sábado, 3 de enero de 2026

Un rezo ante el Pesebre



Dulce Jesús que duermes

pero no dejas

de oir las oraciones

de los que rezan:


Tú sabes que te pido

por tantas cosas,

unas con alegría,

con penas otras.


Ya se que mis palabras

conoces todas,

y hasta lo que me callo

ante Ti consta. 


que me repito tanto,

siempre lo mismo,

que esto mismo que digo,

ya te lo he dicho.


ya sea con los labios

o por escrito,

con lágrimas a veces,

o con suspiros.


Si desde que despierto

empiezo el rezo

e incluso cuando duermo

rezo entre sueños,


no se ajustar la cuenta

y me da miedo

de no guardar silencio

como los buenos,


que callan y meditan

de tu Misterio

abriéndote sus almas

en pensamientos


hondos, ricos, profundos

y de alto vuelo,

mientras yo apenas subo

desde mi suelo.


En estas noches vengo,

por ser las Pascuas,

a tu pesebre y canto

con toda mi alma


romances con letrillas

de villancicos

que igual te cantan otros

con mejor trino.


Mas todo esto que escribo

o que te canto,

sueño poderlo un día

subirlo un grado


en la escala bendita

que a lo más alto

por contemplar tu rostro

suben los Santos.


Hasta que ascienda, Cristo,

a tu montaña

y me goce en tu gloria

transfigurada


mi alma y mi ser entero

por tu mirada,

ten conmigo paciencia,

limpia y repara


mis rezos y coplillas

para que valgan

tal que humilde Salterio,

simple plegaria.


Jesús, Niño dormido,

¡Dios de mi alma!


+T.