jueves, 26 de abril de 2007

Etimologías


La primera vez que leí las Etimologías, quedé sorprendido del sumario de cosas y de la forma tan sumaria de exponerlas. Si fué el libro más leído y copiado y difundido, amén de la Biblia, entre los siglos VII-XI en la Europa de la oscura Alta Edad Media, se entiende el bajón cultural de aquella época de crisis.

También me sorprende siempre que la Hispania visigoda fuerte y unida que conoce San Isidoro, sea la España invadida y vencida por los árabes menos de un siglo después. Pero todavía es más sorprendente que el eco de aquella España isidoriana haya llegado hasta nosotros, tan relativamente sonoro.

Mi primer acercamiento isidoriano, todavía de estudiante, fué un trabajo sobre el IIº Concilio Hispalense, en 619. Parece que estoy viendo el volumen del Tejada y Ramiro que me consiguió mi maestro, el P.Antonio García del Moral, dominico, al que tanto echo de menos para tantas cosas; sabía aconsejar, orientar, documentar, como un verdadero maestro. El trabajo resultó brillante. Entre insulsos temas "de actualidad" escogidos por mis compañeros de áula, este servidor expuso un "Breve estudio del florilegio patrístico del IIº Concilio Hispalense, bajo San Isidoro. Cuestiones Trinarias y Cristológicas", que conmocionó al profesor y al alumnado, que no sé si se enteraron siquiera de qué iba la cosa. Triunfante, así salí yo; y también isidoriano agradecido y de afición.

No me gusta, sin embargo, esa vocación politiquera que le quedó como herencia isidoriana (y leandrina) al episcopado español, tan proclive a meterse en fangos de este mundo, vicio del que no se han librado todavía y que, al parecer, viene con la mitra como el piojo en la liendre.

Pero mi afición isidoriana es más libresca que piadosa; quiero decir que le leo, le admiro, le rezo lo hay que rezar...pero no le tengo devoción-devoción. Quizá porque en Sevilla tampoco se le tiene demasiado apego, me parece. Tiene Parroquia dedicada, hay algunas reliquias suyas, sale en el Corpus en imponente imagen de plata de las del Altar-Monumento de Laureano de Pina, y el admirable retrato que le pintó, figurándoselo, Murillo (una de las mejores pinturas de obispos de todo el Arte Cristiano); hasta sale en los escudos de la Ciudad y del Sevilla F.C. Se le recuerda, se le cita, se le admira...pero devoción-devoción, no se le tiene, que yo sepa. No sé si en León se la tendrán, que allí es tradición que está su cuerpo.

Eso es otra cosa que me gusta contar del Santo: El episodio del descubrimiento-traslación de sus Reliquias de Sevilla a León. ¿Lo cuento?...Pués ahí va:

Resulta que al Rey Fernando I de León se le antojó, no sé por qué, tener reliquias de Santa Justa. Como hacía poco que había hecho tributario suyo al rey taifa de Sevilla Al-Mutandid (el padre del rey poeta Al-Mutamid, el de la Romayquiya), organizó una embajada para que buscaran y se trajeran de Sevilla las reliquias de la Santa (que tampoco sé por qué el empeño en Santa Justa y no también en su hermana Santa Rufina, cuando bien se sabe que estas dos siempre iban y van juntas y con la Giralda enmedio). La embajada la presidía el entonces obispo de León, un santo varón llamado Alvito (o Avito); con él iba también el obispo de Astorga, un tal Ordoño.

Llegados que fueron a Sevilla, el pobre Al-Mutandid se vió en el apuro de confesarles que allí no tenían ni remota idea de dónde pudieran estar y conseguirse las reliquias de Santa Justa, con lo que quedaron todos - incluídos el rey moro - desazonados y desconsolados. Pero...He aquí que aquella noche, estando dormido Don Alvito, vió aparecérsele - en sueño o en visión, a saber - a un imponente obispo con mitra y báculo que se le presentó como San Isidoro, y que dando tres golpetazos con el regatón del báculo le decía con solemne voz: - "Hic, hic, hic! corpus meum invenies!!!"(Aquí, aquí, aquí! mi cuerpo hallarás!!!).

Y así fué, porque repuesto del susto Don Alvito de León, los moros sevillanos y los cristianos leoneses se pusieron a buscar y encontraron las reliquias corporales del gran San Isidoro que, envueltas en ricas telas ofrendadas por Al-Mutandid, fueron llevadas desde Sevilla a León. Por cierto que en el viaje se murió Don Alvito, no se sabe si del susto o de la emoción, o de las dos cosas. Y allí que quedó San Isidoro, con Colegiata, Panteón de Reyes y magnífica arca de plata con Custodia y todo, en León, donde le tendrán la devoción que en Sevilla apenas se queda en memoria.
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Todo esto sucedió el año del Señor de 1063, que era cuando estas cosas pasaban, y aquellas Etimologías se copiaban y leían y admiraban. Si uds. dudan, no duden, que lo cuentan tres crónicas: La Silense (de Silos, de principios del siglo XII), la Najerense (de Nájera, segunda mitad del siglo XII), y la Historia de los Milagros de San Isidoro, de Lucas de Tuy (s.XIII).

Hace unos años hice solemne donación a una Hermandad vinculada a mi familia de una reliquia de San Isidoro, con su auténtica y todo, que tenía en casa. La Hermandad quedó honradísima y mandó labrar un rico relicario de plata, donde ha quedado expuesta la reliquia isidoriana, a los piés de la Virgen: A Esa sí que le tengo devoción... (Seguro que San Isidoro me comprende).


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miércoles, 25 de abril de 2007

Tan lejana proximidad


A veinte y pico años luz de la tierra, han descubierto un planeta (exo-planeta, precisa la noticia, pero yo no sé precisar qué sea la exo-planetidad) que, según sus científicos descubridores, reúne las condiciones para una eventual vida: Densidad de atmósfera, temperatura, gravedad, agua...

No me queda claro si a 20 y pico años luz y con un telescopio desde Chile, se pueda precisar tanto; tampoco si el concepto de vida que se entiende es vida vegetal, animal o racional; incluso me cabe la duda de si se distinguen esos niveles de vida cuando la ciencia de hoy habla de vida. De todas formas, esa vida a 20 y pico años luz, sería - si ha sido, es o fuese - una vida extra-terrestre.

La vida extra-terrestre es, hasta ahora, una ficción en la que el hombre ha proyectado sus límites. Desde Verne hasta Asimov pasando por el cómic y el cine, el género de ciencia-ficción ha extrapolado a los mundos extraterrestres las miserias y veleidades terrenas, tal y como los griegos trasladaban al Olimpo y su Panteón inmortal las cosas más pedestres de su mundo heleno, desde las infidelidades domésticas, a los celos, las envidias y las venganzas de los mortales.

La sugestión de existir en un universo cerrado, es una de las fatalidades heredadas que la ciencia, el pensamiento y la ficción repiten atávicamente, sin poder liberarse de ella; quizá por el lastre que el mismo Universo material y su gravedad (sea lo que sea esa gravedad del Cosmos) impone sobre los que lo habitamos.

Cuando se olvida la profunda revelación de que "...en Él vivimos nos movemos y existimos...", hasta el mundo más remoto será el repetido escenario de un previsible hastío; para uno que espera Cielos nuevos y nueva Tierra, el exo-planeta de la estrella Gliese-581, es una tediosa vulgaridad...a veinte y pico años luz.

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martes, 24 de abril de 2007

Portada efímera-exportable


Sevilla ha sido desde siempre - desde siempre que fué Sevilla - maestra en "arquitecturas efímeras", que es algo así como los castillos en el aire, los castillos de arena, los castillos de náipes...pero un poco más real y con
cierta tectónica, aunque sea de cartón piedra.

Argumento de autoridad al canto:

Voto a Dios que me espanta esta grandeza/
y que diera un doblón por describilla;/
porque ¿a quién no sorprende y maravilla/
esta máquina insigne, esta riqueza?/


Por Jesucristo vivo, cada pieza/
vale más de un millón, y que es mancilla/
que esto no dure un siglo, ¡oh gran Sevilla!,/
Roma triunfante en ánimo y nobleza./


Apostaré que el ánima del muerto/
por gozar este sitio hoy ha dejado/
la gloria donde vive eternamente./

Esto oyó un valentón, y dijo: "Es cierto/
cuanto dice voacé, señor soldado./
Y el que dijere lo contrario, miente."


Y luego, incontinente,/
caló el chapeo, requirió la espada,/
miró al soslayo, fuese, y no hubo nada.


Es el célebre soneto de Cervantes al túmulo que en la Catedral de Sevilla se levantó para las honras fúnebres de Don Felipe II (que por disputas por prevalencias y puestos de honor entre las autoridades hispalenses, se tuvo que suspender y no se pudo celebrar hasta varios años después...pero esa es otra historia). Tampoco comento el soneto con su estrambote, tan agudo en captar el santo y seña de Sevilla, del barroco, y del momento aquel de la España que enterraba su efímera gloria con el Rey.

Esto viene ahora porque hace un ratito se encendía la portada de la Feria, la de este año 2007, que es la arquitectura efímera de más imponente máquina que se levanta en Sevilla; ayer por por un Rey, hoy por la Feria.

Un personaje llamado "El Perlo", ha sido desde hace años el ideísta de las portadas; las trazaba con tiza sobre el papel y los paneles, y luego se montaban sobre estructuras que antes eran de palos y madera y ahora son de tubos metálicos, además de vientos de alambre (antes) y cables tensores (ahora). Me parece que "El Perlo" - el hijo de "La Perla" - no idea ya las portadas, sino que son arquitectos que han tenido el buen gusto de seguir el estilo de aquellas portadas que se han copiado y plagiado y re-interpretado por toda Sevilla, su Provincia, Andalucía y España entera, con perdón.

Y es que Sevilla es creadora-creativa de formas, y las exportamos sin querer, porque no se inventan para los de fuera, pero como gustan, las toman y se las llevan. La Feria, por ejemplo, es algo tan sevillano para los sevillanos que ni siquiera congenia con todos los sevillanos, pero que encanta a los que vienen a Sevilla, que terminan haciéndose adictos o montando una feria a la sevillana cuando llegan a su pueblo, ciudad, o patria. Por eso las sevillanías o sus sucedáneos están rodando por el ancho mundo, y se bailan sevillanas hasta en el Japón, sin exageración.

Pero son tambien arquitecturas efímeras, como la portada de Feria con sus yo-no-sé-cuántas-mil- bombillas, farolillos aparte, que acaban de encender. Se ha montado para que dure una semana, de Lunes a Domingo, nada más; pero para el año que viene, si Dios quiere, otra.


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lunes, 23 de abril de 2007

El Señor San Jorge

Hoy se celebra todavía San Jorge...por un pelo: Por un providencial pelo.

Ya los bolandistas (les tengo cierta justificada manía a esta tropa) lo sometieron a una tala que dejó al frondoso árbol en escuálido plantón con rodrigón, pero el riesgo mayor le vino cuando la reforma litúrgica del Vaticano II, que a punto estuvo de expurgarlo del Martirologio. Fué desconsideradamente eliminado de las memorias obligatorias del Misal Romano, y apenas se toleró la supervivencia del culto porque razones de irremovible peso lo aconsejaban; esto es: Se temió la reacción de los cristianos de Rito Oriental, que desde Alejandría a Moscú pasando por el Athos y la Capadocia, le profesan ferviente devoción al Agios Georgios.

Hoy te garantizan poco más que el martirio de un cristiano - posiblemente militar, quizá en relación con el palacio imperial o la corte - en Nicomedia, la ciudad de residencia del pérfido Diocleciano, el gran perseguidor de la Iglesia y los Cristianos, a fines del siglo IIIº y comienzos del IVº; lo demás, dicen, leyenda.

Y a mí se me revuelven los centros cuando dicen "leyenda" como si dijeran prensa amarilla. Leyenda es y ha sido la más rica veta de literatura y arte que nos ha llegado desde que somos Historia, e incluso desde antes. Leyenda es la Legenda Áurea del Medievo, recompilada y escrita por Jacobo de la Vorágine (seu Btº Iácopo di Varazze), que te sumerge en la Edad Media con sólo hojearla, y que cuenta cosas maravillosas de San Jorge y sus hazañas.

Me desentiendo del Sant Jordi, amariconado por los catalanes con la cursilería del capullo y el libro, allá ellos! y que se las entiendan con el Santo, que ha pasado de ser excelso Patrón a mero comparsa del dia de los capullitos de rosa y los libritos de temporada (ejemplo palmario de secularización, que los de la Ciudad Condal siempre han sido muy adelantados para los laicismos).

Pero rompo lanzas por el Agios Georgios de los iconos, desde la Tebaida al Tauro; por el San Giorgio in Velabro de Roma, dove sotto il suo Altare si trova il capo venerábile del Mártire; por el San Giorgio Maggiore veneziano; por el Saint George de la artúrica Anglia, también; y por el florentino de Paolo Ucello (envidia del cómic universal).

Y es que soy georgiano por alcurnia sevillana: Hermano de la Hermandad de la Santa Caridad, que tiene sede en su Iglesia del Señor San Jorge, aneja al Hospital fundado por el Venerable Don Miguel de Mañara, frente al Guadalquivir, en pleno Arenal de Sevilla y olé! Torre del Oro, donde los sevillanos corren los toros, un poco más allá.

Hasta escondo -ay!- una nostalgia georgiana-sevillana: Que la incultura de los políticos liberales (todos los políticos tienen esas liendres) derribaran el Castillo de San Jorge, en el Altozano de Triana, en la otra orilla del Rio, donde tuvo su sitio el Santo Tribunal de la Inquisición con sus legendarias cárceles de eximios huéspedes, desde San Juan de Ávila al Fidelio de Beethoven.

En Triana hoy sólo queda la calle San Jorge y un San Jorge espléndido en el Retablo del Altar Mayor de la Real Parroquia de Señora Santa Ana (Viva Señá Santa Santa!!), del pintor Pedro de Campaña, patriarca de la Escuela Sevillana, que nació en Flandes pero tuvo el talento de venirse a vivir, pintar y morir en Sevilla.

Otro San Jorge precioso, pero en talla del maestro Don Pedro Roldán, recibe culto en el Altar Mayor de su Iglesia, en la Stª Caridad; este no va a caballo, sino que como el florentino del Donatello está de pié, con coraza y escudo, pero con lanza y casco emplumado (en Sevilla, un casco que se precie tiene que tener plumero estilo Centuria Macarena, ya se sabe).

Total, que a pesar de los bolandistas, los liturgistas y las mariconadas de la rosita y el libro, San Jorge adest en el siglo XXI, con dragón y recatada princesa, que van en el lote completo (la princesa y el dragón) junto con el caballo (blanco, efectivamente, como el de Santiago, también caballero y caballista).

La memoria libre del Misal Romano tiene su colecta, que el que sepa de eucologios sabrá apreciar su remota antigüedad distinguible por la simple estructura y la profunda intención deprecativa:

Señor, alabamos tu poder y te rogamos que San Jorge,
fiel imitador de la Pasión de tu Hijo,
sea para nosotros protector generoso en nuestra debilidad.
Per Xtº. Ntrº. Sñºr. ...Amén.


Y me quedo con la sugestiva certeza de que tuvo que ser grande, muy grande ese Jorge para que la Iglesia de Xtº le recuerde así y pida así su protección; como la Princesa aquella ante el dragón aquel, hoy nosotros con los dragones postmodernos, pero San Jorge está de nuestra parte, gracias a Dios.

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sábado, 21 de abril de 2007

Caligrafías

He estado corrigiendo unos exámenes, de gente de mi edad, señoras cuarentonas, mayormente, con algunas de treintitantos; como otras veces, espontáneamente, he clasificado edades y educación por la caligrafía. Sin tener siquiera rudimentos de grafología, sólo observando, saco conclusiones con bastante aproximación a la realidad. Pero se padece una universal decadencia de la caligrafía, la buena y educada caligrafía que definía tantas cosas de la gente y era una nota de educación y de distinción.

Una vez mi padre acudió a un amigo suyo, excelente caligrafista, para rotular una dedicatoria en un libro de regalo; a él no le pareció bien su letra, y ya quisiera yo tener la letra de mi padre! Tan cabal, selectamente masculina, admirablemente legible y elegante, con cada letra tal y como debía ser, pero con el pulso y el trazo inconfudible de un abecedario personalizado en olografía.

De la letra de mi padre a la mía hay un bajón, que yo noté desde niño, cuando me gustaba leer las postales ocasionales que mi padre me escribía, o alguna de sus cartas, y comparaba admirado mi letra con la suya. Mi caligrafía, en cambio, es cursiva, de pata de araña y vírgulas de notario antiguo; pero sé que impresiona cuando me la leen (o intentan interpretarla/descifrarla) porque no es vulgar ni repetida, sin ser deliberadamente estudiada: Escribo así.

Mis hermanas escriben en redondilla, letra de niña, con un toque agarbanzado; mi hermano es tremendo, y sus renglones siempre me han dado repelús, los leo de prisa, enmarañándome la vista entre sus letrajos. Mi madre y mi tía Antoñita, tienen la misma letra, letras "de bastidor", lentas y con moñitos, como si las bordaran; las madres de algunos de mis amigos, que son de su misma edad, escriben casi igual y lo mismo, con cierta esclerosis gráfica por falta de práctica, ya que lo que más escriben es la firma, listas de compras, notas caseras y poco más.

Mis abuelas y mis tías usaban una exquisita letra inglesa, un poco conventual, porque la aprendieron en colegio de monjas. De entre todas, tía Aguasantas tenía letra de rancia nobleza, hasta en los márgenes y el espacio de la firma. Una belleza de letra aunque escribiera un pedido de tabaco (era viuda y con estanco, que era honroso negocio, sin desdoro para viudedades selectas de provincias).

Pero la que se llevaba palma del mérito era tía María Antonia, que hacía caridad escribiendo cartas. Yo no sé si fue idea propia u ocurrencia recomendada, pero en los años de la guerra y la posguerra le escribió cartas a casi todas las madres y novias "sin letras" del pueblo. Y tantas veces poniendo el papel, el sobre y hasta el sello; "...si no tenían para el puchero, cómo iban a gastar en cartas!...", decía.

Hace unos años, me llevé una sorpresa de esas que te imponen corrección de prejuicios. Fue cuando iba a clases de filosofía en el Angelicum, y coincidí durante unos seminarios sobre Escolástica con gente de otros sitios, entre ellos un grupo de novicios y seminaristas africanos; hablaban en francés y asistían a las lecciones de una religiosa dominica francesa, Soeur Jacqueline L'Amoureux, una especialista en filosofía contemporánea con un bigotazo que la toca le resaltaba llamativamente. Después de una de las sesiones, me interesé por unas bibliografías y me dirigieron a Soeur L'Amoureux, que me las prometió para aquella tarde. Me las entregó en un folio a mano, con una preciosa caligrafía, tan bella que le comenté algo a propósito; ella, sonriendo con su bigotazo intonso, me dijo que no era su letra, y llamó y me presentó a Étiènne, un chico muy simpático, que hablaba un francés de la Sorbona y escribía como un experto pendolista; me contó que aprendió a escribir en su poblado del Congo, en la escuela que allí tenían unas monjas misioneras de la misma congregación que Soeur L'Amoureux.

Yo me alegré y di gracias a Dios, que hace las cosas tan bien y escribe vida con insuperables caligrafías, aunque hoy se vean pocas de calidad notable, y casi no tenga sentido ya la admonición escolar de -"Despacito, y buena letra", con la falta que hace.

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miércoles, 18 de abril de 2007

Sangre común

Todo el mundo civilizado se ha estremecido a causa de los treintitantos estudiantes asesinados por un demente en una universidad de los USA; desde el Lunes pasado, las fotos del suceso han estado en primera página de prensa, noticiarios e internet. Junto a las fotografías de los jóvenes tiroteados, la del presidente Bush jr, que se declaraba "horrorizado" por este nuevo crímen sin sentido, que no es el primero ocurrido en su país.

En otro plano de la actualidad, los muertos de hoy en Bagdad han sido más de 130, que no horrorizan ni al cretino envilecido que preside los EEUU, ni al mundo que se ha acostumbrado a los muertos de Bagdad.

Hasta que el mundo no vea sentados ante un tribunal a personajes tan poderosamente perversos, capaces de provocar una guerra amañada ante la opinión pública, el escándalo por las víctimas de un demente sólo será hipocresía teledirigida de una sociedad enferma que desvaría.

Siento casi un deber moral clamar por el horror de Oriente Medio y la guerra de Irak, para que conste. Y quizá recordarme a mí mismo que no existe una sangre con más derechos que otra para ser derramada en balde, sea el demente autor de la matanza un estudiante perturbado, o un degenerado político encumbrado a una poderosa e impune presidencia.


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