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domingo, 26 de mayo de 2013

Del exorcismo políticamente incorrecto



Los Papas no exorcizan, parece decir una etiqueta no escrita del liber consuetudinarius del protocolo papal post-conciliar. Ya se sabe que los demonios, desde la Dei Verbum, sujetan su existencia a una especie de convenio regulado por el quasi-dogma del 'género literario' y el grado de des-catolización o infección modernista del exégeta, predicador y/o catequista de turno, de tal forma que los demonios que salen en el Evangelio y las lecturas se obvian bajo la rúbrica (tampoco escrita) de 'se leen pero como si no estuvieran'.

Si lo del Papa Francisco el pasado Domingo de Pentecostés fue exorcismo o no, lo saben Dios, el Papa y los demonios. Pero tuvo que ser algo distinto de la bendición-contacto o el gesto habitual del Papa Francisco con los enfermos; esto fue diferente: Por la seriedad que se impone en el momento (aunque fueran unos instantes), por la imposición intensa de manos, por la sorpresa de los pocos que estaban cerca, por el profundo cambio de semblante del enfermo, por el interés que muestra el sacerdote que acompañaba al enfermo en silla de ruedas.

El sacerdote es bien conocido por los televidentes de María Visión. Yo mismo (que no soy muy vidente de la susodicha emisora) lo reconocí en cuanto ví el YouTube: Es un p. legionario, mexicano, llamado p. Juan Rivas, que presenta reportajes sobre santuarios marianos, prodigios eucarísticos y apariciones; diríamos que un quasi profesional de los medios.

Cuando ya el lunes se discutía en facebk si fue o no fue exorcismo, propiamente, comenté que, por supuesto, no pudo ser un exorcismo ritual, aunque bien pudo haber sido un exorcismo intencional real, tanto más siendo el Papa el ministro del mismo. Así y todo, por las imágenes del yutube y el marco carismático de la Misa de Pentecostés, concluyo que pudo haber sido una de esas 'oraciones de sanación' tal y como se realizan en las reuniones/celebraciones de los grupos de Renovación Carismática. Digo esto sin excluir el exorcismo, digamos, 'sui generis', y considerando que es el Papa el ministro del acto, con potestad también extraordinaria, en todo caso.

Lo chocante del caso es la rapidez de Lombardi y el entorno oficioso del Vaticano en desautorizar a quienes publicaron que el Papa Francisco había realizado un exorcismo. ¿Por qué esa reacción? ¿Acaso no puede el Papa ejercer el ministerio de exorcista? ¿No puede el Papa hacer lo mismo de Cristo el Señor y sus Apóstoles? ¿No debería, incluso, verse obligado en algunas circunstancias? ¿Por qué entonces esa alarma, esa impresión de querer distanciar al Papa de un acto así?

Los exorcismos son sacramentales, actos de oración, deprecación y bendición. Son, en cierto sentido, ritos menores en cuanto competían originalmente al ministerio menor de los exorcistas. En los primeros siglos de la Iglesia fue un ministerio bastante común, que, sin embargo, con el transcurso del tiempo, se fue haciendo menos frecuente, quedando reservado, finalmente, a los sacerdotes, que son quienes ejercen hoy día el ministerio bajo las prescripciones que figuran en el Códex (c. 1172 ; cfr también la instrucción sobre exorcismos de la S.C.D.F. siendo Card. Ratzinger prefecto de la misma).

Desde los años setenta, por el éxito de la novela de W.P. Blatty y la película de W. Friedkin , el tema del exorcismo y los exorcistas se convirtió en un auténtico sub-género de las novelas y el cine de ficción/terror. Un tema (nunca olvidado, pero poco presente) de la liturgia/pastoral de la Iglesia se vio así expuesto de forma poco adecuada, fomentando el interés o la fantasía morbosa del público en general. A los católicos en particular les afectó de manera muy especial, surgiendo en mucha gente una preocupación que pasaba del interés propiamente espiritual a la atracción por los fenómenos paranormales: De la precaución contra el demonio tentador enemigo (ordinario y vencible) del alma junto con el mundo y la carne, se pasó a la imaginación, mitad terrorífica/mitad fascinante, de las posesiones diabólicas, los exorcismos y los exorcistas. Todo ello en un ambiente cada vez menos creyente, alejado de la fe, los Sacramentos, la doctrina, que no sabe del particular pero se deja llevar por la imaginería del cine y la literatura de kiosko. Si conocen Uds. la serie americana Supernatural, sabrán a qué me refiero.

Que se quiera alejar al Papa de toda ese mundo de horror-ficción, me parece oportuno, pues así se evitaría que la gente imaginara al Papa inmerso en un guión de best-seller vaticano-terror-ficción del estilo de las noveluchas de D. Brown. Lo que no se debería obviar es que el Papa tiene la potestad de exorcizar y puede practicar exorcismos, justa y necesariamente.

Cerrando el discurso, diré que, tratándose de temas diabólicos, siendo el demonio el padre de la mentira, es habitual comprobar cómo el mismo diablo parece enredar, muy especialmente, cuanto a él se refiere. El mismo día que se discutía sobre sí o no había sido un exorcismo el acto del Papa con aquel enfermo, el famoso exorcista romano p. G. Amorth (que opina que lo del PP Franciscus sí fue exorcismo) hacía estas declaraciones:

"...es una venganza del demonio contra los obispos mexicanos porque no se opusieron al aborto como debían haberlo hecho. Este hombre sólo será liberado cuando los obispos mexicanos se arrepientan y hagan penitencia por no haber intervenido más en esa cuestión".

¿El demonio castigando la omisión de los obispos poseyendo a un infeliz? `¿El demonio penando un pecado de omisión de unos obispos poseyendo a un pobre desgraciado? ¿El demonio condicionando la liberación del poseso a una acción contra-abortista de una jerarquía nacional?

Que lo extraño produce extrañas reacciones en pensamientos, palabras y obras parece ejemplificarse bien en esta extraña serie de hechos y dichos, extraordinariamente extraños.

Como una especie de apéndice abierto a nuevos capítulos, los titulares de la prensa han aireado la supuesta (no bien contrastada) intención del Arzobispo de Madrid, Cardenal Rouco Varela, de nombrar una tanda de exorcistas para su archidiócesis, por razonable necesidad y creciente demanda.

Ordinariamente, no tengo que verme (¡gracias a Dios!) con diablurías extraordinarias; mis batallas son de tentaciones y peligros ordinarios, de pecador vulgar y cura corriente entre gente corriente y feligreses comunes. Sin embargo, constato el éxito entre ciertos muy queridos feligreses de cualquier sermón en el que saque a relucir el demonio, con más exito cuanto más tremendos sean los cuernos y el rabo con que describa a la bestia.

Así que sospecho que este articulete será disfrutado por muchos. Que les aproveche.

Y de todo ello, que el Señor nos libre, la Virgen nos ampare y San Miguel nos defienda, para que no tengamos necesidad de más sacramental que el agua bendita (que lleva exorcismo de la sal y de la agua, para su mayor potencia efectiva, como Uds. sabrán).


+T.

miércoles, 11 de abril de 2012

Silencio avisen o amenacen miedo


No le tengo gusto a Günter Grass, apenas recuerdo algo de El Tambor de Hojalata y algún hojeo de El Rodaballo. Pero simpatizo con él desde hace unos días, por el anatema que le han echado los israelíes.

Lo han dicho guardando cierta corrección política, en términos de rancia diplomacia: Günter Grass declarado persona non grata, pero en realidad es una actualización del terrible 'herem' (Lv 27,29) aquella tremenda institución del Levítico que consagraba al exterminio a todo ser viviente.

Como habrán comentado otros, supongo (no he leído más que algunos articuletes, pocos), la maldición israelí equivale a la condena que el ayatolá Jomeini lanzó contra Salman Rushdie, que asoma tímidamente la cabeza, de vez en cuando, porque sabe que desde la sentencia del ayatolá tiene garantizada una 'muerte islámica'. A Rushdie le cayó encima el odio mahometano por una novela, a Günter Grass por un poema.

"Was gesagt werden muss" ( aquí en español )

El poema es una especie de catarsis que un alemán comprenderá mejor que nadie, porque no se entiende suficientemente si no se advierte que es el sentimiento desbordado de una inculpación histórica que se desata una mordaza impuesta (¿por todos? ¿por algunos? ¿por quasi-todos?) rebelándose contra una autocensura nacional-sicológica y clamando contra lo que todos entienden que es uno de los mayores peligros activos para la paz internacional. Eso es, resumiendo, el poema de G. Grass.

Con Iraq arruinado por la canallesca intervención de los USA de Bush, con todas las repúblicas islámicas del Mediterráneo y el Oriente Medio revolucionadas por una 'primavera árabe' que no se sabe en qué parará, con Siria al borde de la 'iraquización' y el Irán con la susceptibilidad de los ayatolás siempre hipertensa, el belicismo del estado de Israel es una bomba en forma de balón en mitad de un estadio de fútbol.

Apuntar la escopeta contra un señor premio nóbel de 84 años que escribe un poema diciendo lo mismo que piensa cualquiera medianamente consciente, define desfavorablemente, pero muy descriptivamente, a los dirigentes del estado de Israel.

¿Todo el mundo odia a Israel? Esa es la conclusión, afirmativa, que sacan los israelíes, en casos como este. Ignoro si se plantean también la cuestion y se preguntan, congruentemente: ¿Israel odia a todo el mundo?

Lo que me parece evidente, y comparto con Günter Grass, es que Israel teme a todo el mundo, y todo el mundo teme a Israel.

+T.

lunes, 2 de enero de 2012

Jesus cantado y rezado por Don Baltasar


Para rezar en la fiesta del Santo y Dulce Nombre de Jesús, que es hoy, me parece excelente este precioso soneto de Baltasar de Alcázar:

Jesús, bendigo yo tu santo nombre;
Jesús, mi corazón en ti se emplee;
Jesús, mi alma siempre te desee;
Jesús, loete yo cuando te nombre.


Jesús, yo te confieso Dios y hombre;
Jesús, con viva fe por ti pelee;
Jesús, en tu ley santa me recree;
Jesús, sea mí gloria tu renombre.


Jesús, medite en ti mi entendimiento;
Jesús, mi voluntad en ti se inflame;
Jesús, contemple en ti mi pensamiento.


Jesús de mis entrañas, yo te ame;
Jesús, viva yo en ti todo momento;
Jesús, óyeme tú cuando te llame.

En algún sitio lo he visto atribuído al Licenciado Dueñas, un error que aclaró el eximio Don Francisco Rodríguez Marín: Al parecer se remonta a una edición publicada por Justo Sancha (supongo que el Romancero Y Cancionero Sagrados, colección de poesías cristianas, morales y divinas, sacadas de las obras de los mejores ingenios españoles por Don Justo de Sancha). Por lo visto, la atribución de Sancha a Dueñas carece de fundamento, pues en el códice méxicano de la Biblioteca Nacional sobre el que aplica su trabajo, el soneto de B. de Alcázar aparece anónimo, particular que se repite en la copial susodicho manuscrito realizada por Paz y Melia, que tampoco pone nombre de autor.

Sentado que es de Baltasar de Alcázar, les confieso la simpatía que le profeso a este amable vate de nuestro Siglo de Oro, sevillano y bienaventurado, que tuvo la gracia de poner rima a la vida y sus placeres sencillos.

Me ofenderé si los que esto leen confesaren que no conocen la poesía de Inés y berenjenas con queso, tan rica y sabrosa:

Tres cosas me tienen preso
de amores el corazón,
la bella Inés, el jamón
y berenjenas con queso


Pues de ese estilo son otros poemas de Don Baltasar, amante del buen vivir, el comer y el beber (e Inés, también; aunque no se deslinde el plano ni la precedencia, si puede más Inés o tiran más las viandas).

Tiene otra que se llama Cena Jocosa, que merece se detengan Uds. a leerla (o escucharla también, en esta versión).


Otra que me gusta es la que canta su declive de viejo bien cuidado en Ronda, en casa de su hija, donde pasó sus postreros años:

Deseáis, señor Sarmiento,
saber en estos mis años,
sujetos a tantos daños,
cómo me porto y sustento.

Yo os lo diré en brevedad,
porque la historia es bien breve,
y el daros gusto se os debe
con toda puntualidad.

Salido el sol por oriente
de rayos acompañado,
me dan un huevo pasado
por agua, blando y caliente.

Con dos tragos del que suelo
llamar yo néctar divino,
y a quién otros llaman vino
porque nos vino del cielo.

Cuando el luminoso vaso
toca en la meridional,
distando por un igual
del Oriente y del ocaso,

me dan asada y cocida
una gruesa y gentil ave,
con tres veces del suave
licor que alarga la vida.

Después que cayendo, viene
a dar en el mar Hesperio,
desamparado el imperio
que en este horizonte tiene;

me suelen dar a comer
tostadas en vino mulso,
que el enflaquecido pulso
restituyen a su sér.

Luego me cierrán la puerta,
yo me entrego al dulce sueño,
dormido soy de otro dueño;
no sé de mi nueva cierta.

Hasta que, habiendo sol nuevo
me cuentan cómo he dormido:
y así de nuevo les pido
que me den néctar y huevo.

Ser vieja la casa es esto:
veo que se va cayendo,
voile puntales poniendo
porque no caiga tan presto.

Más todo es vano artificio;
presto me dicen mis males
que han de faltar los puntales
y allanarse el edificio.

Es de viejo paladar esa dieta de huevo, vino dulce y pan tostado con que se mantuvo el buen Don Baltasar usque ad finem. Pero a mí me gusta más su piedad, que como buen caballero de su tiempo (¡ay aquella España!) era en él sincera, rezadora y bien rimada. Como empecé con el soneto a Jhesús (con esta grafía de 'Jh' aparece escrito el Santo Nombre en algunas ediciones de la obra de Baltasar de Alcázar), concluyo este articulete con otra pieza sacra, también compuesta en su vejez, una confesión que destila conmovedora sinceridad:

Cansado estoy de haber sin Ti vivido,
que todo cansa en tan dañosa ausencia;
mas, ¿qué derecho tengo a tu clemencia,
si me falta el dolor de arrepentido?

Pero, Señor, en pecho tan rendido
algo descubrirás de suficiencia
que te obligue a curar como dolencia
mi obstinación y yerro cometido.

Mi conversión es tuya y Tú la quieres;
tuya es, Señor, la traza, tuyo el medio
de conocerme yo y de conocerte.

Aplícale a mi mal, por quien Tú eres,
aquel eficacísimo remedio
compuesto de tu sangre, vida y muerte
.


... Los dos años que estuve de cura en Los Molares, donde Don Baltasar fue alcaide, algunas tardes rezaba en el Sagrario la bella letanía del soneto de Jesús, y otras añadía este otro, como un estrambote de conversión.


+T.

miércoles, 9 de febrero de 2011

La fotito de Lerma y una historieta del Padre Coloma



"A la Excmª. Srª Dª N**** N****


Señora mía:

Ayer me entregó Juan Cortegana las dos fotografías que tiene vuestra excelencia la bondad de enviarme, y la carta en que con sencillez tan espontánea me descubre el gozo de su alma, la paz de su conciencia y el tranquilo bienestar de que disfruta en esa linda aldea asesorada por los doctos consejos de ese señor provisor que ahí veranea, dirigida por ese reverendo capellán que llevó de la Corte, y fortalecida por el trato y amistad de esas benditas Madres Bernardas que la confortan y ayudan con sus ejemplos y oraciones, bizcochitos y alpisteras.

Loado sea Dios, excelentísima señora, que tal placidez da a su espíritu y tan altos alientos la infunde, que rebosan por la punta de la pluma, y saltan y se atropellan en el papel en frases tan fervorosas como estas textuales de su carta, que ante los ojos tengo presentes:

' Todos me elogian y me aseguran que el Señor me guarda para grandes obras, y como yo siento en mí alientos nada vulgares, ruego a vuestra reverencia me indique la manera cómo se preparaban algunos de esos santos grandes, grandes fundadores, por ejemplo, que ha pasado a la posteridad. '

Pues ya lo creo, señora mía, que le diré cuanto sepa, y en muy claro y sencillo romance: que harto me zumban en las orejas aquellas terribles palabras: Vae mihi, quia tacui! - ¡Ay de mí, porque callé!.

Y como no me dice vuestra excelencia si eso de las grandes obras para que el Señor la guarda se lo dijo algún ángel del cielo, doilo yo por supuesto, porque vaya la puntería a lo más alto; y le contaré por toda respuesta la fiel y puntual historia de lo que acaeció ha más de tres siglos  a dos pobres Juanes, que si no pensaron mucho en la posteridad, de que vuestra excelencia habla, no apartaron nunca de su mente la eternidad, que no menciona en su carta."


Esto que he escrito más arriba no es mío, es un fragmento, el comienzo, de una obrita del padre Luis de Coloma s. j. tan célebre en sus dias, tan olvidado hoy. Pero yo, que le tengo muy particular afición, me acordé de él y de esta narración que tituló Cartas Claras; se compone de dos partes, esta Carta Primera: Dos Juanes, y la otra Carta Segunda: A un Gran Señor Titulado.

Pues decía que en cuanto leí el otro día la carta de la superiora y neo-fundadora de Lerma me acordé de este texto del padre Coloma. Y hoy, con lo de la foto de las neo-monjas con su hábito blue-jeans, otra vez se me ha venido a la cabeza el opúsculo del p. Luís Coloma.

Después de ese comienzo, el que he transcrito, sigue la narración de una de las historias de santidad y de santos más extraordinarias y extrañas que han sucedido y que les resumo (lástima de pereza la mía, que no me deja copiar todo el texto tal cual, sorry, ustedes me dispensen). En resumen, la admirable historia es como sigue:

Predicaba en Granada, en Enero de 1538, en la parroquia de San Pedro, que es la del Sagrario de la Catedral, el gran misionero popular rev. p. Juan de Ávila, que subido al púlpito de la preciosa iglesia granadina inflamaba con su verbo arrebatado a todos los concurrentes ensalzando las virtudes, méritos y santos arrojos del valiente y gallardo mártir San Sebastián, soldado de Cristo y su testigo con sangre y quebranto de su cuerpo, expuesto a la pasión de los tormentos y las cruentas saetas que dispararon contra sus miembros.
Tanta era la elocuencia pía del Maestro Ávila y la emoción que suscitaba en sus oyentes, que un pobre librero ambulante, vendedor de estampas y hojillas de imprenta, salió del templo dando gritos, confesando en alto sus pecados, clamando misericordia y dándose golpes de pecho, con tanto efecto que los chiquillos que había en la plazoleta de delante de la iglesia se fueron detrás suya correteándole y coreándole: "¡¡¡ Al loco, al loco !!!". Total, fue que al dia siguiente, después de la noche que se pasó vagando por las frías calles de Granada, dos buenos señores se apiadaron del pobre librero y lo recogieron en la esquina de una plazuela, donde yacía tendido, y lo llevaron a la casa en que se hospedaba el p. Juan de Ávila, que le hizo un hueco entre los muchos penitentes que tenía que confesar y atender, y tuvo con el pobre arrebatado librero una larga plática, y luego lo despidió.
Pero apenas que pisó el umbral de la calle, el librero volvió a los clamores y voces, tanto que parecía más loco que el dia antes, y salió corriendo por las calles, y hasta se quitó la ropa y se quedó medio en cueros, sin dejar de pedir misericordia y perdón por sus pecados. Y así anduvo hasta que unos alguaciles de la ciudad lo prendieron y se lo llevaron preso al Hospital Real, donde le metieron en una jaula, en el patio de los locos dementes. Estuvo varios meses así, y se cuenta que le dieron cinco mil azotes en sus magras carnes, una zurra cada día, tratado como un loco de remate al que se le pretendía quitar la demencia a palos, según la usanza médica de entonces. Y así hasta que un día le llegó una carta del Maestro Juan de Ávila con este escueto aviso: - "Basta ya la opinión de fingida locura para conservar la humildad. Conviene ahora deis a entender que estais bueno, así por no desacreditar lar virtudes que Dios ponga en su alma, como también para que podais seguirme a Montilla, para donde estoy de camino."




La narración de Coloma sigue contando los primeros días en Granada, ya de vuelta, de aquel extraño penitente que no era otro que el que un día sería conocido y venerado como San Juan de Dios, el fraile hospitalario que encendió la caridad más admirable en el corazón de Granada; y el clérigo que le aconsejó y dirigió espiritualmente sería también canonizado y venerado como San Juan de Ávila, patrono del clero secular español, un consejero de santos, auténtico doctor de aquel radiante Siglo de Oro en que España vencía con la sólida virtud de sus santos la vana grandeza de sus armas y sus triunfos. Aquella España de aquellos tiempos.

Pues continuo con el final del cuento del p. Coloma; escribo copiando como al principio:

 
"Y aquí pondría punto final, excelentísima señora, dando ya por satisfecha su consulta y cumplido mi encargo, si no me creyese obligado a darle gracias muy reverente por las hermosas fotografías que me ha hecho el honor de enviarme, con tanta bondad de su parte como de la mía extrañeza.


La idea de retratarse vuestra excelencia vestida de religiosa es, en verdad, peregrina, y por tan famosa y devota la tengo que me extraña y maravilla no se la aconsejase al propio San Juan de Dios su sabio maestro Juan de Ávila como medio de propaganda mística.


Porque la verdad es que el cuadro...la figura de vuestra excelencia, todavía esbelta, arrodillada a los pies del devoto Cristo, y hasta los ondulantes pliegues de la cola del hábito, que con exquisito sentido estético no escogió vuestra excelencia entre los de monjas rabicortas, sino entre los de monjas de cola larga, claman y gritan y vocean el espíritu de humildad y desprecio del mundo que ha inspirado la composición artística y la hacen medio el más a propósito para indicar los grados de preparación que tiene ya su excelencia para recibir encargos del cielo.


... ... ... ...


Madrid, a 23 de Enero de 1897. Suyo affmº servidor y humilde capellán .

Luis Coloma S.J.



Quiten ustedes la crono-patía tardo romántica e irónica que el p. Coloma le pone a la carta, suplanten a la excelentísima de marras por las neo-monjas de Lerma, y entenderán la impresión-evocación que me hizo la carta de Sor Verónica en su día y ahora la fotito de todas reunidas retratadas en hábito de tela vaquera; comparadas en semblanza con el el texto del p. Coloma que he transcrito, quiero decir.

Conste que es sólo eso, sin más. Yo sólo pongo imaginación y comentario a los hechos, que los dan ya hechos, escritos y fotografiados.

Porque tiene gracia chocante que la cosa empiece así, con carta declamatoria estilo 'qué buenas y únicas y auténticas somos' y con fotito de aquí estamos, así vamos, estas somos, allá vamos.

Curiosa y llamativa manera de empezar.

Nada más, sólo eso.


+T.

martes, 5 de octubre de 2010

Una alegría y una envidia


Cierto protestantismo de corte americano lleva aneja una estampa sectario-charlatanera que yo no digo que sea tal cual y representativa, pero la lleva. Un predicador evangelista ultramarino no es un grave doctor luterano con talar negro y gola blanca almidonada. No. La estampa del pastor evangelista made in America es la de un tipo más o menos vulgar, en mangas de camisa, con corbata ordinaria y discurso reaccionario-neocon. Caben variantes, pero el perfil que esbozo es el patrón-modelo. De esta laya, con una estampa estudiadamente grave y magistral, se nos asentó en los medios españoles un representante sagaz, un avispado que aprovechó circunstancias y oportunidades (y vacíos) para ocupar un micrófono privilegiado, todavía muy escuchado.

La pacatería infra-política de los católicos de serie, pperos y afines, se suma a una incultísima información, bastante común entre el pperío, que se encanta y se rinde en cuanto nombran, como un mantra, tres o cuatro tópicos sazonados con peregiles históricos, dos guindas confitadas de manual de filosofía elemental, y una retahila de embelecos político-panfletarios con malabares de locutor de tómbola de feria.

Ese es el personaje. Y su fortuna haberse embarcado con el Federico, un periodista con personalidad arrolladora y tracción en las 4 ruedas; al día, el más carismático con diferencia de toda la galería periodística hispánica. Le duela a quién le duela. Y conste que nunca le he tenido afición a J. Losantos, más bien lo contrario. Pero las cosas como son.

Volviendo al protestante, los católicos marujones que se tragan sus chácharas doctorales de hoja de almanaque, no saben (y no quieren saber) que el César Vidal es un anti-católico rabioso. Se contiene porque come de la audiencia. Pero en cuanto se descuida asoma el rabo y apunta las garras, muy afiladas. De vez en cuando recuerdo que uno de los libruchos más blasfemos que se han escrito contra la Virgen Ntrª Srª, lo escribió ese tal. El libelo corre por ahí, distribuido por una de esas editoriales con nombre aparentemente cristiano, difundiendo peste protestante.

Pues de ese tal me han mandado esta mañana un articulillo, por mail. El articulete rebosa baba envidiosa en cada párrafo. Todo porque el Papa ha canonizado al converso Newman, una gloria católica. En su articulucho, el petulantísimo C.Vidal se cierne como arpía ávida de presa, diciendo cosas como esta:

"...la iglesia católica sufre una especie de obsesión con la iglesia anglicana..." Yo le diría que la misma que se le supone al pastor que busca a la oveja descarriada. Como los anglicanos han estado y están más cerca (del catolicismo) y como tantas veces estuvieron y estarán en el peligro de caer en simas peores (del protestantismo), la Iglesia Católica se ha preocupado por los anglicanos. En España, por ejemplo, tuvimos unos cuantos colegios ingleses donde se preparaban para la misión y el martirio los valientes sacerdotes católicos que la Iglesia enviaba a mantener y alentar el catolicismo perseguido en la Gran Bretaña. Pasado el tiempo, dos o tres siglos después, el bombazo de Newman, el Tractarismo, y el Movimiento de Oxford mostraron las latentes virtualidades católicas que corrían aun por las venas anglicanas, a pesar de todos sus errores y ofuscaciones. Si a la caridad pastoral y a la misión martirial se le llama "obsesión", se entiende muy mal y se explica peor lo que es virtud y no anomalía. Todo lo contrario.

Del equívoco sumario con que despacha la crónica de los Tudor y su "catolicismo cismático" (una charleta del tipo de las que usa para impresionar a los pazguatos que le escuchan), pasa el Vidal a una también equívoca alusión a Stº Tomás Moro, soltando la andanada de que su Utopía estuvo en el Index Librorum Prohibitorum. En el Index - el locuaz protestante debe saberlo - estaban algunas obras por precaución. Incluso algunas obras de algunos místicos de nuestro Siglo de Oro, por precaución. Y la Biblia, las versiones en vernácula de la Biblia, y las ediciones sin notas. Por precaución. Además Thomas More no fue canonizado por o a pesar de su Utopía, sino por su íntegridad de católico fiel y su testimonio valiente hasta la muerte martirial. Sospecho que el Vidal debe entender todo esto, aunque no lo diga. También, en su caso, por precaución, comprensiblemente. O - diríamos, quizá - hipocresía de género.

Del terrorismo de los jesuítas que también saca a relucir de paso, como una coz, no digo nada porque, como buen filo-jesuita que soy, me defino también muy afín al terrorismo de hábito negro, y suelo portar un cuchillo disimulado en el crucifijo del pecho, y llevo una ampolla con veneno letal de cantáridas en la faltriquera de la sotana, y escondo una bomba en el fajín, y debajo de la birreta un estilete emponzoñado. No digo cuántos actos terroristas (con víctimas) cometo a la semana porque esos particulares sólo se los cuento a mi confesor (jesuita, of course). Ustedes se harán cargo de que no dé más detalles, por si Rubalcabra me cela y me pilla. No me denuncien, please.

Después se mete con Newman. Como si padeciera cierto trauma personal que descarga con resentida ironía, traza una caricatura componiendo una abreviada contra-figura de lo que no fue/no es el gran J. H. Newman. Y lo mismo hace con su obra. Descalificando con puya, extrapola una cita del Development y vuelve a ironizar con aguijoncillo de avispa "...Quizá el texto tranquilice a algún católico instruido, pero desde una perspectiva protestante constituye un argumento poderosísimo para no ser católico...". Parece (quizá buscaba inconscientemente el efecto) como si reviviera la saña acomplejada y reactiva del clérigo Charles Kingsley, el antipático racista que provocó involuntariamente que Newman se decidiera a escribir la memorable Apología pro Vita Sua (que imagino excitará la más amarga atrabilis del C. Vidal). A continuanción sigue con un breve alegato pro-reformista, muy propio.

Pero lo más lucido se lo reserva para el final: Cierra su caricaturesca suma de la historia anglicana con una secuencia crítico-literaria, poniendo en entredicho, minimizando o ridiculizando, una supuesta influencia de Newman en otros famosos conversos católicos ingleses.

1º) Dice de Chesterton que su obra Ortodoxia la escribe cuando era todavía anglicano. Pero se calla y no concluye la evidencia de que después se hizo y se mantuvo católico, que es lo bueno. ¿O es que no sabe que la conversión es un proceso en el que aflora la verdad y se enciende la luz antes de llegar a la verdad plena y a la plena luz? De esto, precisamente, sabía y enseña mucho el gran Newman que tan mal le sienta al palabrero Vidal. Por otra parte, la displicencia con la que trata la obra de Chesterton le descalifica escandalosamente como crítico: El Padre Brown no es una cuchufleta.

2º) De Tolkien eructa algo que se merece un bastonazo: "...optó por el catolicismo por influencia materna, pero cuesta trabajo encontrar un ápice de su religión en sus libros...". Justamente es esa una de las polémicas que mantuvo el genial JRR Tolkien con su amigo el anglicano C.S. Lewis, a quien criticó la demasiado evidente carga simbólico-cristiana con la que mechó y rellenó toda su narrativa, al punto que su serie de Narnia termina siendo una muy subjetiva y enrevesada alegorización, bastante equívoca, a veces. El resultado y sus consecuencias son clamorosas: Tolkien es un maestro de la literatura universal, creador de un género nuevo, y Lewis un escritor de mediano rango, cada vez más encasillado dentro un muy determinado público lector, re-lanzado por ciertos intereses editoriales, pero a años luz de la fama y el éxito de Tolkien. Además, niego la mayor: En Tolkien, el lector atento y sapiente descubre una fina y brillante huella católica, con pasajes que evocan temas y realidades católicas sutilmente apreciadas y admirablemente encajadas. Que C. Vidal no lo aprecie, no me extraña.

3º) De Graham Green pondera su novela El Poder y la Gloria, lo que no es raro, ya que se trata de la deprimente historia de un cura renegado y forzado circunstancialmente a una especie de martirio indeseado. Seguro que C.Vidal se divierte mucho con un cura caído, sacerdotalmente arruinado. Por otra parte, la inquieta personalidad de Green no podía dar curso a una vida ordenada de virtudes apacibles y morigeradas costumbres. Pero conste, en contra de lo que dice Vidal, que el gran Graham Green vivió como un católico consciente y practicante sus últimos años, con la estrecha amistad de un sacerdote que le asistió piadosamente hasta su muerte. Desde luego, ni apostató ni se declaró protestante ni se re-convirtió anglicano.

4º) Al simpático Evelyn Waugh le ataca también con argumentos ad hominem: Como no puede con el personaje y su fama, arremete contra el hombre y sus cosas. Dice que era gay, como si no hubiera maricones anglicanos, bujarrones protestantes o sodomitas calvinistas. ¡Qué risa! De todas formas, resulta repugnante que un supuesto maestro moralizante se atenga a semejantes descalificacions para despreciar a un literato reconocido y admirable. Cuando alude a Brideshead Revisited, la encantadora novela de Waugh, trasluce otra vez su pobre pesquis literaria, pues
da la impresión de que no ha captado casi nada. Por cierto que hubiera servido él mismo para inspirar a un personajillo de la novela, el antipático y pedante Mr. Samgrass, bastante ajustado a su perfil y sus posibilidades, yo diría.

Y no sé por qué no ha sacado también a relucir, para criticarles, a Manley Hopkins o a Ronald Knox, que le hubieran servido también muy bien para blanco de sus alfileretazos de puritano envidiosillo apulgarado y resentido. Porque se trata - es mi impresión - de eso, justamente: La envidia de un resentido que no quiere admirar al gran Newman. Lástima que no tenga la altura de miras de aquellos mismos anglicanos que elogiaron en su momento al amable Newman.



Del título que le he puesto al presente articulillo, he dejado la alegría para el final. Ha sido doble: Una simpática amiga me ha traído de regalo todo el material (folletos, guías, devocionario, guión de la Misa, estampas, pegatinas) que se repartió a los asistentes a la Misa de beatificación del Cardenal Newman en Birmingham.

Y la segunda es esta: Ringraziamento e Memoria del Beato Newman

Un amigo filipense, desde Londres, me ha envido esa página con el propio para la Misa y el Oficio del nuevo Beato. La oración colecta es una deliciosa composición newmaniana, miren ustedes:

Oh Dios que diste al Beato John Henry Newman, sacerdote,
la gracia de seguir tu amable luz y hallar la paz en tu Iglesia;
concédenos, por su intercesión y ejemplo,
que podamos pasar de las sombras y las imágenes
a la plenitud de tu verdad.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo,
un solo Dios, por lo siglos de los siglos. Amen


Bello, ¿verdad? En una fórmula eucológica de cuño netamente romano, han engastado dos joyas de Newman: la cita de su famosa composición "Lead me Kindly Light" (Guíame Amable Luz) y el epitafio que marcó su tumba humilde en Rednal, como un resumen lapidario de toda su vida, "Ex umbris et imaginibus in veritatem" (de las sombras y las imágenes a la verdad).

Una delicia, una de esas suaves consolaciones que el Señor concede en la Comunión de los Santos.

Lástima que lo que a nosotros nos sabe a gloria a otros se les vuelva rencorosa envidia.

¡Pobrecitos!


p.s. Aunque cónsteles que tienen la puerta abierta (et Newman intercedente) para pasar de la oscuridad y las fantasías a la verdad luminosa. ¡Ánimo!


+T.

jueves, 22 de octubre de 2009

Tolkien & prolongaciones familiares


Desde que leí El Silmarillion tuve todas las sospechas de que el supuesto "original" de JRR Tolkien había sido reelaborado y retocado por su hijo Christian en un grado y proporciones que él sabría. Después, publicación a publicación me he ido auto-confirmando en mi sospecha. La última "re-tolkienería" es esta: «La leyenda de Sigurd y Gudrún». La confusión (deliberada?) padre-hijo es tal que al final no sabe uno si el apéndice con la "conferencia inédita de Tolkien Introducción a la Edda Mayor" que incluye la edición, es una conferencia de JRR Tolkien o del prolífico Christian.

Un prolífico vástago que se ha fagocitado al resto de la prole del maestro, porque es Christopher el que se ha erigido en "el hijo" por antonomasia y en exclusiva de JRR y Edith, "el tercer hijo" que ha dejado en la sombra a sus tres hermanos.

No soy "tolkienmaníaco", pero sí profeso una admiración especial al maestro y a su obra, a saber: El Señor de los Anillos, El Hobbit, y los tres relatos Hoja de Niggle, Egidio Granjero de Ham, y El Herrero de Wootom Mayor. Esta es la obra que reconozco como de Tolkien, y nada más. Lo demás es tan "autógrafo" como los editores han querido admitir y el "tercer hijo" ha ido haciendo creer. Un crédito alimentado por la voracidad de los (malos?) lectores que se quedaron con el síndrome de abstinencia al llegar al punto final de los Apéndices de El Señor de los Anillos.

En cierta manera es el fenómeno del maestro y sus epígonos con el manierismo de escuela subsiguiente, algo que pasa algunas veces con los grandes del arte. En literatura es más dificil seguir el rastro porque los "discípulos" son, generalmente, muy mediocres y terminan siendo "de género", como todos los "generados" por Tolkien y su obra, un auténtico fenómeno de la literatura del XX-XXI.


Pero el caso de Cristopher Tolkien es excepcional porque se re-presenta como su propio padre, siendo evidente que no lo es. El caso es que yo mismo leo con cierto gusto esas narraciones abocetadas, plagadas de notas y referencias, no por el valor literario (que no lo tienen) sino por la evocación del imaginario tolkieniano. Ese "valor" sí que le concedo a la "labor" de Christopher, aparte del de ser el gran compilador re-ordenador crítico de la obra de su padre...O su re-creador complementario, con todos los juicios y valoraciones que se merece una mano tan "reordenadora" como ha demostrado ser la de Christopher.

A veces he concluído que el gran "apéndice" de Tolkien es su "tercer hijo", Christopher. Quizá por el mismo motivo interno que he dicho antes, tan característico del lector de JRR: El síndrome de abstinencia, cuyo primer afectado habría sido el propio Christopher.

Lo "original" en el caso de Cristopher Tolkien es que él y sólo él es el único autor de la formidable serie que supera en extensión - sólo en eso - la propia obra de su padre, una especie de gran mantenedor de la obra paterna, como una prolongación que ha ido tomando una consistencia considerable. No digo "imprescindible" para la obra de Tolkien, que se aprecia plenamente sin necesidad de los "apéndices" de Tolkien; quiero decir que en el universo del género tolkieniano, Christopher es, quizá, el primero de los "apócrifos".

Una cuestión que me planteo (seguro que a más de a uno se le habrá ocurrido, a estas alturas) es si la obra de Cristopher se puede considerar como "complementaria" o si, por el contarrio, ha "desvirtuado" la obra original, alterándola con sus "prolongaciones". Cuando un autor tan atento a su obra como JRR Tolkien no quiso publicar todo eso que Christopher ha ido sacando a la luz, es oportuno (necesario?) cuestionar si ha sido respetuoso con la voluntad del maestro Tolkien, un escritor con una obra que el estimó tal y como la dejó.

En otro plano queda especular sobre la considerable fortuna que los derechos de autor estarán produciendo a los herederos de JRR Tolkien, cuya "participación" en los propios copyrights de su hermano Cristopher desconozco.

Por eso no me extrañaría que cuando el ya anciano Cristopher desaparezca, alguno de la estirpe de JRR T. tome el relevo y la saga continue con nuevos "descubrimientos" del abuelo Tolkien. O del tio Chris, pues no sería raro que al propio "complementador" le salgan también sus "comentadores".

Por supuesto, yo hubiera preferido que todo hubiera quedado como Master Tolkien lo dejó.

p.s. Por supuesto también que la peor deformación sufrida, la más grave agresión a la obra de Tolkien no ha sido la resultante de los addenda de Christopher, sino la perpetrada por la infame infausta pelicula del infra-cineasta P.Jackson, merecedora del fuego del Monte del Destino, ad damnationem memoriae suae in perpetuum.

+T.

martes, 9 de junio de 2009

Chesterton, quoque ???

A todo el que tenga el buen gusto de visitar este blog no le cabrán dudas sobre mis simpatías chestertonianas, i presume. Aunque me consta la injusta fobo-chestertonía de alguno, Chesterton será siempre un contraste de buen gusto (como el blog) y de sana catolicidad (item). No diré que Mr. Gilbert Keith sea un "sine qua non", pero insisto en que es una firme coartada. Sin duda.

Mi arrimo a Chesterton no fue teledirigido, sino descubrimiento propio y natural. Tan natural que llegué al gordo y amable inglés por la via literaria y de ficción, como Dios manda. Porque lo primero fue aficionarme y hacerme adicto al Fr. Brown, of course. Después me leí - tenía quince años illo tempore, y sigue sin gustarme - El Hombre que fue Jueves, un enredo "metafísico", decía la contraportada. Prescindible, digo yo, digan lo que digan quienes lo digan. En mi biblioteca, el crítico soy yo y me pitorreo del criticuelo que discrepe, sea el que sea y de la "altura" que fuere. Si coinciden con mis gustos, buenos son; y si no, me merecen menos crédito que un sociata de academia y premio principés de la asturiana, pongo por ejemplo.

Después de los novelorios del Father Brown y la mortificación ascética del "Hombre J" vinieron las demás chestertonerías. Las fui comprando y leyendo de feria en feria, en los puestos de ferias de libros o en rebajas del cortinglés, tomos sueltos de la edición de las obras completas, en una edición muy buena de Plaza&Janés, en buen papel y bien encuadernada. Me parece que me falta algún tomo, o dos (agradecidísimo si alguien me los procura). Los tengo repartidos por ahí, en el piso-caverna que habito, y en casa de mi madre y algún otro cubículo, y los leo passim.

Porque la lectura de Chesterton, descubrí un día, debe ser como Chesterton, que se olvidaba de dónde iba y a qué hora, y tenía que llamar a casa, a su amable, enamorada y estupenda esposa, para preguntar en qué sitio debía estar y a qué hora le esperaban. Pues lo mismo: Se lee a Chesterton a-sistemáticamente, entre lectura y lectura, entre rato y rato, en verano, en invierno, en otoño o en Mayo, vale cualquier estación. Me refiero a sus ensayos y a sus escritos "apologéticos", por llamarlos de algún modo, y sus críticas literarias etc. Abras el libro por donde sea, la lectura se sigue perfectamente, sin sufrir síndrome de "desconexión" con lo anterior no leído ni síndrome de "ansiedad" por lo que sigue y que sabes que no vas a leer, porque no tienes tiempo y lo dejarás para la próxima vez. La próxima vez con Chesterton es siempre un encuentro feliz, como de manzanilla con aceitunas, o un té con pastitas, o un par de cervezas en la barra del pub. Una cosa así, siempre reconfortante, agradable que da gusto.


Bueno, pues resulta que también quieren beatificar al retotolludo Chesterton. ¿Por qué? ¿Why? ¿Et porquoí? ¿No es bastante bueno Chesterton siendo Chesterton? ¿Qué le falta, una vez muerto y sepultado, creyendo y esperando la carnis resurrectionem et vitam aeternam, como cualquier buen católico decente?

Se diría que estoy, ultimamente, maníaco con los santorales. Hipersensible y quasi hiper-escéptico-hagiológico. Yes. Porque me temo que es un pio pitorreo, o una anomalía de beateríos histéricos que no tienen un cura que los eche de la sacristía con un escobazo en los lomos.

A mí, por antojárseme Santos, por ejemplo, escogería a Don Felix Lope de Vega y Carpio antes que a mucho santito de altarcito y velas. La mitad y tres cuartas partes de los "escritos" de muchos místicones edulcorados y beatucas de miel y arrope no valen lo que un soneto, sólo un soneto, de las Rimas Sacras de Don Lope, que puteó con medio Madrid de los Austrias pero que se arrepentía como ninguno, amando a Cristo como un loco que sabe lo que es pasión de carne y sangre, y amar como ama un hombre-hombre, y no un beato de meato estrecho. Con dos (que son un par, quiero decir). Eso es un santo, y no un maniquí de sacristía para distracción de la camarilla de pazguatos, que no saben lo que vale un mea culpa de verdad, de los que cascan pecho.

Por nada me imagino a Lope de Vega con altarcito y velas, como Uds, supondrán. Ni me gustaría, tampoco. Me gusta así, macho y galán y arrepentido hasta el estrambote de un soneto. Un cura español del Siglo de Oro 100%, sin canonizar y sin coronita de latón.

Lo de "imponer santos a Dios" me parece cada vez más serio. Sobre todo cuando los "canonizables" vivieron y murieron sin una fama de santidad; repito: sin fama de santidad ninguna, salvo la común. Insisto. Qué poca piedad y qué poca teología tienen los nuevos devotos. Con una fe mejor formada sabrían distinguir qué es un santo, y que los santos no se "fuerzan" sino que ellos mismos se hacen notar. Sin postulacions ni postuladores, porque su causa, si es causa, la lleva Dios.


En casos así, siempre me acuerdo, para templarme, de la sentencia prudente del sabio Gamaliel: "...si lo que ellos intentan hacer viene de los hombres, se destruirá por sí mismo, pero si verdaderamente viene de Dios, ustedes no podrán destruirlos y correrán el riesgo de embarcarse en una lucha contra Dios". Hch 5, 35-39. Bueno. Vale. Eso siempre, y con más ponderación que Gamaliel, que al fin era sanedrita y más que profecía dijo sentencia circunspecta.
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Pero a pesar de Gamaliel y todo, me arrogo la libertad de hacer - otra vez - de Promotor Fidei sui generis. Conque permítanme Uds. que me tome a pitorreo lo de Chesterton, que me lo imagino inmensamente gordo, rebosando panza y carrillos, con greñas y bigotes, en una hornacina de altar con dos velitas y violetero. Y me hace tanta gracia y un poco más.

Pienso que a él también.

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lunes, 23 de marzo de 2009

François Mauriac, una calificación post-mortem

He leído este fin de semana en la prensa la novedad de una obra biográfica sobre el nóbel francés François Mauriac, algo nada extraordinario. Lo llamativo es la tesis del libro que "confirma" la homosexualidad del literato francés. Que no está vivo para defenderse y hacer una apología por vita sua. Me temo que se trata de un nuevo caso de "apropiación" homo-interesada gay-manipulada.

Nunca me ha atraído especialmente Mauriac, tengo que reconocer. Le he leído en español, y algo también en francés, también algunos artículos de periódico, pero no es de mis preferidos. Sin embargo reconozco su buena, muy buena literatura; es de los que merecen leerse en su francés original, excelente. Mauriac es francés-francés, y sus novelas le enmarcan en la Francia del XX, tan herida. Y tan moderna. A Francia, las dos guerras la despiertan de lo que le quedaba de su sueño de grandeur decimonónico. Y es un despertar traumático, que se nota mucho en toda la literatura, passim. En Mauriac también.

Entiendo que el católico Mauriac se comprende en esas coordenadas. Si ahora lo re-interpretan en clave homo-sex, me parece de un oportunismo abusivo. Una de las fijaciones de la pseudo-cultura gay es pretender monopolizar extemporáneamente personajes, vidas, obras e historia. Un absurdo y un falseamiento. No niego circunstancias, que desconozco. Niego absolutos, generalizciones, reducciones de una vida/un personaje a una (decadente) ideología y sus esquemas/prejuicios. En este caso de Mauriac y en otros.

Como autor, Mauriac es reconocidamente católico, uno de esos escritores que expresan la fe en su obra. Una fe nada conformista o corriente. El catolicismo de Mauriac es de su siglo, de su tiempo, existencialista creyente (digo existencialista y entiendo por ello la dramática y/o agónica consciencia del ser personal y la historia, el yo y la vida). La suma de sus circunstancias temporales y personales, propias y ajenas, se exponen con fe, abiertas a la trascendencia sobrenatural. Una fe que no "desproblematiza" sino que ilumina y eleva lo humano y toda la naturaleza. La fe que no quita el dolor, pero sí lo abre a la esperanza y el Misterio. Este sentido es perfectamente reconocible en la obra de Mauriac.

¿Y su supuesta homosexualidad? Cualquiera que se haya dedicado a elaborar una tesis sabe qué fácil es montarla en torno a 1 argumento/1 personaje/1 obra. Désele a un imaginativo ocurrente un mínimo leit motiv, y rastreará una oculta homosexualidad en El Cid Campeador, un latente lesbianismo en Madàme de Pompadour, o un cripto-tráuma homosex en Don Marcelino Menéndez y Pelayo o Don Pío Baroja (que eran solterones (espero no haber dado ideas (una mala idea))). Todo es ponerse y elucubrar.

Lo que el autor de la biografía filo-gay de Mauriac nunca reconocerá es que, aún el supuesto de lo que conjetura, Mauriac vivió su "tensión" en cristiano: Resistiendo, no consintiendo, corrigiendo y viviendo rectamente. Esposo y padre, que no me adivinen según novelorios sus tentaciones (de internis neque Ecclesia) sino que me concluyan según su vida. Precisamente lo más interesante, personalmente hablando.

Literariamente, me parece una proyección del gay-sexismo militante sobre-entender un Mauriac como ellos gusten.

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domingo, 22 de febrero de 2009

Es Carnaval

En casa contaban que el Carnaval se dejó de celebrar "antes del Movimiento". Esa datación cronológica era recurrente y salía a menudo en las conversaciones de mesa camilla y brasero, cuando mis tías, entre rosario y rosario, nos contaban cosas de su época feliz. Decían "antes del Movimiento" como una elipsis para no decir la Guerra, por no refrescar dolores ni evocar fantasmas. Así y todo, siempre se escapaban unos suspiros delatores, como brisas del alma y del tiempo que pasó pero dejando reserva de suspiros para los restos. Hasta el último suspiro.

Una cosa tuve clara: Que el Carnaval no era virtuoso, sino crapuloso. También concluí que hubo carnavales de distinto grado, de varia intensidad y efectos. Los que mis tías gozaron tuvieron que ser poco más o menos como una fiesta de cumpleaños de ahora, de esas que los padres hacen para sus crios, como una especie de ensayo de relaciones sociales. Fueron aquellos carnavales de casa decente, con buñuelos, chocolate, anís y ponche. Y mucho rigodón y sevillanas. Y a las doce de vuelta, como la Cenicienta.

Después supe más de carnavales, leyendo. En Cadiz por Carnavales nunca estuve. He estado antes y después del Carnaval, la semana antes o ya en Cuaresma, con rastros de papelillos y serpentinas por las calles y un tablado medio desmontado en la Plaza de San Antonio. El Carnaval de Cadiz es la sublimación de la pocavergüenza y el summum de la ordinariez más exquisita, chabacanería que se vuelve risa contagiosa irreprimible en cuanto se escucha el pito de una chirigota, como una carcajada guasona y socarrona a lo Pemán, gloria de "La eternamente vencedora".

De Jerez, al ladito de Cádiz pero en otro mundo, es el padre Coloma, que en Pequeñeces plantea un drama con presentación-nudo-desenlace entre Carnaval y Cuaresma, se puede decir. A mí me gusta leer Pequeñeces por Carnaval, porque leí el novelorio un año por carnavales, yo estudiante todavía. Y me hice adicto. Otra novela de Coloma se llama casi igual, "Solaces de un estudiante", y también sale el Carnaval. Y en una lectura recreativa, "El primer baile", también. Y en "La Gorriona", y unas estampas de Carnaval y Domingo de Piñata deliciosas en "Por un piojo". Tengo 2 obras completas del p. Coloma, una para leer yo y otra para prestar; pero no la presto por miedo a perderla; la otra, la primera que tuve y leí, es en casi una obrita que Coloma hubiera escrito con gusto (y no tiene final todavía, a saber), pero esto ya lo he contado, otro año, casi lo mismo.

De otros carnavales también tengo semblanza literaria, de lectura, que soy sujeto de mucho libro y poco mundo. Y como el carnaval es mundano, sospecho que soy quasi analfabeto carnavalista, a pesar de lo leído.

De Cuaresma se más.

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sábado, 21 de febrero de 2009

Un pipiolo que escribe


Este de la fotito es un pipiolo, con cara y tipo de idem. Se llama Tony O´Neill. El O'Neill, pase, pero el Tony le hace más pipiolo. Y me parece que le gusta. A mi no, pas du tout. Del sombrerito, opino que es un detalle de buen gusto que es de mal gusto, por todo lo demás que no va con el sombrerete y la corbata look '60, la cara de niño bueno y esa solapada agresividad emboscada tras la mirada de cachorrito. No.

Pero el mocito ya tiene hasta "generación". La "generación" es un invento de literatureros, surgida en conatos de antologías, una catalogación relativamente petulante, de tesina. Tuvo éxito la ocurrencia, y ya en el 27 hubo "conciencia de generación" (los del 98 fueron pioneros, y salvaron cierta dignidad, todavía), y desde entonces hay que adscribirse (o tener quien te adscriba) a una para ser alguien en el quien es quien literaturero. Una vulgaridad, pues, si se considera que el precedente, antes, se computaba en "siglo". Y hay que ser cretino-cultural para entenderse "generacionista" de tales y considerarse a la altura del Siglo de Oro o del Grand Siècle o del Trecento florentino, un poner.

Pues el pipiolo de la foto a lo Charlot es, videtur quod, de la "generación offbeat". Ignoro quien pueda ser el inventor de esa generada offbeat, pero me parece más que probable que el que sea que tuvo la gracia de apadrinar y ponerles mote ya estará cobrando derechos de autor y copyright por cada vez que se diga, se cite, se escriba "generación offbeat". Si hay una constante referente a las nuevas "generaciones" literatureras es lo pronto que se les despierta la vis del copyright. Los pollos salen del huevo despabiladísimos para este negocio.

En este como en otros casos de la post-modernidad y el pseudo-arte, lo admirable es que se debatan en el fondo cuestiones de dinero, sumas considerables de esas que "motivan" suficientemente al escritorzuelo que fuere a escribir. Pero no es la historia de Dickens quemándose las pestañas a la luz de un quinqué, ganándose el pan por entregas, o de Dumas y su enigmático "negro". No, esa época pasó y ahora la post-modernidad hace antes al millonario y al literaturo sin solución de continuidad y en una entrega. También con publicidad de agencia, web, y editorial rampante, para que el mundo descubra el nuevo lanzamiento y su lanzado.

Si hay un mundo snob es el de las élites culturales; el snobismo nació en los salones y creció en las tertulias. Nadie que se tenga por algo y mire por encima del hombro a los demás que nada son se atreverá a reconocer que el perengano de marras es un petardete infumable o que jamás ha leído del sujetillo una línea, ni piensa hacerlo. Con lo que hay que leer y lo que se puede leer, ponerse a leer "a la page" es signo de la misma mentecatez que el que visita pasarelas de moda y se pone lo que dicen que se lleva esta temporada. Quedan pocos señores que van al sastre y se visten a su gusto, tan pocos como los que leen lo que les gusta y se asquean displicentes cuando ven que les pueda rozar la dictadura de la moda editorial. Y no es cuestión de dineros, sino de gusto, buen gusto. Y en música y demás lo mismo: Buen gusto para el gusto propio.

Encontraré una excusa razonable para el que tome el florete y combata por el derecho de la literatura del siglo XXI: El derecho mismo a que el siglo XXI tenga "su" literatura, que no se lo niego. Lo que niego es que sea "esta" literatura. El Lazarillo de Tormes, que es espejo y alma del XVI más crudo y descarnado, es anónimo y no apareció con crítica, publicidad contratada y mesa redonda. Au contraire, estamos en el momento este en que primero es el nombre y el perfil, y después la obra. Una obra tan discutible, que nadie lo dude. Lo reciente por lo reciente y lo novedoso por lo novedoso y lo contestario por lo contestatario no es el arte por el arte.

La gacetillera (que puede que sea admiradora ren-di-da del Tony y su sombrerito y su miradita pestañosa de caramelín) pregona enfática que el lema de la offbeat people es "sea lo que sea, me opongo a lo que sea"...o algo así. Muy radical. Pero me temo que sin raíces, improvisando en perpetuum mobile contra mundum, sin apoyo en nada para oponerse a todo. Y cabreado. Con carita de niño bueno peligroso, o con trazas de bruja post-moderna o de mugriento fan heavy-metal (veáse la foto del trio).

Con toda la contundencia de ese manifiesto offbeat, me opongo y mando al muladar noveluchas, papeluchos y literaturillos de esa ínfima pero bien promocionada especie. Ni que decir tiene que si fuera o fuese una "ella" la escritorcilla, desmejora en proporción mi disgusto. Yes.

Sólidos principios, firmes convencimientos, irreductible opinión.

p.s. Se me olvidaba, que quería decirlo: Fernán Caballero for ever!!!

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miércoles, 3 de diciembre de 2008

El Divino Impaciente (en torno a)

Es que me gusta escribir de personajes y cosas relativas cuando toca el dia de. El dia del Santo u Santa u efemérides la que sea. Tradición-tradición-tradición, como cantaba y bailaba el simpático Topol en "El Violinista en el Tejado" (una preciosidad de peli, recomendable por muchos conceptos (el sobrenatural más que ninguno)).

Aun cuando vige mi Javier del año pasado (que recomiendo leer), hoy toca Javier, y me obligo a escribir, velim nolim, Javier! Que pienso tuvo que tener la tensión alta, por lo menos tal y como lo imagina Pemán, que lo imagina muy bien: Impaciente. Concedo que el "divino" pudiera ser que le rebajara la tensión. Pero respondo que no sé, porque a Javier lo pintan con fuego saliéndole del pecho: La sotana desabotonada, la camisa asomando, y una llamarada escapándosele del corazón. Como decía, hipertenso, taquicárdico, y con cuadros de ansiedades...divinas.

Los pálpitos emocionales intensos son habituales en los Santos. Es un fenómeno que rara vez está ausente, y que hace del santo cristiano (que es el más y el más verdadero) un personaje muy distinto, muy diferente, del santón extra-cristiano que busca ataraxías y nirvanas en este mundo. En este mundo, el santo cristiano está apremiado, espoleado, urgido: Charitas Christi urget nos! Y por eso y otras cosas anejas, los pálpitos intensos y las impaciencias (divinas).

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El Javier impaciente de Pemán es un navarro del XVI que se come el mundo por Cristo, con Él, y en Él. Y así, más o menos, tuvo que ser el Javier real, el que escribía:

"...Muchas veces me vienen ganas de recorrer las universidades de Europa, principalmente la de París, y de ponerme a gritar por doquiera, como quien ha perdido el juicio, para impulsar a los que poseen más ciencia que caridad, con estas palabras: «¡Ay, cuántas almas, por vuestra desidia, quedan excluidas del cielo y se precipitan en el infierno!»

La imagen del Javier con el brazo cansado de bautizar gentiles, hijos de Dios por la Gracia...y el brazo cansado de Javier, tan impaciente, tan ansioso. Si le hubieran dejado más tiempo y espacio, Asia sería tan católica como lo son hoy las tierras donde Javier dejó su huella inquieta. Que por cierto, el brazo aquel guarda cierta impaciente inquietud, porque me parece que es la reliquia más viajera de la Catolicidad, y rara es la temporada que no la sacan del Gesú para llevarla por aquí y por allá, como si estuviera ansiosa de bendecir mundo y hombres hasta el dia de su resurrección carnal.

Las escenas javierinas de Pemán son traducción en verso para el tablado de los pasos reales, históricos, de Ignacio y Javier. Lean:

- Ignacio:
.
¡Que abismo
disimulado y profundo!
¿Qué importa ganar el mundo
si te pierdes a ti mismo?

(esto es el Evangelio)

- Ignacio:
.
No quito
nada a tu afán generoso;
pero te quiero… un poquito
menos dado a lo extremoso.

(y esto comedia andaluza con huella de los Quintero)

Y ahora, habla Javier:

Soy más amigo del viento,
señora, que de la brisa…
¡y hay que hacer el bien deprisa,
que el mal no pierde momento!

Y este también es Javier (con mucha actualidad y mensaje, por cierto):

¡Buen modo
de celar las cosas santas!
Por evitar sacrilegios,
que la procesión no salga;
por no irritar a lo malo
que lo bueno no se haga.
.
Como se vé, el tolerancismo y el talanterío que cede espacio a los malos y le quita su terreno a los buenos, no es javieriano (ni católico). Y aunque el verso lo ponga Pemán, el concepto es del Santo. Sin duda.

Pemán atinó en el título para su Javier, como los grandes que adelantan en la portada la sustancia de la obra con dos o tres palabras. "El Divino Impaciente" es un genial título para un drama genial. Tan acertado que es gracia de Dios y de su Javier impaciente que en la India y la China de Javier estén activos los mártires de la Iglesia del XXI, con la impaciencia del intrépido español que les evangelizó, corriéndoles el síndrome de Javier por la sangre que todavía se derrama: Que también el martirio es cierta impaciencia.
p.s. Con dedicación especial a mis parientes, amigos y compadres jesuitones: ¡Que no pierdan la impaciencia de Javier! (y nos la sepan contagiar). Amen.
.
+T.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Autor de gusto morisco


Uno de los fiascos de la reciente política andaluza fue el espectro Pimentel, que salió a escena e hizo mutis por el foro con más ruído que nueces y sin pena ni gloria sino todo lo contrario. Las tenía claras el muchacho (y el que lo recomendó y el que le hizo sitio en el gabinente gubernativo y el Banco Azul, también: Todos muy acertados con el mozo).

El mocito pinturero se guardaba una vocación más literaturera que politicantista, como el otro aquel que lo que quería de verdad era ser torero-torero-torero; otro acierto ppero para la antología de las perspicacias políticas y el curriculum del parto de los montes. Y como escribir escribe cualquiera (verbigracia el que esto escribe, mismamente) pero publicar y sacar al escaparate de las librerías sólo los enchufados del sistema y el partidete mediático (escriban lo que y como escriban), pues el Pimenteles (ele!) ha publicado una "novela histórica", que es el género generorum preferido y favorito de los noveleros de esta depravada generación.

Para estupor de los siglos y regodeo del foro de lectores del universo mundo, el héroe de la novela historiquil-pimentelera no es el Cid, ni Don Pelayo, ni siquiera Don Rodrigo o la Cava o el Conde Don Julián. Non et non et non, señores y señoritos, que están Uds. más atrasados que un cromagnón altamireño. Non! El héroe de la pimentalada es....Un moro! Un moro de la morería más morista de toda la moreridad; un moro que se pasea por los sitios más profundamente morunos comiendo pinchos (morunos) y tomando sirope (de moras). Huelga decir que saldrán harenes, danzas del vientre y de los siete velos, y pérfidos eunucos (o no pérfidos, que hay que andarse con cuidaddo con el lobby de los ya se sabe quiénes). Y cuscúz y té con yerbabuena.
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Digo yo, que todo esto es conjetura mía y adaptación fantaseada del género producto de mi imaginante imaginativa. Nada más.

Pero a lo mejor me equivoco, y la novelona pimentelona esconde un alegato vibrante y vindicativo de la España de la Reconquista con épica exaltación de las Navas de Tolosa (18 de Julio que fue).
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p.s. Por cierto, a mi "Tombuctú" me suena a aquellos destinos remotos adonde mandaban a Mortadelo, a Rompetechos, a Anacleto, a Zipi y Zape, a Carpanta, etc. que siempre que se escapaban por los pelos se iban a Pernambuco, Tegucigalpa, Beluchistán, Cochinchina...o Tombuctú (supongo que la vocación literaturera se le despertó al autor leyendo el Tiovivo, el Pulgarcito o el Din-Dan).

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lunes, 10 de noviembre de 2008

La forza del destino (que es imprevisible y muy traicionero)

Esta mañana, al conectarme, el glogle me recordaba que tal dia como hoy (San León Magno o/y San Andrés Avelino...según qué Misal) se estrenó en el teatro de la Ópera de San Petersburgo La Forza del Destino, de Don Josepepe Verdi de mi gran admiración (sin llegar al ¡viva V.E.R.D.I.! excuso decir). Por eso me congratulo en regalarme la merced de unos youtubes, a la salud del maestro, el autor del blog, y el que pase por aquí y sea bienquisto, también.

Primero, la obertura: Trará Traraá Traraaaaá...Tirororí-tirororí-tirororí-lalero, tirororí-tirororí-tirororí-lalero...etc. Nada más y nada menos que con Herr von Karajan, batuta en mano (contengan entusiasmos):




La Forza del Destino es, ya lo saben Uds, la transposición en libreto de Francesco Mª Piave del Don Álvaro o la Fuerza del Sino, de nuestro Duque de Rivas (y más en el fondo El Condenado por Desconfiado de Tirso de Molina), revisado y retocado para la ópera de Verdi. Que compuso una emocionante opera romantiquísima con amores, despechos, infortunios, azares, muertes, más muertos, conversiones, frailes tremendos y escena final con todo y todo y todo.

Pues a pesar de todo, los modernos de San Petersburgo silbaron en el estreno, porque era, para el gusto ruso de los rusos modernos de 1862, demasiado romántica-ántica. Por si alguno quiere echarle un vistazo, ahí va el libreto bilingüe (para no perderse cada vez que en italiano sale "Curra", que es la criada de Dª Leonor (que si Curra en español es fuerte, en italiano es traumático, por lo menos (por detalles como este, recomiendo leer el original italiano, para que el solaz alcance su clímax))).

Arranca ambientada en Sevilla-Siviglia-España, y ni que decir tiene que goza de todas las universalmente reconocidas ventajas de tan acertada ubicación. Genio y figura, ¿dónde mejor? Conque suena la obertura (Trará Traraá Traraaaaá...Tirororí-tirororí-tirororí-lalero, tirororí-tirororí-tirororí-lalero...etc. etc. etc.), se alza el telón, y lo primero que sale es Sevilla (y Curra que entra por la izquierda). Después la cosa cambia de coordenadas y se traslada a ¡Hornachuelos!!! (Córdoba). Yes: Hor-na-chue-los (lean, lean el libreto). Y después...a Velletri! (Italia-Lazio-Roma-Colli Albani (un vino muy rico)). Remata otra vez en Hornachuelos (quién lo iba a decir!).

Bueno, el que quiera que se lea el libreto y no le quite ojo a la Curra, que las Curras son temibles (verbigracia, aquella Albornoz, tan célebre). Y ahí va otra entrega de youtube, esta vez la irresistible Renata Tebaldi, en el San Carlo de Nápoli (evviva San Gennaro!) el año '58:





Me permitiran Uds. (si me leen) una sentenciosa reflexión a propósito de. Y es que se empieza pateando una ópera de Don Josepepe Verdi, y se termina con una revolución de Octubre-Noviembre cincuenta años después.

Cavete!

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lunes, 20 de octubre de 2008

Gerberto, el Papa Silvestre II Aurillac

Cuando ví el título del libruco, me lo imaginé de momento. Fue al pasar por delante de la librería del cortinglés, que había un cartón de publicidad con una foto de la portada y todo eso. Un Papa mago no podía ser otro que Gerberto. Y me dije - ¡pobre Gerberto!!!

Desde que se re-puso de moda, la novela histórica ha ido degradándose en proporción directa al éxito y el número de las ediciones. Muy pocas de las obras publicadas son dignas de entrar en el catálogo del género, la mayoría no pasan de la categoría de libro de ficción-entretenimiento. Lo más llamativo es que hasta escritores de cierta reputación han picado y pecado, escribiendo y vendiendo su novelucha de historieta.

Lo único de valor (lo que más me gusta, quiero decir) de ese tipo de lecturas es lo que el autor saca de obras documentadas sobre los personajes y la época que toma como coartada-pretexto de la narración. Lo demás, agua de borrajas con riesgo de indigestión sub-literaria. Si ni siquiera se toman la molestia de incluir ese tipo de información-estructura historiográfica, el novelucho no merece ni que lo quemen en la estufa.

Cuando Sir Walter Scott (el venerable) y Dumas (el inagotable) inventaban héroes y aventuras, no falseaban la historia. Alguno había que salía malparado (imperdonable el maltrato al gran Richelieu, oh!) y otros ganaban lustre y hasta mito (Richard Coeur de Lion, tan mimado, corregido y aumentado). Pero en general la exposición de las dramatis personae era justa. En los buenos escritores; en los malos y los peores, los abusos fueron creciendo secundum quid. Y hasta el presente, como decía. Por eso mis prevenciones sobre el género.

Uno de los autores contemporáneos mejores en calidad literaria e imaginación es - sin rivales - el argentino Manuel Múgica Láinez. Aunque el Unicornio y El Escarabajo son deliciosas y amenas lecturas, su Bomarzo le hace grande entre los grandes del género. Pocas veces se ha trazado una semblaza más fascinante y a la vez realista e "histórica" de una época/unos personajes/un mundo. No es lectura para todos los públicos, pero es piedra de toque para descubrir sensibilidades y niveles de "cultura literaria". Bomarzo tiene escenas que deberían estar en los museos junto a ciertas obras del arte inmortal.

Volviendo a Gerberto, le tengo simpatía desde que leí El Año Mil, de Henri Focillon. Una edición del libro de bolsillo de Alianza, allá por 1978, en un autobús, yendo a Sevilla, un lunes de Febrero o Marzo. Me lo bebí de un tirón, entre una paisana gorda que llevaba una maceta de espárragos y el cristal de la ventanilla del autobús de la Bética. Cuando llegamos a la cochera de Plaza de Armas, Focillón y su Europa del Año Mil estaban ya en el selecto catálogo de mis favoritos in saecula.

Es facil encariñarse y dejarse encantar por el brujo Aurillac, porque algo de mago tuvo; es verdad. Por lo menos así lo vieron los romanos de su tiempo, y también los germanos. Los hispanos no, porque aquí fue donde le enseñamos, sin complejos, en la joven España reconquistadora que desde Liébana comentaba el Apocalipsis e iluminaba Beatos, que empezaba en la Marca Hispánica y terminaba en el Finisterre Compostelano. Porque Gerberto fue de los peregrinos pioneros, uno que se "inició" en el camino antes de que Gelmírez institucionalizara (y rentabilizara) el peregrinaje.

Ya traía su pequeño currículum de aprendiz de brujo, desde su Auvernia natal. Francia - guste o no - es le Moyen Age. Más "adelantada" que los romanos de Roma y que los germanos del imperio, podía permitirse el lujo de un Gerberto del que presumir ante el mundo que emergía rutilante con el nuevo milenio, el primero después de Cristo. La tesis del libro de Focillón, en contra de los que describen con tintes sombrios el año Mil, es que con el milenio se disipan terrores supersticiosos y amanece un siglo optimista, creativo, rico en inteligencia y arte, desde el Románico a la Escolástica y la sociedad feudal. Las Cruzadas están a la vuelta de la esquina (Gerberto siendo ya Silvestre II las barruntó) y el Medievo más poderoso se despliega como un tapiz de imaginería románica tejido en Gerona o bordado en Bayeux. Y Gerberto de Aurillac sería el Papa Silvestre II que cerraría el siglo X y abriría el Milenio, en Roma.

Roma no se lo perdonó. Todavía entre las brumas del Siglo de Hierro, aquellos herederos de las Marozias y los Teofilactos apenas soportaron el "aggiornamento" del Papa Aurillac, con un Otón, ni más nu menos, como patrono y admirador. Le tejieron su particular leyenda negra, de brujo, de nigromante, de tratande del diablo, creando un personaje tan fascinantemente atractivo e imprescindiblemente romano como cinco siglos después harían con nuestro Alejandro VI Borgia. La rendida sumisión del inferior ante el superior se dice y expresa de muchas maneras, verbigracia.

Durante todo el largo medievo, Silvestre II sería uno de los inolvidables que inspiraron o alentaron los delirios de los más avezados en el saber y los saberes. No en vano fue el Papa del año Mil. Desde la cabeza parlante contrahecha en oro que adivinaba por conjuro de Gerberto-Silvestre, hasta los avisos de las muertes papales que suceden en su sepultura, el Papa Aurillac pervive en la fantasía de los romanos.

Lo de la lápida de su sepultura en Letrán es notable: Creído y validado por sacristanes y beatas del quartiere Laterano y Roma entera:



Es fama que: Cum colludit Ossa, pulsat tímpano. Si sudet Sarcófago, obitu lacrimatur Pontificis: Unde mortalibus ómnibus sentarse hora mortis incerta Pontifici excepto Romano.

Es decir que cuando se oye entrechocar los huesos y se ve sudar la lápida de Silvestre II, hay que empezar a llorar porque el Papa se muere, que para todos los mortales es incierta la hora de la muerte, pero los Papas son una excepción; porque Gerberto avisa. Y es verdad. (Y dícese que algunos con malquerencia al Papa de turno pegan el oído al pilar donde está la losa, y pasan la mano a ver si exuda...y repiten la inspección frecuente e impacientemente...Y si alguno lo veía, iba con el cuento al secretario o el sobrino del Papa y causaba la inmediata desgracia del impaciente...O se inventaba la cosa, con parecido efecto para el infeliz). Ita!

Conque se comprenderá el poderoso atractivo que Gerberto de Aurillac-Silvester II puede ejercer sobre el género de los novelorios histórico-esotéricos.

n.b. Pero el que tenga pesquis que me haga caso y se lea, mejor, el librito del Año Mil.

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martes, 30 de septiembre de 2008

Pedradas

Somos lo que somos y como somos. Cabe mejoría siempre, porque siempre somos mejorables y debemos aspirar a lo mejor. No ocultemos (sería vano) que empeorables también, y con la posibilidad de desmejorar también aneja. Y es verdad. Pero somos (seamos!) positivos y aspiremos ad meliora, ad optima optimarum, y atinaremos porque estaremos en el buen sentido, que nos llevará a nuestro Fin Último (con mayúsculas).

Un ejemplo para nuestra positiva estimulación:

"En el rincón remoto de un árido y salvaje desierto, quemado por el calor de un sol tan despiadado que asusta hasta a los monjes que allá viven, a mi me parecía encontrarme en medio de los deleites y las muchedumbres de Roma ... En aquel exilio y prisión a los que, por temor al infierno, yo me condené voluntariamente, sin más compañía que la de los escorpiones y las bestias salvajes, muchas veces me imaginé que contemplaba las danzas de las bailarinas romanas, como si hubiese estado frente a ellas. Tenía el rostro escuálido por el ayuno y, sin embargo, mi voluntad sentía los ataques del deseo; en mi cuerpo frío y en mi carne enjuta, que parecía muerta antes de morir, la pasión tenía aún vida."

Es un apasionado, sin duda. Apasionado y con la sensualidad interna y externa dándole guerra, ya sintiendo, ya imaginando, ya fantaseando que siente. Y aunque no sintiera. Cuando lo cuenta así, años después, se advierte todavía cuánto le escuece la huella, como una cicatriz vieja, de esas que se reduelen cuando cambia el tiempo y se barrunta tormenta. Como si la tempestad que fue y que pasó se quedara en la marca vieja, con su eco. Lo tremendo que pasó y que al tiempo todavía da escalofríos. O algo así.
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¿Cómo fué la cura, la terapia, el tratamiento? Duro, muy duro. Traumático y feroz:

"A solas con aquel enemigo, me arrojé en espíritu a los pies de Jesús, los bañé con mis lágrimas y, al fin, pude domar mi carne con los ayunos durante semanas enteras. No me avergüenzo al revelar mis tentaciones, pero sí lamento que ya no sea yo ahora lo que entonces fui. Con mucha frecuencia velaba del ocaso al alba entre llantos y golpes en el pecho, hasta que volvía la calma".

Golpes en el pecho. De verdad. No el triple golpe ritual de la liturgia "mea culpa, mea culpa..." En este caso fueron golpes reales, con piedra en el puño y el pecho contuso (el esternón partido duele, pero no mata; las costillas, lo mismo, y se terminan soldando solas). Un sevillano contaba así la escena, en verso de Siglo de Oro:


"En la desierta Siria destemplada/
cuyos montes preñados de animales/
llegan con la cabeza a las estrellas;/
tierra de pardos riscos empedrada,/
de cuyos avarientos pedernales/
la cólera del sol saca centellas./
... ... ...
Tiene roturas mil este peñasco,/
y en ella la tarántula pintada/
labra aposento con su débil hebra,/
y el áspid, con su ropa de damasco,/
asoma la cabeza jaspeada/
por entre las dos rejas de otra quiebra/
... ... ...
En esa cueva, pues, y en ese yermo/
el cardenal Jerónimo se oculta,/
porque a Dios descubrir su pecho quiere,/
y para vivir siempre, el cuerpo enfermo/
en esta helada bóveda sepulta,/
que quien se entierra vivo nunca muere./
... ... ...
su flaqueza y penitencia es tanta,/
que apenas le concede la garganta/
sacar la inútil voz del pecho ronco;/
porque con llanto y lágrimas veloces/
negocia con su Dios, más que con voces./
... ... ...
Tiene un Crucifijo por calvario/
el roto casco de una calavera/
que cuelga de la Cruz como un vencejo,/
en cuya frente de este relicario/
tiene éste engastado: "Soy lo que no era/
y serás lo que soy, mísero viejo"/
... ... ...
(y) así le dice a cada instante/
a su Crucificado y tierno Amante:/
"Señor, si tuve como una piedra el pecho,/
con esta piedra ya, sin darle alivio,/
carne lo hago por sacar más medra,/
... ... ...
Esta vida importuna/
me tiene como un leño,/
no me conoce el sueño,/
no quiero sino el sólo de la muerte./
Del cual haced, Señor, que yo despierte/
a gozaros sin fin, porque si dueño/
no me haceis de las célicas moradas,/
el Cielo he de pediros a pedradas!"
... ... ...

Oh! No diga nadie que no es bella! Son 300 versos en total, de los que he escogido estos. La "Canción Real de San Jerónimo en Siria" salió publicada en Sevilla, en una hoja de pliego, allá por 1619. Nadie sabe decir quién sea ese Adrián de Prado, su autor. Yo imagino que tuvo que ser jerónimo, o amigo de los frailes de Santiponce o de Buenavista, tan cerca de nuestra capital. Parece como si glosara al visitante la imagen que Montañés talló para el retablo mayor del convento de Santiponce; o como si ambientara la escultura del Torriggiano para el de Buenavista. Una belleza, ya digo, a la altura de las dos figuras.

A mí me hace gracia el verso de "...el cielo he de pediros a pedradas!" , tan ferozmente jeronimiano. ¡El fiera de San Jerónimo!


Sixto V (otro feroz) le caló bien. Se cuenta que cuando se preparaba su monumento funerario en la Capella del Sacramento de Santa María Maggiore (debajo de la cual está la cripta con tierra y rocas de la gruta de Belén donde reposan las reliquias de San Jerónimo), viendo allí mismo una pintura de San Jerónimo penitente, se plantó delante y le dijo al Santo:

"Haces bien en utilizar esa piedra, porque sin ella, la Iglesia nunca te hubiese canonizado". Tal cual, de tú a tú (que la Communio Sanctorum se expresa de muchas maneras...salva siempre la caridad).

Soy devoto - ya lo dije - del Santo de Belén, que es San Jerónimo, que es hoy. Conque escribo quasi como ofrenda votiva, para que se entere el Santo y me alcance favor, a mí su devoto, tan mejorable...y que no tengo arrestos para apedrearme, la verdad.

¿Me prestas unas cuántas pedradas de las tuyas, San Jerónimo?

A ver...
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p.s. Con memoria para mi Jeromín, que decía nuestro San Jerónimo que "una amistad que puede morir nunca ha sido verdadera"

+T.