martes, 8 de abril de 2014
De Lázaro a Caifás
En el Evangelio de San Juan, el milagro de la resurrección de Lázaro marca una inflexión en la narración, abocada ya, desde este episodio a la Pasión, tan cerca en el tiempo como en el espacio Betania dista de Jerusalén, al otro lado del Monte de los Olivos.
De este Evangelio me impresiona la tensión que el Señor, conscientemente (deliberadamente), va dejando crecer hasta que estalla en el desahogante reproche de Marta y en las lágrimas del mismo Cristo, como un desbordamiento de sentimientos personales y religiosos, de la carne y del espíritu, lo humano y lo divino en esa intensa conjunción que rige el misterio del Dios-con-nosotros, el Verbo encarnado. En este Evangelio, valdría decir la Palabra hecha emoción, Dios hecho llanto, recurriendo a la osadía de la siempre vertiginosa y conmocionante comunicación de idiomas.
Al fin, el clímax de la escena provoca una de las confesiones de fe cristológica más completas de todo el Nuevo Testamento:
"...Marta dijo a Jesús: 'Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas'. Jesús le dijo: 'Tu hermano resucitará». Marta le respondió: 'Sé que resucitará en la resurrección del último día'. Jesús le dijo: 'Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá;
y todo el que vive y cree en mí,no morirá jamás. ¿Crees esto?'.
Ella le respondió: 'Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo'..." Jn 11, 20-27
Marta, la activa y vivaz, la que servía al Señor con inquieta dedicación, tan distinta de María, su hermana; Marta no se resigna sino que golpea con su fe rotunda y sufriente el pecho del Señor; no le besa los pies ni le unge, no le derrama bálsamo, sino que confronta su esperanza dolorosamente decepcionada y abre su corazón rebosante de fe y sufrimiento; choca su alma con Cristo, con la bravura de quien sabe a Quien se está dirigiendo, con Quién se está confrontando en un combate de amor, dolor y fe, donde no se distingue qué le rompe más, si la muerte de Lázaro, su hermano, o la inactividad de Cristo.
El fin del episodio es terrible, porque nadie, ningún humano, está preparado para ver resucitar a uno que es cadáver hediondo de cuatro días. La voz imperante de Jesús Nazareno tuvo que resonar - pasando del oído al alma - en lo más profundo de cada uno de los que la oyeron, como un clamor ancestral, pre-humano, pues era la voz del Creador llamando a la vida.
Después sigue el Evangelio contando la turbación del Sanedrín porque muchos jerosolimitanos creían en Cristo al enterarse de lo de Lázaro.
La profecía de Caifás, sumo sacerdote, es un evangelio (Jn 11, 45-57) con un enunciado soteriológico implícito, que se pronunció sin entender su alcance, puesto que era la proclama primera de la Pasión: El pregón primero y más auténtico de la Semana Santa.
+T.
viernes, 4 de abril de 2014
Los tiros del sermoncete y la anti-formalidad francisquista
No es la primera vez que PP Franciscus arremete contra ciertos supuestos estilos, perfiles, paradigmas, actitudes pretendidamente típicos o identificativos de cierto clero católico, él sabrá cual. Particularmente, intuyo, por experiencia, por treinta años soportando esa clase de arremetidas críticas, contra quienes se dirigen. En muchos sitios, he escuchado muchas veces esas descripciones, pinceladas negativas silueteando un tipo que, más que real, era un collage, una composición a retazos, como el monstruo contrahecho del Dr. Frankenstein, pero con el resultado de un ser-clérigo fantasmal, producto de una selectiva y crítica elucubración, muy tendenciosa y prejuzgada.
En el sermoncete del otro día, volvió a lo mismo, insistiendo, a propósito del Evangelio de San Juan, el de la curación en sábado del paralítico de Betesda.
Siempre me ha resultado problemático extrapolar las censuras, muy concretas, que hace el Señor a farisesos, saduceos, herodianos etc. En los SS.Evangelios se dice, expresamente, que Cristo se refiere a ellos, a su comportamiento, a sus costumbres. PP Franciscus, por su parte, no tiene problema en reconocer en la Iglesia actual aquellos defectos:
"...Cristianos hipócritas, como estos. A ellos sólo les interesaban las formalidades. ¿Era sábado? 'No, no se pueden hacer milagros el sábado, la gracia de Dios no puede actuar el sábado'. ¡Cierran la puerta a la gracia de Dios! ¡Tenemos muchos de éstos en la Iglesia, tenemos muchos!"
Cuando el Papa dice esto, uno siente bastante malestar. No somos tontos e intuimos a dónde y a quién apunta el tiro (porque es un tiro, un tiro que causa heridas y deja heridos). Ya he dicho que tengo treinta sacerdotales años de saberme apuntado, tiroteado y herido. Injustamente, irreverentemente, impíamente. Sin caridad, sin esa caridad pastoral que se mienta tanto mintiendo tanto al mentarla y no practicarla.
La paradoja es que no es verdad, que al PP Franciscus le importan tanto las formas que veta formas e impone formas. Si no le importaran las formas no se habría enfrentado a las formas desde su misma presentación Urbi et Orbi, cuando salió al balcón sin muceta y sin estola. El que no valora las formas, no repara en las formas. Informal, muchísimo más que PP Franciscus, fue Juan Pablo 2º, que se saltaba todas las formas con una consciente inconsciencia muy lejos de la estudiada determinación de PP Franciscus.
Nunca me sentí - confiésolo - ni apuntado, ni disparado, ni herido sacerdotalmente por JP2º. Con PP Franciscus, sin embargo, ya digo.
Y digo también que la claque francisquista, aplaude, también apuntando, disparando e hiriendo. Imagino las escenas, las conversaciones, comentarios, puyas y puyazos, risitas y burlas que los sermoncetes de Stª Marta propiciarán en seminarios, residencias sacerdotales, reuniones arciprestales y demás foros y ocasiones clericales.
Qué pena. Y qué vulgaridad, cuánta triste vulgaridad.
A la postre, como un cómico estrambote, esa informalidad se paga muy caro, pues su precio es el respeto, el déficit de respeto.
Por ejemplo, sin ir más lejos, la descortés escena de hoy mismo: La Queen de la Gran Bretaña se retrasa veinte minutos y hace esperar a PP Franciscus, quien había concertado, previamente, un encuentro 'informal'. Y así ha sido tratado, a su gusto, con toda una regia informalidad.
En el summum de la no-formalidad, el regalo de la Queen al Sumo Pontífice: Una canasta con un pote miel, zumo de manzana y una botella de güiski. Para sonrojo y bochorno de cuantos lo presenciaron.
La vieja Queen de la Gran Bretaña señalaba al Papa la cesta con los comestibles: Esto es miel, esto es zumo, esto es güiski; el consorte de la Queen sonreía socarrón; PP Franciscus miraba estupefacto.
La visita, intercambio de regalos incluido, se despachó, de pie, en un cuarto de hora.
A tal no-señor, tal des-honor.
Lo peor es que no se espera el escarmiento, no se dan signos de corregir los yerros (ni los superficiales anecdóticos, ni los otros, más profundos).
+T.
martes, 1 de abril de 2014
Victoria y Paz
Lo que la des-memoria histórica de la piara marxista ha falseado y silenciado, en Sevilla es una institución sagrada, piadosa y popular, contra la que los malos (los vencidos) no se atreven a atentar porque goza del refrendo de la gente, del pueblo sencillo que sabe lo que pasó y se desentiende de imposturas impuestas, todo ello sin oponerse a nada, ni luchar contra nadie, ni reivindicar, ni movilizarse, puesto que basta la rotunda e incontestable realidad de una pacífica y no contradicha posesión.
La crónica de la Hermandad y Cofradia Sacramental del Stmº Cristo de la Victoria y Ntrª Srª de la Paz, da fe, con sencillas palabras, del cuando, cómo y por qué de su fundación:
"...Los sufrimientos de la recién terminada Guerra Civil y los deseos de que nunca más se repitieran están en el origen de la Hermandad de la Paz.(web Hermandad de la Paz)
Nos situamos en la Sevilla de 1939. La Guerra Civil española ha terminado el 1 de Abril. Ese año la Semana Santa se celebra con todo su esplendor ya que a Sevilla hacía tiempo que había llegado la paz y la ciudad era considerada como retaguardia.
En Sevilla, en la primavera del 39 se vivía intensamente el año de la Victoria. Durante el mes de abril, el Jefe del Estado, Francisco Franco visitaba nuestra ciudad siendo aclamado por la multitud. Se celebraba en la Avenida de la Palmera el Desfile de la Victoria, y la Virgen de los Reyes el 16 de Abril, y el Gran Poder el 2 de Mayo, salen en procesión para dar gracias por el fin de la guerra.
En la primavera del 39, toma posesión como Arzobispo de Sevilla el Cardenal Pedro Segura, un hombre de recio carácter y temperamento. Rápidamente afirmó sus criterios en lo litúrgico y en lo profano. El Gobierno de Franco halló en él un aliado perfecto para que a través de la piedad popular reconvirtiera la Sevilla marxista de 1936 en la Sevilla cristiana de la Postguerra.
En este ambiente de euforia por la llegada de la paz y de énfasis religioso se funda la Hermandad de la Paz (...)
Los fundadores de la Hermandad de la Paz, eran, ante todo, capillitas y cofrades sevillanos (...) deciden fundar una hermandad para (...) dar gracias a Dios por la llegada de la paz a España..."
En Sevilla, la Victoria con Paz, más que un recuerdo histórico real y verdadero, es una devoción ferviente que procesiona triunfante el Domingo de Ramos, con hábitos de paz y luz de victoria, fascinando a todo el que ve pasar entronizado al Cristo de la Victoria tomando su Cruz, y a la Madre del Señor aclamada, bajo palio, como Reina de la Paz.
Para nosotros, los que nos reconocemos en la victoria del 1-IV-1939, cuando pedimos por la paz conseguida, además de recordar un capítulo glorioso de nuestra historia - hechos y hombres - proclamamos una esperanza mayor y mejor, que trasciende los anales terrenos y se abre a un horizonte de gloria y eternidad.
Quiero decir, que además de haber sido vencedores y artífices de paz, somos también creyentes que aguardamos más victoria y más paz.
+T.
martes, 25 de marzo de 2014
Ave, Virgo ! Salve, Mater !
El aire que marcea
con brisa de romero
platea las finas alas
de Gabriel, mensajero,
que trae desde la cúspide
estrellada del cielo
la antigua profecía
vuelta nuevo Evangelio.
Portando una cándida azucena,
dice -'Ave, de gracia llena,
Dios es contigo, María,
no temas, sin par doncella,
que Dios con gracia te mira
y en ti sus dones recrea,
pues madre serás del Hijo
que en tus vírgenes entrañas
engendrará el Santo Espíritu
con potencia sacrosanta,
un Hijo que salvará
a la humanidad esclava
y reinará eternamente:
Jesús, fruto bendito
de tu inmaculado vientre'.
La Virgen, sencilla, reza
con obsequiosa aquiescencia:
-'Aquí está su humilde sierva,
que su Palabra en mí sea'.
Y un ejercito de ángeles
al cielo con ellos llevan
el 'Ecce Ancilla Dómini'
de la Virgen nazarena
y presentan al Dios Uno
y Trino aquella respuesta
que repara ante el Creador
la desobediencia de Eva.
Canten los ángeles todos
con ecos angelicales
¡Ave, María, Salve Madre!
que para salvar al hombre
el Verbo en ti se ha hecho carne.
Pídele, Virgen Bendita,
de Él y nosotros Madre,
que de su Reino gocemos
y eternamente alabarle.
Ex Voto
+T.
con brisa de romero
platea las finas alas
de Gabriel, mensajero,
que trae desde la cúspide
estrellada del cielo
la antigua profecía
vuelta nuevo Evangelio.
Portando una cándida azucena,
dice -'Ave, de gracia llena,
Dios es contigo, María,
no temas, sin par doncella,
que Dios con gracia te mira
y en ti sus dones recrea,
pues madre serás del Hijo
que en tus vírgenes entrañas
engendrará el Santo Espíritu
con potencia sacrosanta,
un Hijo que salvará
a la humanidad esclava
y reinará eternamente:
Jesús, fruto bendito
de tu inmaculado vientre'.
La Virgen, sencilla, reza
con obsequiosa aquiescencia:
-'Aquí está su humilde sierva,
que su Palabra en mí sea'.
Y un ejercito de ángeles
al cielo con ellos llevan
el 'Ecce Ancilla Dómini'
de la Virgen nazarena
y presentan al Dios Uno
y Trino aquella respuesta
que repara ante el Creador
la desobediencia de Eva.
Canten los ángeles todos
con ecos angelicales
¡Ave, María, Salve Madre!
que para salvar al hombre
el Verbo en ti se ha hecho carne.
Pídele, Virgen Bendita,
de Él y nosotros Madre,
que de su Reino gocemos
y eternamente alabarle.
Ex Voto
+T.
sábado, 22 de marzo de 2014
No todo se ha perdido
Después del impacto del yutube de la monja cabaretera, cuando leí que PP Franciscus saludó a un cura músico y le animó a seguir componiendo, me temí lo peor, imaginando otra escenita como la de la monja-pop, de vergüenza ajena.
Pero nada más lejos de mi temor, puesto que, en este caso, el sacerdote es un compositor de verdad, un músico capaz de crear piezas tan bellamente inspiradas como este Ave María:
Se llama Sergio Moreno Ruiz, es sacerdote andaluz, de la diócesis de Asidonia-Jerez (Jerez de la Frontera). En Zenit le publicaron una entrevista. Y en este blog también cuentan cosas suyas. Se declara admirador de Ennio Morricone, y en su Ave María algunos compases son un bello eco del Ave María que compuso el maestro italiano para la película 'La Misión'. También detecto cierta aproximación a la obra de mi admirado Hilarión Alfeyev, el joven metropolitano ruso.
Dios le dé gracia y Santa Cecilia le mantenga bien inspirado. A ver si remata una carrera como los grandes, para gloria de Dios y bien de la Iglesia.
Aunque, visto el panorama general músico-litúrgico-eclesial me pregunto qué será, si un resto del naufragio o un brote de sana renovación.
Oremus !
+T.
Pero nada más lejos de mi temor, puesto que, en este caso, el sacerdote es un compositor de verdad, un músico capaz de crear piezas tan bellamente inspiradas como este Ave María:
Se llama Sergio Moreno Ruiz, es sacerdote andaluz, de la diócesis de Asidonia-Jerez (Jerez de la Frontera). En Zenit le publicaron una entrevista. Y en este blog también cuentan cosas suyas. Se declara admirador de Ennio Morricone, y en su Ave María algunos compases son un bello eco del Ave María que compuso el maestro italiano para la película 'La Misión'. También detecto cierta aproximación a la obra de mi admirado Hilarión Alfeyev, el joven metropolitano ruso.
Dios le dé gracia y Santa Cecilia le mantenga bien inspirado. A ver si remata una carrera como los grandes, para gloria de Dios y bien de la Iglesia.
Aunque, visto el panorama general músico-litúrgico-eclesial me pregunto qué será, si un resto del naufragio o un brote de sana renovación.
Oremus !
+T.
miércoles, 19 de marzo de 2014
Ite ad Ioseph !
Para honrar la solemnidad del Santo Patriarca, he recordado este cuento josefino que aparece en uno de los relatos breves del Padre Luis Coloma, una narración popular-costumbrista titulada 'Ranoque', ambientada en Andalucía, que recoge un chascarrillo piadoso, del estilo de aquellos que contaban los frailes en las predicaciones de las misiones populares para ilustrar algún punto de doctrina. A mi entender, además de la impronta reconocible de Fernán Caballero, la fuente del p. Coloma bien pudo ser, salvando la procedencia del repertorio popular andaluz, alguna referencia directa, familiar o, más probablemente, conventual, por ese sabor de sencilla y profunda piedad católica (a pesar de algunas piadosas impropiedades), simpáticamente franciscana, o capuchina, que desprende todo el cuentecillo. Lo pongo tal cual, sin tocar la expresión del habla castiza típica de la Andalucía de fines del XVIII y principios del XIX, que el p. Coloma remeda con admirable gracia.
Ecce:
¿Sabe V. -continuó el buen viejo, deseando apartar a la viuda de sus tristes recuerdos-, lo que 'jizo' el Bendito Patriarca un día que su Divina Majestad le negó una gracia?...
-¿Cuento tenemos? -dijo Bautista. De la sierra había V. de ser, tío Ventura, para no ser chilindrinero.
-No es cuento, Bautista, que es sucedido - repuso el viejo -.
Pues vamos al caso, de que le llegó un día la cierta a un devoto de San José, y quiso colarse de rondón por las puertas del cielo. ¿Pero qué había de entrar, si venía too manchado de tinta?... que a la cuenta debía de ser alma de escribano. San Pedro le dio con el postiguillo en los hocicos, y me lo dejó montado en los cuernos de la luna. Pues vamos a que no faltó algún corre-ve-y-dile, que le diera el soplo a San José, y se va el Patriarca incontinenti a su Divina Majestad, a pedirle favor para su devoto. Pero su Divina Majestad le dijo que nones.
-¡Señor, que es mi devoto!
-¿Devoto?... que te encendía a ti media libra de cera, y al diablo todos los colmenares de la sierra.
Pues vamos a que, en estos dares y tomares, de que ha de entrar, que no ha de entrar, San José, que no es rana, y sabe dónde le aprieta el zapato, dice muy sentido, por ver si sacaba raja:
-Pues si mi devoto no entra, yo me voy...
-Vete con Dios -le dijo su Majestad.
San José, que lo que menos pensaba era en tocárselas, se va para la puerta con el sombrero en la mano: vuélvese a la mitad del camino, y dice:
-Pero es que yo no me voy solo... Que, según canta el refrán y también canta la ley, en matrimonio bien avenido, la mujer, junto al marido... Conque lo que es mi mujer, se viene conmigo.
-Pues que se vaya.
San José llama a la Virgen Santísima, le dice que se toque el mantón, y que se vaya para la puerta. Pero su Divina Majestad ni por esas se blandeaba.
-Pues es que si me llevo a mi mujer -dijo entonces el Patriarca-, me llevo también todo lo que es suyo.
-Pues llévatelo.
-Aquí tengo una lista que canta hasta la última hilacha.
Y se pone San José en medio del Cielo, saca un papel de la faltriquera, en que estaba escrita la letanía, y comienza a decir:
-Regina Angelorum... ¿A ver?... Vayan para allá todos los Ángeles.
-Regina Patriarcharum... Vayan todos los Patriarcas.
-Regina Prophetarum... Vayan todos los Profetas.
Y así fue relatando toda la letanía... ¡Compadre! cuando llegó a aquello de Regina Sanctorum Omnium, le dice su Divina Majestad:
-Mira, Pepe, anda fuera, lava bien a tu devoto y mételo dentro... Porque si me empestillo en no dejarlo entrar, me dejas tú, por justicia, solo en el Cielo."
Conque así se las gasta el Santo Patriarca cuando tiene empeño con alguno de sus devotos, a los que nunca priva de su poderoso patrocinio, como que es esposo, con todos sus derechos, de la Reina del Cielo. Y el único varón que en el mundo enseñó con autoridad al Omnisciente y mandó con potestad al Omnipotente.
El Omnipotente que le confió, seguro de su cabal hombría, a su Hijo. Su Hijo que se dormía en el regazo de José, feliz y seguro, acariciado por las manos del carpintero, besado por los castos labios del hombre a quien llamaba 'padre' con la complacencia del Padre.
San José es un misterio dentro del Misterio. Es un sagrario precioso de intimidad, amor, pureza, fidelidad, fortaleza, ternura y gracia. No tiene santo que le haga par, porque sin par fue su historia, su vocación, su ofrenda, su comunión con el Misterio de la Redención.
Todos los días le rezo y pido su intercesión. A la llave del Sagrario le puse una cadenilla con una medalla de San José; cuando abro y cierro el Sagrado Tabernáculo recuerdo al Patriarca, privilegiado entre todos los Santos con ese acceso directo al Corazón de Jesús, de su Niño Jesús.
¡Y al de la Virgen, su esposa!
Ite ad Ioseph!
Letanías de San José
Señor, ten misericordia de nosotros
Cristo, ten misericordia de nosotros.
Señor, ten misericordia de nosotros.
Cristo óyenos.
Cristo escúchanos.
Dios Padre celestial, ten misericordia de nosotros.
Dios Hijo, Redentor del mundo, ten misericordia de nosotros.
Dios Espíritu Santo, ten misericordia de nosotros.
Santa Trinidad, un solo Dios, ten misericordia de nosotros.
Santa María, ruega por nosotros.
San José, ruega por nosotros.
Ilustre descendiente de David, ruega por nosotros.
Luz de los Patriarcas, ruega por nosotros.
Esposo de la Madre de Dios, ruega por nosotros.
Casto guardián de la Virgen, ruega por nosotros.
Padre nutricio del Hijo de Dios, ruega por nosotros.
Celoso defensor de Cristo, ruega por nosotros.
Jefe de la Sagrada Familia, ruega por nosotros.
José, justísimo, ruega por nosotros.
José, castísimo, ruega por nosotros.
José, prudentísimo, ruega por nosotros.
José, valentísimo, ruega por nosotros.
José, fidelísimo, ruega por nosotros.
Espejo de paciencia, ruega por nosotros.
Amante de la pobreza, ruega por nosotros.
Modelo de trabajadores, ruega por nosotros.
Gloria de la vida doméstica, ruega por nosotros.
Custodio de Vírgenes, ruega por nosotros.
Sostén de las familias, ruega por nosotros.
Consuelo de los desgraciados, ruega por nosotros.
Esperanza de los enfermos, ruega por nosotros.
Patrón de los moribundos, ruega por nosotros.
Terror de los demonios, ruega por nosotros.
Protector de la Santa Iglesia, ruega por nosotros.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: perdónanos, Señor.
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: escúchanos, Señor,
Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo: ten misericordia de nosotros.
V.- Le estableció señor de su casa.
R.- Y jefe de toda su hacienda.
Oremos: Oh Dios, que en tu inefable providencia, te dignaste elegir a San José por Esposo de tu Santísima Madre: concédenos, te rogamos, que merezcamos tener por intercesor en el cielo al que veneramos como protector en la tierra. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén
Ex Voto
+T.
domingo, 16 de marzo de 2014
La Transfiguración, o el pudor de Dios
La Transfiguración de Cristo se me aparece como un misterio en correlato con el mencionado del Éxodo: Se trata, también, de una teofanía en la que está presente Moisés. ¿Dónde estaba Moisés? El profeta y sacerdote Moisés estaba en el Limbo de los Patriarcas, donde quedaban retenidas las almas de los justos que iban muriendo, en espera de la redención de Cristo. El primer misterio de su Resurrección sería descender a los infiernos y liberar las almas de los justos que esperaban su advenimiento. En la Transfiguración, Moisés es convocado y deja el sheol para contemplar a Cristo glorioso (o, más propiamente, pre-glorificado). En ese momento vio lo que en vida mortal se le ocultó, el rostro de Dios, que ahora le revelaba Jesucristo. En anticipo de la Resurrección, como un preludio de gloria, el antiguo liberador de Israel llevaría a las almas de los justos el evangelio de la inminente redención de Cristo.
Elías comparece siendo otra su situación, puesto que fue arrebatado en vida, quedando su estado envuelto aun en el misterio de su destino profético. También contempla el rostro de Dios revelado en el Hijo, Cristo Jesús. Poner en conexión la Transfiguración con la teofanía de IºRe 19, 9ss. es congruente: El Dios de la suave brisa ante quien Elías temeroso se oculta el rostro, se desvela al profeta que fue inflamado por el celo de Dios.
Mt 17, 1 y Mc 9, 2 precisan que la Transfiguración ocurrió seis días después de la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo y del primer anuncio de la Pasión; Lc 9, 28 dice que fue alrededor de unos ocho días después; también es San Lucas quien dice que Moisés y Elías hablaban con Cristo de su muerte/tránsito en Jerusalén. Cristo les estaba revelando el misterio de su Pasión y Resurrección; evangelizaba, en cierto sentido, al Antiguo Testamento, representado por dos personajes capitales, Moisés y Elías.
Alguna vez me he preguntado por qué esa reserva de la Gloria Divina ante Moisés y Elías, que no vieron su Rostro en el Antiguo Testamento, y por qué sólo tres escogidos entre los Doce Apóstoles fueron los testigos de la Transfiguración del Señor. ¿Por qué ese 'pudor' de Dios?
Es por el mundo, que no es lugar para mostrar la gloria infinita de Dios. Es por el mundo que no entendería esta gloria, confundiéndola con la 'gloria del mundo' que ambicionan los corazones ensoberbecidos de los hombres. Es por el mundo, manchado, execrado por las violencias y pasiones humanas.
Es por el pecado, que impide ver el Rostro de Dios, por el pecado que empaña la visión sobrenatural de los hombres, que no pueden ver a Dios: 'Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios'. Ni Moisés ni Elías ni ninguno de los Patriarcas y Profetas podían ver el Rostro, siendo pecadores, a pesar de ser hombres de Dios. En este sentido, la súplica del Salmo es sumamente ansiosa: 'Tu Rostro buscaré, Señor, no me escondas tu Rostro...' (Sal 26, 8)
Es mayor la gracia del Nuevo Testamento, la gracia de Cristo, que limpia los corazones y abre los ojos para poder ver a Dios hecho hombre. Pero su Sacrosanta Humanidad vela también su gloria, ¿por qué?
Porque Él quiere ser creído y amado no por su gloria, sino por ser quien es. Es el Hijo, "resplandor de la gloria del Padre, impronta de su ser" (Hb 1, 3), que al encarnarse nos revela a Dios en la humildad de la carne puesto que "en Él habita corporalmente la plenitud de la divinidad" (Col 2, 9)
La gloria que se resiste a revelarse en su potencia, no tiene pudor, sin embargo, revelándose pobre en el pesebre, oculto en Nazaret, humillado en la Pasión, desnudo en el Calvario. El pudor de la gloria, restringida a los testigos de la Transfiguración se desvela, sin reservas, a todos y para todos en la humildad del misterio de Cristo nacido y Cristo crucificado. Quiere ser contemplado, adorado, en la gloria de la pobreza y el dolor, del pesebre y de la Cruz. Para gozar de la visión de su gloria quiere que le creamos y reconozcamos en la humildad de su humanidad.
El relato de la Transfiguración nos conduce a otra escena correlativa, la de la oración y agonía en Getsemaní, el comienzo de la Pasión, con los tres mismos Apóstoles testigos de la Transfiguración, Pedro, Santiago y Juan, que en el Monte de los Olivos verían el rostro sudoroso y sangrante de Cristo, tan distinto de la faz transfigurada del Monte Tabor. Si en la Transfiguración contemplaron el Rostro glorificado de Jesús, en Getsemaní vieron la Faz doliente del Señor, se les reveló cruentamente el misterio de la Pasión del Redentor, orante y agonizante, asumiendo el cáliz de su sacrificio.
Además de Getsemaní, veo otra antítesis de la Transfiguración en la escena del expolio, cuando en el Monte Calvario Cristo es despojado de sus vestiduras y se mostró desnudo al mundo, privado de su gloria, inerme y expuesto a la mirada impura y ofensiva de los pecadores, Aquel ante cuya presencia tiemblan las Potestades angélicas y se encienden en incandescente amor y alabanza los Serafines, se dejó ver en el patetismo de su abandono, vejado y humillado, burlado y blasfemado, como Luz de incólume pureza cercada por la sucia calígine del pecado de los hombres y el mundo.
Incluso un extremo más: El Crucificado en la cumbre del Monte Calvario, entre los dos ladrones, parece una contra-transfiguración, un absurdo de anonadante humildad, la suma ocultación de la gloria divina.
San Pablo en IIªCor. 3, 18, a propósito del rostro velado de Moisés, nos predica este versículo, un precioso corolario del misterio de la Transfiguración: "...Nosotros, en cambio, con el rostro descubierto, reflejamos, como en un espejo, la gloria del Señor, y somos transfigurados a su propia imagen con un esplendor cada vez más glorioso, por la acción del Señor, que es Espíritu."
No se nos ve, pero portamos un resplandor de su gloria. Cuando rezamos, cuando recibimos su Cuerpo en Comunión, cuando practicamos su mandato de caridad, entonces viene a nosotros su gloria, que resplandece interiormente en el alma cristiana en gracia de Dios. Y nos va habilitando, poco a poco, para la Gloria futura: Para verle y gozar de su Gloria eternamente: "...ibunt de virtute in virtutem videbitur Deus deorum in Sion..." (Sal 83,8) .
Ut videamus facem tuam, Iesu, Dómine!!!
+T.
viernes, 14 de marzo de 2014
Unos ejercicos corrientes
Una de las fotos que se han publicado describe el ambiente de esta nueva versión/formato de los ejercicios de la Curia Vaticana. Ya no vemos al Papa, como vimos a Benedicto, recogido en su sitio, separado y fuera de la vista de los demás circunstantes. Ahora Francisco destaca entre todos los que están, sentado en un banco, rodeado de todos los ejercitantes, quasi unus inter pares si no fuera por la sotana blanca, que le distingue.
Supongo que por comodidad, todos, el Papa el primero (imagino), han aligerado su atuendo. Aparecen sin solideo y sin fajín; algunos hasta van de clergyman, sin ropa talar, de gris, incluso. Por supuesto, con pectoral barato de plata (o plateado), con cadena corta.
He dicho que todos van sin solideo, pero no, en la foto se ven dos solideos entre las cabezas senza zuchetti: Uno, un obispo u arzobispo, que no se ve quién es, en el extremo izquierdo de la foto (apenas se ve una parte del pileolus morado), y en el centro de la imagen, al fondo, entrando (quizá llegara un poco retrasado), el cardenal Leo Burke, con solideo cardenalicio, de sotana (y el pectoral con cadena larga y gancho en medio, me parece distinguir); faja no se ve si lleva.
Algunos prelados miran al frente, arriba, al vacío o al infinito. Otros miran de soslayo. Forman un grupo interesante, digno de comentario anecdótico, quizá, pero significativo, pienso yo.
¿No es 'corte papal'? Dígase que no, para no incordiar al Papa que no quiere corte. Pero se le puede llamar 'camarilla' - salva reverentia - tal cual se llamaba castizamente al grupo cortesano que pululaba en las cámaras próximas a la cámara regia, o en ella misma, por proximidad de afecto, empatía o estrecha vinculación de confianza.
Están de ejercicios. En una capilla más discreta que la estridente capilla de los mosaicos de Rupnik. Estando en ejercicios, entre las meditaciones y los rezos, recogidos y en silencio, recordarán y compararán escenas de otros ejercicios, de los del año pasado, sin ir más lejos (aunque estemos tan lejos del año que pasó).
Compartir casa, horario, capilla, comedor y demás servicios con el Papa ¿es mejor?
En Zenit están publicando unos resúmenes de las meditaciones de Mons. Donati. No me gustan. Son corrientes, del estilo de las que puede uno oír en unos ejercicios clericales corrientes. Ignoro si se ha buscado ese estilo, deliberadamente, según el estilo corriente de la casa, el comedor, las habitaciones y la capilla, todo corriente.
Confieso que cuando me voy de retiro o de ejercicios no busco lo que tengo al alcance cotidiano, sino que deseo algo distinto, de más calidad. Si me explico.
Sencillez es un concepto que algunos pueden confundir con otras cosas que son otra cosa.
Oremos, pues, por el Papa ejercitante y sus acompañantes, para que obtengan gracia y frutos.
+T.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)










