He visto este youtube, y me ha parecido muy a propósito para inaugurar Mayo:
Se titula "Sandalias y casullas", si no he traducido demasiado mal (casullas "de guitarra", habría que precisar). Yes, porque estos Franciscanos de la Inmaculada celebran la Stª Misa según el Misal de San Pio V, tan genuinamente católico y tan injustamente preterido desde la reforma litúrgica del Vaticano II (tan discutible en algunos aspectos y contenidos bastante sustanciales).
Cada vez que puedo y tengo ocasión comento la oportuna y justa y necesaria restauración de la Misa Tridentina merced al Motu Proprio Summorum Pontificum, publicado por Benedicto XVI el pasado siete de Julio (7 del 7 del 2007, que tiene toda la gracia del buen número, además del día de San Fermín).
Después de ver y saber y sufrir tantos abusos a lo más sagrado, es una alegría consoladora y llena de esperanza contemplar una celebración de la Stª Misa como la que muestra este youtube.
Pues por todo eso y porque es Mayo: Una flor con olor a buen incienso y piedad de secular amor y reverencia.
Si "lex orandi, lex credendi", el que reza así debe creer así, en correspondencia tan excelente y excelsa: Deo gratias!
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jueves, 1 de mayo de 2008
miércoles, 30 de abril de 2008
Mi Pio - uno de ellos -.

Las simpatías no se justifican, huelga decirlo. Conque no voy a dar razón de mis simpatias pioquinteras. Me gusta, me cae bien, desde chico me he sentido atraído por San Pio V. Y sanseacabó.
Tendría doce o trece años cuando me zampé la primera biografía de San Pio V, pero ya tenía previa afición por el personaje, y por eso busqué y leí el libro. De un tal Dante de apellido, el nombre no me acuerdo. No estaba mal.
Con las biografías pasa que te lees la primera, sea buena, mala o regular, y ya te hace cierto esquema que las otras que leas sobre el mismo personaje, sean mejores, peores o tan regulares, se encuentran con una percha en la que puedes ir colgando nuevas informaciones, detalles o ilustraciones. O corregir. O cambiar impresiones. Confieso que en cuestión de Papas, soy muy vonpastorista dentro de los márgenes que la obra de Von Pastor presta. Desde luego nunca defrauda. Confieso también que el impío Von Ranke también me gusta, a pesar de los puyazos luteranos que le mete a mi San Pio V. Pero en historiografía de Papas, como en tantas cosas más, mis preferencias son clasicamente decimonónicas. Bastante firmes.
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Fue para mí una grata experiencia vivir un tiempo en la Roma más pioquintera. A saber, la Piazza Carpegna e dintorni, que fueron lugares frecuentados por San Pio V en los austeros y frugales solaces que se permitía. Se recuerda que subía hasta la Carpegna para airearse, y se paraba a rezar en la capellina de la Madonna del Riposo, donde se conserva su memoria y en cuyos aledaños se erigió la moderna parroquia de San Pio V, con uno de los templos parroquiales más horrorosamente feos y maldecorados de toda Roma, por mucho que lo quieran disimular con mármoles y granito rojo pulido, que lo ponen peor. Pero el Santo titular es San Pio V, y eso me merece un respeto (respeto que no excusa su infame estética).
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No se puede pintar sinceramente bonito a San Pio V, porque no tenía facciones de galán: Calvo, barba gris-cana poco estudiada, ojillos hundidos, mentón señalado, naríz aguileña y ganchuda, pómulos marcados. Y me temo que pocos dientes. Los retratos más o menos fieles no engañan. Otras iconografías (especialmente las dieciochescas popularizadas a raiz de su canonización en 1712) manteniendo su fisonomía en rasgos generales, los suavizan y no resultan convincentes. Fue cual debía ser todo un Inquisidor General Romano, con toda la estampa. No sabía del mundo ni era un converso, sino austero y severo de mente, cuerpo y alma desde chiquillo. Y se nota.
Es el Papa de Trento, sin duda, aunque él no fue Papa hasta después de clausurado el Concilio por Pio IV. Tuvo mucho del arranque ardoroso de Pablo IV, al que debía su promoción eclesiástica y el cardenalato. Pero fue sin duda más asceta, más virtuoso, más templado. Y más inteligente, y más prudente. Lo de la Liga Santa y Lepanto, es un empeño y un acierto que se le debe a él. Su pontificado de sólo seis años (1561-72), es un hito en la Historia de la Iglesia.
La oración del Misal le celebra como protector de la fe ("ad fidem tuendam") y dignificador del culto ("dígnius colendum"), pero el Misal conocido por su nombre (en feliz hora recien restaurado por Benedicto XVI) dice en su colecta "...ad conterendos Ecclessiae tuae hostes..."; es decir, "para aplastar los enemigos de tu Iglesia", concepto más contundentemente pioquintista, más definitorio, pienso. Y glorioso, también (y también libre de complejos).
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Antes sólo descubrían la tapa de la urna de bronce con ocasión de su fiesta (ahora el 30 de Abril; en el Misal de San Pio V, el 5 de Mayo), pero de unos años aquí tienen el cuerpo expuesto a la veneración contínuamente, cosa que no me gusta, aunque me ha gustado verle cada vez que en estos últimos años he visitado y venerado su sepulcro, en la Capella Sixtina de Santa María Maggiore. Por cierto que esa Capella, la del Sagrario, toda un modelo arquitectónico de la mejor arquitectura romana, contiene una concentración de fieras geniales, de carácter, temperamento y obras: Nada más y nada menos que San Pio V, Sixto V y debajo, en la cripta, los restos-reliquias de San Jerónimo en una cella con piedras y tierra de la gruta del Nacimiento de Belén. Mas tremendo trio eclesiástico es casi imposible de juntar.
A mí me gusta especialmente la estatua de mármol del Sarzana, que lo representa en la hornacina central de su monumento sepulcral, entronizado de pontifical con tiara, bendiciente. En las galerias de las celdas de los dominicos del Angélicum, tenían un vaciado en yeso de la estatua del Sarzana, tamaño real, sacado del original. Sobre el pedestal y dominando un tránsito medianamente iluminado de la galería, junto a la escalera, resulta imponente, gigantesco.
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En contraste, el cuerpo que se venera en la urna (e incluso el excelente relieve en bronce dorado de la tapa, que ahora no se ve), es pequeño, encogido, consumido, poco más o menos como tuvo que ser el formidable Pio V. De alma, grande.
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Me gusta encomendarme a él: Ora pro me, ora pro meis, ora pro nobis, Pie!
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p.s. Se me olvidaba: Tuvo un grave defecto (perfecto sólo es Dios): ¡ Era antitaurino! Yes. Un taurófobo que hasta condenó la fiesta en una Bula, la "De Salutis Dominici" que dice cosas como estas:
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"Considerando Nos despacio lo muy opuesto de tales exhibiciones a la piedad y caridad cristianas, y deseando que estos espectáculos tan torpes y cruentos, más de demonios que de hombres, queden abolidos en los pueblos cristianos, prohibimos bajo pena de excomunión en la que incurrirán en el acto todos sus príncipes cualquiera que sea su dignidad, lo mismo eclesiástica que laical, regia o imperial, el que permita esta fiesta de toros".
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Afortunadamente, Felipe II, tan regiamente prudente, no la dió por recibida y no la publicó en sus reinos, y la fiesta de los toros pudo seguir prosperando, no obstante la Bula. (Caso este que confirma mi tesis sobre lo necesarios que somos los más papistas que el Papa). Pero tiene gracia que los antitaurinos no sepan que podrían tener patrón: San Pio V, nada menos (que no sé qué tal les sentará, por lo demás).
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martes, 29 de abril de 2008
Caterinato


Fontebranda es su barrio, el de la Oca. A la Fonte Branda iba a recoger el agua; y en Fontebranda estaban también los lavaderos. En la Fonte Branda e dintorni siempre había gente, desde el amanecer hasta la noche. Por ir, hasta el demonio andaba por allí, y una lápida lo cita con verso del canto XXX del Inferno dantesco. Otro día, persiguó a Catherina, que rodó escalones abajo y por poco cae en la fuente. Pero Catherina salió indemne, y el demonio sin presa.

Siena es Catherina por los alrededores de San Doménico y Fontebranda. En el centro de la ciudad, Siena es más de San Bernardino y el Santo Nome di Gesú, que es el emblema que más se ve sobre las puertas humildes y los ventanales señoriales. La misma Piazza del Campo se sella y protege con el IHS encapsulado en su orla de rayos. Y el Comune lo luce en su Palazzo, porque entonces los hombres creían y temían, aunque pecaran.
Del Duomo bicolor, azul y blanco, recuerdo los mosáicos del pavimento, las pinturas del Pinturicchio con las escenas de Pio II Piccolomini, y la Madonna del Voto mirándome con los ojazos con que miró a Catherina y a Bernardino.

En San Doménico tienen la cabeza de la Santa, en un relicario sin enmascarar (la Santa, que nuca quiso parecer atractiva, estará feliz y conforme). El cuerpo está en la Minerva, en Roma, bajo el Altar Mayor, en un sarcófago de mármol policromado, precioso. Como es co-patrona de Italia junto con San Francesco, hoy, en la misa Mayor, una representación de autoridades fajados con la bandera italiana, ofrendan un cáliz en el ofertorio. Es un voto. Y lo cumplen.
De entre todas la Santas de la Edad Media, la hija de Mona Lapa y el tintor Benincassa, sobresale. Todavía no tiene quien se le empareje. Y no sé qué pensará ella, pero me parece que no exagero: Cuando - otra vez - la Iglesia se descomponía en la cúspide, el corazón del Cuerpo de Cristo latía santo y ardiente en el pecho de Caterina, tan amado Él y tan amante ella.
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domingo, 27 de abril de 2008
Suyo es el tiempo y la eternidad...

Las ceremonias de la fiesta sagrada las preside el Sumo Sacerdote de los samaritanos, junto con los ancianos más venerables; los varones, vestidos de blanco, sacrifican los corderos y marcan con la sangre del sacrificio a los hombres, mujeres y niños. Entre el atardecer y la medianoche, allí mismo asan a fuego y comen finalmente la carne sacrificada, mientras rezan y cantan versos del libro del Éxodo.
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Siguen un calendario lunar, como el de los judíos, que celebraron su Pesah la semana pasada, en los dias en que Benedicto XVI estaba en los Estados Unidos. El Papa hizo referencia a la fiesta y terminaba citando los primeros versículos del Hallel, el salmo 118 (117 Vul.), que se reza en esa ocasión festiva:
«Dad gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia.
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel: eterna es su misericordia.
Diga la casa de Aarón: eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia».
Digan los fieles del Señor: eterna es su misericordia».
Hoy celebran la Pascua de Resurrección las comunidades ortodoxas orientales que se rigen por el Calendario Juliano y el desfase de un mes con la Semana Santa-Pascua de la Iglesia Católica, que corrigió en el pontificado de Gregorio XIII el defecto del cómputo juliano que iba alejando cada año la fecha de la celebración respecto al equinoccio de Primavera y la primera luna llena que le siga, que es el fenómeno que marca la fecha pascual: Es Domingo de Resurrección el Domingo siguiente al primer plenilunio de Primavera, la luna del mes hebreo de Nisán.
Ese desfase histórico-litúrgico, hace que el período pascual abarque, entre unos y otros, un arco temporal que incluye toda la primavera estacional, más o menos. Por ejemplo, en Sevilla han celebrado hoy la Pascua los emigrantes ucranianos, en la Parroquia de Stª Cruz, en la que a su vez se celebraba el Rito Católico correspondiente a la Domínica-Semana VI de Pascua, a pocos días ya de la Ascensión y el Pentecostés que culminan el ciclo de la Cuaresma-Semana Santa-Pascua. Unos empezándola y otros acabándola.
En la antigüedad, para la Iglesia de los primeros siglos de la Era Cristiana, fue un problema, muchas veces roto en polémica que lo volvían más irresoluble. Hasta el bendito San Policarpo se vió implicado en una de las discusiones en torno al calendario pascual con el Papa San Aniceto, sin que al fin se avinieran a la concordia de una fecha común para la Pascua. En Esmirna, Policarpo seguía la costumbre aprendida de San Juan Evangelista de celebrar la Pascua el mismo 14 de Nisán, cayera en el dia de la semana que cayera. Mientras en Roma la costumbre era celebrarla el Domingo siguiente, por guardar propiamente el dia de la semana de la Resurrección, también según tradición apostólica.
Al desaparecer poco a poco la práctica cuartodecimana (la de S.Policarpo y el 14 de Nisán), y definitivamente a partir del Concilio de Nicea, no hubo diferencias pascuales entre el Oriente y el Occidente hasta la reforma del Calendario Juliano (Julio César, en el 45 a.C) por el Papa Gregorio XIII en el 4-15 de Octubre de 1582, que los jerarcas de los Patriarcados del Oriente no aceptaron, salvo los que estaban unidos o se fueron uniendo a Roma, y aun así no todos.
Esta movilidad de kalendas y festividades se aviene mal con el almanaque moderno. Supongo que con el post-moderno, aun peor. Por no hablar del entripado que le provocará al laicismo anti-cristiano/anti-católico que, velit nolit, fecha sus laicidades según el Calendario Cristiano Católico Romano. Evidentemente, soñarán más de una vez y de dos y de dos docenas con el almanaque jacobino, aquel que empezaba el año en Otoño con el Vendimiario y lo terminaba en Verano con el Termidor y el Fructidor. Toda una ocurrencia que duró 14 años (1792-1806) entre la guillotina y Napoleón, que tuvo el sentido común de volver al Gregoriano.
Paradójicamente, la Rusia de los Zares se mantuvo juliana, y los que introdujeron el calendario papal, fueron los bolcheviques. Por supuesto, la Iglesia Rusa sigue con las fechas julianas y han celebrado hoy su Domingo de Pascua, a un mes y pico de distancia de la Pascua de Roma.
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Trento mandó (sesión XXIIIª cap.18º) que los seminaristas tenían que aprender el cómputo eclesiástico del tiempo, que, según Durando, es "la ciencia de conocer, medir y arreglar los dias, semanas, meses y años por los movimientos del Sol y de la Luna, según el uso de la Iglesia" cfr. Ration. Div. Offic. lib. 8.
La ciencia del cómputo eclesiástico incluía conocer y hacer cuentas con cosas tan peregrinas como el "áureo número", la "epacta", la "letra dominical" y sus respectivas tablas. Una diversión para los dotados de vis mathemática.
Bien. Aquí quedó. Porque si no me temo que puedo enristrar con Clavius, y luego Baronio, y apurar la Pascua Católica y la Oriental, siguiendo con la perorata. Y no es plan, ¿verdad?
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Sin embargo me gusta testimoniar una profecía que se proclama cada año al bendecir y marcar el Cirio Pascual:
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" Cristo ayer y hoy,/principio y fin,/Alfa y Omega;/suyo es el tiempo/ y la eternidad./A Él la gloria y el poder/por los siglos de los siglos./Amén."
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sábado, 26 de abril de 2008
Isidorerías

Bueno. Pero está la Parroquia, mudéjar sevillana con sus correspondientes aditamentos barrocos, tan bella a pesar de la pésima restauración y tortura neo-arquitectónica, con despojo y expolio de retablos incluso, como en los peores tiempos, que sufrió hace unos años y de la que todavía presume su perpetrador (sic!). Y también la calle San Ysidoro, que es de las más simpáticas del centro viejo, en perpendicular desde los aledaños de la Parroquia a Francos, donde desemboca en una de las más estrechas desembocaduras del viario sevillano. Un verdadero patrimonio inmueble urbano.
En la portada de la nave de la epístola de la Parroquia de San Vicente, también hay una antigua lápida, muy maltratada, que recuerda que allí murió el Santo. Y dentro, en un anejo entre la sacristia y el presbiterio, una cella recuerda el sitio del óbito del Santo. Un capillita olvidada, a la que no le hacen el menor caso, a pesar de su valor, si no histórico-documental, sí hagiográfico-devocional.
Y es que desde el traslado del cuerpo a León, la cosa no es lo mismo: Ojos que no ven, corazón que no siente! Quizá por eso quisieron remediarlo con dos grandes iconografías isidorianas: El San Isidoro de Murillo, en la Sacristía Mayor de la Catedral, y el San Isidoro repujado de Laureano de Pina, compañero con su hermano San Leandro para el monumental Altar de plata de nuestra Metropolitana. Pero nada de nada: Ni porque pusieran al de Murillo en los últimos billetes de mil pesetas del tiempo de Franco, ni porque saquen todos los años para el Corpus el de plata en un pasito muy ad casum que le adornan y aderezan los de la Hdad. Sacramental de las Tres Caídas, sita en la susodicha Parroquia. del Señor San Ysidoro, en el corazón de la Alfalfa y la Costanilla.

Después hay más isidoros menores, más chicos, menos notables, por todos sitios: Pinturas, retablos, grabados. Yo tenía uno muy gracioso con el Santo a caballo con mitra, pluvial y espada: San Ysidoro Matamoros. Porque sépase que son tres los Santos matamoros de España, aparecidos en las batallas del tiempo de la Reconquista como adalides auxiliadores celestiales de las huestes cristianas contra la morisma sarracena infiel; tres, a saber: Santiago el Mayor, San Ysidoro de Sevilla y San Millán de la Cogolla. Lo que ya no recuerdo en qué batalla metió baza cada uno (salvo la de Santiago, que fue en Clavijo. Y cierra, España!!!). Me parece recordar que en la Parroquia de San Isidoro tienen una buena pintura del San Isidoro matamoros.
Pero la más bella es la del retablo del altar Mayor: Una monumental pintura del maestro Juan de las Roelas que daría honra ella sola a cualquier gran museo que la tuviera. Representa la postrera comunión del Santo y su apacible muerte, en hábito de penitente, rodeado del clero sevillano. El Santo, muy anciano, con la faz dulce y sonriente, se desmaya con las manos juntas. Las cabezas de los otros figurantes se inclinan alrededor, con contenido dramatismo. Del cielo, entre un suave celaje irradiado, llueven flores, y un coro de ángeles mancebos tocan y cantan; en lo sumo, en Gloria, Cristo y la Virgen, con sendas coronas en sus manos, esperan el alma del Pontífice hispalense.
Durante la traumática restauración de su Parroquia, el cuadro de Roelas estuvo colgado en el tránsito de la monumental escalera del Palacio Arzobispal, dominando aquel espacio barroco, tan luminoso. De vuelta a su retablo en el presbiterio del templo, es una de las más gloriosas pinturas de toda Sevilla.
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p.s. Que se entere el Santo que yo sí le memento...y que me mande una mejoría graciosa. Amén.
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viernes, 25 de abril de 2008
Pax Tibi Marce

Había nevado, y en las callejuelas cortadas por los puentes sobre los canales todavía quedaba nieve. Nos hospedaron en una palazzina que era una residencia regentada por las monjas de un convento anejo. Todo tan netamente veneziano, más que una novela, más que una película.
Existen cosas leídas, imaginadas, que te golpean desencantantes con su realidad sin letras, cuando las ves fuera del cuadro o el grabado o la página donde las aprendiste mentalmente. También están, por gracia de Dios, las realidades que parecen trasladadas del mundo ideal, tal cuales, universales de óntica y sustancial existencia. Son tan verdaderas que mejoran cualquier imaginación que tengas hecha.
Fueron tres días de un Febrero memorable. Apenas había turismo, porque la primera Guerra del Golfo había espantado a la gente. Íbamos y veníamos por los campi, por los canali, en el vaporetto, porque las góndolas eran caras y nosotros no éramos novios en luna de miel. Yo llevaba una capa negra, española, que me habían regalado por Navidad y que entonaba con el aire frio y el sol brillante de aquellos dias.
En Piazza San Marco me retrataron en la esquina de la Catedral-Basílica que da al Palazzo del Dux, sentado sobre la base de los Tetrarcas de pórfido, entronizado sobre y entre la Historia. El que me hizo la foto (que no sé si sabría quiénes eran y cómo se llamaban los cuatro que posaron conmigo), quedó tan satisfecho que nunca me la dio, ni me mandó copia. Es digna de poner en un álbum, pero no la tengo.
Era 1er.Domingo de Cuaresma. Dentro de la Basílica habían desplegado sobre el Altar la Pala d'Oro. No estaban los caballos de la quádriga de Constantinopla en la fachada, porque los estaban restaurando, pero vimos uno expuesto en una sala del museo del Duomo, tan imponente y regio como el del Marco Aurelio del Capitolio, pero sin jinete.
En Santa María Gloriosa dei Frari, tuvieron que mandar a un chierichetto a pedirme que me quitara, que iba a empezar la Misa, porque me instalé en el ábside, frente a la Assunta del Tiziano, estático, y estuve no sé cuánto tiempo sin moverme, absorto. Oh!
La tarde la tengo recordada mil veces en la piazza de delante de SS. Giovanni e Paolo, al pie del Colleone, a la hora del tramonto, todavía con luz en el cielo.
Anduve por calles, plazas, puentes, junto a los canales, como si fuera de allí, sin sentirme extraño, como si conociera todo.
Hoy que es San Marco, he querido regalarme este recuerdo.
Venezia ha sido una víctima de Europa. Las potencias la odiaron, porque era Soberana y no podían poseerla, pero todos los poderes de Occidente sintieron la fascinación por Venezia.
Su declinar decadente en el XVIII fue triunfal con Vivaldi, Albinoni, Tiépolo, Longhi, Canaletto, Goldoni...Hasta el vano y leggero Casanova decoró un ocaso, ese que nos ha llegado y dura, como un lento adagio inmerecido.
No se repuso del despótico golpe napoleónico, tampoco pudo reconstituirse después de la tiranía de Austria, ni la mediocridad de los Saboya y la ópera del Risorgimento la quisieron ver nunca más Reina del Adriático. De haber renacido, podría haber sido una rica república o principado, una Suiza o un Lienchtenstein o un Mónaco o una Andorra (sin comparación posible en metros de belleza, historia y arte). Aunque también hubiera podido sucumbir como tantas bellezas perdidas en el capitalista y liberal y progresista y militarista y revolucionario y devastador XIX-XX europeo.

Quizá San Marcos la custodió celoso, con su león alado y una armada de Dogos en bucentáuros de espejos de azogue, batiendo reflejos de oro y brocados, disimulándola, disfrazándola, enmascarándola: Tornasoles en celosias de aire, de mar, casi sin tierra, dorada en un atardecer de arreboles sin fin, perpetuamente declinante en el rincón más fascinantemente decadente de Occidente.
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Sí, Venezia me afecta. Tanto como da fe el párrafo de más arriba. Se me ocurren más cosas, pero mejor no excederse. De todas formas era por y a propósito de San Marcos, que es hoy.
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miércoles, 23 de abril de 2008
Refectorio milagroso

Pero su sitio es el refectorio, el refectorio de la Grande Chartreuse. Como él donó a San Bruno y sus seis confratres los terrenos para la edificación, era una especie de padrino de la Cartuja recién nacida. La visitaba con frecuencia y hasta cuentan que con gusto se hubiera quedado con los monjes del silencio, porque era de los pocos obispos que fueron obispos forzados a ser obispos, que ya es una rareza extraordinaria. El Papa lo obligó y él se resignó a ser el santo Obispo de Grenoble contra su voluntad (no de santidad, sino de episcopeo). En este caso resultó patente que el obediente siempre acierta. Y en este caso también que el mandante atinó de pleno, algo muy digno de destacar porque los ordenantes se equivocan regularmente. Pero el Papa conocía bien que Hugo era bueno para lo que le mandó.
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Un día, como acostumbraba, mandó alimentos a los recien estrenados cartujos, Bruno y sus seis (que son las Siete Estrellas del escudo cartujano). Como los obispos de entonces tenían buena despensa (los de ahora normalita tirando a malucha, doy fe; no digo que sea virtud, pero doy fe de que es regularcilla y hasta malucha, meramente soportable); iba diciendo que les mandó provisiones, y entre lo que les regaló, iban unas buenas tajadas de carne que el refitolero cartujano guisó y sirvió.
Que la carne fue bien recibida lo prueba que se guisó y se sirvió, que ya lo he dicho. Pero los primeros pasos de toda santidad son dubitantes, inquisidores, hasta escrupulosos. Y fue que guisada y servida, la carne no fue probada porque San Bruno y sus seis luceros discutieron, con la mesa puesta y la carne expuesta, si no sería mejor comer sin carne y hacer abstinencia perpetua y reglar.
Y vino el sueño. O el éxtasis. O el arrebato absorto. O la suspensión del cuerpo y el alma. O el ensimismado recogimiento de lo externo en lo interno. O la aprensión del hilo temporal en un hilván de eternidad.
Cuarenta y pico dias así.
Y así los captó el flash de Zurbarán: Cuando San Hugo de Grenoble por saber qué les pasaba, va a la Chartreuse y se los encuentra extático-durmientes en el refectorio, empezando algunos a salir del trance y la carne de las escudillas deshaciéndose en cenizas.
Zurbarán es un arcano que pinta mística y ascética, que son dos cosas muy dificil de pintar porque no se dejan. Pero Zurbarán sí sabe. No sólo sabe, sino que convence con lo que pinta y, cuando se ve el cuadro, hasta el más impío y vulgar agnóstico entiende en un repente que Zurbarán tiene razón, y Dios también.
Dios que anda entre los pucheros - la Santa dixit - se refleja en la mesa, en las tallas de agua, en el mantel planchado, en los panes, en los hábitos, en las escudillas, en las servilletas y el tazón. Nunca las naturalezas muertas que dicen, estarán más vivas que cuando Zurbarán las pintaba y las dejaba estar en sus lienzos, latiendo extática vida interior.
Cada vez que veo el cuadro, añoro la Cartuja de la que salió, la sevillana de Stª María de las Cuevas, execrada y desamortizada. Cuando hace unos meses me regalaron los dvds de El Gran Silencio, con gusto hubiera mandado a la Chartreuse nuestro Refectorio con San Hugo y el Milagro del Santo Voto. Si pudiera, que no puedo.
Todavía no sé quién es el pajecillo oligofrénico y desproporcionado que hace reverencia a San Hugo. San Hugo es el artrítico del bastón y muceta gris sobre roquete almidonado y sotana gris, el de perfil que señala, a la derecha. San Bruno debe ser el del centro, más venerable, tan concentrado y frontal, casi luminoso el rostro, flanqueado por sus seis estelares, unos con la capucha y otros descubiertos. Comparénse y veáse que se parecen a los cartujos del dvd, como si una misteriosa genética cartujana les transmitiera parecidos córpore et ánima.
Todo es luz sevillana. No es luz del Grenoble alpino, sino de mediodía, tercia quasi sexta cabe el Guadalquivir. Por eso yo lo mandaba gustosamente a la Grande Chartreuse, que tendría luz y calor vivos y reales, sicut Zurbarán faciebat Hispali, ca. 1655.
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