viernes, 21 de mayo de 2010

Indeseable Schönborn



Antes que nada preciso el adjetivo, para los imbeciletes irritables filo-modernistas des-catolizantes, o los timoratos acomplejados católico-conformistas mea-pilaristas. Dice el diccionario de la RAE:

indeseable.

1. adj. Dicho de una persona: Cuya permanencia en un país consideran peligrosa las autoridades de este.

2. adj. Dicho de una persona: Cuyo trato no es recomendable.

3. adj. Indigno de ser deseado.


Y ese sentido triple le doy al adjetivo. Tal cual.

Me mueve a la des-calificación el nuevo episodio (¿cuántos van?) de Schönborn, las nuevas palabritas del petulante Schönborn, cada vez más deslenguado, más osado, más impertinentemente siniestro. Ha sido una especie de "extensión", una coda conclusiva a las declaraciones del obispo emérito Mons. Iby, que hace una semana se despachó contra el celibato. Ahora Schönborn se alinea con las declaraciones de Iby. Incluso remacha que esa es la opinion general de los obispos y los fieles austríacos. Para que no quepan dudas.

El noticiario austriantimes.at recogía y publicaba las declaraciones del Cardenal Schönborn. En resumen, dice que

"La preocupación que expresó el Obispo Iby es compartida por todos nosotros (los obispos de Austria), y estoy feliz de estar en una Iglesia en la que hay libertad de expresión y de opinión" (palabras del Cardenal)


Unas palabras que a la vez que se suman a esa corriente anti-celibataria, parecen censurar a la Iglesia no-austriaca que, según deja entender Schönborn, es una Iglesia que veta la opinión y silencia su expresión. ¿Pensaría Schönborn en alguna Iglesia en particular? ¿Roma, quizá?

La noticia del austriantimes.at es para echarse a temblar. Porque además de las palabritas de Schönborn trae las declaraciones de tres o cuatro "líderes" de movimientos y organizaciones laicas (un dirigente de ese gran movimiento terrorista des-católico de los "somos iglesia", un portavoz de "las juntas parroquiales", y otro representante de grupos de apoyo a la iniciativa de supresión del celibato).

Estos personajillos (me los puedo imaginar, perfectamente) son los que tienen en un puño a los desgraciados obispos austríacos, los que movilizan y manipulan la opinión de los católicos para que se den de baja en sus parroquias, los que dictan sus novelerías en los consejos parroquiales etc. Son los agitadores del diabólico caldero donde se cuece la ponzoña que envenena al catolicismo austriaco. Y Schönborn aparece como su más alto representante, la cúpula púrpurada de esa "iglesia de base". Aunque parezca mentira, así es.

Cuando el año pasado fueron llamados al orden y acudieron a Roma para recibir una severísima amonestación del Papa, Schönborn fue el portavoz de aquella "comisión austriaca" que, en el colmo del desplante insolente, le expusieron al Papa Benedicto las demandas de los laicos de Austria, que junto con su Jerarquía (obediente y rendida a los laicos) exigían la supresión del celibato. Era la misma Jerarquia que unos meses antes se negó a aceptar el nombramiento del nuevo obispo auxiliar de Linz, hecho por Benedicto XVI, que tuvo que replegarse a las exigencias (amenazas?) de los obispos austriacos, presididos por Schönborn, que implícitamente dejaron entender que los nombramientos episcopales de Austria los hacía la Conferencia Episcopal de Austria (supongo que con el beneplácito de sus energumenizados laicos de "somos iglesia" y otros grupos terroristas des-católicos afines). El Papa, por su parte, tuvo que tragarse aquellos hechos consumados y pasar página.

Era la primera vez en muchísimo tiempo (¿desde el siglo XVIII?) que una Jerarquía nacional plantaba cara a Roma y se negaba a reconocer un nombramiento episcopal. Como he dicho, Roma calló, el obispo no se nombró (fue, incluso, peor porque estando nombrado fue forzado a rehúsar) y los obispos austríacos, con Schönborn a la cabeza, salieron triunfantes, con aquella significativa victoria en su haber.

¿Es exagerado deducir que estamos al borde de un cisma real, un cisma territorial, con una Conferencia Episcopal que ha roto de hecho su comunión con Roma, alegando una independecia dependiente de los movimientos y grupos de presión des-católicos, que son la fuerza articuladora y preponderante en la iglesia austriaca?

Si no se para ese tren, la misma tendencia contestataria anti-romana se extenderá muy pronto a Alemania, siguiendo el mismo proceso de contagio de los grupos activistas des-católicos de los "somos iglesia" y formaciones por el estilo. Y habrá otro Schönborn en Alemania, otro episco-monstruo cabecilla. La desproporcionada reacción de los obispos alemanes a la reconciliación de los cuatro obispos de la FSSPX y la hipersensibilidad por aquellas declaraciones "negacionistas" del obispo Williamson, demostraron que las tensiones Alemania-Roma estaban muy enervadas, dispuestas a precipitarse por cualquier incidente, plantando cara al Papa si se terciaba.

Schönborn es culpable muy gravemente, porque no sólo no frena sino que se pone al frente. A estas alturas de la "serie Schönborn" yo me cuestiono incluso sobre su participación en el proceso de acusación y deposición de su antecesor, el Cardenal-Arzobispo de Viena Herman Groër, hasta el presente el más alto inculpado por el escándalo de las pederastías. ¿Fué todo como se contó, como trascendió?

Schönborn también es culpable de atentar contra algo tan delicado como la integridad del Colegio Cardenalicio, que no es una institución eclesial cualquiera. Fueron muy graves sus comentarios sobre el Cardenal ex-secretario de estado Ángelo Sodano (y conste que el que esto escribe le profesa muy poca simpatía al Cardenal Sodano y su gestión al frente de la Secretaría de Estado), señalándole como el principal encubridor de las denuncias de abusos durante los años que ocupó su alto cargo curial durante el pontificado de Juan Pablo II. Hay cosas que, aunque sean o hayan sido, jamás deben trascender más allá de ciertos círculos, mucho menos si se airean en público dando la impresión de un combate de fuerzas, tendencias, intereses o influencias.

¿Se trata, quizá, de una maniobra de Schönborn para señalar, desmarcarse y destacar? No sabría decir, pero de hecho es una ruptura, un desgarrón ante la opinión pública, con las cosecuencias intra-colegiales que se pueden imaginar y que yo no sé tampoco calibrar. Sí sé que en los tiempos que corren una tensión-acusación pública entre dos eminentísimos miembros del Colegio Cardenalicio no favorece a la Iglesia ni deja en buen lugar al Papa.



Schönborn es culpable también de mantener un peligroso equívoco: Desde que apareció en escena, cuando le nombraron auxiliar de Viena, se le presentó como un teólogo sólido, que contaba con la confianza del entonces Cardenal Ratzinger, con quien colaboró ocasionalmente en Friburgo. Sus corifeos recuerdan esto y lo sacan a relucir cada vez que pueden, pretendiendo favorecer la opinión pública de Schönborn.

Pero Schönborn se ha destacado, poco a poco, como uno de los más sombríos personajes, contra-figura del pontificado de Benedicto XVI, un opositor-contradictor de primera línea. Dicen que es el nuevo adalid de los radicales vanguardistas europeos, el Caballo de Troya de los modernistizantes vaticanoterceristas para el Cónclave que venga.

Yo confieso mi esperanza de que Benedicto XVI dure todo lo necesario para que Schönborn & cía no tengan ni una miserable posibilidad de nada para nada.

A los nubarrones de tormenta, mejor que los barra el viento.


+T.

domingo, 16 de mayo de 2010

Verismo In Ascensione Domini



El año pasado puse la Cavalleria para ilustrar el Domingo de Resurrección, pero este año he preferido reservarla para la Ascensión. Porque, aunque el Mascagni ambienta la ópera en el Domingo de Pascua, lo que canta la Santuzza con el Coro es "...oggi ha asceso alla Gloria, alla gloria del Ciel!!!" ¡Hoy ha ascendido a la Gloria, a la Gloria del Cielo! Por cierto una muy justa interpretación inclusiva del Misterio, del Dogma.

La Ascensión, como la Resurrección, son difíciles de representar. La Resurrección más, porque tiene menos "recursos". Quiero decir que la Ascensión con los Apóstoles, la Virgen en el centro, los dos Ángeles amonestantes, Cristo ascendente y la nube, tiene mejor configuración que la Resurrección, que es un tema más "indescriptible". Quitando la de El Greco, que es espléndida, y algunas otras excepciones, las Resurrecciones me parecen extrañas y hasta ridículas. Por ejemplo, la que pintó Murillo es de risa, con un Cristo saltimbanqui-malabarista sobre un fondo color café-amarillo (lo mejor del cuadro son los dos esplendidos escorzos de los soldados, uno de ellos con unos pies de mendigo callejero de esos que sabía pintar muy bien el maestro sevillano).

Las Ascensiones, decía, son mejores. Me gusta especialmente la iconografía ingénua (?) que representa en dos planos el misterio: Abajo los Apóstoles arrodillados, con la Virgen en el centro, y arriba los pies de Cristo, solamente los pies y el borde de su túnica, porque la figura del Señor está velada por la nube; en el centro, entre el grupo expectante y Cristo semi-visible, la roca marcada con las plantas de Cristo. Es una representación simple, pero absolutamente concorde con el texto de Hch 1,1 ss. y los someros paralelos de San Marcos y San Lucas, con detalles devocionales jerosolimitanos, como el pormenor de las huellas sobre el suelo.

En la pintura moderna, Salvador Dalí pintó una versión surrealista de este tema ascensionista de los pies de Cristo, desde una perspectiva-concepción tan originales como otras iconografías cristianas pintadas por él (no me gusta Dalí, pero le reconozco su genialidad, excepcional).

La escena histórica - recalco histórica, con toda la fuerza testimonial de los Evangelios y el Nuevo Testamento, documentos históricos avalados por la garantía de la verdad de quienes dieron su vida por todo aquello que habían "...visto y oido, lo que palparon..." - la escena tuvo que ser fascinante y conmocionante en sumo grado, tanto que los espectadores, los Viri Galilei, necesitaron que los Ángeles les sacaran del éxtasis y les urgieran a ejecutar la misión encomendada por el Señor.

¿Se puede permanecer en el éxtasis contemplativo de la fe, mirando al Cielo? No. Se debe mantener la expectación anhelante del Cielo, pero con el empeño de vivir según el mandato de Cristo mientras estemos en la Tierra. El quietismo es una herejía, bastante "cómoda", por cierto.

El Cielo donde está nuestro Cristo nos aguarda, abierto de par en par, y el camino para llegar a Él se anda en la tierra, con la cruz de cada día. Y es un camino de subida, de ascensión. Un dia cristiano, un dia de cruz, nos asciende, nos sube. Es ese místico "sursum corda", lema de una espiritualidad auténticamente cristiana.

Él dijo que donde esté nuestro tesoro allí estará nuestro corazón. Y nuestro tesoro es Él, y nuestros corazones están (deben estar) en Cielo con Él.


Violeta Urmana Teatro Real 2007





Maria Callas




p.s. Las tres versiones del Inneggiamo son muy buenas. He puesto arriba, de portada, una representación con excelente montaje y la espléndida voz de Waltraud Meier, dirigida por Riccardo Mutti en Ravena, 1996, la escena completa desde el Regina Coeli.
En la segunda canta Violeta Ormana, preciosa voz, muy en el papel de Santuzza, con su coro de sicilianas veladas de negro, fondo de paredón encalado y disciplinantes, muy del gusto de los escenógrafos. Es una grabación hecha en el Teatro Real de Madrid en el 2007.
Y el tercer youtube con María Callas, inconfundible voz.

En la ópera del Mascagni el clímax religioso del Inneggiamo, centro de la ópera, deja paso a la vida cotidiana con sus dramas. Pero el eje es el Inneggiamo, que da sentido a la tragedia cuando aparece la muerte, porque la abre a la Gloria, que no sólo se canta sino que se espera: Una exaltación más allá del dolor, tan real como el dolor mismo, una ventura celeste que sucederá.

El Misterio también es "verismo".

+T.

viernes, 14 de mayo de 2010

Crónica de una mañana de Mayo


Se recuerda lo que se quiere, y se recuerda más lo que se quiere más. Esta mañana volví, con esas mecidas de la memoria que van y vienen, como olas pequeñas en la playa, una vez con un sonido, otra con una imagen, una mañana de Mayo, fresca, con aire limpio oliendo a día nuevo.

Me habían bañado y vestido casi de ceremonia, estrenando ropa desde la camiseta al calcetín y la camisa. Y el traje. El traje lo escogí yo. Mi abuela tenía pensado uno con chaquetilla de terciopelo negro, calzón blanco, zapatillas de charol con hebillas de plata y una gola de encaje al cuello. Pero, unos meses antes, abuela murió, y a mí se me metió en la cabeza que, como me vistiera como mi abuela dijo, me moría como mi abuela. Y yo no quería.

Mi madre, sin preguntarme nada, lo adivinó todo. Mi oposición al modelo de mi abuela era firme, decidida. Conque me llevaron a que viera y escogiera yo mismo. Y elegí de un golpe, sin titubeos. Vi el traje en cuanto entré en la tienda y dije: ¡Ese!

Aquel era el modelo más atractivo de la galería: Caballero de Santiago, con una cruz de Santiago bordada en el pecho de la guerrera, flanqueda por dos hileras de botones, también con la cruz santiaguista, y charreteras con otras dos cruces pequeñas en el centro. Y entorchados dobles cruzando el pecho, con crucifijo de nácar. Un figurón de grana sobre blanco con complementos en oro.

Como yo era entonces el afeñique mayor del reino, con la figura de un cerillo de fósforo, es decir, cabeza sobresaliente y cuerpecillo canijo-patilargo, el aparato de aquella vestimenta cubría y suplía lo que mi percha corporal no tenía, y cuando me probé el rutilante uniforme resultó muy favorecedor, impresión que complugo a mamá, a tita, a las titas mayores y a las titas jóvenes, que se quedaron encantadas con el efecto. Un éxito.

...A no ser por las gafas, mis monumentales gafas de hipermétrope un punto estrábico, formidable artefacto compañero de mis dias desde la ternísima edad de año y medio (dieciocho meses decía mamá (mi madre nunca lo olvidaba)). Por las gafas, mis gafas, aquel uniforme santiaguista, quasi de opereta vienesa, no llegaba a rematar todo su brillante efecto. Mi tia Antoñita, experta estilista salvalotodo, con un bote de fijador Lucky y mucho peine, arregló y perfiló el conjunto y me dejó pulido, brillante y tieso como el muñeco que remataba la tarta.


La tarta fue otra obra maestra, casera, con siete bizcochos, uno sobre otro, en gradación de diámetro y espesor, de mayor a menor, cada uno con relleno diferente: Pasas, cidra, batata, miel con piñones, chocolate, natillas, y ron con almíbar el de arriba del todo. Y coronando el zigurat, un muñeco de azúcar. El muñeco era yo.

Mi tia le pintó al muñeco en el pecho una cruz de santiago, para más detalle identificativo, y hasta le hizo unas gafitas con papelillo dorado. Y el conjunto de los siete estratos tarteros se adornó con merengue y guindas coloradas, todo entonadísimo.

La tarde del Viernes pasó por casa toda la vecindad, las boticarias, el barbero de enfrente, la peluquera, el de la relojería, el cabo de los municipales, el de la guardia civil, el alcalde, el juez, el cura, el coadjutor y el sacristán. Y para mi temor y temblor, también el practicante y la matrona.

El practicante era uno de mis más odiados sujetos, porque ponía inyecciones a todo el mundo, un horror, que además era maestro de escuela y profesor de gimnasia, un summum integral de todos los monstruos de mi infancia. La matrona era otra horrenda monstruosidad, con trajecito de chaqueta y un bolsito que yo imaginaba que era una caja de Pandora peor que la original del mito; también ponía inyecciones, y hablaba con un acento del norte, con "eses" que se clavaban en los oídos como las agujitas de sus jeringuillas.

El Viernes por la tarde ya estaba todo puesto, el salón con la mesa larga para el almuerzo, y el estrado con la camilla grande para el desayuno, y otras dos mesas más en el comedor, todas con sus manteles blancos, servilletas plegadas, platos, tazas, vasos, copas, cubiertos, bandejas, salvillas, fruteros, jarras y botellas. Y dos gatos rondando, amenzando armar una zapatiesta. Tia Rosario los espantó al patio con un par de escobazos, pero aquella noche se dejaron bien cerradas las ventanas y las puertas del comedor y la cocina, por los gatos. Y mi tia Rosario contó luego que se pasó toda la noche soñando con los dos gatos bailando encima de las mesas y rompiéndolo todo.

No sé a qué hora se levantaron los mayores, pero cuando terminaron de vestirme y arreglarme estaban ya todos compuestos. Las tías mayores guardaban el luto de la abuela y fueron a Misa temprana, así pudieron quedarse con mis hermanos más pequeños. En ayunas, porque había que guardar el ayuno, salimos de casa en una lucida comitiva, yo delante, y detrás papá, mamá, las tias, mis hermanas con mi hermano, y más tias.

Ya en la iglesia, se armó un revuelo cuando entró el Cardenal, con los curas detrás, y el alcalde y las autoridades. Mi padre no salió a recibirlo porque se quedó con mamá en el sitio reservado, junto al banco donde estaba yo. El Cardenal venía porque aquel año se celebraba el Congreso Eucarístico Nacional, y se organizaron algunas Primeras Comuniones dentro de los actos de la semana preparatoria del Congreso. Mi tia me sacó del banco y me puso delante del Cardenal para que le besara el anillo, quitando de un empujón al sacristán, que vigilaba para que los niños no rompiéramos el orden.


Por fín empezó la Misa, que no recuerdo cual fue. Sí recuerdo que mis tias llevaban una temporada con las hojillas a dos tintas que traían impresas las oraciones de la Misa nueva, en español, porque mis tias, como buenas beatas, se sabían los rezos de la Misa en latín, pero en español no. Sospecho que la Misa tuvo que ser una componenda entre el Misal antiguo y las nuevas directrices litúrgicas, que se practicaban por entonces "ad experimentum", con los fieles como especie de ratones de laboratorio litúrgico. Las "gracias" del post-concilio (que todavía no han terminado los experimentos y las novelerías, ¡ay!). A pesar de las primeras reticencias y resistencias, mis tías también reconocían que la Misa en español era más cómoda, porque se entendía todo mejor. Al fin, hasta las torres más sólidas se rendían.

Lo que recuerdo muy bien, no se me olvida, es el momento de la Comunión. El Cardenal me levantó la barbilla con los dedos de la mano a la vez que me daba la Sagrada Hostia. Volví a mi sitio y me arrodillé en el reclinatorio y empecé a pedir al Señor por muchas cosas, por mucha gente. No sé cuánto tiempo estuve, pero mi madre tuvo que acercarse a decirme que me sentara, no fuera a marearme. Y seguí rezando.

Algunas veces, cuando comulgo, le digo a Él que soy aquel mismo de aquella mañana de Primera Comunión, que no se olvide.

...Y que no me olvide yo.

+T.

domingo, 9 de mayo de 2010

Un escándalo en Sevilla


Un escándalo relativo, porque conociendo personajes y circunstancias es lo propio. No se puede pedir peras al olmo ni que el plomo se vuelva oro. Por lo mismo, un Cabildo como el de la Catedral de Sevilla no puede porque no puede, y eso, al fin, se traduce en un "no quiere". Pero la cosa se ha sabido.

En resumen, lo que ha pasado ha sido esto: El pasado mes de Marzo, en plena Cuaresma, con la polémica sobre la nueva ley pan-abortista-socialista en plena virulencia, a uno de los canónigos del Cabildo Catedralicio de Sevilla se le ocurrió proponer que el Cabildo Metropolitano se sumara de alguna manera, con alguna declaración o manifiesto de apoyo, a las movilizaciones pro-vida/contra-abortistas. La iniciativa del canónigo fue contestada por otro canónigo que dijo que no, que al Cabildo Catedral no le competían tales acciones y que, además, sería "políticamente incorrecto" intervenir. Se votó la propuesta y salió un NO mayoritario que paró en seco la propuesta pro-vida, venciendo la "políticamente correcta" de callarse y mirar para otro lado.

El Cabildo de Sevilla fue hasta no hace mucho una venerable institución, con dignos representantes del mejor y más venerable clero diocesano. No es que todos fueran reverenciables por mor de eximias virtudes, pero sí que eran todos muy dignos de ocupar las prebendas y oficios de sus canonjías.

Sin embargo, en los últimos treinta años, las canonjías a las que antes optaban (u opositaban) los mejores, se fueron adjudicando por otros medios, arbitrarios la mayor parte de las veces. Y el senado de los venerables y doctos fue convirtiéndose en lo que es hoy.

Para que un cabildo eclesiástico desprecie una propuesta pro-vida juzgándola "impolítica-incorrecta", en las circunstancias en que se presentaba, con el ambiente de aquellos días en que las Cofradias sevillanas se fueron sumando, una a una (no todas) a las manifestaciones, declaraciones y movilizaciones anti-abortistas, para que una institución de (se supone) graves pro-hombres de Iglesia se resista y se oponga votando mayoritariamente en contra de una propuesta pro-vida, esa institución debe estar muy dañada, muy descompuesta.

Y lo está. Por ejemplo, ha sido (y sigue siendo) vox populi que algunos de los más reputados canónigos eran íntimos amigos de la plana mayor del Psoe sevillano (entiéndase "nacional"), con amistades estrechísimas, quasi familiares, con algunos de los excelsos e "históricos" próceres sociatas. De todo esto se cuenta y no se acaba, con detalles, con casos y cosas imposibles de creer si no fueran tan ciertas, probadas y archisabidas. No se sacan a la luz porque están a la luz del día, ese cálido, brillante y cegador (recalco "cegador") Sol sevillano.

Pues todo eso del manifiesto contra-abortista que el cabildo renunció a asumir, ha salido ahora en la prensa. No la prensa de primera plana, de portada, sino la prensa importante de la sección de Cofradías, una de las mas influyentes y con más peso en la prensa local hispalense. La noticia apareció el Viernes en el ABC, sin dar nombres, y en el Diario de Sevilla, con nombre.

Digo "nombre", en singular, porque se cita sólo el del canónigo que propuso y vió negada su iniciativa pro-vida. Del que se le opuso y le dijo que no era "políticamente correcto", no se dice el nombre, no han querido ponerlo. Un absurdo porque en Sevilla se sabe todo. Por ejemplo se sabe quiénes son los que dominan el Cabildo y manejan sus riendas, eso lo sabe toda Sevilla. Conque ya está dicho todo, sin decir nada ni nombrar a nadie.

Yo, sin embargo, añado esto: Que es un pseudo-escándalo, vacío y tardío. En la mente de los canónigos del Cabildo no cupo una duda en contra de la vida; lo que sí tuvieron fueron temores de inquietar a los socialistas (sevillanos, andaluces y nacionales), es decir, de malograr esa especie de "entente cordiale" o modus vivendi de buenos vecinos. Más o menos.

Por otra parte, pienso que a los sociatas abortistas habría que haberles puesto freno, bozal y traba cuando llegaron en el otoño de 1982, entonces. En el 2010, al presente, caciquean y dominan todo de tal manera que es imposible ponerle bridas a la fiera. Ya no se puede, ya no.

Esto último lo digo pensando en gente real, personajes concretos, bienintencionados, de recta intención, con iniciativas (iniciativas "pro vida", por ejemplo) que a lo mejor hoy piensan otra cosa - probablemente - pero que en aquellos días, cuando arribaron al poder los "padres" del aborto, les animaron, los acogieron, los sostuvieron, aplaudieron, ayudaron, votaron y casi los sacaron a hombros. Y me refiero a gente de Iglesia, reverendos entusiasmados con el partido del capullo (de rosa) en el puño (izquierdo). Reverendos que a lo mejor hoy se destacan y proponen y piden no sé qué cosa, pero que entonces no abrieron la boca, ni dijeron mú, ni dijeron pío.

De aquellos polvos, estos lodos...etc. O también, dicho con otro refrán, "a la vejez, viruelas".

Pues eso digo. El que pueda interpretar que interprete. Y no digo más.

El Cabildo sí ha dicho. En cuanto ha salido la noticia en la prensa, en cuanto se ha sabido, el Cabildo se ha ido por la pata abajo (con perdón) y le ha faltado tiempo para sacar una notita, muy ponderadita, nada del otro mundo, muy de circunstancias, muy circunspecta, muy comedida, sin pasarse. Dice:

COMUNICADO DEL CABILDO CATEDRAL:


Ante la información aparecida en algunos medios de comunicación, la Comisión Delegada del Cabildo Catedral Metropolitano de Sevilla, reunida en la mañana de hoy, desea dejar bien claro que el Cabildo y cada uno de sus miembros profesan desde siempre su adhesión a la doctrina de la Iglesia sobre el aborto, el valor y la defensa de la vida, y hacen suyas cuantas directrices emanan de la Conferencia Episcopal Española.

Sevilla, 7 de mayo de 2010




Bueno. Vale. Bien. Pero entonces ¿qué pasó? ¿Quién dijo que no? ¿Quiénes votaron que no? ¿Con qué intención, con qué valor, bajo qué condicionantes dijeron no???

¿Va a pasar algo, alguien va decir algo, alguno se va a atrever?

Porque va a ser un espectáculo ver al Cabido con sus capisayos morados delante de la Custodia, el dia del Corpus, dentro de un par de semanas, procesionando por el centro de Sevilla, con toda Sevilla sabiendo que va en procesión el Cabildo que no quiso manifestarse contra el aborto.

Va a ser un espectáculo, repito. Un espectáculo digno de no verse.


+T.

miércoles, 5 de mayo de 2010

El triunfo de lo feo


Un mundo que paga 95 millones de dólare$ por un Picasso, es un mundo estética y moralmente enfermo. Es el mundo que impera triunfante en 2010, el siglo del tercer milenio que ha despertado con la resaca del XX, empapado con el vómito de los excesos omni-lujuriosos de la centuria precedente.

Lo más sublevante es la imposibilidad de borrar, de eliminar hechos, obras. No diré personas, porque la gente se muere, gracias a Dios. Pero las cosas quedan, y son cosas tan aberrantes como esa compra por una millonada, absurda, para descrédito y tacha de la sociedad que lo aprueba.

Envidio a los Faraones del viejo Egipto que castigaban con la damnatio memoriae, y raspaban nombres, títulos y fechas de la arenisca tallada y grabada, del ónice, el alabastro y la caliza blanca, para que no constara, para que no se acordaran de sus enemigos. Eso que entonces era una tiranía faraónica, hoy debería ser una profilaxis necesaria, radical.

Deberían rasparse, eliminarse, erradicarse, aniquilar sin dejar rastro tantas cosas, nombres, y obras. Se respiraría mejor porque el mundo estaría más limpio, libre de esa mortífera contaminación, más letal para la humanidad que las radiaciones atómicas o la emisión de gases de combustión.

Siento cada vez más atracción añorante por aquellas vánitas, las fogatas que armaban los devotos de Savonarola en la Florencia paganizante de los rutilantes Médici. Dicen que se quemaron maravillas de la joyería, el bordado, la orfebrería, la taracea de carey, marfiles, nácares y maderas finas, brocados, terciopelos y tapices, hilaturas finas y pomos de olor, guantes perfumados, pieles, perlas y oropeles. Y también los cuadros más procaces y voluptuosos del Botticelli, entonces verde galán promiscuando entre bellas y bellos. Este mismísimo Sandro, arrepentido por la ardiente palabra del reformador dominico de San Marco, fue y arrojó a la pira de vanidades la mayor parte de las indecencias que conservaba en su exquisito taller quattrocentista.

Hago un inciso para reflexionar sobre una notabilísima evidencia que corrobora mis tesis: En esa Florencia savonarolesca, lo que se quemaba con ardor era pagano, impío, pero bello; la impostura de las no-artes contemporáneas no realiza cosas bellas, ni buenas, nada con entidad artística verdadera. Nos ha tocado una época integralmente desafortunada, sin la inspiración de las Musas paganas ni la gracia espiritual de la Fe.

Entre la multitud de los subyugados no hay seducidos, porque en seducción cabe la chispa del amor, aunque sea profano, pero en el no-arte no hay, sólo existe el anzuelo con la cebo envenenado de la novedad. Son sub-inteligentes, sin gusto estético definido propiamente, sensibilidades estragadas por la deformación veleidosa del impromptu insustancial, fáciles de prender en la red turbia del totum-revolutum orgiástico. Siento lástima porque conozco y sufro a los afectados, infectados anómalos, difíciles de regenerar porque no reconocen la salud.




Pero la catarsis contra mundum suele devorar a los inspirados purificadores, los estrangula y degüella, los desangra y esparce sus cenizas. El venerable fray Girolamo Savonarola terminó colgado de una horca y quemado por las llamas en la Piazza della Signoría, espléndido y sin par patíbulo, él mismo consumido por otra trágica vánitas, como un brillante engarzado en oro que se hubiera arrojado a las llamas vivas del desencanto de un de contemptu mundi escenografiado, como un auto sacramental del bien y del mal, lo justo y lo injusto, lo santo y lo profano.

Y así se compran por 95 millones de dineros las basuras de una época de ínfima esencia, y se queman en la hoguera de las vanidades los espíritus que devolverían las luces bellas y buenas al mundo. Un mundo que prefiere alumbrarse con intermitentes colorines de neón.

+T.

sábado, 1 de mayo de 2010

Entrada de Mayo, con Jeremías


M e gusta la fiesta de San José Obrero, por San José (¡¡viva!!). Pero también me gusta otra fiesta, otra memoria, que cae el 1 de Mayo, olvidada, desgraciadamente. Porque el calendario litúrgico moderno celebra a San José Artesano (mejor que "obrero"), el tradicional a los SS. Apóstoles Felipe y Santiago (minor), y nadie se acuerda del Santo Profeta Jeremías, tan profeta que es uno de los cuatro mayores.

A San Jeremías lo celebramos los católicos y los ortodoxos, porque los otros cristianos (herejes) no dan culto a los Santos; y los judíos, menos. Conque sólo quedamos los fieles cabales, que damos culto a los Santos que otros tienen proscritos de sus devociones.

El mejor Jeremías de los Jeremías está en el Vaticano, en la Sixtina, el imponente Jeremías de la bóveda magistral del Buonarrotti, tan parecido al Moisés de San Pietro in Víncoli, como si el modelo del Michelángelo se hubiera pasado del mármol al temple cambiado de postura, casi la misma figura, una, la de il Mosé, quasi tonante, y esta del hijo de Helcías, pateticamente reconcentrado en su melancólico dolor de profeta. Es el Jeremías por antonomasia, iconográficamente hablando.

También es muy católica la Chiesa di San Geremía, en Venezia, muy retratada por estar al ladito de la estación de trenes, al borde del canal, donde se toma el vaporetto. Y más venerada que por San Geremía, por Santa Lucía, cuyo cuerpo se venera allí, en una urna regularcilla para una Santa tan especial, que tuvo iglesia propia, illo témpore, pero los liberales del XIX la derribaron, y tuvieron que trasladar las reliquias de Stª Lucía a San Geremía, donde sigue. 

Por cierto que es la única ciudad que conozco, Venezia, que no sólo tiene dedicada una iglesia al Profeta Jeremías, sino que tiene otra consagrada a San Moisés, más bella todavía, una preciosidad veneziana por fuera y por dentro. Y otra al Profeta Samuel, más discreta, junto al Palazzo Grassi, cerca del Palazzo Malipiero. En San Samuele, para delectación devota de los píos católicos, están las reliquias del Santo Profeta Samuel. Los venezianos arramblaron con todas las reliquias del viejo Oriente, y Venezia es un joyel, una Pala d'Oro con reliquias engastadas entre palazzi, chiese, campi e canali. Cuando Wagner escogió Venezia para morir, sabía lo que hacía; y Thomas Mann lo mismo, para su novela. Los alemanes disimulan, pero siempre se rinden -los que son sabios- ante la autenticidad.

Dice el Martirologio del 1 de Mayo:

"...San Jeremías profeta, el cual murió apedreado por el pueblo en Tapnas, en Egipto, donde fue enterrado; a su sepulcro, según refiere San Epifanio, acostumbraban a ir los fieles a hacer oración y a recoger aquel polvo, que cura las mordeduras de los áspides."

Encuentro muy apropiado celebrar a San Jeremías Profeta el 1 de Mayo. Me pregunta mi fiel e impertinente Tente que será por la tragedia económica y el paro creciente, por lo que me gusta Jeremías como patrón del primero de Mayo. Yo le digo que sí, que eso mismo, para callar y contentar a mi Tente imprudente.

Pero por dentro, sin que lo oiga, me digo - '...Y por la Iglesia, Tente, tan desoladita, tan decadente quasi la Jerusalén de Jeremías, aquella en la que "...tanto el sacerdote como el profeta vagan sin sentido..."

oculi mei lacrimam per noctem et diem et non taceant
quoniam contritione magna contrita est
virgo filia populi mei plaga pessima vehementer
si egressus fuero ad agros ecce occisi gladio
et si introiero in civitatem ecce adtenuati fame
propheta quoque et sacerdos abierunt in terram quam ignorabant Jer 14, 17ss.


¿Exagero? Pero ahí está el Profeta, profetizando penas y sorbiendo lágrimas, tan reales como el dolor que las excita.

 Cierro Con Flores a María, que corresponde:




En mi Parroquia, el cura ya la ha cantado esta mañana, y así se lleva hasta que acaba Mayo. Él dice que es una copla muy buena para los nervios, que entona mucho y rejuvenece. Algo de razón tiene, porque esta mañana, nada más empezó con el "Venid y vamos todos..." me dió un golpe de esos que te trasportan en un micro-segundo al parvulario, con cuatro años, el uniforme de corbatita con elástico y el babero de popelín, una rosa en la mano, delante del altarcillo de la Virgen, cantando "...con flores a porfía".

Yo he conocido un mundo mejor, más bueno, más feliz, cuando el primero de Mayo de San José Obrero era el día que comenzaba el Mes de María, por encima de todo. Entonces yo no pensaba en los llantos de Jeremías, no tenia edad, y lloraba sólo por cosas tan reales como una espina de rosa, de esas que llevábamos en un ramito para el Mes de María.

+T.

jueves, 29 de abril de 2010

Los viejos "valientes" de Solsona


S
on sólo una docena, no sé si llegarán a 15 curas pellejos, de edad provecta, supongo que con los achaques propios de la edad y sus circunstancias. En vez de jugar una pardita de tute, un dominó con café y copita de Chartreuse, los mosenes se juntan en un tal "Foro Ondara", que suena a vasco etarritarri pero debe ser algo que tenga que ver con barretina y otros hechos diferenciales, que ya se sabe lo afines que son los mosenes a esas sensibilidades.

Pues resulta que en la última tertulia de camaradas se les ha ocurrido pedir el finiquito del celibato, que dicen que es una cosa que "...essent obligatòria sembla inhumana" (no traduzco; supongo que se entiende, ¿no? (aquí pueden leer el original, en el apartado "útima reunió")).

Es decir, que los vejetes reverendos (?) solsonetes están que rabian por haber vivido (?) inhumanamente su clericatura, todos estos años. Recalco lo de "inhumanamente", sin conjeturar nada. No hay preguntas. No comment.

Infiero que será por ciertos trastornos de la edad por lo que están tan sensibles al tema, a lo peor. Tampoco voy a cerciorarme, no entro en más averiguaciones, no me atraen estos particulares.

Pero siento un desencanto, un desánimo. Me explico: Uno, en la edad media dificil en la que no se es mocito pinturero ni viejo artrítico, con la cuarentena abocada al medio siglo, en esta edad madura, cuando uno se acerca a un venerable (por la edad) espera ánimos y consejos venerables. Si me topo, en cambio, con un cura que en vez de sotana viste guayabera y ropa sport y que me dice que el celibato es inhumano y mejor que se quite y mejor que se opte y mejor que libre, verde que te quiere verde, verde viento, verde rama etc. Pues, la verdad, en este caso, me quedo de una pieza, perplejo por la salida contestaria anti-celibataria, y el desaliento sobrevolándome como ave de mal agüero.

El profeta dice "...labios scerdotales han de guardar el saber, y en su boca se busca la doctrina" Mal. 2,7. Y a propósito de esto, se me ha venido a la cabeza un texto de San Ambrosio, muy a pelo:

"...Viste allí a los diáconos, los presbíteros, el obispo. No pienses sólo en lo visible de estas personas, sino en la gracia de su ministerio. En ellos hablaste a los ángeles, tal como está escrito: Labios sacerdotales han de guardar el saber, y en su boca se busca la doctrina, porque es un ángel del Señor de los ejércitos. No hay lugar a engaño ni retractación; es un ángel quien anuncia el reino de Cristo, la vida eterna. Lo que has de estimar en él no es su apariencia visible, sino su ministerio. Considera qué es lo que te ha dado, úsalo adecuadamente y reconoce su valor." (cfr. San Ambrosio, Tratado sobre los Misterios nºs 1-7)

Evidentemente, esos mosenes de Solsona, los del Forum Ondara, ni consideran, ni usan, ni reconocen.

Pero peor, mucho peor, es que el portavoz del Obispado de Solsona, un tal Josep Alexandre Baró, se muestre tan comprensivo, tan abierto, tan empático.

¿En Solsona no hay Obispo? ¿Actuará? ¿Intervendrá? ¿Amonestará? ¿Sancionará??? ¿A que no? ¿A que no hay "mitras"? ¿A que no pasa nada, como si nada? A lo mejor hasta invita al Foro a tomar cafelito con butifarra, o lo que los mosenes gusten. Incluso puede ser que haya cierta "sintonía", cordialidad de compadres.

Y lo que más me espina: Que detrás de los viejos anti-celibatarios hay un des-catolicismo militante, cada vez más crecido, insolente, irreverente, beligerante, amenazante, corruptor. Y van a continuar con estos "sabotajes", minando, como gusanos bajo tierra, como vitriolo corrosivo, por donde estén, donde se encuentren.

Son unos cobardes (los viejos) porque eso lo dicen en el umbral de los ochenta, no el dia de vísperas de sus ordenaciones, allá por los años aquellos en que estas cosas ni se discutían, ni se dudaban, ni se exponían a la irrisión. Ahora no es nada, envalentonarse ahora es una petardada de cobardes.

Valientes son los que mantienen. Los que tienen 30 años de juventud para ofrecerlos en el Altar y los que tienen 80 años cumplidos, sacrificados y creyentes, cada dia en el Altar: Esos son los valientes.



El celibato, cuando se asume, es por fe y por amor. Cuando decae, es por falta de fe y de amor. Cuando se traiciona es porque se ha perdido la fe y el amor. Si se postula en su contra, es porque ya no hay fe ni se tiene amor.

Todo esto lo saben esos mosenes, que con la edad que tienen deben saber mucho de las cosas del alma y del cuerpo. Que lo quieran reconocer, eso es otra cosa. Pero es muy triste, muy triste, encontrase con viejos que ya no tienen fe para predicar ni les queda amor para entregar.

El Señor nos libre!


+T.