jueves, 5 de noviembre de 2009

Una "época Potemkim"


Por supuesto que no me refiero al panfletucho cinematográfico pro-bolchevique de Einsenstein. Gracias a Dios nunca me he contaminado ni de lejos con basura roja de heces y martillos (ni capullos empuñados); el Señor nos libre, y aniquile lo que queda de la plaga.

Yo quería referirme al noble querido de la zarina Catalina II la Grande (o la gorda, con su doble papada y su ubérrimo busto y su todo lo demás): Su Serena Alteza Grigori Aleksándrovich Potiomkin, que además de solazar a su soberana demostró ser un capaz y competente ministro ilustrado de aquellos de aquella época, cuando las coronas ilustradas de la Europa del nefasto Siglo de las Luces practicaban el despotismo ilustrado, que el Señor nos libre también.

Pues fue aquello que Uds. ya sabrán pero yo quiero recordar: Cuando Rusia pretendía extenderse más allá de Crimea y morderle fronteras a la Sublime Puerta de los decadentes sultanes otomanos. Y para ambientar triunfalmente el viaje de su Zarina, Potemkim inventó una Rusia de escenario, de tramoya, de opereta. Y se inventó pueblos que no había y él levantó de la nada con telones y bastidores de papelón y cartón piedra, que de lejos parecían pueblos reales, tan bien figurados que la comitiva de Katharina die Große cruzó triunfal y ufana por en medio de aquellos sitios de arquitectura efímera fallera. Todos contentos, la grosse Katalina realmente encantada (y satisfecha) y Potemkim triunfante.

Pero ni había pueblos, ni había casas, ni palacios, ni iglesias, ni rien de rien. Todo era oropel, todo cortinaje, tela encolada y telón pintado, todo ilusión creada, castillos de arena, torres de algodón, avalorios y encajes de papel picado. Telarañas con escarcha plateada de tarjetón de cumplido.

Pues como Potemkim y su triunfal viaje a Crimea, hay quienes se han mantenido con lo mismo, todo fachada, trampantojo, barroco y falsa cúpula al estilo de los bastidores pintados del padre Pozzo. El barroco inventó toda la macchina de la pompa ficticia, el aparato de la apariencia. Y el desengaño. Y somos barrocos, medularmente berniniani, borrominiani, churriguerescos en España y roldanescos en Sevilla.

Mucho arco triunfal, mucho evento fastuoso, cada més un triunfo coronado, cada año un cúlmen escenificado, cada temporada un castillo de fuegos artificiales, todos los días trono, carroza, palacio y corte...Y así más de cinco lustros, con una corte de ridículos y piccoli "Potemkims" montando escenarios ad casum. Nulla dies sine fascino.

Hay una coplilla de rueda-rueda que glosa en rima popular la insustancialidad de la cosa, también ustedes la sabrán:


Tanto botón de nacar
tanta cadena
y de noche en su casa
no tiene velas.

Tanto vestido blanco,
tanta parola
y el puchero en la lumbre
agua sola.

Tanto coche de lujo,
tanto boato
y en llegando a su casa
no tiene plato.

Tanto reloj de oro
tanta cadena
y después en la mesa
no tiene cena.

Estribillo:

- Alirón, tira del cordón,
cordón de Valencia,
dónde vas tú,
bien mío
sin mi licencia.



Después viene la otra parte, el desengaño. Dan las 12 en el reloj y todo se deshace en niebla, en sueño, en sombra. Y la carroza vuelve a ser calabaza. Y el caballero de Calatrava se deshace en el pudridero junto a un prelado con la mitra agusanada. No somos nadie. Ni más (ni menos).

Pues eso era lo que quería decir.

A Jueves cinco del mes de Noviembre del 2009, cuando se cierra, se va, termina una "época potemkim" que pasó. Con pena y con gloria.

p.s. No pregunten detalles, please. Tampoco es tanto ni merece más.

&.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Cañizares tantum

Todos los que apreciamos la Liturgia Tradicional estamos encantados con la nueva “muestra” del Cardenal Cañizares. Son ya tres o cuatro las veces que Don Antonio ha celebrado según la forma extraordinaria. Un récord. Un récord si se compara con el resto de nuestros señores Cardenales y Obispos españoles, que no se han estrenado (bueno, excepto aquellos que recibieron las órdenes sagradas antes del Novus Ordo, que sí tienen esa “experiencia", bien como celebrantes o como “participantes").

Con este particular me estoy repitiendo, y espero no se me enquiste en una obsesión o un chocheo prematuro, pero me “alarma” la pobrísima acogida del Motu Proprio entre nuestra Jerarquia, y la cierta reluctancia que parece se esconde bajo la frialdad con que nuestros prelados han recibido el documento litúrgico del Papa.

¿Qué sucede? ¿Cual es la situación?

¿No celebran pero “animan” a la celebración? No, ni una cosa ni la otra.
¿No celebran y están a la expectativa? Sí, pero más bien parece que estuvieran “al acecho".
¿No celebran y se oponen a la celebración? Dan esa impresiòn, la verdad.
¿No celebran y “penalizan” la celebración? En muchos casos, casi.
¿No celebran y “pasan” de la celebración? Sí y no (no celebran y sí "pasan"…y tampoco dejan pasar).
Vamos, que se repite el refrán del perro del hortelano, poco más o menos.

Y esto es lo que tenemos. Quizá, como ocurre tantas veces, porque nos lo merecemos.

¿Nos lo merecemos?

Sinceramente, pienso, opino, mantengo, defiendo que no: No nos lo merecemos. No nos merecemos una Jerarquía tan “resistente” para esto y tan “tolerante” para muchas cosas.

Comprendo que nuestros Obispos, la mayoría, se han formado en aquellos años en que la “renovación litúrgica” reinaba con su absolutismo innovacionista/ensayista, y ellos han sido los primeros frutos episcopales de ese “ambiente", siendo muy pocos los que podrían suponerse más o menos “adscritos” a los nuevos ritmos “revisionistas” que se viven en los círculos más conscientes del catolicismo.

El Motu Proprio de Benedicto XVI no es una anécdota ni un documento de alcance y significado “parcial” o “relativo", sino que ha marcado un hito, una señal de que estamos en otra “situación” que ha “superado” la etapa litúrgica postconciliar y exige un replanteamiento. La restauración del Rito Tradicional y su incorporación normalizada (a falta todavía de importantes “detalles") es un hecho que define un antes y un después.

En el interim del nunc, el Cardenal Cañizares es una excepción de entre una más que “sospechosa” actitud de circunspecta distanciación. Cañizares tantum.

¿Et alii? ¿Absunt?

A ver si se arranca alguno más y nos da una alegría. No estamos pidiendo nada “extraño", espero que lo comprendan.

Aunque sería mucho mejor que comprendieran al Papa y se decidieran al ignaciano “sentire cum Ecclesia".

Y celebrar, también.

&.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Pro defunctis


Se nos ha estropeado el Dia de Difuntos, y no ha sido por el jalogüin de los yanquis, sino por la impía e inculta era en que vivimos, más que nada. A las Misas de sufragio por los Fieles Difuntos que se celebran hoy en nuestras iglesias van sólo los más fieles, los piadosos que sienten en católico, que cada vez son menos. En una des-cultura "inmediatista" ansiosa de la comodidad del momento, el supuesto de una esperanza ultraterrenal pierde su atractivo y se diluye en la neblina de la indiferencia del "no sabe/no contesta" o el confuso tolerantismo del "para mí" y el "cada cual tiene su creencia".

Ni siquiera resta el recurso de la evidencia tremenda de la vánitas, porque las incineraciones están acabando con los huesos descarnados y las calaveras, siempre elocuentes, en ese entremedio de lo macabro y lo metafísico que arrancaba del más indiferente el monólogo de un Hamlet. Los cementerios modernos se han desdramatizado, higienizados para barrer huellas tétricas que transmitan gérmenes de reflexión taciturna y gravedad de juicio.

Para experimentar una "tradicional" sensación de muerte y muertos, tiene uno que huir de tanatorios y salas de merchandising funerario, y buscar un cementerio romántico, con cipreses y panteones y lápidas y nichos. Pero hasta en estos sitios falla la ambientación, los detalles que desvaloran la puesta en escena. Un enterrador con casco amarillo, una motosierra ruidosa, un altavoz dando avisos o pregonado el nombre de algún difunto. Detalles que te desmontan en un momento el escenario.

En los pueblos es distinto. En los pueblos hay silencio, se oyen los pájaros, las pisadas sobre la grava, la pala del enterrador, la escobilla de la mujer que blanquea con cal la tapia de unos nichos, el martillo del marmolista. También se llora. En los pueblos llorar es sentimiento y rito, mitad porque se siente y mitad porque se debe y es de obligación llorar y suspirar por los muertos. Y es sincero todo, aunque sea algo aprendido, una lectio mortis con lecciones por entregas que se van tomando entierro a entierro, duelo a duelo, con una relativa consciencia que se va fijando en ese depósito insondable de las cosas de la vida que se aprenden viviendo y viendo vivir y morir a los otros, los lejanos.

Cuando se mueren los nuestros, nos examinan de muerte y damos cuenta de cuánto sabemos o no. Los jóvenes se desmoronan, desenfrenados, al toparse con el muro infranqueable; los maduros aspiran una bocanada amarga que encajan con la rebeldía del que se resigna rendido por el golpe. Los viejos son admirables: Estando más cerca del final, son más sólidos, menos frágiles. No es que no sientan, es que saben sentir. Son los que mejor lloran, mansamente, y quienes consuelan más, suavemente, con la resignación de la templanza.

Siempre se siente la fe en medio de la muerte, si hay fe. La esperanza de la vida eterna, la sentencia "vita mutatur non tollitur", es una gracia de Dios cuando se asume con fe consciente y se fragua en esperanza. Y es el amor lo que late debajo, aunque la cobertura se presente con la mueca macabra de una calavera.

p.s. Una música para ambientar: La Misa de Requiem de Francisco Guerrero, tan inspirada y alentadora, tan suavemente bella (y con esa tamborrada y media fanfarria de la procesión, un siglo antes de que Purcell compusiera la suya para la Queen Mary):



+T.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Santos in pectore


Ayer escribí que los Santos que la Iglesia no conoce son "Santos in pectore", que el Señor se reserva desvelar el Dies sine occasu. Hasta entonces, sólo los conoce Él. Pero la Iglesia, que los intuye, los celebra cada 1 de Noviembre con la Solemnidad de Todos los Santos.

Recuerdo una vez que fueron unas beatas amigas mías a visitar la tumba del Hermano Rafael, en la Trapa de San Isidro de Dueñas. Me contaron que un momento de la visita, un monje del monasterio les dijo, como un comentario al hilo de la conversación que llevaban, estas palabras: -"Aquí, en este monasterio, han vivido muchos como el Hermano Rafael".

Yo sospecho que el comentario del monje podría entenderse con esta extensión "y hasta mejores". Pero esto no lo dijo el monje, sino que es suposición mia. Viene al caso por la fiesta de los Santos, Todos los Santos que incluyen, seguramente, a esos otros "iguales o mejores" que los Santos conocidos y que no nos constan. ¿Por qué?

Por razón que la Divina Providencia sabrá. Una respuesta más "crítica" podría decir que porque no han sido promovidas sus causas de canonización; también se puede objetar que no han salido a la luz por no ser voluntad de Dios. Pero igualmente se puede contestar que a saber lo que Dios tiene previsto, puesto que la última palabra es Suya y hasta el último día/el primer día no sabremos todo de todo y de todos.

Los Santos que Dios se reserva, hoy desconocidos, son la sustancia de la fiesta del 1º de Noviembre. Y lo mejor es la esperanza que nos cabe de poder estar algún día en esa lista de muchos sin fama en la Tierra pero con corona en el Cielo.

Aparte y como corolario, pongo con gusto el precioso poema que mi paisano G.A. Bécquer dedicó a Todos los Santos, con ritmo clásico y semblanza romántica, una bella oración para la fiesta de Omnium Sanctorum:

Patriarcas que fuisteis la semilla
del árbol de la fe en siglos remotos,
al vencedor divino de la muerte
rogadle por nosotros.

Profetas que rasgasteis inspirados
del porvenir el velo misterioso,
al que sacó la luz de las tinieblas
rogadle por nosotros.

Almas cándidas, Santos Inocentes,
que aumentáis de los ángeles el coro,
al que llamó a los niños a su lado
rogadle por nosotros.

Apóstoles que echasteis en el mundo
de la Iglesia el cimiento poderoso,
al que es de la verdad depositario
rogadle por nosotros.

Mártires que ganasteis vuestra palma
en la arena del circo, en sangre rojo,
al que os dio fortaleza en los combates
rogadle por nosotros.

Vírgenes semejantes a azucenas,
que el verano vistió de nieve y oro,
al que es fuente de vida y hermosura
rogadle por nosotros.

Monjes que de la vida en el combate
pedisteis paz al claustro silencioso,
al que es iris de calma en las tormentas
rogadle por nosotros.

Doctores cuyas plumas nos legaron
de virtud y saber rico tesoro,
al que es caudal de ciencia inextinguible
rogadle por nosotros.

Soldados del Ejército de Cristo,
Santas y Santos todos,
rogadle que perdone nuestras culpas
a Aquel que vive y reina entre nosotros.


Y recuerdo - y recuerden - que por la gracia de Dios podemos estar (deberíamos estar) si queremos estar y vivimos para estar en esa Santa Sociedad. Lo pide expresamente una de las "bendiciones" del antiguo Oficio:

Ad societatem civium supernorum perducat nos Rex Angelorum.

Amen
.

Y para ambientar, este exquisito fragmento del Salmo 126 "Nisi Dominus aedificaverit" de Vivaldi, con el admirable Andreas Scholl cantando el verso 7: "...cum dederit dilectis suis somnum" (lo da a sus amigos en el sueño):





+T.

sábado, 31 de octubre de 2009

Tarancón de talante y "cuéntame"

La estúpida, insoportable y alucinógena serie "Cuéntame cómo pasó" se estrenó - si no me equivoco - cuando todavía gobernaba España el ínclito Aznar, parece que hace un siglo. Y parece mentira que tal engendro de historia-ficción se gestara en aquella época aznareña. Siempre fue un petardo de consumo de masas "ciudadanas", pero con el Zp project y su des-memoria histórica, el panfletucho televisivo raya cotas delirantes. Así y todo, la gente se lo traga.

En cuanto he visto la noticia de que está para estrenarse una "serie" sobre Tarancón, instantáneamente he pensado en el Cuéntame: Un Tarancón estilo "Cuéntame cómo no pasó", que va a tener que ver.

No sé de quién habrá sido la mala idea, quizá de un Bono o un Peces de esos que marcan el perfil des-católico dentro del ztaperío anti-cristiano filo-masón. Tiene que haber sido una mente perversa, con telarañas de los años cuarenta, niebla de los cincuenta, cacao cola-cao cerebral de los sesenta y taranconería folklórica movilizada de los setenta. Algo así, alguien por el estilo, ha debido ser el ocurrente de la ocurrencia de una serie de TVE sobre Tarancón (al paredón).

Se presupone que la tesis de fondo será una especie de "con Tarancón nos entendíamos mejor" con un implícito mensaje a la Jerarquía actual para que "aprenda" a taranconear, un arte que se ha perdido, una forma de politica de sacristía que aplaudían entonces los mismos que hoy rabian contra la Iglesia, que no se "comporta" con el "talante" del "taranconeo".

Otro leit motiv de la serie será: Los fachas que gritaban "Tarancón al paredón", qué malo que fué Franco y qué buenos que fuimos desde siempre los rojos (rojos cardenalicios, en este caso) que nunca partimos un plato, ni quemamos una Iglesia, ni matamos a una monja, ni fusilamos a ningún cura. Y Paracuellos no existe, es un invento facha. Y si no que lo diga Tarancón, saepe noster (Tertulianus de Séneca dixit). Y así.

Si algo nos ha demostrado la "democracia", es que siempre (también en democracia) hay un piara numerosísima (mayoritaria) dispuesta a tragarse lo que le echen. Son los mismos - hijos, nietos y biznietos - que se tragaban los reportajes del NO-DO y los novelorios y los telediarios de la TVE de hace cincuenta años. La vida sigue igual, que cantaba Julio Iglesias (cuando tenía pelo).


Yo conocí en persona, en carne mortal, a Tarancón, ya emérito. Flaco, descolorido, apergaminado, vivaz, conversador, simpático. Y lo mejor: Una sotana de "sotanosaurio" que no se quitaba ni para echarse la siesta. Pero me temo que ese "mejor" Tarancón de sotana y dulleta y rosario y breviario no será el Tarancón de la serie. El de la serie será el peor Tarancón, el de los pasteleos con los "demócratas" y el filo-sociata de la "Transición"; el Tarancón de los guiños a cuatro bandas, a los cuatro puntos cardinales, con ligera escoración a la banda siniestra; el Tarancón cordial con el Peces y demás siniestros "transicionadores". Ese Tarancón del "Tarancón al paredón".

Si puedo, procuraré no ver el panfletucho taranconero-talantero televisivo, por razones de higiene mental y elementales criterios de juicio. Dicen que van a ser dos capítulos. A ver. Porque el lavacerebros de "Cuéntame" iba a ser una serial de temporada y lleva ya una década (o lo parece, por lo "jartible" y empachoso y pesado y repetido).

La serie se va a llamar "Tarancón, el quinto mandamiento". No se dice qué Vº, si el del Decálogo o el de la Iglesia. Si es el "no matarás", tampoco se sabe por qué se dice, si porque estuvieron a punto de fusilarlo los rojos en el 36, o si porque es lo que Tarancón les impuso como condición a los rojos-democráticos para cubrirlos con su púrpura cardenalicia en los '70. Si es del 5º mandamiento de la Iglesia...Pero me parece que no, que la intención de la serie no es, no será, no puede ser "Ayudar a la Iglesia en sus necesidades". Seguro que no.

Sea lo que sea, que el Señor nos libre de un serial "cuéntame", de un Tarancón de continuación como las Mil y Una Noches.

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jueves, 29 de octubre de 2009

Bernarda de Utrera


No entiendo casi nada de flamenco, pero me gusta el cante. Tampoco lo sé cantar, porque tiro más bien a sochantre, o a mediocrísimo barítono de salón. Es decir, que me atrevo con gregorianos y hasta con Tosti, un lied de Schubert (letra-traducción libre) o algún numerito de Zarzuela; pero con el flamenco se me impone otra clase de respeto y lo más que me sale es un óle por lo bajo o un compasito con el tacón. Es música selecta, casi milagrosa, con una conjunción muy necesaria, sine qua non, de letra, música y cantaor-cantaora.

De las cantaoras más "simpáticas", la Bernarda de Utrera, que murió ayer noche y en paz estará descansando, con el cachito de gloria que le haya tocado. La Bernarda ha sido una gracia de Dios para el que la haya conocido, y para el flamenco. Aunque eran dos, Las Niñas, su hermana Fernanda y ella. Se dice así: La Fernanda y la Bernarda de Utrera, esa era su gracia. Pero en Utrera eran Las Niñas, con esa indefinición que deja galantemente anclada en la edad de mocita a aquellas que disfrutan ser "niñas" perennes aunque cumplan los ochenta, como es el caso.

Fernanda era más "jonda", gitana más fraguada en cantes grandes. La Bernarda era más "ligera", con la gracia de volver flamenco todo lo que cantaba, fuera un bolero, un tango, una balada o un folk; hasta un rock (si el rock fuera música) era capaz de traducir en bulerías. Era como un hada madrina de esas que convierten una calabaza en una carroza dorada.

Tenía el tipo menos "estético" que se pueda imaginar, con sus vestiditos de costurera de pueblo, la falda por debajo de las rodillas y zapatos de medio tacón, medio cieguecita con gafas de cristales ahumados de cataratas, chata de nariz, de boca grande, y un peinado de peluquería de la esquina, y sus medallas al pecho. Lo demás todo era gracia y voz. Una voz con todos los tópicos del cante, una voz ya quebrada, ya ronca, siempre entonada, profunda y llena, que le salía de los centros y lanzaba al aire tan verdadera como un clamor; una voz y un cante que no se aprenden, que son mitad sangre y musa la otra mitad: Cuerdas del alma que el alma templa entreverando vida con muerte.



Por todo eso me gusta escuchar a la Bernarda, que en paz descanse y en gloria esté, rozando el barquito de plata de su Virgen de Consolación. Dentro de nada la estarán cantando entre quejíos los gitanos de Utrera y los flamencos de Jerez y el mundo entero. Y es que es una pena que se vayan yendo las grandes y el mundo se esté llenando de basurilla artificial de plástico pop, heavi, rock, y demás desechos de tentadero.



¡Qué bien y con qué gracia cantaba la Bernarda!

p.s. Ya sé que el flamenco no es plato para todo paladar; y comprenderé que no gusten los youtubes de la Bernarda. Pero es como al que no le gusta el caviar, o las trufas, o el camembert, o el chocolate amargo, o la mazanilla de Sanlúcar. Poco más o menos lo mismo, con las debidas distancias entre la materia y lo espiritual.


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sábado, 24 de octubre de 2009

Profanar lo sagrado, lo bello, la historia. La perversa imbecilidad de las izquierdas


Ayer, viendo uno de los telediarios de la TVE ztapera, sufrí un espasmo repulsivo cuando daban la noticia de la exposición que está causando admiración en Londres. La repugnante cretina anoréxica que daba la noticia, con cuatro palabras mal dichas, desacreditaba escupiendo que la exposición era: -"...exponente del catolicismo represor y el oscurantismo de la España de aquella época...". Seguramente se trata de una chica zp, del ministerio de la Sinde, pesebrera socialista, de esas que llega y ocupa plaza no por méritos sino por cuota de hembra.

La "cultura" postmoderna de la piara post-marxista es así. Una pincelada cultural barnizada con todos los topicos de la España más negra. La leyenda negra ha sido la teta nutriente de la mala leche de la historiografía de la España de socialistas y comunistas, tan cerriles en su culpable deformación que rayan el crimen de lesa historia cultural. Lo más grave es que no es la anécdota de una sub-periodista de telediario dando una gacetilla cultural de medio minuto, lo peor es que eso mismo es lo que alienta el líder de la alianza de las civilizaciones, el que pide en Damasco a los imanes que "recen por la paz". Cuando se cae en la cuenta de que el genio de las cejas circunflexas fue parido y criado en León, uno se pregunta cuántas conexiones neuronales tiene afectadas, o si será cosa de lesión de la glándula pineal, esa que decía Descartes que conectaba el cuerpo físico con el alma espirtual.

Que eso es, precisamente, lo que se expone en la National Gallery de London: "The Sacred Made Real". Lo material que expresa lo espiritual, con tal grado de eficaz impresión que transmite más allá de lo plástico y consigue conectar con el misterio: La forma de la fe.

El asombro de los cultos espectadores anglosajones va in crescendo de sala en sala, merced a la calidad de las piezas expuestas y del soberbio montaje que alterna escultura-pintura-texto. La presentación de las obras se extrema hasta lo exquisito gracias a la iluminación, ubicación de las piezas de la muestra, orden temático del catálogo. Todo, en fin, lo que la maestría de los profesionales museísticos sabe extraer cuando las obras de arte expuestas son de un nivel tan excepcional que imantan la creatividad del experto y raptan el ánimo de espectador sensible.

El sevillano o el andaluz (o el español) que visita la exposición londinense, primero se rinde como un extático ante la imponente sublimidad de lo expuesto. Cuando sale del impacto del primer estupor, repasa en un flash mental qué sería poder ver en un montaje así el arte que se ha quedado en Sevilla, y en Granada, y en Salamanca...Porque a la exposición de la National sólo han ido piezas secundarias. Aun siendo todas dignas del museo que les acoge, las "mayores" no han ido porque están "vivas" en la Iglesias, en los Conventos, en las Capillas. Son la imaginería viviente que se besa en besamanos y besapiés, que se alumbra con velas, que se perfuma con incienso, que camina por las calles en procesiones, que se llevan replicadas en una medalla sobre el pecho o en un cuadro en la cabecera de la cama, tan familiares como la propia carne y sangre.

La iconodulía - contraste de la fe Católica y Ortodoxa, la verdadera fe - no resiste museos, se expresa en el ámbito sacro del templo, no soporta la frialdad de una galería, reclama la templada atmósfera de la adoración; hasta es capaz de subir al grado del incendio fervoroso, del delirio místico.

En Londres, cuando admiran formas, movimientos, colores, expresiones, están aprendiendo en directo cómo el matiz de una encarnadura pintada por Pacheco está recubriendo de humanidad sensible la madera que esculpía Martínez Montañés, o Roldán, o Ruíz Gijón, o Alonso Cano, o Mena, o Mora; están sintiendo como un Yacente de Gregorio Fernández lleva latente la expectatio resurrectionis, como una conexión efectiva entre mundo y Gloria.

Merece la pena leer el catálogo, echarle una ojeada a la exposicón tal como se anuncia en el museo londinenese. Miren aquí.

Y no merece sino el estercolero incultural de las izquierdas y el progresismo infrahumanista la pútrida mala opinión de los que son naturaleza muerta tan agusanada como el hediondo pudridero de las Postrimerías de Váldes Leal. Con el agravante de que no esperan resurrección de la carne.

p.s. Supónese que las góticas de la Moncloa no irán el puente de TodoslosSantos a la National Gallery porque estarán celebrando Jalogüín.


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