lunes, 16 de mayo de 2011

Universae Ecclesiae, la esperada instrucción


Vísperas de mucho, días de nada. O por lo menos de poco, diría yo. Será por el hambre no saciada, será por la sed no satisfecha. Pero la instrucción me sabe a poco. Porque expone el motu proprio Summorum Pontificum, pero no añade casi nada más.

Sí, hay detalles. Sí, dice cosas. Sí, el texto de la instrucción se presta a ser comentado y examinado y da materia para un seminario sobre el asunto. Por ejemplo el nº 8 de la instrucción, que expone 3 razones/motivos del motu proprio:

8. El motu proprio Summorum Pontificum constituye una relevante expresión del magisterio del Romano Pontífice y del munus que le es propio, es decir, regular y ordenar la Sagrada Liturgia de la Iglesia3, y manifiesta su preocupación como Vicario de Cristo y Pastor de la Iglesia universal4. El documento tiene como objetivo:

a) ofrecer a todos los fieles la Liturgia romana en el usus antiquior, considerada como un tesoro precioso que hay que conservar;

b) garantizar y asegurar realmente el uso de la forma extraordinaria a quienes lo pidan, considerando que el uso la Liturgia romana que entró en vigor en 1962 es una facultad concedida para el bien de los fieles y, por lo tanto, debe interpretarse en sentido favorable a los fieles, que son sus principales destinatarios;

c) favorecer la reconciliación en el seno de la Iglesia.


a) quiere decir que ofrecer no es realizar; y que el tesoro digno de conservarse, ni se ha conservado, ni se conserva

b) declara:  1º- que la forma extraordinaria ni está garantizada ni asegurada; 2º- que es una concesión pro bono fidelium que no se otorga de buen grado y oportunamente en la mayoría de los casos; 3º que se destina a los 'fieles', y no cita a los sacerdotes (¿porque no se destina a los sacerdotes?)

c) reconoce que existe una ruptura interna, eclesiástica, muy grave, como pocas veces las ha habido; una ruptura que se hará más extensa y profunda en tanto en cuanto no se corrijan los errores que la han ocasionado, los litúrgicos muy especialmente

Así y todo, mi impresión es que esta instrucción, tan esperada, no va a hacer más practicable el motu proprio cuando, se supone, debería clarificar sin dudas y facilitar sin trabas su ejecución.

¿Un obispo que se pasa por el forro de la mitra lo que dice el Papa va a cumplir obedientemente lo que le mande hacer una comisión (y siendo la comisión Ecclesia Dei, además) y tratándose de materia litúrgica ??? Parece como si se ignorara la pasta (tan deficiente) de que están hechos nuestros prelados.

Nuestros prelados son el principal obstáculo para la recuperación y re-introducción de la Misa tradicional. Son sus enemigos. Ni siquiera digo cripto-enemigos, porque no se emboscan para boicotear, lo hacen a las claras, sin complejos. Justamente por el grave complejo liturgicista con que les infectaron allá por los años en que se de-formaron en los seminarios, a golpes de textos bugninistas y críticas irreverentes contra la Liturgia y el Rito de la Iglesia. Esos sacerdotes de entonces son los obispos de hoy, adversarios de la restauración litúrgica que significan Summorum Pontificum y ahora esta instrucción Universae Ecclesiae.

Otro frente hostil, muy adverso, es el de las facultades teológicas y centros académicos, profesores y enseñantes de liturgia, uno de los sectores académico-eclesiásticos más deformados y corrompidos. La resistencia al motu proprio y la Misa tradicional es muy intensa, quasi visceral.

La clave del futuro del motu proprio y la instrucción, no obstante, son los sacerdotes, los párrocos más concretamente, pues ellos son (deberían ser) los promotores de las celebraciones de la Misa Tradicional. Pero tanto Summorum Pontificum como ahora Universae Ecclesiae conceden la iniciativa a los fieles, no a los sacerdotes. A estos se les permite sólo la celebración sine populo:

23. La facultad para celebrar la misa sine populo (o con la participación del solo ministro) en la forma extraordinaria del Rito Romano es concedida por el motu proprio a todos los sacerdotes diocesanos y religiosos (cf. motu proprio Summorum Pontificum, art. 2). Por lo tanto, en tales celebraciones, los sacerdotes, en conformidad con el motu proprio Summorum Pontificum, no necesitan ningún permiso especial de sus Ordinarios o superiores.

¿Por qué sine pópulo? Porque, en el fondo, no se quiere que los fieles se re-inicien y re-eduquen en la espiritualidad de la Misa tradicional; nuestros obispos no quieren fieles afectos a la Liturgia tradicional. Se admite, se consiente, se tolera a los que hay. Pero no se promueve que haya más. Y como la promoción depende, efectivamente, de que en las Parroquias se celebre el rito y la gente se vaya formando en él, no se deja la iniciativa a los párrocos y sacerdotes, los únicos que de hecho pueden realizar/ejecutar lo que el motu proprio y la instrucción conceden. Es decir, que todo puede quedarse en papel mojado, en cuanto los derechos litúrgicos de los fieles no tengan ejecutores de los mismos; es decir, sacerdotes promotores de la iniciativa. Se reconoce un bien, se concede este bien, se arbitran reglamentos para su práctica, pero se restringe todo puesto que se les veda la facultad de poderlo hacer a los únicos que pueden realizarlo.

Se me viene a la cabeza la exclamación de San Pablo:

"...¿Cómo invocarlo sin creer en Él? ¿Y cómo creer, sin haber oído hablar de Él? ¿Y cómo oír hablar de Él, si nadie lo predica? ¿Y quiénes predicarán, si no se los envía?..." Rm 10, 14-15


Lo de la formación en los seminarios no pasa de ser una de esas recomendaciones que tiene quasi nulo valor en cuanto no vayan respaldadas por un decreto efectivo:

21. Se exhorta a los Ordinarios a que ofrezcan al clero la posibilidad de adquirir una preparación adecuada para las celebraciones en la forma extraordinaria. Esto vale también para los seminarios, donde se deberá proveer a que los futuros sacerdotes tengan una formación conveniente en el estudio del latín8 y, según las exigencias pastorales, ofrecer la oportunidad de aprender la forma extraordinaria del rito.

Cualquiera que sepa cómo se las gastan nuestros prelados, acertará si supone que la 'exhortación' será agua de borrajas. Por lo pronto, la recomendación ya estaba hecha, y no sé de ningún seminario español que haya emprendido esa tarea. Sé, sin embargo, de las incomodidades (digámoslo así) que sufren los seminaristas que se interesan los más mínimo por el tema.

Y así estamos. Con los seminarios ignorantes. Con los curas impedidos, sin poder celebrar la Misa con fieles asistentes. Y con los obispos en guardia, con el báculo alzado, para que ningún seminarista pida instruirse, ni ningún cura pida Misa con pueblo. No sea que el pueblo se vuelva católico y recupere el catolicismo perdido. Que no ha de tornar. Que no se quiere que vuelva.

Como tampoco quieren ver volver la Misa tradicional, que consideran una extravagancia de siglos pasados pretendida ahora por grupos extraños, casi todos sospechosos de estar incursos en el nº 19 de Universae Ecclesiae.

¿Que qué dice el nº 19 de U.E.? Pues más que decir lanza una sospecha la mar de chocante, con tufo de antigua inquisición, lean ustedes:

19. Los fieles que piden la celebración en la forma extraordinaria no deben sostener o pertenecer de ninguna manera a grupos que se manifiesten contrarios a la validez o legitimidad de la santa misa o de los sacramentos celebrados en la forma ordinaria o al Romano Pontífice como Pastor supremo de la Iglesia universal.

Esa es la mente sospechosa de los obispos, muy bien retratada en este nº 19 de Universae Ecclesiae

Uno concluye que, en el colmo de sus desconciertos, nuestra Iglesia, en patente proceso de des-catolización, concede con parsimonia y administra con cuentagotas los remedios que sanarían la enfermedad y contendrían y remediarían la plaga. Razonablemente, consideradas las circunstancias, se comprenderá si los más conscientes dudamos de que exista una verdadera y efectiva voluntad de sanación y recuperación.

¡Qué caro lo van a pagar los reticentes que no quieren! (cuando llegue su hora). Y cuánto nos queda que sufrir a los conscientes que queremos, y que no vemos que esté clareando definitivamente la oscuridad.


+T.

viernes, 13 de mayo de 2011

Preocupantes juntamientos, inquietantes aproximaciones



Hace un par de días, por un amigo, me enteré de la visita del obispo de Segovia a la mezquita del lugar. Lo primero que me extrañó (y me molestó) es que hubiera una mezquita en Segovia, desagradable particular que desconocía. Aun no consigo meter ese elemento extraño entre mis básicos conceptos de identidad segoviana: El Acueducto de Segovia, el Alcázar de Segovia, el cochinillo de Segovia. No me cuadra una mezquita entre esos tres vértices.

Después del chocante impacto, el segundo shock fue ver las fotos de la susodicha visita episcopal al local mahometano. La noticia ilustrada aparece en la página del obispado:

Visita del Obispo a la mezquita de Segovia

Para incremento de mi desasosiego, informan que el Sr. Obispo no sólo fue de visita, a saludar y tomarse un té moruno con yerbabuena, sino que, como dice con circunloquio la noticia, "se hizo presente en la oración del viernes de la comunidad musulmana".

Un Viernes, sea el Viernes que sea, un católico (¡cuánto más un obispo católico!) se acuerda de laPasión del Señor y la conmemora; un Viernes es día de rezo de los Misterios Dolorosos, y el día de la semana más adecuado para practicar el Santo Viacrucis. El Viernes, para un católico, es día penitencial. Lo que nunca ha sido un Viernes (para un cristiano, para un católico) es un día de visita a las mezquitas. Entre otras razones, porque una mezquita no es un lugar adecuado/apropiado para un cristiano. No digo ya para un obispo.

Pero ahí está el muy mentecato, con dos de la curia segoviana, de visita, confrater-mahometanizando. Incluso parece que se ha procuró un look light (sin sotana, sin fajín, sin solideo, sin pectoral) para entonar con el entorno infiel (son muy sensibles a los detalles estos infieles): Una camisa celeste, una gabardina. Y los dos acompañantes, a la moda proletario-sindical, vistiendo modelo marcelinocamacho, la mar de identificados con el vestuario rancio-marxista. Vestuario que contrasta con el que viste el moro-jefe de la mezquita, que parece recién venido del zoco de Fez, recien bajado del minarete, o recién salido de harén (o del haram; no me explico bien con los términos estos). Un moro - en todo caso - que viste como lo que es, y esto es muy respetable. Lo del obispo y sus dos azafatos, no.

¿Y por qué estas visitas, estos encuentros, estas querencias? Imagino que su excelencia mentecatísima, con la edad que aparenta, versado en la textualidad pastoral (que no dogmática) vaticanosecundista, sacaría a relucir y citaría la estupefaciente Nostra Aetate, y la declararía como su motivación inspiradora, probablemente.

Item más: Supuesto el 'espíritu de Asís' juanpablista sacaría a relucir el ejemplo poli-religioso del tutti-frutti batido de aquel famoso y aciago 'encuentro', tan 'ejemplar', fuente de inspiración para todos los obispos de buenas tragaderas, que se disponen - como es el caso - a repetir el acogedor 'gesto'. Helo aquí demostrado.

Pero hay más: Ambientando la feliz ocasión con más recientes citas, el prelado de la ciudad del Acueducto, el Alcázar y el cochinillo pronuncia a la sazón unas palabras de actual Pontífice felizmente reinante:
"...musulmanes y cristianos tienen que esforzarse hoy por ser conocidos y reconocidos como adoradores de Dios, fieles a la oración, deseosos de comportarse y vivir según las disposiciones del Omnipotente, misericordiosos y compasivos, coherentes para dar testimonio de todo lo que es verdadero y bueno, recordando siempre el origen común y la dignidad de toda persona humana, que constituye la cumbre del designio creador de Dios para el mundo y para la historia"
Y así se escribe la historia, que se dice. Y estos son nuestros tiempos, que padecemos. Y esto es lo que hay. Y no hay más, por lo pronto.

Bueno, sí, sí hay más. Otra visita, otro recibimiento, otro encuentro la mar de chocante, la mar de inquietante. Este:

Benedicto XVI recibe a la B'nai B'rith




Ya digo que me resulta inquietante. Mucho. Y por mucho que me expliquen no se me disipa la inquietud, la verdad.

Resignarse a los tiempos y las cosas, a estas cosas de nuestro tiempo, es lo que me resulta problemático, personalmente. Quiero decir que se me plantean problemas morales, de conciencia. Desde luego, no apruebo. Lo que no sé bien ajustar todavía es qué sigue, el paso siguiente.

Y en esas perplejidades ando.

+T.

miércoles, 11 de mayo de 2011

El Maestro Ávila: Un doctor sin alumnos?


Hace unos días confirmaban los noticiarios católicos que durante la estancia de SS Benedicto XVI en España, el próximo Agosto - D.m.- iba a ser proclamado Doctor de la Iglesia San Juan de Ávila. El momento no es demasiado a propósito para un acto así y mucho menos para un Santo Doctor como el Maestro Ávila. Una JMJ juanpablista no me parece el marco más adecuado. Pero valga la excepción que dará cierta publicidad a un Santo que nunca ha tenido demasiada popularidad.

Salvo en ambientes eclesiásticos y en Almodóvar del Campo (el pueblo donde nació) y en Montilla (donde murió y se venera su sepulcro-relicario), la devoción a San Juan de Ávila no ha trascendido apenas. Y sin embargo es uno de los casos que identifican una época y un perfil de santidad excepcional. Para su beatificación y canonización tuvo el handicap quasi invencible de no haber sido religioso y no contar con una congregación o una orden que apoyara su causa, empeñándose en ella. Sólo contó con el relativo interés de algunos prelados y un poco, sin implicarse salvo lo justamente necesario, la Compañía de Jesús.

Después de varios siglos de lento y complicado proceso, pudo ser beatificado por León XIII en 1894, y canonizado finalmente por Pablo VI en 1970, merced a una gracia excepcional: Un proceso 'equipollente' que, de hecho, suponía un inusual privilegio en cuanto se le dispensaba de algunos requisitos del todavía entonces riguroso proceso canónico. Cierto es que desde España intervinieron y suplicaron todos nuestros obispos, con el Jefe de Estado, Generalísimo Don Francisco Franco, a la cabeza. La tramitación de toda esta parte final del proceso corrió a cargo de la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, una institución que conservaba el prestigio que, desgraciadamente, ha ido declinando desde, precisamente, aquellos años.

Aquellos años, con el 1970 como cierta fecha referencial, supusieron para toda la Iglesia el comienzo del declive general, una época de decadencia que siguió (esta vez, indiscutiblemente, post et propter concilium) durante las sucesivas décadas. Y dura todavía. Y durará hasta Dios sabe cuándo.
Alguna vez comento que lo mejor del Vaticano IIº fue la fecha de convocatoria-celebración, aquellos años en los que hubo un Episcopado bien formado y santo, como en pocas épocas de la Iglesia. Seguidamente, reflexiono que si aquella estupenda asamblea produjo tan discutibles frutos, estremece pensar lo que podría haber sido un concilio convocado diez o quince o veinticinco o cuarenta años después. ¡Dantesco!.

A aquel Vaticano II, nuestros prelados hispanos llevaban, podría decirse, una impronta 'avilista'; iban todos animados por el celo espiritual y pastoral del Maestro Ávila, el que compuso en sus días aquellos dos memoriales que causaron notable efecto en el aula de Trento:

- Memorial primero al Concilio de Trento sobre la reformación del estado eclesiástico, en 1551

- Memorial segundo al Concilio de Trento sobre lo que cese debe avisar a los Obispos», en 1561

Los Padres Conciliares españoles, sus secretarios y sus consultores, llevaban en sus alforjas la doctrina del Beato Ávila, como un precioso aval de competencia doctrinal y espiritual. Cuando se hablara de sacerdocio y de sacerdotes, los españoles sabrían qué decir y hablarían ilustrando con la ciencia santa y la piedad fervorosa de Juan de Ávila.

Eran los años de las primeras ediciones de las obras completas del Btº Juan de Ávila, la quasi legendaria de Don Luís Sala Balust, en la BAC, después reeditada con complementos de otros expertos avilistas. Eran los años en que una verdadera corriente de espiritualidad avilista corrió por los seminarios y las aulas eclesiásticas españolas. Una época dorada que todavía debe latir en quienes han promovido la inclusión de San Juan de Ávila en la selectísima lista de Doctores de la Iglesia Católica.

Cuando dieron la noticia, hace unos días, se comentaba también que habia quedado suspendida la promoción de San Luís María Grignon de Montfort al docto elenco. Ignoro si por consideraciones de insuficiencia de nivel doctrinal, o si por circunstancias que tengan que ver con la oportunidad.

Con los Santos Doctores ha sucedido un poco como con los Santos, que después de muchos siglos de contención ha habido un cierto aumento progresivo desde el siglo XVIII al presente. Aun así se mantiene un número relativamente bajo, sólo 33, contando los de más venerable antigüedad, los Padres de la Iglesia. De los más modernos, indiscutibles fueron las dos primeras doctoras, Catalina de Siena y Teresa de Jesús; muy discutible, sin embargo, la adición de Juan Pablo II, Stª Teresa de Lisieux, cuya 'doctrina' resulta tan 'pequeña' (de verdad) junto a la de los otros 32 grandes. Cosas del btº JPII y su voluntarioso santoral.

El doctorado de San Juan de Ávila dejará, sin embargo, patente las dos notas que la Iglesia examina y reconoce en los Santos Doctores: Santidad de vida y eminencia de doctrina. Con un plus de severo ascetismo que corre por toda la obra avilista, apasionada en la exposición del misterio de la santidad como gracia en correspondencia al Misterio de Cristo; y a la vez rigurosa cuando predica, amonesta, excita, propone, enseña y pide. No es el Maestro Ávila un acompañante de almas pusilánimes, sino un rector de militantes decididos y abnegados. Es recio, no es delicado. Y no es que le falte dulzura, es que no dispensa mitigaciones, y aplica el cauterio al rojo cuando hay llaga que sanar. Y si hay sanidad, abre llaga de amor con fuego. El Maestro Ávila es tremendo. Quizá por eso fueron de su trato tantos Santos; y por lo mismo es tan poco tratado.

Su preciosa obra, la que junto con sus virtudes le va a llevar al alto asiento de los Doctores, ha servido de materia de estudio para muchas tesinas y tesis, algunas tan forzadas cuanto haya sido el capricho del extractor, unas veces más acertado y otras menos. Pero sustancia para santidad, en estos años últimos, poca. Y no digo que no haya habido santos varones, santos sacerdotes que se hayan nutrido piadosamente en la teta avilista. Lo que estoy diciendo es que no recuerdo haber conocido a ninguno con el sello del Maestro Ávila patente (ni siquiera el experto Esquerda Bifet), que es mucho Santo para parecérsele.

En mi afán por tenerle, una vez me traje un candil renegrido de hollín de su alcoba, en su casa de Montilla; lo perdí (y sé quien me lo quitó, pena me da). Y también conseguí una reliquia ex córpore, con su auténtica. También tengo unas cuantas estampas con pequeñas astillas de una de las cajas que contuvieron sus reliquias, con las oraciones de petición para la causa de canonización. Hace poco regalé una.

Y en cuanto puedo y me los voy encontrando, compro los libros. No me gustan los comentarios, ni los ensayos. Esta mañana regalaban uno, que no me ha interesado procurarme: Prefiero el original. Las palabras del Maestro Ávila tienen el poder revulsivo de la gracia, que siempre te toca, que nunca te dejan insensible, que te queman o te hieren o te espolean. Tienen vida y efecto. Ahí va un florilegio:


Ay del sacerdote que sube al altar si no lleva en el corazón el fuego de Dios! ¡Ay del sacerdote que dice misa con fuego de codicia o de vanidad, y no con fuego del amor de Dios! ¡Ay de él que le dirán el bien que hiciste, ¿de qué corazón salió? ¿Salió del corazón tuyo o de corazón mío? Todo lo que hallare no haber procedido de amor de Dios, no lo recibirá Dios… todo lo que hallare hecho sin haber estado presente el Espíritu del Señor, no lo recibirá. Aunque sea hacer milagros, aunque sea derramar la sangre, si no está presente el Espíritu Santo, todo es perdido… El que no tiene Espíritu de Cristo, este tal no es de Cristo." (Sermón 28)


"Y diría yo que no sé con qué conciencia puede tomar este oficio quien no tiene don de oración, pues que la doctrina de los santos y de la Escritura divina parece que el sacerdote tiene por oficio, según hemos dicho, orar por el pueblo; y este orar para ser bien hecho, pide ejercicio, costumbre y santidad de vida, apartamiento de cuidados, y, sobre todo, es obra del Espíritu Santo, y don suyo particular, no dado a todos, mas quien a quien Él quiere." (2ª Plática a los clérigos)


"Y aun no sé si entendemos nombre de oración; porque como San Hierónimo dice, este negocio más se hace con gemidos que con palabras; y aquél solo saber gemir como debe, para que su oración tenga fuerza, a quien el Espíritu Santo le enseñare este modo de orar. De esto nos avisa San Pablo diciendo: Nosotros no sabemos qué ni cómo hemos de orar; mas el Espíritu ora por nosotros con gemidos que no se pueden contar (Rom 8,
26). El Espíritu Santo en sí mismo no padece ni gime, dícese que pide con gemidos, que no se puede contar. ¿Qué andamos pidiendo que nos digan cómo hemos de orar en el memento: quién porné primero, quién porné después, para que, en espacio de dos o tres credos, pasemos aquello por la memoria? ¡Y con esto hemos bien orado y procedemos luego a la consagración! ¡Oh dolor grande! ¿Y así se ha Dios de amansar? ¿Así se ha de
alcanzar la paz de las guerras, la fe para los infieles, la conversión para los pecadores y el estar justos en pie? ¿Con cosas que tan poco cuestan pensamos de alcanzar cosas de tanto tomo y verdad? Gemidos, gemidos nos son pedidos, y no que salgan de sentimiento de cosa temporal, ni que salgan de la voluntad guiada por razón, mas inspirados por el Espíritu Santo, tan imposibles de ser entendidos por los que no los tienen, que aun los que los tienen no los saben contar. Padres míos, ¿saben qué tales han de ser los gemidos que demos los sacerdotes en el acatamiento de Dios, pidiendo remedio para todo el mundo? Como dice san Basilio, que así como en el oficio sacerdotal representamos la persona de Jesucristo nuestro Señor, así le hemos de representar e imitar en los gemidos y oración que el oficio sacerdotal pide." (2ª Plática a los clérigos)


"Suele algunas veces este Consolador reprender y reñir a las ánimas, como diciendo: “¿En qué entiendes? ¿Qué haces? ¿Por qué te descuidas? Cata que va mal eso, mira que conviene hacer tal cosa primero que ésa, dejar tal compañía, procurar la otra, comunicar con tales personas. Mira que se pasa la vida; haz el bien que pudieres, las limosnas que pudieres; pon por obra lo que se te ha enseñado. No se vaya la vida toda sólo en buenos deseos y pensamientos, y ninguna obra. Mira que se pasa la vida, y no sabes si te llamará Dios nuestro Señor en medio de tu mocedad. Cata no te halles burlado”; y así otras cosas de esta manera." (De sus Sermones)

"Quisiera yo veros a todos comulgados y confesados, y en gracia, para que se os pegara bien a las entrañas lo que se ha de decir; pero creo que no habéis hecho lo que os he rogado. Decid: ¿Habéis comulgado y confesado cuantos estáis aquí en esta fiesta santísima? ¿No? Dicen que no. Pues aun Aristóteles dijo que no basta la vista del médico para sanar, si no haces lo que te dice. Ya os he dicho que no basta mirar y que no ha de engordar vuestra ánima ni se puede hartar con sólo el ver, si no come. Habíais de estar ahora en gracia." (De sus Sermones)


“No sabéis comulgar. ¿Habéisme entendido? Creo que no. ¿Por qué no sentís provecho? Porque no sabéis comer. No hay manjar, por muy amargo que sea, que, si no lo mascáis, sintáis su amargura. Si no, miradlo en una píldora, que, con ser como una
hiel, no se siente, porque no se masca. Ni tampoco hay manjar tan dulce, que, si os lo tragáis sin mascar; sintáis su dulzura. ¿Por qué no sabéis comulgar? Porque os tragáis el Santísimo Sacramento entero y no lo desmenuzáis; que si el sacerdote, antes que fuese a decir misa, pensase un rato en los trabajos de Cristo; si se entrase un rato en un rincón y se parase a pensar en aquella tristeza que Jesucristo pasó en el huerto de Getsemaní; si te lo estuvieses allí mirando con cuánta tristeza oraba al Padre, y te dolieses allí de Él, y llorases y te entristecieses con Él; y si pasases más adelante, cómo le prendieron y cómo iba aquel benditísimo Cordero entre aquellos lobos rabiosos con tanta mansedumbre; si te pasases a mirarlo cómo anda de juez en juez; si tus ojos lo mirasen en aquella durísima columna amarrado, desnudas sus carnes, y te parases a pensar cómo las desmenuzan con crueles azotes; si un rato antes tu ánima se parase a mirar a Jesucristo, cómo lo coronaban de espinas, y mirases por aquel rostro sacratísimo cómo corrían arroyos de sangre; si te parases a considerar cuál iba por aquella calle de la Amargura, tan cansado con la cruz por ti; si lo considerases puesto después en ella con tanta deshonra y tormento, tan blasfemado y hollado de todos; si te parases a pensar esto, y dijeses: “Adónde voy? ¿Qué voy a hacer? Señor, ¿qué os voy a recibir a vos? Señor,
¿qué habéis vos de entrar en mi cuerpo? Bendito vos seáis”, y ¿cómo desfallecemos pensando en esto? Si el sacerdote y el que va a comulgar desmenuzase muy bien a Jesucristo primero, no dudo sino que sentiríais grandísimo sabor y dulzura en comulgar. Pero no lo desmenuzáis, no os aparejáis, ¿qué queréis que os haga? Ojalá, hermano, os aparejareis como para un convite que hacéis a un amigo vuestro. Ver qué negociado andáis, qué solícito, diligente, buscando lo uno y lo otro. No os disponéis como sería razón; no hay más sino ¡alto! a comulgar quiero ir; no lo habéis pensado cuando ya lo tenéis hecho. En comulgando, ni os recogéis más que antes; hacéislo como primero; en comulgando luego ¡alto! a la plaza; ¡alto! a casa a comer las ollas, a entender el uno con el otro; ¡alto! a la conversación y andar por ahí perdidos. No lo desmenuzamos; no sentimos nada, porque no rumiamos. Comemos el pan de la fuerza, y quedamos desmayados y flacos; comemos el pan de alegría, y quedamos tristes; comemos el pan de la vida, y quedamos amortecidos como antes. (De Sermones)"


"Nunca faltan mil miserias. Quitarás todo eso. No ha de quedar nada; blanco, liso como un pergamino, que tiene despegada toda la carne para escribir has de quedar. Quita esas malicias, esa mala condición; quita todos esos males, si ha de escribir Dios en tu ánima su sabiduría y los dones de su gracia. Limpia, lisa, relumbrando ha de estar; no ha de tener ni aun pelito ni aun rasguito; quitado has de estar de toda carne. Señor, esta injuria me hizo fulano; si antes que me la hiciera lo quería bien, ahora lo quiero más. Por amor de vos trabajo paso en vencer mi fantasía y mi soberbia, en desasirme de mis pasiones; pero todo lo quiero pasar por serviros.

Negaros, renegaros tenéis; ninguna cosa ha de quedar en vos de vos mismo; quitar tenéis ese vuestro parecer; negar tenéis vuestros apetitos, vuestras pasiones; negar habéis vuestra gula, vuestra lujuria, vuestra malquerencia, vuestra soberbia, vuestra envidia. Claro está que, si habéis de seguir a Cristo, que habéis de dejar todo esto… Ninguna cosa habría que recia se os hiciese. Negad vuestra sensualidad; negad todo el placer de esta perecedera vida; negad vuestra propia voluntad y parecer y tomad vuestra cruz seguid a Jesucristo”. (De sus Sermones)


"Todo viene de arriba; de allá desciende; no hay acá en la tierra poder que tal pueda hacer; no hay quien vuelva los corazones. Por fuerte que sea tu carne para mal, más fuerte es el Espíritu Santo para el bien; por sano que estés, te hace enfermo; por florido que estés, te marchita; y por bravo que seas, te amansa; y por alto que seas, te derriba, y mata en ti y destierra todo lo que hay fuera y en contrario a Dios; y cría, aumenta y resucita todo aquello que agrada a Dios.» (De sus Sermones)


El Maestro Ávila estaba persuadido de que los pecados, debilidades y faltas del clero, obispos y sacerdotes, era una de las causas de la ruína de la Iglesia de su tiempo:

"...Mírese que la guerra que está movida contra la Iglesia está recia y muy trabada y muchos de los nuestros han sido vencidos en ella"..."En tiempo de tanta flaqueza como ha mostrado el pueblo cristiano, echen mano a las armas sus capitanes, que son los prelados, y esfuercen al pueblo con su propia voz, y animen con su propio ejemplo, y autoricen la palabra y los caminos de Dios, pues por falta de esto ha venido el mal que ha venido"... Pero sin unos buenos Colegios (de clérigos, centros de formación y seminarios) no habrá modo de salir de esos males."

Algunas veces, pone el dedo en llagas que parecen que son de ayer mismo, como si hablara hoy, al presente:

"..Cosa es de dolor cómo no hubo en la Iglesia atalayas, ahora sesenta o cincuenta años, que diesen voces y avisasen al pueblo de Dios este terrible castigo para que se apercibiesen con penitencia y enmienda, y evitasen tan grandísimo mal..."

Yo me pregunto si un Doctor tan acertado va a tener, ahora, alumnos correspondientes.

Por lo pronto, se va a encontrar con que los mismos que le aplauden la subida al doctorado, nuestros prelados españoles, se niegan a celebrar la Misa tal y como la celebró y con la que se santificó el Santo Maestro y Doctor Juan de Ávila.

Penoso y contradictorio particular, uno entre muchos por el estilo.

+T.

domingo, 8 de mayo de 2011

Saqueo espiritual juvenil


El Papa, ayer, con motivo de la jura de los nuevos miembros de la Guardia Suiza, dirigió a los jóvenes soldados pontificios, entre otras, estas severas palabras:

"...existe también la amenaza de un saqueo más peligroso, el que podemos definir como espiritual. En el actual contexto social, muchos jóvenes corren el riesgo, de hecho, de caer en un empobrecimiento progresivo del alma, porque siguen ideales y perspectivas de vida superficiales..."

Se refería mayormente - pienso yo - a esos pijetes del youtube juanpablista y demás galería en serie. Seguro.

Como se puede comprobar en el vídeo-lelo, la abducción mental con dañino estrambote espiritual es un riesgo muy grande en determinados ambientes y/o consorcios. Ya se sabe.

Y como algunos despistados se exponen, quedan captados, embobados y ensartados en el espetón del youtube de marras. Y en otros, que hay más. Todos por el estilo: La mar de guays, la mar de pijos, la mar de monos, la mar de chupis.

Mazo, molón, mogollón y total.

Total.

p.s. Con perdón de la Guardia Suiza, por ponerles junto a esta piara de pavos neocon. Pero ha sido con propósito de depurar el aire del blog, después del bote de humo del youtube ese.

&.

sábado, 7 de mayo de 2011

La cuestión conciliar abierta y reformable


Hubo concilios celebrados en pacifica sesión y clausurados en armónica comunión, algo no tan corriente ni tan frecuente como se supone, ya que algunos concilios tuvieron sus momentos de tensión, de colisión, de agresión y hasta de tumulto. Y no fueron los peores ni los menos importantes, al contrario.

Recuerdo como una estupenda, aprovechada y divertida temporada de estudios el curso que dediqué a estudiar los Concilios de los siglos IV-V y sus secuelas, toda una parte fascinante y fundamental de la Historia de la Iglesia y el Dogma Cristiano. Y recuerdo las trifulcas de los Padres Conciliares, unas veces agarrados a las barbas (los unos de las de los otros), otras a baculazo limpio (unos en las cabezas de otros), y otras dictando doctrina sacratísima entre vociferaciones, sentencias, anatemas y contra-anatemas. Fascinante. Y el Espíritu Santo activo como nunca, iluminando la mente de los Santos y dejando sin luces los entendimientos de los malos. Así se celebraron y desenvolvieron los Concilios de la antigüedad.

A veces, el tsunami sobrevenía post-concilium, con episodios violentos que eran la consecuencia de lo que no se ató debidamente bien en el aula conciliar y, poco después de clausurarse, todo o parte de lo discutido se enredaba desatando otra polémica o volviendo a enredar la que se trató.

¿Un concilio intocable? No. ¿Un concilio inerrante? No. ¿Un concilio irreformable? No. Por todos sitios (sitios serios, católicos, conscientes, creyentes) se urge la reconversión del Vat.2º en el sentido de la tradición de la que depende sine qua non. Absolutamente.

Ayer y anteayer fue noticia en los medios católicos italianos la proclama del ilustre profesor Roberto de Mattei, en el sentido de que la infalibilidad pertenece a la Iglesia propiamente, no al concilio, y que el concilio puede errar, equivocarse. Y ahora ha sido el Papa Benedicto quien insiste en la ya abierta polémica aportando nuevas tesis/sentencias al caso:

- la relación correcta y constante entre sana traditio y legitima progressio

- el vínculo estrechísimo y orgánico entre la renovación de la Liturgia y la renovación de toda la vida de la Iglesia

- la Liturgia de la Iglesia va más allá de la propia 'reforma conciliar' cuyo objetivo no era principalmente el de cambiar los ritos y los gestos, sino más bien renovar las mentalidades y poner en el centro de la vida cristiana y de la pastoral la celebración



Son extractos del discurso del Santo Padre a los liturgistas de la Facultad de San Anselmo, el centro académico-litúrgico romano por antonomasia, al recibirlos en audiencia con motivo del 50 aniversario de la erección del Pontificio Instituto Litúrgico San Anselmo, justo en los prolegómenos del Vaticano IIº.

Algunas palabras del Papa, pronunciadas en ese ámbito, tienen una gravedad importante; por ejemplo estas:

“Por desgracia, quizás, también por nosotros Pastores y expertos, la Liturgia fue tomada más como un objeto que reformar que no como un sujeto capaz de renovar la vida cristiana”

¿No está claro? ¿No se entiende? ¿O no quieren entender? Citas como esta, con el precedente del motu proprio Summorum Pontificum plantando un puntal referencial, tienen en sí y adquieren en proporción un valor especial, en cuanto suponen, de hecho, una crítica del máximo nivel al Vaticano IIº, su obra y sus consecuencias. Una crítica hecha por la única y privilegiada instancia que puede, por autoridad ex sese, reconvertir lo mal hecho y rectificar lo desviado.

Algunos se preguntan ¿por qué no más contundencia, entonces? La respuesta es tan evidente como dolorosa: Por la cerrilidad contumaz de gran parte del episcopado y ciertos sectores de la Iglesia, que se han instalado en el innovacionismo vaticanosecundista de forma, paradójicamente, inmovilista.

Un inmovilismo en el sentido de marcar una línea de no retroceso, porque en otro sentido aceleran el progresismo ideológico sin freno postulando una especie de perpetuo ensayismo creativista, ya en la liturgia, ya en la doctrina, ya en la moral.

Para todos los comentaristas del Vaticano IIº, la controversia litúrgica fue el primer capítulo de la polémica conciliar. No sería de extrañar que ese importante particular fuera, a cincuenta años de distancia, la causa-motor de la necesaria y urgente reconversión.

n.b. Un extracto del discurso del Papa en zenit
Y el original en italiano en Messa in Latino


p.s. Reconozco, sin embargo, que el tono general eclesial facilita muy poco la seriedad católico-ambiental que debería acompañar una oportunidad tan esperanzadora como la que parece haber abierto el pontificado de Benedicto XVI.


+T.

viernes, 6 de mayo de 2011

Bajo el estupefaciente efecto del exceso




Es un youtube papólatra-juanpablista. Veinteañeros neocons con dos dedos mentales de sub-catolicismo, enajenados por un pseudo-mensaje de entusiasmo inflado como una pompa de jabón. En el vídeo apenas se nombra (¿una vez?) a Cristo, como una referencia secundaria frente a la monstruosa semblanza juanpablista que devora todo, como si no hubiera habido antes nada ni hubiera después tampoco nada, sino sólo él, sólo él, sólo él.

Confirmando mis más pesimistas tesis juanpablistas (debería haber registrado en la SGA el nombrecito-concepto), se descocan y proclaman con todas las letras que la movida de Agosto en Madrid es para él, por él y según él. Sólo él.

¿No es un horror que el entusiasmo no-pare-siga-siga, como un ritmo estridente-estupefaciente de esos que aturden por las ventanillas abiertas de los coches de los macarras?

Como esto no se pare pronto, como el juanpablismo no cese y no cambien el ritmo, las ruínas van a tapar con sus escombros la cúpula del Michelángelo.

¡Qué pena!

p.s. Se me olvidaba: Los neocón-pperos están 'en-can-ta-dos' que se derriten de emoción con el youtube. Con el gusto se definen. El próximo que publiquen será con ritmo y letra rap. Es cuestión de tiempo (si es que no lo han grabado ya).

+T.

miércoles, 4 de mayo de 2011

El entusiasmo y la precipitación


Un anónimo (no sé si amigo invisible o si enemigo emboscado) me ha avisado en un comentario que me han puesto en la picota; o en la 'caverna' de Infracatólica, mejor dicho. A parte de que las cavernas me fascinan (las geológicas, las platónicas y las admirables del Cuartenario), que te señalen los iraburritas y los mercenarios paniaguados de la pluma forzada, a estas alturas, es un honor que define muy bien. Gracias, gracias, muchas gracias. No merezco semejante distinción.

Pero para que vean los iraburritos que no andamos desnortados, vean Uds. lo que se dice y comenta por ahí un par de días después de la beatificación express de Juan Pablo II (para algunos 'magno'):

Sobra evidencia de que Juan Pablo “sabía que Maciel era un criminal”

Así de duro es el titular. Que tiene todas las probabilidades de estar en lo cierto, como Uds. mismos juzgarán cuando lean el articulete, nada sensacionalista, sino todo lo contrario: Muy aclarador, ponderado, bien informado y aportando datos.

Desde antes de 1956 sabían en Roma cosas de M. Maciel. Por eso quizá el poco relieve del personaje durante aquellos años y los pontificados siguientes. Fue justamente con Juan Pablo II cuando Maciel salió a escena, a bombo y platillo.

Me pillaron en Roma aquellos años dorados, cuando los Legionarios descollaban en todo y por todos sitios, brillantemente. No había punto clave romano donde no estuvieran (o se les esperara). Y muy bien, por cierto, con toda competencia, calidad y nivel. Quizá JPII soñara con hacer de la Legión la sustituta eficaz de la Compañía para su Tertio Millenio Adveniente. Y se comprende si tuvo o hubo esa intención. Lo que no se comprende ni se puede tapar con el repostero de la beatificación es la cobertura de JPII a Maciel.

El caso Maciel, por mucho que se repita y se diga, es una monstruosidad que no tiene parangón en la Historia de la Iglesia. De tal maginitud que pone tacha, da sombra y deja mancha en todo lo que tocó y a todos los que se arrimó. Y la proximidad de Maciel y Juan Pablo II fue mucha. Ahí están los hechos, que cantan.

Se podrá decir, como se dice, que la aceptación/promoción/espaldarazo fue a la obra (de Maciel), a la Legion, los Legionarios de Cristo y el Regnum Christi, independientemente del sórdido fundador. Pero es que el sórdido fundador estuvo todo ese tiempo en el candelero romano. Sólo al final, con un Juan Pablo II patéticamente valetudinario y las riendas del gobierno en manos de un par de Eminentísimos, ocurrió el retiro de Maciel. Y la pena canónica no vino sino después de muerto y sepultado Juan Pablo IIº.

Cuando estos últimos días se ha visto tantas veces en los esecenarios de la beatificación al Cardenal Stanislaw Dziwisz (en los años juanpablistas nada más y nada menos que Don Estanislao, un simple sacerdote-monseñor con más influencia y poder que los más conspicuos curiales vaticanos), me resultaba inquietante la reaparición del personaje, que tantos datos sobre tantas cosas supo en su día y calla ahora. Tantas cosas sobre tantos casos.

Pero un secretario debe callar, servir y guardar discreción. Es su oficio. Lo que me parece impropio es que se velen con cortinas cosas que van a salir a relucir con poco mérito para los protagonistas, directos o indirectos, y mucho descrédito para la Iglesia.

Supongo que me comprenderán Uds. si confieso que a mí me importa la Iglesia, no los personajes de la Iglesia, sean quienes sean y/o quienes hayan sido. Con adornos, con marco, pulidos o revestidos, con gestatoria o en papamovil, con tiara o con casco de bombero, un Papa tiene un valor tan relativo como el que le confiere el plazo de su pontificado. Y su valor mayor, una vez pasado, queda en su doctrina, su magisterio y su gobierno. Por eso es tan peligroso precipitarse y 'subitanear' lo que, por prudencia y discreción mínimas, debería tratarse con parsimonia y pies de plomo.

Vuelvo a comparar y reflexionar sobre una figura tan enorme como Pio XII, alabada universalmente en 1958 y en 1962 calumniada y pisoteada con saña irreverente; hoy todavía pesa sobre su recuerdo la venganza implacable del peor sionismo que ha hecho del Papa Pacelli un totem maléfico, con tal efectividad que en el mismo Vaticano pesa un tabú sobre su causa, tabú del que no fue ajeno el recien beatificado Juan Pablo II. Comparar la causa del Papa Pacelli con la de Wojtyla da mucho que pensar.

Pero así como los testimonios sobre Pio XII van esclareciendo el humo con el que oscurecieron su historia, lo que pueda pasar con la historia de los años juanpablistas es un dossier abierto que, por mucho que algunos quieran cerrar, permanecerá mucho tiempo con sus páginas preparadas para recoger lo que se vaya sabiendo y publicando. Hechos y conclusiones como las del articulete mexicano, tan tremendo.

Repito que me importa la Iglesia; los personajes en tanto y en cuanto. Aunque sean beatos (de lo que me alegro tanto como se merecen, of course).

+T. (cavernícola, de la inmemorial y nobilísima tribu del bisonte rojo altamirano, honradísimo y complacidísimo de serlo, inmerecido y altísimo honor).