viernes, 25 de abril de 2008

Pax Tibi Marce

La primera vez que estuve en Venezia me pregunté si los venezianos saldrían alguna vez voluntariamente de su ciudad. Porque yo, si fuera de Venezia y allí viviera, sabría y procuraría no alejarme de ella usque ad mortem. Y después que me enterraran presso San Giorgio.

Había nevado, y en las callejuelas cortadas por los puentes sobre los canales todavía quedaba nieve. Nos hospedaron en una palazzina que era una residencia regentada por las monjas de un convento anejo. Todo tan netamente veneziano, más que una novela, más que una película.

Existen cosas leídas, imaginadas, que te golpean desencantantes con su realidad sin letras, cuando las ves fuera del cuadro o el grabado o la página donde las aprendiste mentalmente. También están, por gracia de Dios, las realidades que parecen trasladadas del mundo ideal, tal cuales, universales de óntica y sustancial existencia. Son tan verdaderas que mejoran cualquier imaginación que tengas hecha.

Fueron tres días de un Febrero memorable. Apenas había turismo, porque la primera Guerra del Golfo había espantado a la gente. Íbamos y veníamos por los campi, por los canali, en el vaporetto, porque las góndolas eran caras y nosotros no éramos novios en luna de miel. Yo llevaba una capa negra, española, que me habían regalado por Navidad y que entonaba con el aire frio y el sol brillante de aquellos dias.

En Piazza San Marco me retrataron en la esquina de la Catedral-Basílica que da al Palazzo del Dux, sentado sobre la base de los Tetrarcas de pórfido, entronizado sobre y entre la Historia. El que me hizo la foto (que no sé si sabría quiénes eran y cómo se llamaban los cuatro que posaron conmigo), quedó tan satisfecho que nunca me la dio, ni me mandó copia. Es digna de poner en un álbum, pero no la tengo.

Era 1er.Domingo de Cuaresma. Dentro de la Basílica habían desplegado sobre el Altar la Pala d'Oro. No estaban los caballos de la quádriga de Constantinopla en la fachada, porque los estaban restaurando, pero vimos uno expuesto en una sala del museo del Duomo, tan imponente y regio como el del Marco Aurelio del Capitolio, pero sin jinete.

En Santa María Gloriosa dei Frari, tuvieron que mandar a un chierichetto a pedirme que me quitara, que iba a empezar la Misa, porque me instalé en el ábside, frente a la Assunta del Tiziano, estático, y estuve no sé cuánto tiempo sin moverme, absorto. Oh!

La tarde la tengo recordada mil veces en la piazza de delante de SS. Giovanni e Paolo, al pie del Colleone, a la hora del tramonto, todavía con luz en el cielo.

Anduve por calles, plazas, puentes, junto a los canales, como si fuera de allí, sin sentirme extraño, como si conociera todo.

Hoy que es San Marco, he querido regalarme este recuerdo.

Venezia ha sido una víctima de Europa. Las potencias la odiaron, porque era Soberana y no podían poseerla, pero todos los poderes de Occidente sintieron la fascinación por Venezia.

Su declinar decadente en el XVIII fue triunfal con Vivaldi, Albinoni, Tiépolo, Longhi, Canaletto, Goldoni...Hasta el vano y leggero Casanova decoró un ocaso, ese que nos ha llegado y dura, como un lento adagio inmerecido.

No se repuso del despótico golpe napoleónico, tampoco pudo reconstituirse después de la tiranía de Austria, ni la mediocridad de los Saboya y la ópera del Risorgimento la quisieron ver nunca más Reina del Adriático. De haber renacido, podría haber sido una rica república o principado, una Suiza o un Lienchtenstein o un Mónaco o una Andorra (sin comparación posible en metros de belleza, historia y arte). Aunque también hubiera podido sucumbir como tantas bellezas perdidas en el capitalista y liberal y progresista y militarista y revolucionario y devastador XIX-XX europeo.


Quizá San Marcos la custodió celoso, con su león alado y una armada de Dogos en bucentáuros de espejos de azogue, batiendo reflejos de oro y brocados, disimulándola, disfrazándola, enmascarándola: Tornasoles en celosias de aire, de mar, casi sin tierra, dorada en un atardecer de arreboles sin fin, perpetuamente declinante en el rincón más fascinantemente decadente de Occidente.
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Sí, Venezia me afecta. Tanto como da fe el párrafo de más arriba. Se me ocurren más cosas, pero mejor no excederse. De todas formas era por y a propósito de San Marcos, que es hoy.
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miércoles, 23 de abril de 2008

Refectorio milagroso

A uno de mis sobrinos le pusieron Hugo, que no es nombre de mi familia. Me tocó buscarle Santo en el Santoral y yo, que entonces estaba muy estudiado y leído en Historia Eclesiástica, le escogí el Hugo que me sonaba más notable, el Abad de Cluny, San Hugo el Grande, que se celebra el 29 de Abril. Lo chocante fue que no me acordara del San Hugo más cercano y tratado, que era el de Grenoble, tan sevillano a pesar de. Aunque su fiesta me parece que es el 1 de Abril, ayer aparecía en el calendario particular de no me acuerdo dónde, y hoy lo traigo yo al blog.

Pero su sitio es el refectorio, el refectorio de la Grande Chartreuse. Como él donó a San Bruno y sus seis confratres los terrenos para la edificación, era una especie de padrino de la Cartuja recién nacida. La visitaba con frecuencia y hasta cuentan que con gusto se hubiera quedado con los monjes del silencio, porque era de los pocos obispos que fueron obispos forzados a ser obispos, que ya es una rareza extraordinaria. El Papa lo obligó y él se resignó a ser el santo Obispo de Grenoble contra su voluntad (no de santidad, sino de episcopeo). En este caso resultó patente que el obediente siempre acierta. Y en este caso también que el mandante atinó de pleno, algo muy digno de destacar porque los ordenantes se equivocan regularmente. Pero el Papa conocía bien que Hugo era bueno para lo que le mandó.
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Un día, como acostumbraba, mandó alimentos a los recien estrenados cartujos, Bruno y sus seis (que son las Siete Estrellas del escudo cartujano). Como los obispos de entonces tenían buena despensa (los de ahora normalita tirando a malucha, doy fe; no digo que sea virtud, pero doy fe de que es regularcilla y hasta malucha, meramente soportable); iba diciendo que les mandó provisiones, y entre lo que les regaló, iban unas buenas tajadas de carne que el refitolero cartujano guisó y sirvió.

Que la carne fue bien recibida lo prueba que se guisó y se sirvió, que ya lo he dicho. Pero los primeros pasos de toda santidad son dubitantes, inquisidores, hasta escrupulosos. Y fue que guisada y servida, la carne no fue probada porque San Bruno y sus seis luceros discutieron, con la mesa puesta y la carne expuesta, si no sería mejor comer sin carne y hacer abstinencia perpetua y reglar.

Y vino el sueño. O el éxtasis. O el arrebato absorto. O la suspensión del cuerpo y el alma. O el ensimismado recogimiento de lo externo en lo interno. O la aprensión del hilo temporal en un hilván de eternidad.

Cuarenta y pico dias así.

Y así los captó el flash de Zurbarán: Cuando San Hugo de Grenoble por saber qué les pasaba, va a la Chartreuse y se los encuentra extático-durmientes en el refectorio, empezando algunos a salir del trance y la carne de las escudillas deshaciéndose en cenizas.

Zurbarán es un arcano que pinta mística y ascética, que son dos cosas muy dificil de pintar porque no se dejan. Pero Zurbarán sí sabe. No sólo sabe, sino que convence con lo que pinta y, cuando se ve el cuadro, hasta el más impío y vulgar agnóstico entiende en un repente que Zurbarán tiene razón, y Dios también.

Dios que anda entre los pucheros - la Santa dixit - se refleja en la mesa, en las tallas de agua, en el mantel planchado, en los panes, en los hábitos, en las escudillas, en las servilletas y el tazón. Nunca las naturalezas muertas que dicen, estarán más vivas que cuando Zurbarán las pintaba y las dejaba estar en sus lienzos, latiendo extática vida interior.

Cada vez que veo el cuadro, añoro la Cartuja de la que salió, la sevillana de Stª María de las Cuevas, execrada y desamortizada. Cuando hace unos meses me regalaron los dvds de El Gran Silencio, con gusto hubiera mandado a la Chartreuse nuestro Refectorio con San Hugo y el Milagro del Santo Voto. Si pudiera, que no puedo.

Todavía no sé quién es el pajecillo oligofrénico y desproporcionado que hace reverencia a San Hugo. San Hugo es el artrítico del bastón y muceta gris sobre roquete almidonado y sotana gris, el de perfil que señala, a la derecha. San Bruno debe ser el del centro, más venerable, tan concentrado y frontal, casi luminoso el rostro, flanqueado por sus seis estelares, unos con la capucha y otros descubiertos. Comparénse y veáse que se parecen a los cartujos del dvd, como si una misteriosa genética cartujana les transmitiera parecidos córpore et ánima.

Todo es luz sevillana. No es luz del Grenoble alpino, sino de mediodía, tercia quasi sexta cabe el Guadalquivir. Por eso yo lo mandaba gustosamente a la Grande Chartreuse, que tendría luz y calor vivos y reales, sicut Zurbarán faciebat Hispali, ca. 1655.

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martes, 22 de abril de 2008

No es de este mundo


La política y el gobierno han atraído desde siempre a los eclesiásticos. Quizá porque el munus regendi, que va incluído en el carácter sacramental, les hace proclives a la fascinación de trocar el oficio pastoral por una más natural competencia, relegando la sobrenatural. Sería una perversión con su específica y previa tentación. Sucumben bastantes.

La Historia está bien sembrada de clérigos de ordeno y mando. Algunos ejercieron sin incompatibilidad en lo eclesiástico y lo civil, incluso hasta en lo militar. Otros tuvieron que escoger y abandonar la clerecía por el poderío. Los ha habido ejemplares, venales, irreprochables, acertados, mentecatos, mediocres, magnos, santos y canallescos. Un Cisneros y un Alberoni en España. Un Richelieu y un Talleyrand en Francia. Un Becket y un Wolsey made in England.

Cada uno fue hombre de su tiempo y sus circunstancias. Pero no todos supieron mantener la primacía de la Civitas Dei. O no pudieron. O no quisieron.

El nuevo presidente del Paraguay, Fernando Lugo, obispo católico suspenso a divinis, no sé cómo será. La impresión primera es la de un bienintencionado-entusiasmado ideologizado y politizado hasta el extremo de auto-postularse presidente, como si no hubiera aspirantes competentes en el Paraguay que no reúnan la gracia de ser políticos siendo obispos. Seguro que hay gente, a pesar del régimen caciquil de ese partido colorado, demasiado asentado y experimentado.

¿Qué pasará? ¿Cómo será? Si, como la gracia, el arte y el éxito político también suponen la naturaleza, será un presidente paraguayo con los límites que lo paraguayo impone a la presidencia. Ni un Cisneros, ni un Richelieu, ni siquiera un Wolsey. Si se mantiene el mandato completo sin desmejorar, ya sería relativo éxito. Si no se escora al populismo ni se corrompe financieramente, será quasi milagroso. Si sobrevive a la experiencia idemne de cuerpo y alma, milagro patente. De todas formas, habrá que rezar para que sus errores no caigan sobre la Iglesia ni sus aciertos sean ni contra ni a costa de la Iglesia. Amén.

La foto con la que encabezo este articulillo, es de Talleyrand, Charles-Maurice, ex-obispo de Autun, excomulgado de hecho y derecho (y no sabría decir ni enumerar cuántas penas canónicas pudo haber acumulado sobre su deshonrada tonsura). Un personaje. Maestro en el arte del vivir y el sobrevivir, vivió bien toda su vida, ya bajo Luis XV o Luis XVI, durante la Revolución y el Imperio, y siguió bon-vivant con la Restauración y duró hasta Luis Felipe. Y todo el tiempo aspirando, tramando, urdiendo y politiqueando. Hizo mucho mal, y salió bien librado de todos los apuros propios y ajenos.

En ese retrato de apenas dos o tres años antes de su muerte, se refleja el semblante con el que se mostró al mundo en su postrer declive. La impronta y las huellas son elocuentes. En muchos rostros enfermos y ancianos, las marcas del dolor no ocultan cierto reflejo de santidad, bondad o felicidad. En ese retrato del declinado Talleyrand, ni siquiera su amplio y fascinante decurso como protagonista de la Historia tapan el reheleo de un desengaño fatigado.

Si el mundo paga con mundo a sus servidores, ¡qué mala es la paga de la última hora!
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viernes, 18 de abril de 2008

Peligrosa igualdad (y en peligrosas manos)

. Lo digo por ese ministerio de igualdad y su neo-ministra (cualquier cosa vale para el oficio). La neo - me parece, que tampoco estoy muy enterado - es de por aquí abajo, honra de la Bética que recientemente donó a la España desmembrada joyas tan señaladas cual la incurta de Cabra y la Malena fomentada: Este trío de ellas, de aquí salió; y un poco antes la ppera Villalobos, también una alhaja de muestrario. Todas prendas de valor.

Será que para la novedad del igualitario ministerio, se acude a la cantera de las probadas y exitosas hembras del Sur, que son tan resultonas y dan mucho juego, y rellenan estupendamente la cuota sexual: Hoy más ministras que ayer, pero menos que mañana.

Si es por igualar, se podía estrenar suprimiendo el sexismo deportivo que separa machos de hembras, categorizando las competiciones: Que haya una sóla y que compitan juntos, en igualdad.

¿A que no? Pues eso: Que sobra la ministra y el ministerio.

Es de temer que como el cretino talantero no corrige ni se enmienda, al final de estos otros cuatro años de castigo por nuestros pecados, el ministerio habrá causado estragos y todo será menos igual, más desigual, y peor, mucho peor.

Por igualar, que igualen la Giralda con la Tour Eiffel, la Maestranza con Trafalgar Square, y el Puente de Triana con el Golden Gate. Total, perrerías más grandes se hacen y se pagan para que se hagan.

A mí, el caso de la minis de la egalité (que eso es lo que colea en el fondo: El gorro frigio, la tricolor...y la guillotina), no sé por qué, me ha recordado un chiste (con lo poco chistoso que soy yo, y los pocos chistes que recuerdo).

El chiste cuenta que llegó un forastero a Sevilla (o a Cadiz); se bajó del tren y, al salir de la estación, escucha a uno que grita: - "El tresgüevos !!! el tresgüevos!!!..." Y todo el mundo echó a correr, espantaítos todos, las calles aterrorizadas. Y la gente gritaba - "El tresgüevos!!!...el tresguevos!!!!..." Y el forastero alarmado, coge del brazo al primero que pasa corriendo y le pregunta: - "Pero dígame ud. ¿quién es el tresgüevos? Y el otro azorado le dice: - "Un loco que se ha escapado del manicomio y a tó el que tiene tresgüevos, se los corta!. Y dice el forastero: - "!Ah! pues yo tranquilo, porque sólo tengo dos". Y el otro, echando a correr, le dice: - "Sí, como yo. Pero es que primero te los corta y luego los cuenta!!!" .

Pues eso: Como la neo ministra se ponga a igualar sin preguntar, vamos listos. Porque si el criterio de igualdad es el del talante, seremos todos igualmente cretinos: Igualitos.

¡Que el Señor (que nos creó sabiamente desiguales) nos libre!


p.s. Pensándolo bien, el chiste debe ser gaditano y ocurrir en Cadiz, porque en Sevilla no tenemos tanta gracia (verbigracia un servidor mismo).
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p.p.s. Y por favor: Que no se repita lo del chiste, que este blog es muy serio, señores!
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p.p.p.s. Señoras, no: No admitimos igualdades. Faltaría más!

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miércoles, 16 de abril de 2008

En América


Me alegra que el Papa sea bien acogido en los EEUU, la nación más representativa de nuestro tiempo. Las suspicacias - y los hechos - que suscitaron la célebre Testem Benevolentiam de León XIII al Cardenal Gibbons, ya han pasado (aunque la condena del "americanismo" y hasta su pervivencia en tantos actos y actitudes de la actualidad, ahí queda). Roma, tan sabia, reconoció qué vientos soplaban y qué puentes había que tender con una sociedad donde el Catolicismo prosperaba tan decidida e influyentemente.

Al ver las imágenes del Papa Benedicto con el presidente Bush jr. me han venido a la mente otras no menos célebres, de otros momentos en los que el Papa reinante recibió a los líderes del momento. No sé por qué liaison mental, he recordado expresamente la audiencia de Gregorio XVI al Zar Nicolás I, la primera vez que era recibido un Zar en Roma. Eran los años de la Santa Alianza, la Europa de Metternich que pretendió rehacer el statu quo del Ancién Régime bajo el ideal de la restauración de las monarquías lesionadas por la Revolución y Napoleón: La Restauración por la reconstitución de la unión de trono y altar. Un entusiasta propósito político que apenas sobrevivió a sus ideístas.

Si nuestro mundo se parece a aquel, es sólo por la persuasión de estar cerrando un período histórico e iniciando otro. Los acontecimientos han cambiado bastante desde 1989, con los regímes marxistas desplomándose y un Papa polaco que fue, en cierta medida, actor en aquel histórico escenario. Pero el mundo post-11 S ya no es ni siquiera el mismo que apareció tras la caída del muro comunista. El islamismo, nuevo y violento co-protagonista de la actualidad global, ha irrumpido tan alarmante como irreversiblemente, afectando de una forma u otra a todos. Cuando Benedicto XVI visite el centro de Manhattan desolado por los terroristas, el momento que captarán cientos de cámaras será de los que enseñan historia sin palabras.

A pesar de todo, el que visita América es el cabeza de una Institución bimilenaria que podría muy bien definirse como una perpetua contradictora/confrontadora de cada uno de los poderes que la han acompañado en su decurso. Entender el viaje como una "entente", sería tan erróneo como suponer una comunión ideológica entre la Iglesia y los Estados Unidos de América, algo imposible.

El entusiasmo de masas y la cordialidad protocolaria taparán por un instante, como un flash deslumbrador, los horrores, miserias y perversiones de una civilización que ha nacido y evolucionado en su "nuevo mundo". Respecto al pasado, es la heredera de los valores de la Cristiandad que fue; al presente, encarna también la degeneración de los principios que la constituyeron. La Iglesia Católica sabe mucho de estos efectos que son, en parte, motivo de esta visita.

La audiencia de Gregorio XVI al Zar Nicolás I no fue la obertura de una nueva armonía, sino, más bien, la coda de una ópera conclusa, a punto del telón. Quedaban unos pocos zares hasta Ekaterimburgo, y los dias del Papa Re estaban contados y acabarían en vida del siguiente Pontífice. Se abría una época que no era la del Papa y el Zar. ¿La intuyeron? ¿La temieron? ¿La esperaron? Se podría asegurar que las perspectivas de uno sólo coincidirían tangencialmente con las del otro.

No es que sea pesimista. Sí que ante los hechos pasados, el presente se me impone gravemente realista, y el futuro - todo futuro que no sea el último - lo vislumbro desde estas evidencias.

¿Esto es distinto? ¿Esta ocasión es otra? ¿Significará siquiera un episodio memorable? También hubo otros momentos históricos que se podrían evocar, desde Pio VII en París a Pablo VI en la Onu. La impresión, empero, es otra, menos definida, marcada más por la expectación de lo que venga/vendrá desde fuerzas/instancias que no están directamente ni presentes ni implicadas, pero sí activas y actuantes.

Pero que Dios salve a América, y la bendiga con esta visita de Benedicto al occidente del Occidente. Es decir, al Far West.

Y que la Iglesia - que es lo que me interesa - salga revitalizada con su testimonio apostólico. Amen.

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martes, 15 de abril de 2008

Hembra bélica

Palas Atenea nació armada con casco, lanza y égida de la cabeza de su padre Zeus: Una jaqueca terrible que el expeditivo Hefaistos le apañó dándole un martillazo en la testa, y por la brecha salió Atenea guerrera. Tal cual, poco más o menos, es el mito.

Después también están las Amazonas, con la teta mutilada (izqda? o dcha? ahora no recuerdo) para manejar el arco sin estorbo. Al mismísimo Hércules le cupo entre sus 12 trabajos hacerse con el cinturon de Pantasilea, la reina de todas ellas, que debía ser una terrible donna in gamba. Qué horror!
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Dejando el Olimpo y pasando al Walhala y alrededores, tenemos a las Walkirias, Brunilde la más famosa, rubia y con trenzas.

Bíblica, Débora, que tuvo que ser tremenda; los filisteos no la olvidan (y los israelitas, tampoco). Más tarde, bíblica también, Judith triunfans (ya se sabe cómo).

En el Medievo, señalada y peregrina figura fue la Doncella de Orleans, Stª Juana de Arco, una de las santidades más extrañas reconocidas por la Iglesia, todo sea dicho (con Amén y Ora pro nobis, faltaría más)

Y en España - ¡¡Viva!! - María Pita, la Monja Alférez y Agustina de Aragón.

Un muestrario de hembras bélicas que se enriquece ahora con la recién nombrada minis de la guerra; perdón, del ejercito. O como se llame ese ministerio tan devaluado, para el que sirve cualquiera. Verbigracia.

¿Explicación? Dejando de lado el cretinismo óntico del presi de la piara (bi-presi, mal que nos pese) y su proclividad a la fantochería extravagante y talantera, las razones remotas y las inmediatas serían varias. Entre las próximas, pudiera ser determinante el gusto de la vice-minis...ejem!...Si contemplamos las remotas, yo resaltaría el tráuma-complejo anti-militar de la izquierda y la piara en general: El 18 de Julio, primero, y lo de Tejero, después, son 2-shocks traumáticos-2 que les durarán hasta tres o cuatro horas post mortem. Es decir, que les cuesta encontrar simpatizantes y tios con dos pares para hacerse cargo del Ministerio ese. Vale un cateto como Bono (valió un mentecato como Trillo), pero esas especies prosperan y terminan apeteciendo una Grandeza de España. Y es difícil encontrar a uno que sirva y se atreva, sobre todo si se repite legislatura (que ya van 2 , mal que nos pese, con el mismo babieca de León). Conque a falta de macho con bolas, buena es esa misma, preñada y todo. Casada no sé si estará. Y si lo está, tampoco sé si será por lo civil, como la Soraya.

Humillar a una tropa tiene su técnica y su ingeniería. Quiero decir que las Horcas Caudinas y su mal trago han tomado forma muy diversa según la ocasión y el vengativo vencedor de turno. Esta de ponerle moza gallarda y ministra a la militaridad hispana, alcanza un grado de refinamiento que ni los Samnitas hubieran podido imaginar.

A ver qué pasa que, sea lo que sea, malo será tanto si pasa...como si no.

Yo, interim, me retiro a mi Aventino particular, donde las féminas se dedican a sus labores, of course.

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domingo, 13 de abril de 2008

Hermenegildo & Cía

No sé con cuánto fervor se celebrará ni cuántos se acordarán de él, porque no es Santo corriente. Ha sido hoy, 13 de Abril, pero impedido por la Domínica IV de Pascua, la fiesta, donde se festeje, se celebrará mañana, D.m. Yo la celebraré porque le tengo simpatía a este joven esposo, príncipe rebelde que se atrevió a desafiar al terrible Leovigildo, que era su padre.

La cosa del caso fue muy familiar, porque anduvo por medio Ingunda, que no es una walkiria, sino la esposa de Hermenegildo, que, además de las arras y la res matrimonial, le trajo a su joven marido desde su Austrasia natal la fe católica, porque entonces los visigodos de España todavía eran pérfidos arrianos. Y la más pérfida y atroz, Goswintha, mujer en segundas nupcias de Leovigildo y abuela por parte de madre de Ingunda, a la que profesaba especial inquina por haber sido educada católica. Las crónicas hablan de las terribles violencias que tuvo que sufrir la nieta Ingunda de su tremenda abuela Goswintha, una de las más señaladas hembras visigodas de la historia, notable caso.

Por toda esta tensión familiar, Hermenegildo e Ingunda se marchan de Toledo y se establecen en la Bética, donde el príncipe ejercerá una especie de virreinato. Animado por su esposa y bajo la direccción de Leandro, Arzobispo de Sevilla, se convierte él también al catolicismo. Su rebelión contra Leovigildo significó su fulminante caída. Acosado y perseguido, sale de Sevilla y lo hacen prisionero en Córdoba. Trasladado a Tarragona, el conde Sisberto le forzará a recibir la comunión de manos de un obispo arriano. Hermenegildo se resiste, y finalmente es asesinado de una hachazo que le abre la cabeza. Mártir, en la Pascua del año 585.

Mártir que no se inscribe formalmente en el Martirologio Romano hasta mil años más tarde, por Sixto V, en 1585, a instancias de Felipe II, que había conseguido sus reliquias, trasladándolas a su dilecto Monasterio de San Lorenzo del Escorial.

En Sevilla se gestó el cúlmen y la primera parte del desenlace de Hermengildo. Pero la confusión de hechos y citas llevó a algunos a considerar nuestra capital como sitio del prendimiento del Santo. Entendieron que la Córduba que se cita sería la puerta de Córdoba de nuestra muralla, en el tramo que va entre la puerta de la Macarena y la puerta del Sol, frente al Convento y huertas de Capuchinos. Allí, unos nobles sevillanos, caballeros y clérigos, fundaron una Hermandad y edificaron Iglesia y dependencias anejas cabe el torreón de la puerta en el que la tradición fijaba la cárcel de San Hermenegildo, y tanto creció la devoción que en el sitio y los vecinos torreones se instalaron hombres de ascética vida, que conmovieron con sus oraciones y rigores penitentes a Sevilla entera.

Patrocinados por el Duque de Alcalá y dirigidos por el venerable P. Don Cristóbal Suárez de Ribera, se labró la actual Iglesia, que se inauguró el año del Señor de 1616. En ella, en el lado de la Epístola, bajo las gradas del Altar Mayor, estuvo el retrato en lienzo del susodicho Don Cristóbal, una de las primeras obras documentadas de Velázquez, actualmente en el Museo de Bellas Artes. En lugar del valioso original, en San Hermenegildo queda una copia, que se hizo cuando el cuadro velazqueño pasó al Museo.


En San Hermenegildo, la imagen hercúlea del Santo Mártir visigodo domina la concurrencia de los habituales fieles, que son los miembros de la Adoración Nocturna, que tiene allí su sede y allí celebran las vigilias de Adoración. Como son varios los turnos, son frecuentes las vigilias, aunque pocos los adoradores. Entre los rezos del ritual, dan cabezadas somnolientas entre salmo y salmo, avemarias y glorias, por la noche y la madrugada.

Dentro de la Iglesia, de una sóla nave, se repite como adorno el emblema del santo: La cruz entre un hacha y una palma. En el presbiterio, el retablo manierista está en madera teñida, sin dorar. En su segundo cuerpo, en pintura, se ve el martirio del Santo, vestido de rey, a la usanza cortesana del XVII español; y en la hornacina inferior, en talla atribuída o cercana a Montañés, Hermenegildo triunfante. Viste de militar, a la romana, con coraza de cuero, faldellín de tiras remachadas y sandalias de calzas vueltas, con el manto terciado y recogido; lleva la Cruz en la mano, con la corona sobre la cabeza atravesada por el hacha, sangrante por los lados, y un cepo a los pies; también porta la palma. En el centro de la mesa del Altar, un Sagrario de plata. Y cuando hay vigilia, la custodia con el Santísimo, expuesto para la adoración.


A mí me parece una significativa alegoría, los piadosos sueños de los adoradores incluídos. Durante la noche, el susurro lento de los rezos se alterna con el crujido de los bancos, el chisporroteo de las velas, algún suspiro. El ruído del tráfico de la Ronda, apenas se oye: Suena más el silencio de dentro.

La España Católica que se confirmó con el martirio de un príncipe rebelde, es la misma que sigue velando al Sacramento: Adsumus! (Hermenegildo y nosotros).

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