domingo, 4 de mayo de 2008

Ascensio II

La poesía de Fray Luís de León es de las más sapientes de toda nuestra literatura: Por excelente verso, por sincera inspiración/moción, por inteligente exposición, y por una quasi-mística muy suave y exquisita, más franca que la de los místicos reconocidos y consagrados.

Es mi opinión, claro. Pero lo que digo es verdad. Muchas poesías me gustaría haberlas pensado y sentido y escrito yo. De las de Fray Luís, casi todas; pero especialmente esta Oda a la Ascensión:

¿Y dejas, Pastor Santo,
tu grey en este valle hondo, oscuro,
en soledad y llanto;
y tú, rompiendo el puro
aire, te vas al inmortal seguro?

Los antes bienhadados
y los ahora tristes y afligidos,
a tus pechos criados,
de ti desposeídos,
¿a dónde volverán ya sus sentidos?

¿Qué mirarán los ojos
que vieron de tu rostro la hermosura
que no les sea enojos?
Quién gustó tu dulzura.
¿Qué no tendrá por llanto y amargura?

Y a este mar turbado
¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto
al fiero viento, airado,
estando tú encubierto?
¿Qué norte guiará la nave al puerto?
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Ay, nube envidiosa
aún de este breve gozo, ¿qué te quejas?
¿Dónde vas presurosa?
¡Cuán rica tú te alejas!
¡Cuán pobres y cuán ciegos, ay, nos dejas!

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Es incienso y arpa, voz y cítara, tan sentida. Si yo cantara flamenco, la cantaba por serranas, con guitarra.
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sábado, 3 de mayo de 2008

Ascensio


Son unas fotos del boletín de la Custodia de Tierra Santa, con imágenes del pasado Jueves, cuando la comunidad de Franciscanos celebró la vigilia de la Ascensión del Señor en la cumbre del Monte de los Olivos.


La edícula que se conserva en aquel sitio es del tiempo de los Cruzados, una rotonda que, me parece recordar, formaría parte de la antigua Eleona que cita nuestra cronista Eteria una y otra vez al describir las ceremonias y liturgias de la Jerusalén Cristiana del siglo IV-V. Hoy está en manos de unos moros que cobran a todo el que entra en el recinto, un patio con tapias de piedra caliza en cuyo centro está la capilla-rotonda.

Los Franciscanos - no sé cuánto tenndrían que pagar por la "ocupación" - se llevaron tres tiendas: Una para montar la sacristía, otra para tender unos sacos de dormir para los que tuvieran sueño, y otra que serviría como "refectorio", un pequeño comedor-cafetería de campaña. Muy práctico y muy bíblico, con resonancias taboríticas. Seguro que se estaba allí muy bien.


Como la capilla-rotonda es pequeña, instalaron asientos frente a la puerta de entrada. El interior lo ocuparon sacerdotes y frailes y fieles por turno, desde la tarde-noche de la víspera, y la madrugada hasta el amanecer, hasta la primera parte de la mañana del Jueves de la Ascensión. Empezaron con el rezo de Visperas y Completas, después siguieron las preces por turno de las vigilias, y a medianoche comenzaron las celebraciones de la Misa, en distintas lenguas y para distintos grupos, a fin de que todos los que asistieron pudieran estar dentro de rotonda. La primera se celebró en hebreo, la segunda en árabe, la tercera en alemán, la cuarta en eslovaco, la quinta en italiano, la sexta en francés, otra más en árabe para los cristianos venidos desde Nazareth, y seguro que una de las últimas de la madrugada la celebraría alguno de los franciscanos españoles de la Custodia para los españoles que estuvieron en la vigilia. Las celebraciones culminaron al amanecer, cuando el p. Vicario Custodial, fray Artemio Vítores, palentino, celebró solemnemente la Misa de la Ascensión.



En el suelo de la edícula, en su centro, un marco de piedra señala la roca viva con las huellas que dice la tradición piadosa son de las plantas del Señor, dejadas allí en el momento de ascender. Los peregrinos encienden y ponen velas a su alrededor.



Los franciscanos, donde estén, conservan como una gracia la simpática simplicidad de su Orden, un sello del poverello que les distingue. En Tierra Santa, todos llevan el hábito franciscano, que para ellos es un salvoconducto, respetado por todos porque llevan viéndolo desde el siglo XIII, sin interrupción. Desde Haifa al Sinaí, el sayal pardo y el cordón blanco son tan típicos como el turbante de los beduínos. Poseen pacíficamente y moran y custodian sin levantar discordia, en cuanto pueden, que no es facil no meterse en gresca.
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En lo que va de año, se han liado dos veces a trancazos griegos y armenios: Por Navidad en la Basílica de Belén, y hace una semana o dos, en el Santo Sepulcro. Siempre hay algún capullo fariseo que se "escandaliza!" de la división de los cristianos en tierra Santa. A mí me parecen esos escándalos majaderías de impíos que deben creer poquito y de mala calidad. Personalmente, me estimulan los trancazos de griegos y armenios, y me suenan a gloria, a historia viva, y a Iglesia con todas sus llagas, como corresponde. De verdad que tengo ganas de estar en una de esas batallas, y si me arrean con un incensario, pues mejor: Así me marcan con un chichón de Tierra Santa. Amén.
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jueves, 1 de mayo de 2008

Mayo Mariano: Una flor orandi&credendi

He visto este youtube, y me ha parecido muy a propósito para inaugurar Mayo:




Se titula "Sandalias y casullas", si no he traducido demasiado mal (casullas "de guitarra", habría que precisar). Yes, porque estos Franciscanos de la Inmaculada celebran la Stª Misa según el Misal de San Pio V, tan genuinamente católico y tan injustamente preterido desde la reforma litúrgica del Vaticano II (tan discutible en algunos aspectos y contenidos bastante sustanciales).

Cada vez que puedo y tengo ocasión comento la oportuna y justa y necesaria restauración de la Misa Tridentina merced al Motu Proprio Summorum Pontificum, publicado por Benedicto XVI el pasado siete de Julio (7 del 7 del 2007, que tiene toda la gracia del buen número, además del día de San Fermín).

Después de ver y saber y sufrir tantos abusos a lo más sagrado, es una alegría consoladora y llena de esperanza contemplar una celebración de la Stª Misa como la que muestra este youtube.

Pues por todo eso y porque es Mayo: Una flor con olor a buen incienso y piedad de secular amor y reverencia.

Si "lex orandi, lex credendi", el que reza así debe creer así, en correspondencia tan excelente y excelsa: Deo gratias!

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miércoles, 30 de abril de 2008

Mi Pio - uno de ellos -.


Las simpatías no se justifican, huelga decirlo. Conque no voy a dar razón de mis simpatias pioquinteras. Me gusta, me cae bien, desde chico me he sentido atraído por San Pio V. Y sanseacabó.

Tendría doce o trece años cuando me zampé la primera biografía de San Pio V, pero ya tenía previa afición por el personaje, y por eso busqué y leí el libro. De un tal Dante de apellido, el nombre no me acuerdo. No estaba mal.
Con las biografías pasa que te lees la primera, sea buena, mala o regular, y ya te hace cierto esquema que las otras que leas sobre el mismo personaje, sean mejores, peores o tan regulares, se encuentran con una percha en la que puedes ir colgando nuevas informaciones, detalles o ilustraciones. O corregir. O cambiar impresiones. Confieso que en cuestión de Papas, soy muy vonpastorista dentro de los márgenes que la obra de Von Pastor presta. Desde luego nunca defrauda. Confieso también que el impío Von Ranke también me gusta, a pesar de los puyazos luteranos que le mete a mi San Pio V. Pero en historiografía de Papas, como en tantas cosas más, mis preferencias son clasicamente decimonónicas. Bastante firmes.
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Fue para mí una grata experiencia vivir un tiempo en la Roma más pioquintera. A saber, la Piazza Carpegna e dintorni, que fueron lugares frecuentados por San Pio V en los austeros y frugales solaces que se permitía. Se recuerda que subía hasta la Carpegna para airearse, y se paraba a rezar en la capellina de la Madonna del Riposo, donde se conserva su memoria y en cuyos aledaños se erigió la moderna parroquia de San Pio V, con uno de los templos parroquiales más horrorosamente feos y maldecorados de toda Roma, por mucho que lo quieran disimular con mármoles y granito rojo pulido, que lo ponen peor. Pero el Santo titular es San Pio V, y eso me merece un respeto (respeto que no excusa su infame estética).
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No se puede pintar sinceramente bonito a San Pio V, porque no tenía facciones de galán: Calvo, barba gris-cana poco estudiada, ojillos hundidos, mentón señalado, naríz aguileña y ganchuda, pómulos marcados. Y me temo que pocos dientes. Los retratos más o menos fieles no engañan. Otras iconografías (especialmente las dieciochescas popularizadas a raiz de su canonización en 1712) manteniendo su fisonomía en rasgos generales, los suavizan y no resultan convincentes. Fue cual debía ser todo un Inquisidor General Romano, con toda la estampa. No sabía del mundo ni era un converso, sino austero y severo de mente, cuerpo y alma desde chiquillo. Y se nota.

Es el Papa de Trento, sin duda, aunque él no fue Papa hasta después de clausurado el Concilio por Pio IV. Tuvo mucho del arranque ardoroso de Pablo IV, al que debía su promoción eclesiástica y el cardenalato. Pero fue sin duda más asceta, más virtuoso, más templado. Y más inteligente, y más prudente. Lo de la Liga Santa y Lepanto, es un empeño y un acierto que se le debe a él. Su pontificado de sólo seis años (1561-72), es un hito en la Historia de la Iglesia.
La oración del Misal le celebra como protector de la fe ("ad fidem tuendam") y dignificador del culto ("dígnius colendum"), pero el Misal conocido por su nombre (en feliz hora recien restaurado por Benedicto XVI) dice en su colecta "...ad conterendos Ecclessiae tuae hostes..."; es decir, "para aplastar los enemigos de tu Iglesia", concepto más contundentemente pioquintista, más definitorio, pienso. Y glorioso, también (y también libre de complejos).
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Antes sólo descubrían la tapa de la urna de bronce con ocasión de su fiesta (ahora el 30 de Abril; en el Misal de San Pio V, el 5 de Mayo), pero de unos años aquí tienen el cuerpo expuesto a la veneración contínuamente, cosa que no me gusta, aunque me ha gustado verle cada vez que en estos últimos años he visitado y venerado su sepulcro, en la Capella Sixtina de Santa María Maggiore. Por cierto que esa Capella, la del Sagrario, toda un modelo arquitectónico de la mejor arquitectura romana, contiene una concentración de fieras geniales, de carácter, temperamento y obras: Nada más y nada menos que San Pio V, Sixto V y debajo, en la cripta, los restos-reliquias de San Jerónimo en una cella con piedras y tierra de la gruta del Nacimiento de Belén. Mas tremendo trio eclesiástico es casi imposible de juntar.

A mí me gusta especialmente la estatua de mármol del Sarzana, que lo representa en la hornacina central de su monumento sepulcral, entronizado de pontifical con tiara, bendiciente. En las galerias de las celdas de los dominicos del Angélicum, tenían un vaciado en yeso de la estatua del Sarzana, tamaño real, sacado del original. Sobre el pedestal y dominando un tránsito medianamente iluminado de la galería, junto a la escalera, resulta imponente, gigantesco.
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En contraste, el cuerpo que se venera en la urna (e incluso el excelente relieve en bronce dorado de la tapa, que ahora no se ve), es pequeño, encogido, consumido, poco más o menos como tuvo que ser el formidable Pio V. De alma, grande.
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Me gusta encomendarme a él: Ora pro me, ora pro meis, ora pro nobis, Pie!
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p.s. Se me olvidaba: Tuvo un grave defecto (perfecto sólo es Dios): ¡ Era antitaurino! Yes. Un taurófobo que hasta condenó la fiesta en una Bula, la "De Salutis Dominici" que dice cosas como estas:
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"Considerando Nos despacio lo muy opuesto de tales exhibiciones a la piedad y caridad cristianas, y deseando que estos espectáculos tan torpes y cruentos, más de demonios que de hombres, queden abolidos en los pueblos cristianos, prohibimos bajo pena de excomunión en la que incurrirán en el acto todos sus príncipes cualquiera que sea su dignidad, lo mismo eclesiástica que laical, regia o imperial, el que permita esta fiesta de toros".
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Afortunadamente, Felipe II, tan regiamente prudente, no la dió por recibida y no la publicó en sus reinos, y la fiesta de los toros pudo seguir prosperando, no obstante la Bula. (Caso este que confirma mi tesis sobre lo necesarios que somos los más papistas que el Papa). Pero tiene gracia que los antitaurinos no sepan que podrían tener patrón: San Pio V, nada menos (que no sé qué tal les sentará, por lo demás).
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martes, 29 de abril de 2008

Caterinato

La primera imagen que tengo de Siena es el perfil de la ciudad - el Duomo dominante - desde San Doménico. Y la segunda la bajada por una calle pendiente hasta la Fonte Branda. De San Doménico recuerdo más el interior, y especialmente la capilla con las pinturas del Sodoma, con escenas de la vida de la Santa. Y otra vez la Fonte Branda.


Fontebranda es su barrio, el de la Oca. A la Fonte Branda iba a recoger el agua; y en Fontebranda estaban también los lavaderos. En la Fonte Branda e dintorni siempre había gente, desde el amanecer hasta la noche. Por ir, hasta el demonio andaba por allí, y una lápida lo cita con verso del canto XXX del Inferno dantesco. Otro día, persiguó a Catherina, que rodó escalones abajo y por poco cae en la fuente. Pero Catherina salió indemne, y el demonio sin presa.


Siena es Catherina por los alrededores de San Doménico y Fontebranda. En el centro de la ciudad, Siena es más de San Bernardino y el Santo Nome di Gesú, que es el emblema que más se ve sobre las puertas humildes y los ventanales señoriales. La misma Piazza del Campo se sella y protege con el IHS encapsulado en su orla de rayos. Y el Comune lo luce en su Palazzo, porque entonces los hombres creían y temían, aunque pecaran.

Del Duomo bicolor, azul y blanco, recuerdo los mosáicos del pavimento, las pinturas del Pinturicchio con las escenas de Pio II Piccolomini, y la Madonna del Voto mirándome con los ojazos con que miró a Catherina y a Bernardino.


En San Doménico tienen la cabeza de la Santa, en un relicario sin enmascarar (la Santa, que nuca quiso parecer atractiva, estará feliz y conforme). El cuerpo está en la Minerva, en Roma, bajo el Altar Mayor, en un sarcófago de mármol policromado, precioso. Como es co-patrona de Italia junto con San Francesco, hoy, en la misa Mayor, una representación de autoridades fajados con la bandera italiana, ofrendan un cáliz en el ofertorio. Es un voto. Y lo cumplen.

De entre todas la Santas de la Edad Media, la hija de Mona Lapa y el tintor Benincassa, sobresale. Todavía no tiene quien se le empareje. Y no sé qué pensará ella, pero me parece que no exagero: Cuando - otra vez - la Iglesia se descomponía en la cúspide, el corazón del Cuerpo de Cristo latía santo y ardiente en el pecho de Caterina, tan amado Él y tan amante ella.

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domingo, 27 de abril de 2008

Suyo es el tiempo y la eternidad...

Hace dos semanas, celebraban los samaritanos la Pascua en el Monte Garizím. No llegan al millar, me parece. Deberían estar archi-protegidos, siendo una reliquia viva del Antiguo Testamento. Pero sólo son una minúscula nación sin tierra entre el Israel sionista y la Palestina quasi-terrorista; no son queridos ni por los musulmanes ni por los judíos. Si Dios no los guarda, Dios sabe cuánto tiempo podrán seguir existiendo y celebrando la Pascua en el Garizím.

Las ceremonias de la fiesta sagrada las preside el Sumo Sacerdote de los samaritanos, junto con los ancianos más venerables; los varones, vestidos de blanco, sacrifican los corderos y marcan con la sangre del sacrificio a los hombres, mujeres y niños. Entre el atardecer y la medianoche, allí mismo asan a fuego y comen finalmente la carne sacrificada, mientras rezan y cantan versos del libro del Éxodo.
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Siguen un calendario lunar, como el de los judíos, que celebraron su Pesah la semana pasada, en los dias en que Benedicto XVI estaba en los Estados Unidos. El Papa hizo referencia a la fiesta y terminaba citando los primeros versículos del Hallel, el salmo 118 (117 Vul.), que se reza en esa ocasión festiva:

«Dad gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia».

Hoy celebran la Pascua de Resurrección las comunidades ortodoxas orientales que se rigen por el Calendario Juliano y el desfase de un mes con la Semana Santa-Pascua de la Iglesia Católica, que corrigió en el pontificado de Gregorio XIII el defecto del cómputo juliano que iba alejando cada año la fecha de la celebración respecto al equinoccio de Primavera y la primera luna llena que le siga, que es el fenómeno que marca la fecha pascual: Es Domingo de Resurrección el Domingo siguiente al primer plenilunio de Primavera, la luna del mes hebreo de Nisán.

Ese desfase histórico-litúrgico, hace que el período pascual abarque, entre unos y otros, un arco temporal que incluye toda la primavera estacional, más o menos. Por ejemplo, en Sevilla han celebrado hoy la Pascua los emigrantes ucranianos, en la Parroquia de Stª Cruz, en la que a su vez se celebraba el Rito Católico correspondiente a la Domínica-Semana VI de Pascua, a pocos días ya de la Ascensión y el Pentecostés que culminan el ciclo de la Cuaresma-Semana Santa-Pascua. Unos empezándola y otros acabándola.

En la antigüedad, para la Iglesia de los primeros siglos de la Era Cristiana, fue un problema, muchas veces roto en polémica que lo volvían más irresoluble. Hasta el bendito San Policarpo se vió implicado en una de las discusiones en torno al calendario pascual con el Papa San Aniceto, sin que al fin se avinieran a la concordia de una fecha común para la Pascua. En Esmirna, Policarpo seguía la costumbre aprendida de San Juan Evangelista de celebrar la Pascua el mismo 14 de Nisán, cayera en el dia de la semana que cayera. Mientras en Roma la costumbre era celebrarla el Domingo siguiente, por guardar propiamente el dia de la semana de la Resurrección, también según tradición apostólica.

Al desaparecer poco a poco la práctica cuartodecimana (la de S.Policarpo y el 14 de Nisán), y definitivamente a partir del Concilio de Nicea, no hubo diferencias pascuales entre el Oriente y el Occidente hasta la reforma del Calendario Juliano (Julio César, en el 45 a.C) por el Papa Gregorio XIII en el 4-15 de Octubre de 1582, que los jerarcas de los Patriarcados del Oriente no aceptaron, salvo los que estaban unidos o se fueron uniendo a Roma, y aun así no todos.

Esta movilidad de kalendas y festividades se aviene mal con el almanaque moderno. Supongo que con el post-moderno, aun peor. Por no hablar del entripado que le provocará al laicismo anti-cristiano/anti-católico que, velit nolit, fecha sus laicidades según el Calendario Cristiano Católico Romano. Evidentemente, soñarán más de una vez y de dos y de dos docenas con el almanaque jacobino, aquel que empezaba el año en Otoño con el Vendimiario y lo terminaba en Verano con el Termidor y el Fructidor. Toda una ocurrencia que duró 14 años (1792-1806) entre la guillotina y Napoleón, que tuvo el sentido común de volver al Gregoriano.

Paradójicamente, la Rusia de los Zares se mantuvo juliana, y los que introdujeron el calendario papal, fueron los bolcheviques. Por supuesto, la Iglesia Rusa sigue con las fechas julianas y han celebrado hoy su Domingo de Pascua, a un mes y pico de distancia de la Pascua de Roma.
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Trento mandó (sesión XXIIIª cap.18º) que los seminaristas tenían que aprender el cómputo eclesiástico del tiempo, que, según Durando, es "la ciencia de conocer, medir y arreglar los dias, semanas, meses y años por los movimientos del Sol y de la Luna, según el uso de la Iglesia" cfr. Ration. Div. Offic. lib. 8.

La ciencia del cómputo eclesiástico incluía conocer y hacer cuentas con cosas tan peregrinas como el "áureo número", la "epacta", la "letra dominical" y sus respectivas tablas. Una diversión para los dotados de vis mathemática.

Bien. Aquí quedó. Porque si no me temo que puedo enristrar con Clavius, y luego Baronio, y apurar la Pascua Católica y la Oriental, siguiendo con la perorata. Y no es plan, ¿verdad?
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Sin embargo me gusta testimoniar una profecía que se proclama cada año al bendecir y marcar el Cirio Pascual:
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" Cristo ayer y hoy,/principio y fin,/Alfa y Omega;/suyo es el tiempo/ y la eternidad./A Él la gloria y el poder/por los siglos de los siglos./Amén."
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sábado, 26 de abril de 2008

Isidorerías

El gran Isidoro de Sevilla es un gran olvidado de Sevilla. Hoy a penas ha sido celebrado en la liturgia de la Catedral - con rango litúrgico de solemnidad, evidentemente - y en las Misas mañaneras. Por no tener no tiene ni un monumento dedicado. Y tal y como está pujando el infame e inculto laicismo de la misérrima clase impolítica que desgobierna, no lo tendrá. Pero lo peor es que no lo tuvo antes, ni cuando gobernaban católicos a machamartillo. Así como a San Fernando le montamos un historicista monumentazo en la Plaza Nueva (que por cierto pusieron la primera piedra en tiempos de Isabel IIª y no se inauguró hasta mil novecientos veintitantos, con un cambio de dinastía, una república, una restauración, más Alfonso XII, la Regencia de María Crisitina y Alfonso XIII entre la primera piedra y la inauguración, que tiene miga), al gran San Isidoro no le cupo suerte. Ni siquiera en la lotería de la Expo Iberoamericana; ni tampoco en la tómbola de la Expo'92.

Bueno. Pero está la Parroquia, mudéjar sevillana con sus correspondientes aditamentos barrocos, tan bella a pesar de la pésima restauración y tortura neo-arquitectónica, con despojo y expolio de retablos incluso, como en los peores tiempos, que sufrió hace unos años y de la que todavía presume su perpetrador (sic!). Y también la calle San Ysidoro, que es de las más simpáticas del centro viejo, en perpendicular desde los aledaños de la Parroquia a Francos, donde desemboca en una de las más estrechas desembocaduras del viario sevillano. Un verdadero patrimonio inmueble urbano.

En la portada de la nave de la epístola de la Parroquia de San Vicente, también hay una antigua lápida, muy maltratada, que recuerda que allí murió el Santo. Y dentro, en un anejo entre la sacristia y el presbiterio, una cella recuerda el sitio del óbito del Santo. Un capillita olvidada, a la que no le hacen el menor caso, a pesar de su valor, si no histórico-documental, sí hagiográfico-devocional.

Y es que desde el traslado del cuerpo a León, la cosa no es lo mismo: Ojos que no ven, corazón que no siente! Quizá por eso quisieron remediarlo con dos grandes iconografías isidorianas: El San Isidoro de Murillo, en la Sacristía Mayor de la Catedral, y el San Isidoro repujado de Laureano de Pina, compañero con su hermano San Leandro para el monumental Altar de plata de nuestra Metropolitana. Pero nada de nada: Ni porque pusieran al de Murillo en los últimos billetes de mil pesetas del tiempo de Franco, ni porque saquen todos los años para el Corpus el de plata en un pasito muy ad casum que le adornan y aderezan los de la Hdad. Sacramental de las Tres Caídas, sita en la susodicha Parroquia. del Señor San Ysidoro, en el corazón de la Alfalfa y la Costanilla.


Después hay más isidoros menores, más chicos, menos notables, por todos sitios: Pinturas, retablos, grabados. Yo tenía uno muy gracioso con el Santo a caballo con mitra, pluvial y espada: San Ysidoro Matamoros. Porque sépase que son tres los Santos matamoros de España, aparecidos en las batallas del tiempo de la Reconquista como adalides auxiliadores celestiales de las huestes cristianas contra la morisma sarracena infiel; tres, a saber: Santiago el Mayor, San Ysidoro de Sevilla y San Millán de la Cogolla. Lo que ya no recuerdo en qué batalla metió baza cada uno (salvo la de Santiago, que fue en Clavijo. Y cierra, España!!!). Me parece recordar que en la Parroquia de San Isidoro tienen una buena pintura del San Isidoro matamoros.

Pero la más bella es la del retablo del altar Mayor: Una monumental pintura del maestro Juan de las Roelas que daría honra ella sola a cualquier gran museo que la tuviera. Representa la postrera comunión del Santo y su apacible muerte, en hábito de penitente, rodeado del clero sevillano. El Santo, muy anciano, con la faz dulce y sonriente, se desmaya con las manos juntas. Las cabezas de los otros figurantes se inclinan alrededor, con contenido dramatismo. Del cielo, entre un suave celaje irradiado, llueven flores, y un coro de ángeles mancebos tocan y cantan; en lo sumo, en Gloria, Cristo y la Virgen, con sendas coronas en sus manos, esperan el alma del Pontífice hispalense.


Durante la traumática restauración de su Parroquia, el cuadro de Roelas estuvo colgado en el tránsito de la monumental escalera del Palacio Arzobispal, dominando aquel espacio barroco, tan luminoso. De vuelta a su retablo en el presbiterio del templo, es una de las más gloriosas pinturas de toda Sevilla.
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p.s. Que se entere el Santo que yo sí le memento...y que me mande una mejoría graciosa. Amén.
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