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domingo, 9 de febrero de 2014

Lo de la Infanta

Tener seis horas declarando ante un juez a una Infanta de España, es una clamorosa proclama anti-monárquica perpetrada con muy intencionada pre-determinación. Haber hecho de eso un espectáculo para la plebe, es un crímen de lesa monarquía. Solazarse en el caso entendiéndolo como un acto de justicia democrático-igualitaria, es una mezquindad que, además de dejar insatisfecho a los que exigen satisfacción, les define muy desfavorablemente, según el perfil del populacho más común.

Uno imagina que si los perros no estuvieran sujetos, la escena podría concluir como un remake del linchamiento de la Princesa de Lamballe, o incluso peor. Episodios como el indecente asalto del otro día al Cardenal Rouco no son sino avisos, catas del nivel inmoral de los 'indignados' radicalizados (con o sin tricolor).

No profeso conceptos democráticos; respecto a la justicia legal del sistema, menos. Una atávica conciencia/convicción estamental (no del todo definida) me induce a referir a cada uno a sus coordenadas. Si la hija del rey infringe la ley, que la juzgue y la castigue el rey, o quien ostente esa competencia, sin salir de su estamento. Sobre el juicio de clérigos mantengo lo mismo, tal cual Becket, prácticamente. Y lo propio respecto a los militares (quizá quienes han podido conservar más la justicia interna). Los gremios también tuvieron antaño su justicia particular, y funcionaban muy bien.

De esto que digo, no intento convencer. Pero sólo soporto con reluctancia las opiniones contrarias.

Lo que me resulta más chocante es ver entre los que claman justicia popular para/contra la Infanta a quienes presumen de cabal españolismo con blasonería de rancia tradición, gules, azur, lises, castillos, barras, leones rampantes, plus-ultra, yugos y flechas. He dicho chocante y quizá debí poner repugnante.

Y esta es mi opinión (que contiene otros particulares y matices que no cuento, por pereza, por desgana).

Obviamente, soy consciente de que mi opinión no es popular, ni democrática, ni políticamente correcta.

...Gracias a Dios.

+T.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Instituciones antiguas dignas de recuperar


Mi venerable y docto contertulio virtual Don Wilfrido Caraffa de Tea me ha remitido una ponderada epístola, breve pero intensa, de la que he entresacado por su interés estas luminosas reflexiones, dignas de la más atenta consideración, ustedes verán:

..."Sufro que la (perversa) realidad se sufra irreversiblemente, cosas y personas. Tocante a las (malas) personas me atormenta que no se puedan "obviar metafíscamente". Entiendo que lo que pienso es muy exterminativo, pero me confirmo. De todas maneras, intento moderar un poco mis aversiones y por eso propongo una recuperación - me parece urgentemente necesario - de vetustas venerables instituciones.

Evidentemente, en materia y para casos de heterodoxia religiosa la Inquisición es el invento no superado, con eficacia demostrada. Los habidos errores y los posibles fallos más algún "exceso" no merman un jeme su calidad competente y contrastables resultados. Considero, posiblemente, que la hoguera resulta dramáticamente traumática para nuestra época etc. Aunque reconsidero esto último y me respondo que con los hornos crematorios podría hacerse una adaptación bastante adecuada a la sensibilidad absurda y mórbida de nuestra post-modernidad, que sufre por un toro en la plaza y apláude un aborto sin complejos. Quiero decir que ojos que no ven, corazón que no siente: Se mete al reo en el crematorio (vivo, of course, para que le dé tiempo a arrepentirse (o a reafirmarse en su contumacia proterva)) y sale en cernidas cenizas sin escenas intermedias de bal des ardents etc. (aunque merece discutirse si el ver al sentenciado quemarse no entra dentro de la sana profilaxis moral, un espectáculo edificante).

Respecto a la política, supuesto su democratismo constitucional asumidísimo, tendrían que reinstaurarse sanas instituciones de aquella democracia primera, la ática, la ateniense. Pienso que es necesario la vuelta de la atimía, que se declaren deshonrados a todos los que se han deshonrado y han deshonrado durante su mandato o gestión de la cosa pública. Es necesario. Y que se hagan listas expuestas en lugares públicos para su publicidad. Con foto (un youtube tambén vale). A considerar la temporalidad de la pena, si usque ad mortem o si, también, post mortem. Sería cosa de ver cada caso.

Lo mismo la euthyna: Un exámen de revalidación de la gestión, con auditoría aneja. A todos y para todos sin exclusión ni exenciones forales pactadas. Un juicio riguroso con obligación, si la hubiere, de devolver al erario público lo que se abusó etc.

Y, por supuesto, el ostracismo: Ampliable, revisable y, para casos graves de conspícuos pérfidos degenerados de la clase política, de por vida. También excluído el enterramiento: Que se pudra lejos de la patria que pudrió.

Finalmente (aunque esto es más antiguo y, paradojicamente, se sigue practicando mucho; es decir, que no está en desuso), la damnatio memoriae: Que sean borrados de todos los registros oficiales y se les supla el nombre con un mote adecuado, o un número, o un logotipo vergonzante. O algo así: Que eliminen de ellos todo rastro rastreable, como raspaban de los cartuchos jeroglíficos los nombres de los infames, allá en el Egipto de los faraones. Ita!

Digo todo esto porque lo peor de lo peor no es que gobiernen ztapeses ztapestosos y menteserrines, vogues, aídas, montillos, moratunos, lendacarajotes y esa mala caterva de esos: Lo malo es que eso ya no tenga remedio y que pasen a la posteridad, que tengan nombre en los cronicones, que hayan dejado su rastro estercolero y no se les pueda barrer y desinfectar con lejía.

Por eso postulo la recuperación de las sabias y eficaces instituciones que recuerdo (abierto a otras posibles por el estilo: Para ciertas cosas me presto a ciertos diálogos (como excepción, of course))." ...

Como ven, Don Wilfrido hace uso de justas y ponderadas opiniones, tanto que cualquiera con buen sentido moral las suscribiría cabalmente. No cabe duda de que así todo iría mejor y se tendría a raya a lo peor de los peores, esos que hoy campan por el mundo que se han hecho a su inmoral medida.

Lo que me espolea el ánimo es que Don Wilfrido dice que, en gran parte, ha sido y es por nuestra culpa, nuestra culpa, nuestra máxima culpa. Yes.


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