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miércoles, 21 de abril de 2010

El escándalo "faraónico" del Padre Pio

Le tengo una devoción "corriente" al Padre Pio; quiero decir que le profeso la devoción común que le tengo a cualquier Santo por serlo, sin más atractivos ni apegos devocionales personales. Sin estar entre mis Santos preferidos, me cae simpático porque es un santo-santo, milagrero y popular, como tienen que ser los Santos, como han sido siempre los Santos hasta la "rebaja" de Juan Pablo II y su discutibilísma reforma de las causas de los Santos. Algún día - espero - habrá que dar marcha atrás y dejar en dique seco los procesos "súbitos" y las causas de "santos" que apenas conocen en su casa y no más allá.

Pero Padre Pio fue otra cosa, un caso que dio que hablar durante su vida y después también. Hoy mismo sigue siendo motivo de polémica por el extravagante edificio al que han sido trasladados sus restos, una cripta con techo de oro que contedrá las reliquias del Santo capuchino para poder ser visto/venerado por sus devotos.

Las maquinaciones, tejemanejes y trapicheos de los capuchinos con y a costa del Padre Pio fueron un capítulo "difícil" de la propia vida del Santo, con particulares más o menos escandalosos, más o menos explicados y/o justificados. Pero el frailerío capuchino insiste y sigue en sus trece, tan lejos del estilo del Padre Pio que les proporciona a través de la popularidad de su devoción tan magníficos ingresos que se pueden permitir un antojo como ese que acaban de estrenar y que algunos italianos han llamado "tumba de Tutankamón", por parecido, por paradoja.

Estos últimos días he seguido muy divertido la secuencia de artículos publicados en el blog Fides et Forma:

1 - En breve, el cuerpo del Padre Pio será trasladado a la tumba de Tutankamón

2 - La estrategia que ha conducido a la traslación de San Pio

3 - La traslación de San Pio, entre hipocresías y miserias humanas

4 - Espiritualidad franciscana en San Giovanni Rotondo


El agudo autor del blog, Francesco Colafémina, se despacha a gusto y descarga sus justas tensiones por el despropósito - que lo es - cometido por los capuchinos de San Giovanni Rotondo, una vez más abusando de la santa memoria del Padre Pio de Pietralcina.

Por las fotos, se harán ustedes idea del asunto: Una cripta de oro - oro de 18 kilates en el techo y los revestimientos de la camareta que contendrá el cuerpo de San Pio - diseñada por el p. Rupnik, el "artista" que se lució en capilla Redemptoris Mater que le mandó hacer Juan Pablo II, según el buen gusto estético-litúrgico del que dio tantas y memorables muestras el Papa Wojtyla durante su largo pontificado. Si la capilla del Vaticano es un estridente espacio que eriza el vello y hace rechinar los dientes, la cripta del Padre Pio es una prueba más de que cuando no se sabe, la ausencia de maestría se disimula con rutilante y descarada maestría.

En la explicación del engendro, lo más estrambótico quizá sea la concepción de la misma cámara de las reliquias: Ese receptáculo con mosáicos de oro, dice el autor que es una representación del Misterio de la Santidad, y que el ventanuco trapezoidal-triangulóide de su centro, por el que los devotos podrán asomarse y ver tras un cristal el cuerpo de San Pio, es/simboliza la Llaga del costado de Cristo (aludiendo de paso también a la célebre estigmatización del Santo capuchino). Compárese el invento con los óculos eucarísticos de algunos retablos-sagrarios de nuestro Arte Sacro español, y se podrá entender cuánto y en qué medida han degenerado las cosas, los gustos, las formas, las devociones, etc.


Todo eso en torno a una figura tan doliente en su santidad, tan patética en su historia, como el Padre Pio de Pietralcina. Los italianos que saben muy bien que el arca que contiene los restos de San Francisco es un sarcófago de piedra, sin labores ni exorno, sujeto al muro-pilar de la cripta de la Basílica inferior de Asis con unos cinchos de hierro y una reja de hierro por delante, hacen justas comparaciones y no salen de su asombro. Algunos, porque otros parecen que están encantados con el "faraónico" túmulo que los capuchinos le han comprado a su rentable Santo.

¿Un escándalo? Eso es lo peor, que tengo la impresión de que con la que hay montada, este verdadero escándalo se tapará y casi pasará desapercibido. Y el Padre Pio quedará engastado en ese hiperbólico y desafortunado cofre aúreo, ilustrado y decorado con los monigotes píos de Rupnik.

Cada uno da lo que tiene, y cada época enseña lo que es. A San Francisco le adornaron su basílica Cimabue, el Giotto y Simone Martini; a Santo Domingo le labraron su arca Nicola Pisano y Arnolfo di Cambio (con un ángel ceriferario, precioso, que le añadió el joven Michelángelo); para San Antonio de Padua esculpieron en su basílica Donatello y Sansovino. Y con San Pio de Pietralcina se ha lucido Marko Ivan Rupnik, con oro de ley, para que brille más. Si es arte o no es, si es piadoso o no, es una cuestión a debatir. Pero el oro es oro y reluce.

El Papa no ha estado en el traslado, por lo visto los capuchinos querían llevarlo, como "coartada". Pero el Papa ha rehusado, con muy buen gusto, prudente y discretamente. Yo imagino que, de haber podido, el Padre Pio también habría excusado su asistencia.

+T.

martes, 28 de abril de 2009

San Isidoro descabezado: Caigan cabezas!!!


Preferí dejar sin comentario en el blog la memoria del Santo Isidoro, que además ha caído este año en Domingo y hubo que trasladar la fiesta al dia siguiente, pero retomo el tema isidoriano para comentar esta increíble noticia: Han extraviado (y a saber qué han hecho con ella) la cabeza de San Isidoro (la misma noticia aquí y aquí).
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Sin que me merezcan consideraciones los leoneses que debieran ser sus mejores custodios (y ya se ve que no), me reafirmo en la opinión de que San Isidoro debiera estar en Sevilla, y no pasando frío en León, donde le perdieron la cabeza hace casi setenta años, y ahora lo cuentan y la quieren recuperar. Pero es que puestos a considerar, la cosa es peor: No sólo se demuestra la irresponsable incuria del obispo aquel que la "cedió", sino que lo mismo de irresponsables descuidados se desvelan todos los demás obispos de León, desde aquel infausto hasta el que hoy se sienta en la sede leonesa. Todos deshonrados por tan inaudita deshonra isidorista.

En el Codex Iuris Canonici actual las llamadas "reliquias insignes" no pueden "...enajenarse válidamente o trasladarse a perpetuidad sin licencia de la Sede Apostólica" c. 1190.2 , repitiendo lo mismo que disponía el antiguo Codex de 1917:

Can. 1281.
1.Insignes reliquiae aut imagines pretiosae itemque aliae reliquiae aut imagines quae in aliqua ecclesia magna populi veneratione honorentur, nequeunt valide alienari neque in aliam ecclesiam perpetuo transferri sine Apostolicae Sedis permissu.

Más preciso que el actual, define en el párrafo 2º del mismo cánon qué se entiende y cuales reliquias deben considerarse "insignes":

2. Insignes Sanctorum vel Beatorum reliquiae sunt corpus, caput, brachium, antibrachium, cor, lingua, manus, crus aut illa pars corporis in qua passus est martyr, dummodo sit integra et non parva.
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Y el cánon siguiente ajusta más la cuestión:

Can.1282.
1. Insignes Sanctorum vel Beatorum reliquiae nequeunt in aedibus vel oratoriis privatis asservari, sine expressa Ordinarii loci licentia.

En esos "años 40" que dice la noticia, no me imagino a un obispo saltándose los cánones. Lo que sí imagino es a un pobre prelado pusilánime u obsequioso violando sus deberes y entregando en bandeja la cabeza de San Isidoro al abusante sacrílego que se la requirió.

Que esa es la segunda parte de la trama: El impío requeridor (ministro, subsecretario o personajillo director de lo que fuera) que tuvo la peregrina y anormal ocurrencia de procurarse la cabeza de San Isidoro para inaugurar - risum teneatis! - el CESIC. En la noticia se nombra al conocido D. José Ibañez Martín, un respetable prócer del Régimen del que uno nunca sospecharía semejante desatino impío. Pero, fuera él directamente o uno de sus dependientes, la violación de las reliquias isidorianas tuvo ocasión bajo sus ínfulas (muy típico de esos "tipos" clericalones, mitad seglarones mitad sacristanes, que se criaron - y aun se crían - en esos viveros. (No diré más)).

Llegados a este particular de la historieta nos encontramos en equidistante punto entre los esotéricos capitostes nazis que buscaban prendas mágicas para el Reich, y los mojigatos archi-beatos de casaca blanca y camisa azul que jugaban a ser el plus-ultra del catolicismo (o lo aparentaban para medrar, que era peor). Una tragicómica circunstancia con tragicómicos circunstantes, en todo caso. Pero en aquellos tiempos las cosas podían ser así, y hasta pudieron haber sido así.
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Total, que ahora no sale a relucir esta sarta de despropósitos que no se sabe el final que tendrá y a dónde irá a parar o quedará al fín la cabeza isidoriana. Y yo encantado, porque las historias de las reliquias (muchas historias de famosas Reliquias) son así, complicadas y enrevesadas idas y venidas y cambios y recambios y apariciones con desapariciones. Todo lo cual le pega muy bien a la azarosa historia de las reliquias de nuestro Santo Isidoro (que alguna vez conté en este Blog).

Por lo pronto, me parece absolutamente coherente la actitud que parece tomar el Cardenal Rouco: Si la reliquia está en Madrid, que se quede en Madrid. Que no es serio ni justo que los descuidados "custodios" de León la hubieran dejado ir y al cabo de más de 60 años la reclamen, como si la hubieran "perdido" anteayer.

Imagino la que se hubiera armado en Sevilla si a algún "poderoso" de aquel tiempo se le hubiera antojado para alguna "inauguración" la cabeza de San Fernando, por ejemplo. Por ejemplo imagino la excomunión fulminante que hubiera lanzado sobre el cretino atrevido y desgraciado nuestro Cardenal Arzobispo Don Pedro Segura y Sáenz, que sabía de cánones tanto como de poner firmes a todo quisque que se le insolentara un pelo. Y quiero decir con esto que lo que se puede se puede, y lo que no, no (a no ser que se ceda cobarde o servilmente el "poder", que es lo que parece ser que hicieron las autoridades y clérigos de León con su obispo al frente).
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Consideradas las vicisitudes de las reliquias isidorianas y su "descubrimiento" en la Sevilla de Almutandid por el obispo Avito (que me parece que es Santo (cfr. la discusión del articulete anterior, un poco más abajo de este, sobre el santo antipático aljubarrotero y las "categorías" del santoral etc.)), a lo peor es que los custodios leoneses "dudaron" (?) y desvaloraron las reliquias y por eso dejaron ir tan por las buenas la cabeza (y la han dejado estar por ahí sesenta años, en un CSIC cualquiera (y como está y en manos de quienes está el CSIC hodierno, mio Dio!!!)).

¡¡¡Jesús, Jesús, Jesús!!! Porque de repente se le vienen a uno a la cabeza las más descabelladas imaginaciones: ¡¡¡¡ ¿Y si estuvieran clonando sanisidoros en el CSIC???? !!!! Oh! Oh! Oh! Porque si en los tiempos aquellos, señores serios y de público y católico santo y seña desvariaban y expoliaban la cabeza de San Isidoro para el CSIC, me echo a temblar y no me quiero imaginar lo que puedan estar tramando las tenebrosas mentes científicas a propósito de la cabeza isidorita.

Un dia de estos (y que San Isidoro me perdone la ciencia ficción), a saber si la noticia es que ya tienen dos o tres sanisidoros creciendo en probeta, en el CSIC.
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Yo no sé si dada la ficción futurible le darían el Nóbel al clonador, pero que le deberían dar un baculazo supino a todos los de la trama, por supuesto: Desde al obispo al ministro pasando por todos los responsables por acción u omisión del susodicho sacrílego expolio isidoriano. ¡¡¡Amén!!!


p.s. Por cierto, que ahora caigo en la cuenta que el que nos (mal) gobierna tan desatinadamente talantero y talantista es un leonés: Leonés tenía que ser (y a saber si no es una plaga mandada en castigo por San Isidoro descabezado).

Ogh!

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viernes, 17 de abril de 2009

Por San Aniceto

Me he encontrado hoy, a propósito de San Aniceto, con una semblanza del viejo Pontificio Colegio Español de Roma. Cualquiera que lea el artículo (del recordado Don Casimiro Sánchez Aliseda) pensará que el Colegio sigue allí y arde ante el altar de San Aniceto la lamparilla de Mosén Sol. Pero el Colegio Español dejó vacante su primera sede y se trasladó a otra más cómoda y moderna (es decir, menos artística y menos histórica), allá por la Piazza Carpegna.

El Palazzo Altemps era una de esas herencias-donaciones que llegó a manos de la Santa Sede por voluntad y decadencia de sus posesores, los nobles Altemps, protagonistas de la Roma del XVI post-tridentino, emparentados con el Papa Pio IV y con San Carlos Borromeo. De San Carlos Borromeo se conservan en el Colegio Español actual una casulla y otros ornamentos, procedentes de la sacristia de la Capilla del Altemps. Y poco más.
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La historia exacta no la sé, pero - según le escuché alguna vez al rector D. José Mª Piñero - se hicieron bastantes presiones en los años sesenta y pico para que se desalojara el palazzo. Se insistía, incluso dejando creer que era deseo del Papa (Pablo VI). Hasta que en 1971 se devolvió a la Santa Sede, como se quería. Pero nadie del Colegio quedó contento con la "cesión". Tanto más cuanto que al poco tiempo se vendió al Estado Italiano.

Menos mal que el Altemps, después de todo, se ha conservado magnífico, y es hoy una de las sedes de las colecciones de escultura y arte romano, atesorando parte de las piezas de la antigua colección de los Altemps, y también la Ludovisi, así como otras maravillas de la Roma pagana. Pero el Colegio Español es hoy una sombra nostálgica en ese precioso rincón entre Sant'Apollinare y Piazza Navona.

Yo lo conocí todavía en restauración, cuando lo rehabilitaban para sede museística, todo lleno de andamios por dentro. Quedaban todavía cosas, muebles y objetos, del Colegio Español. Había una cierta "obligación", una especie de reconocimiento institucional que quedó reducido al patronazgo eclesiástico de la Capilla de San Aniceto. Abandonada y cerrada todo el año, un día, el 17 de Abril, fiesta de San Aniceto, se debía celebrar Misa en la Capilla. Recuerdo haber estado un par de veces, una de ellas cantando la Letanía de los Santos, no sé por qué era.

José María Piñero, el rector, tuvo alguna vez intención de abrir el Altar-urna de pórfido y reconocer las reliquias del San Aniceto, pero cuando le dijeron que había que traer una grua para levantar la pesada losa (si se podía y no se rompía en la operación), prefirió dejar tranquilo al Santo.


En el retablo de jaspes y yeserías hay (había) una pintura que representa a la Madonna della Clemenza de Stª María in Trastévere, que era devoción de los Altemps, que tienen capilla-enterramiento en aquella Basílica. También estaba pintada la madonna en uno de los casetones del artesonado (la foto de arriba), pero la del altar, un cuadro de tamaño regular con el medio cuerpo de la Madonna sedente y el Niño en el regazo, se atribuyó antiguamente al Rafael. De Rafael no es, por lo menos lo que se ve. No sé si debajo de repintes y barnices pudiera haber algo más interesante, pero la Madonna de la extraña corona y los ojos grandes, y el Niño con su cedulilla, y la Cruz alzada, fue la devoción de todos los colegiales españoles de Roma.Y todavía la Mater Clementísima es la Reina y Señora del Collegio, aunque la mayoría de los alumnos nunca la hayan visto en su capilla del Palazzo Altemps.


La Capilla es una belleza, con unos frescos preciosos del Pomarancio. Está en la planta noble, tiene el tamaño de un salón mediano, la bóveda casi se toca con las manos. Está toda pintada al fresco, todos del manierista Antonio Circignani, conocido como Il Pomarancio. Uno especialmente atractivo porque representa a Cristo con la Cruz vestido de grana, en el muro del lado del Evangelio. Si te sientas junto, estás todo el tiempo mirando al Señor que te mira, con la Cruz a cuestas. Y en la pared de enfrente el martirio de San Aniceto (que dicen algunos impíos que no fue mártir); y en la bóveda ese corrillo de angelotes bailando la rueda al Santo, extático y mirando arrobado al cielo, con otras dos filas de angelillos por los lados, llevando en procesión los instrumentos del martirio.


Yo no sé si hoy habrán ido del Colegio Español a celebrar la Misa de San Aniceto, o si sólo habrán entrado turistas en la Capilla de la Mater Clementísima. Pero yo sí he hecho una estación en alma, rezando a la Madonna y al Santo. Y mi lamparilla, aunque no se vea, allí está.


+T.

martes, 2 de diciembre de 2008

Doña María. Una historia del XIV, con huella

Hoy en el santoral es Santa Bibiana, virgen y mártir, de aquella época santa y pasada en la que muchas vírgenes eran mártires, y viceversa. Pero en Sevilla, el 2 de Diciembre es Doña María Coronel, ni santa, ni virgen, ni mártir. Y sin embargo, todo esto junto y a la vez, en encantadora y verdadera paradoja sevillana, real y cierta como la historia misma.

Don Pedro el Cruel es una de las fascinaciones de Sevilla, porque él mismo era un fascinado por la Sevilla que fue su capital y su paraíso personal. Lo de cruel se lo pusieron sus hermanastros Trastamara y sus cronistas, porque en Sevilla preferían llamarle "el justiciero", o simplemente Don Pedro, el Rey Don Pedro. Desde el Alcázar y la Catedral y la orilla del Rio, por toda Sevilla y hasta Brenes y Cantillana, vuela el fantasma del galán Don Pedro, tan rubio y gallardo. Y tan loco, o maniático, o trastornado. De Portugal vinieron a España las locuras coronadas, y su madre era portuguesa, y de ella heredaría sangre y nervios de locura, que no dejarían de rebrotar hasta en tiempos de los Austrias, dos dinastías más allá, siempre por cruces y emparentamientos con portuguesas por medio.

Pues fue que el regio galán Don Pedro se enamoró apasionadamente de Doña María Coronel de su misma edad, que nacieron ambos en 1334. En 1350, recién casada con Don Juan Alfonso de la Cerda, Doña María enciende en amores a Don Pedro, que no tiene freno. Ella era de la mejor nobleza sevillana, su padre Don Alfonso Fernández Coronel fue un alto noble castellano que afincó en Andalucía por favor de Alfonso XI, el padre de Don Pedro. Al casarse con Juan Alfonso de la Cerda, María Coronel entró en la parentela de aquellos infantes nietos de Alfonso X que estuvieron tan presentes en los conflictos sucesorios de la Corona de Castilla. Y Don Pedro en el centro, contra todos y todos contra él.
El siglo XIV es un siglo padre y maestro de folletines, con material histórico, anecdótico y humano para los literatos del Siglo de Oro y del Romanticismo decimonónico. Un autentico filón de pasiones y dramas y tragedias como nunca se vio igual, que surtiría de personajes reales las comedias y las óperas desde Lope de Vega a Donizetti. Fascinante, como decía.

Resumiendo y abreviando: Que Don Pedro sube al trono casi chiquillo y, en cuanto puede, él y su madre Dª María de Portugal se toman venganza en la favorita de su padre, Dª Leonor de Guzmán, madre de una prole de bastardos reales que serían al fin los Trastamara triunfantes con dinastía bicéfala en Castilla y Aragón. Los bastardos Trastamaras juran odio eterno a su hermanastro el rey Pedro I, y reunen en torno a ellos a toda la mejor nobleza castellana, incluidos los Infantes de la Cerda y la familia Coronel, junto con todos los nobles despechados y resentidos contra el joven e imprevisible Don Pedro (que contó con el favor de la nobleza menor y las ciudades).

En una de las tensiones de la quasi guerra civil entre Don Pedro y sus hermanastros Trastamaras, muere el padre de Dª María, en el bando de los bastardos; y su marido Juan Alfonso de la Cerda es apresado. María sube hasta Tarragona para pedir clemencia al rey, y Don Pedro la tranquiliza y le otorga gracia. Pero antes de que llegue María a Sevilla, su esposo es ejecutado por orden real. Para más dolor, el rey anda en amores con su hermana Aldonza Coronel. Y entre otros más episodios, la familia Coronel es desposeída, sus casas y bienes expropiados, y las mujeres que quedan en Sevilla desoladas (ahora se diria expuestas a maltrato, acoso sexual y presión psicológica; una vulgaridad, francamente).

El rey además se ha definitivamente encaprichado de María, hermosa y atractiva en su viudedad. La pretende, la asedia, le dice que le devolverá bienes y honores, pero María ha conocido a Don Pedro en su faz de "cruel", y le detesta y le huye. Se refugia en el Convento de Stª Clara, adonde va a buscarla el desbocado Don Pedro, que irrumpe en la clausura para horror de las monjas, que huyen ante el rey desenfrenado y rabioso. María se ha escondido en la huerta, donde han excavado un hueco que han tapado con unos cañizos y encima puesto unas plantas, para disimular. Pero el despabilado Don Pedro nota la tierra recien removida, y descubre el escondrijo. María sale corriendo y llega a las cocinas del convento, con el rey detrás. Cuando casi la alcanza, a punto de abrazarla, María ve unos peroles de aceite hirviendo puestos en la lumbre, los toma y se los vuelca en la cara que se achicharra y prende en fuego con las tocas de monja que lleva puestas, ante la conmoción horrorizada del rey viendo en un momento desfigurada para siempre la belleza que había apetecido con tantos ardores. Fin de la escena. Telón.
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Curó Doña María de sus quemaduras, pero le quedaría ya para siempre en su rostro una horrenda cicatriz, que apenas disimulaban las tocas y los velos monjiles. El rey, con remordimientos y arrepentido, le devolvió las casas y los bienes familiares (otros dicen que fue ya en los días de Enrique I cuando se le reintegran). Doña María fundó con ese patrimonio, en la casa de su difunto padre, un convento de clarisas franciscanas, el Convento de Santa Inés, lindante con la Parroquia de San Pedro. De este convento fue abadesa hasta su muerte, en 1409 o 1411, a la edad de 73 o 75 años, asaz provecta para aquella época. Don Pedro había muerto 40 años antes, en 1369, apuñalado por su hermanastro Enrique de Trastamara, en los Campos de Montiel.

A mediados del siglo XVI, durante unas obras en el coro bajo del convento, descubren el sepulcro de Doña María. Para sorpresa y admiración de los sevillanos, el cuerpo estaba incorrupto, reconociéndose todavía en la cara de María Coronel la llaga de su famosa quemadura. Con permiso eclesiástico, las monjas revistieron el venerable cuerpo, que quedó en una urna de madera y cristales, en el mismo coro, y que desde entonces se descubre cada 2 de Diciembre, fecha del óbito de Dª María, expuesta a la veneración.

Antes vestía una túnica de tisú de plata, con el cordón franciscano y la toca y el velo. Desde los años 70-80 aparece con el sayal de clarisa, como las monjas del convento. Está tan bien conservada como San Fernando; es decir, que está que da horror de ver, como si los Santos desde el XVI para acá hubieran sufrido el deterioro de los tiempos, tan poco proclives a Santidades como aquellas, tan "medievales". El cuerpo tiene vuelto el rostro hacia afuera, se le ve muy bien. Y las rodillas flexionadas, porque cuenta una tradición del convento que la urna la hicieron corta y cuando fueron a meter el cuerpo no cabía. Ante el apuro, la madre Priora tomó su pértiga y terminante dijo, dirigiéndose a Dª María: - "Reverenda madre Dª María, en virtud de santa obediencia, encójase!" Y dicen que el cuerpo, milagrosamente, flexionó las rodillas y lo pudieron colocar holgadamente en su urna. Un doméstico prodigio, como Uds. sabrán piamente apreciar.

Y así la verán hoy todos los sevillanos que vayan a verla a su Convento de Stª Inés, que es una preciosidad. Y de camino, muchos de los devotos comprarán en el torno de las monjas tortas y pestiños y bizcochadas y cortadillos de cidra. Aunque el dulce original y famoso del obrador de Stª Inés son sus célebres "bollitos de Santa Inés", que son como unos panecillos de leche y aceite, pequeños, con forma de S achatada, tostaditos y lustrados por arriba y blanquitos por abajo, consistentes. Con un par va uno bien desayunado o merendado. Muy ricos, de otra época. Con chocolate espesito, una esquisitez mismamente del Siglo de Oro. Para estas mañanas de frío que está haciendo, ideales.

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martes, 21 de octubre de 2008

Úrsula y XI mil olvidadas Santas Vírgenes

Iba a poner " U. y once mil perdidas...", pero he advertido a tiempo que resultaría equívoco refiriéndose, precisamente, a Once Mil Vírgenes. Que tiene tela el asunto. Porque se trata de eso: Úrsula y sus OnceMil compañeras mártires, vírgenes todas...y olvidadas.
Colonia fue el lugar donde empezaron a venerarse, allá por el siglo IX, cuando hallaron una lápida en una iglesita, con una referencia sumaria a Úrsula y su martirio. Después, la devoción derivó en una saga de esas que fascinaron al Medievo Cristiano, recogida en la Legenda Aurea. Lectura que recomiendo porque tiene todo su encanto - y con toda su gracia - .

Pero resumiendo, para que mis amables y virtuosos visitantes se hagan una idea, érase que la bella y virtuosa Úrsula, princesa bretona de cristianos padres, fue pedida en matrimonio por el hijo de un poderoso rey de Inglaterra. Como el pretendiente era pagano, Úrsula da largas al asunto y propone una serie de condiciones: Que le den diez compañeras virgenes y mil virgenes sirvientes para ella y otras tantas a cada una de sus compañeras, y barcos para embarcarse, y todos los pertrechos para un viaje a Roma y otros lugares durante tres años, terminados los cuales accedería al casamiento. - Me callo las peripecias y me voy al final: Desembarcan en Colonia, y allí son masacradas por una hueste de horrendos bárbaros las Once Mil y Úrsula con ellas, al negarse a las impías proposiciones del bárbaro rey que sitiaba a la sazón la ciudad. Una de las once mil (asustadita la pobrecita como una liebre) se escabulló como pudo y se emboscó en una cueva que había por allí; Córdula se llamaba la huída. Mas recapacitando sobre la suerte de sus compañeras y recobrando el valor perdido, al dia siguiente se presentó ante los crueles victimarios, que la sacrificaron como a sus Santas socias.

¿Alguna observación? Yes. Por lo pronto que en la narración de la Legenda aparecen madres, tias, primos, tios y una galería de parientes de Úrsula y sus compañeras; unos son obispos, otros de estirpe imperial, otros paganos que se convierten y al final están en el momento del martirio; también aparecen ángeles que avisan. En fin una verdadera historia al gusto de la época. Jácopo de la Vorágine, el autor-recopilador, observa con cierto ánimo crítico que si bien algunos señalan mediados del siglo III como fecha del martirio de las OnceMil, él opina que hubo de haber sido más tarde porque en aquella época todavía no habían hunos en Alemania (perspicaz observación, para que luego se diga) y otro par de detalles más. Total, que él propone mejor mediados del siglo V, que fue cuando de verdad los hunos asolaron Occidente. No sé cuando, pero en otras tradiciones, es el mismísimo Atila rey de los hunos el que se insinúa a la virgen mártir y el que dispara el flechazo mortal en mitad del pecho a Santa Úrsula.

Bueno, pues, a pesar de toda esta espléndida epopeya, Santa Úrsula y sus OnceMil camaradas han desaparecido del Misal y los santorales. y encima con pitorreo por lo de las once mil virginidades y demás. Seguro que los antipáticos Bolandistas andan por medio y tienen algo que ver con la desaparición. Y por supuesto los impíos liturgistas post-conciliares (pérfida canalla).

Una pena. Porque como Santa Bárbara y Santa Catalina y otras grandes olvidadas, Úrsula y sus OnceMil están ricamente representadas por lo mejorcito del arte europeo (y hasta por mi caro Caravaggio, que estaba pintando el cuadro de más arriba cuando se murió, q.S.G.h. Amén). La iconografía de esta Santa y sus Etc. cuenta incluso con un auténtico "cúlmen": La arqueta de las reliquias de Santa Úrsula pintada nada más y nada menos que por el maestro Hans Memling, gloria del flamenco (y olé!). El tema de la historia y martirio de Santa Úrsula y las 11Mil estuvo tan de moda que hasta existe otro precioso pintor flamenco, anónimo, conocido como "Maestro de Santa Úrsula", por un retablo-políptico que pintó, hoy entre las joyas del el Museo Groninge de Brujas (la arqueta de Memling está en el Museo del Hospital de San Juan, también en Brujas).

Gracias a Dios, el cura de mi Parroquia es reverente varón que compesa sus flaquezas con piedad veneranda, y siempre saca de él sabrá qué recónditos arsenales píos algún viejo oracional de donde toma la oración de estas y otras Santas y Santos perdidos. Y la reza en Misa. Y nos enteramos los devotos de que hoy es el dia de Santa Úrsula y sus compañeras Mártires (que eran, a saber, 11.o10, en realidad; y aunque estuvieron a punto de quedarse sin 1, al final fueron, contando a Úrsula, 11.011 (un bonito capicuo de Vírgenes y Santas, como Uds. pueden ver)).

p.s. No comento lo de las reliquias, porque merecería una entrada a parte: Imagínense la de cabezas de las OnceMil que hay/hubo repartidas por toda la Cristiandad; en Sevilla solamente, que yo recuerde, hay tres (y probablemente hayan más). Tampoco digo nada de las ursulinas...que todo no se va a contar, compréndanme.

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sábado, 13 de septiembre de 2008

Exaltación

He tenido que hacer un comentario a propósito de la fiesta de la Exaltación de la Stª Cruz. Como este año cae en Domingo, se celebra litúrgicamente en vez de la dominíca ordinaria. En el Misal de Pablo VI se eliminó la otra fiesta de la Cruz, la del 3 de Mayo, tan tradicional y popular en España (litúrgicamenete sólo se ha conservado en el propio de la diócesis de Granada, y me parece recordar que también en Perú; no sé si en algún sitio más). Sólo quedó esta fiesta del 14 de Septiembre. La Cruz de Mayo conmemoraba la "invención", el descubrimiento del Lignum Crucis por Stª Elena, la madre de Constantino. Esta de Septiembre también se relaciona con el Madero Santo, pues recuerda originalmente la triunfal devolución de la Cruz a Jerusalén.

En el transcurso de una de la guerras entre el Imperio (ya Bizancio) y los persas sasánidas, el año 614, Cosroes II entra en la Ciudad y rapta el Lignum Crucis, que lleva a su palacio de Ctesifonte. Allí permaneció hasta el 628-29, en que el emperador Heraclio vence a los persas y rescata la Cruz, que devuelve solemnemente a Jerusalén. Era un 14 de Septiembre.

Una antigua leyenda narra que estando de vuelta Heraclio en Constantinopla, aquel mismo año, recibió una misiva de un desconocido jeque de la Arabia, que se decía "profeta de Dios", y que pedía al Emperador que se uniera a la nueva fe que estaba predicando por encargo divino. En el 634, Omar, el segundo califa sucesor de Mahoma, avanza por Palestina; en el 636 sitia Jerusalén; en 638 Omar entra victorioso en la Ciudad, que se convierte en el tercer lugar santo del Islám tras La Meca y Medina.

Heraclio apenas reacciona, paralizado por la contundencia y celeridad de los hechos. Los persas sasánidas también han caído, junto con las provincias de Siria y Egipto. Los griegos piensan que es un castigo por el matrimonio incestuoso del Emperador con su sobrina Martina. Un Heraclio derrotista y abrumado se retiraba a Constantinopla, después de unas rogativas que mandó hacer en Antioquía. Cuentan algunos cronistas que al embarcar dijo: -"Adiós, un largo adiós a Siria". Hasta las Cruzadas, cuatro siglos después.

Impresiona todavía hoy la secuencia tan rápida de los acontecimientos, como si la historia se precipitara inexorable sobre los personajes con sus nuevos protagonistas. Diez años van de la Exaltación de la Santa Cruz a la toma de Jerusalén por los árabes, un hecho dificil de asumir para la conciencia cristiana de la época. Oriente no reaccionaría, casi perpetuamente conmocionado por el golpe funesto. Sólo Occidente, un Occidente regenerado cristiano y romano después de la desordenada crisis de los bárbaros, será el que re-emprenda aquel capítulo de la historia, también con el signo de la Cruz como móvil principal.

Lo que me preocupa respecto a nuestro presente, precisamente, es que Occidente ha perdido la Cruz, y no sé qué podrá hacer sin ella, ni cuántos siglos podrán seguir de "hiato" en una historia que desde hace 2000 años está ligada a la historia de aquella Cruz.

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viernes, 5 de septiembre de 2008

Capa imperial

La conocí cuando todavía estaba en la sala de la Sacramental, en la Parroquia de Santiago. Era una de esas cosas que se guardan con misterio, que se enseñan con misterio, y que desencantan sin misterio. Cuando la ví, ví que no era más que una capa de coro, de las que sacan para las procesiones los canónigos: Paño de brocado con capillo y orifrés bordados en imaginería. Estaba incapaz. Desde los tiempos del Emperador llevaba a cuestas muchas posturas. Las últimas en tiempo de Muñoz y Pabón y su tío, que la sacaban para la procesión de Su Majestad, por Pascua. Ya por entonces dejó de sacarse, y desde que la Parroquia quedó sin cura y agregada a la de San Ildefonso, la Sacramental la guardaba como uno de esos tesoros de sacristía.
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Han echado dos años en restaurarla, y ha costado un pico. Ya está expuesta en la Catedral, y hoy la han "presentado". La consejera de curtura de la Junta (la curtura es más hembra de un tiempo a esta parte) ha dicho lo que le han dicho, que es lo que luego han repetido todas las agencias de noticias: Que es la capa de la Coronación de Aquisgrán (1520) y que llegó a Sevilla en 1526, cuando la boda del Emperador, y desde entonces está en Sevilla.
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No atino a recordar dónde ni quién ni cuándo, pero yo tenía entendido que fue regalo de Don Carlos a uno de sus nobles , un caballero de cámara, y que después uno de sus descendientes fue el que la legó a la Sacramental de Santiago. Y no sé si deliro, pero recuerdo que me dijeron hasta el nombre del fulanito y todo. Pero que averigüe Vargas, o que la consejera pague beca a un pupilo del partidito y publique tesis. (Y si me paso por exceso de recuerdo que no fue, mejor para mí y mis historias. Además, tuvo que ser así, de todas formas).



No la he visto expuesta, pero por las fotos se ve que ha quedado muy aparente. Hago salvedad de la "ubicación", porque la han puesto en medio de la nave, metida en la urna iluminada. Yo que me aprendí la Catedral cuando todo estaba recogido, en su sitio y al uso, abomino de las modernidades espaciales neo-museísticas. Desde el fatídico '92, desarmaron las sacristías y los roperos y han dejado las naves y las capillas sembradas de cubos de metacrilato y otras abominaciones.

.Me gusta recrear escenas (mis novelas históricas me las monto yo), y la coronación 1ª. la de Aquisgrán, con esa capa sevillana, tuvo que ser como la representan algunos grabados, con todas las limitaciones de la xilografía del momento, pero algo así: Los Príncipes Electores, el estrado con el trono bajo dosel, y Don Carlos con la media melena y la boca abierta. A Don Carlos le duró la boca abierta hasta que llegó a Sevilla y vió a su Doña Isabel de Portugal. Cuando llegaron a Granada, ya no era el mismo: Perdió la pinta de borgoñón y embarneció español, enamoradísimo de su bella prima y señora esposa. Todavía se ven por las librerías de viejo ejemplares del delicioso opúsculo de Mata Carriazo con las cosas de aquella boda imperial en Sevilla y sus tornabodas en Granada. Quizá (y sin quizá) las semanas mejores de la vida del Emperador.

Que no sé si echaría de menos la capa que dejó en Sevilla cuando tuvo que ponerse otra de esas capas clericales para la otra coronación, más solemne. Porque Carlos V se coronó Emperador dos veces: En Aquisgrán primero, y otra vez en Bolonia. En Alemania, el arzobispo de Colonia le puso la corona de Carlomagno, y le aclamaron Rey de Romanos; y en Bolonia, en San Petronio, diez años después, recibió la Corona Férrea de los Longobardos y fué consagrado Emperador del Sacro Imperio por el Papa Clemente VII Médici, el mismo que sufrió tres años antes el terrible Sacco di Roma. Con la coronación se arreglo más o menos el desencuentro entre Papado e Imperio, y pareció que la Cristiandad se reconciliaba en sus cabezas sacro-temporales, cosa tan necesaria habida cuenta de cómo estaba el siglo.


De esa coronación en San Petronio tengo la semblanza tan bien figurada por Múgica Láinez en su Bomarzo. Y casi me veo en la plaza, entre los Grandes de España y el Imperio entrando en procesión; y junto al fascinante Pier Francesco Orsini, llevando torpe y cojeando la vara del palio imperial. .
Lo que no sé si dudar de la competencia de los competentes: Decían en la noticias de prensa que tras mucha averiguación había identificado a los Santos del orifrés, y que uno de ellos era...Santa Juana de Arco!!! Mon Dieu!!! ¿Se imaginan Uds. a la Queen de Inglaterra yendo a coronarse llevando una pegatina de Hitler en el armiño del manto de coronación? Pues algo así hubiera sido que un nieto de María de Borgoña, de Isabel de Castilla, de Maximiliano de Habsburgo y de Fernando de Aragón llevara de adorno en su capa a una francesa valedora de los Valois y quemada por bruja en la hoguera (y cuando todavía faltaban 400 años para que la Doncella de Orleáns fuera canonizada).

Yo no sé si poner en entredicho la sensatez de los investigadores-restauradores o la formación (o el buen oído) de los periodistas, pero alguno-a ha metido la pata hasta el corvejón. Es para sospechar, ¿no es verdad?.

Pues todo eso y más fantasías que me guardo, a propósito de una capa con tanta historia.

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jueves, 13 de diciembre de 2007

Santa Lucía

Santa Lucía es italiana, y ejerce de italiana Vérgine e Mártire; y católica, como Santa que es (N.B. Los Santos, todos, son católicos, si no, no son santos, por supuesto. Esto hay que tenerlo claro, y así se ahorran complicaciones y todo eso).

Su vida, y su martirio son también muy italianos, muy mediterráneos, muy sicilianos. Porque la clave que cierra este arco rutilante de luz y gracia es Sicilia (N.B. Pronúnciese/léase "Sichilia" y "Luchía", prego; es que si no no es lo mismo). La secuencia de escenas que concluyen con su martirio es esta, resumidamente:

+ Nace en Siracusa, de familia cristiana, noble y pudiente
+ con su madre, Eutiquia, va a Catania, al sepulcro de Stª Ágata, para que su madre cure de unas hemorragias
+ estando allí, se le aparece en una visión Stª Ágata, su madre sana, y a ella se le augura ser compañera de santidad y martirio de la mismísima Stª Ágata
+ de regreso a Siracusa, le pide a su madre que le entregue la dote que pensaban gastarse para casarla, porque la va a entregar a los pobres y luego consagrará al Señor su virginidad
+ el prometido se entera y, despechado, arma un expolio y la denuncia por cristiana a los tribunales
+ siguen el interrogatorio ante el juez perverso y los crudelísimos pasos del tormento
+ al ser degollada con la espada, profetiza el fin de la persecución y la victoria de la Iglesia

Todo esto ocurría en Siracusa el año 310, apenas tres antes del Edicto de Milán.
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Su iconografía es una preciosidad, con la figuración del candor virginal, la fortaleza de la mártir, y la gracia de la taumaturga, con la palma en una mano y el platillo con los dos ojitos en la otra. Il Caravaggio, que es medio paisano, la pinta con todo el drama siciliano ("sichiliano", recuerden), representando Il Seppelio di Santa Lucía, que es un cuadro digno de que le pongan música de Caldara o Pergolessi (un aria verista de Mascagni también le pegaría). El cuadro, Sicilia pura, está en Siracusa, de donde es la Santa.
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Lo que pasa es que el cuerpo lo robaron los venecianos y está en la Chiesa di San Geremía e Santa Lucía, en el Altar Mayor, en su iglesia, inconfundible porque tiene una cúpula redonda como un globo, al borde mismo del Gran Canal, vicina alla Dogana vecchia. Yo pienso que estaría mejor y más celebrada en su Siracusa natal, pero si ella se ha querido quedar en Venezia, lo comprendo, porque Venezia es Venezia.




El cuerpo está visible en la urna. Hasta el año cincuenta y pico se veía al natural-que-espera-el-sobrenatural; quiero decir que estaba tal cual, incorrupta, revestida de rica y recamada túnica, con una corona en la cabeza...pero la cabeza y el rostro, a pesar de la corona y la rica veste, eran terribles de ver. Yo tenía (y debo tener por ahí, extraviada por algún sitio) una foto de cómo estaba. Digamos que daba la impresión, toda la impresión. Tanta que cuando llegó de patriarca a Venezia Don Ángelo Roncalli (todavía no era, claro está, Juan XXIII, pero lo sería, e incluso beato Giovanni XXIIIº), mandó inmediatamente que le cubrieran la cara con una mascarilla de plata, y así se la venera ahora, con mascarilla de plata, túnica roja bordada, y sin corona.
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De vez en cuando le han cambiado el vestido, y con el que le han retirado, han hecho reliquias (yo tengo una en un relicario precioso, veneciano, muy clásico). En el convento de Santa Lucía in Selci, en Roma, de madres agustinas, donde expíden las reliquias de la Lipsanoteca del Vicariato Pontificio del Laterano, tienen, a más de otras reliquias suyas, un par de zapatillas de la Santa, y también dan en unos frasquitos de cristal el famoso "Olio Benedetto di Santa Lucía", muy bueno para las cosas de los ojos.

Prospecto para su uso: Tómese el aceite bendito y pónganse unas gotitas en una gasa o un poco de algodón, y aplíquese sobre la parte afectada (ojos, preferentemente, aunque no se excluyen otras partes); al tiempo, recítese una oración encomendándose a la Santa; si pudiera ser, además del Páter y un Ave con Gloria, dígase también este "Scongiuri contro le malattie
in dialetto siciliano da Cianciana"

Santa Lucia m-mezzu l'ardia
forfici d'oru m-manu tinia,
s'ahià a passari la Matri Maria:
dimmi chi à, la figlia Lucia?
aiu l'ucchiuzzi malati;
tinni và a lu iardineddru.
piglia un mazzu di pitrusinuti
lu strichi manuzzi manuzzi
ca ti passanu l'ucchiuzzi.

Santa Lucia la saura sàna
iddra camina bbaggiàna bbaggiàna,
avi li pedi comu na BBammina.
iddra nun caminava, n celu liggiva,
oru tagliava e argentu cusiva.

(No importa si no se entiende porque la que se tiene que enterar es la Santa, que atiende mejor en siciliano)



La Santa Lucía, cantada por Caruso, para ambientar con sole sorrentino questa sembianza della gloriosa Santa Lucía.

Evviva Santa Lucía!!!!


+T.

jueves, 13 de septiembre de 2007

De Reliquiis

(En la foto, hábito de San Francisco venerado como reliquia en el Convento-Santuario del Monte La Verna )
A no sé quién - y me temo que haya sido cosa de algún clerigucho postmodernista, o peor - se le ha ocurrido mandar hacer la prueba del carbono 14 con una túnica de San Francisco, que se venera desde hace siglos en la espléndida e incomparable Chiesa di Santa Croce, Florencia. Los análisis han datado la presunta túnica del Santo sobre fines del XIII, y como San Francesco murió en 1226, no podría ser una túnica de su uso; es decir, que no es reliquia la reliquia.

Y a mí me da la risa floja cuando me pongo a pensar en lo poco que creerán esos que tienen fe en el carbono14 , tan bueno para ciertas dataciones paleontológicas, pero tan discutible para fijar aproximaciones temporales más afinadas, como esos setenta años de variación que han desacreditado la túnica franciscana de Santa Croce, Firenze.

La tragicomedia del carbono14 alcanzó su más alta cota de popularidad cuando hará veinte años (en 1988, me parece) pasaron unas muestras de la Santa Síndone de Turín por el fielato de los laboratorios; otra ocurrencia de algún ocurrente clérigo, suficiente para desacreditar la sensatez clerical del susodicho, el que fuere. Los resultados fueron tan chocantes - claro! - que lo del carbono14 ya se ha convertido en otro "misterio" añadido a la Sábana Santa, para regocijo de sus "expertos" (algunos, auténticos "profesionales" del tema, que esa es otra).

Yo, católico militante-beligerante, entiendo y defiendo que las Reliquias no están para experimentos, ni se han conservado hasta ahora para que jueguen con ellas cuatro indiscretos y tres descreídos en una rebotica de laboratorio. Las Reliquias son venerandas, para su veneración, y sanseacabó.

Me confirmo en esta convicción cuando leo en los Exercicios Espirituales de ntrº p. San Ignacio esa notación en la que recomienda:

- " Alabar reliquias de Santos, haciendo veneración a ellas, y oración a ellos..." (Reglas para sentir con la Iglesia Militante -regla 6ª- EE nº 358)


Cuando por toda Alemania los luteranos desmontaban y quemaban reliquias y relicarios, nuestro San Ignacio escribía esta castiza recomendación, tan apreciable, tan católica, tan espiritual.

Nosotros que proclamamos la Encarnación del Verbo, hemos reconocido desde muy antiguo - desde los orígenes, se puede decir - el valor de esas otras pequeñas "encarnaciones" que son las Reliquias: Los restos, las pruebas, las huellas de que la Santidad se ha hecho vida. Por eso valen para la veneración una túnica, una sandalia, un cilicio, una cuchara, un libro; o un cuerpo entero, o alguna de sus partes que esperan la Gloria que ya goza en alma su correspondiente Santo.

Una píccola consolazione: Junto al desacreditado hábito de Santa Croce, la prueba del carbono14 sí ha avalado la cronología de otra túnica de San Francisco venerada en Cortona, así como un almohadón donde reclinaron la cabeza del Poverello al morir, más un códice con los Santos Evangelios, también del uso del Santo de Asís.

Lo que pasa es que yo dudo de que el que dudó de las reliquias y las mandó a aprobar con carbono, se satisfaga con la corroboración del carbono; porque el carbono14 es fiable cuando desautoriza reliquias, pero no satisface cuando las confirma. Esa es mi impresion.

En casa tengo actualmente mi pequeño Relicario con Reliquias de Stº Tomás de Aquino, San Juan de Ávila y Stª Ángela de la Cruz (estas son las más "insignes"). Hace unos años me desprendí de algunas, que doné para su culto: Una de San Fernando, otra de San Isidoro, y una de San Bartolomé. Tengo más, de diverso grado, entidad, y procedencia, todas veneradas como recomienda San Ignacio. Y estoy siempre atento por si puedo recoger alguna otra.

Por supuesto, ninguna sufrirá indiscretas averiguaciones, ni se cotejarán con ese carbono impío, faltaría más.


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