viernes, 10 de septiembre de 2010

Un abandono escandaloso


La noticia con su escándalo ha corrido como pólvora en pocas horas por Sevilla entera. Primero en los mentideros clericales y después por todos sitios, porque el personaje es archi-conocido, de esos que ellos mismos se han dado a conocer, muy interesados en hacerse un sitio (un buen sitio) en la opinión pública, en primera fila, en palco.

Ha sido un privilegiado, Vicario Episcopal, párroco de una de las mejores parroquias de Sevilla capital, responsable de congresos super-publicitados, director de instituciones de primer rango diocesano, canónigo de la Santa y Metropolitana Iglesia Catedral, con todas las prebendas y buenas prendas anejas a todos esos cargos. Setenta y tantos años de edad y cuarenta y tantos de cura.

El bombazo es tal por el calibre del personaje, de mucho peso: ¡Se va! Quiero decir que se va y acompañado, por la puerta grande del escándalo clericalón. Abandona la clerecía, cuelga la sotana morada de canónigo (la negra común, la de cura corriente, me parece que nunca la usó) y deja la pingüe parroquia y el sitial del coro y todos los demás honores...porque le ha vencido el mundo, el demonio y la carne (no sé, no puedo precisar, si en esta o en otra secuencia de orden y/o afectación).

Se cuenta que ha sido "tentado" oficiosamente con algunas alternativas/salidas airosas, para mantenerle en un interim menos escandaloso. Pero él ha dicho que no, que ahora, que ya.

Yo me temo que es un infeliz, desde él sabrá cuando, porque estas cosas no son anécdotas de un día para otro sino que se gestan durante años, largo tiempo, hasta que explotan. Han jugado, él y otros, a modernistizar, apuntándose a todas las vanguardias, apostando (les fascina este concepto) a la revolución eclesial, inventando y organizando gestos desafiantes. Paso a paso, se estaban vaciando de fe y vaciaban la fe de todo lo que pasaba por sus manos. Seguramente, como todo sacerdote, habrá hecho mucho bien, no lo dudo. Pero ahora se computarán los daños causados y será durante algún tiempo un peligroso. Que el Señor nos libre de lo que todavía puedan hacer, decir y/o tramar.

Causa escalofríos considerar en manos de quiénes hemos estado. Porque han sido personajes así los que han gobernado nuestra Diócesis. Incluso el plan pastoral vigente ha sido trazado y elaborado por ese equipo que ha dirigido todo durante los últimos veintitantos, casi treinta años. Y todavía conservan puestos e influencias notables, muy importantes. Todavía.

No sé si este roto estrepitoso será la primera escandalosa defección de otras que pudieran seguir, siendo las circunstancias tan semejantes para otros personajes de su entorno. De todas maneras, el escándalo ya está en la calle, rodando.

A los afectados habrá que reanimarles. Porque estas heridas dejan heridas. Un sacerdote toca muchas cosas, sagradas y profanas, altas y bajas, del espíritu y de las conciencias, de las personas y de sus circunstancias. Y cuando se infecta un ministro sagrado, deja su pus infectante en cada alma que ha tratado.

Por eso toca rezar, hay que orar. Hay que pedir al Señor que repare y restañe con gracia la desgracia, para que sane y limpie el rastro infeliz que este caso, como todos los demás de esta clase, va a dejar. Que perdone y mande arrepentimiento al protagonista. Que los fieles olviden al hombre caído y se agarren sólo a la Cruz que, aun en estos desgracidos misterios del pecado (el pecado es también misterio, ¡que no se olvide!), resplandece como única señal de salvación. Siempre brilla la Cruz; si hay más oscuridad, más brillante luce.

Y que el Señor nos guarde y nos conceda sacerdotes buenos, fieles, perseverantes, resistentes al mal y a la tentación. Y santos, con la gracia de Dios.

&.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Arquitectura insignificante para el signo (minimizado?) de la Fe


En un par de dias se me ha juntado la pésima impresión de dos altares para dos próximos eventos, los dos muy señalados: La beatificación de Newman en Birmingham y la peregrinación del Papa a Santiago. Un doble y desagradable impacto estético-espiritual.

Que todas las bellas artes están sumidas en la crisis del no-arte es tan evidente como son patentes los desechos de un Tapies o un Barceló, manipuladores arteros para el consumo de absurdos conformistas de lo abyecto. La arquitectura también, de forma muy manifiesta y tanto más infectante/invadente cuanto que han convertido el mundo en una galería homogeneizada despersonalizante, construyendo lo mismo para una cosa y otra, en un sitio y en sus antípodas. A veces pienso que es un eructo retardado del empacho uniformista del izquierdismo sesentayochista, tan penetrado en la mente de las pseudo-élites, todavía.

Particularmente me preocupa en cuanto afecta a la fe. La fe es gracia, y virtud, y es sobrenatural. Pero la fe es para el hombre y el hombre está en el mundo, y aunque el hombre de fe, por la fe, se despega del mundo, en su decurso el mundo se le pega y termina oliendo a su mundo, que es su entorno. A pesar de la fe.

La fe de Tomás de Aquino tenía el color de y olía a siglo XIII tanto como la de Descartes se coloreaba y olía a grand siècle. Y nuestra fe, desventuradamente, huele a siglo XXI con tufo retroactivo y persistente del XX, que no son buenos olores para la fe. Ni para el arte. Incluso peor para el arte que para la fe, en razón de su materialidad fundamental.

Aunque en el fundamento del arte esté algo tan sutil y volátil como la inspiración, que es razón, que es intelecto, en el siglo del absurdo desfundamentante el bajo intelecto de la razón inspiradora deforma lo material hasta la degradación artística que padecemos, titubeante para la belleza y atrevida para el feísmo inexpresivo y vacuo, nauseabundo. Lo grave es que en la mente des-inspirada del pseudo-artista se pretende, justamente, eso. O se disimula con esto la imposibilidad esteril de una verdadera expresión de lo bello.

El otro día, viendo un mini-reportaje sobre algo que pintaba Antonio López, una vista de la Puerta del Sol, me asaltó la misma impresión de cada vez que veo algún cuadro suyo: Pinta muertos, pinte lo que pinte, sea un retrato, sea un paisaje o una pila de bidé, todo lo pinta muerto (o lo mata cuando pinta). Es la antítesis de aquellos maestros que pintaban naturalezas muertas que revivían en sus cuadros. Y pienso en los bodegones de Sánchez Cotán o de Zurbarán, que laten vida a pesar de ser materia inerte pintada. La diferencia entre arte y no-arte, que se quiere obviar.

Conozco, y me perturba, aficionados a eso, ciegos de yo no sé bien qué parte de los ojos, la estimativa o la razón estética. Enfermos, sin duda. Quizá, también, sea por pecado, por el pecado (no digo sus pecados, no me atrevo). Y es triste. Pero me afecta más, decía, cuando entiendo que devalua a la fe, al misterio.

Volviendo a los 2 altares proyectados, vean y juzquen sus calidades estético-religiosas y católico-litúrgicas:

Este es el escenario proyectado para la beatificación de Newman

Este el que se va a levantar en el Obradoiro para la Misa del Papa

El del Birmingham está super-visto, mil veces repetido, fatigosamente aburrido por multi-representado, passim, aquí y alla, tan semejante a un escenario de concierto, de auditorio, de espectáculo de cualquier cosa y/o género. Solamente la presencia minimalista de algún signo cristiano (un crucifijo) le confiere cierta entidad identificativa. Nada más.

El de Santiago, a falta de más concreción y detalle, según se ve en ese esquemático plano, parece una tarima-plataforma con techo y mampara lateral estilo ikea. Se supone que la decoración posterior precisará más que se trata de un espacio determinado para la celebración de la Misa por el Papa Benedicto. Llevará, imagino, algunos emblemas ad casum, alguna leyenda u otros elementos configurantes. Y poco más.

Se entiende que todo ese espacio escenográfico, el inglés y el compostelano, se transformará y aparecerán definitivamente sacralizados en cuanto sean ocupados por el Papa y el clero asistente. Pero pregunto: ¿De que se trata, para qué se han construido, para enmarcar al Papa o para celebrar el Sacrificio del Altar? ¿Qué/Quién tiene que resaltar? ¿Qué presencia debe remarcarse y prevalecer, la del celebrante o la del Celebrado?

En el sentido de esta cuestiones (y otras anejas y dependientes que evito por simplificar la exposición y no cargar el artículo) se me degrada la apreciación de uno y otro escenario en razón de una consideración que va más allá de lo estético-arquitectónico, porque se trata ya de una reflexión litúrgico-sacramental, y de índole espiritual y piadosa.

¿Qué creen (o qué no creen) los que idean tales formas para expresar y contener la Fe y el Misterio? ¿Y los responsables que encargan y aceptan eso?.

Lo de Birmingham supongo que se va a levantar en un espacio abierto, un descampado en el extra-radio de la ciudad, sin edificios próximos. Pero lo de Compostela se va a erigir en plena Plaza del Obradoiro, entre el Palacio de Rajoy y el Colegio de San Jerónimo...y la fachada de la Catedral, como un espejo. Un espejo para no mirarse y no tener forzosamente que compararse.



No pretendo decir que sean comparables una arquitectura efímera e insustancial con otra monumental, al mismo nivel, con parejas consideraciones. Pero sí digo que en este y otros casos semejantes se impone una relativa comparación, imposible de evitarse, indisimulable: Esto es lo que edifica nuestra fe, y aquello es lo que edificó la fe de los que nos precedieron, en otros siglos.

¿Es la misma fe, se puede identificar una con la otra, la nuestra con aquella, según se ve, según las formas visibles que manifiestan una y otra, la fe que trasluce el altar diseñado y la fe que contiene la fachada del Obradoiro? ¿Esta fe de hoy es aquella fe de ayer?

Una difícil cuestión que responde , primeramente, para irse matizando con considerandos y juicios que complican la primera y aparentemente facil identificación conclusiva, sin más. (Y eso que no he introducido la variante Pórtico de la Gloria, elemento de expresión de fe de un orden y calidad estético-cristiano un grado aun más profundo que el de la monumental fachada, que es su exterior, simplemente su envoltura).

Desde el versículo de la Escritura "...caeli enarrant gloriam Dei et opera manuum eius adnuntiat firmamentum /los proclaman la gloria de Dios, el firmamento anuncia la obra de sus manos" Sal 18, ¿qué mensaje, qué pregón de Dios hacen esos dos altares, qué dicen, qué enseñan de Cristo el Señor, de su Misterio, de su Presencia? ¿Y qué idea dan de su Iglesia, la que va a celebrar tan gran Misterio en ese espacio concebido ex profeso, para una y otra ocasión?

¿Opinan ustedes? ¿Deducen ustedes, concluyen? ¿Se atreven? Porque la conclusión da escalofríos. Si se cree, claro está.

A propósito: ¿Ustedes creen?

p. s. Y más a propósito: ¿Esas cosas les ayudan a creer?

+T.

domingo, 29 de agosto de 2010

Taizé, un encanto insuficiente


Confieso que me gusta la música de Taizé, algunos de los cantos corales de Taizé, quiero decir: Adoramus te Christe, Jesus le Christ, Cristus remember me, Nada te turbe, etc. Me gustan porque no son estridentes, manifiestan piedad, ambientan suavemente, y algunas de las letras de las canciones son en latín. Hasta ahí llega mi aprecio por Taizé. Después, sobre todo lo demás, tengo y mantengo un juicio muy diferente.

Desde los años de seminario, he conocido casos de gente que iba a Taizé y volvía "transformada"; transformación que al cabo de un tiempo iba derivando en alejamiento de la práctica de Misa y Sacramentos y/o indiferencia espiritual, para terminar en una común y ordinaria actitud contra-católica anti-religiosa. Y por ahí andan. Por supuesto ya no van a Taizé. Tampoco digo que Taizé sea la causa de estas defecciones. Pero sí digo que ese declive de fe les sobrevino a partir de Taizé, de haber estado en Taizé.

La semblanza que en estos días - sorprendente en alguos medios - se hace de Taizé traza un ambiente atractivamente idílico, centrado fundamentalmente en la personalidad amable de su promotor/fundador, el hermano Roger Schutz, una de las figuras más características de la espiritualidad cristiana de la Europa del siglo XX. Siglo XX europeo - no se olvide - que hay que definir desde dos guerras mundiales, el traumatismo del comunismo-telón de acero, el Concilio Vaticano II y el post-concilio, y las inciativas políticas pan-europeístas. En estas coordenadas, la personalidad y la obra de Roger Schutz son un significativo particular que contiene parte de todos estos elementos, como un pequeño mosaico compuesto con fragmentos de la razón de todo lo demás, de todas las circunstancias de la Europa del momento.

Cuando leo algo sobre los comienzos (idealizados?) de Taizé, se me plantea una cuestión: ¿De qué huía Roger Schutz cuando se aleja de su mundo/ambiente protestante? Si había insatisfacción, ¿de qué era, cual había sido? ¿Qué fue lo que dejaba y qué lo que buscaba?

A continuación se me plantean en paralelo otras preguntas sobre el fin, sus logros: ¿Encontró lo que quería? ¿una definitiva satisfacción de su sed espiritual? Aquí se me viene a la cabeza la canción extrañamente mística de Taizé, con letra (retocada) de nuestro Luís Rosales (¿y la breve música de Narciso Yepes?):

De noche iremos, de noche,

que para encontrar la fuente

sólo la sed nos alumbra

sólo la sed nos alumbra


No sé si el hermano Roger se sitió identificado con esta letrilla que yo, sin embargo, identifico con él, con el hermano Roger de Taizé. Me parece adecuada a la impresión que saco de su persona y de su obra.

Una obra extraordinariamente bien vista por la Iglesia Católica, como se desprende de las abiertas comunicaciones, simpatías y elogios. Cierto grado cenital de abierto reconocimiento se alcanzó en un acto memorable, cuando en el funeral de Juan Pablo II, con todo el mundo como testigo, el hermano Roger recibió la Comunión (en la mano) de manos del todavía Cardenal Ratzinger, celebrante de la Misa exequial del recien fallecido Pontífice. Como tantos católicos, yo también me pregunté si había algo más en aquella escena, si por fín el hermano Roger había sido plenamente recibido en la Iglesia Católica, y con aquel acto público y multitudinario se le daba finalmente publicidad.

He dicho "plenamente" porque desde los años '70 se difundió la impresión de que el hnº. Roger era católico de facto, a tenor de una cierta (y confusa) confesión de catolicidad profesada ante monseñor Armand Le Bourgeois, obispo de Autun, en 1972, quién le administró por primera vez, públicamente, la Comunión. Sin aclararse nada sobre el particular, se conjeturaba que sería una conversión mantenida en una relativa discreción, por las peculiares circunstancias de la vocación ecuménica de la comunidad de Taizé.

¿Cual es esta vocación ecúmenica, y de qué clase? El ecumenismo de Taizé es previo al espíritu ecuménico del Vaticano II y el post-concilio, diríamos que a la distancia que marcan las fechas; desde el nacimiento de Taizé en 1940 a la clausura del concilio en 1965 va esa diferencia de veinticinco años, que en cronología ecumenista son muchos más y miden conceptualmente un lapsus mayor. Digo esto para hacer ver que lo que se inicia en Taizé no sintonizaba con el ambiente general de la Iglesia Católica del 1940. Que, sin embargo, veinte años después sería una tónica dominante en la Iglesia conciliar de Juan XXIII y de Pablo VI. Precisamente, Roger Schutz y su obra se vieron manifiestamente recibidos en el Concilio, incluso personándose con uno de sus más carismáticos representantes, el hno. Max Thurian, invitado expresamente como observador conciliar. Max Thurian sí se convertiría al catolicismo, y se ordenó sacerdote católico poco tiempo después. Con él, la comunidad de Taizé patentizaba la consumación de su ecumenismo, una comunidad plenamente ecuménica, en la que convivían fraternalmente protestantes y católicos...y el hnº Roger, su superior. El hnº. Roger quedaba siempre indefinido en una especie de status de excepción eclesial.

A veces (supongo que otros habrán sentido lo mismo) he tenido la impresión de que Taizé se colocaba (se postulaba) por encima de la Iglesia, con ese confuso valor supra-eclesial que desde algunos estamentos/ambientes católicos parecía concedérsele al ecumenismo y sus instituciones. Algunas desdichadas imprecisiones oficiales de la Iglesia (un imperfecto/impreciso magisterio?) parecían dar pie a esta hiper-valoración ecumenista. El discutibilísimo subsistit in conciliar (LG), sin ir más lejos, por ejemplo (un raro y extravagante particular necesariamente explicado y re-explicado por el magisterio posterior, permítaseme el excursus). Taizé, con este telón de fondo católico, se perfilaba como la iglesia ideal de la intercomunión y la integración. Por lo menos así era vista la comunidad de Taizé por muchos, un pretendido ideal que empezaba a realizarse y se demostraba posible y factible en Taizé. ¿Un ensayo logrado? ¿Una experiencia de futuro abierto? Para muchos, yo diría, que una providencial profecía. (como ilustración de lo que llevo dicho, es interesante este artículo-entrevista con declaraciones del Card. Kasper, publicado hace un par de años)

¿Cual fue, en realidad, la situación/relación del hermano Roger Schutz con la Iglesia Católica? Yo respondería describiéndole como una de especie de catecúmeno privilegiado, que nunca llegó a la integración definitiva, plena y perfectamente reconocible y confesable. ¿Por qué? Y vuelvo a plantearme la cuestión: ¿Qué le impidió reconocerse y ser reconocido plenamente católico? ¿Algún particular de la Iglesia, algún motivo concreto, irremovible/inasumible por su conciencia?



En vísperas de la beatificación del gran converso del siglo XIX, John Henry Newman, el caso de Roger Schutz se me plantea todavía más extraño. Y su tratamiento por parte de nuestra Jerarquía, aun más raro. ¿No pudo asumir la Iglesia que sí asumió J.H. Newman? ¿La iglesia del pre-Vaticano I pudo ser confesada y reconocida por el intelectual anglicano Newman pero la iglesia del post-Vaticano II no pudo aceptarse/asumirse por el fundador de Taizé? (?)¿Qué separaba a un hombre sencillo y sincero como Schutz de abrazar la Fe que por su parte sí confesó e hizo admirablemente suya el gran Newman?

Algunos que queremos pensar bien siempre que se trata de pensar sobre la Iglesia, entendimos que la Comunión recibida en la Plaza de San Pedro, ante todo el Orbe Católico, escondía una clave católica, quizá una conversión acordadamente tácita, no hecha oficialmente pública por razón del caso especial de Taizé, tal y como parecía reconocerse por el siempre demasiado ansioso ecumenismo católico. Por el bien de Taizé, había sido por su bien, me explicaban algunos. Y mientras mejor me lo querían explicar, más reticencias se me despertaban. Nunca, pensándolo despacio, me argumentaron convincentemente por qué no la explícita conversión (si la había, si la hubo) y su reconocimiento.

Y así se me fue desdibujando el perfil del hermano Roger, incluso a propósito de su muerte, tan sorprendente y tan poco explicada, tan poco detallada, que pasó como una noticia de fin de semana de Agosto, con todo el mundo de vacaciones, entre el sopor perezoso de los noticiarios de la canícula. Y poco más. A parte la impresión de que con él Taizé también se diluía, uno de esos fenómenos tan ligados a la fuerte impronta de su ideador-promotor que al irse este se llevaba su obra también con él.

Desconozco cómo ha derivado Taizé, su comunidad, su mundo, desde la desaparición del hnº Roger. Insisto, sin embargo, en la impresión de relativa decadencia. Alguna vez pensé en Taizé como otro epifenómeno de la Francia del '68, con tantos elementos que se podían asimilar a los movimentos juveniles de aquellos años, incluído el fenónemo hippie.

Cuando me hablaban de la integración en Taizé del protestantismo (la espiritualidad bíblico-escriturística), la ortodoxia (veneración de iconos y cierta espiritualidad litúrgica) y el catolicismo (la capilla con la reserva del Sacramento, la celebración de la Misa y el sacramento de la Penitencia), todos estos elementos me parecían encajados en una estructura motivadora, atractiva, pero confusa, indeterminada, insuficiente.



El magistral (y cada vez más reconocido) Romano Amerio, en uno de los capítulos de su Iota Unum hace una crítica fundamental al concepto "movilista" de la fe, entendida como búsqueda y no como posesión. Trae a colación al filósofo alemán Lessing, citando una parábola suya conocida como "eine duplik" (una réplica):

"Si el infinito y omnipotente Dios me diese la posibilidad de escoger entre el don escondido en su mano derecha, que es la posesión de la verdad, y el don escondido en su mano izquierda, que es la búsqueda de la verdad, yo rogaría humildemente. ¡Oh Señor! concédeme la búsqueda de la verdad, porque poseerla solamente es propio de Tí"


Amerio señala, por una parte, el absurdo que entraña la situación/respuesta; y por otra la exqusita soberbia intelectual del que se prefiere a sí mismo, a su propia lucubración/cavilación/movimiento despreciando la verdad de Dios (la única y plena Verdad). En palabras del propio Amerio:

"...Prefiere su propio movimiento subjetivo y la agitación vital de su Yo a ese valor para detenerse en el cual le ha sido dado el movimiento subjetivo."


y concluye diciendo que
".... El error por el cual se estima más la búsqueda de la verdad que su posesión es una forma de indiferentismo."


¿Es eso, algo de eso, lo que es realmente Taizé? ¿Por eso la experiencia de muchos jóvenes que visitan Taizé concluye luego en una defección, un abandono de la práctica religiosa y un decaimiento paulatino de la fe?

Concluyo con una cita del hermano Roger Schutz, unas palabras de principios de los años '50:

"Sé entre los hombres un signo de amor fraternal y de alegría.
Ábrete a lo que es humano y verás disiparse todo vano deseo de huida del mundo.

Sé presente a tu época, adáptate a las condiciones del momento.
¡Oh Padre!, no te pido que los separes del mundo, sino que los preserves del mal.

Ama a los desheredados, a todos aquellos que, viviendo en la injusticia de los hombres, tienen sed de justicia. Jesús tenía para con ellos atenciones particulares. No temas jamás ser incomodado por ellos.

Ten por tus padres un profundo afecto; que éste les ayude a reconocer, por su misma cualidad, lo absoluto de tu vocación.

Ama a tu prójimo, cualquiera que sea su horizonte religioso o ideológico.

No te resignes jamás al escándalo de la separación de los cristianos que, confesando todos tan fácilmente el amor al prójimo, permanecen sin embargo divididos.

Ten pasión por la unidad del Cuerpo de Cristo."


Aun reteniendo el recuerdo amable del hermano Roger y su espiritualidad sincera, entiendo que son exortaciones asumibles por un católico, pero insuficientes, algunas con bastante contradicción interna, o faltas de una explicitación más concorde con el sentido del Evangelio.

Resumiendo, como he titulado esta reflexión-comentario: Un encanto insuficiente.


+T.

viernes, 27 de agosto de 2010

Iceta definitivamente en Bilbao


El nombramiento del nuevo obispo de Bilbao, Mario Iceta, se ha hecho declinando Agosto, con las fiestas de verano ya celebradas, la gente todavía de vacaciones, y el escenario de acontecimientos agostado. Es una de esas fechas que se escogen por discreción, que no es lo mismo nombrar obispo nuevo en Marzo que aprovechando el verano. Con eso se adelanta, de paso, la próxima entrada de curso, que será ya con obispo titular y aposentado.

Me declaro muy escéptico sobre la operación Munilla-Iceta, y no simpatizo nada con ella. Son dos "obispos de crianza", criados en maceta/invernadero ad casum, con determinados padrinos y deliberadas intenciones. Lo que pasa es que luego las cosas no salen como los experimentos de laboratorio y las pruebas de ensayo. Tratándose de obispos y de diócesis, mucho menos.

Yo no sé bien cómo llamar a estas operaciones episcopologueras, ni tampoco cómo designar a sus mentores-ideadores. A mí, personalmente, me daría miedo jugar al laboratorio de obispos y las incubadoras de mitras. Me da miedo, justamente, porque creo en el Episcopado. Y en Dios, nuestro Señor, y su Santísima Providencia, que todo lo rige y todo lo ordena y consuma. Es verdad que la gracia supone la naturaleza, pero determinar tan determinadamente la materia (las personas) para que la Gracia venga y actue (los obispos ordenen obispos), me parece una temeridad.

Verdaderamente, en este asunto de los nuevos obispos hay que preveer y proveer, que es una de las misiones de los obispos, precisamente dando cierta practicidad eficiente a su mismo nombre: En el griego original-etimológico, obispo quiere decir, más o menos, "supervisor". Pero una cosa es supervisar y disponer con sentido sobrenatural, y otra imponerse y/o tentar al Cielo. Claro está que de actos como este está la Historia bien surtida, pero la Historia demuestra cuántos yerros han habido por lo mismo. Y también, sobre lo mismo, cuántos partos de los montes que al final han sido casi nada, agua de borrajas. Aunque conste que, históricamente, también se conocen aciertos. Pero mucho me temo que no sea este el caso.

Por lo pronto, de lo de Iceta y Munilla se sigue y deduce una confirmación de la tesis "indigenista" que pide y exige obispos nativos para determinadas diócesis por exigirlo la razón política de determinadas provincias, regiones y territorios donde están las susodichas diócesis. Quiero decir que contra el entusiasmo de los que aplauden (ellos sabrán por qué (o no sabrán)) los nombramientos de Iceta y Munilla, sépase que la victoria, desde ese punto de vista, es de los que postulan obispos vascos para las Vascongadas. Que en el caso del recién titulado Iceta estarán encantados con su racial e inconfundible segundo apellido, un trabalenguas impronunciable de esos que ostentan orgullosos los etarritarris de las tres provincias vascas. Recalco que ahora, después de los años de Blázquez, otra vez con todas las sedes episcopales ocupadas por indígenas.

Pero, según noticias, el segundo efecto de la operación Iceta-Munilla es aun peor: Parece ser que en Roma dan luz verde para la constitución de una provincia eclesiástica vasca, con todo lo que esto supone, que supone mucho. Primeramente es dar cumplimiento a una ya vieja reivindicación de los eclesiásticos vascos con un reconocimiento que trasciende lo eclesiástico para afectar a lo político, puesto que sumará un grado más de virtual independentismo, un apoyo más para las reivindicaciones secesionistas de los separatistas.

Como inmediata consecuencia, también se desligan las vinculaciones histórico-eclesiásticas de las diócesis de Bilbao y Vitoria con la Archidiócesis de Burgos, de la que hasta ahora dependen como sufragáneas. Y otra consecuencia del mismo orden es que al constituirse la nueva provincia eclesiástica, queda en vilo la capitalidad de la misma, que por razones de obvio nacionalismo, se pretenderá que sea Pamplona. Si se concediera tal supuesto, sería otra apoyatura más para las tesis de la "nación vasca", que vería razonada sus ambiciones anexionistas sobre Navarra. Supondría, igualmente, una reordenación de toda la territorialidad eclesiástica, puesto que las otras diócesis sufragáneas de la Archidiócesis de Pamplona-Tudela, Calahorra y Jaca, tendrían que segregarase y reintegrarse en otra provincia eclesiástica (Zaragoza, probablemente).

Item más: Con la novedad de la re-estructuración eclesiástica, no sería disparatado que, con el tiempo, se postulara la resurrección de la diócesis de Tudela, para dar más entidad a la nueva Archidiócesis.

Por supuesto, todo esto son conjeturas y meras lucubraciones, posibles y probables todas ellas, pero sujetas a lo que Roma disponga. De todas maneras, aun sin Pamplona como cabeza, solamente con las tres diócesis de Vitoria, San Sebastián y Bilbao formando entidad eclesiástica propia, hay sustancia más que suficiente para alterar de forma muy notable el panorama de la Iglesia en España. Se me podrá decir que de hecho eso ya sucede, puesto que desde hace ya bastante tiempo ciertos documentos y medidas de determinado alcance pastoral se publican y se toman con el consenso y la coordinación de estas mismas diócesis. Pero siempre hay que insistir en el valor del derecho, que en asuntos como este vendría a ratificar los hechos, con las consecuencias colaterales de orden político que se derivarían, justamente, de ese reconocimiento eclesiástico de iure.

Volviendo a Iceta (y a Munilla), alguna vez he comentado que la relativa consecución de los objetivos que se hayan trazado al respecto dependerá de la permanencia de Iceta y Munilla en sus respectivas sedes, así como de la firmeza de sus criterios y formas de gobierno pastoral. Una mudanza de una u otra condición acabaría con todo el plan. He comentado también que la juventud de uno y otro juegan a su favor, ya que tienen - se presupone - tiempo para trabajar y empeñarse. Pero ¿y si pretendieran - ellos también - seguir su personal curriculum eclesiástico? ¿Qué pasaría si se les antojara ser promocionados a otras diócesis españolas? ¿Se volvería a organizar otra operación como la que les ha llevado a ellos dos a ser obispos predeterminados de San Sebastián y de Bilbao? ¿Habrá que imaginarse un seminario expresamente ad casum?

Hará unos seis años que coincidí la primera vez con Mario Iceta. Era entonces un jovencísimo y dinámico vicario episcopal de Córdoba. No le niego méritos personales, que tiene muchos, pero recuerdo bien que por aquellas fechas (y desde antes) era vox pópuli que al joven preste le estaban dirigiendo la carrera y el cursus honorum. Y ya se cantaba que sería, más o menos próximamente, uno de los nuevos obispos vascos, lo que se ha cumplido.

¿Como lo hará en Bilbao? Pues supongo que bien, con las limitacione impuestas por las circunstancias, como está pasando con Munilla en San Sebastián. No le auguro un pontificado "revolucionario" que trastoque la situación de la diócesis bilbaína en el sentido que parece estar detrás de las intenciones de sus promotores. En varios sentidos, la deriva de las Vascongadas, también en lo eclesiástico, es un hecho. El tiempo dirá.

Sin conocerlo bien, sólo de impresiones, no alcanzo a pronosticarle más triunfos que los conseguidos por Mons. Blázquez, que han sido pocos (o ninguno, salvo el mismísimo de ocupar la sede episcopal). Por lo pronto se le ha puesto cara de señor mayor, con esa papada y el volumen corporal que ha ido tomando desde que llegó de auxiliar a aquellas tierras, sus tierras. Se ve que le sientan bien.

Y no digo más, que ya he dicho bastante. Solamente que habrá que esperar un par de lustros, por lo menos, a ver en qué queda todo esto de los obispos de crianza para las Vascongadas. A ver si para Vitoria, cuando toque, sucede algo por el estilo.

Por lo pronto, recalco los dos goles a favor de la patria vasca: 1º todas las sedes episcopales con un mitrado indígena nativo, y 2º la próxima erección de la nueva provincia eclesiástica vascuence.

Si se ha tratado de un diplomático do ut des, tiene gracia la cosa.

Con razón se admiran algunos del renacimiento de las querencias eclesiasticonas en el PNV. Con mucha razón.

p.s. p.s. Por cierto: Las primera declaraciones de Iceta me resultan la mar de inquietantes. ¿Se imaginan ustedes la reacción de muchos si hubieran sido, por ejemplo, Uriarte o Setién los que hubieran dicho que La Iglesia está dispuesta a poner todo de su parte para alcanzar la paz ???


+T.

miércoles, 25 de agosto de 2010

De Novena


He estado de vacaciones, esto es, de Novena. Hace ya casi diez años que no me tomo - que no me puedo tomar - el mes de vacaciones canónicas, y mis días de asueto veraniego son los de la Novena, con unas jornaditas de propina, total dos semanas y pico. No me quejo, conste; pero que conste. Además la Novena es mi descanso, mi pequeño paraíso de Agosto.

De la Novena ya he hablado un par de veces (aquí y aquí), pinceladas, impresiones de un cuadro con tantos pormenores como un universo. Y es un universo religioso y familiar, tan penetrado lo uno con lo otro que la Novena es una verdadera reunión de familia, familia católica, con todos sus signos de identidad propia - la Novena es inconfundible - y sus momentos, sus ceremoniales, introducciones y despedidas.

De introducción, por ejemplo, fue la otra tarde, con la Misa amenizada con lloros, risas y carreritas de los chiquillos que iban a ser recibidos de hermanos, allá unos cuarenta, lo menos. Algunos estaban recien nacidos y recien bautizados, con sólo unas pocas semanas de edad. Otros eran más mayorcitos, de meses, los chiquillos nacidos durante el año que llevamos, retoños del 2010 que sus padres presentaban a la Virgen e inscribían en la Hermandad de la Asunción. El cura rezó las preces del ritual y bendijo las medallas, la secretaria de la antigua Hermandad asuncionista iba nombrando a los neófitos, y el hermano mayor imponía las medallas a los niños. Por supuesto con foto conmemorativa para cada uno, para que no se olvide (que no se olvida).

Debajo del presbiterio, la familia, abuelos y otros afectos, seguían con animada expectación el acto, una verdadera presentación en sociedad, con el inocente protagonismo de los niños, presentes y ausentes a la vez. Quiero decir que presentes de hecho, córpore et ánima, pero ausentes en no se sabe bien qué espacio de su personal intimidad mental y/o fantasía infantilísima, tan misteriosa.

Siempre me pregunto, en escenas como esta, dónde están y por dónde vuelan las pequeñas inteligencias, tan sutiles y activas, de los niños. Estos de la Novena, los novísimos hermanos que estrenaron medalla de plata y cordón blanquiceleste, tienen los ojitos encantados por las luces del Altar, candelabros de cera encendidos y lámparas de cristal, las gradas de plata y el dosel grana ribeteado en oro, y la Virgen Asunta, tan bella, tan gloriosa, y los ángeles y arcángeles de la nube de la Asunción, y las cabecitas de querubines y serafines que se reparten por todo el altar. Tantos focos de encantadora y piadosa atracción que impresionan las pupilas de los chiquillos, excitados por la luz, el color, las figuras. Y por lo sagrado.

Por supuesto que hay en los niños una aprehensión de lo sagrado (“...Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”), un reconocimiento de lo santo, de la presencia de Dios. Tan fina, tan tierna, tan sutilmente gradada que nadie puede medirla sino los Ángeles. Claro que primero es la acción de la gracia en las almas, ese gran misterio de santificación, pero también importan definitivamente las vivencias religiosas-sensibles, que marcan tanto y son medio providencial de la gracia.Yo les pido a los Ángeles de los niños, con toda mi consciencia, que me presenten con ellos a Dios, al Señor y a la Virgen, y que en las recónditas alacenas de mi alma reactiven las gracias de las primeras visiones de lo sagrado, de aquellas primeras Novenas que yo ví con limpios ojos y oí con oído puro, finísimo, de niño que iba recibiendo las impresiones matrices de lo más santo y lo más bello, de lo más amable, de lo eterno.

Que esa es otra parte de la Novena, la de la fuga a lo eterno. Una fuga incesante, armónicamente pautada, como las que se tocan en el órgano correteando los dedos por el teclado y los pies por los pedales, con las notas declinando sincopadas según la partitura. En este caso, el caso de la fuga de ánimas, la partitura la compone la Providencia, que es la que rige las entradas y salidas, las oberturas, los improptus y las fugas, desde el primer compás al último. Pero con nombres, con personas, con almas en vez de notas, compases o melodías.

Cada tarde, cuando el sacristán lee en voz alta las intenciones de difuntos por los que se va a aplicar la Novena, el murmullo de las beatas y de todos los presentes se baja, y se reduce a una especie de silencio elocuente-expectante. En una lista solemne se van nombrando con nombre y dos apellidos, y van surgiendo del recuerdo, del pasado más reciente o el ya remoto, caras, historias, recuerdos, instantáneas como flashes, de amigos, familiares, vecinos, que de pronto revolotean entre las arañas de cristal y las colgaduras de damasco granate, luciendo como lámparas, o tendiendo un velo de olor en una voluta de incienso, o timbrando un arpegio del armonio del coro, o un bajo bordón de la tubería del órgano. Y cada nombre, cada recordado, se hace presente en el Altar.

Yo imagino que cada cual se acomoda en algún sitio, a su placer; en un encaje de los manteles, o en un bordado, un candelabro de plata, un guardabrisa de cristal, un jarrón repujado, una flor, un borlón, un farol, una insignia, en el Simpecado, en el dosel, en la peana de la Virgen o en su trono. Y allí se quedan. No son fantasmas: son almas queridas y evocadas, no por magia ni por dolor desesperado, sino traídas por la esperanza con fe. Y todas traen y llevan consuelo, fragmentos de misterios del Misterio del Altar.



Naturalmente, todo transcurre al margen de estas lucubraciones interiores, reales, pero íntimas. De suyo, la escena es popularísima y colorista, como corresponde a un acto religioso donde lo popular matiza a lo sagrado sin timidez, sin preocupaciones de forma, sino con expansión de afectos. Por ejemplo, nada más entrar y ver la Imagen de la Virgen en su Altar, muchas de las devotas rompen en exclamaciones, y le dicen “sus cosas” a la Virgen Gloriosa, y los piropos piadosos van formando una particularísima letanía ad usum familiae nostrae, sólo para uso y abuso de propios, de los nuestros, de los de casa, que sentimos lo que decimos barruntando algo más allá que escapa a la precisión de los eucologios que creemos y rezamos con Amén final. Pero se trata de poner al lado del dogma que cree la efusión del amor que vitorea con verbo sencillo lo inefable y sublime, todo esto sin intención deliberada, sino como estallido incontenible del corazón arrebatado: arrebatado por la Virgen, por su Asunción, por la Gloria de Dios. En un versículo del Himno que durante los días de la Novena se canta en los momentos más solemnes, todo esto que digo se resume y se canta así “…Madre, no nos dejes, que te amamos con locura; que nuestra alegría es besar tu frente pura…” ¡Amar con locura! La ingenuidad de la rústica mística del sencillo pueblo creyente sobre las cosas de Dios y sus Misterios.

Mi tía Antoñita, con sus amigas, preside el banco de la dictadura. Le tengo puesto ese mote porque las que se sientan en él nacieron todas durante la dictadura de Primo de Rivera. Mi tía es una de las decanas. Haciendo honor al competente régimen bajo el que nacieron, dictan sin complejos desde su sitial, amonestando a todo quisque, ya sea al coro, al cura, al predicador de la Novena, al sacristán, a los de la junta de la Hermandad…y al Santo Padre de Roma (si se les pusiera por delante). Ellas son la razón y la ley del pasado en el presente, y rigen con ordeno y mando en el pequeño mundo de su banco (y alrededores). Genio y figura. Usan de cetro sus abanicos, y son un tribunal inapelable, de inexorable oráculo. Gracias a Dios, sus poderes son temidos y no ejecutados, y hasta los chiquillos que corretean por el pasillo, entre los bancos, ignoran al formidable tribunal y sus rigores. Pero ellas existen e insisten. La que hace de secretaria del grupo, la que guarda los asientos y cumple otros servicios internos, es la Niña Perán, que rondará los ochenta. La más veterana es Mª Lola Montejón, viuda. Mi tía es del selecto club de las solterísimas, especialmente consideradas en razón de su integridad.

Yo tengo reservado mi sitio en el presbiterio, con asiento en uno de los sillones presbiterales, todo solemnidad. Cuando empieza la predicación, me mudo a una silla más baja, en un rincón del Altar Mayor, para poder mirar a la Virgen mientras rezo el rosario y el cura predica.

A pesar de todo y lo mucho que se conserva, faltan tantas cosas, tanto "viejo estilo". Maneras y reverencias y piedades que se fueron con los tiempos y las personas. Calidades en el rezar y en el estar, riquezas y tesoros que la fuerza del mundo -¡ay, el mundo! – ha barrido con el viento de los tiempos. Ya no está Don Pedro con su bonete y su roquete almidonado y encañonado, sentado en el sillón de damasco rezando su breviario, ni mis tíos, con sus abaniquillos, gráciles y señoriles en el banco de la Sacramental (tampoco existe ya el banco de la Sacramental). Ni están mis tías cantando en el coro, con voces encantadoras, de corte y salón, trinando arias de Verdi y canciones de Tosti con las letras cambiadas y arregladas para la Virgen. Tampoco está mi tía Matilde, con su velo de blonda y su abanico de rejilla, ni mi tía Magdalena, con su bastón de puño de plata que sólo sacaba para la Novena, ni tía Concha, que se sabía de memoria la Novena completa, desde el acto de contrición a la oración final. Ni mi tía Elvira, ni Morejón, su marido, ni Natividad la Cerrero, ni Rosarito la Matabuena, ni Matildita la Caraña, ni Concepción la Paloma, ni Manolito el Bardo, ni Gasparito el de Cinta, ni Manolita la Chita, ni Pastorilla la de Pino, ni Encarnación Cebre, ni Pinochi el de Veguita, ni Rampito Cordeles, ni Tanito Vega, ni Cecilita Lara. Todos los que ya están sólo en alma y no pueden estar con sus cosas, como antes, como cuando yo los conocí y sentí.

Todas estas cosas del pasado que fue y del presente que corre son cosas, decía, de familia. De familia en Novena. Y Novena de Asunción, dulce Misterio de tránsito y de gloria, de subida, de cielo, de ángeles portantes en volandas y Empíreo abierto de par en par.

Y una creyente ansia de llegar, una firme y expectante fe de plenitud.

p.s. El año que viene, Deo volente, más (io aspetto).


+T.

lunes, 9 de agosto de 2010

Las juventudes católicas movilizadas en movida


El juanpablismo de masas sigue causando estragos. Estragos que se consienten y son polvos que mañana serán un barrizal, en cuanto caigan dos chaparrones. Opino.

No sé si ustedes serán adictos a las liturgias masivas, multitudinarias, super-entusiasmantes. Yo soy enemigo radical desde la primera vez que estuve en una, en primera fila, y vi cosas, escenas, que nunca olvidaré. Fue en Noviembre de 1982, cuando la 1ª visita de JPII a España. Y desd entonces las cosas - esas cosas - fueron a más y peor.

¿Tiene necesariamente que ser una Misa la forma en que la multitud se encuentre con el Papa? Me parece absurdo que en la época de las mil alternativas celebrativas se limite a la celebración de la Misa la posibilidad de una macro-celebración. Absurdo y escandaloso.

Escandaloso para mí, que creo en lo que se celebra, en la Misa. Por eso no encuentro pretexto, ni siquiera con motivo de la presencia del Papa, para exponer la celebración de la Misa a abusos, irreverencias y hasta sacrilegios. Una macro-celebración garantiza todo eso: Abusos, irreverencias y sacrilegios. Doy fe.

Pero esa es la forma que en tiempos de Juan Pablo II se impuso, con el Papa como primer impulsor. A él le gustaban las cosas así. Y no era desconocedor de lo que pasaba, porque me consta - repito: soy testigo - de los abusos y las irreverencias coram ipsius. Pero por un bien que él sabría cual (yo no lo sé, obviamente) consentía y, por donde iba, la Misa multitudinaria era el acto central. Más de 25 años celebrando Misas multitudinarias, marcan un estilo. Y detrás de esas formas, un concepto (un concepto pastoral, litúrgico, espiritual, eclesial...etc.).

Esas celebraciones masivas de la Misa deberían desaparecer, absolutamente. Opino. Por lo menos en ese formato juanpablista que ha sido su caldo de cultivo. Benedicto XVI, tan diferente (gracias a Dios) a su antecesor, parece estar promoviendo otras formas. Aunque esté tan dependiente, tan hipotecado, a las maneras impuestas por su predecesor. Es una lucha, una reforma verdadera, más dificil de lo que a primera vista parece. Pero se van haciendo cosas.

Por ejemplo, el encuentro de los 50.000 monaguillos en Roma, hace unos días, si hubiera sido en tiempos de Juan Pablo II, lo más probable es que hubiera concluído con Misa (y con falsas chicas-monaguillas asistiendo al altar). Benedicto, sin embargo, ha preferido atender a los niños y jóvenes en la Audiencia del Miércoles, en la Plaza de San Pedro. Se ha tenido que tragar la presencia de "monaguillas", pero por lo menos ha conseguido salvar la dignidad y la reverencia evitando una celebración litúrgica con impostaciones.

Dado el ambiente de los participantes ( vean fotos aquí , aquí, aquí ), gracias al Papa se han evitado escenas impropias de verse en y durante la celebración de una Misa. Una Misa del Papa, además. Pero escenas de ese o parecido tenor se habrán visto en Sidney, hace unos años. Y, es de temer, se verán en Madrid en Agosto del año que viene, D. m.

Salvo excepciones, los jóvenes de ahora no se educan en la formalidad religiosa. Incluso se les sigue deformando con malos conceptos incompatibles con una recta comprensión de la piedad y sus actos externos. Todavía circulan y están en boga slóganes tópicos como "sé tú mismo", "atrévete a expresarte", "no dejes que otros elijan por tí", "¿por qué no?" etc. Como se puede detectar, son restos de la peste del Mayo del '68 que, si se aplican a la religiosidad, conducen fácilmente a su descomposición y vacio. Al rechazar unas estructuras mínimas y necesarias, todo se vulgariza y adquiere las formas más comunes, las corrientes. Así, una audiencia Papal (o una Misa, si se hubiera celebrado) termina siendo tan poco diferenciable de otro tipo de concentraciones juveniles como lo atestiguan las fotos de esos enlaces. Todo se parece a todo, y todo parece lo mismo.


Disfruten, si gustan ustedes, de estas otras instantáneas de obispos-con-jóvenes españoles en Santiago:

Esta, con los obispos más característicos del momento, detrás de la Cruz y del icono de la Virgen, rodeados de chavales y chicas con el "uniforme" de la peregrinación, y los sombreros australianos, y el ambiente tipo Taizé (por describirlo de alguna manera)

Esta, con otro detalle de lo mismo y los mismos

Y esta, con Rouco en look footing-episcopal, y los otros dos obispos con sus sotanas-solideos y revuelo de fajines y esclavinas, y los de detrás, no sé si rezando letanías...o comentando con guasa, por lo bajini y risum teneatis, la estampa que tienen delante (y eso que ellos mismos no se ven, también dentro de la estampa).

Y aquí, todos cantando; menos el de Córdoba, que se hurga con toda gravedad y disimulo la nariz; y tres o cuatro que parece que no se saben la letra de la copla; y otros dos o tres que miran al techo, muy atentos y admirados.

Lo de las etiquetas-tarjetones de acreditación es de risa, como si no se reconocieran entre ellos mismos, o los organizadores no hubieran visto nunca a sus Eminencias, Excelencias, Ilustrísimas y Reverencias y se les tuviera que poner un letrero con el nombre: "Esto es un obispo". ¡Qué de tonterías se hacen y se dejan hacer!

Pero, por otra parte, eso es lo que les distingue en ese ambiente "distinto", "juvenil", "participativo", "vivencial", "comunicativo", "lúdico y festivo", una "celebración de la fe" etc. etc. etc. Si no llevas colgado del pescuezo un folio plastificado, con fotito, no eres nadie. Un auténtico v.i.p. elesiástico lleva cartoncillo con nombre, oficio y dirección, no sea que se pierda, se despiste confundido entre la multitud. Y haya que devolverlo a casa. Pobrecitos. Un obispo extraviado es un problema, verdaderamente.

¿Están cómodos? Parece que sí, que están en su salsa, diríase. Yo pienso que disimulan, y que, por lo menos la mitad de los que están, piensan que todo eso es un peñazo. Pero hay que estar: Porque están de moda los obispos con baño de juventudes.

Algún cretino, en un blog de comentarios eclesiasticones, se ha dedicado estos días a establecer un hit-parade de obispos clasificándolos según y cuánto sea el número de jóvenes que han aportado sus respectivas diócesis a lo de Santiago. Ridículo si no fuera patético. ¿Esa es la medida? ¿Un obispo/una diócesis vale o no según la capacidad para meter en autocares a grupos de jóvenes y transportarlos allí donde se ha organizado una "movida eclesial"?



Pero vuelvo a lo dicho más arriba: Comparen ustedes las escenas, los tipos, las formas, de una cosa como la de Santiago con otros eventos juveniles, por ejemplo con un des-concierto de petardo-rock o de petardo-pop. Si se fija uno, las diferencias son curiosas, evidentes, claro. Pero se dan tantas concomitancias, se parecen tanto que asusta.

Otro detalle: ¿Por qué un estadio? No caben todas esos jóvenes en la Plaza del Obradoiro y alrededores de la Catedral? Porque nunca entenderé que se prefiera un tablado en un campo de fútbol a una Catedral, para celebrar Misa. Más en un caso como este, en sl que el centro de la celebración debería ser la Catedral con el Altar y la Tumba del Apóstol, precisamente. Pero se prefiere el campo de fútbol. ¿Por? ¿Alguna extraña voluntad/identificación desacralizante? ¿O quizá una asociación de multitud/estadio en versión litúrgico-consumista? ¿Una pastoral nueva para consumo de masas?

Incluso me cuestiono la mayor: ¿Hace falta, es necesario, movilizar a 10.000 jóvenes? ¿Para qué? ¿Con qué objeto? Al final todos sabemos que van los que van, los mismos de siempre para lo mismo de siempre. Y vuelven lo mismo. Hasta la próxima (ya hay "profesionales" de estas movidas, me temo).

Alguno habrá que diga: - Pues yo he encontrado mi vocación en ese encuentro, aquellos días, allí.

Yo le digo al que diga eso, lo digo muy seriamente, que es mentira. Que una vocación no salta como un resorte en un par de días de canciones, guitarras, pancartas y una Misa en un campo de fútbol. Eso no pasa.

Lo que pasa es que hay, verdaderamente, vocaciones en espera de un momento, y a veces el entusiasmo del calor de muchos hace que esa chispa final surja y prenda...sobre lo que ya existía, por motivos más consistentes que una caminata, una acampada o una convivencia de entusiasmados. Si hay vocaciones que brotan en esos sitios, vocaciones verdaderas, es porque ya existían antes. Y hubiera sido mejor, más adecuado, que hubieran alcanzado ese climax en otros sitios, en mejores ambientes, más sólidos y menos frívolos. He dicho frívolos, yes.

Al final, muchos se llevan la impresión para los restos, y se convierten ellos mismos en promotores de más de lo mismo. Sería curioso hacer estadísticas y saber cuántos de los que van ahora a estas cosas estuvieron en su día en las macro-celebraciones juanpablistas. Etc.



Otro espectáculo es el de la propia celebración litúrgica, con los planos clero mitrado/clero engorrado. Me refiero a la esperpéntica división de los con-celebrantes, unos con mitra y todos los arreos dominando en el altar de arriba, y los concelebrantes del clero bajo en plano de tierra, con gorras y gafas de sol (y maquinita de fotos/video al cuello, como una especie de pectoral ad casum). Un esperpento, ya digo.



Y más allá, la masa. En las gradas o en el cesped. La masa movilizada y entusiasmada (o no).

Abominación, señoras y señores. Una abominación. Y el que piense lo contrario, que se examine muy en serio y mire si no le afecta uno de esos virus des-católicos, causantes de estragos de epidemia por doquier.

No hará falta que les diga que me estremezco pensando/imaginado el Agosto del año que viene - Dios mediante - con la JMJ en Madrid, horror de los horrores. En cierto sentido, esto de Santiago ha sido una especie de ensayito, como usteds pueden facilmente comprender.

Cuando me paro y reflexiono cómo están y por dónde van las cosas y las movidas que montamos y los recursos humanos y materiales que empleamos, gastamos y desgastamos en estas cositas...me espanto.

¿No se puede parar este tiovivo?

Si de una cosa estoy convencido es de la necesidad de un parón que nos deje quietos, bien fijos en un sitio/un tiempo para que podamos mirar y orientarnos sólidamente.

¡Que bastantes vueltas hemos dado desde 1965!

Pero a nuestros obispos les gusta la movida. Ya se ve.

p.s. Vean otras fotos, de la "vigilia", con puesta en escena tipo ópera rock, con una bailarina danzando delante de la Custodia...y los obispos encantados y emocionados. ¡Qué desgracia de tiempos, modas y jerarquía de entusiasmados!


+T.

***Addenda a la entrada anterior: Un artículo de La Gaceta-Intereconomía que merece la pena leer (y entender)

El precio de ser insumiso en un Israel fuertemente militarizado


Y, por cierto, los comentarios de los lectores me parecen también muy interesantes. Además, considérese que se trata de La Gaceta de Intereconomía. No digo más.


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