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jueves, 22 de abril de 2010

Dulce nostalgia



Para muchos el Otoño es la estación de la nostalgia, y para mí la Primavera es tan nostálgica también. Por el aire, por el color, por el olor y la luz y todas esas cosas que envuelven y velan las mañanas, las tardes, las noches.

La nostalgia es cosa de cosas inaprensibles que duelen suavemente, amablemente, porque estuvieron y ya no están como antes, y ahora siguen con nosotros, libres de las circunstancias pasadas.

Cuando aparece, nos remodela y retoca; como los pentimenti de un lienzo al óleo, nos deja traslúcidos al amor y el dolor de la vida que fue, con personas y objetos. Y cada vez que aflora matiza distinto, dejando desvelado algo que antes no se veía, no se sentía.

Es un momento que no se mide con tiempo, pero sí con péndulo, con música, con un verso, con un libro, con un aroma, una fotografía, el tacto de una tela. Medir la extensión de la nostalgia es imposible, quizá porque está extrañamente cerca de lo eterno.



La preciosa pieza de Dvorak "Canciones que mi madre me enseñó" me ha parecido la mejor ilustración musical para mi nostalgia primaveral, por razones muy nostálgicas también. Pero he dudado si poner la exquisita y sutil versión de Elizabeth Schwarzkopf o la emocionante y profunda de Paul Robeson. Conque dejo a la dama en la obertura, y al caballero cerrando. Tanto monta.

+T.

jueves, 3 de abril de 2008

Áire y Aria

Cada año, vuelven unas tardes que suenan a "O mio babbino caro", y entonces ya es Primavera irreversible. También podría decir que ese momento tiene luz y color de esa aria del Puccini: Y hasta que "huele" y que "sabe" a lo mismo.

Como soy ansioso perfeccionista, el aria a mi gusto sería una composición con lo mejor de cada una de estas:

Angela Gheorghiu




María Callas, París 1965:



Elena Obraztsova:



Monserrat Caballé-1



Montserrat Caballé-2



Kiri te Kanawa:





Leontyne Price:



Sobre estas donnas cantatrices, diré que me gusta más la Caballé 2 (trémolo y pianíssimi como ninguna) que la primera, tan joven y potente; y que de la Callas me he resistido para no poner otra patética interpretación del aria, con María declinante (y emocionante). La negraza Leontyne Price, con eco de blues; y la matrushka Obraztsova, tan honda. La Te Kanawa, que me chifla. Y Ángela Gheorghiu, la primera, que es al día lo que en el suyo fueron las otras, digna de admirar.

Pues era eso, porque ayer y esta tarde, ya es primavera "O mío babbino caro", sin duda. En Sevilla, por lo menos. Lo que pasa es que por aquí la gente piensa en Feria, pero el aire, a pesar de las sevillanas, es pucciniano.

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