martes, 9 de octubre de 2007

Monologuistas

Los he descubierto pululando por la blogosfera. Son como esos que salen en la tele y sueltan parrafadas que paran un punto cuando esperan la risa/aplauso del público, y luego retoman la última gracia y la hilvanan con otro parrafito, y así hasta que cortan para la publicidad.

Pues estos otros escriben en sus blogs un párrafo largo, de puntos seguidos, sin puntos y aparte. La ilación les funciona bien, pero la prolijidad del discurso perpetuum móbile hace dudar de la coherencia del torrente en prosa.

Son versátiles, ágiles, acrobáticos, de salto mortal triple con tirabuzón. Por ejemplo: Si empiezan con un "- Esta mañana no bajé en el ascensor..." en el punto y seguido siguiente ya van por "- ...como decía Woody Allen..." y al siguiente "- ...porque la sentencia del Tribunal de Cuentas..." y 40 cms. de columna más abajo están con una receta de sopa de ajos al curry con nata.

El primero que te encuentras lo lees con cierta fascinante atracción y perpleja lógica, aprobando, desaprobando, sonriendo...Y cuando te das cuenta doce minutos más tarde necesitas una tila cargadita para serenarte las dendritas de las neuronas de los nervios de punta (eso si no has sucumbido como el inocente Mowgli a la mirada hipnótica-espiral de Kaa).

Son así, más o menos: Una espiral aparentemente inteligente pero profundamente demente; un totum revolutum-cajón desastre-canasto de cerezas.

Saben escribir, discurrir, pero no saben pensar. Y me temo que tampoco concluir, poner un punto final.

Y eso es peligroso; digo yo.

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lunes, 8 de octubre de 2007

Figura/contrafigura

Estos parecen dignos y de verdad:



Y este, un caricato:
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. ...y una de las vergüenzas aliadas a la desvergüenza gobernante.
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¡Cuánta desvergüenza!
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¡Qué vergüenza¡
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The Lord of the Rings

Como en mis tiempos no se estudiaba inglés - qué vulgaridad, decían - y lo que estudiábamos era francés - que es una lengua más europea, decían - soy en lo que al ingleseo se refiere autodidácto-intuitivo-grossomodo, con más o menos acierto según qué lea. Me da una pereza morbosa ponerme a estudiar english, y me apaño en espera de un inglés infuso ( St. Thomas Becket, it requests by me; St. Thomas More, it requests by me; John Henry Newman, it requests by me...)...pero mis Santos ingleses no me lo alcanzan; y yo me resigno y me apaño.

Pero me jode-re-jode poder leer a Verne, Dumas y Saint-Exupery (que ya no les leo pas ) y estarme a dieta mal digerida con Tolkien, Dickens y Shakespeare, que estoy lampando por poderlos leer en inglés a pelo puro y duro...y non posso mai, je ne peux pas ("i cannot" dice el Google que se dice).

Ahora es tiempo de Tolkien, porque a Tolkien empecé a leerlo por estas fechas, en el Otoño del '79. Se publicó entonces la primera parte de la trilogía de El Señor de los Anillos, en la editorial Minotauro, esa que vive de Tolkien y del apócrifo de Tolkien que es su hijo Christian-Tolkien2, tan devoto de su padre (y espero y confío que fiel al autor, porque dan ganas de sospechar de tan prolíficas ediciones de notas, cuadernos, y apuntes; espero que no coja un nieto o un bisnieto el testigo, y tengamos Tolkien3, Oh Lord have mercy!).

Mientras esperaba ansioso la edición de la segunda parte, descubrí la torpeza pacata de las editoriales españolas que hasta esa fecha no habían publicado una obra que era ya un clásico universal absoluto. Y el caso es que las editoriales españolas más activas de la época publicaban bastante, pero no tuvieron lugar para Tolkien hasta aquel año. Un año que fue feliz con Tolkien, que me alivió penas grandes de aquel curso 79-80. Hice con los personajes de la trilogía su periplo, casi acompasando la lectura a la cronología de la ficción desde el Otoño de la Comarca.

Después me he leído/re-leído todo el Tolkien 100% (Los relatos cortos Hoja de Niggle, Egidio granjero de Ham y el Herrero de Wooton Mayor son tres auténticas joyas), y he hojeado algunas de las cosillas del Tolkien apócrifo que el hijo de Tolkien edita y edita y edita (y le editan). No soy tolkienmaníaco, y hasta me da repelús la tribu que se ha creado en torno al imaginarium de J.R.R.T., pero El Señor de los Anillos es de los libros que releo con gusto, por Otoño, como un rito de lector maniático (que eso sí lo soy).
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Concluyo la lectura de mis brani scelti leyendo osadamente el original en inglés que me regaló un año por Reyes mi J. (los amigos, los que son, te dan en la diana sin preguntar), casi con misteriosa y mágica lectura de traslación de lo leído-releído imaginándolo sobre el texto del maestro Tolkien...Oh! oh! oh!

Es un summum de Otoño vestir de invierno la mesa camilla, y ponerme en el sillón a leer Tolkien con tetera, wisky de malta y tabaco - y, si es posible, una madrugada entre las 12 y las 4...- (pero ya no cometo esos excesos de horas, ay!...Pero quisiera poder...Ah!).



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domingo, 7 de octubre de 2007

Lepanto

La historiografía lepantina, desde hace bastante tiempo, insiste en lo que desaprovechó Lepanto y las escasas consecuencias de la victoria; parece como si la historiografía se personalizara en prosopopeya y sintiera la humana pasión de la envidia, que es tristitia boni alieni.

Porque a ningún inglés se le ocurre hablar del fracaso de la batalla de Trafalgar - verbigracia-; y ningún francés proclama que fuera moco de pavo lo de Napoleón en Austerlitz, por ejemplo. Nosotros sí: Los católicos en general y los españoles en particular padecemos el enfermizo síndrome de minimizar grandezas y criticar glorias. Ay!

Que el turco era un problema para Occidente, se entiende incluso desde la actualidad, cuando Turquía sigue siendo un problema para Occidente, mírese como se mire. Pero entonces Occidente era y se llamaba Cristiandad, que es lo que la historiografía moderna y contemporánea se empeñó y se empeña en desacreditar.

Desde el surgimiento del Islam en el siglo VII, la única empresa seria y continuada que se planteó en Occidente contra el Islam empezó precariamente en España y se coronó existosamente en España. Las Cruzadas fueron un formidable intento de una Europa optimista y con ganas, que se malograron por tantas cosas y con tantas culpas de una Europa desganada y concentrada en problemáticas y luchas internas (y progresando lentamente hacia la descomposición de ella misma como Cristiandad).


Pero España sí pudo con el Islam. En poco menos de ocho siglos desde el 711 de Don Rodrigo y don Pelayo, al 1492 de Dª Ysabel y D. Fernado y Boabdil el Chico - setecientos ochenta y un años que podrían haber sido menos si a la muerte de Fernando IIIº el Santo, Castilla-León hubiera mantenido la empresa con la misma pujanza- . Cuando se toma Granada y el pendón de los Reyes Católicos ondea en la Torre de la Vela de la Alhambra, España sabe y España puede...pero apareció América.

Si Colón no descubre las Indias Occidentales, Castilla hubiera seguido la Reconquista expandiéndose por el Norte de África; Las Canarias, Céuta y Melilla son testigos históricos de lo que hubiera podido ser, y por América no fue. Pero poder, se pudo.

Por esa y otras razones, España era tan sensible al "problema turco". Como ninguna otra potencia-nación del momento, es consciente del desafío turco en el Mediterráneo y el extremo oriental de Europa. Una Turquía que entonces era potente, fresca todavía la enardecedora conquista de Bizancio, joya entre las joyas que la Cristiandad pudo y no quiso mantener, y en mala hora perdió.

Desde fines del siglo XIV, sólo la Santa Sede clamaba por Constantinopla. Los Concilios de la època - aun sumidos en la profunda crisis de la Iglesia por Avignón, el Cisma, y la crisis conciliarista - insisten en pedir la unión de los principes cristianos para socorrer la decadencia brillante de Bizancio. Sólo en Roma y en los Papas encontrarán los desesperados emperadores de la casa de los Paleólogo atención y esperanza, incluso por encima de la desazón y la suspicacia de los propios constantinopolitanos. No fue casualidad que fuera un Papa español el último gran alentador de una Cruzada por y para Constantinopla. Pero en Constantinopla sospechan y abomínan de toda cruzada, y lo de Calixto IIIº Borgia se tomó en Roma y en Europa como chochera de viejo y obsesión de español.

La invasión de Chipre por los turcos en 1570 y la amenza sobre Malta significaban la pérdida de las últimas huellas de las Cruzadas, tan lejanas ya para una Cristiandad definitivamente fragmentada. Tampoco fue casualidad que el Papado y España reaccionaran y consiguieran lo que tantas veces se intentó; Venecia y Génova se sumaron urgidas por sus particulares intereses; el Imperio (después de Carlos V hubo "imperio"?) no estaba para guerras de fuera temiéndolas dentro; Francia no quiso y hasta se entendía entonces con la Sublime Puerta; Inglaterra hubiera preferido entenderse con Solimán antes que con España o Roma).

Pio V, el ascético y enérgico fray Michele Ghisleri, dominico e inquisidor, con el perfil íntegro de un genuíno Papa "tridentino" fué el alma de la Liga Santa. Por él se juntan Felipe IIº, Venezia con el Dux Sebastiano Veniero y Génova con el almirante Andrea Doria. Y el capitán, Juan de Austria, providencial bastardo de cuna que honró como nadie a su fe, su sangre y su patria; la tropa, lo mejor de España e Italia, con un Cervantes incluso.
La batalla fue famosa antes de plantearse siquiera. El antiguo enclave del golfo lepantino, con tantos ecos de la Grecia de los héroes y los mitos, revivió en un destello heróico que brilló de polo a polo, del orto al ocaso, con el flash momentáneo de una Cristiandad resucitada, capaz y decidida, unida y fuerte, creyente, potente y audaz: Cruzada y victoriosa, también portentosa, con nimbo milagroso que revelaba al Papa vidente y estático en Roma el poder de la Cruz venciendo a la media luna en Lepanto


Lepanto fue el último episodio de las Cruzadas.

¿Se pudo hacer más, rematar la faena lepantina? Por supuesto. Pero España tenía que volver a América, Felipe IIº a los Países Bajos, Venezia y Génova a sus negocios y Pio V a ser Papa de una Catolicidad que ya no era Cristiandad pero seguía siendo Iglesia, "la Iglesia".


Ahora, con estos siglos por medio, Lepanto es una página de grandeza olvidada para los vencedores, y un rescoldo de afrenta para los vencidos; unos no se consideran herederos de la victoria, los otros mascan todavía el resentimiento de la derrota.

Nosotros hoy, como todos los dias, re-tomaremos el arma secreta de los cruzados de Lepanto: Ciento cincuenta cuentas con una Cruz; una salmodia de Misterios con Padrenuestros, Avemarías y Glorias, que levantarán el eco de la Batalla del Golfo de Lepanto, en una Liga Santa que nunca se disolvió y que sigue militante y orante...aunque muchos no lo sepan.

(Otros, además, celebraremos orgullosos el día de Lepanto).

VTR .

sábado, 6 de octubre de 2007

Prokofiev en Otoño

Es una música poderosa, conmocionante. La primera vez que oí esta suite de Prokofiev, la sensación de temor-turbación-atracción se me adjuntó a la melodía, y siempre que la escucho, siempre revivo aquella impresión.

El ballet acompaña a la música, indudablemte más representativa-imaginativa-sugestiva que la coreografía



Montescos y Capuletos, de la suite de Serguei Prokofiev.

La música, esa sugestiva y turbadora melodía, adelanta la tragedia, acompasada casi al latido fuerte del amor/la muerte desde el primer encuentro de Romeo con Julieta; están ya danzando su pasión y su muerte.

No me resisto a poner este otro vídeo, con la genial Maya Plisetskaya danzando la suite de Romeo y Julieta de Prokofiev:



Maya Plisteskaya baila Romeo y Julieta de Prokofiev

Las imágenes en blanco-sepia-negro se adecuan a los movimientos de la bailarina, sin solución de continuidad entre música y danza, con un efecto admirablemente estético.

La cantata Alexánder Nevsky para la película de Serguei Eisenstein (1938), es igualmente emocionante, desde esos primeros acordes inquietantes, cargados de presagios (empieza a sonar en el minuto 2'05, a continuación de los créditos)



Este comienzo (Rusia bajo la Horda de Oro), se alterna luego con coros, música religiosa, batallas, campanas; por supuesto las imágenes de Eisenstein son magistrales, pero la cantata de Prokofiev, más (parece incluso como si la imagen siguiera intencionadamente a la música). La cantata alcanza esa expresión-descripción del "alma rusa", tan característica en los músicos rusos del XIX.

(En la película Èxodo, de Otto Preminger (1960), suenan estos primeros compases del comienzo de la la cantata de Prokofiev en la escena en que Sal Mineo se oculta en una Iglesia copta de Jerusalén).


Para acabar con un registro amable, esta secuencia (sólo un pellizco) de la suite de "Pedro y el lobo", con imágenes también en amable sintonía con la encantadora música del maestro Prokofiev:



Todo esto porque es Otoño, y para mí Prokofiev y su música me suenan especialmente otoñales, y es tiempo de escucharle.


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jueves, 4 de octubre de 2007

Iconodulía


La iconodulía aparece casi sustancialmente con el Nuevo Testamento; la severa tradición anicónica del Pentateuco cede ante la presencia real del Verbo Encarnado: "Quod fuit ab initio, quod audivimus, quod vidimus oculis nostris, quod perspeximus, et manus nostrae contrectaverunt de verbo vitae — et vita apparuit, et vidimus et testamur et annuntiamus vobis vitam aeternam, quae erat coram Patre et apparuit nobis — quod vidimus et audivimus, annuntiamus et vobis..." (I Jn 1-3).

Este sólo texto fundamentaría suficientemente lo que luego explaya el IIº Concilio de Nicea, el último de los Siete Concilios de la antigúedad que definen la ortodoxia cristiana. Cerrando toda la época Patrística y en medio de la crisis iconoclasta, el IIº Niceno dogmatiza sobre el culto posible y debido a las imágenes del Salvador, la Virgen Theotókos, y los Santos:

"...definimos con toda exactitud y cuidado que de modo semejante a la
imagen de la preciosa y vivificante cruz han de exponerse las sagradas y santas
imágenes, tanto las pintadas como las de mosaico y de otra materia conveniente,
en las santas iglesias de Dios, en los sagrados vasos y ornamentos, en las
paredes y cuadros, en las casas y caminos, las de nuestro Señor y Dios y
Salvador Jesucristo, de la Inmaculada Señora nuestra la santa Madre de Dios, de
los preciosos ángeles y de todos los varones santos y venerables.

Porque cuanto con más frecuencia son contemplados por medio de su
representación en la imagen, tanto más se mueven los que éstas miran al recuerdo
y deseo de los originales y a tributarles el saludo y adoración de honor, no
ciertamente la latría verdadera que según nuestra fe sólo conviene a la
naturaleza divina; sino que como se hace con la figura de la preciosa y
vivificante cruz, con los evangelios y con los demás objetos sagrados de culto,
se las honre con la ofrenda de incienso y de luces, como fue piadosa costumbre
de los antiguos. “Porque el honor de la imagen, se dirige al original”, y el que
adora una imagen, adora a la persona en ella representada." (Dz
600-603).-
Los textos del Concilio, con tantos ecos del gran iconódulo San Juan Damasceno, utilizan la palabre "tradición" como algo unido a la razón de la doctrina que definen. Una tradición que procede de la misma época evangélica, continuada y corroborada luego por los sucesivos capítulos de la Historia de la Iglesia.

Tres tradiciones iconográficas de la antigüedad cristiana, El Mandylion de Edesa, la Verónica, y la pictografía de San Lucas arrancan de escenas contemporáneas a los dias de Cristo, ilustradas después con toda la riqueza imaginativa de los escritos apócrifos, que serían parte de la fundamentación iconológica de los primeros siglos.

Si en el Oriente la imaginería cristiana tiene estos preciosos referentes, en Roma brota casi espontáneamente en las Catacumbas, donde se desarrolla toda una iconografía original, con elementos propios que "cristianizan" sin complejos temas y formas del arte pagano, considerados aptos medios de expresión/simbolización del Misterio de Cristo.

La crisis iconoclasta de los Isaurios tuvo como marco la conmoción de todo el Oriente por el surgimiento impetuoso del Islám, que nace con la misma integridad anicónica veterotestamentaria, ahora re-interpretada desde el Corán mahometano con no menos fuerza. El traumático encuentro entre musulmanes del primer siglo con comunidades cristianas nestorianas y monofisitas en Siria y Caldea, derivó en un rechazo de los iconos fundamentado desde una re-lectura del Antiguo Testamento forzada por la presión del beligerante aniconismo islámico. Al llegar la controversia a Constantinopla, degeneró en verdadera conflagración político-religiosa, sumiendo al Imperio en sucesivas luchas internas, que debilitaron aun más su contestada posición como potencia del Oriente frente al Islám incontenible.

El Concilio Niceno IIº vino a ser para la iconoclasia lo que el Iº para el arrianismo: Su revelador y su debelador, a la vez; pero como en la época arriana, al Niceno IIº (Constantinopla-Nicea, año 787) siguió más de medio siglo de violencias iconoclastas, que sumieron a todo el Oriente en una profunda crisis que sólo acabaría con el Sínodo de Constantinopla del 843, memorable 11 de Marzo que quedó consagrado como "Triunfo de la Ortodoxia", una de las grandes Doce Fiestas litúrgicas de la Iglesia greco-bizantina.

Toda la crisis iconaclasta coincide con uno de los períodos más críticos del Occidente: La invasión musulmana de la España Visigoda y el resurgir de la "conciencia" imperial con Carlomagno y su "florecimiento" cultural. La controversia del iconoclasmo apenas si fue seguida en Europa; sólo el Papado romano mantuvo comunicación con sus protagonistas, y recibió finalmente los cánones del IIº de Nicea.

La profunda significación de la iconodulía triunfante fue definitiva para Occidente; si bien la tradición iconográfica bizantina quedó pronto estereotipada en temática y técnicas con poca variabilidad hasta el presente, la eclosión del Año Mil y el arte del Románico encontró un Occidente fundamentado doctrinalmente para asumir la representación del Misterio Cristiano, un caudal imparable que desde la tipología iconológica del medievo evolucionaría sin solución de continuidad al Gótico y el Renacimiento.
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N.b. Deo volente, complementaré esta entrada con otras sobre temas-comentarios iconográficos.
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De Lúmine seu antropo-foto-tectura

Un amigo - excepcional, exquisito, excelente - me ha obsequiado con esta cita de Frank Lloyd Wright, el arquitecto:
"Siempre me he referido a una arquitectura más 'humana'. Por ello quiero
intentar explicar qué significa para mí,como arquitecto,esta palabra. Como en la
arquitectura orgánica, la calidad de la humanidad reside dentro del hombre. Así
como el sistema solar se mide en años luz, la luz interior es lo que llamamos
humanidad.

El hombre como luz está fuera de todo cálculo. Buda fue la luz de Asia;
Jesús, la del mundo. La luz del Sol es a la naturaleza lo que aquella luz
interior al espíritu del hombre: luz humana. La humanidad está por encima del
instinto. De esta luz interior nace la imaginación humana, crea y muere, pero
sigue viviendo como luz de vida si estaba viva en el hombre. Ilumina al
espíritu, tanto que su vida misma es esa luz e ilumina a otros.

Las afirmaciones de esta luz en la vida y en la obra humanas es la
verdadera felicidad del hombre. Nada hay más elevado en la conciencia humana que
los destellos de esta luz interior. La llamamos belleza y no es más que el
resplandor de la luz en el hombre: el esplendor del romanticismo elevado de su
humanidad, como sabemos que la arquitectura, el arte,l a filosofía y la religión
son románticas.

Todo alimenta y está alimentado por esta luz inextinguible en el alma del
hombre. No puede hacer ninguna consideración intelectual que sobrepase esta
inspiración. De la cuna a la tumba, su verdadero ser aspira a esta realidad para
asegurar la continuación de su vida como luz en el más allá. Igual que la luz
solar envuelve los objetos indefensos, revelando su forma y su expresión, una
luz correspondiente, cuyo símbolo es el sol, emana de la obra inspirada de la
humanidad. Es la garantía de que la arquitectura, el arte y la religión del
hombre son todo uno: sus emblemas simbólicos. Por ello, podemos decir que la
humanidad es luz inextinguible.

No hay ningún elemento de la inmortalidad más precioso que una humanidad
tan humana.El cielo sólo puede ser el símbolo de esta luz de luces en el sentido
de que el cielo se convierte en un puerto."


Si me pongo inquisitorial, no pasa el cuestionario y, probablemente, termine en la hoguera, como los alumbrados. Pero concedo que no es un teólogo el que habla, ni un filósofo siquiera: Es un artista, muy rico en intuiciones, aunque no queden muy ortodoxamente definidas. Así que cierro el proceso y mitigo el juicio, matizándolo con suave luz, no inquisitiva.

Me gusta, sin embargo, la cita; más, desde luego, que esa inestable y peligrosa casa sobre una cascada.


(Mi confratello Alfaraz disentirá, imagino).


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