viernes, 4 de julio de 2008

Tradition au jourd'hui


Me pregunta un amiguete que por qué no comento algo de los de la Fraternidad Sacerdotal de San Pio X. Y le dije que bueno. Y no sé por dónde empezar, porque necesito muchos considerandos para hacer un comentario que resulte a mi gusto.
De entrada, todos mis respetos y simpatía a la FSSPX, porque son coherentemente tradicionalistas en materia que exige fidelidad a la Tradición; y porque le han echado valor al asunto. Un asunto muy serio. Cada vez más.

El fenómeno, el asunto, es muy francés. Incluso convendría recordar cuánto ha tenido de caso "dentro" de la Iglesia francesa. Por ejemplo, la tensión/radicalización de algunos momentos no se entiende sin la activa acción/intervención de la jerarquía francesa. La jerarquía francesa - un detalle - se movilizó el año pasado con todos sus efectivos para impedir el Motu Proprio del 7 del VII del 2007. Como el resto de las jerarquías, no moverán el dedito del anillo para corregir o sancionar ninguno de los abusos y aberraciones litúrgicas que se cometen por toda Francia; pero arremetieron como carneros cuando entendieron que iba en serio la restauración del Misal de San Pio V.

No sé si alguno de los frecuentadores de este blog ha estado en alguna Misa del rito extraordinario ¿Les resulta "extraña"?, pregunto. El grado de extrañeza de cada uno será correspondiente al grado de "catolicidad" que tengan o conserven Uds, amables visitadores. Tan grave es la situación y tanto nos afecta.

Me asusta (y me alarma, y me duele) que en la parroquia de al lado un cura esté celebrando de forma tan distinta de como celebran en la mía que a veces dudo qué valor tiene lo que celebran. El mal es tan extenso que las estadísticas, si se hicieran, resultarían abrumadoras. Conozco casos de curas recién ordenados que el día de su Primera Misa ha sido el día de su primer sacrilegio solemne. Sic.

Por cosas como estas reaccionaron los de la FSSPX. Monseñor Lefevbre (q.s.G.h.), me parece respetablemente coherente y valientemente responsable. Tuvo la molesta perspicacia de ver venir lo que tenemos y llamar la atención como un severo gendarme; quizá, de entrada, poco simpático, pero con toda la razón de su parte. Su caso no se llevó bien. Roma le golpeó muy duro, a la vez que hacía la vista gorda a tantas cosas de tantos obispos del mundo entero.


El hecho consumado de las ordenaciones episcopales, fue un mazazo. En Roma pensaban que como era católico, formado en el respeto último a la Jerarquía y el valor de la obediencia etc, no se atrevería, no llegaría tan lejos. Si no entendieron que a esas alturas lo que Lefevbre se planteaba era un caso de conciencia y de obediencia a su conciencia, en Roma no entendían nada. Un hecho muy grave. Pero dejó claras las posiciones.

Y ahí están. Dicen que tienen en la Fraternidad 481 sacerdotes, 90 hermanos laicos, 206 religiosas, 6 seminarios, 117 prioratos, 82 colegios, 6 institutos universitarios, 450 lugares de culto en 62 países del mundo, y al menos medio millón de seguidores. No sé si son tantos, pero son suficientes para dejarse notar. Además, tienen "calidad". Un calidad genuinamente católica. Han conservado en activo y vivas tantas cosas que Roma tiró por la borda o mandó al desván. Todas eran valiosas, ninguna merecía el desprecio con que se las trató. El tema de la Misa y el Misal antiguo, clamaba justicia. Menos mal que el Motu Proprio ha empezado a "reparar" lo reparable.

Estos días se ha corrido la voz de que se había planteado una especie de "ultimatum". No será tanto, aunque sea serio. Tampoco creo que pase nada sustancial. Los de la FSSPX seguirán el juego con aire/estilo reluctante, incluso a cierta distancia, pero sin dejar de estar. Por su parte, Roma sabe que no debe levantarse de la mesa, porque lo que está en juego es algo tan "romano" como católico. Las soluciones posibles no sé si serán finalmente las que se rumorean. Los más optimistas/visonarios dicen que una prelatura nullius podría ser una salida magnífica, aunque tan polémica para muchos como lo fue en su día la erección de la prelatura del Opus Dei. No creo que, de estarse buscando una solución, vaya por ahí el asunto.

Pero a estas alturas los de la FSSPX han demostrado (y se han demostrado) que pueden vivir y permanecer en esa autonomía quasi-independiente. Roma no les da miedo. Tampoco pienso que les importe el tiempo, porque el tiempo puede correr a su favor.


Un dato a tener en cuenta es la acogida que los tradicionalistas están teniendo en los EEUU, que son nuestra "vanguardia" en tantos aspectos. Si allí caen bien (cada vez mejor) el fenómeno se va a repetir aquí. Sólo es cuestión de tiempo.

Mientras en Francia, donde todo empezó, lo que hay es esto:


Mais ouí: Un reality show de curas! Increíble, pero tan cierto como esa web descabellada de la Diócesis de Besançón.

Hace ahora dos veranos, me quedé de una pieza cuando me presentaron a un señor entrecano de unos setenta años, con camisa celeste, corbata de lunaritos y chaqueta azul, como Msgr. l'Evêque de Xx. Lo que va de un sujeto así a un obispo con todos sus atalajes es lo que media entre un extremo y otro del asunto. Más o menos.

No hace mucho tiempo comenté esa observación cada vez más común entre los católicos conscientes que ven cómo la Iglesia sufre una división more anglicano: Como en la confesión anglicana, en la Iglesia Católica Romana actual existen una "high-church" (más fiel a la tradición y a la identidad del catolicismo) y una "low-church" (que desprecia implícita y explícitamente lo católico y evoluciona hacia modelos y estilos cada vez más alejados del catolicismo). Esto desde los años 70, aproximadamente. Hoy es patente esta "división" que afecta a toda la Iglesia Católica, con las consecuencias que sufrimos los "conscientes" (una minoría) y el efecto que no sufren pero sí afecta a los "inconscientes" (que son mayoría).

Por eso, porque las cosas están así, les guardo una regular simpatía a los de la FSSPX. En tiempo de desolación, dice San Ignacio, que no se haga mudanza. Para la Iglesia nuestros tiempos no son de consuelo, pero mudanzas tenemos tantas que es de elemental prudencia tener gente que atesore, que guarde, que conserve.

Preguntaba el Señor: "...¿Entendéis bien todo esto? Ellos contestaron: Sí. Él les dijo: Ya veis, un letrado que entiende del Reino de los Cielos es como un Padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo." Mt 13, 51-52.

Y yo pregunto: Si no guardamos lo antiguo, si no hay nada antiguo, si se ha despreciado y tirado lo antiguo, ¿qué vamos a sacar del arca que guarda las cosas de valor? Ni siquiera lo nuevo podrá apreciarse como nuevo, porque se habrán perdido todas las referencias.




No sé si me explico.

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jueves, 3 de julio de 2008

IV Cruzada


La Editrice Vaticana acaba de publicar las actas de un congreso internacional sobre la IV Cruzada (1204) celebrado en la isla de Andros, del 27 al 30 de Mayo del 2004. No sé por qué han tardado 4 años, aunque me temo que quizá las otras instituciones participantes no han podido y haya sido el Pontificio Comité de Ciencias Históricas el que gestionara con los editores la publicación de las actas en la Editrice. Por otra parte, cuatro años de demora para ocho siglos de distancia, es apenas nada.

Cuando la IV Cruzada, la Cristiandad estaba ya cansada de cien años de batallas, victorias y derrotas. Inocencio III la convoca al poco de acceder al Pontificado, en 1198, encontrando una desanimada respuesta. Ricardo Corazón de León estaba en guerra con Felipe II Augusto (Ricardo moriría en Abril del año siguiente; también Saladino había muerto, en 1193). Con sólo unos cuantos entusiastas, se empezó a preparar la campaña.

A un siglo de la Iª Cruzada, la experiencia hacía preferir el camino del mar, evitando el largo y complicado trayecto por tierra. La intención primera tenía su lógica, ya que se pensaba actuar en Egipto y cortar la via militar de los árabes por el oeste, tan crucial durante las campañas de Saladino. Todo, sin embargo, se trastocó con la entrada de Venecia en el plan.


Venecia fue la clave de la IV Cruzada. Con intereses comerciales en el Adriático y todo el Medio Oriente, había sufrido en poco tiempo varios reveses que afectaron gravemente a sus actividades. Primero se resistió a la llamada del Papa, excusándose; después ofreció barcos y hombres con la condición expresa de que la expedición, antes de sus objetivos en Tierra Santa, se detuviera para recuperar la fortaleza de Zara, en la costa dálmata del Adriático. Parece increíble que la cabeza que rigió la IV Cruzada fuera la de un quasi octogenario ciego, el Dux Enrico Dandolo. Su voluntad y habilidad se impusieron.

Se arribó a Zara y se recuperó - con mucha violencia - para Venezia (Octubre-Noviembre 1202). Al poco de la conquista de Zara, se presenta a los jefes cruzados Alejo (IV) Ángelos, hijo del depuesto emperador Isaac II. Pide a los Cruzados que le ayuden a ganar el trono perdido, ofreciendo ventajosas compensaciones si consigue deponer al usurpador, Alejo III, su tío. Además de dinero y provisiones, promete 10.000 soldados para la Cruzada. Se avisa al Papa, que se resiste; pero se le convence con la promesa de una futura reconciliación con el Patriarca de Constantinopla y la resolución del Cisma (1.054). Inocencio III accede. Aun así, una parte importante del ejército cruzado rehusa a tomar parte en algo que no tiene que ver con la Cruzada prevista, y se separan del resto reembarcándose rumbo a Siria.

A fines de Abril, parten Alejo Angelos y las naves de los Cruzados de Zara para Constantinopla, adonde arriban el dia de San Juan, 24 de Junio de 1202. Las naves venecianas rompieron las cadenas que cerraban el Cuerno de Oro y tomaron el puerto. Siguió un asedio de tres semanas, y el 17-18 de Julio consiguen entrar en la ciudad.


Alejo III huye de la capital. En Stª Sofía, con la nobleza cruzada de testigos, Isaac II es reinstaurado en el trono con su hijo Alejo (IV) como regente. Se repartieron ricos regalos y se ocuparon palacios, pero las cantidades acordadas para los cruzados no llegaban, porque las arcas las había saqueado Alejo III antes de su huida. El clero, sospechando de la presencia de los cruzados, comienza a agitar al pueblo, y los jerarcas constatinopolitanos se niegan a hablar siquiera de una reconciliación con Roma, en medio de tan confusas circunstancias.

Por dias, el ambiente se torna más conflictivo: La población sigue agitada; los cruzados reclaman lo prometido y amenazan desde su campamento, en torno a la ciudad y con enclaves dentro de las murallas; hay discordias entre genoveses y pisanos, y entre estos y los venecianos; se saquean tiendas y casas en los barrios de unos y otros; el clero ortodoxo sigue resistiendo y enardeciendo los ánimos populares. Para calmar a los capitanes cruzados, Alejo IV ordena la exacción de impuestos, y comienza a despojar iglesias y monasterios de sus tesoros para entregarlos como compensación.

En las calles, la gente hostiga a los caballeros cruzados; algunos de ellos asaltan una mezquita y son a su vez atacados por un grupo de griegos. Para defenderse, los cruzados prenden un fuego que se extiende por las casas colindantes; en pocas horas, las llamas consumen una parte de la ciudad. El incendio duró varios dias. En venganza, se intentan quemar las naves cruzadas atracadas en el puerto. La confusión y el desorden reinan por toda Constantinopla.

En el climax del caos, aparece Alejo (V) "Murzuflo", cuñado de Alejo IV y antiguo partidario de Alejo III. Prende a su cuñado, lo manda estrangular y encarcela al viejo Isaac, que muere también a los pocos días. El nuevo y violento Basileus niega cualquier pago o compromiso debido a los cruzados, y les conmina a salir de Constantinopla.

Llegaron a Roma noticias de los violentos sucesos, y el Papa Inocencio III manda una enérgica carta para impedir que se precipitaran más graves acontecimientos. La carta es interceptada por los capitanes venecianos, y nunca llegó. Entretanto, Dandolo planeaba tomar la ciudad, derrocar a Marzuflo y asumir el gobierno; una asamblea de 12 miembros (6 venecianos y 6 cruzados) elegirían entre los nobles presentes al futuro nuevo emperador. El elegido, quedaría dueño del Palacio de Blanquernas y su barrio más 1/4 de la capital y otro cuarto del Reino; el resto, sería dividido en lotes entre venecianos y cruzados. En Marzo de 1204 se firma la Partitio Terrarum Imperii Romaniae.

El 9 de Abril comenzaron los ataques. El despliegue de ingeniería bélica fue asombroso: Los cruzados arman torres móviles de asedio, que montan sobre los barcos venecianos y las acercan a los muros. El 12 de Abril logran asaltar la muralla, abren desde dentro las puertas de la ciudad, y los cruzados entran por segunda vez en Constatinopla. Ya de noche, temiendo un ataque imprevisto, unos alemanes provocaron otro incendio que consumió otra parte de la capital. Aprovechando la confusión, Alejo V se fuga. Entre una gran agitación, los notables del Imperio eligen en palacio nuevo emperador a Constantino XI Lascaris, que intenta sin éxito dominar la situación.
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Al día siguiente, desde el amanecer, comenzó el saqueo de Constantinopla por los cruzados y los venecianos.

En Roma, Inocencio III quedó horrorizado. Mandó severas cartas a Constantinopla, condenando lo ocurrido y anulando con su autoridad cualquier cosa que no se aviniera al bien de la Iglesia y el Estado, todo en vano. En el colmo de la estupefacción, supo que su propio legado, Pietro di San Marcello, desvinculó a los cruzados de su promesa de guerrear en Tierra Santa. La bárbara crueldad de los hechos era irreversible. Ya habían coronado un "emperador latino" de Bizancio (Balduino de Flandes) y un veneciano (Tommasso Morosini) había ocupado la cátedra del Patriarca de Constantinopla. Consumatum est.


La Cuarta Cruzada había servido para asestar un golpe letal al Imperio, la Cristiandad oriental, que resistía y hacía frontera al irrefrenable avance del Islám y los Otomanos por el Medio Oriente. El recién creado Imperio Latino fue una farsa feudal, con los mismos errores que se plantearon en Antioquía, Galilea y Judea por los primeros señores de la Cruzadas. Los latinos se mantuvieron en Oriente más de medio siglo, hasta la reconquista de Constantinopla por Miguel VII Paleólogo, en 1261.

Se comprende, casi intuitivamente, que las Cruzadas fueron gran parte de la ruina final de Bizancio. La historia de Roma termina en Bizancio , y con su decadencia declinaba el último sol romano por oriente. Y es lamentable cuánto le cupo de culpa a Occidente en aquel ocaso.

La conciencia política de Bizancio se pierde con la caída definitiva de Constantinopla en 1453. Pero la Iglesia Ortodoxa vinculada al Patriarcado de Constantinopla heredó la conciencia y la memoria del Imperio vencido. Y siguieron activas, con mucho dolor resentido. Y no perdonaron a Occidente. Y Occidente era Roma. A pesar de las tentativas in extremis de reconciliación-unión (Concilios de Basilea-Ferrara-Florencia), esta nunca llegaría.

El 4 de Mayo del 2001, en Atenas, el Papa Juan Pablo II se lamentaba por la IVª Cruzada y el saqueo de Constantinopla ante el metropolita ateniense Cristodoulos. En los monasterios del Athos, los monjes clamaban contra la visitas y los actos.

Me fascinan las Cruzadas, y los cruzados, y las cosas del tiempo de las Cruzadas. Pero cada vez estoy más persuadido de que fue un monumental error, que se pagó muy caro. Pero fascinante. Tanto que no me imagino una Historia sin la historia de las Cruzadas. En historia, soy "providencialista" porque soy cristiano. Pero la gran aventura de las Cruzadas, a pesar de sus entusiasmos heroicos, fueron finalmente (desde el principio?) inasumibles/ incompatibles en cuanto "proyecto cristiano".


p.s. Sobre otro congreso con el mismo tema celebrado aquel mismo año en Constantinopla-Estambul, interesa este breve artículo entrevista.

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lunes, 30 de junio de 2008

Hispania Paulina


Se abrió el Año Jubilar de San Pablo Apóstol, este fin de semana. Por aproximación, se celebra el bimilenario del nacimiento del Apóstol de los Gentiles (ca. 7-10 d.C.) Al caer este año la fiesta de SS. Pedro y Pablo en Domingo, la coincidencia ha resultado más o menos decisiva, ya que así se ha celebrado la Solemnidad en festivo litúrgico y laboral. Todo el Orbe Católico ha asistido a la Misa de los Santos Apóstoles y ha participado de la inauguración del Jubileo Paulino; el Papa invitó al patriarca de Constantinopla, Bartolomeos, que ha estado junto a Benedicto XVI en las ceremonias de apertura.

El año pasado empezaron a conocerse los resultados de las prospecciones arqueológicas bajo el Altar Mayor de la Basílica de San Pablo Extramuros, en Roma. Como sucedió cuando el estudio de la tumba de San Pedro en el Vaticano (por interés expreso de Pio XII, a partir de 1939, dirigidos por la célebre Dra. Margherita Guarducci), los análisis de los peritos han confirmado el tradicional sitio del sepulcro apostólico, sobre el que se edificó la Basílica en época constantiniana, junto a la Via Ostiense.

Por todo esto, en Cataluña han convocado un congreso, un simposio, para decir y comentar que San Pablo estuvo en Tarragona. Seguramente, los más acérrimos, darán por seguro que entró por el arco de Bará. Aproximadamente.

Sed contra, existe la tradición bética, que mantiene la memoria de la presencia del Apóstol Pablo en la Bética. La Bética que era por aquellas fechas (y pienso que siempre lo fue) la región más romanizada de Hispania. Tener tres emperadores romanos nacidos en la Bética, debería ser suficiente argumento de autoridad. Pero este argumento"imperial" se confirma constantemente con otros menores, periféricos, que perfilan sobresalientemente la Bética romana.

Hoy mismo, la edición del ABC de Sevilla incluía un par de artículos sobre arqueología romana en el Bajo Guadalquivir . Brevemente, se comenta la re-identificación de Las Cabezas de San Juan como la antigua Conobaria, a la orilla del entonces lacus Ligustinus, que ya acuñaba moneda en el perído tardo-republicano, y de cuya importancia da cuenta que proceda de ella el más antiguo juramento público del occidente romano, grabado sobre una placa de bronce, en el reinado de Augusto.
Sobre la intensa actividad comercial entre la Bética y Roma, huelgan detalles. En Roma, el famoso Monte Testaccio es una prueba arquelógica que habla por sí misma. De este importante tráfico, sería otra prueba el generalmente desconocido edículo funerario existente en la Necrópolis Vaticana, debajo mismo de la Basílica, a pocos metros de la Tumba de Pedro. Para las guías españolas que hacen el recorrido por el fascinante y casi intacto yacimiento arqueológico, siempre es un recurso para captar la atención del grupo preguntar si hay algún andaluz, y seguidamente enseñar el pequeño edificio fúnebre con la inscripción: "Lucilia, de la Bética, que comerciaba con aceite y vino". Una sorpresa, como digo, y un patente documento sobre la vinculación Roma-Bética (y, además, en aquella época circa la actividad de los Apóstoles).

Según nos enseñaba el Dr. Fray Antonio García del Moral o.p. , la llegada de San Pablo debió ser por el estuario, por la actual Sanlúcar de Barrameda; después seguría el curso del rio, Guadalquivir (entonces Betis) arriba. Esa dirección-penetración conserva todavía una antiquísima memoria paulina, centrada muy particularmente en torno a la ciudad de Écija, capital del famoso Conventus Astigitanus, centro de la crisitiandad hispano-romana que todavía en el siglo VII ostentaba notable predicamento. En Écija, la tradición paulina es también de carácter popular, ya que el Apóstol es el Patrón de la localidad, con solemnes fiestas anuales en torno al 25 de enero, fecha en que la liturgia celebra la fiesta de su Conversión. Por iniciativa del p. García del Moral se instituyó en el convento de Stº Domingo, de pp. Dominicos, la Cátedra de San Pablo en Écija, institución que tuvo entre sus fines el estudiar y dar a conocer las raíces paulinas de la evangelización andaluza.

Que San Pablo estuvo en Hispania, es una seguridad. El mismo Apóstol, en la epístola a los Romanos, da por seguro su viaje a España (Rm 15,24); y en terminos que hacen suponer una cierta estancia, ya que la visita que anuncia a los romanos la considera "de paso", camino de Hispania, siendo este su objetivo principal, no Roma (por lo menos en este texto, tan claro). La fecha aproximada que se supone es el año 63 .


En auxilio de la tradición bética-paulina, viene un texto de significativo valor y peso: La Carta de San Clemente a los Corintios, que hablando de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo dice esto:

V, 7. " δικαιοσíνην διδáξας óλον τóν κóσμον καí eπí τó τéρμα τéς δúσεως

la versión latina dice: "...ad occidentis términos venit..."

Estas palabras son definitivas y terminantes, ya que con ellas se solía designar en aquella época el extremo de Occidente marcado por las Columnas de Hércules, una de las reconocidas fronteras del mundo antiguo. Para algunos exegetas e historiadores, el mandato de evangelización dado por Cristo a los Apóstoles antes de la Ascensión (cfr. Hch 1, 8) se cumplió en orden y escrupulosamente. Incluso parece que sería una de las posibles estructuras internas que subyace en el libro de los Hechos de los Apóstoles, cuya narración avanza paso a paso desde Jerusalén-Judea-Samaría...y hasta el confín del mundo (con la llegada de Pablo a Roma, se sobreentendería alcanzado el "programa" de aquella evangelización apóstolica).

El testimonio de San Clemente es de singular valor, puesto que él mismo conoció personalmente a los Apóstoles y participó en algunos de aquellos trabajos de evangelización. Es el segundo obispo-papa de Roma después de San Pedro, entre el 93-102, y tiene conocimiento directo de los hechos que refiere o a los que alude.

La solidez de la cristiandad de la Bética hispano-romana sería otro hecho a considerar. Así como la antigua tradición de los "Varones Apostólicos" que, pese a sus rasgos legendarios, podría agregarse como cierto elemento complementario vinculado a la memoria paulina.

El peso de la Bética Cristiana a finales del siglo III y comienzos del IV se evidencia en el célebre Concilio de Elvira (303); y en el mismo sentido es significativo que sea el Obispo de Córduba, Ossio, el que presida por designación imperial el I Concilio de Nicea (325).
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Resumiendo, en apoyo de la presencia de San Pablo en la Bética, estos serían los argumentos a tener en cuenta:

- la señalada posición de la Bética dentro de la Hispania Romana
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- la contínua y muy intensa comunicación comercial entre la Bética (región) y Roma (capital)

- la memoria-tradición paulina persistente en varias localidades de la actual Andalucía

- la arraigada y floreciente cristiandad de la Bética, con varios centros muy activos y de reconocido prestigio en Híspalis, Astigi, Corduba, Ilíberis, etc.

- el significativo "testimonium clementinum", que avalaría la concreción geográfica de la presencia de San Pablo en Hispania, en torno a los límites del Occidente andaluz.


No sé qué avales tendrán los catalanes para defender su hipótesis, pero no creo que sean mayores ni mejores. En este punto, echo de menos a mi maestro, el p. Antonio García del Moral (eximio paulinista), que hubiera corroborado y ampliado con más referencias (y con más pasión) lo que he sacado a colación.

Sin embargo, cedería y me contentaría con una cosa: Que, por lo menos, los curas catalanes no discutan que si San Pablo estuvo, estuvo en Hispania; ya sea en la Tarraconense, que era Hispania, ya fuera en la Bética, que era Hispania. Indudablemente: Hispania, siempre Hispania.

(Aunque yo no dude en mantener que estuvo aquí, cabe la Giralda avant la Giralda, of course, que es por donde en verdad anduvo).

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domingo, 29 de junio de 2008

Pseudo-cristología


En Febrero o Marzo pasados, no recuerdo, presentaron a bombo y platillo en el CET de Sevilla el libro "Jesús", del sacerdote vasco José Antonio Pagola. El Centro de Estudios Teológicos de Sevilla es un centro académico provinciano, con muchos defectos y muy pocas virtudes. Esto, en una institución concebida para la formación sagrada en grados primarios y medios, es algo muy serio. A la deriva, desde su fundación, conoce en la actualidad un bajo nivel docente, agravado además por reconocerse en referencia a la teología-moral-pastoral de cierta tendencia "progresista", la misma que tanto desconcierto y confusión plantea a la Iglesia. Por ejemplo, en el CET de Sevilla se presentará discretamente el libro del Papa Ratzinger "Jesús de Nazareth", pero se desplegará una ruidosa escenificación para presentar la obra de Pagola. Huelgan comentarios.

Sobre Pagola y su libro opiné en algún foro de discusión, por aquellas fechas. He conservado alguno de los comentarios que hice a propósito; tales como estos:


- [Pagola] Doctrinalmente, se adscribe a esa falsa teología que siembra dudas y se aleja del Credo Católico de forma implícita. Pero no se atreve a explicitar un credo formal que evidenciaría que lo que él y otros enseñan no es el Credo de la Iglesia. El Obispo de Tarazona, muy responsablemente, ha hecho lo que los demás Obispos deberían hacer. Si el CET de Sevilla recibe y da publicidad a Pagola, el CET y sus responsables se hacen cómplices del extravío, los errores y el daño que Pagola está haciendo y difundiendo.

- La teología o es asunto de fe, o no es teología. Y la fe hay que enseñarla íntegramente: Exponer el Misterio de Cristo desde una perspectiva o intención reduccionista, parcial o minimalista, es falsear el Misterio de Cristo. Eso es lo que hace Pagola, tan errado no sólo por algunas cosas que dice, sino también por las muchas que calla. La verdad exige la integridad y es incompatible con una fe fragmentada en porciones a la que le faltan, deliberadamente, partes sustanciales y definitivas.

- Cuando se lanzan "sospechas" contra lo "nuclear" del Misterio, se está atentando contra la verdad del Misterio. La labor del teólogo es profundizar el conocimiento del Misterio, no ponerlo en duda o parcializarlo desde criterios subjetivos escudándose en una metodología que disimula la ofuscación o la falta de fe del autor.

- Los métodos histórico-críticos son pertinentes, pero no suficientes. El problema de Pagola y demás pseudo-teólogos de su estilo es que, obviando toda la tradición exegética de la Iglesia (y excluyendo el Magisterio) exponen desde una metodología muy limitada los Textos Sagrados; y al limitarlos, los falsean reduciendo su integridad desde los parámetros metodológicos que han escogido. No se puede saber qué son Las Meninas de Velázquez desde un análisis sólo y exclusivo de los pigmentos pictóricos o la textura de la trama del lienzo. Limitar su conocimiento a eso y trasmitir luego sólo lo deducido desde ese análisis, sería falsear la obra de arte y reducirla a un mínimo sacrificando un todo, la totalidad real y significativa de la obra/el cuadro en cuestión. Pues, en parecido sentido, lo mismo es lo de Pagola y demás falsos teólogos, con sus métodos y sus parciales y engañosas conclusiones.

- Eso es lo enorme, lo escandaloso, lo perverso de Pagola y los de su panda: Que siendo sacerdotes traicionen el Mensaje y disimulen la fe (una fe que quizá ya no tienen) parcializando-reduciendo la exposición del Evangelio excusándose en una metodología insuficiente y expresamente limitada. Si no creen, que se retiren, pero que no permanezcan emboscados en la Iglesia y envenenando con su increencia la fe de muchos creyentes de buena voluntad que darán crédito a los errores que elaboran y difunden. El pecado de escándalo de los sencillos se juzga con palabras muy duras por el propio Señor, y Pagola y cía. lo están cometiendo contínua y deliberadamente.


No soy teólogo experto en Cristología dogmática, pero tengo la suficiente y competente formación para detectar todo eso (y más) en el libro de Pagola. Ese era mi juicio, sumario y sin entrar en detalles. Este es el de la Comisión de Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española, que ha publicado esta Nota de clarificación sobre el libro de Pagola. Muy oportunamente. Y muy discretamente, porque opino deberían haber actuado con mayor contundencia y efecto.

¿Qué pasa en la Teología Católica? El fenómeno tiene una larga historia, con precedentes que se remontan a la crisis modernista que despunta en el Pontificado de Pio X, y más inmediatamente en la etapa del "replanteamiento" eclesial post-Vaticano II. En pocas palabras, la Teología abandonó sus referentes católicos y se expuso a la influencia de los más extravagantes y discutibles autores. Especial efecto tuvo la "apertura" a los autores protestantes del XIX y el XX, que desde prejuicios marcadamente opuestos al Dogma y la Tradición, se empeñaban en negar los fundamentos de la Revelación cristiana, desde los Evangelios a los demás escritos del Nuevo Testamento. Empezaban dudando de la verosimilitud de los contenidos para terminar negando su valor como documentos históricos. En el colmo de la manipulación, empleaban elementos de crítica histórica y exégetica relativamente válidos para el estudio del Antiguo Testamento (formado en el decurso de unos 20 siglos) para estudiar los libros del Nuevo Testamento (que se forma en un plazo nunca mayor de 70 años, desde los muy tempranos primeros textos de los Sinópticos y San Pablo a los escritos últimos del Corpus Ioanneus).

Ese tipo de sesgada "investigación" con sus prejucios y su "metodología" conforma todas las desviadas conclusiones de una exegética que acaba minimizando/reduciendo todo el Misterio Cristiano a un impreciso capítulo marginal de la historia del judaísmo del siglo I en el marco socio-religioso-cultural del helenismo tardío. La obra de Pagola es una pequeña muestra de este lamentable fenómeno-tendencia de la peor teología de fines del XX.

Afortunadamente, la Teología Católica se ha mantenido activa, conviviendo en tensa relación con esa pseudo-teología elaborada paradójicamente desde dentro de la Iglesia, pero viciadamente contradictoria con la Fe de la Iglesia. En el transcurso de los últimos treinta o cuarenta años, diversas ideologías/filosofías han pretendido traducirse en términos "teológicos". La firme coherencia de la Teología Dogmática, se desmontó y fragmentó en tantas "teologías" como escuelas o tendencias de pensamiento iban surgiendo en el panorama cultural de Occidente. Hubo autores que en pocos años publicaban obras que eran la negación-contradicción-superación de su obra anterior de apenas diez años antes, con el desconcertante efecto de ser presentados en cada momento como las vanguardias del pensamiento cristiano, cuando eran su más decadente y degenerado epifenómeno.

La mejor Teología del Siglo XX se formuló con toda madurez y una excepcional calidad textual en los documentos del Vaticano II, tan desconocidos y olvidados. Desde una deliberadamente falsa comprensión del Concilio, se reclamó un "espíritu del Vaticano II" que implicaba su destrucción. La prueba es muy simple: Cótejese ese "Jesús" de Pagola con los enunciados cristológicos de Lumen Gentium, Gaudium et Spes, Dei Verbum o Sacrosanctum Concilium, y quedará en evidencia que el "Jesús" de Pagola es una reducción minimalista incompatible con el Jesús Hijo de Dios y Cristo Salvador que cree y proclama el Vaticano II según la tradición de la Iglesia Católica Apostólica.

Con la caída de la "teología de la liberación" y el descrédito personal de algunos de sus ideístas (como el bochornoso caso del brasileño Leonardo Boff), los seguidores de esas teologías "de frontera" recibieron un duro golpe. Ahora vuelven a reagruparse en torno a nuevos "líderes", y Pagola se ha convertido en pocos meses en uno de sus más reputados representantes. Al paso de la censura de su libro, diversos "colectivos" se han declarado a favor del autor y sus ideas. Basta informarse un poco de la naturaleza de dichos grupos para hacerse cargo de lo que representan y suponen.

Lo más grave es la notable impresión de división en la Iglesia. Tal es el caso de esto que escribo: Mi fe, la que procuro guardar y confirmar según la tradición apostólica que ha llegado hasta mí, no es la fe que presentan Pagola y adláteres en sus obras. Existe una distancia, una diferencia tan suatancial, que los contenidos de esa "fe" de Pagola y cía no pueden entenderse como una fe católica. Incluso más: Dudo que puedan ser mínimamente cristianos.

Si el Credo Cristiano "básico" es el explicitado en la doctrina de los cinco/siete Primeros Concilios, lo que Pagola enseña no es cristiano. Absolutamente. Si él y los de su tendecia pretenden formular un nuevo credo, que se separen de la Iglesia y que lo digan, para que lo sepamos y los distingamos. Pero mientras se declaren dentro de la Iglesia, ya sea como fieles o ya - lo que es enormemente más grave - como ministros de la Palabra y el Altar, o enseñan la fe rectamente o deben ser censurados con las penas canónicas que cada cual merezca en particular. Sin ambages y con toda contundencia. Después, en consecuencia, las actiudes en pro o en contra decantarán afinidades.

En la Misa de hoy, en la celebración litúrgica de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, se recalca el carácter apostólico de la Iglesia, la única Iglesia, que susbsiste/que es la Iglesia Católica Apostólica. La fe de Pedro confiesa a Jesús el Cristo Hijo de Dios vivo, y no hay otra salvación fuera de Él; la de Pablo proclama que esa fe mantenida, vivida, combatida, nos conducirá a Él, que nos salvará y nos llevará a su reino celeste.

Y esta es nuestra fe, esta es la Fe de la Iglesia que nos gloriamos de profesar en Cristo Jesús, Señor nuestro. Amén.

Y lo de Pagola, la sombra de una pseudo-teología que enseña poco porque duda, y duda porque ha perdido su fe.

+T.

jueves, 26 de junio de 2008

Otro atentado

Jerusalén no tiene un perfil judío. La Ciudad Santa es bella de lejos y cerca gracias a las murallas de Solimán. Dentro de ellas, sobresale majestuosa y atractiva la cúpula dorada del Domo del Roca; también algunos minaretes, y los chapiteles de algunos campanarios cristianos. Las cúpulas plomizas del Santo Sepulcro, apenas sabe distinguirlas quien sepa donde están.

La huella árabe-islámica en Jerusalén es un hecho testado por la historia y el arte. Una desgraciada historia que no hubiera debido ser. Desgraciado el día en que los ismaelitas del desierto hollaron las calles de la Ciudad Santa, que no es su ciudad santa por mucho que fantaseen con la historia fabulosa de su profeta volando en la burra o la mula aquella. Quisieron plantarse en la Ciudad Santa, y ocupar su parcela. Era una forma solemne de ubicarse entre el Viejo y el Nuevo Testamento, como si estar y poseer en Jerusalén fuera la carta de legitimación de la novísima e inventada religión. En una ominosa acción, destruyeron los Santuarios Cristianos, de los que apenas queda relativamente intacta la Basílica de la Natividad en Belén.

El Templo se lo encontraron arrasado, inexistente. Por Divina Providencia, el Templo fué profanado y destruído por la violencia sacrílega de Roma, en el fatídico Julio del año 70, bajo Vespasiano y Tito. Fueron la mano de Dios y los ejecutores de su justicia. Al día, ni el más fanático rabino ni el más terrorista de los sionistas podrá acusar ni a Cristianos ni a musulmanes de haber participado ni remotamente en la destrucción del Lugar Santo.

Pero el espacio del Santo de los Santos late desde hace siglos bajo las bellas - muy bellas - mezquitas de la Roca y Al-Aqsa, en la imponente explanada que marca el área del antiguo Templo de Salomón, y el más moderno de Herodes. Como un bello desagravio del Islám a la ciudad bienamada, ya tres veces santa.

El Muro de las Lamentaciones no está elevado, ni tiene cúpula, ni tampoco torre. En el colmo de la humillación, el terreno más santo del Israel que ha perdurado sólo asoma un lienzo de muro, para consuelo y lamentación de los hijos de Judá. Las piedras del Muro de los Lamentos están tan empapadas de oración como en lágrimas y en odio.

La Jerusalén del nuevo Estado de Israel se ha hecho deliberadamente - necesariamente, según se mire - a espaldas de la Ciudad Antigua. En un derroche de medios y mal gusto (vulgar, internacional, repetido) los hoteles y los edificios de oficinas han roto el perfil de las murallas y la cúpula dorada con los minaretes y los campanarios. Un abuso de la más ordinaria anti-estética que sacrifica lo más santo y más bello al monstruo de la modernidad (política y mercado incluídos en esa modernidad).

En una demostración más de su habilidad probada para los hechos consumados, los del estado de Israel han plantado un vulgar puente del vulgar Calatrava en la nueva Jerusalén. Del infausto arquituerto, nada diré; de aquellos que le sean adeptos tampoco. Pediré, de pasada, la confusión perpetua para todos ellos, y un especial purgatorio ético-estético, muy largo y depurativo. Amén.

Y así han agregado un nuevo elemento neo-israelí para el perfil sionista de la Ciudad Santa, tan atormentada por las novedades y las antigüedades, a la vez. Si hubiera que deducir la sustancia del moderno Israel de las acciones y construcciones del Israel moderno, la conclusión sería decepcionantemente terrible. Para más paradoja, el nuevo "puente" se ha hecho en una ciudad sin rio y por un estado que no sé qué querrá ser, pero "puente" parece patente que no.

Jerusalén es dorada. Al subir desde Jericó por el viejo camino - el Camino del Samaritano - que asciende serpenteando entre los riscos y precipicios de la áspera y quasi desierta Montaña de Judea, el paisaje se va dorando, tramo a tramo, por la tierra calcinada, el sol, la oxidada piedra caliza; una paleta con colores entonados del blanco al ocre. Desde el Monte Scopus, la vista de la Ciudad Santa es un cúlmen de contemplación, un mirador de intensidad religiosa para el creyente, sea cristiano, judío, o musulmán. Todo es dorado, el cielo, la muralla, el aire, la cúpula, el cielo, las nubes, el horizonte, el cielo...El cielo de Jerusalén es dorado, acrisolado santamente con velos de incienso que envuelven en santidad la iniquidad de los hombres, dejando siempre santa a la ciudad del Santo de los Santos, amada en el Cielo que la dora con luz celestial. El dorado es la profecía de la Jerusalén futura.

Hacer puentes de hormigón y tirantes de acero en la Ciudad Santa es edificar una Jerusalén futurista que se aviene mal con la dorada Jerusalén futura. Esta descenderá del Cielo, no la harán los hombres; mucho menos arquituertos como ese nefasto Calatrava, cotizada vergüenza internacional, que hace de la Jerusalén dorada algo tan vulgar como un suburbio post-moderno de cualquier sitio.




Pax super Ierusalem!

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martes, 24 de junio de 2008

El retorno de los brujos


Ese era el título de uno de esos libros "esotéricos" que imaginan más que documentan. El título original era "Le Matin des Magiciens", y su autor un tal Jacques Bergier, un curioso personaje "new age". Ni que decir tiene que el libro hizo furor entre el hipperío y demás infra-culturas de los 60-70. Suministraba sugestivos misterios y místicas para flipar entre porros y sub-música drogata para decadentes burguesillos fastidiados y desconectados. Los que sobrevivieron a aquello, son los agnósticos, verde-ecologistas, y demás degeneraciones endémicas de aujourd'hui (zpses incluídos, of course).

Pero no iba a escribir de nada de eso, sino de esto: Vuelven los masones, no secretos sino discretos. Tal cual. Aunque conviene matizar que nunca se fueron; como la araña en su tela del rincón más sombrío del desván, emboscados, permanecieron. Lo malo es que dicen son los mismos de entonces, con una fatídica tendencia atávica a reconocerse como el apéndice, rabo o epigonía de sus abuelos (que este tráuma complejo del abuelete no es solamente zperista, como se puede ver, verbigracia).

Pienso que hay que ser un obtuso iluso sustancial para apuntarse a un club con juramentos, secretitos, ritos de iniciación, y ponerse un mandilito con cintitas para ir al club; o muy perverso y con ganas de más perversidad para utilizar la imbecilidad de los mandilitos y las logias para tramar por debajo del fantoche enmascarado una sociedad para el medro y los más oscuros objetivos. Para-para-para: Tan seguidos parece que cada uno parapeta y encubre al otro. Apenas consigues el objetivo, este se convierte en medio del siguiente, que cuando se alcanza ya es la premisa del que le sigue. Y así en una cadena que pocos conocen y algunos muy pocos controlan. Hay gente hábil para coordinar una secuencia de "paras" de tal forma que el que sepa el primero no se imagine, ni delirando, el último "para" para el que está trabajando (o descansando, o callando, o ignorando, o escondiendo, o durmiendo...que todo esto vale también para; muchísimo).

Si leen el artículito que cuenta la noticia, verán que se autopresentan impúdicamente como "victimas" de la Iglesia Católica, cuando hemos sido los católicos y la Iglesia las víctimas (y con muchísimas víctimas) de los masones y las masonerías en cuanto han podido dañar y perseguir a la Iglesia. Con la masonería tramando e instigando, desde 1836 a 1939, la Iglesia Católica en España estuvo intermitente y ferozmente perseguida, con consecuencias que todavía sufrimos y pagamos. Una de las peores la desinformación de todo lo sucedido, la "desmemoria histórica" tan sesgadamente activa y tan peligrosamente re-activa.

Señalan como personajes con carta de presentación masona a unos cuantos políticos discutibilísimos y un par de instituciones que dan grima (esa cadena krausismo-institución libre-masonería me ha resultado desde siempre particularmente repulsiva). La peor clase política e intelectual de la peor España (ellos se inventaron que había dos) mamó de esa teta venenosa, tan letal para los demás, no para ellos.

Ellos sobrevivieron. Fueron parte - grandísima parte - de los exiliados con medios y relaciones. Hicieron su república, causaron la guerra, y la sobrevivieron. Magnificaron nimiedades, salvaron bienes, siempre estuvieron a flote, nunca sufrieron pérdidas (notables), y hasta estuvieron donde estaban antes, corrompiendo desde dentro también a algunos de los que mandaron entre los 40 y los 70 y tantos.

Son círculos que una vez constituídos se mantienen resistentes, acomodándose a cualquier temporalidad, vicisitud, o circunstancia. Parte de su entidad estriba en preparar la subsistencia compleja para momentos adversos.
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Resurgen, dicen, no secretos, sino discretos. Y discretas, que también hay ellas retornadas (aunque no me queda claro si mantienen la separación de sexos o si ya tienen logias mixtas de masones & masonas en promiscuidad de asiento y contacto y demás).

Vuelven con el aval complaciente de los que mandan. No sólo de la izquierda, sino también del centro (no digo derecha, porque derecha no tenemos, ya se sabe). Y vuelven pisando discretamente, pero me temo que con fuerza y decisión. Si asoman ahora la discreta cresta, a saber cuánta hondura tiene el iceberg del compás y la escuadra, y cuántos tienen nº de socio en logia (previo pago de cuota y demás emolumentos debidos), con pseudónimo o mote masón para los co-masones, y sólo para ellos.

¿La paranoia de la conspiración, de la manía persecutoria? No. Yo diría, más bien, que la confirmación de una sospecha, de algo sabido, de algo viejo que se sabe que vuelve, que retorna. Como la mala hierba, como la cizaña, como la alimaña temporera. Como los brujos esos del francés.

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domingo, 22 de junio de 2008

Pro causa Christi


Como decía, metieron al seglar con el Cardenal-Obispo, y salen los dos juntos el día del martirio de Juan Fisher, adelantándose el martirio de Tomás Moro dos semanas sobre su fecha real. Cosas de los Papas y los Cardenales y los Obispos y los curas, que al fin son clero y prevalece la jerarquía ordenada sobre el láico corriente.

Aunque, bien considerado, siempre es más, mucho más, muchísimo más, un clérigo que un seglar. Absolutamente. Pero, como soy devoto más de Tomás Moro y menos de John Fisher, le concedo primacía de simpatía - salva siempre la preeminencia sacerdotal - al Canciller, no al Cardenal.

Por eso, para compensar, hablaré del Cardenal. Que no tenía cara de cardenal, por cierto, ni le dio tiempo a coger cara cardenalicia. Fue cardenal in extremis, un 21 Mayo de 1535, a un mes justo de su decapitación, el 22 de Junio, hasta el punto de corroborar que la púrpura le aseguró el martirio, más profética que nunca, instituyéndole más cardenal que ninguno. Los cardenales de su tiempo, los de su Colegio Cardenalicio, eran renacentistas...con todas las consecuencias. Pero John Fisher de Rochester parece haberse quedado con el perfil de un místico renano, de un solitario estilo Tomas de Kempis.

El retrato fidedigno de Holbein, un dibujo para un cuadro que no sé si llegaría a pintar, es descarnadamente realista, implacable en plasmar los rasgos ascéticos. Una mirada viva, inteligente, pero serena; las mejillas enjutas, todo pómulos y mentón; unos labios finos, apreciativos, cerrados para la mentira y preparados para exponer y clamar verdades; un semblante franco, sin máscaras falsas, con prístina apariencia; inteligente, consciente, atento, despierto, avizor. Y un buen humor - no diré ironía - latente, simpático en cuanto empiece a hablar ¿Si digo sal y digo luz, exagero? Pero hay sal y luz, sin duda, en ese hombre de Iglesia que retrataba el agudo, retratista sin par, Holbein jr.


- El retrato de Moro, es más amable, menos duro, más familiar. Holbein deja traslucir una empatía con el retratado, que falta en el retrato de Fisher, tan fiel, pero más distante. No sé si será impresión-ilusión mía, pero en la mirada del boceto de Moro (en el óleo no) los ojos del humanista parecen ensoñar una Utopía (o una visión? o un martirio?), con perspicacia extático-profética. -

El prelado John Fisher no era hombre venal. En tiempos de crisis (y en todo tiempo!) se miden las corruptelas secundum hominem. Fisher, siendo de lo mejor, se queda discretamente en Rochester, y no se ve que aspire a Canterbury, ni a York. Y sin embargo podía. Podía porque fue excelente alumno y enseñante en Cambridge, en su college, que luego devendría el célebre Trinity. Por Fisher, fue Erasmo a enseñar a Cambridge, y cultivaron en cordial entendimiento aquel humanismo, lo mejor que dio el siglo.

Su palabra, su consejo, su juicio, su opinión, valían mucho para Enrique, el rey, porque Fisher fue el capellán de su abuela, la gran matriarca de los Tudor, la inteligente e influyente (nunca reina, siempre reinando) Margarita de Beaufort. Las circunstancias que determinaron el fin de la Guerra de las dos Rosas y la llegada al trono de los Tudor, hacían todavía vulnerable la posición de una Casa con sólo dos monarcas reinantes. Los tronos se aseguran más que con las armas, con las almas, y no hay rey sin hombres del rey.

En una tópica exposición de la degeneración de un reino por un rey, la causa de Henry se convirtió en la causa de Inglaterra, y estar contra Enrique equivalía a estar contra el reino y la nación. Una lectura tópica hecha tantas veces por cualquier tirania. Pocos resisten a los tiranos, porque los hombres se amoldan facilmente al devenir, sin oponerse al poder cuando reconocen la voluntad del que lo detenta.

Se rindieron casi todos, como en tablero de un juego con pena de muerte, con un que rey se imponía o ejecutaba, y el Henricus Rex Defensor Fidei se irguó desafiante como cabeza de una nueva Iglesia frente a Roma y el Papa. Lástima que la verdad y santidad de Roma y el Papa no estuvieran, en aquellos momentos, encarnados en hombres dignos y santos, con la excelsa santidad del ministerio ensombrecida por la indignidad de los ministros. Pero es Santa siempre la Iglesia, y la santidad martirial que necesitaba, la tuvo tan alta, tan digna, como en pocos momentos más de la historia.

Cuando caen las cabezas de Fisher y Moro (22 de Junio y 6 de Julio de 1535) , la antigua historia del canciller y obispo Thomas Becket refresca con sangre nueva de un obispo y un canciller la defensa del honor de Dios. Otra vez frente al querer de un rey y su reino, casi reviviendo estampas antiguas de una historia ya representada en casi el mismo escenario, reinterpretada ahora por nuevos campeones de la misma causa de Cristo y su Iglesia, como una glosa con carne y con sangre del Evangelio de la Misa hoy, Mt 19, 26-33:

"No les tengáis miedo. Pues no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni oculto que no haya de saberse. Lo que yo os digo en la oscuridad, decidlo vosotros a la luz; y lo que oís al oído, proclamadlo desde los terrados. Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna... Por todo aquel que se declare por mí ante los hombres, yo también me declararé por él ante mi Padre que está en los cielos; pero a quien me niegue ante los hombres, le negaré yo también ante mi Padre que está en los cielos."



A cinco siglos de distancia, los Santos Mártires Juan Fisher y Tomas Moro siguen siendo un testimonio clamoroso contra una iglesia que nace cismática y manchada por las pasiones de un tirano. Cismática en orígen y germen de cismas sectarios, el último cisma dentro de la Comunión Anglicana está a punto de consumarse, con una nueva división de la jerarquía, tan descompuesta, tan degenerada "capite et in membris".

La Iglesia de Fisher y Moro sigue siendo la misma, en Roma, la misma de Pedro y de Pablo, la misma que fundó Cristo sobre una piedra tantas veces confirmada y robustecida con la sangre de sus Mártires: Que ellos rueguen por nosotros y por esa misma Iglesia de la que son, en la que estamos.

Adsumus! Tu autem, Dómine, miserere!



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