la verdadera cuestión en este caso de Torres Quiroga y otros pseudo-teólogos de su estilo: ¿Es o no es cristiano? Porque que no es católico, queda claro apenas se asoma uno a alguna de sus obras, cuyas exposiciones del dogma y la doctrina son parciales, insuficientes o extrañas según el cánon del Credo Catolico. Que ha dejado de ser católico, que sus obras no son doctrina católica, ya lo sabemos. Lo que dudamos es de que se mantega todavía cristiano: ¿Cree y confiesa el dogma de la Trinidad? ¿Cree y confiesa la Encarnación del Verbo según la fe católica apostólica? ¿Cree y confiesa todos y cada uno de los artículos del Credo niceno-constantinopolitano?

De pasada, diré que denota un sumo mal gusto quien se haya tragado un libro de Torres Quiroga, cuyas deficiencias doctrinales van parejas con una pesada y mal digerible exposición, que repite lo que corre (desgraciadamente) por otras tantas obras de otros tantos como él: Un autor provinciano, poco o nada interesante, que no aporta nada bueno y repite mucho malo.

Por lo demás, el valor efectivo de la nota de nuestra CEE queda en un suspenso indefinido, sin consecuencias para el examinado: ¿Se le prohibe la enseñanza, las publicaciones, la intervención en foros y eventos católicos? ¿Se le impone alguna censura canónica en cuanto sacerdote ordenado?

¿Se manda a a los fieles católicos que dejen de adquirir y leer las obras de Torres Quiroga, advirtiéndoles claramente de los errores que contienen y del pecado contra la fe que cometen si las reciben, comparten y/o contribuyen a su difusión? ¿Se les prohibe a las editoriales y librerías reconocidas como católicas la edición, distribución y venta de los libros del susodicho?

Es que si no, la nota se queda en un ejercicio sin consecuencias prácticas, un mero toque de clarín, un aviso en la plaza.

p.s. Por cierto que al leer algunas partes de la nota de la C.D.F de la CEE se me han venido a la mente, como flashses, algunas imágenes equívocas del más alto nivel: El beato JP2º besando el corán, los escenarios de Asís 1, 2 y 3, y otras instantáneas, passim, todas confundentes, de las que se pueden sobreetender doctrinas como las que enseña Torres Quiroga más extremamente, sin duda. Pero de aquellos polvos estos lodos (¿o al revés?).

+T.

domingo, 1 de abril de 2012

Entra el Rey de la Gloria


El sol ha dorado con rayos más bellos
la nueva mañana que luce esplendente;
relucen el oro y la piedra del Templo,
parecen espejos las puertas de bronce.

Las voces salmodian los himnos del alba
al Dios de Israel, Inmortal y Fuerte,
al tres veces Santo, al Omnipotente
que rige los cielos, el mar y la tierra

con todas sus cosas, con todos sus seres,
que juntos le alaban arriba en la altura
y abajo en el mundo; todas las criaturas
rendidas le aclaman con honor y gloria:

Bendito el Eterno, el Rey de la Gloria,
bendito el Señor de las alturas,
por siempre bendito, por todos los siglos,
que le canten los ángeles todos.

Y aquella mañana, brillante, dorada,
la voz de los graves levitas del Templo
siguió prolongada, firme, como un eco:
Bajaban del monte cantares y voces
de gloria y loor, un clamor, un torrente
de gente alabando, hombres y zagales,
mujeres y niños decían ¡Hosanna!
ancianos y mozos gritaban ¡Bendito!

¡Hosanna en el Cielo y Gloria en la altura!
¡Bendito sea el Reino que llega!
¡Hosanna al hijo de David! ¡Hosanna!
¡Bendito el que viene en nombre de Dios!

...in crastinum autem turba multa quae venerat ad diem festum cum audissent quia venit Iesus Hierosolyma acceperunt ramos palmarum et processerunt obviam ei et clamabant osanna benedictus qui venit in nomine Domini rex Israhel et invenit Iesus asellum et sedit super eum sicut scriptum est noli timere filia Sion ecce rex tuus venit sedens super pullum asinae Io 12, 12ss

Bello como el sol, limpio como el cielo,
la faz del Rabí lucía radiante,
serenos sus ojos, paz en su mirada,
los labios moviendo oraciones,
con suave sonrisa de gracia.

Llevaba las manos abiertas, tendidas
en signo de paz, de regia ventura,
sublime en su gesto de Rey sobrehumano,
sencillo y cabal, humilde y sincero:

...Mira, Sion, a tu rey,
montado sobre un borriquillo,
no temas: ¡Bendito el que viene
trayendo la paz a tus muros!...

Traía los cabellos ungidos,
aromas dejaban sus ropas
que olían a nardo especioso,
a bálsamo, a incienso,
a mirra y a ungüentos de oriente.

La gente, admirada, extasiada
ante aquel Rey de reyes
humilde de alma,
de mansas entrañas,
le echaban al paso sus mantos,
tocando la orla del suyo.

Los niños cantaban coplas de victoria,
tocaban alegres las palmas,
trinaban con vivas batiendo los ramos
de olivos y palmas airosas.

Era un clamor desde el Monte
de los Olivos, bajando
de Betania y Betfagé...


"...Y sucedió que, al aproximarse a Betfagé y Betania, al pie del monte llamado de los Olivos, envió a dos de sus discípulos, diciendo: -"Id al pueblo que está enfrente y, entrando en él, encontraréis un pollino atado, sobre el que no ha montado todavía ningún hombre; desatadlo y traedlo. Y si alguien os pregunta: - "¿Por qué lo desatáis?", diréis esto: "Porque el Señor lo necesita." Fueron, pues, los enviados y lo encontraron como les había dicho. Cuando desataban el pollino, les dijeron los dueños: -"¿Por qué desatáis el pollino?" Ellos les contestaron: «Porque el Señor lo necesita. Y lo trajeron donde Jesús; y echando sus mantos sobre el pollino, hicieron montar a Jesús. Mientras él avanzaba, extendían sus mantos por el camino. Cerca ya de la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los discípulos, llenos de alegría, se pusieron a alabar a Dios a grandes voces, por todos los milagros que habían visto. Decían: -"Bendito el Rey que viene en nombre del Señor! Paz en el cielo y gloria en las alturas." Algunos de los fariseos, que estaban entre la gente, le dijeron: -"Maestro, reprende a tus discípulos." Respondió: -"Os digo que si éstos callan gritarán las piedras." Lc 19, 29-40

Y el Cristo que Dios
mandaba a su pueblo
entraba aclamado
en la regia Sión.

Sería su trono
la Cruz, su corona
de espinas, el cetro
una caña. Su faz no ocultó
a injurias ni a golpes,
su espalda azotada,
sus manos clavadas,
sus pies traspasados,
su pecho con lanza
herido hasta el centro,
con sangre y con agua,
manante en regueros
de santa virtud.

Por eso la luz
refleja su gloria
en la faz del Cristo
que entra jubiloso
para ser Cordero,
sacerdote, hostia y ara,
de Alianza Nueva
de eterna salud.

Ave, Rex noster, Fili David, Redémptor mundi, quem prophétæ praedixérunt Salvatórem dómui Israël esse ventúrum. Te enim ad salutárem víctimam Pater misit in mundum, quem exspectábant omnes sancti ab orígine mundi, et nunc: "Hosánna Fílio David. Benedíctus qui venit in nómine Dómini. Hosánna in excélsis".

+T.

viernes, 30 de marzo de 2012

Septenario, Stabat Mater, devociones y preludios de Semana Santa


Estoy predicando el Septenario de la Soledad; empezó el Viernes pasado y termina el Viernes de Dolores, con el Domingo de Pasión en medio. Se hace desde tiempo inmemorial. Yo recuerdo, hará cuarenta y tantos años, cuando el camino de la Soledad era una vereda ancha, con dos aceras amplias delante de dos filas de casas de tejados bajos, unas acacias de trama en tramo, y algunos bancos de hierro con el asiento de madera. Hoy es una avenida con mucho tráfico, que termina justo donde arranca la pendiente, como una rampa, que sube al porche donde se levanta el santuario de la Virgen.

Justo detrás de la antigua ermita, está el cementerio del pueblo, con la portada pegada al flanco de la nave de la iglesia, junto a la cabecera, por el lado del Evangelio, donde está la sacristía. Un día, uno que no era de del pueblo, me comentó que a quién se le ocurriría levantar el santuario de la Patrona junto al cementerio, le tuve que explicar que fue al revés, que pusimos el cementerio junto a la Virgen, para que amparara a nuestros difuntos y les abriera las puertas del Cielo. Incluso el muro del cementerio que se apoya sobre el paredón que cierra por detrás el camarín de la Virgen, era el lugar más 'deseado' del camposanto, donde están los nichos más antiguos. Mi familia utiliza uno de ellos como osario, justo detrás de la capilla de la Soledad.

Como me traen y llevan en coche, todas las tardes he recogido a mi tía, presumiendo de 86 años, con simpática vanidad senil, casi retando, cada vez que lo recuerda, a quienes todavía cumplimos la mitad, o un poco más. Dios dirá. Pero con el cementerio juntito, el memento mori y el curriculum vitae se vuelven especialmente inquietantes y actualmente congruentes, sobre todo cuando lee el sacristán la lista de los difuntos por los que se ofrece la Misa del septenario.

La gente agradece mucho a la Hermandad que tengan estos recuerdos. La Hermandad como se trata de la Patrona, se siente obligada a estos sufragios por todos los fallecidos durante el año, de cuaresma a cuaresma. Como el septenario es 'doloroso', la nostalgia por los ausentes parece que sintoniza con las preces a la Virgen de la Soledad, la gente asiste con la conformidad más cuajada y la resignación más templada. Llorar con la Virgen llorosa es una condolencia espiritual que ayuda a compenetrarse con el Misterio de la Pasión.

El sacristán canta tods las tardes las coplas de los Siete Dolores:

-"De Simeón la profecía
fue vuesto primer dolor,
cuando dijo que sería
perseguido el Redentor.

!Oh Madre desconsolada,
Madre llena de aflicción!
Ya que sois nuestra Abogada
alcanzadnos el perdón."

Y así una letrilla cada día, acompañando cada uno de los Dolores de Ntrª Srª. Para concluir las preces, justo antes de empezar la Misa, cantan un Stabat Mater popular:

"Está la Madre Dolorosa
al pie de la Cruz llorosa,
donde pende el Redentor.

Oh qué triste y afligida
fuíste, Reína esclarecida,
bendita Madre de Dios!"

El Stabat Mater es un canto compasionista: Contemplando el dolor de la Madre al pie de la Cruz, se le pide a la Virgen que nos asocie a su dolor, a sus lágrimas, a su pena, estrofa a estrofa. Hasta se va pasando de una intención más interior

"Sancta Mater, istud agas:
Crucifixi fige plagas
cordi meo válide"
 
(Madre Santa haz esto: fija las llagas del Crucificado en mi corazón efectivamente)

a otra más explícita, suplicando, casi, una estigmatización:

"...Fac me plagis vulnerari,
fac me Cruce inebriari
et cruore Filii..."

(hiéreme con las llagas (de Cristo), que me embriague en la Cruz y la cruenta sangre del Hijo)

El Stabat Mater es una oración sim-pática, un canto que busca compartir sentimientos, quiere asociarse al dolor de la Virgen Madre por el Hijo, reconociendo en su dolor maternal-virginal la mejor manera de poder sentir el efecto de la Pasión, la Cruz y la Muerte del Señor, interior y exteriormente, con contrición y con lágrimas, amando y doliéndose a la vez.

Popularmente, hoy, Viernes de Dolores, comienza la Semana Santa, con la expectación ansiosa de las vísperas que inauguran las fiestas adelantándolas, con prisa por gozarlas. En Sevilla ya están las Sagradas Imágenes del Señor y la Virgen Santísima en sus pasos, preparados para cumplir la estación penitencial, cubriendo todas las horas de todos los días de la Semana Mayor. Esta tarde ya saldrán algunas hermandades por los barrios de la periferia sevillana, y en algunos pueblos próximos.

Omnia parata sunt!

A mí, sin embargo, la devoción de Semana Santa se me ha ido volviendo más intimista, año tras año. Prefiero el breviario y el rosario, el viacrucis y la corona dolorosa, los Evangelios de la Pasión y lecturas piadosas sobre lo mismo. Quizá porque prefiero imaginar, representarme las escenas interiormente, en el recogimiento que me dan las pobres luces de la piedad personal. A estas alturas, con cincuenta años de vida y veinticinco de sacerdote, me atrae más un Sagrario, el Monumento del Jueves Santo, que todos los pasos juntos de toda de la Semana Santa de Sevilla.

Alguna vez me pregunto si no será por cierta comodidad que huye del ruído, de la gente, de las complicaciones y lo que gusta a todo el mundo. Conste que no me veo monje en una celda, pero también tengo bien probado cuánto me aturde la multitud.

Ahora, por Semana Santa, suelo rematar el rosario o la corona con el Stabat Mater; hace ya muchos años que me lo aprendí. Es una de mis oraciones predilectas, quizá por su mucha intimidad, por la piedad sincera que le pide a la Madre Dolorosa el dolor santo que a nosotros nos falta, la sabiduría de la Cruz que no tenemos:



Stabat Mater Dolorosa
iuxta Crucem lacrimosa,
dum pendebat Filius

Cuius animam gementem,
contristatam et dolentem
pertransivit gladius.

O quam tristis et afflicta
fuit illa benedicta,
mater Unigeniti!

Quae maerebat et dolebat,
pia Mater, dum videbat
nati poenas inclyti

Quis est homo qui non fleret,
matrem Christi si videret
in tanto supplicio?

Quis non posset contristari
Christi Matrem contemplari
dolentem cum Filio?

Pro peccatis suae gentis
vidit Iesum in tormentis,
et flagellis subditum.

Vidit suum dulcem Natum
moriendo desolatum,
dum emisit spiritum.

Eia, Mater, fons amoris
me sentire vim doloris
fac, ut tecum lugeam.

Fac, ut ardeat cor meum
in amando Christum Deum
ut sibi complaceam.

Sancta Mater, istud agas,
crucifixi fige plagas
cordi meo valide.

Tui Nati vulnerati,
tam dignati pro me pati,
poenas mecum divide.

Fac me tecum pie flere,
crucifixo condolere,
donec ego vixero.

Iuxta Crucem tecum stare,
et me tibi sociare
in planctu desidero.

Virgo virginum praeclara,
mihi iam non sis amara,
fac me tecum plangere.

Fac, ut portem Christi mortem,
passionis fac consortem,
et plagas recolere.

Fac me plagis vulnerari,
fac me Cruce inebriari,
et cruore Filii.

Flammis ne urar succensus,
per te, Virgo, sim defensus
in die iudicii.

Christe, cum sit hinc exire,
da per Matrem me venire
ad palmam victoriae.

Quando corpus morietur,
fac, ut animae donetur
paradisi gloria.

Amen.
 
(aquí otras versiones y glosas en español)

Le tengo devoción a ese cuadro que he puesto de imagen de cabecera, una copia de la Dolorosa del Tiziano, del Museo del Prado. En mi casa tenemos dos, esa de la foto, que tengo yo, y otra que está en el pueblo. La mía tiene unos pocos desperfectos en la superficie del lienzo, que tengo que mandar restaurar, a ver cuándo; la que está en casa de mi madre está muy oscurecida, y habría que limpiar la pintura. No sé quién las mandaría pintar, o si se compraron a la vez a algún copista del Prado, sobre 1850-70, calculo yo, en tiempo de mis bisabuelos; son dos copias muy buenas.

Cuando imagino a la Virgen subiendo al Calvario, acercándose al Señor crucificado, me la represento así, como esta Dolorosa del Tiziano: La mirada concentrada, fija, amorosa, llorando intensa pero mansamente, con un dolor interiorizado, profundo como ninguno, inteligente, contemplando el Misterio y meditándolo en su corazón, traspasado de dolor, cumpliendo y entendiendo la profecía de Simeón:
"...et tuam ipsius animam pertransiet gladius //...y a tí, una espada te traspasará el alma" Lc 2,35

...Y yo sé que en esa espada estoy yo, clavado en su corazón, con dolor y con amor.

+T.