domingo, 3 de febrero de 2019

Jerarquía francisquista: Un ejemplar


Un obispo argentino, nombrado por PP Franciscus, argentinus etiam, que conoce bien su tierra y a su gente, y, entre su clero, a aquellos que le inspiran confianza, los pastores que considera idóneos para la Iglesia.

Pero mejor que verbalmente, expresemosnos con la fuerza de las imágenes. Entren y vean:

Indecente celebración episcopal durante la JMJ de Panamá

El escandaloso reportaje es una muestra. Que hay más, todos lo sabemos. Y más lo lamentamos, heridos y enfermos, debilitados y afligidos por la irreverencia convertida ya en costumbre, en América, y en Europa, y en Asia, África y Oceanía; passim, en el mundo entero. Pues todo el orbe católico gime y se descompone en la crisis de fe más extensa y profunda que jamás se ha conocido. Las fotos del obispo impío, celebrando en la intimidad con su comunidad en la playa, es sólo un síntoma. El catálogo de males de la actualidad eclesial, también. No son causas del mal, sino síntomas, efectos, consecuencias.

Son cosas que pasan y están pasando porque no hay fe. Porque hemos perdido y estamos perdiendo la fe. Desde hace cincuenta años, esa es la trayectoria de la Iglesia.


+T.


lunes, 21 de enero de 2019

Francisco no bendice los corderos


La bendición de los corderos el día de Santa Inés es una de esas antiguas ceremonias papales que han sobrevivido al vandalismo vaticanosecundista. Era una imagen amable que todos los años se repetía: El Papa bendiciendo la pareja de corderitos blancos, con cuya lana se tejen los palios arzobispales que bendecirá el Romano Pontífice en la solemnidad de San Pedro para los nuevos metropolitanos católicos. Así se hacía desde hace siglos. Hasta hoy.

Esta mañana no ha habido bendición papal de los corderos de Santa Inés. En la basílica de Santa Cecilia in Trastévere, donde las monjas benedictinas preparan y adornan los corderitos para la bendición, en una ceremonia que parecía improvisada, un monseñor cualquiera (Mons Marco Frisina, el compositor de música religiosa), en traje de calle (gabardina sobre pantalón, sin ni siquiera una estola, sin ritual, con un folio en las manos (¿habría hisopo, acetre, agua bendita???), tal y como plasma la foto, bendecía los dos corderos colocados en sendas cestas sobre las losas del presbiterio.

Un capítulo más del desprecio francisquista. Todo se estropea. Todo se descuida. Todo se vulgariza. Todo se afea.

Parece como si se estuviera actuando bajo la consigna de pisotear el sagrado solio petrino en todas sus modalidades, de todas formas, sea por comisión, por omisión, por negligencia o por corrupción.

Insignificancias, dirán algunos (los mismos, los suyos, los actores y/o sus admiradores). Yo digo que son significancias, tantas, con y sin palabras, casi a diario. Un lustro, quasi media docena de años ya.

Sunt lacrimae rerum!

El llanto de tantas cosas, por tantas cosas.

En el blog Messa in Latino lo cuentan así (con estrambote):

La benedizione degli agnelli di Sant'Agnese




+T.



sábado, 5 de enero de 2019

Cuando los Reyes


Cuando los Reyes venían de Oriente
y paraban en casa y por el balcón
entraban trayendo, solemnes, silentes,
regalos reales, tesoros de dulce y cartón,
juguetes de niños y gozos de padres,
dulzuras de abuelos, regazos de madres,
madroños de almíbar y anises de sol
como medallitas que suenan al pecho
cuando cantan nanas y se cuentan cuentos
de dormir suave sin miedo y desvelos,
entre embozos blandos de olor a almidón
y humo de alhucema con roce de besos
sobre el borde amable del almohadón.

Cuando aquella noche de infantil ensueño
eran nuestras horas de ansia inocente
culmen del ensayo del ratón y el diente
que durante el año mantenía el empeño
del don que suscita la chispa impaciente
del niño que siempre espera algo más
y sabe que llega, al fin, algún día,
de pronto, sin ruido, la llave que abría
la puerta cerrada del adivinar.

La noche con frío de Enero en la calle
y encajes de escarcha sobre el ventanal
de cristal finito, blondas de visillos
entre dos cortinas de cretona y brillos
de luz estrellada aun de madrugada
ya cercana el alba con su despertar...

Así dejaría - sueño algunas veces -
mis horas sin pena, guardadas, suspensas
en la amanecida feliz de ese día
de inocencia y vida de dichoso hogar.

(A veces me digo y le digo a algunos:
-'¡Los Reyes vendrán!').


+T.

martes, 1 de enero de 2019

Villancico


Tapiza la noche con su terciopelo
azul refulgente bordado en luceros
que alumbran el cielo sobre aquel portal
do yace en pesebre, pobre, humildemente
el recién nacido que es Rey Celestial.

La Virgen, su Madre, recoge en su pecho
todo lo que pasa, precioso Evangelio
que late y palpita en su corazón
cual eco del Verbo, tesoro escondido,
espejo del Santo Misterio de Dios.

Los Ángeles velan al Niño dormido
cantando trisagios al Hijo Eternal,
y con doce estrellas de brillo infinito
nimban a la Virgen que a su vera está.

José el Patriarca sueña con Arcángeles
que de Dios bajaban y a Dios subirán.

¡Gloria a Enmanuel en la altura
y reine en la Tierra su paz!


+T.

domingo, 23 de diciembre de 2018

Pre-Villancico

 
 
Lirios en los caminos de Galilea
brotan por donde pisa la Nazarena
Virgen, como una estrella,
brilla en la tarde:
Del Hijo del Eterno
va a ser la Madre.

Luceros relucientes,
Santos Arcángeles,
Reyes y Profetas
venid, cantadle,
¡rezadle Avemarias!:
Su intacto talle
contiene al Infinito
que en Ella late.

¡Tal es su aroma,
que a su paso florecen
nuevas las rosas!

+T.

domingo, 2 de diciembre de 2018

Adviento


Los rezos de la Primera Domínica de Adviento me insuflan - desde que recuerdo sus rezos - una limpia brisa espiritual, como cuando se abre la ventana en una mañana de Diciembre y huele el aire a invierno, a frío de calle y campo, a lumbre acogedora de la casa del niño que fui, a tahona y cocina de abuela, a salón con mesa de camilla y sahumerio de alhucema en el brasero, a naranjas en la despensa y aceitunas en la orza, todo junto, fresco, amable, dulcemente cálido y acogedor. Después de la sensación y el álbum de recuerdos, razono que quizá sienta así porque el Adviento que me conmueve, el original, fue así: Un tiempo cumplido en el que la Gracia se hizo vida con el 'Ave', un 'Ecce', su 'Fiat'...Todo tan entrañablemente humano, familiar, íntimo, quasi en el secreto de Dios y la Virgen, todo envuelto en el velo suave de su Providencia, limpio, impoluto, inocente, nuevo...

Tengo que predicarme cada año la penitencia del Adviento, cuyo tono penitente - el poco que había conservado - se ha desleído en el disolvente del 'blacfridai' y demás diablurías de los yanquis de 'papanoelandia'; y también loterías castizas y prematuros turrones, mazapanes, mantecados, alfajores y demás confites, tan adelantados de fecha.

Un com-páter me comentaba esta tarde que él iba a citar en el sermón a Dom Gueránger, que enseñaba en su 'Año Cristiano' que el tiempo del Adviento está principalmente dedicado a los ejercicios de la 'vía purgativa', entendiéndose - éxplicome - la tal vía como aquella manera de vivir que, según PP Franciscus, avinagra la faz sicut pepinillos.

- '...Pepinillos puedes comer los que quieras', díceme el nutricionista, tan serio tal cual si me llevara una cuenta de alma al estilo del Padre La Palma (para que se me entienda).

...Y el que no me entienda es porque ya sufre el virus del des-adviento del des-catolicismo del tiempo hodierno.

Concluyo, fratres, con el clamor del Bautista: "...Paenitentiam agite adpropinquavit enim Regnum Caelorum".

Porque todo lo que no sea esto, no es Adviento, seamos sinceros, que es tiempo de ello.


+T.

sábado, 24 de noviembre de 2018

Su Reino no es de este mundo


Esta mañana se ha celebrado en nuestra parroquia el bautismo de un niño; por expreso deseo de sus padres se ha realizado según el rito bautismal antiguo, el tradicional, que comienza con esta pregunta del sacerdote:

- '¿Qué traéis, hombre o mujer?'

En la mente del autor del rito litúrgico, siglos ha, nunca pudo imaginarse que tan simple cuestión sería juzgada algún día como un desafío a leyes que negarían esa elemental y natural distinción, que define, por obra de Dios y ante su Iglesia, la identidad de una persona, y en el momento de recibir la Gracia para la vida eterna.

En un instante, el rito ancestral, claro en su requisito de precisar, ab initio, el ser individual del baptizando nos confronta, sin querer, pero de hecho, con nuestro mundo, nuestra sociedad y sus circunstancias, en cuanto contradicen y niegan la realidad natural, esencial según el antiguo principio escolástico 'Gratia supponit naturam' y el tomista 'Gratia non tollit naturam, sed perficit'.

Adoleciendo, desde hace medio siglo, de claridad conceptual, esencial en doctrina y rito, la Iglesia del tercer milenio se enfrenta sin la solidez necesaria a la delicuescencia cultural-moral del siglo.

La convicción de que somos de un Reino que no es de este mundo (Jn 18,36), se impone como una obligada seña para el católico consciente. Un signo que exige una consecuente militancia, resistente y activa.

Volumus regnare Christum!


+T.