domingo, 25 de septiembre de 2011

La Caram-ba


La Caram es una monja de importación. No sé dónde se crió, allá en el ultramar americano. Pero se vino a recriar a nuestra Piel de Toro, y profesó monja, dominica, en una de esas clausuras que conservan de clausura el nombre y poco más.

La Caram es despabilada, lengüilarga, caradura, hembradocta, feministaplús y vanguardista del ala siniestra del des-catolicismo intra-descomponedor. Todo ello con la coartada del hábito, que le franquea puertas y simpatías de inconscientes. Monta saraos, organiza tómbolas y patrocina eventos reinvindicantes-deformantes-agresimilitantes.

Todo eso lo sabía. Lo que no sabía era que usaba mitra, que se retrataba con ella. Y me temo que la esconde debajo del catre y se solaza poniéndosela en la celda, mirándose al espejo y re-versionando la escena de la reina-bruja de Blancanieves:

- "Espejito, espejito, dime: ¿Quién la más mitrada de entre las misses?"

Y el espejo, con voz de ultratumba, le responde: - "Soor Caram, Soor Caram, Soor Carammmm..."

Maria Antonia Fernández, La Caramba, ustedes saben, fue una de la tonadilleras-bailaoras del tiempo del Madrid de los majos. Fue célebre, y puso de moda unas moñas que se colocaban las majas en lo alto del tocado, mantilla o madroñera, que se llamaron 'carambas'. Hoy, todavía, las lleva y las luce la mismísima Duquesa de Alba, Doña Cayetana.

A lo mejor - digo yo - eso que lleva la Caram en la cabeza, sobre la toca, es una 'caramba' de punta. No quiero pensar que sea la plasmación de lo que ella y otras aberrantes parecen querer o pretender.

¿O sí?

Abadesas mitradas las hay y las ha habido. Lo inquietante es que la Caram parece amagar otra cosa que no es honorífica sino efectiva.

La Caramba original dejó los tablaos y se metió monja. Espero que la Caram no recorra la via inversa. No porque tema que se vaya, sino porque temo desenlaces que no son de copla y bolero, precisamente.

&.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Iconografía Mercedaria


La iconografía original de la Virgen de la Merced (merced = misericordia = merçy) quizá debiera corresponderse con la de la Mater Misericordiae: La Virgen con los brazos abiertos y el manto desplegado acogiendo bajo su amparo a los pecadores, los enfermos, los afligidos, o, en el caso de la Orden de la Merced, a los cautivos cristianos. La Virgen de la Misericordia fue una iconografía muy repetida y difundida durante el siglo XIV, un siglo especialemente afligido por guerras, pestes y calamidades que conmovieron a toda la Cristiandad.

Sin embargo las imágenes con la advocación de la Merced más antiguas son del tipo 'hodegetria' o bien 'entronizada'. Así la Virgen de la Merced que se venera como Patrona de la ciudad de Barcelona, cuna de la orden mercedaria. La imagen es una talla gótica (s. XIII-XIV), sedente, que representa a la Virgen con rasgos delicados, pelo peinado con raya, recogido a los lados, cubriendo las orejas, con breve trenza posterior, cuello poco anatomizado, mirada frontal y leve sonrisa; la veste es muy simple en la zona del busto, con el manto suavemente plegado sobre los hombros, con broche-prendedor tallado en el centro del pecho, y con juego de pliegues más marcado, con cierto movimiento, en la parte inferior de la figura. El Niño, sentado sobre la pierna izquierda de la Virgen, también en posición marcadamente frontal, porta el orbe en la mano derecha y una vara florida en la izquierda. Las dos imágenes llevan coronas bajas, sin resplandor, y la Virgen un cetro en la mano derecha. Se representa sedente en sitial regio, con respaldar rebajado y laterales tallados. Las vestiduras de la Virgen y el Niño van estofadas en oro.


De tipo 'hodegetria' es otro venerable icono mercedario venerado en el Convento de la Asunción de MM. Mercedarias, en Sevilla (antiguo convento de Santiago de la Espada). La tradición vincula esta imagen con el rey San Fernando y San Pedro Nolasco, refiriendo algunos antiguos cronistas hispalenses que fue de las imágenes de la Virgen que llegaron a la ciudad con la Reconquista. Lamentablemente ha llegado a nosotros con notables pérdidas de talla, policromías y otros elementos del original, víctima del gusto de los siglos XVII-XVIII de revestir con telas y postizos las imágenes antiguas. Esta de la Merced ha perdido la parte inferior de la figura original, los brazos y otras partes del cuerpo. El Niño fue desprendido de la talla de la Virgen (iría al lado izquierdo) y sólo se conserva la cabeza, repuesta en un cuerpo del XVII. El resultado es el de una imagen de extraña apariencia, con rasgos arcaicos, revestida con brocados barrocos, corona y ráfaga, añadidos que no logran un conjunto atractivo. Celebramos que la imagen se haya conservado, pero lamentamos esa impropia transformación que, a estas alturas, debería haberse subsanado con una restauración que le devolviera la mayor semejenza posible con el original que fue.


De la iconografía de la Mater Misericordiae, se conserva en nuestra ciudad una preciosa imagen en el antiguo convento del Señor San José, de Mercedarios Descalzos (luego Colegio de RR. del Santo Ángel y ahora iglesia de la Prelatura del Opus Dei). En el ático del retablo (poco visible) en un camarín alto con artesonado tallado y dorado, se venera una imagen de Ntrª Srª de la Merced. Representa a la Virgen con el hábito mercedario, túnica ceñida y escapulario con capa abrochada al cuello con el emblema de la orden. La Virgen tiene los brazos y el manto abiertos, arrodillada sobre una nube con ángeles, lleva corona de plata y en las manos cetro y escapulario. El estofado-policromado de la vestimenta es uno de los más ricos que se conserva de la imaginería sevillana del XVII-XVIII.

Aunque la más atractiva representación sevillana de la Virgen de la Merced es, con toda seguridad, la que recibe culto en la pequeña capilla de la Hdª del Museo, aneja al actual Museo de Bellas Artes, antiguo Convento Casa Grande de la Merced, de donde seguramente proviene. Representa además una iconografía netamente mercedaria, propia de la orden, que recoge un episodio de la vida del fundador:

El suceso tuvo lugar en el convento de Barcelona, en vida de San Pedro Nolasco. El Santo fundador solía pasar muchas noches recogido en fervorosa oración en la capilla del convento. Una noche se sorprendió de que llegada la hora del rezo de maitines la campana del convento no tocara a su hora, por olvido del hermano lego. Fue a la iglesia y la encontró toda alumbrada, con la Virgen sentada en la silla prioral, presidiendo el coro, y los ángeles en torno a la Señora cantando melodiosamente la salmodia, la Virgen llevaba puesto el hábito blanco de la orden de la Merced, y los ángeles vestían de frailes mercedarios. El Santo, al ver la escena, quedóse extático, arrobado en contemplación, mientras los frailes del convento iban llegando al coro y contemplaban admirados la aparición.


Por eso fue costumbre entronizar la imagen de la Stmª Virgen en los coros mercedarios, incluso se le dió a esta representación nombre propio: La Comendadora de la Merced. Para el del Convento Grande de la Merced de Sevilla se tallaría esta imponente figura: La Virgen con el hábito de la orden se sienta majestuosa, la mano derecha reposa sobre pecho, la otra toma el libro de horas, con los dedos entre las hojas del breviario; el rostro solemne, de celestial belleza. Quizá tuvo sobrepuestos toca de encaje o tela y corona, pero actualmente la imagen de la Señora aparece sólo con un aro-diadema de doce estrellas, luciendo la espléndida cabellera tallada sobre los hombros y la espalda. Se ha atribuído su factura al manierista sevillano Jerónimo Hernández, también al maestro Juan de Oviedo, pero la apariencia actual de la talla la sitúa más cercana a modelos del barroco; quiza una restauración o remodelación del XVII sobre un original del XVI sea la explicación más razonable. De hecho, el estofado en oro y las policromías son del XVIII, y los rasgos de la mascarilla muy semejantes a los modelos del maestro imaginero José Montes de Oca. Sea como sea, es una de las más bellas imágenes de la Sevilla mariana.



Oremus
Deus, qui per gloriosissimam Filii tui Matrem ad liberandos Christifideles a potestate paganorum nova Ecclesiam tuam prole amplificare dignatus es: praesta quaesumus; ut, quam pie veneramur tanti operis institutricem, eius pariter meritis et intercessione a peccatis omnibus, et captivitate daemonis liberemur.
Per eundem Dominum nostrum Iesum Christum Filium tuum, qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti, Deus, per omnia saecula saeculorum.
R. Amen.

Ex Voto

+T.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Lutero es Lutero (y eso no hay quien lo enmiende)


Sobre Martín Lutero pienso lo que un católico consciente ha pensado al respecto toda la vida. No hay ni habrán variaciones que me hagan mudar la opinión porque el caso Lutero es un caso cerrado que no admite retoques porque la historia y sus personajes no están al alcance de los correctores, no se editan. Ni la Iglesia puede des-condenar lo que se condenó justa y oportunamente.

Me adelanto con esto al temido y previsible brote de luteranitis que parece va a afectarnos con motivo de la visita de Benedicto XVI a Alemania. Haber nacido en Alemania, como Lutero, no quiere decir nada más que eso; como - p. ej. - yo nací en España como Prisciliano, y ya está. Compartir geografía no obliga a nada, si me explico.

El Papa, que es cabeza visible de la Iglesia, es, en este sentido, el primero que debe mantener las distancias entre lobos y ovejas. Si comprendo que en el s. XXI no sea justificable (hasta ahora) que armemos 'guerra de religión' contra los luteranos (hasta cierto punto víctimas en segundo grado del pecado de sus antepasados), a la vez mantengo la necesidad de llamar hereje al hereje y herejía a la herejía, porque tal cual permanecen los autores originales del protestantismo y tal cual siguen las doctrinas que inventaron. Todo lo que no sea claramente esto sería inducir a la confusión y al error, como desde un tiempo a esta parte ha pasado tantas veces.

Hará unos tres años, en otro blog que tenía abierto por ahí, no recuerdo por qué, escribí este articulete que me parece oportuno poner ahora aquí. Titulé el articulillo 'La Máscara de Lutero' y decía esto:


En la Marktkirche de Halle se conserva desde 1545 la Totenmaske (máscarilla mortuoria) de Lutero. Un horror. Pero un horror verídico y testimonial que ha conservado en cera policromada las facciones reales del hombre que fragmentó Europa.

La "reforma" progresó por circunstanciales razones políticas, más por coyunturas nacionales y por intereses del momento que por convicción de los afectados. Como en otros brotes reformistas de la Edad Media (el luteranismo es el pollo del huevo que pusieron los heresiarcas del XIV-XV), lo de Lutero pudo haber acabado en un tribunal y una hoguera. Pero sucedió en aquel Imperio con aquellos Príncipes y cuando aquella Roma. Unos aprovecharon la oportunidad y otros no calibraron la gravedad de los acontecimientos.

Aparte de la Iglesia, las consecuencias las pagó (y sigue pagando) Europa, tan herida y dividida por el trauma luterano. Desde aquellos fatídicos años, por ejemplo, la emergente Alemania (sin ser todavía Alemania) sería protagonista omnipresente en todos los conflictos de armas que explotan en el Viejo Continente, desde la Guerras del Imperio hasta la 2ª Guerra Mundial. Un desastre que no se entiende sin el previo "catalizador" del luteranismo-protestantismo y sus derivados.

Recien estrenado el pasado siglo XX los historiógrafos católicos, el dominico Henry Denifle (1904) y Hartmann Grisar S.J. (1908) trazan un perfil bastante definitivo de Martín Lutero, tan real como la Totenmaske de la Marktkirche. Estas dos biografías-ensayo supusieron un shock para el mundo luterano, que se enfrentó de golpe con la realidad cruda y dura de su fundador, hasta entonces más o menos "ignorada".

Después del Vaticano IIº, el ecumenismo filo-protestante ha intentado "suavizar" perfiles, juicios, sumarios y conclusiones. Pero el Lutero que fue sigue siendo el mismo Lutero. Y no hay otro.

Hace unos días un amigo recordaba aquellos testimonios horripilantes de los que vieron aparecer a Lutero ardiendo entre llamas, atormentado. Fueron visiones de visionarios, que corrieron por toda Europa al saberse la noticia de la muerte del reformador.



Como supongo la posibilidad de arrepentimiento y la gracia in extremis para cualquier pecador y desconozco el juicio último del Justo Juez, no quiero imaginarme a Martín Lutero entre llamas; pero me parece falsear al hombre y su obra presentarlo como un modelo o un ejemplo, estando el personaje tan lejos del ideal del "santo cristiano". A estas alturas de la historia, el tiempo puede distorsionar o causar espejismos que pueden valer para un novelorio, pero que no son aptos para evaluar la historia y sus protagonistas.

Mucho menos, para fantasear a costa de la Iglesia. Si la justificación es el ecumenismo, considérese que estamos intentando pegar el cántaro que Lutero rompió. Y faltan piezas esenciales para reconstruir una unidad que históricamente parece irreparablemente perdida.

Desgraciadamente.

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Esto fue lo que escribí en aquel articulete. Aqui, en Ex Orbe, escribí un articulo distinto, pero parecido, que titulé Lutero sigue Lutero, donde decía, con otras palabras, más o menos lo mismo.

Esto que escribo ahora es para decir lo mismo, también.


+T.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Un necesario injerto


Del Vaticano 2º se hizo mitología desde antes de inaugurarse el Concilio, passim. En España hubo un cronista especialmente entusiasta y activo, el sacerdote José Luís Martín Descalzo con su obra 'Un periodista en el Concilio 1962-1965'. Una vez me propuse leerme del tirón, de corrido, los tres tomos (creo que eran tres, en la edición que usé), para no perder el hilo. Con un brioso arranque, todo cohetería, la primera parte es un pandemonium con el laberíntico cuento de los esquemas, secciones, secretarías, rechazos, remodelaciones, votaciones, aulas, comisiones, camarillas, personajes de primera y de segunda, comentarios of the record, chispas de humor, turismo romano, conciliábulos paralelos y una miscelánea de flashes que te dan idea muy impresionista del Vat-2º, su marco y su ambiente.

La lectura de estos libros de Martín Descalzo es absolutamente prescindible; la obra se repite, se hace pesada, decae y languidece a medida que avanza la crónica, pero es interesante comprobar cómo tipifica desde las primeras páginas los patrones que luego se mantuvieron durante el postconcilio, vituperando y tachando con tintas negras a los 'villanos' torpes y cavernícolas (Ottaviani, Ruffini, Siri, el Coetus Internationalis Patrum, etc.) y canonizando y coronando de laureles a los 'héroes', siempre alabados, inteligentes, sagaces, brillantes, en el podio recogiendo aplausos, los Bea, Doepfner, Lercaro, Alfrink, Suenens, Frings, König y todos los 'hombres' del Concilio.

Algunos de los teólogos/consultores que no intervininieron como Jerarquía en el áula conciliar, serían años mas tarde nombrados cardenales por Juan Pablo II - De Lubac, Congar, von Balthasar -. Una extraña honra que precedía a la sepultura de los purpurados, todavía no me explico con qué sentido (salvo el de corroborar con capelos a tan discutibles teólogos y sus contribuciones en el CV2º).

Traigo a pelo todo esto por las cosas que están pasando y que muchos deseamos que se realicen finalmente y se confirmen para bien de la Iglesia Católica, tan descompuesta detrás de los telones, ferias de muestras, festivales y parques de atracciones juanpablistas, que han pasado a ser el plan nuestro para cada año.

Los más avispados, los que buscan timbrarse morado sobre morado (paonazzo dicen en las sastrerías de la Urbe), ya matizan, ya dejan unos flecos de reticencia condescendiente, ya se atreven y prenden algún botón de parabién con sonrisita de un cuarto de dentadura y mirada de soslayo condicionada etc. Los pseudo-baluartes del neo-catolicismo y demás puntos de crotoreada concentración virtual, miran desde arriba y preguntan qué más se les podrá dar si se les está dando todo, bastos hoy más que ayer pero menos que mañana. Hace un rato me han comentado que uno de los voceros mentecatos del neo-cath on-line sale hablando de 'histeria colectiva de filolefebristas', risum teneatis.

Deberían, más bien, reflexionar sobre por qué se ofrece, por qué todo este incipiente pero firme movimiento que, entre otras cosas, desmitifica el CV2 y lo deja expuesto para un exámen crítico que nunca tuvo porque los críticos fueron estigmatizados, excluídos, ocultados, silenciados. Y sin embargo había vida crítica, tan serena, profunda y contundente como la del maestro Romano Amerio, uno de los pocos intelectuales católicos conscientes no conformistas.

Fue la gran paradoja que el Concilio que no quiso ser dogmático quedara constituído en un súper-dogma intocable. Con su apéndice activo, el comodín interpretativo del espectral 'espíritu del concilio', mito sobre el mito.

Todos los concilios envejecen, hay partes, cánones, decretos, disposiciones que han quedado obsoletos, pero lo doctrinal permanece con toda su fuerza y valor teológico en el caso de concilios fundamentales. Sucede como con las obras de arte, sobre las que el tiempo deja su huella pero incrementando, incluso, su belleza, aunque hayan llegado a nosotros despojadas de algunos de sus elementos o exornos originales. En este sentido, los Concilios Antiguos, de Nicea I a Nicea II (325-787) son monumentos clásicos. Trento es un acontecimiento histórico de referencia perenne para el catolicismo, el Vaticano I es otro hito de la Iglesia Católica...¿Y el Vaticano II, en qué quedará, cómo será juzgado dentro de un siglo o de dos? Todavía estamos inmersos en una cercanía temporal que impide las perspectivas apropiadas. Pero sabemos cosas, hemos sentido los cambios, hemos experimentado consecuencias, hemos probado algunos frutos.

Es una tendencia quasi común de nuestra Jerarquía no querer hacer balance; y si existen cuentas y estadísticas parciales hacer relativo caso, o callar. Y seguir, seguir adelante, sin cuestionarse si el camino ha sido recto, si los pasos se han andado bien. En gran parte eso ha sido y es el juanpablismo, un entusiasmo ciego que empuña la bandera del Concilio, se niega a reconocer sombras y se empeña en montar escenarios de luces, muchas luces en escena.

La Iglesia Católica está hoy gobernada por los hombres del post-concilio, una realidad, un dato, que me recuerdo tantas veces con temor y temblor. Nuestros obispos no serán capaces de reconocer un cánon de Trento, pero recitarán de memoria fragmentos de los documentos del Vat.2º. Es natural, siendo como son gente de su generación. Aunque siento que el vaticanosegundismo va cediendo ante el juanpablismo, esa forma de neo-catolicismo tan expuesta a ser disuelta por un remolino de la historia por su inconsistencia, todo entusiasmo en torno a un nombre/una imagen.

Si la FSSPX encontrara finalmente su integración canónica, sería injertar en la cepa herida y enferma de la Iglesia Católica un retoño sano, vigoroso y capaz. Los nuevos frutos serían inmediatos.

Y el tiempo dirá. Sabiendo que los tiempos de la Iglesia no son planes quinquenales, sino siglos en avance hacia el advenimiento glorioso del Señor y su Reino.

Adveniat!


+T.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Et expectantes Oremus !



Aunque en ese breve youtube de Rome-news se note (?) la mano (o la pata) o el 'sello' de Lombardi (o del que sea o los que sean (que pueden ser más de uno (las hydras y los dragones tienen más de una una cabeza))), la noticia es un verdadero acontecimiento, un gaudium magnum.

El comunicado oficial de la Sala de Prensa (Bolletino) de la Stª Sede es parco, contenido, pero cargado de expectativas (leer aquí) en apenas un par de breves frases. El texto del 'Preámbulo Doctrinal' no se ha publicado, habrá que esperar prudencialmente para poderlo conocer; no creo que tarde mucho en filtrarse.

Si las buenas esperanzas se cumplen, tras la espesa noche, ahora empieza a amanecer.

Oremus et in iubilo imploremus.

"- ...Todo está oscuro, pero no todo es noche - dijo Ghân -. Cuando el sol se levanta nosotros le sentimos, aunque está escondido. Ya trepa sobre las montañas, del Este. Se abre el día en los campos del cielo.

-...sed cautelosos

Ghân-buri-Ghân se inclinó hasta tocar el suelo con la frente, en señal de despedida. Luego se levantó como si se dispusiera a marcharse. Pero de pronto se quedó quieto con la cabeza levantada, como un animal del bosque que husmea un olor extraño. Un resplandor le iluminó los ojos:

-¡El viento está cambiando!..."
ESDLA, Lib.Vº cap.5

+T.

Sub luce Crucis, oremus


Desconfio de un arquitecto que critique la perfección del Partenón. Dudo de la capacidad de un músico que odie a Bach. Declaro que no es pintor quien deteste la pintura del Trecento. Diré que es un impostor si me preguntan por un escultor que deprecie a Polícleto. Tendré a menos a cualquiera que sea que reniegue de lo auténtico en cuestión. Aplico esta regla a los católicos que desprecian a la FSSPX: O son ignorantes que no saben, o no son buenos católicos, con tendencias de des-catolicismo activas, pasivas o incubantes. Sic.

Los hechos que ha protagonizado la FSSPX podrán juzgarse como polémicos, pero habrá que reconocerle a esta institución una coherencia de intención y de acción que les define sólida y netamente católicos, con una integridad de doctrina que los católicos conscientes lamentamos ver perdida, mermada, descompuesta y falseada contínuamente dentro y fuera de la Iglesia Católica por representantes y agentes de la Iglesia Católica.

No reconocer la misión que le cabe a la FSSPX en la necesaria y urgentísima restauración y regeneración del catolicismo perdido, es permancer en la ofuscación que ha cerrado las mentes y corrompido la buena voluntad de tantos que deberían haber sido los primeros en reconocer sus méritos y posibilitar su apostolado.

La misión de la FSSPX es ad intra, en el corazón de la Iglesia Católica, para la sanación de la jerarquía y el sacerdocio, para la reconstitución de las familias y los hogares católicos, para la renovación del pueblo cristiano.

De lo que sea que pase en la cita romana de este 14 de Septiembre, nada conjeturo ni adivino. Que suceda ya es algo bueno. Esperar más, se puede; desear más, también. Pero soñar es de ilusos, y temer no es propio del que tiene la fe bien fundada y orientada.

Oremus, ergo. Con la esperanza alta, sabiendo que estamos queriendo lo mejor en un momento en que los peores, desde dentro, siguen descomponiendo y rompiendo las estructuras santas de la Sacrosanta Iglesia.

Lo que tenga que ser, será. Cuanto antes sea, mejor.


+T.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Una fiesta católica para una victoria cristiana (sin complejos)


En el Misal de Pablo VI (1969) desapareció la fiesta del Dulce Nombre de María, que se repuso en la edición del Misal Romano del año 2002, bajo Juan Pablo II, entre las 'memorias' (memoria libre) dedicadas a la Stmª Virgen. Aunque se celebraba en el siglo XV-XVI, se instituye como fiesta universal, para toda la Iglesia, por el Papa Btº. Inocencio XI con motivo de la victoria de los ejercitos cristianos contra los turcos en la batalla de Kahlemberg, a las puertas de Viena.

Desde mediados del mes de Julio, Viena sufrió un implacable asedio. La corte imperial y 80.000 vieneses abandonaron la ciudad, que quedó defendida por una fuerza militar de 11.000 soldados y los 5.000 irreductibles que se negaron a abandonar su capital. Mandaba las fuerzas el general conde von Starhemberg. A primeros de Septiembre, la resistencia parecía insostenible, imposible por momentos. El cerco de Viena suponía el primer paso para la penetración brutal de los mahometanos en el corazón de Europa, debilitada por la fragmentación de estados y confesiones que siguó a la crisis protestante y la Guerra de los Treinta Años. Si caía Viena, con la derrota del Austria de los Habsburgo se abrían al Imperio Otomano las puertas del Sacro Imperio y de toda la Europa Central.

Como cuando la crisis final de Bizancio, sólo la Santa Sede comprendía el riesgo e intentaba movilizar a las potencias católicas. En Francia, Luis XIV se negó en absoluto, incluso comenzó una serie de hostilidades contra ciertas plazas de los Habsburgo en la Alsacia, forzando al emperador Leopoldo I a distraer parte de los efectivos militares que eran necesarios para resistir en Viena. La España languideciente de Carlos II, ya en plena tensión por la controversia de la sucesión del rey, sólo ayudó a sus primos austriacos con recursos económicos, incapaz de movilizar ningún ejercito auxiliar.

Fueron los principados alemanes (Sajonia, Franconia, Baden, Baviera y Suabia) quienes se coaligaron con Leopoldo I. Destacaban brillantes personalidades como Carlos V de Lorena, Luis Guillermo de Baden-Baden, y el ya emergente Eugenio de Saboya. La coalición se hizo efectiva gracias a las instancias del Papa Inocencio XI, tan consciente de la gravedad de la acometida turca y de lo que suponía el sitio de Viena. A pesar del esfuerzo, la empresa parecía inútil, con los turcos bien asentados en torno a la capital austriaca, con tropas suficientes para poder tomarla y continuar luego su avance.

El 15 de Agosto, dia de la Asunción de la Virgen, el rey de Polonia, Juan III Sobieski salía de Cracovia con un animoso ejercito, que encomendó a Ntrª Srª al pasar por el santuario de Czestochowa. Llegados a Viena, los efectivos totales de la Liga Santa sumaban un total de entre 70.000 y 80.000 hombres; los turcos contaban con más de 130.000, con una formidable artillería, una sólida retaguardia y suministros asegurados.

Siguiendo un imprevisible y casi temerario plan de batalla, el ejercito sitiado, con el empuje heróico de Jan Sobieski, lanza un ataque en la madrugada del 12 de Septiembre, antes de las primeras luces, sobre las 4 de la mañana. Se batalló el día entero. A las cinco de la tarde, entraba el victorioso Juan Sobieski en la lujosa tienda del pashá Kara Mustafá. En una de esas frases destinadas al bronce de la historia, el gran Sobieski parafraseó en cristiano la sentencia del César: 'Venimus, vidimus, Deus vincit' (llegamos, vimos, pero fue Dios quien venció).

Quedaron en el campo los cuerpos de 15.000 turcos y unos 4.500 cristianos. El Imperio Otomano no se recuperó del golpe. La lucha, a instancias también de Inocencio XI, seguiria más tarde con la reconquista de Hungría, y Belgrado volvería a manos cristianas antes de acabar el siglo. La Liga Santa propiciada por Inocencio XI unió a reinos católicos, príncipes protestantes e incluso la Rusia de Pedro el Grande se unió a la coalición. El tratado de Paz de Karlowitz sería el punto final de este crucial episodio.

El Beato Inocencio XI entendió que todo fue una obra de la fe, un providencial triunfo por gracia de la intercesión de Ntrª Srª, por lo que solemnizó la fiesta del Nombre de María extendiéndola a todo el Orbe Católico. En Roma, se celebró especialmente la victoria del 12 de Septiembre de 1683.

He querido recordarla por su patente incorrección política: Una fiesta de exaltación de la Cristiandad unida frente a la violencia invasora del islam mahometano. Una efemérides católica que desafía a este novedoso 'espíritu de Asís' que nos invade confundiendo y desvirtuando tantas cosas.

Una cosa fue el espíritu victorioso y creyente de aquel 12 de Septiembre, y otro el timorato y acomplejado espiritu que derivó del trágico 11-S que se ha recordado en estos días.



Como dije al empezar, la Misa del Nombre de María desapareció en el Misal reformado del Vaticano II y reapareció en la edición del 2002. Pero sin referencias, sin encuadre, sin verdadera 'memoria' de la efemérides de Viena. Incluso la oración propia quedó sub mínimis:

Concéde, quæsumus, omnípotens Deus, ut cunctis gloriósum beátæ Maríæ Vírginis nomen celebrántibus misericórdiæ tuæ benefícia ipsa procúret. Per Dóminum.

Gracias a la restauración de la auténtica y venerable Liturgia Romana, los que rezan el Breviario y el Misal antiguo han podido hacerlo con estos luminosos textos y oraciones:

Venerábile Vírginis Maríæ nomen, quod interpretátum maris stella dícitur, Matri Vírgini valde conveniénter aptátur. Ipsa namque aptíssime síderi comparátur, quia, sicut sine sui corruptióne sidus suum emíttit rádium, sic absque sui læsióne Virgo parturívit Fílium. Nec síderi rádius suam mínuit claritátem, nec Vírgini Fílius suam integritátem. Ipsa est ígitur nóbilis illa stella ex Iacob orta, super hoc mare magnum et spatiósum necessário subleváta, micans méritis, illústrans exémplis. O quisquis te intélligis in huius sæculi proflúvio magis inter procéllas et tempestátes fluctuáre, quam per terram ambuláre, ne avértas óculos a fulgóre huius síderis. Maríam cógita, Maríam ínvoca, ut sic in temetípso experiáris, quam mérito dictum sit: Et nomen Vírginis María. ~  Quod quidem dulcíssimum nomen, iamprídem in quibúsdam christiáni orbis pártibus speciáli ritu cultum, Innocéntius undécimus Románus Póntifex, ob insígnem victóriam de immaníssimo Turcárum tyránno, cervícibus pópuli christiáni insultánte, Viénnæ in Austria partam, et in perénne tanti benefícii monuméntum, in Ecclésia universáli síngulis annis celebrári præcépit (Lectio IIIª Ad Matutinum)

(El nombre venerable de la Virgen María, que se dice que significa Estrella del Mar, es el más adecuado para la Virgen Madre. Que bien puede ser comparado con una estrella, pues, como una estrella refleja adelante sus rayos sin ninguna disminución de su brillo propio, también la Virgen dio a luz al Hijo sin pérdida de su virginidad. Ni los rayos disminuyen el brillo de la estrella, ni el Hijo de María su virginidad intacta. Ella es la estrella que brilló antiguamente sobre Jacob y fue puesta por encima de este grande y anchuroso mar. Ella brilla con sus méritos, e ilumina con su ejemplo. Vosotros todos, los que bregais entre las tormentas y tempestades del mar proceloso, para que arribeis a la tierra firme, no aparteis los ojos de la brillante luz de esta estrella. Pensad en María, invocad a María, para que podáis probar el valor de aquello que está escrito: '...el nombre de la Virgen era María' ~ El Papa Inocencio XI ordenó que la fiesta de este Santísimo Nombre, que ya era honrada con un rito especial en algunas partes del mundo cristiano, se celebrara cada año en toda la Iglesia Universal como un monumento perpetuo por la gran bendición de la insigne victoria ganada en Viena, Austria, sobre el crudelísima tiranía de los turcos, opresores del pueblo cristiano.)


Oremus:

Concede, quaesumus omnipotens Deus: ut fideles tui, qui sub sanctissimae Virginis Mariae Nomine et protectione laetantur; eius pia intercessione a cunctis malis liberentur in terris, et ad gaudia aeterna pervenire mereantur in caelis.
Per Dominum nostrum Iesum Christum, Filium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus, per omnia saecula saeculorum.
R. Amen
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*** En las fotos, imágenes del exterior y el altar mayor de la Iglesia del Stmº Nombre de María, junto a la Columna Trajana, erigida en Roma para conmemorar la batalla del Cerco de Viena. En el centro del Altar, sobre una gloria de inspiración berninesca obra de Mario Fontana, se venera un antiguo icono milagroso de la Stmª Virgen, rematado con el anagrama de María; en las pilastras del interior, figuran como motivo decorativo en bronce las águilas bicéfalas de la heráldica de los Habsburgo-Austria.

+T.