domingo, 16 de octubre de 2011

Dos estrambotes


Pues eso: Dos codas, dos propinas, dos 'suma y sigue' a los dos últimos articuletes, el de las restauraciones y el de la 'nuevangelización' (sic).

Lo de la Catedral ha sido un episodio, digamos, de transeuntes versus okupas...con colchones de testigo. Léanlo, si gustan, aquí.

La afección ya es vieja, crónica, porque en tiempos del Arzobispo Fray Amigo se consintieron (¡¿Cómo no?! ¡¡Con mucho gusto!!) todas las okupaciones-protesta. A quienes les daba la gana, por lo que fuera, se les permitía alojarse con mantas, colchones y pancartas dentro de la Catedral. Recuerdo una especialmente vergonzosa que protagonizaron los comunistas del SOC. Recuerdo también lo que me comentó un venerable sacerdote: -"Si no se hubiera perdido la conciencia de lo sagrado, habría que re-consagrar la Catedral en cuanto se fueran esa gente". La gente aquella, los comunistas okupantes, tenían hasta caerolas y hornillos para guisar. Y corramos un tupido velo y no se hable más. Aquellos tiempos fueron así de 'amigables'.

Y de aquellos polvos, estos lodos. Las dos turistas protestonas se han quejado con razón: Si uno paga la visita a la Catedral, tiene derecho a no toparse con escenas de 'gente' que okupa. Si la Catedral se transformado en museo, es justo que reclamen derechos, servicios y atenciones de museo. Si alguien va de visita al Thyssen no espera encontrarse una okupación protesta con colchonetas, valga la comparación.

Por su parte, los okupas protestan contra una consejería de la Junta, o contra la Junta entera, o contra el Gobierno de Zp; no lo sé ni me importa. Pero esta 'gente' no okupan la sede de la consejería que sea, ni ningún edificio oficial. Se meten en la Catedral porque les da la gana y saben que no se lo van a impedir. Las concesiones panfilistas facilitan estos atentados contra lo sagrado (y la decencia).

Yo estoy seguro de que esta 'gente' ni creen ni agradecen. Y si un día tocara organizar otro tipo de 'acción' - imaginemos - contra la Catedral, esta 'gente' estarían formando parte de la turba tumultuaria. Si a los primeros okupas les hubieran dado el escobazo pertinente el primer día de la okupación, hoy no pasarían estas cosas, que son un bochorno cívico y un atentado contra un lugar sagrado (sacrilegio se decía antes, cuando había más fe y se distinguían las cosas y los conceptos).

Y la vida sigue igual. El Cabildo consiente y el Ordinario Diocesano no sabe no contesta.

El segundo estrambote es distinto en esencia y potencia, salvo la falta de buenas formas y reverentes actitudes que puedan compartir uno y otro caso. Miren la foto:


Es la sor Berzosa, prendida al cuello, agarrada al pescuezo del Papa Benedicto, como fotograma de terror de una peli de Drácula-mordiente. Una impropiedad irreverente que define a la ex-clarisa neo-monja y la perfila al contraluz (más fotos aquí)

¿Qué ha sido eso? ¿Un ataque de nervios con achuchón santopadre de desahogo? ¿Un incontenible frenesí filo-papal pontificio-besucón? ¿Un rapto espiritual con efusión osculante de estrechura-padre-cura romano-vaticano? ¿Un repente, un flash, un conato, un punto, una explosión de apretón benedictino-icontinente-besos-besos-besos???

No sé, no sé qué decir ni cómo definir. Lo que no imagino es que haya sido involuntario, porque sospecho que ha sido previsto (no digo ensayado). Esto pasa cuando se quiere. Y parece que sor Berzosa lo ha querido.

¿Ella es así? Lo ignoro, porque no conozco a Sor Berzosa.

¿Ella puede ser así? No. Una neo-fundadora, por mucho 'neo' que sea, no puede comportarse así.

¿Le reímos la gracia? La gracia se le rie a un chiquillo, como el niño que hace unos meses irrumpió en mitad de la audiencia de los miércoles y se acercó al Papa, qué simpatico, que mono, que gracioso el niño. Pero Sor Berzosa no tiene cinco años. Ni el volver a ser como niños, en su caso, quiere decir que se comporte así.

Desde luego, el Papa no va a olvidar a sor Berzosa. Una chica intrépida, de las de 'aquí estoy yo'. ¿Hará carrera? Ya está corriendo, diría yo.

Hay espontaneidades que traicionan porque te descubren.

Una reflexión más: El juanpablismo es así y provoca cosas así.

&.

sábado, 15 de octubre de 2011

Nueva evangelización adveniente


Ya asoma la proa de la nave. Y de mascarón, como una encantadora sirena, la inquieta Sor Berzosa, que va a intervenir delante de un selecto foro neo-evangelizador, alternando en la tribuna de oradores con personalidades de la talla de Vittorio Messori.

Messori lleva años siendo fiel a unos conceptos que iba dejando muy claros en cada una de sus obras, como aquellos que apuntaban en el best-seller Rapporto sulla fede (Informe sobre la fe, 1984-85) con la entrevista al entonces Cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El tiempo, estos últimos años, han ido moderando pero también confirmado las líneas que se esbozaban en ese interesante reportaje-entrevista, un ensayo sobre la situación y las perspectivas de la Iglesia Católica de mediados de los '80. Si Messori teoriza sobre la nueva evangelización, merece atención, no habla un cualquiera.

Pero sor Berzosa no, no es una Messori sólida en juicios y perspectivas. Una chica que empieza clarisa y funda conventos de clarisas y atrae vocaciones de clarisas que en una temporada termina trasvestida de azul vaquero con pañoleta y ya no es clarisa sino - por su reverenda voluntad - fundadora de las iesucommunistas, esa sor ex-clarisa no parece tener solidez para ser cimiento de nada. A ver si cuaja lo suyo, y luego se verá.

Si se trata de poner a una mujer en el atril (la cuota femenina exigida por la corrección política) para ambientar el preludio de la Nueva Evangelización, que inviten al atril a un calcuta, una de las Misioneras de la Caridad de Madre Teresa. Me parece indiscutible la solidez de una calcuta frente a la veletera sor Berzosa y su recién fundada congregación (o lo que sea).

Las cosas no aparecen cuando oficialmente se les reconoce. Un buque no empieza a existir cuando le dan el botellazo 'bautismal' con champán. Lo mismo, si la nueva evangelización es algo, debe de estar existiendo hace ya algún tiempo. ¿O no son las Misioneras de la Caridad de Madre Teresa de Calcuta efectiva y reconocible 'nueva evangelización'?

Y la FSSPX, tan firme y pujante, tan sólida y desafiante, ¿no es ya una patente y contundente 'nueva evangelización'? Y los Franciscanos de la Inmaculada, ¿no son ya, desde hace años, agentes de esa nueva evangelización.

Incluso podrían entenderse fundaciones tan activas como el Opus Dei, las Comunidades Neocatecumenales, los Focolari, Comunión y Liberación, Comunidad Sant'Egidio, como partes ya implicadas en una nueva evangelización. Con todos los matices que se quiera, pero reconociendo lo que han hecho hasta ahora y si eso no es/no ha sido 'nueva evangelizacion'.

Por cierto que recalco algo que no puede ser fruto de un casual: Opus Dei y Neocatecumanales, las dos iniciativas más señaladas de ese grupo de instituciones neo-evangelizantes, se gestaron, fundaron y empezaron en España, y desde España se expandieron por todo el mundo. Subrayo que no puede ser casualidad. Como tampoco esa versatilidad de las fundaciones italianas.

La cuestión al valorar estas instituciones, todas las que llevo mentadas, es discernir si son aptas para una verdadera 'nueva evangelización', puesto que se supone que la nueva evangelización no puede ser una diferente evangelización ni una evangelización distinta, salvo en detalles accidentales, puesto que la evangelización tiene que ser fiel al mismo credo, la misma doctrina, la misma moral que se predicó, por ejemplo, cuando San Patricio evangelizaba a los antiguos irlandeses o San Bonifacio evangelizaba a los frisones y los germanos, o Fray Junípero Serra evangelizaba a los indios californianos. Si es nueva evangelización tiene que ser la misma evangelización. No caben salvedades que insistan en la novedad y flaqueen en la evangelización, propiamente.

Si me preguntaran, yo diría que la nueva evangelización tendría que empezar por barrer la nefasta pseudo-evangelización post-conciliar, que yo representaría, globalmente, en el gran fracaso de los proyectos de las órdenes y congregaciones religiosas, que - salvando contadas excepciones - han sido parte muy principal/causante del declive y la crisis del catolicismo. Así, entiendo que la aparición de nuevas congregaciones religiosas (y en este sentido comprendería si la intervención de sor Berzosa quisiera simbolizar la esperanza de las nuevas fundaciones religiosas) es una necesidad urgente; la renovación de las antiguas, decrépitas y degeneradas, no sé si ya es posible, tan arruinadas y descompuestas como están. Para estas periclitadas comunidades religiosas, la nueva evangelización debe ser una radical y profunda re-catolización. O que perezcan definitivamente y sean reemplazadas por nuevas fundaciones católicas.



El lema del escudo arzobispal de Mons. Rino Fisichella, el gerente de esta empresa de la Nueva Evangelización, es un mote bien escogido: 'Viam Veritatis Elegi'. Pero el Semper Idem del stemma del Cardenal Ottaviani podría valer mucho mejor para acompañar este proyecto de evangelizar nuevamente. Y si no sirviera como lema ilustrador, mala señal.

Endeble señal es, para mí, ver asomar la pañoleta vaquera de sor Berzosa.

¿No tienen bandera insignia más consistente? ¿O es que el valor es lo nuevo por la gracia de la novedad?


+T.

viernes, 14 de octubre de 2011

Restauraciones necesarias


Van a restaurar el retablo del Altar Mayor de la Catedral, treinta años después de la histórica restauración del profesor Arquillo y su equipo, que marcó un antes y un después en el medio de las Bellas Artes sevillanas. Yo tenía diecipico años, estudiante de Bachiller, preparándome para la Universidad.

Más de una mañana dejaba las clases y me iba a la Catedral, a escuchar el rezo de laudes y la Misa de los canónigos. Todavía, antes y después de la Misa de Coro, los sacerdotes de la Catedral celebraban la Stª Misa en las capillas de las naves, en la del Sgdº Corazón, en la del Cristo de Maracaibo, en la de San José, en la de los Dolores (Sacristía de Cálices). Y por supuesto en la Capilla Real, que mantenía horario de Misas independiente de la Catedral.

Conocí a Don Rufino Villalobos Bote en su confesonario, y confesaba con él, muy santo (con fama de santo) pero antipático. Don Féliz Royo, un maño trasplantado a Sevilla, otro de los canónigos que se sentaba por las mañanas a confesar, antes de la Misa, sí era simpático. Yo iba buscando al santo, pero terminé confesándome con el simpático. Suele pasar.

Incluso alcancé a ver, algunas mañanas, a algún canónigo o beneficiado (entonces todavía perduraba la distinción, el rango dentro del coro y el cabildo) celebrando en una de las capillitas que flanquean el altar mayor de la Sacristía de los Cálices, dos capillas pequeñas, bajas y estrechas como alacenas, pero preciosas, recoletas, como hechas a propósito para celebrar la Misa en privado.

El incienso por las mañanas, cuando se nota el frío de mitad de Noviembre, tiene un olor especial, inconfundible en las naves entre el Coro y el Altar Mayor. Y las campanas de los dos campaniles de la reja del Coro también tienen un timbre especialmente sonoro en ese tiempo, a esas horas en que la Catedral, más que en otros momentos, es (era) Catedral, iglesia mayor, templo de la ciudad.

Ese ambiente sacerdotal, cúltico, reverente, duró hasta los años ochenta, que empezó a decaer. El declive con aviso de derrrumbe ocurrió durante los años del Arzobispo Amigo Vallejo. Cambiaron los estatutos del Cabildo, se suprimieron instituciones personales, costumbres inmemoriales, reglas vetustas y rúbricas nunca escritas, de aquellas que valían tanto porque pasaban vivas de sacristán a sacristán.

Reinaban voluntades extrañas, distantes, despectivas. Llegaron hombres nuevos, nuevos aires, nuevas intenciones. Se impuso el pragmatismo material y se perdió el espíritu de piedad; los venerables sacerdotes celebrantes fueron desapareciendo, arribaron los resueltos gestores. Y el templo fue volviéndose, poco a poco, galería de antigüedades y museo, recinto para visitar, foro de transeuntes, turistas y demás gente, ocasionales de estación breve. El poco culto que quedaba se recogió en la Capilla Real; por la tarde desapareció, salvo excepciones.

El caso es que, milagrosamente, se conservaron el rezo en latín en el Coro y la Misa diaria del Cabildo, también en latín, novus ordo, pero en latín. Una rareza dado los neo-canónigos que iban sustituyendo a los venerables fallecidos, enfermos o seniles. Un pequeño milagro, como si la Virgen de la Antigua hubiera metido una puntada de sensata piedad en las intenciones alborotadas de la clerecía post-conciliar, tan brava para embestir contra lo antiguo.

Ahora, cuando anuncian la nueva restauración del retablo mayor, una de las joyas de la estatuaria y la iconografía del Orbe Católico (sin exagerar), se echa de menos otra restauración: La espiritual.

Me resisto a que la Seo Hispalense se institucionalice como museo. Un museo tan bien gestionado y rentable que puede hacerse cargo de la costosa restauración, sin problemas. Recalco que tiene buenos gestores, eficaces gerentes; la empresa funciona y es solvente, materialmente.

¿Espiritualmente? Eso mejor no discutirlo. Tiene poca discusión Digamos que regular, porque mantiene ciertas regularidad de coro y altar. Y poco más. Y cuando hay más, mejor que no lo hubiera porque el plus lo mismo es un 'concierto' de bandas, o un recital de órgano, o un montaje de música sacra, o una función de saetas, o un pregón cofradiero de temporada. Incluso cosas peores, como los 'gestos' de compromiso y protesta que organizaba, mientras estuvo, un curial muy célebre (entonces). También hay fiestas de fe para niños, y jmjoterías juanpablistas, encuentros ecuménicos. Etc.

En Semana Santa - ¡menos mal! - un rio de cera encendida y piedad popular circula durante siete días por la Catedral Metropolitana, como un exorcismo, barriendo los malos espíritus que puedan haberse colado. Con el Corpus y la procesión de tercia de la Virgen de los Reyes, el día de la Asunción, se completan los días señalados en que los fieles ocupan las naves y no dejan espacio para el turismo. Paradójicamente, la fe de los fieles desgasta las piedras y el mobiliario sacro que se paga con las entradas/billetes/tickets de los visitantes. Esa es la razón que nos dan los conformados a los inconformistas, una réplica suficiente-estupefaciente que nos tragamos como una píldora de quina, con reheleos.


Dicen que se van a instalar andamios especiales para poder ver de cerca los relieves-capillas antiguos del maestro Dancart, y los otros de los demás maestros imagineros que colaboraron en la fastuosa obra. Si vuelven a desmontar la imaginería de la cornisa-visera del ático, como hicieron la otra vez, cuando la restauración de Arquillo, podrán contemplarse con detalle el precioso Apostolado y la Piedad de Fernández Alemán. Y si bajan el Cristo del Millón, Sevilla entera se volverá a impresionar ante el admirable Crucificado que remata todo el Altar.

Todo - ya lo sabemos - es digno del mejor museo. Pero todo - sabemos los que creemos - se hizo para el culto a Dios, no para solaz cultural de los hombres cultos.

Lástima que las restauraciones materiales no sean señal de las espirituales, primeras en orden e importancia, por urgente necesidad, muy urgente.

...Domine ad restaurandum nos festina!

+T.

martes, 11 de octubre de 2011

La cuenta atrás para el cincuentenario


Hoy ha comenzado la cuenta atrás para la efemérides del L aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II. No sé cómo un padre conciliar de aquellos que arribaron a Roma llenos de entusiasmos y expectativas habría imaginado la situación de la Iglesia Católica medio siglo después del acontecimiento. Pero estoy convencido de que nunca jamás se hubieran figurado el presente que vive y sufre la Iglesia, tan lejos del entusiasmo aquel, hoy con todas aquellas expectativas malogradas, descarriladas, desviadas, degeneradas, frustradas; todo eso que ha hecho que, finalmente, aquellos que fueron descalificados cuando fueron llamados 'profetas de desgracias' sean hoy re-considerados como los perspicaces que vieron venir el futuro que hoy es nuestro presente. Nuestro desalentado, roto y languideciente presente.

Pero tenemos Asís 3, a la vuelta de la esquina, este mismo Octubre. Y nos damos abrazos fraternales con protestantes y evangelistas, nuestros invitados habituales. Y confraternizamos con nuestros 'hermanos mayores' judíos (a pesar de sus muchas, constantes y declaradas reticencias). Y vamos del brazo con los mahometanos. Y nos sentimos a gusto con el Dalai Lama, los gurús hindúes, los shintoístas del Japón y los animistas aborígenes de Australia. Nos hemos visto y nos llegamos a considerar uno entre iguales, con ese entusiasmo iluso que quedó flotando en la atmósfera católica como un 'smog' (y no de incienso, precisamente) que nos contamina el aire que respiramos, un enrarecido aire católico que ya no sabemos cuánto porcentaje de catolicismo puro contiene y cuánto des-catolicismo no-católico aspiramos al inspirar.

Si el Concilio cincuentón fue - decían algunos - abrir ventanas, es ahora más que nunca cuando hay que abrir ventanas, puertas y vanos para recuperar oxígeno católico y depurar el no-catolicismo del des-catolicismo ambiental-atmosférico que nos contamina.

El Concilio abrió - yo diría - el agujero en la capa de ozono-católico; permítome esta otra comparación, muy ecologista, al alcance comprensivo de nuestros filo-ecologistas, que son muchos.

A estas alturas, huyo de los entusiasmados conciliaristas vaticanosecundistas como de los apestados. ¿Ustedes no? Pues mírense, no sea que estén ustedes incubando algún virus descatólico. Esta misma tarde comentaba con una amiga, doctora en medicina, aquello que decía el Papa Benedicto, que nuestra sociedad, este mundo post-moderno del Tercer Milenio adveniente (¿recuerdan Uds?) ineunte (¿se acuerdan Uds?) parece, dice el Papa, como si hubiera criado 'anticuerpos' contra el Cristianismo. La cuestión inquietante es dilucidar cuántos de estos 'anticuerpos han sido efecto de una auto-inoculación; o aclarar cuántos de estos agentes anti-católicos que pululan por ahí se han gestado (se han diseñado?) dentro de la misma Iglesia Católica. Postconcilar, claro.

No se reconoce, no lo van a reconocer, pero por todo esto, por el balance negativo de estos 50 años, se postula la Nueva Evangelización. El otro día se lo escuché a un prelado, en una plática: "...porque no somos los curas del nacional-catolicismo, no somos los curas post-conciliares del 'espíritu del vaticanosegundo': Somos, hoy, los sacerdotes para la 'Nueva Evangelización'..."

Y a mí me sonaba la plática a fórmula ad casum, a repetitorio para el momento, a instrumentum laboris de papel, discurso magisterial con vacio de indefinición material y también formal, entusiastamente ambiguo, optimistamente juanpablista.

Cincuenta años sobre cimientos conciliares de aquellos han demostrado no valer para sostener el edificio de la Iglesia, con problemas tectónicos muy graves.

Pero habrá celebraciones, se celebrará lo que pasó, con más documentos, con remembranzas y reposición de semblanzas. Del 2012 al 2015 (11 de Octubre-8 de Diciembre) se disparará una estupenda y festiva piroctenia. No sé cómo llamarla, dadas las circunstancias, si castillo de fuegos artificiales o de fuegos fatuos.

Lo mejor del Vaticano 2º es que ya se abrió, se celebró y se clausuró, gracias a Dios. Seria terrible ser católico consciente en el siglo XXI (Tertio Millenio (adveniente-ineunte)) con la aprensión de un concilio ecuménico posible, que se le pudiera ocurrir a alguien, o que alguien estuviera dispuesto a convocar. Sería terrible.

Pero cuando uno es conscientemente católico de la deriva de estos cincuenta años, algunas veces me pregunto cómo hubiera podido ser una Iglesia sin Vaticano 2º. Incógnita de neta historia-ficción, lo reconozco. Pero también confieso que  estoy convencido de que sin Vaticano 2º las cosas que hoy sufre la Iglesia no hubieran sido tales (o no serían de la misma manera).

Total, cincuenta años de bajón con muchos entusiasmos y vanos optimismos en medio de la decrepitud.

Lo mejor de los fastos del cincuentenario va a ser que estas cosas que estoy diciendo se dicen cada vez más, que cada vez somos más los conscientes que nos identificamos con el niño del cuento que señaló y gritó la verdad entre la multitud fascinada: ¡¡El rey va desnudo!!

Si me explico.

+T.

sábado, 8 de octubre de 2011

Reina del Santo Rosario (un original y dos versiones)


La iconografía de la Virgen del Rosario, tan rica y popular, tiene en Sevilla un repertorio espléndido, sea en imaginería tallada o en representaciones pictóricas, repartidas por toda la provincia, parroquias, conventos, capillas e iglesias de la Diócesis. De entre todas, merece especial atención la imagen que estuvo entronizada en el camarín central del retablo mayor de la iglesia del Real Convento de San Pablo, de frailes dominicos, por el rango privilegiado de haber sido durante varios siglos la representación rosarista más solemnizada, y una de las mejores esculturas de la escuela sevillana del siglo XVI.

La desafortunada desamortización de Mendizábal y otros desdichados (y a veces trágicos) acontecimientos del siglo XIX, causaron profundos desórdenes en Sevilla, que vió desaparecer gran parte de su patrimonio artístico religioso, mueble e inmueble. El Convento de San Pablo, expulsados los frailes de Stº Domingo, pasó a ser Parroquia de Stª María Magdalena (la parroquia antigua fué derrumbada por los franceses para abrir la actual Plaza de la Magdalena), y algunos antiguos bienes de la suntuosa fábrica conventual salieron de su antigua iglesia. Entre ellos la imagen de la Virgen del Rosario, que fue a parar a la parroquia de Stª Cruz, también demolida durante la ocupación napoleónica y re-instalada en la iglesia del antiguo convento de Clérigos Regulares Menores (Caracciolos), donde ocupó uno de los altares laterales del crucero, hasta que a principios del siglo XX se instaló en el templete neoclasicista que preside el presbiterio-altar mayor.


La imagen se data cerca del año 1579, fecha en la que estaba ya expuesta al culto, reputada como obra del maestro Jerónimo Hernández. Clasificable dentro del estilo del manierismo pre-barroco, representa la figura de una Madonna sedente, de evidentes resonancias miguelangelescas, con la apostura majestuosa de una matrona clásica. Si la impronta de la escultura del Miguel Ángel es reconocible, la cabeza de la imagen parece inspirarse en alguna escultura-retrato romana, por los detalles del peinado y el realismo clasicista del rostro, de una belleza que parece sacada de modelos naturales. Todo el volumen de la figura deja adivinar un cuerpo de proporciones clásicas, el pecho bien marcado, la pierna derecha adelantada y la izquierda flexionada en escorzo, el equilibrio de los brazos, todo magistralmente dibujado y esculpido. La Virgen viste túnica ceñida en el talle, con manto que cubre el hombro derecho, pendente en un amplio plieque-orla entre las piernas hasta los pies; la mano derecha sujeta el brazo del Niño, y la izquierda porta un cetro regio.

El modelado del Niño, desnudo, sólo cubierto con un breve perizoma/paño de pureza dorado, se corresponde con la anatomía ideal, tipo hercúleo, característico del manierismo, que aparece en otras figuras de Jerónimo Hernández. Se le representa, contrastando con la serena majestad de la Madre, en un vivo ademán, la pierna derecha apoyada en el sitial, sobre una punta de la vestidura de la Madonna, y la izquierda, flexionada, descansa en la rodilla dchª de la Virgen. La cabeza se expone en perfil, en dirección al rostro de la Madre; los brazos en movimiento, el derecho alzado, señalando al cielo, y el izquierdo tendido al frente, en actitud de sostener y enseñar la Cruz que, junto con los rosarios, cetro de la Virgen y coronas, son los atributos en plata repujada que complementan el exorno del conjunto escultórico, sedente en un suntuoso trono tallado, forrado de carey y plata. Las medidas son del natural; impresiona ver la imagen en el suelo, al nivel del espectador, porque gana en empaque y presencia figurativa.


Como dije más arriba, las vicisitudes del desgraciado y agitado siglo revolucionario-liberal, motivaron que este espléndido icono sagrado fuera expoliado, enajenado al convento de los dominicos, siendo finalmente depositada en la también zarandeada y expoliada parroquia de Stª Cruz, donde se le mudó el título original de Ntrª Srª del Rosario y se le impuso el de Ntrª Srª de la Paz, como hoy es conocida. Nos queda, a pesar de todo, el consuelo de haberse conservado tan admirable simulacro mariano, una de las imágenes más bellas de la Stmª Virgen que se veneran en nuestra ciudad.

La devocion de esta imagen de la Virgen del Rosario de los dominicos de San Pablo tuvo que ser muy grande, porque se conservan expuestas al culto dos versiones-copias de la misma, a cual más interesante. La primera se atribuye al mismo maestro Jerónimo Hernández, o a su taller. Representa con pequeñas variantes la misma figura: El pie del Niño pisa el brazo lateral del sitial, la mano de la Virgen sujeta al Hijo por el talle, la rodilla izquierda de la Señora aparece más baja, dando más movimiento-flexión lateral a la pierna, mientras la derecha se eleva un tanto reposando el pie sobre dos almohadillas; todo el busto aparece un poco girado hacia la izquierda, con el brazo más bajo. La cabeza de la Virgen está trabajada con un modelado más suave, menos 'personalizado'; la cabellera luce menos, bajo una toca más amplia y plegada, mientras la cabeza del Niño se adelanta más, girando el cuerpo en una pose más frontal. La imagen es poco menor que el natural; como el original que copia, es también muy bella, serenamente hermosa. Se encuentra expuesta al culto en la capilla de la Hermandad del Museo, un recinto de dimensiones modestas que atesora un sorprendente y admirable patrimonio artístico-devocional.


La segunda versión es también la más reciente en el tiempo, fechándose a mediados del siglo XVIII (ca. 1761) y atribuyéndose con bastante probabilidad al imaginero Jerónimo Roldán Serrallonga, uno de los 'roldanes menores', sucesores del taller del maestro don Pedro Roldán. Pudiera ser que el artista retocara o recompusiera una imagen anterior. La escultura es una deliciosa interpretación del monumental original venerado en el Convento de San Pablo, con la gracia de las creaciones del período final del barroco sevillano. Copia con fidelidad a su modelo iconográfico, pero, como en el caso anterior (la imagen de la capilla del Museo), el artista introduce pequeñas variaciones. La principal quizá sea la frontalidad de las figuras, más patente en el Niño, que pierde el perfil del original, apareciendo vuelto al frente, connservando la disposción de piernas y brazos; en la figura de la Virgen desaparece la inclinación lateral hacia la izquierda de cabeza-busto-brazo, mientras el cuerpo se inclina un poco hacia adelante. El estofado-policromía es muy rico y colorista. La imagen mide menos de un metro (unos 85 cms.). Porta atributos de plata, corona y cetro la Virgen, y el Niño corona y Cruz de nácar y plata, más los rosarios. Completando los aderezos, la imagen de la Virgen se reviste en las solemnidades de cultos y salidas procesionales con un manto de terciopelo grana, bordado al realce en oro.


De las tres imágenes rosaristas, esta última es la que recibe propiamente culto, pues tiene dedicada una antigua hermandad, la Hermandad de Ntrª Srª del Rosario, del antiguo barrio de los Humeros (ver referencias de historia y patrimonio en el enlace), una de las antiguas hermandades de gloria que sobrevivieron a los infortunios y las crisis del siglo XIX. Su patrimonio incluye otra imagen, réplica de la titular, en terracota monocolor, colocada en una hornacina que remata el frontis de la fachada de la capilla.


Durante todo el mes de Octubre se celebran en Sevilla cultos a la Virgen del Rosario, saliendo en procesión varias imágenes de Ntrª Srª, todas muy populares. De las tres que he comentado, sólo la del Rosario de los Humeros recorre su barrio en una devota y encantadora procesión de gloria. Las otras dos imágenes, que me conste, nunca han salido en procesión. Aun siendo actualmente la imagen principal que preside el presbiterio de la iglesia parroquial de Santa Cruz, la antigua Virgen del Rosario (re-titulada de la Paz) apenas tiene devoción en su parroquia, siendo desconocida su historia (y su imponente belleza) por la mayoria de los capillitas y cofrades sevillanos. La segunda, la réplica de la Capilla del Museo, a pesar de su mérito, pasa casi desapercibida. Las tres son, sin embargo, una de las series iconográficas más memorables del patrimonio religioso-artístico de la Sevilla mariana.

Oremus
Deus, cuius Unigenitus per vitam. mortem et resurrectionem suam nobis salutis aeternae praemia comparavit: concede quaesumus: ut haec mysteria sanctissimo beatae Mariae Virginis Rosario recolentes, et imitemur quod continent, et quod promittunt, assequamur.
Per eúmdem Dóminum nostrum Iesum Christum Filium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sæcula sæculórum.
R. Amen.


+T.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Gratias agens et benedicens



Gratias agens, así estoy, porque es justo y necesario, quoniam misericordia Eius in saecula et veritas Domini manet in aeternum, que levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre para sentarlo entre los príncipes de su reino.



Los Príncipes entronizados son los Ángeles, ministros de la gloria del Señor. Cuando un hombre mortal, un pecador hijo de pecadores, es ordenado sacerdos in aeternum, se le eleva a esa altura para que ministre los Misterios del Hijo del Altísimo, gracia la más alta que se confiere en la Tierra.

Antes, los antiguos, como guardaban la fe que rezaban, recalcaban que tal gracia no la gozaban ni los Ángeles, siendo ángeles. Pero los hombres, por gracia del Hijo del Hombre, sí.

Y desde la institución del Sacramento, los hombres llamados por Cristo dicen las palabras de Cristo, hablan por Cristo, le dan su voz, lengua y palabra al Verbo Eterno para que el que se hizo Carne por nosotros actualice en el Altar su sacrificio y nos dé en Comunión su Cuerpo y su Sangre, ¡oh misterio!


Quantum potes, tantum aude
Quia major omni laude,
Nec laudáre súfficis.


Y yo lo sé y no sé qué decir, qué decirle, qué cantarle, qué rezarle, qué ofrecerle que sea digno, qué rendirle, qué llevarle al Altar cuando me acerco con temores y temblores recitando que voy ad altare Dei, ad Deum qui letificat iuventutem meam, que alegró mi juventud y que refresca mi alma con brisas celestes que son aires de eternidad, cuando voy a su Altar, el Altar del Dios que es mi alegría.

No sé cuántos años hace que rezo el soneto de Lope, el Lope de Vega sacerdote; quizá lo llevo rezando los mismos años que cumplo de ordenado, pero no recuerdo ahora el día que empecé a rezarlo como un estrambote, pianíssimo, a las oraciones de rúbrica:


Cuando en mis manos, Rey Eterno, os miro
y la Cándida Víctima levanto
de mi atrevida indignidad me espanto
y la piedad de vuestro pecho admiro.

Tal vez el alma con temor retiro,
tal vez la doy al amoroso llanto,
que, arrepentido de ofenderos tanto,
con ansias temo y con dolor suspiro.

Volved los ojos a mirarme, humanos,
que por las sendas de mi error siniestras
me despeñaron pensamientos vanos.

No sean tantas las miserias nuestras
que a quien os tuvo en sus indignas manos
Vos le dejeis de las divinas vuestras.


Con el tiempo he ido descubriendo detalles del soneto, ajustado a la forma de la liturgia antigua, a la Misa venerabilísima que era la que Lope (¡y todos!) celebraba. Por ejemplo esos versos que marcan la primera adoración del sacerdote genuflexo y luego la elevación de la Hostia Santa. Detalles sacerdotales, como decía.

Si puse de entrada el arranque del Te Deum de Lully, que me gusta tanto, tan fanfarrioso y exultante, concluyo con su final, con los versos más templados del final, suplicantes, como un trémolo de temor sacerdotal, como los versos del terceto final del soneto de Lope:


Dignare, Domine, die isto
sine peccato nos custodire.
Miserere nostri, Domine,
miserere nostri.

Fiat misericordia tua, Domine, super nos,
quem ad modum speravimus in te.
In te, Domine, speravi:
non confundar in aeternum.






Ex Voto in aniv. XXVI



+T.

martes, 4 de octubre de 2011

celebraciones dominicales sin sacerdote



Hará dos o tres semanas, aparecía en algunos noticiarios religiosos esta novedad: En Gerona acababa de publicarse un decreto del obispo regularizando las 'celebraciones dominicales sin sacerdote'

"El bisbe de Girona, Francesc Pardo, ha signat un decret que institueix a la diòcesi les celebracions dominicals en absència de prevere. Serà l’arxiprest qui haurà de demanar autorització al bisbe i proposar «les persones idònies per a aquest servei i les comunitats on s’ha d’exercir». El decret també preveu qui haurà de presidir aquestes celebracions, que, sempre que sigui possible, serien a càrrec d’un diaca. Altrament —diu el decret—, les dirigirà un religiós no prevere, una religiosa, un laic o una laica suficientment preparats i amb la deguda autorització"

El caso, sin embargo, es algo ya común, generalizado, una de esas lamentables prácticas post-conciliares que terminan institucionalizando abusos con el omni-comodín todo-excusa de la 'necesidad pastoral'.

En 1988, bajo Juan Pablo II, la Santa Sede publicó un directorio articulando la manera de proceder. Ver/buscar aquí: Directorio para celebraciones dominicales en ausencia del presbítero

Siguiendo el patrón de la Sacrosanctum Concilium, la Ordenación General del Misal Romano y otros documentos mayores sobre liturgia católico-romana, en el directorio (un documento menor) es patente la ambigüedad, la alternativa, la posibilidad, la oportunidad como norma etc. Sugiere sutilmente abiertas tantas formas como circunstancias se puedan presentar. De hecho, una interpretación acomodada y flexible del texto puede propiciar asombrosas (escandalosas) celebraciones, como de hecho ocurre. Si lo leen, desde el preámbulo apreciarán constantes ejemplos de lo que digo.

Un resumen esquemático de la 'celebración' en sí, pueden Uds. leerlo aquí. Aunque la página es argentina, verán en las notas finales las referencias a autores españoles, típicos liturgistas 'creativos/sugestivos', muy conocidos.

De Aldazábal, uno de esos liturgistas citados, es este libro, cuyo título ya es una declaración litúrgico-pastoral doctrinal: 'Ministerios al servicio de la comunidad celebrante'. En el capítulo 18 se expone particularmente el caso de las 'celebraciones dominicales en ausencia de presbítero' .

En el fondo (en la base) existe toda una concepción des-católica de los Sacramentos, el Sacerdocio y la Iglesia. Una eclesiología laicista que minimiza el sacerdocio reduciéndolo a un ministerio subordinado, dependiente absolutamente de la comunidad, cuyas funciones pueden ser asumidas por un simple seglar, siempre que la comunidad lo precise y siendo capacitado para el ministerio por la misma comunidad. Por supuesto no se dice que el laico se convierta ad casum en sacerdote con potestad de consagrar/celebrar la Misa. Pero se expone una forma de entender el ministerio que sugiere nuevas posibilidades que un discurso teológico más 'vanguardista' puede ir desarrollando hasta los extremos que hace años se viven en ciertas diócesis europeas.

En Holanda hay parroquias donde la 'eucaristía' dominical la 'celebran' seglares, hombres y también mujeres. Este curso pasado hubo 'colectivos' de gays y lesbianas que pidieron formalmente la incorporación de representantes de sus respectivos grupos, como signo de integración/no discriminación, para que pudieran celebrar como ministros efectivos de la comunidad.

En Suiza se da el caso de sacerdotes que pueden celebrar la Misa en determinadas parroquias donde desde hace años se tienen estas 'celebraciones en ausencia de presbítero', pero se ven rechazados y se les niega que puedan celebrar la Misa porque la comunidad ya ha 'optado' por la celebración sin presbítero. Increíble, pero cierto.

No dudo de que todos estos lamentables ejemplos de degeneración estén muy lejos de las intenciones con que el Bisbe de Gerona y otros como él tienen en mente cuando publican directorios pastorales-litúrgicos para el caso de estas 'celebraciones dominicales sin sacerdote'. Pero sí estoy convecido de que estas novedades tienen consecuencias que afectan gravemente a la liturgia en sí y a la piedad de los fieles, suscitando confusiones que descomponen la fe de los que asisten a esos actos.


La fe eucarística se resiente cuando el Sacramento deja de ser algo reservado al ministerio sagrado del sacerdote. La impresión que produce en los fieles ver a un seglar abrir un Sagrario, tomar un Copón, administrar la Comunión, etc. produce una devaluación, más o menos consciente, del Sacramento, precisamente del que proclamamos 'Sacramento de la Fe'. Negar esta experiencia es no reconocer un hecho evidente que repercute muy nocivamente en la piedad de los fieles. Sin embargo son prácticas comunes en la mayoria de nuestras parroquias, a veces impuestas por normativas diocesanas, otras veces aceptadas generalmente sin discusión.

Hacer de lo excepcional algo común es otra consecuencia de la vigencia de estos directorios litúrgicos. Se supone que son disposiciones arbitradas para situaciones excepcionales, pero al poco de su publicación pasan a ser prácticas comunes que se consienten y se propician sin más limitación que la del criterio del responsable ad casum, sea el párroco que delega o nombra, sea el seglar encargado ocasional de esas celebraciones, unas veces por costumbre, otras permanentemente.

El hecho de que también las mujeres (religiosas y/o seglares) puedan actuar como 'ministras' introduce una variante todavía más peligrosa, por cuanto supone una realización de las tesis feministas que reivindican el ministerio sagrado como un 'derecho' que no se le puede negar a la mujer. Desde fines de los años '70 se aprobaron algunas fundaciones religiosas femeninas dedicadas al apostolado rural, que muy pronto asumieron por encargo pastoral ciertos ministerios parroquiales: Catequesis, sacristía, archivos parroquiales, visita de enfermos y familias, etc. Poco tiempo después fueron estas religiosas las que se hicieron cargo también de las primeras 'celebraciones dominicales sin sacerdote'. Al princpio fue (como tantas veces) ad experimentum, luego se multiplicaron los ensayos, después llegó el Directorio de la Santa Sede y hoy día tales celebraciones con 'ministras' se han divulgado por doquier.


La impresión de un 'culto degradado' y una 'liturgia deformada' resalta en cualquier caso. Insisto en que la piedad de los fieles, sin captar matices, distingue que están asistiendo a otro tipo de celebración, pero con el juicio consecuente de que todo vale, todo se puede hacer, todo da lo mismo. Después transportan esa valoración indiferentista a la Stª Misa, cuya celebración ya no les causa el mismo respeto que antes ni les mueve a la devoción que tuvieron. La fe popular, tan profunda y firme, es también sutilmente fragil, susceptible de quebrarse en cuanto la fe/doctrina que se les predica (¡se les predicaba!) no se ejemplifica y vive en consecuencia. Si a la pérdida de tantos signos de devoción que acompañó a la reforma litúrgica post-conciliar se le suman estas sustituciones/sucedáneos de la Misa, no es de extrañar la grave crisis del catolicismo, con pérdidas dificilmente recuperables de la piedad y la espiritualidad popular.

No ignoro que el problema pastoral es grave. Cada vez hay menos sacerdotes y las diócesis tienden a mantener las mismas parroquias y lugares de culto que existían cuando el clero era más abundante. Sin embargo la falta de ministros no debe paliarse con formas de culto excepcional encomendadas a seglares, porque tal uso deviene al poco habitual y supone, de hecho, una degradación litúrgica cuyos resultados/beneficios pastorales son absolutamente discutibles.

Por supuesto, escribo estas parrafaditas con la penosa consciencia de que la realidad supera (desde hace años) mis temores y aprensiones. Y con la más dolorosa intuición de que estos hechos seguirán su progresión degenerante.

Usquequo?


+T.