domingo, 7 de enero de 2007

Armonía perdida


Hace unos días me animaron la mañana con la noticia de la aparición de un manuscrito supuestamente perdido: Un breve tratado de ajedrez de fines del siglo XV dedicado a Isabella D'Este y Francesco Gonzaga, marqueses de Mantua, probable obra del franciscano Fray Luca Pacioli (ca.1440-1517), uno de los más reputados matemáticos de su época.


Desde niño me ha fascinado la pintura de Jacopo de Barbari, con la imagen del fraile y el poliedro transparente y flotante, uno de los más enigmáticos retratos del Renacimiento.


Un franciscano italiano, aritmético y cortesano, religioso de convento y doctor en la universidad, que teoriza sobre ajedrez y es amigo de Leonardo da Vinci; Leonardo mismo dibujará para fray Pacioli, y fray Luca instruirá a da Vinci en secretas armonías del universo.


Aquella época dorada del Renacimiento era escenario de mentes y obras así, con tanto del armónico medievo, con tanto de la armónica antigüedad. De fra Pacioli están tan cerca Pitágoras y su mística de número y música, como Copérnico y sus hipótesis cósmicas.


Por lo menos hasta Spinoza, el de la "Ética monstrata more geométrico", Occidente vivirá en armonía de espíritu y ciencia, de razón y fe, de número y ánima.


Qué infeliz nuestro tiempo, que no sabe, que ha perdido la sabia armonización del fraile y el poliedro, de aquello que él nombraba tan bien nombrado DE DIVINA PROPORTIONE.


#

viernes, 5 de enero de 2007

Noche de Reyes


La noche-madrugada entre el 5 y el 6 de Enero, me afecta. No sé si se me nota; yo sí me lo noto. Y quisiera tener tres o cuatro o cinco años de esos que tengo-que tuve, pero sin los cuarenta que vinieron después.
.
Y que sigan viniendo - Vive Dios! - otros cuarenta o cincuenta más; pero que entre el 5 y el 6 de Enero se me vuelvan, por una noche y su sueño, por una mañana y su despertar, los pocos años aquellos que me laten dentro.
Si no, seguiré consolándome nostálgico, sólo con mi afección de Reyes.
*

martes, 2 de enero de 2007

Período interglaciar


Cada vez que leo algo sobre el fenómeno del cambio climático, recuerdo la lección de las Glaciaciones, con sus dibujos, y sus diagramas, y sus mapas. Lo que no recuerdo muy bien son los nombres...


A ver; allá van, de carrerilla, tal y como se me viene a la memoria: Günz, Mindel, Riss, Würm; y los períodos interglaciares: Günz-Mindel, Mindel-Riss, Riss-Würm.


- ¿No es así, Señita Lucía? (Mi Señorita Lucía fué mi mítica profesora de Geografía, Historia, Literatura y Latín. Mítica y legítima 100%, como las tortas de acéite de Inés Rosales).


Pués con aquella lección de glaciaciones y glaciares, un servidor - que un servidor es de letras desde los 14 añitos - colige que estamos en un período interglaciar que todavía no ha "tocado fondo" y que sabe Dios cuánto durará todavía y cuándo acabará, para dar paso a otro período de glaciaciones cuaternarias. - Porque todavía estamos en en el Cuaternario, ¿no, Señita Lucía?


Yo no sé si la atmósfera está recalentada con gases y combustiones mil; pero lo que sí sé es que la gente, tanta gente, no sabe que estamos en el Cuaternario y en período interglaciar. Que no lo sepa la gente, anda ya!...Pero que asusten a la gente y las culpabilícen con lo de los gases cuando tantas perrerías mayores y peores que encender el butano o arrancar una moto se hacen y se dejan hacer...


Lo malo es que, cuando el Cuaternario empezó, ya fuera con glaciaciones o entre ellas, la humanidad progresaba en humanidad y se humanizaba; pero hoy, con el Cuaternario por dónde va y a mitad de este perído interglaciar, la humanidad se deshumaniza con vertiginosa aceleración deshumanizante.


- ¿En qué punto del Cuaternario estamos, Señita Lucía?
- Y la próxima glaciación ¿cuándo empezará, Señita Lucía?


Porque, me parece, necesitamos una glaciación urgentemente.


Una Glaciación ya!


.

domingo, 31 de diciembre de 2006

Sub specie aeternitatis


En una clase de Geografía, con doce o trece años, calculé que en el 2000 tendría cuarenta. De eso hace ya más de treinta años; hoy tengo cumplidos cuarenta y seis. De la primera infancia a la adolescencia, el tiempo transcurre lento, y un año vale una época. De la edad del pavo a los veinte, el tránsito es más rápido y llegas a los veinticinco casi sin enterarte, pero llegas. De los treinta a los cuarenta, se corre en alta velocidad y las estaciones apenas se ven pasar. Desde los cuarenta, los años vuelan; sin exageración.
.
Dice el salmista: "...Mil años en tu presencia son un ayer que pasó, una vigilia nocturna..." (Sal 89,4). Y entiendo lo que dice: Si el tiempo al mortal le pasa ráudo, al Inmortal se le disuelve en eternidad.
Boecio definió el concepto de eternidad con la sabiduría aquilatada del último clásico: "Símul ac perfecta possesio" ; la posesión perfecta y simultánea. Cada vez que digo o escribo esta cita, más me admiro de su profunda precisión al definir algo tan impreciso como lo eterno.
.
Los maestros de la espiritualidad cristiana, recomendaban que todo se examinase, se decidiese, se resolviera "sub specie aeternitatis", desde el concepto de lo eterno/teniendo en cuenta la eternidad. Y también le encuentro cada vez más sentido a la recomendación, con cuarenta y seis cumplidos y otro año pasajero a la puerta.
.
Recuerdo a un cura viejo con el que me confesaba en una de las Capillas más bellas y menos frecuentadas de Sevilla. Bajo un cuadro muy grande del Nacimiento (una excelente copia del original de Ribera), el mosén aragonés me decía al oído: "Hijjjo, hijjjo: Para el mundo, el tiempo es oro, pero para nosotros el tiempo essss Ccciieeloo, el tiempo esss Ccciiieeeloooo !!!" Y el aliento del asmático canónigo trasminaba a eucalipto y mentol y alcanfor, como si se estuviera embalsamando para la eternidad, que casi se respiraba en el estrecho confesonario.
.
Parece un sueño, pero ya es un ayer que pasó, con toda la grave realidad de lo que ha sido y el venturoso vaticinio de lo que será.
.
Así que giren los relojes, cáigan las hojas de los calendarios y cámbien los dígitos del tiempo que se mide: Yo vivo un tiempo que no se pesa en oro porque se pasa, sino que vale lo que espera: Cielo.
.

sábado, 30 de diciembre de 2006

Post bombam



Me revienta tener que hablar de bombas porque ponen bombas y te obligan a hablar de bombas.

Pero este malgobierno comenzó con bombas y le han vuelto las bombas. Si tuvieran dignidad y vergüenza y se fueran con estas bombas...Pero qué caras están saliéndonos las bombas y qué caro el malgobierno de los que contemporizan con los de las bombas.

El ideólogo estará satisfecho porque están realizando su alianza de civilaciones a bombazos intermitentes: Las ponen islamistas, las reponen etarras y revientan en alianza mortal a civilizados españoles, europeos, hispanoaméricanos, asiáticos, africanos...

Y el ideólogo quiere seguir entendiéndose con los de las bombas.

¿Un bailecito...y seguimos hablando? Venga!

.

Imagen de libertad



El año pasado, o hace dos años, en la Bienal de arte contemporáneo de Sevilla, uno de los pseudo-artistas de la muestra, escandalizó a Sevilla entera colgando el maniquí de un niño ahorcado en la puerta principal de la antigua Cartuja de las Cuevas. Era la moda, que llega tarde y con resaca a estas provincias nuestras, tan provincianas en gustos, modas y gobierno.

La Junta caciquera de Chaves pagó caro a los pseudos, la consejera de cultura lució el palmito por esa sombra de Cartuja (ay!, por donde las hembras no deberían aparecer ni a la legua) y la prensa sevillana comentó y recomentó durante una semanita lo del chiquillo ahorcado.

Falsa la ex-cartuja, falso el artista y falso hasta el escándalo. Todo fué falso, pero bien pagado y, en el fondo, bien visto porque dió que hablar.

Cuando la mil veces re-interpretada liberación del Irak se cierra (si se cerrara) con una horca y un ahorcado, la escena y su lectura es tan falsa como el niño de la Cartuja. Si ese es el "icono" que la libertad, la democracia y el Occidente dejan en el martirizado Irak, están tatuándose con un signo indeleble y maldito Occidente, su democracia y su libertad.

Tiene que estar muy pervertido un sistema y sus representantes cuando esa es la huella que dejan: Un ahorcado en una horca.

Si, encima, pretenden que el jeroglífico signifique libertad-justicia-paz, la falsedad y su perversión alcanzan cotas de, esta vez sí, genuíno escándalo.



+T. penúltimos de Diciembre del 2006

viernes, 29 de diciembre de 2006

El Drama Becket.


No sé bien desde cuándo y hasta qué edad se van fijando esas pequeñas piezas de "arquitectura interior" que conforman nuestro relativo pequeño mundo. Algunas, se marcan fuertes, pero se diluyen con el tiempo; otras, se confirman y enriquecen y perduran.

Recuerdo con detalle la noche que vi por primera vez la película de Peter Grenville Becket. La pusieron en la tele, en blanco y negro; mi padre se quedó conmigo hasta que acabó, ya de madrugada; yo tendría once o doce años.

Desde entonces, Becket ha sido uno de mis pequeños "mitos ingleses". Colecciono imágenes, libros, literatura, historia sobre Thomas Becket, y siempre a satisfacción. La época, el personaje y sus circustancias son fascinantes: La Europa de la Escolástica, las Cruzadas, las primeras universidades, las controversias y luchas del Imperio y el Papado, la Reconquista triunfante en España. Son las vísperas del cénit de la Edad Media, marcadas por el caso Becket.

La particular versión inglesa de la lucha entre el poder regio y el eclesiástico, se encarna en la historia del arzobispo Thomas Becket y el rey Enrique II Plantagenet. La mejor literatura ha sentido una particular atracción por la historia y sus dos formidables protagonistas. Tan distintos un T.S. Eliot (Asesinato en la Catedral, 1935) de un Jean Anouilh (Becket ou l'Honneur de Dieu, 1959), ambos desenvuelven sus dos versiones de los acontecimientos en medio de una solemne dramatización, con el Primado y el Rey como absolutos y fascinantes tipos antagónicos, casi en solemne justa, campeón cada cual de un poder opuesto a otro: El reino de los hombres versus el Reino de Dios.

Claro que la historia, no literaria sino documental, del Sínodo de Clarendon y sus consecuencias, es otra y con otras derivaciones; pero la literatura acierta al transportar a cierto plano trascente la lucha eclesíastico-estatal que representó el episodio Becket. Europa entera se afectó por el martirio del Santo Primado de Canterbury, la sangre sacerdotal derramada en su Catedral y por representantes de un poder real cristiano y consagrado.

Nuestra Europa, que se debate en este comienzo de Milenio entre el olvido de sus fundamentos cristianos y la emergencia de extrañas formas culturales, se ha enfrentado desde hace siglos a la Iglesia en cuanto poder, sin dejar de reconocer, más o menos, la fe en Cristo como la definitiva revelación de Dios y su Salvación. Una cosa era el mando de los hombres, y otra los Mandamientos de Dios; ni todo lo de la Iglesia era conforme a Dios, ni todo lo humano se le debía hurtar a la Ley Divina. En esta tensión de poderes (dos ciudades, diría San Agustín) se ha ido definiendo la estructura política del Occidente hasta la actualidad.

Hoy, los herederos de aquella lucha aparecen en franca desigualdad: En Europa el poder estatal ha barrido casi absolutamente la influencia en la vida pública de la Iglesia, que se resigna a ser debilitada contendiente, tenaz en sus reivindicaciones, pero impotente y sin recursos para alcanzarlas. Incluso, se niega o se obvia lo que, hasta hace poco, se había relativamente aceptado: El valor de la Revelación Cristiana en sí misma.

Y sin embargo, no existe en Occidente otro poder más definido que la Iglesia a la hora de presentar batalla al estado, sus ideologías y sus representantes políticos. El Imperio, las monarquías, el estamento feudal y los antiguos sistemas estatales han sido remplazados por repúblicas, parlamentos, partidos, estructuras financieras, medios...pero la Iglesia sigue siendo la Iglesia, perennemente la misma en su confrontación con el mundo y sus poderes.

Tengo grabada vivamente la escena de la película de Grenville, con Richard Burton en el papel de Becket, cayendo ante el altar atravesado por las espadas de los barones normandos; y también la otra, con Enrique II, interpretado por Peter Otoole, haciendo penitencia pública ante la tumba del Arzobispo mártir, su amigo y su oponente.

No sé quién será el Becket mártir del 2000, ni quién el penitente Enrique Plantagenet, pero estoy convencido que el conflicto se revive y re-protagoniza, como en un escenario de teatro o una pantalla de cine; cambian los actores, pero permanece el drama.


Stat Crux dum volvitur Orbis!


+ 29 de Diciembre, en la Octava de Navidad fiesta de Stº Tomás Becket, mártir.