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viernes, 6 de enero de 2012

Un tríptico de Epifanía


Esta mañana puse en facebook un link a una imagen en alta resolución del Tríptico de la Adoración de los Magos, de El Bosco, una de las joyas de la colección escurialense de Felipe II que llegaron al Prado procedentes de la Colección Real, allá por 1839. Estuvo, hasta entonces, en una de las capillas de la iglesia del monasterio; se supone que era de las obras que estaban en el oratorio personal o la propia alcoba de Felipe II.

El raro, exquisito y sabio gusto artístico-pictórico de los Habsburgo es algo excepcional; a veces también sus dis-gustos. El mismo Felipe II que atesoraba los cuadros del Bosco y las pinturas del Tiziano, despreciaba las del Greco. No hay gusto perfecto. La fijación del austero monarca en las obras del fascinante maestro Hieronimus Bosch es un curioso particular, no sé si definitorio del carácter del personaje, pero, desde luego, muy sugerente.

Ver aquí en alta resolución

La escena representada es una Epifanía, la Adoración de los Magos: La Estrella, el portal-casa de Belén, la Virgen con el Niño en su regazo, los Tres Magos adorantes ofrendando oro, incienso y mirra. Todo lo demás, el resto de la composición, es original creativo del maestro Jerónimo, tan rico en imaginerías.

Las pinturas del Bosco son inagotables en figuras, anécdotas, detalles, paisajes, historietas, sugestiones, fábulas, mil y una circunstancias en torno a la escena central-mayor: El Misterio de Cristo y el mundo con sus pecados, locuras, bellezas y gracias, todo entorno.

Comento brevemente:

- Melchor (en primer plano, el mago calvo con capa roja) tiene a su lado la ofrenda de oro, ese objeto en el suelo, a la dchª del Mago (entre el palo del sombrajo y el manto azuloscuro de la Virgen) es una estatuilla dorada que representa el sacrificio de Isaac: Isaac lleva la leña para el holocausto, Abrahám levanta la espada para degollar al hijo de la promesa y el Ángel sujeta su brazo; detrás del altar está el carnero sustitutorio. Subiendo al plano referencial, la Virgen sostiene en su gremio al Cordero Inocente, sin defecto (desnudo, expuesto, en la debilidad de la carne asumida).

- El Mago Gaspar (en segundo plano, con capa azul) lleva bordada en la esclavina otra escena del A. Testamento: La Reina de Saba ante Salomón ofrenda dones al Rey Sabio. Se trata de un trasunto del propio Misterio de los Magos, que presentan dones ante la Sabiduría Increada, el Verbo Encarnado, postrados ante la Virgen Madre, la Sedes Sapientiae, que sostiene al Hijo con paño-lienzo-sudario-corporal (alusión a la Pasión y la Eucaristía); la orla de la esclavina de Gaspar también representa una escena de sacrificio (parace como un cordero en las brasas (¿alusión al sacrificio-cena pascual???).

- El tercer mago, Baltasar, el negro, lleva en el cuello y las mangas bordados de cardina (hierba amarga), y el pomo de mirra también representa una escena de ofrenda, que no distingo bien, pero debe ser también alguna referencia veterotestamentaria (¿o es José de Arimatea pidiendo a Pilato el Cuerpo del Señor???).

- Los que se asoman al portal por la puerta entreabierta, ventanucos, rendijas y vanos, son los príncipes de la gentilidad y el paganismo, que se acercan al Misterio, convocados por la Gracia de Dios, que se ha manifestado; los Magos son los primeros, después vendrán otros. También están los pecadores.

- La escena de San José, separado del grupo, como sorprendido por el ojo del pintor, tomando sopa bajo la cobacha del rincón, es característica del anecdotario iconográfico navideño de la época, siendo frecuente que San José aparezca como un personaje secundario, presente pero en cierta desconexión respecto a la escena central.

- Los paisajes son fantásticos, con perspectivas de vertigo y edificios inventados: Se acercan a Belén las huestes criminales de Herodes; en un bosquecillo (panel dchº) se esconde la Sgdª Familia que huye a Egipto.

- Las escenas menores son caprichosas, muy típicas del Bosco; en la hoja de la dchª unos lobos atacan a un pastor y una campesina; un jabalina corre con sus jabatos; en el panel de la izqdª unos campesinos danzan.

- En una y otra puertezuela, en primer plano preferente, los donantes son presentados en la escena por sus Santos Patronos: San Pedro al caballero y Santa Inés (hay un cordero cerca de ella) a la dama; detrás de cada uno, los blasones respectivos.

Y, como dije, mil detallitos más. Las pinturas de este género son para verlas y re-verlas, de cerca, en la intimidad familiar, como una distraída historia-revista-imaginarium.

Tuvo que ser una delicia para el Rey Prudente entretener sus agobios y tensiones contemplando las fascinantes figuraciones del Bosco.

Algunos dicen que estaba loco, que fue un artista alucinado que pintaba lo que lucubraba su mente extraviada. Necio el que lo piense: Un loco no pinta así.

Se nota, además que era un sincero creyente: Toda la extravagancia de sus inteligentes ocurrencias-referencias se vuelve ternura y piedad cuando representa al Señor y a la Virgen, con una cuidada reverencia, como con pudor, destacando la suave belleza de la Santidad por contraste con un fondo abigarrado donde se muestra y demuestra al mundo, a los hombres y sus cosas.

Sic apparuit Misterium.


+T.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Aproximación a Sir Thomas More

No recuerdo bien cuando fue la primera vez que ví el famoso retrato de More pintado por el maestro Holbein jr. , el que se conserva y expone en la Frick Collection de New York. Es una obra documental de valor singular, por el retratado y por el retratista. Yo soy un adicto holbeiniano, desde los 15 o 16 años, compulsivo coleccionador virtual de su obra.

Esta mañana me han alegrado el día enviándome muy gentilmente (¡gracias!) el link a una estupenda página de la Frick con uan exposición virtual de la obra que permite aumentar con una resolución de primerísima calidad el cuadro de Holbein, apreciándose la maestría del pintor al captar la figura de St. Thomas.

Entren y vean y disfruten Uds:

Santo Tomás Moro retratado por Hans Holbein el joven, en la Frick Collection de N. Y.


+T.

viernes, 1 de octubre de 2010

A propósito de la Sixtina


La primera vez que visité la Capilla Sixtina en el Vaticano, quedé tan desagradablemente afectado que tardé un par de años en volver. Saqué la conclusión de que debería cerrarse inmediatamente e imponer un severo y restrictivo numerus clausus que impidiera la invasión irreverente del populacho turista. Hay lugares y lugares, y la Sixtina no debería estar accesible por ser el lugar que es, precisamente. Eso pensaba y eso sigo pensando.

El tema se ha vuelto de actualidad por unos comentarios que hace un mes, poco más o menos, lanzaba el antiguo curador-director de los Museos Vaticanos, Francesco Buranelli, refiriéndose al peligro evidente que el turismo masivo causa a la Capilla y su contenido (si no me equivoco, creo recordar con escalofrío la cifra de unos 20.000 visitantes diarios).

Los turistas pasan por la Sixtina como por Piazza Navona o el Panteon, circulando. Se tienden en el suelo (está prohibido) y miran al techo michelangelesco, siquiendo el dedo o el puntero indicador del guía. Pocos miran Il Giudizio, menos famoso que las escenas del Génesis. Poquísimos se entretienen con los demás elementos de la colosal bóveda, lunetos, putti, mancebos, medallones. Y son un puñadito los que contemplan los frescos del Quatrocento, las pinturas laterales del Botticelli, Signorelli, Perugino, Pinturicchio, Roselli, tan preciosas. No saben lo que ven y ven sin saber. Cuando salen, van borrachos de imágenes inaccesibles, fatigados por un alud de belleza que excede su capacidad de contemplación. Pero se van dejando huella, toda esa suciedad ambiental que estremece a los cuidadores y restauradores de la Sixtina.

Desde su apertura, cuando se consagra a la Asunción de la Virgen, el mismo día de su solemnidad, el 15 de Agosto de 1483, por Sixto IV, en pleno fascinante y turbulento Quattrocento romano, los visitantes de la Sixtina fueron los habituales, la capilla papal (cuando había) y casi nadie más. Durante el Sacco di Roma sufre el atropello brutal de los lansquenetes imperiales, pero durante todo el siglo XVII y el XVIII se mantiene lo mismo, con la frecuencia ceremonial de las celebraciones pontificias. Algunos curiosos viajeros alemanes e ingleses van apareciendo en la Roma de mediados del XVIII, pioneros de lo que vendría después. En el XIX aumentan las visitas de extraños (digo extraños queriendo decir "no eclesiásticos"), atraídos por la fama del santuario, pero son todavía muy pocos. Cuando empieza la marea es a partir del pontificado de Pio IX, con las peregrinaciones internacionales; con Pio XI la visita es ya un tópico romano. Aunque no sé precisar desde cuando se incluyó la Sixtina en el recorrido de los Museos Vaticanos. Fue un error.

A su valor artístico, la Capella Sistina junta el histórico, igualmente de primerísimo y exclusivísimo rango. Desde Leon XIII los cónclaves papales se han celebrado todos sirviéndose de la capilla como aula del solemne acto. Personalmente, me repugna ver expuesto a la vista de cualquiera un lugar tan excepcional.

Un vulgar populismo ha tendido a franquear a las masas este y otros espacios consagrados, sin ningún tipo de reserva. El actual director de los Museos Vaticanos, Antonio Paolucci, se excusa con argumentos insuficientes, dadas las evidencias. Pero el más contundente es el de los ingresos aportados por los visitantes, que ignoro a cuánto ascienden, pero que comprendo sea un factor importante contando con el dificil equilibrio de los presupuestos del Estado de la Ciudad del Vaticano. Se comprende, pero no convence.

Lo suyo sería hacer una reproducción, como la que existe en las Cuevas de Altamira y otros recintos protegidos. La gente ni se daría cuenta, si no se les advierte. Las posibilidades documentales de una exposición-reproducción son muchas, compensando la sustitución del original con otros atractivos didácticos. Por supuesto, el acceso reservado a la Sixtina se regularía en atención de los vistantes que lo solicitaran y según sus motivos, dando preferencia a los que lo merezcan en razón de su interés justificado, con la posibilidad de ciertas fechas/ocasiones en las que se ofrecería una visita al alcance de cualquier interesado que lo solicitara, aunque manteniendo siempre el numerus clausus.

De hecho, en parecido sentido, ya existen en la Ciudad del Vaticano algunos espacios que sólo admiten visitas restringidas que deben solicitarse y que se conceden limitadamente, a grupos pequeños bajo la dirección de guías expertos. Me refiero concretamente a la Necrópolis Vaticana, uno de los enclaves arqueológicos más interesantes de toda Roma, y que sin embargo permanece bajo un riguroso control de visitas. Últimamente se ha habilitado desde la página-web del Vaticano una visita virtual, con el mismo itinerario que se suele seguir a través del antiguo cementerio donde se situa la tumba original de San Pedro --> Scavi Vaticani- Necrópolis Vaticana

Aunque hace un año, aproximadamente, que funciona, es ahora cuando se le está dando alguna publicidad. A pesar de sus limitaciones (necesitaría una presentación más manejable y facil, con más detalles y en más idiomas), no me extrañaría que este tipo de documentación virtual se fuera perfeccionando, y pronto ofreciera la posibilidad de acceder a través del mismo formato visual a otros monumentos de interés, como la Sixtina.

Insisto que en el caso de la Sixtina es urgente. Una voz de alarma debería ser suficiente.

p.s. El youtube que sigue lo dejo como ilustración-información de esa interesante exposición sobre la obra menos conocida del Buonarrotti.






+T.

sábado, 24 de octubre de 2009

Profanar lo sagrado, lo bello, la historia. La perversa imbecilidad de las izquierdas


Ayer, viendo uno de los telediarios de la TVE ztapera, sufrí un espasmo repulsivo cuando daban la noticia de la exposición que está causando admiración en Londres. La repugnante cretina anoréxica que daba la noticia, con cuatro palabras mal dichas, desacreditaba escupiendo que la exposición era: -"...exponente del catolicismo represor y el oscurantismo de la España de aquella época...". Seguramente se trata de una chica zp, del ministerio de la Sinde, pesebrera socialista, de esas que llega y ocupa plaza no por méritos sino por cuota de hembra.

La "cultura" postmoderna de la piara post-marxista es así. Una pincelada cultural barnizada con todos los topicos de la España más negra. La leyenda negra ha sido la teta nutriente de la mala leche de la historiografía de la España de socialistas y comunistas, tan cerriles en su culpable deformación que rayan el crimen de lesa historia cultural. Lo más grave es que no es la anécdota de una sub-periodista de telediario dando una gacetilla cultural de medio minuto, lo peor es que eso mismo es lo que alienta el líder de la alianza de las civilizaciones, el que pide en Damasco a los imanes que "recen por la paz". Cuando se cae en la cuenta de que el genio de las cejas circunflexas fue parido y criado en León, uno se pregunta cuántas conexiones neuronales tiene afectadas, o si será cosa de lesión de la glándula pineal, esa que decía Descartes que conectaba el cuerpo físico con el alma espirtual.

Que eso es, precisamente, lo que se expone en la National Gallery de London: "The Sacred Made Real". Lo material que expresa lo espiritual, con tal grado de eficaz impresión que transmite más allá de lo plástico y consigue conectar con el misterio: La forma de la fe.

El asombro de los cultos espectadores anglosajones va in crescendo de sala en sala, merced a la calidad de las piezas expuestas y del soberbio montaje que alterna escultura-pintura-texto. La presentación de las obras se extrema hasta lo exquisito gracias a la iluminación, ubicación de las piezas de la muestra, orden temático del catálogo. Todo, en fin, lo que la maestría de los profesionales museísticos sabe extraer cuando las obras de arte expuestas son de un nivel tan excepcional que imantan la creatividad del experto y raptan el ánimo de espectador sensible.

El sevillano o el andaluz (o el español) que visita la exposición londinense, primero se rinde como un extático ante la imponente sublimidad de lo expuesto. Cuando sale del impacto del primer estupor, repasa en un flash mental qué sería poder ver en un montaje así el arte que se ha quedado en Sevilla, y en Granada, y en Salamanca...Porque a la exposición de la National sólo han ido piezas secundarias. Aun siendo todas dignas del museo que les acoge, las "mayores" no han ido porque están "vivas" en la Iglesias, en los Conventos, en las Capillas. Son la imaginería viviente que se besa en besamanos y besapiés, que se alumbra con velas, que se perfuma con incienso, que camina por las calles en procesiones, que se llevan replicadas en una medalla sobre el pecho o en un cuadro en la cabecera de la cama, tan familiares como la propia carne y sangre.

La iconodulía - contraste de la fe Católica y Ortodoxa, la verdadera fe - no resiste museos, se expresa en el ámbito sacro del templo, no soporta la frialdad de una galería, reclama la templada atmósfera de la adoración; hasta es capaz de subir al grado del incendio fervoroso, del delirio místico.

En Londres, cuando admiran formas, movimientos, colores, expresiones, están aprendiendo en directo cómo el matiz de una encarnadura pintada por Pacheco está recubriendo de humanidad sensible la madera que esculpía Martínez Montañés, o Roldán, o Ruíz Gijón, o Alonso Cano, o Mena, o Mora; están sintiendo como un Yacente de Gregorio Fernández lleva latente la expectatio resurrectionis, como una conexión efectiva entre mundo y Gloria.

Merece la pena leer el catálogo, echarle una ojeada a la exposicón tal como se anuncia en el museo londinenese. Miren aquí.

Y no merece sino el estercolero incultural de las izquierdas y el progresismo infrahumanista la pútrida mala opinión de los que son naturaleza muerta tan agusanada como el hediondo pudridero de las Postrimerías de Váldes Leal. Con el agravante de que no esperan resurrección de la carne.

p.s. Supónese que las góticas de la Moncloa no irán el puente de TodoslosSantos a la National Gallery porque estarán celebrando Jalogüín.


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viernes, 28 de noviembre de 2008

Cardenal scherzando

En el Collegium de los Emmos. y Revmos. Sres. Cardenales de la Santa Romana Iglesia siempre ha habido un selecto grupo de insensatos, de distinta procedencia y razón de ser. Algunos han causado mucho daño, y otros se han consumido sin ruído en su insensatez (un cierto daño de "impedimentum" si les cabe porque podrían haber dejado el capelo para otras cabezas más dignas y servibles). Pero eso ha sido, casi siempre, así: Excepto en las santas épocas de las persecuciones y los mártires, los calabazos nunca han faltado entre los purpurados.

Que no es el caso del cardenal Cormac Murphy O'Connor; por lo menos no da la impresión. Los Cardenales de la Gran Bretaña han conservado todos bajo la púrpura romana su "sello" brithish-english, con garantía de origen. Desde Wolsey y Pole hasta el actual Murphy O'Connor y el Basil Hume de hace poco, pasando por mi estimadísimo Newman y su "antagonista" Manning, todos se han hecho notar más de una vez, y de dos, y de tres.

A Manning le tengo simpatía por su recalcitrante ultramontanismo, tanto que merecería ser el patrón de nosotros "los-mas-papistas-quel-papa". Pero fue una paradoja que el caquéctico y malencarado deán anglicano (casado que estuvo antes de su conversión con una de las chicas Sargent (ya se sabe que era 4 las famosas hermanas Sargent, of course)) al hacerse católico resultara más beligerante archicatólico que un arcediano de Letrán. Y es chocante.

Mi estimadísimo y venerado Newman, por su parte, fue uno de los señalados como "inoportunista" antes y durante el Vaticano I, dejando caer más de una vez que la definición del Dogma de la Infalibilidad Pontificia no era apropiada dadas las circunstancias del momento. Y se equivocaba tanto que no advirtió que, precisamente, no habrían ni vendrían tiempos más "oportunos" para la necesaria definición. En este particular, Newman fue el alter ego contradictor de Manning, ya cardenal y participante en el Concilio (Newman todavía era simple sacerdote del Oratorio). El severo y apasionado Mannig quería - más o menos - que hasta los estornudos de Pio IX fueran infalibles. Ni una cosa ni la otra, ni calvo de con dos pelucas, como ustedes comprenderán. Gracias a Dios la Roma Eterna tenía más tacto y ponderación teológico-doctrinal que los dos eminentes conversos, y definió oportunísimamente la Infalibilidad Ex Cátedra del Papa como convenía, sin quedarse corta ni pasarse de largo.

A Newman, su "inoportunismo" le dejó sin capelo hasta que Leon XIII se lo concedió, con toda justicia y para admiración de todos. Huelga decir que acató con toda obediente obsequiosidad y pleno asentimiento "gramatical" de fe la definición y el magisterio de Pio IX y el Vaticano I. Of course. Pero ahí quedaron bien señaladitos los dos oxonienses, el del Oriel y el del Balliol, cada cual con lo suyo.

Volviendo al actual arzobispo de Westminster, C. Murphy O'Connor, las webs de noticias religiosas daban hoy la noticia en titulares, así: Un cardenal reclama a la National Gallery una obra de Della Francesca. Los noticieros religiosos y la mala pluma (iba a decir "lactis", pero he preferido "pluma", noten mi contención. De nada) de los gacetilleros procuran impactar con titulares que no cuentan lo que haya pasado sino lo que el gacetillero quiere decir (si es que tiene intención) o ha entendido (si es que padece de un defecto de comprensión, algo fatal pero muy tolerado en el medio periodístico). El original inglés se explica mejor y dice que Gallery’s masterpiece is a work of faith that should be in church, says Cardinal, que es otra cosa y no es lo mismo.

La cosa era que el Cardenal comentaba en un foro con otros tertuliantes (un protestante y un judío entre otros) que el arte cristiano era antes cristiano que arte, y que su sitio es más el espacio religioso para el que se concibió en origen que una sala de museo. Y para ilustrar el comentario, decía que el Bautismo de Cristo de Piero della Francesca que está en la National Gallery of London, mejor estaría en una iglesia como Dios manda. Le responde el del museo que la Nat.Gall. no se opone a que los devotos le recen al Battesimo, pero que su sitio es el museo, más a estas alturas y con lo delicado que está cuadro, que conviene no meneallo. Y así, poco más o menos.


En este blog, passim, he dicho lo mismo que el Cardenal Cormac M.O'C. Y lo mantengo...con todas la salvedades. Servidor que escribe esto es de los que va al Museo y le reza unas Aves a la Virgen de la Servilleta, verbigracia; y si estoy en el Prado, le echo sus correspondientes rezos al Cristo de San Plácido, a la Trinidad del Greco, a la Dolorosa de manos juntas del Tiziano, a la Anunciación del Fra Angélico...Y ya me pierdo, con tanto cuadro estimulándome el rezo piadoso. Los dias de fervor, para no estresarme, lo que hago es coger el Rosario y rezarlo, que es más práctico (parando el rezo pudorosamente en las Tres Gracias - que me pirran las tres - y otras indecentes bellezas (y bellezos) de mi afición; en el Museo de Sevilla es más facil porque tenemos menos procacidades y licencias que en la capital, que ya se sabe que es más de pecado que las provincias en todo, en museos también).

El muy indiscreto del Cardenal Murphy O'C (con todos mis respetos y besando su veneranda púrpura) no dice, sin embargo, que se devuelva el Battesimo a su Borgo San Sepolcro original, de donde jamás debió salir y en mala hora salió (culpa de fraile frailón), sino que deja caer que ya lo quisiera él en una catholic parish de las suyas. Oh!

De haber estado presente, un servidor le hubiera dicho al en parte acertado y en parte disparatado Sr.Cardenal que empezara por pedir al Papa que devolviera a sus iglesias lo que se enseña en la Pinacoteca Vaticana. Por ejemplo, y sin ir más lejos, que repusieran el Caravaggio del Entierro de Cristo en su capilla-altar de la Chiesa Nuova, y la Postrera Comunión de San Girolamo del Domenicchino en su altar mayor de San Girolamo della Caritá. Por ejemplo, decía.

¿A que no? Pues chitón el Sr. Cardenal y mejor que hable de los difuntos y los Santos (que se acaba el mes) o del Adviento, que se estrena el Domingo.

p.s. Otra cosa: Que aproveche las tertulias con impíos para exortar a la conversión a herejes, judios y paganos. Es lo propio.
p.p.s. También reconozco que padezco un resfriado anti-cardenalista.
p.p.p.s. Y por eso escoger un perlado de la pérfida Albión para el alfilereteo.
p.p.p.p.s. No es excusa, ya lo se. Pero mejor así, que yo también se etc.

Yes.

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miércoles, 8 de octubre de 2008

La afrenta de los energúmenos

Por poner un título, que la cosa es peor. Y me afecta, porque estoy en este mundo con esas cosas (aunque tan consciente de que esas cosas no son del mundo que asumo como mio). El malestar se me vuelve profundamente reactivo. Sin peligro para los responsables, porque la mayoría de los "históricos" ya murieron (menos mal), y los presentes están fuera del alcance de mi indignación. Sin embargo, tengo que convivir con afectados infectados, la mayoría inconscientes (aunque también trato con algún que otro perversamente instalado en la ofuscación de las "élites").

La envidia - que es pecado capital, cabeza de otros muchos - se disfraza de tantas cosas como tantas son las realidades envidiadas. La envidia - que es "tristitia boni alieni"; tristeza de/por/a causa del bien ajeno - llega algunas veces en algunos casos al paroxismo de destruir el bien deseado y no gozado. En las páginas de sucesos aparece con relativa frecuencia y universalidad la escena de la fea que arroja ácido u otro corrosivo al rostro de la bella; o quema, o corta, o hiere de la forma que sea. También se repite que el agresor sea el amante no amado, despechado y violento por no ser querido, por ser despreciado, ignorado, y no poder poseer a su pretendida y deseada. Una tragedia con una víctima y un criminal, relativamente perturbado, pero siempre culpable en cuanto consciente del mal que hace, queriendo y odiando.

La patología, aunque corriente, tiene dificil excusa. Cuando reinaba el sentido común, en otros siglos, nadie se llamaba a engaño y rara vez se pasaban por alto las aberraciones contra la estética. Una cosa era poner cara de monstruo y cuerpo deforme a una gárgola que servía para escupir agua desde un saliente del tejado, y otra muy distinta imaginar la belleza corporal figurada de un arcángel destinado a exornar el retablo de un altar; pero, aun así, un dragón se hacía hermoso en tanto que dragón, y en su sentido propio. Y se distinguía, y se sabía. Alguna vez se permitía la broma, el juego divertido y equívoco, pero en proporciones y circunstancias aceptadas comunmente, sin falsear por malicia o incompetencia. Y siempre con la maestría del autor patente, incluso alardeando de saber hacer arte con lo feo, deforme o grotesco.

Pero este no es el caso, en el "arte" contemporáneo, me refiero. Desde el desprecio de las formas, un degenerado estado de fastidio hiper-saturado encontró la excusa de la novedad por la novedad para inventar una anti-estética que se impuso por la dictadura de las vanguardias sobre un acomplejado snobismo burgués, siempre insatisfecho y a la búsqueda de últimas experiencias. Estragados en el gusto y auto-alucinados en su hermético subjetivismo, tocaron la fláuta de Hamelín y se llevaron detrás un público acrítico, víctima de una obsesión inducida, bajo la fascinación de un engaño y la recurrente atracción de nada. Empachados, ahítos, de placer en placer, por probar límites, un día comieron estiércol hediondo y dijeron que lo podrido era de buen gusto, e impusieron el corrompido gusto, y muchos gustaron y dijeron sí, y compraron con oro estiércol para ver, oler y saborear. Y ya no hubo vuelta atrás, porque el precio pagado hacía irreversible el paso.


Todo esto es por la "exposición" - Le Louvre, une autre fois - de monigotes del monigotero (una de las más envilecidas personalidades del mundo moderno) Picasso, desgracia nacida en Andalucía, allí donde vivieron y reinaron e hicieron escuela los Grandes a los que nunca alcanzó (y el lo sabía). La petulancia del envidioso se agrava en furia interna si entiende y encuentra motivo de inspiración, con el tormento de aspirar y no poder y no llegar; siempre queriendo, nunca alcanzando. Y la carcoma de la entraña se vomita en falso arte, que disimula la impotencia con la provocación absurda. Eso fue y eso hacía.

Para que entiendan los que sepan y se empecinen los afectados, en Le Louvre han colocado la obra del arte al lado del adefesio del energúmeno. Con el pecado explícito de que se pretende magnificar al fantoche a costa de empequeñecer al artista. No se busca la admiración de Velázquez, sino el aplauso para Picasso; ni para Velázquez ni para el Greco ni para Goya, a los que perversa y equívocamente se ha sumado la monstruosidad engañosa del aborrecible que vivió y avarició fortuna apostatando de España y enchiquerándose francés.

Basura al fin. Perfil de un mundo que ha hecho de gentuza de esa repugnante laya sus gurús culturales. Y digo para las otras artes degeneradas lo mismo (precisamente están radiando en nuestra penosa Radio Clásica unas patochadas de L.Berio y de G.Ligeti. Vaya lo uno por lo otro, tales para cuales).

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domingo, 14 de octubre de 2007

Acrópolis light


Están trasladando la Acrópolis. Me afectan estas noticias, mucho. Comprendo y me hago cargo, pero sin que la razón me evite la afección.

Un museo para una obra de arte es como un asilo para un viejo, o un zoo para una fiera. Por excelente que sea es siempre una desnaturalización, una pérdida irreversible (?) de su originalidad, de su espacio propio.

La Acrópolis es una decepción para los que no saben qué es y qué van a ver; pero para el visitante sapiente es uno de los enclaves más emocionantes del mundo antiguo que conservamos en el nuestro. Aunque otros lugares históricos de la Hélade puedan competir con el promontorio ateniense, desde el romanticismo se la consagró como el icono identificativo de la Grecia imaginada y todavía accesible. El inconfundible perfil del Partenón le confiere una monumentalidad absolutamente definida, reconocible.

No sé cuántos años hace que las Cariátides del Erecteo no son las originales, sino unas réplicas de las auténticas, que se visitan en el correspondiente museo; pero ahora han barrido todo el área de la Acrópolis, y en el traslado van más de cuatrocientas piezas, desde cornisas a fragmentos de columnas y elementos arquitectónicos y escultóricos de todo tipo, que se expondrán en el nuevo museo.

El nuevo museo - ponderadísimo por el arquitecto ideísta/ejecutor y sus adláteres - es todo de hormigón, aluminio y cristal; el susodicho (me callo el nombre para eximirme de complicidades) dice que son "materiales honestos"; yo digo que es flagrante deshonestidad depositar sacros mármoles atenáicos entre esas sintéticas estructuras. Explica también que se pretende que todo el conjunto muestre la luminosidad esplendente del Ática; y yo no me explico cómo se nos toma el pelo, como si no fuera evidente que un mármol al sol de la Acrópolis pudiera estar peor iluminado que dentro de un escaparate de aluminio, cristal y hormigón.

Saldrán con las habituales justificaciones del deterioro ambiental, la contaminación, los riesgos, etc. que son (ay!) verdad, pero que se prestan como excusa formidable para perpetrar el atentado.

En las salas de aluminio, cristal y hormigón, han instalado una vitrina corrida para enseñar los frisos del Partenón; una de las vitrinas tendrá sólo los vaciados en escayola de los "mármoles Elgin", cuya reclamación por el gobierno de Grecia se reaviva ahora con la oportunidad del nuevo museo.

Sobre esa reintegración del patrimonio, no sé qué decidiría si estuviera en mi mano el decidir. Desde luego, a esa vitrina descomunal no los mandaría: Preferiría dejarlos otro siglo en el British, a ver si mientras se inventan mejores formas para preservar y mostrar lo mejor de nuestra historia.

A poder ser, in situ.

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