viernes, 18 de abril de 2014

Popule meus !!!



Popule meus, quid feci tibi?
Aut in quo contristavi te?
Responde mihi.

Quia eduxi te de terra Aegypti:
parasti Crucem Salvatori tuo.

Agios, o Theos.
Sanctus Deus.
Agios ischyros.
Sanctus fortis.
Agios athanatos, eleison imas.
Sanctus et immortalis, miserere nobis.

Quia eduxi te per desertum
quadraginta annis,
et manna cibavi te,
et introduxi in terram satis optimam:
parasti Crucem Salvatori tuo.

Agios o Theos....

Ego proper te flagellavi Aegyptum
cum primogeniti suis:
et tu me flagellatum tradidisti.

Popule meus....

Ego te eduxi de Aegypto,
demerso Pharaone in mare rubrum:
et tu me tradidisti principibus sacerdotum.

Popule meus....

Ego ante te aperui mare:
te tu aperuisti lancea latus meum.

Popule meus....

Ego ante te praeivi in columna nubis:
et tu me duxisti ad praetorium Pilati.

Popule meus....




jueves, 17 de abril de 2014

Velar el Monumento


Mi abuela criaba macetas de alhelíes para adornar el Monumento del Jueves Santo, alhelíes dobles, blancos y morados, de un olor dulce intenso. Venían a recoger las macetas la mañana del Jueves Santo, y las ponían sobre unos pedestales blancos con filos dorados, en la parte de fuera del Monumento, en los lados y por delante. De otras casas llevaban claveles, calas y celindas; de los naranjos en flor se cortaban ramitos de azahar que se ponían en jarritas con agua. Era cada año como una repetición floral del bálsamo de nardo de María de Betania, que perfumaba al Señor adelantando su santa sepultura.

Un Monumento es un sepulcro con Cristo viviente reservado, como esas imágenes del Cristo latiente del Quattrocento italiano, mitad eucarísticos, mitad pasionistas, que evocan, a la vez, Pasión y Resurrección. Un Monumento es una prueba de oración, de resistencia piadosa, un contraste de garantía de fe. Al Monumento van los cabales; en el Monumento están los católicos bien forjados, los de golpe de pecho sincero, los de rezo constante, los que saben guardar cada día un rato para el Señor.

En el Monumento se repite mucho la oración del contemplativo sin mística, que mira y no especula alturas teológicas, sino que simplemente mira el Misterio (¡Ahí está el Señor!) y cree como un pastor de nochebuena, o un mago oferente, o un centurión asombrado, con ojos elementales que creen aunque ven, a pesar de que ven la humildad del Misterio, ya sea la simple Hostia o las heridas abiertas de Dios que se deja ver sólo como hombre, como un simple hombre, despreciado por los soberbios, pero creído y adorado por los humildes. Y por los Ángeles.

Los Ángeles tampoco faltan al Monumento. Están y no se ven ni se van (ni se duermen), adorando, reconociendo al Señor en el Sacramento, admirados por su amor por los hombres, admirados por la falta de amor de los hombres, amando y adorando, aunque no son hombres.

A mí se me quedó el alma en el Monumento, una vez, de niño. Después repito cada año, variando sitios y circunstancias, parroquias, conventos, de capellán, de párroco, de visitante ocasional. Pero siempre es lo mismo, la misma atracción suave, el mismo intenso deseo de quedarme, de estarme más allá de lo que puede y soporta mi contemplación sin mística (que lo digo y no sé si será al fin mística, de otro grado).

Del grado del pecador, del insuficiente, del que se duerme. Pero del que vuelve y quisiera ser más para poder más.

Las velas de mi Señor
que acompaño con mi vela...
Quién pudiera siempre estar
junto al Señor, a su vera,
con la cabeza apoyada
sobre su pecho, escuchando
cómo late el Corazón
del Señor, y meditando
cuánto me ama sin que yo
le quiera con amor tanto
como merece su amor.

Ex Voto.

+T.

miércoles, 16 de abril de 2014

Verónicas



La tradición del retrato milagroso ('ajeiropoietos'=no hecho por mano humana) de Cristo es común a Oriente y Occidente, pero con algunas diferencias, que identifican dos tradiciones (o dos fuentes) coincidentes en lo esencial y distintas en sus pormenores.

Lo esencial es el mismo rostro de Cristo, la Santa Faz del Señor, con esos rasgos que la iconografía cristiana describe como 'siríacos': Frente alta, cabellera larga, barba en punta bífida serían una especie de mínimo básico coincidente en las más antiguas iconografías cristológicas orientales, dependientes de un modelo real que podríamos decir 'histórico'.


La tradición, sin embargo, difiere en cuanto a la datación de la procedencia: Una atribuye el retrato ajeiropoietos de Cristo a la tradición milagrosa del mandylion del Rey Abgar de Edesa, y la otra relata la escena del paño/velo de la Verónica, la VIª estación del Via-Crucis.

La tradición del mandylion de Edesa conduce al estudio apasionante de los apócrifos, la crisis iconoclasta y, más recientemente, la supuesta identificación del mandylion con la Santa Síndone y las vicisitudes de la reliquia custodiada por los Templarios (teoría bastante bien documentada por la historiadora Bárbara Frale, pero difícilmente probable más allá de los supuestos con los que trabaja). Valga decir, resumiendo, que la Santa Faz del Mandylion es uno de los modelos-tipos iconográficos más reproducidos y venerados en la tradición iconográfica greco-bizantina y, sobre todo, de la Rusia Ortodoxa.



En Occidente, sin embargo, se mantiene desde el medievo la iconografía de la santa Faz según la tradición de la Verónica. La erudición sumaria del revisionismo criticista despachó el tema como una fabulación piadosa desde la misma palabra, según la muy improbable conjunción de una palabra latina ('vera') con otra griega ('ikon'). ´Pero la tradición piadosa más extendida habla de una mujer real, discípula de Cristo, una tal Berenice (la hemorroísa de Mt 9,18-26 y pp , precisan algunas fuentes), que en mitad de la Via Dolorosa, enjugó con su velo el rostro herido de Cristo, cuya Santa Faz quedó impresa en el paño con que la piadosa mujer le limpió el rostro.

Si los varios ejemplares existentes del Mandylion se explicaban por el 'tetradyplon' (cuatro pliegues), también la veneración de varias reliquias de la Verónica se justificaba por los tres (o más?) dobleces del velo donde quedó impresa la Faz del Señor. Coincidencias de las fuentes, otra vez.

En España, también se han representado las dos tradiciones, si bien la leyenda del Rey Abgaro desaparece, poco a poco, apareciendo últimamente en la retablística tardogótica del siglo XV. No así la iconografía de la Verónica, que sigue floreciendo durante el renacimiento, el barroco y ha llegado hasta nuestros días.

En Sevilla, la Hermandad del Valle recibe estrena cada año un paño de la Verónica nuevo, pintado por algún reconocido artista de la ciudad (ver la colección).

Para el Monumento del Jueves Santo de mi Parroquia, me pintaron uno el año pasado, y este año otros, los dos preciosos (el de 2013 muy zurbaranesco, el de este año más roldanesco).

Los ha pintado una 'verónica', una artista, una mujer piadosa.

Para Uds. para ella y para mí pido lo que piadosamente se ruega en el Via-Crucis: Que el Divino Rostro, el rostro de su pasión, se plasme en nuestras almas con gracia indeleble.




+T


martes, 15 de abril de 2014

La trampa de los 'viri probati'

Monseñor Erwin Kráutler entre dos de sus diocesanas
Hace unos días publicaron en el informativo católico The Tablet un artículo que recogía parte de una entrevista al austriaco (de nacimiento y procedencia) Erwin Kräutler, Obispo de Xingú, en la selva de Brasil. Es el de la foto de arriba; aunque para la audiencia con PP Franciscus se puso una sotana (vieja) de obispo, con su fajín de moiré (a punto de saltar los corchetes) que parecía prestada por un ropavejero del Trastévere. el pectoral era una cruz-galleta de jengibre colgando de un cordel, quizá una manufactura artesanal de los indígenas de la selva tropical (véase)

Monseñor Erwin Kräutler ha sido uno de los expertos que han participado en la confección de una ya anunciada encíclica de PP Franciscus sobre temas y problemas de ecología. A ver qué sale. Pero lo preocupante no es la doctrina francisquista sobre ecología, sino un particular comentario sobre un tema especialmente grave, muy importante, que recoge el susodicho artículo.

Al parecer, en la conversación entre PP Franciscus y el prelado austriaco-brasileño, Erwin Kräutler, surgió el acuciante problema de la escasez de sacerdotes:


- "...Le dije que como obispo de la diócesis más grande de Brasil, con 800 comunidades eclesiales y 700.000 fieles, sólo tenía 27 sacerdotes, lo que significa que nuestras comunidades sólo pueden celebrar la Eucaristía dos o tres veces al año como mucho (...) Él (PP Franciscus) señaló que las conferencias episcopales regionales y nacionales deberían buscar y encontrar un consenso sobre la reforma y luego deberíamos traer nuestras sugerencias a Roma."

Esto contaba Kräutler. Según él, el tema siguió con la mención por parte de PP Franciscus del caso muy conocido del obispo de Chiapas, Felipe Arizmendi (San Cristóbal de las Casas), que ha ordenado 300 diáconos permanentes (casados) para quienes postula (sugiere) la ordenación sacerdotal.


Monseñor Erwin Kräutler en procesión ecuménica (?) al lado de un hembra pseudo-clériga, no sé decir si falsa-obispesa o si falsa-presbiteresa, no problem (para Kräutler)


Todo esto significa que los llamados 'viri probati' vuelven a ser el señuelo (la trampa) para introducir por la puerta falsa el matrimonio de los presbíteros y acabar con el celibato sacerdotal tradicional en la Iglesia Católica Romana. Lo que empezó con los diáconos se quiere continuar con los presbíteros. Esa intención implícita (nunca reconocida) en quienes pidieron en el Vaticano IIº la rehabilitación del diaconado permanente, vuelve a surgir, al parecer con el favor y el estímulo de PP Franciscus, según se desprende de la fuente que traigo a colación.

Dejar asunto de tanta gravedad en manos de las Conferencias Episcopales podría ser la re-edición de lo sucedido con la petición/concesión de la Comunión en la mano, que pasó en unos años de ser sacrilegio, a ser abuso, luego abuso consentido, después una opción pastoral reconocida, más tarde una práctica promovida, finalmente una concesión (amplísima) de la Santa Sede y al poco la única forma de administrar la Comunión practicada en muchos sitios y hasta impuesta y obligada en muchos lugares. Dejando el asunto en manos de las Conferencias Episcopales, con la muy deficiente Jerarquía actual, con la influencia de la vanguardia teológica y la presión de activistas y grupos des-católicos, en cinco años, podría desaparecer el celibato sacerdotal en la Iglesia Católica.

Primero - especulo - se concedería ad experimentum, en algunas diócesis escogidas; luego se introduciría en diócesis de misión; luego se accedería a peticiones de determinadas diócesis, conferencias etc. Y al fin se generalizaría, reconociéndose la situación y promoviéndola después.

La excusa será la necesidad de vocaciones. La mentira será que todos saben que el no-celibato no soluciona las vocaciones, ni trae más vocaciones, ni fomenta nuevas vocaciones. Al revés: se perderán vocaciones, se impedirán vocaciones, se frustrarán vocaciones.

El artículo de The Tablet recuerda de paso algunas otras opiniones presumiblemente favorables a la reforma del celibato sacerdotal, publicadas en directo o captadas off the record, pronunciadas por significativos prelados católicos, como el Cardenal Hummes, el Cardenal Scola o el mismísimo actual Secretario de Estado, Cardenal Pietro Parolín.

Yo, por mi parte, estoy persuadido de que el día en que caiga el celibato vinculado al sacerdocio, será el punto en que habría que re-plantearse y re-decidir una conciencia católica según la tradicional identidad del catolicismo romano que, en esa futurible (y temible) coyuntura, se habría, finalmente, roto.

Los que llevan 50 oscuros años trabajando para ello estarán batiendo palmas (y afilando cuchillos).

Huelga decir que todo esto está pasando bajo el fantástico y muy aplaudido pontificado de PP Franciscus, por lo que cabe pronosticar que, sea lo que sea que pueda pasar, todo concluirá con una entusiasta ovación. Y todos contentos.

La mayoría de todos, es decir.

+T.

domingo, 13 de abril de 2014

Hosanna in excelsis


Le hemos acompañado, desde el Monte de los Olivos hemos caminado entre la gente que le aclamaba agitando ramos de olivos y palmas doradas. También cortamos ramas que parecían de plata y seda cuando las mecíamos a su paso, aclamándole con los niños y los mozos que rodeaban el borriquillo que montaba. ¡Qué bello es su rostro! Brilla con luz más luminosa que el sol; no sé decirlo, pero su faz serena y hermosa irradia un resplandor de paz, de gracia. Sus ojos, profundos, son, cuando miran, un pozo de misericordia, de compasión y salud, reflejando pureza, misterio, poder y humildad a la vez, irresistibles, sabios, confortantes, apacibles y piadosos.

Vimos desde lo alto del Monte de los Olivos, la bella visión de Jerusalén dorada, dorado su cielo, dorados sus muros, dorado el Templo. Y a Él le vimos llorar, también con lágrimas doradas que desde sus ojos dejaban marcadas con oro de pena sus mejillas y brillaban como puntas de oro en su barba. Lloraba por Jerusalén, que no le reconocía, por la Jerusalén que no levantaba a su paso ramos de olivo y palmera, por los de Jerusalén que no le abrían las puertas de sus almas y endurecían sus corazones como piedras insensibles a su palabra. Lloraba con amargura, con llanto lento, reheleando desengaños, traiciones, negaciones, abandonos. Lloraba y no dejaba de irradiar consuelo, hasta llorando trasminaba luz y gloria, paz y gracia.

Cuando llegó a las puertas de la Ciudad Santa, el pueblo tendía sus mantos en el camino, para que pisara sobre ellos, y cubrían con ramos de mirto y romero su paso. Las mujeres desembozaban su rostro y abrían sus brazos bendiciéndole, como si fueran su madre, como si fueran su esposa. Cuando Él las miraba, ellas se arrodillaban, besaban sus pies, tocaban con timidez temblorosa y reverente sus manos, su túnica, con la emoción derramándoseles en lágrimas.

También brillaban los ojos de los hombres que le escoltaban. Algunos de sus discípulos, sus Apóstoles, iban musitando salmos, casi extáticos; otros vitoreaban con la multitud, fervientes, expandiendo el gozo de aquel triunfo espontáneo brindado por los humildes que creían y querían a Jesús Nazareno.

Después, cuando volvimos, tomé y guardé una ramita de olivo de las que quedaron en el suelo cuando Él pasó. La besé como si besara los pies del Nazareno, y la guardé en mi pecho como si atesorara la clave de una hora de Gloria con infinitos instantes de Cielo.

No sabe qué es amor quien no te ama,
celestial hermosura, esposo bello,
tu cabeza es de oro, y tu cabello
como el cogollo que la palma enrama.

Tu boca como lirio, que derrama
licor al alba; de marfil tu cuello;
tu mano el torno y en su palma el sello
que el alma por disfraz jacintos llama.

¡Ay Dios!, ¿en qué pensé cuando, dejando
tanta belleza y las mortales viendo,
perdí lo que pudiera estar gozando?

Mas si del tiempo que perdí me ofendo,
tal prisa me daré, que un hora amando
venza los años que pasé fingiendo.


Lope de Vega ~


+T.

sábado, 12 de abril de 2014

Francisquismo teológico

La Gregoriana y sus quasi-anejos el Bíblico y el Oriental, tres admirables instituciones vueltas preocupantes, problemáticas y contaminantes. Todo el que ha pasado por ellas ha salido 'tocado', no por la gracia, sino por la sombra de aquello que el bueno de San Pio X creía conjurar cuando instituyó el Pontificio Instituto Bíblico, entonces fortaleza contra las embestidas de los enemigos, hoy baluarte rendido a ellos. Tres dolores en el alma de la Iglesia, sin sanación constatable actualmente. Y, según el discurso de PP Franciscus, el mal va a seguir lo mismo:


Discurso del Santo Padre a la Pontificia Universidad Gregoriana, del Pontificio Instituto Bí­blico y del Pontificio Instituto Oriental

"...se desarrolle la colaboración y las sinergías, custodiando la memoria histórica y al mismo tiempo haciéndose cargo del presente y mirando al futuro, con creatividad e imaginación, buscando tener una visión global de la situación y de los desafíos actuales y un modo compartido de afrontarlas, encontrando nuevos caminos(...) ocasión de crecimiento en la fe y de apertura de la mente y del corazón al horizonte de la catolicidad. Dentro de este horizonte la dialéctica entre el 'centro' y las 'periferias' asume una forma propia, la forma evangélica, según la lógica de un Dios que llega al centro partiendo desde la periferia para llegar a la periferia.

(...) es uno de los desafíos de nuestro tiempo: transmitir el saber y ofrecer una llave de comprensión vital, y no un cúmulo de nociones no relacionadas entre ellas. Es necesaria una verdadera hermenéutica evangélica para entender mejor la vida, el mundo, los hombres, no de una síntesis sino de una atmósfera espiritual de búsqueda y de certeza basada en las verdades de la razón y la fe.
La filosofía y la teología permiten obtener las convicciones que estructuran y fortifican la inteligencia e iluminan la voluntad... pero todo esto es fecundo si se realiza con la mente abierta y de rodillas. El teólogo que se complace de su pensamiento completo y concluido es un mediocre. El buen teólogo y filósofo tiene un pensamiento incompleto, siempre abierto al maius de Dios y a la verdad, siempre en desarrollo, según aquella ley que San Vicente de Lerins describe así: «Annis consolidetur, dilatetur tempore, sublimetur aetate» (Se consolida con los años, se dilata con el tiempo, se profundiza con la edad). El teólogo que no reza y que no adora a Dios acaba hundido en el más disgustoso narcisismo."
(En Zenith)

La buena cita de San Vicente de Leríns tiene toda la apariencia de un estrambote puesto con toda su buena intención (por algún secretario de Su Santidad?), para ilustrar con algún verbo santo y sensato la verborrea, tan común y repetida, de la alocución (aunque no sea la mejor entre las posibles y seleccionables citas del Commonitorium).

La que se declara 'lógica' del divino advenimiento "...que llega al centro partiendo desde la periferia para llegar a la periferia", o no está bien traducido, o no es lógica (ni mucho menos divina). Con PP Franciscus parece que nos vamos acostumbrado a estos circunloquios de rara hechura teológica, y hay que estar en guardia, vigilantes para que no nos habituemos a ello: Cavete!

Lo de "...creatividad e imaginación, buscando tener una visión global de la situación y de los desafíos actuales y un modo compartido de afrontarlas, encontrando nuevos caminos", es más de lo mismo, de lo mismo que se dijo de tantas formas, con tantas variantes, pero lo mismo, desde aquella gran proclamación del 'aggiornamento'. Con el agravante de que dicho ahora, cincuenta desastrosos años después, suena a empecinamiento contumaz, quasi protervo. O a efecto de la ceguera incapacitante que repite consignas y frases hechas porque no hay más luz para alumbrar más.

En vez de todos estos lugares comunes post-conciliares, lo pertinente hubiera sido un examen con mea culpa y protesta de conversión de esta muy mala 'intelectualidad católica'.

Pero no. Todo va a seguir igual, todo en manos de la decadente y degenerada Societas Iesu y sus degenerados y decadentes gestores, los émulos y epígonos de aquellos que extraviaron el concilio y minaron a la Iglesia.

"...Custos, quid de nocte ?"


+T.

viernes, 11 de abril de 2014

Cor Iesu Rex et centrum

Imagen del Corazón de Jesús en el taller del escultor-autor Javier López del Espino

Nuestra parroquia es discreta, humilde. Tuvo años mejores, pero la erección de una nueva parroquia vecina a costa de sus límites originales, le supuso perder una zona residencial, con mayores recursos humanos y materiales. Así quedó reducida a sus límites actuales, en la periferia de Sevilla, circunscrita en un barrio envejecido, con muchos jubilados y familias sufriendo el impacto de la crisis con la resignada dignidad de quienes soportan sin quejarse y lloran sin lágrimas.

El templo es moderno, bendecido en 1973, según cánones estético-estilísticos de la arquitectura religiosa post-conciliar. Tiene una planta quasi circular, sin pilares, iluminada por una claraboya sobre el presbiterio, unas vidrieras simuladas (no hubo presupuesto para hacer unas de diseño) y unas lámparas de hierro forjado, grandes y pesadas, con instalación eléctrica. Salvo un crucifijo tamaño académico sobre un enorme altar octogonal que ocupaba todo el presbiterio, en el templo parroquial no teníamos imágenes devocionales, detalle que a ninguno de los párrocos anteriores pareció preocuparles. A mí, desde que llegué a la parroquia, sí me preocupaba, aunque apenas contaba con medios para adquirir alguna imagen que sirviera para el culto y la devoción.

Hace ya dos años, decidí eliminar el descomunal altar octogonal y sustituirlo por otro de mármol, con Sagrario y dos tramos de balaustradas para facilitar la comunión de rodillas. Aquel mismo año, unos amigos míos regalaron una imagen de vestir, pequeña, decimonónica, muy bonita, de la Virgen del Carmen, para el altar del Sagrario. Luego, con los ahorros de colectas y algunos donativos, pude encargar la talla de San Francisco Javier, nuestro titular. Finalmente, a fines del verano pasado, me propusieron la donación de una escultura del Corazón de Jesús.

Al principio pensé que se referían a una imagen pequeña, de escayola o pasta de madera, de las que se fabrican en serie y se venden en las tiendas de artículos religiosos. Pero los donantes me sorprendieron: -'No, nosotros queremos una imagen de tamaño natural, tallada y policromada.', dijeron.

No sabían - pensé yo - en lo que se metían, porque una imagen tallada y policromada cuesta mucho, vale muy cara, carísima. Falló un primer tanteo a una escultora (muy buena) que les recomendé, y se buscaron otro imaginero con quien finalmente acordaron la factura de la imagen del Corazón de Jesús, en cedro, estofado en oro y policromado.

Después de algún titubeo de la donante, que tenía en mente una muy concreta imagen del Corazón de Jesús, de la que es devota, por fín esta mañana ha entregado el escultor la esperada imagen.

La figura de Cristo, de tamaño natural, mide poco más de dos metros, midiendo desde el plinto de la base. No sigue el modelo decimonónico, tan criticado, de formato goticista y rasgos dulzones (amanerados, dicen algunos) de aquel tipo de representación cordijesusista que proliferó y con la que algunos identifican equivocadamente la devoción al Sagrado Corazón. La imagen que nos han donado, al contrario, sigue el estilo barroco-imaginero de la escuela andaluza de escultura-imaginería: Es un Cristo moreno, con cabellera bien tallada, barba en punta bífida, las cejas y el ceño muy marcados, los ojos grandes, expresivos, la boca entreabierta, vestido con túnica ceñida por un cordón, abierta al lado derecho del busto, mostrando el pecho con la herida de la lanza y el corazón ardiente en el centro; en plano muy frontal, estante, la postura de las piernas, en contraposto, marca una cierta inclinación-movimiento remarcado por la distinta elevación de los brazos y la apertura de las manos (unas manos grandes, de carpintero, con las marcas de los clavos en el centro), los pies asoman por debajo de la orla de la vestimenta. Podría valer perfectamente para imaginar la escena de la ostensión y el tacto de las llagas del evangelio de la aparición a Stº.Tomás.

Detalle de cabeza y busto


Naturalmente, ha habido comentarios, según el gusto y el parecer crítico de cada uno:

- Parece que tiene cara como de crucificado, dijo alguien. - Es que fue crucificado, le dije yo.

- Parece que tiene los ojos como llorosos, dijo otro. - Es que lloró mucho por nosotros, por ti y por mí, le dije yo.

Es una imagen - pienso yo - muy bella, digna para el culto, una representación del Corazón de Jesús según el estilo de la imaginería andaluza del momento, que subraya rasgos y expresiones, siempre con una impronta pasionista en el fondo, algo, justamente, que conviene y es congruente con la espiritualidad y la devoción del Sagrado Corazón.


En privado, ante los donantes, el escultor y unos cuantos colaboradores de la parroquia, bendije la imagen, a la espera de concertar con el Obispo la bendición-entronización solemne, Dios mediante, en el centro del altar mayor de nuestra iglesia, sobre el tabernáculo del Sagrario, centrándolo todo, con majestad, soberano, atrayendo hacia Él a todos los cansados y agobiados, derramando misericordia.

Yo doy gracias a Dios y a la familia donante. Entre las promesas del Corazón de Jesús, una de ellas dice: 'Grabaré para siempre en mi Corazón los nombres de aquellos que propaguen esta devoción.'

Yo le ruego, por su Corazón de misericordia inagotable, que nos lo conceda a todos, muy especialmente a quienes han participado en esta obra de propagación de su culto, donantes, artista y lo que le quepa en todo esto al pobre cura.

Corazón de Jesús encendido en nuestro amor, enciende en tu amor nuestros corazones!

Cor Iesu, Rex et centrum ómnium cordium, per adventu Regni Tui, dona nobis pacem !

¡¡¡Viva su Corazón por siempre!!!

Ex Voto

+T.