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jueves, 22 de diciembre de 2011

The Hobbit, petardazo a la vista, el 4º del mismo


Esta mañana me han mandado tres o cuatro enlaces del trailer de The Hobbit, una petardada apta para cretinos, como las tres partes de ESDLA prostituídas, corrompidas, violadas por el inmenso mequetrefe Jackson, ¡que los orcos se lo lleven!

En el tráiler, lo que se ve es más de lo mismo, incluso peor, me da la impresión. Como leí, no recuerdo dónde, que habían agregado a Alfonso Cuaron al equipo de dirección/producción, me imaginé que la peli de El Hobbit corregiría los vicios y corruptelas de la trilogía de Jackson - ¡que un troll lo machaque!! - Pero la muestra apesta desde lejos, pútrida desde el primer fotograma (de Cuaron no sé si al final ha intervenido o no).

Hasta me parece haber visto (no voy a repetir el visionado del youtube) a Gandalf pelando la pava con una elfa, o lo que sea, ¡qué cosas!

La tesis que mantengo es que a quien le gusten las pelis del vomitivo Jackson - ¡que los trasgos lo trituren!!! - demuestra no saber apreciar la obra del maestro Tolkien, por mucho que se la haya leído: No se ha enterado de n-a-d-a.

Son pelis para infra-lectores, mentes de juego de roll y consola.

Total, ganas de sofocarme por algo que no tiene arreglo: Ni el deforme corruptor Jackson - ¡que un Balrog lo flagele!!! - ni sus archi-imbecilóides adictos, fans, seguidores y/o admiradores.

N.B. Si alguno de mis afectos se encuentra entre semejante recua impresentable, ya saben que se lo perdono: Soy muy generoso con las debilidades, taras y vicios inconfesables de mis amistades.

He dicho.

#.

jueves, 22 de octubre de 2009

Tolkien & prolongaciones familiares


Desde que leí El Silmarillion tuve todas las sospechas de que el supuesto "original" de JRR Tolkien había sido reelaborado y retocado por su hijo Christian en un grado y proporciones que él sabría. Después, publicación a publicación me he ido auto-confirmando en mi sospecha. La última "re-tolkienería" es esta: «La leyenda de Sigurd y Gudrún». La confusión (deliberada?) padre-hijo es tal que al final no sabe uno si el apéndice con la "conferencia inédita de Tolkien Introducción a la Edda Mayor" que incluye la edición, es una conferencia de JRR Tolkien o del prolífico Christian.

Un prolífico vástago que se ha fagocitado al resto de la prole del maestro, porque es Christopher el que se ha erigido en "el hijo" por antonomasia y en exclusiva de JRR y Edith, "el tercer hijo" que ha dejado en la sombra a sus tres hermanos.

No soy "tolkienmaníaco", pero sí profeso una admiración especial al maestro y a su obra, a saber: El Señor de los Anillos, El Hobbit, y los tres relatos Hoja de Niggle, Egidio Granjero de Ham, y El Herrero de Wootom Mayor. Esta es la obra que reconozco como de Tolkien, y nada más. Lo demás es tan "autógrafo" como los editores han querido admitir y el "tercer hijo" ha ido haciendo creer. Un crédito alimentado por la voracidad de los (malos?) lectores que se quedaron con el síndrome de abstinencia al llegar al punto final de los Apéndices de El Señor de los Anillos.

En cierta manera es el fenómeno del maestro y sus epígonos con el manierismo de escuela subsiguiente, algo que pasa algunas veces con los grandes del arte. En literatura es más dificil seguir el rastro porque los "discípulos" son, generalmente, muy mediocres y terminan siendo "de género", como todos los "generados" por Tolkien y su obra, un auténtico fenómeno de la literatura del XX-XXI.


Pero el caso de Cristopher Tolkien es excepcional porque se re-presenta como su propio padre, siendo evidente que no lo es. El caso es que yo mismo leo con cierto gusto esas narraciones abocetadas, plagadas de notas y referencias, no por el valor literario (que no lo tienen) sino por la evocación del imaginario tolkieniano. Ese "valor" sí que le concedo a la "labor" de Christopher, aparte del de ser el gran compilador re-ordenador crítico de la obra de su padre...O su re-creador complementario, con todos los juicios y valoraciones que se merece una mano tan "reordenadora" como ha demostrado ser la de Christopher.

A veces he concluído que el gran "apéndice" de Tolkien es su "tercer hijo", Christopher. Quizá por el mismo motivo interno que he dicho antes, tan característico del lector de JRR: El síndrome de abstinencia, cuyo primer afectado habría sido el propio Christopher.

Lo "original" en el caso de Cristopher Tolkien es que él y sólo él es el único autor de la formidable serie que supera en extensión - sólo en eso - la propia obra de su padre, una especie de gran mantenedor de la obra paterna, como una prolongación que ha ido tomando una consistencia considerable. No digo "imprescindible" para la obra de Tolkien, que se aprecia plenamente sin necesidad de los "apéndices" de Tolkien; quiero decir que en el universo del género tolkieniano, Christopher es, quizá, el primero de los "apócrifos".

Una cuestión que me planteo (seguro que a más de a uno se le habrá ocurrido, a estas alturas) es si la obra de Cristopher se puede considerar como "complementaria" o si, por el contarrio, ha "desvirtuado" la obra original, alterándola con sus "prolongaciones". Cuando un autor tan atento a su obra como JRR Tolkien no quiso publicar todo eso que Christopher ha ido sacando a la luz, es oportuno (necesario?) cuestionar si ha sido respetuoso con la voluntad del maestro Tolkien, un escritor con una obra que el estimó tal y como la dejó.

En otro plano queda especular sobre la considerable fortuna que los derechos de autor estarán produciendo a los herederos de JRR Tolkien, cuya "participación" en los propios copyrights de su hermano Cristopher desconozco.

Por eso no me extrañaría que cuando el ya anciano Cristopher desaparezca, alguno de la estirpe de JRR T. tome el relevo y la saga continue con nuevos "descubrimientos" del abuelo Tolkien. O del tio Chris, pues no sería raro que al propio "complementador" le salgan también sus "comentadores".

Por supuesto, yo hubiera preferido que todo hubiera quedado como Master Tolkien lo dejó.

p.s. Por supuesto también que la peor deformación sufrida, la más grave agresión a la obra de Tolkien no ha sido la resultante de los addenda de Christopher, sino la perpetrada por la infame infausta pelicula del infra-cineasta P.Jackson, merecedora del fuego del Monte del Destino, ad damnationem memoriae suae in perpetuum.

+T.

lunes, 31 de marzo de 2008

Otras citas "magisteriales"


Las herejías de la antigüedad aparecieron, se desarrollaron y se extinguieron (con más o menos huella y/o eco). Por causas y en circunstancias muy variadas. Sumariamente, las herejías son parcializaciones del Credo originadas por una falta de asunción/profesión de la fe, ya sea por insuficiencia/exceso o por perversión. El cisma consumado y estructurado, confirió más estabilidad a las heterodoxias doctrinales, siendo este el caso de la pervivencia hasta la actualidad de algunos de los grandes cismas antiguos, aunque su presencia y estadísticas humanas sean, muchas veces, poco significativas.

La única herejía que se ha desarrollado y extendido - si bien degenerando constantemente desde sus propios orígenes - coincidió con un momento cultural definitivo e irreversible, marcado por la invención de la imprenta y la divulgación de la lectura y la propaganda escrita. No se entiende el luteranismo-protestantismo y sus derivados prescindiendo del fenómeno cultural anejo a su génesis: Sin libros y difusión de prensa, la reforma protestante hubiera terminado circunscrita y abortada en más o menos tiempo.

El medio de comunicación "virtual" que conecta a un mundo cada vez más ocioso y dependiente de la comunicación/intercomunicación, está suponiendo una muy particular y extensiva (la "intensidad" dependerá de personas y circunstancias) animación de las heterodoxias: Hay más gente "opinante", imbuída de un "derecho a opinar", y abundantes medios para la fácil difusión de las opiniones, con una marcada proclividad "sensacionalista" para la difusión de lo peor y más nocivo.

Cada vez es más frecuente que los seglares, sin una específica vocación personal, accedan a los estudios teológicos como a una cualquier otra formación, de la que en muchas ocasiones - dependiendo del centro de formación y sus docentes - sacarán impresiones/juicios sin referencia a la Iglesia y en contra de la fe. Igualmente aparecen nuevas publicaciones de nuevos autores, muchos de ellos sacerdotes o "gente de Iglesia", que enrarecen, desvirtúan o pervierten la teología, al margen del Magisterio (sin hablar de la competencia, información y garantías de esas publicaciones pseudo-teológicas).

Para contrarrestar el fenómeno, urge la presencia/actividad de una "ortodoxia on line". El "oportune et inoportune" paulino, nunca ha sido tan urgente; el recurso a la solidez y fecundidad de la Tradición, pocas veces tan necesario.

Dos amiguetes me han recordado una cita que han visto hace poco en inet, no recuerdan ni me saben decir dónde. Por eso he tenido que ponerme a buscarla yo, que soy el que tiene libros - no sólo de internet se nutre el enterado - y los maneja. Y ahí va la cita, a ver qué tal:


“... Pero tú hablas de «fe debilitada»... En última instancia, la fe es un acto de voluntad, inspirado por el amor. Nuestro amor puede enfriarse y nuestra voluntad deteriorarse por el espectáculo de las deficiencias, la locura, aun los pecados de la Iglesia y sus ministros; pero no creo que alguien que haya tenido fe alguna vez, retroceda más allá de su límite por estos motivos (menos que nadie, quien tenga algún conocimiento histórico).

El «escándalo» a lo más es una ocasión de tentación, como la indecencia lo es de la lujuria (a la que no hace, sino que la despierta). Resulta convincente porque tiende a apartar los ojos de nosotros mismos y de nuestros propios defectos para encontrar un chivo expiatorio... La tentación de la «incredulidad» (que significa realmente el rechazo de Nuestro Señor y Sus Demandas) está siempre presente dentro de nosotros. Una parte nuestra anhela contar con una excusa para que salga al exterior. Cuanto más fuerte es la tentación interior, más pronta y gravemente nos «escandalizarán» los demás.

Creo que soy tan sensible como tú (o cualquier otro cristiano) a los «escándalos», tanto del clero como de los laicos. He sufrido mucho en mi vida por causa de sacerdotes estúpidos, cansados, obnubilados y aun malvados; pero ahora sé lo bastante de mí como para ser consciente de que no debo abandonar la Iglesia (que para mí significaría abandonar la alianza con Nuestro Señor) por ninguno de estos motivos: debería abandonarla porque no creo o ya no creería aun cuando nunca hubiera conocido a nadie de las órdenes que no fuera sabio y santo a la vez. Negaría el Santísimo Sacramento, es decir: llamaría a Dios un fraude en su propia cara.

Si Él fuera un fraude y los Evangelios, fraudulentos, es decir, episodios seleccionados con la mala intención de un loco megalómano (que es la única alternativa), en ese caso, por supuesto, el espectáculo exhibido por la Iglesia (en el sentido del clero) en la historia y en la actualidad, sería una simple prueba de un fraude gigantesco. Pero si no, este espectáculo es, ¡ay!, sólo lo que era de esperar: empezó antes de la primera Pascua y no afecta a la fe en absoluto, excepto en cuanto podemos y debemos estar muy apenados.

Pero deberíamos apenarnos por Nuestro Señor, identificándonos con los escandalizadores, no los santos, sin clamar que no podemos «tolerar» a Judas Iscariote, o aun al absurdo y cobarde Simón Pedro o a las tontas mujeres como la madre de Santiago, que trató de poner a sus hijos por delante.

Exige una fantástica voluntad de incredulidad suponer que Jesús nunca realmente «tuvo lugar», y más todavía suponer que nunca dijo las cosas que de Él se han registrado (tan incapaz era nadie en el mundo de aquella época de «inventarlas»): tales como «antes de que Abraham existiera Yo soy» (Juan VIII); «El que me ha visto, ha visto al Padre» (Juan IX); o la promulgación del Santísimo Sacramento en Juan VI: «El que ha comido mi carne y bebido mi sangre tiene vida eterna».

Por tanto, o bien debemos creer en Él y en lo que dijo y atenernos a las consecuencias, o rechazarlo y atenernos a las consecuencias. Me es difícil creer que nadie que haya tomado la Comunión, aun una vez, cuando menos con la intención correcta, pueda nunca volver a rechazarle sin grave culpa. (Sin embargo, sólo Él conoce cada una de las almas singulares y sus circunstancias).

La única cura para el debilitamiento de la fe es la Comunión. Aunque siempre es Él Mismo, perfecto y completo e inviolable, el Santísimo Sacramento no opera del todo y de una vez en ninguno de nosotros. Como el acto de Fe, debe ser continuo y acrecentarse por el ejercicio. La frecuencia tiene los más altos efectos. Siete veces a la semana resulta más nutritivo que siete veces con intervalos...

A mí me convence el derecho de Pedro, y mirando el mundo a nuestro alrededor no parece haber muchas dudas (si el Cristianismo es verdad) acerca de cuál sea la Verdadera Iglesia, el templo del Espíritu, agónico pero vivo, corrupto pero sagrado, autorreformado y reestablecido.
Pero para mí esa Iglesia, de la cual el Papa es la cabeza reconocida sobre la tierra, tiene como principal reclamo el que sea la que siempre ha defendido (y defiende todavía) el Santísimo Sacramento, lo ha venerado en grado sumo y lo ha puesto (como Cristo evidentemente lo quiso) en primer lugar. Lo último que encomendó a san Pedro fue «alimenta a mis ovejas»; y como Sus palabras deben siempre entenderse literalmente, supongo que se refieren en primer término al Pan de la Vida. Fue en contra de esto que se lanzó la revolución del Oeste de Europa (o Reforma) -«la blasfema fábula de la Misa»- y la oposición entre las obras y la fe, un mero falso indicio...

...Pero me enamoré del Santísimo Sacramento desde un principio...pero, ¡ay!, no he vivido a su altura. Ahora rezo por vosotros todos, sin descanso, para que el Curador (el Haelend, como el Salvador era por lo general llamado en el inglés antiguo) corrija mis defectos y ninguno de vostros deje de nunca exclamar: Benedictus qui venit in nómine Dómini!”

Es una carta de J.R.R. Tolkien a su hijo Michael, 1 de Noviembre de 1963(cfr. J.R.R.Tolkien Cartas, selección de Humphrey Carpenter; carta 250, pp. 393-96. Minotauro, Barcelona 1993).


Me pregunto qué efecto tendrá (o no) entre los adictos-ilusos tolkienianos este texto. También si no hubiera sido mejor que master Tolkien se hubiera dedicado un poco ex profeso a la apologética, con ese estilo tan contundente que expresan estos párrafos de su epistolario familiar.

De todas formas, es un valioso testimonio de uno de los hombres que han marcado con su obra la Literatura Universal. Con plena (y afectada) conciencia, el Tolkien que se fundamenta y hace fuerte en la tradición más genuinamente católica, es un buen maestro/consejero para los perplejos: Los perplejos de buena voluntad, of course.


&.

lunes, 8 de octubre de 2007

The Lord of the Rings

Como en mis tiempos no se estudiaba inglés - qué vulgaridad, decían - y lo que estudiábamos era francés - que es una lengua más europea, decían - soy en lo que al ingleseo se refiere autodidácto-intuitivo-grossomodo, con más o menos acierto según qué lea. Me da una pereza morbosa ponerme a estudiar english, y me apaño en espera de un inglés infuso ( St. Thomas Becket, it requests by me; St. Thomas More, it requests by me; John Henry Newman, it requests by me...)...pero mis Santos ingleses no me lo alcanzan; y yo me resigno y me apaño.

Pero me jode-re-jode poder leer a Verne, Dumas y Saint-Exupery (que ya no les leo pas ) y estarme a dieta mal digerida con Tolkien, Dickens y Shakespeare, que estoy lampando por poderlos leer en inglés a pelo puro y duro...y non posso mai, je ne peux pas ("i cannot" dice el Google que se dice).

Ahora es tiempo de Tolkien, porque a Tolkien empecé a leerlo por estas fechas, en el Otoño del '79. Se publicó entonces la primera parte de la trilogía de El Señor de los Anillos, en la editorial Minotauro, esa que vive de Tolkien y del apócrifo de Tolkien que es su hijo Christian-Tolkien2, tan devoto de su padre (y espero y confío que fiel al autor, porque dan ganas de sospechar de tan prolíficas ediciones de notas, cuadernos, y apuntes; espero que no coja un nieto o un bisnieto el testigo, y tengamos Tolkien3, Oh Lord have mercy!).

Mientras esperaba ansioso la edición de la segunda parte, descubrí la torpeza pacata de las editoriales españolas que hasta esa fecha no habían publicado una obra que era ya un clásico universal absoluto. Y el caso es que las editoriales españolas más activas de la época publicaban bastante, pero no tuvieron lugar para Tolkien hasta aquel año. Un año que fue feliz con Tolkien, que me alivió penas grandes de aquel curso 79-80. Hice con los personajes de la trilogía su periplo, casi acompasando la lectura a la cronología de la ficción desde el Otoño de la Comarca.

Después me he leído/re-leído todo el Tolkien 100% (Los relatos cortos Hoja de Niggle, Egidio granjero de Ham y el Herrero de Wooton Mayor son tres auténticas joyas), y he hojeado algunas de las cosillas del Tolkien apócrifo que el hijo de Tolkien edita y edita y edita (y le editan). No soy tolkienmaníaco, y hasta me da repelús la tribu que se ha creado en torno al imaginarium de J.R.R.T., pero El Señor de los Anillos es de los libros que releo con gusto, por Otoño, como un rito de lector maniático (que eso sí lo soy).
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Concluyo la lectura de mis brani scelti leyendo osadamente el original en inglés que me regaló un año por Reyes mi J. (los amigos, los que son, te dan en la diana sin preguntar), casi con misteriosa y mágica lectura de traslación de lo leído-releído imaginándolo sobre el texto del maestro Tolkien...Oh! oh! oh!

Es un summum de Otoño vestir de invierno la mesa camilla, y ponerme en el sillón a leer Tolkien con tetera, wisky de malta y tabaco - y, si es posible, una madrugada entre las 12 y las 4...- (pero ya no cometo esos excesos de horas, ay!...Pero quisiera poder...Ah!).



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