domingo, 14 de diciembre de 2014

Una suave alegría


 
El alma en gracia puede exultar de alegría interior, pero lo habitual es que se mantenga en suave alegría, un manso gozo compatible con el peso de la cruz, las contradicciones de las circunstancias, las eventuales desolaciones e, incluso, los temores, fantasmales o materiales. Una suave alegría ambiental-espiritual que acompaña al cristiano, como una cierta atmósfera, santamente gozosa pero aun no gloriosa. Se respira paz y se expira paz.

El color rosado del III Domingo de Adviento conviene al estado que describo, como un matiz aportado por nuestra tradición litúrgica que, por la proximidad del Nacimiento del Señor, deslíe el intenso morado en la paleta espiritual de las cuatro semanas que preludian los misterios del Primer Advenimiento. Y como su primera venida fue en la humildad de nuestra carne, los paramentos sacerdotales recuerdan el color suave del cuerpo de un recién nacido. A mí me lo recuerdan.

También recuerdo escenas de paz y silencio ligadas a la imagen de una madre gestante, ensimismada, recogida en una suave felicidad íntima centrada en su seno y el hijo que en él late. Son momentos de intransferible felicidad, difíciles de explicar, inefables, pero poderosamente impresionantes para quien presencia desde fuera ese cuadro.

Hablar de las cosas del alma, de la vida espiritual, en femenino, es una intuición de muchos maestros cristianos que escogen ese verbo para expresar mejor los pormenores del misterio de la vida sobrenatural de los fieles.

Una tarde, una oración, una meditación, la intimidad del Sagrario, el eco lejano, amortiguado, de la calle, del mundo, el recuerdo recogido de quienes amamos, presentes y pasados, la conciencia sacramental de la Presencia, la sencillez de la oración que balbuce cosas del Cielo desde este suelo, sentir la fuerza que nos viene de lo alto, impregnarse en el aroma encendido del Santuario, aspirar y sentir la elevación de la criatura al Creador, el pulso del amor y la emoción hasta el manso lacrimar que intuye otra forma más alta de sentir.

Una suave alegría, en suma. Siempre perfeccionable, siempre llamando a más hondura, a más altura...

...Ut beatus inventus Inmensus est.


+T.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Inmaculata !!!


¡Quién pudiera verte, Madre,
radiante con doce estrellas
coronada y a tu vera
respirar tu limpio aroma
de inmaculada pureza!

¡Quién pudiera, Pulcra Reina,
acompasar los latidos,
del corazón, los sentidos,
el alma, la vida entera
al molde de tu bendita
gracia de Virgen ilesa!

¡Quién pudiera, oh María,
sentir del Señor la dicha
desde el origen, perfecta,
sin tristeza de pecado,
sin sombra, merma ni pena,
siempre a la luz dorada
de la gracia sempiterna!

Míra a los que lloramos,
estirpe terrena de Eva,
consuélanos y aligera
el peso de la caída,
válenos, del Cielo Puerta,

Sobre el celeste superno
te perfilas toda bella,
Virgen de la Concepción,
de gracia divina llena,
purísima, limpia, integérrima,
fuente de linfa salubre,
Madre del Señor y nuestra.

¡Que al fin entre Serafines
podamos cantarte, oh Reina
sin pecado concebida,
en gracia de Dios concepta!


Ex Voto

+T.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

La Fe de Javier (en defensa de)

 
 
Cuando el remolino de las palabras sigue agitando conciencias, cuando tantos se han preguntado estos días el valor y el alcance de las palabras de PP Franciscus que parecía que decía, que dijo, que había dicho que en la Gloria estaríamos todos, tutti e tutte, everibody, omnes cum ómnibus: "...E’ bello pensare questo, pensare al Cielo. Tutti noi ci troveremo lassù, tutti." (aquí texto completo); aun estando avisados de la facundi característica de PP Franciscus y de su muy limitada capacidad lingüística, aun así, quisiéramos templar el entusiasmo pan-glorificacionista francisquista con este estupendo Sed Contra:


Eterno Dios, Criador de todas las cosas : Acordaos que Vos criasteis las almas de los infieles haciéndolas a vuestra imagen y semejanza.

Mirad, Señor, como en oprobio vuestro se llenan de ellas los infiernos. Acordaos, Padre celestial, de vuestro Hijo Jesucristo, que derramando tan liberalmente su sangre, padeció por ellas. No permitáis que sea vuestro Hijo por más tiempo menospreciado de los infieles, antes aplacado con los ruegos y oraciones de vuestros escogidos los Santos y de la Iglesia, Esposa benditísima de vuestro mismo Hijo, acordaos de vuestra misericordia, y olvidando su idolatría e infidelidad, haced que ellos conozcan también al que enviasteis, Jesucristo, Hijo vuestro, que es salud, vida y resurrección nuestra, por el cual somos libres y nos salvamos; a quien sea dada la gloria por infinitos siglos de los siglos. Amén.


¿Verdad que parece, confrontando los dos textos, el papal y el javierista, que parecen de distinta religión y doctrina, siendo ambos de la misma? ¿Verdad que parecen opuestos? Pues no, es sólo equívoca impresión, confusión, pues son los dos de la misma Iglesia y sus autores incluso de la misma Compañía. Pero conste que si algo falla en lo dicho y/o expuesto, el fallo no es de Javier, que escribió y rezó esa oración hace cinco siglos; no, el desajuste no es de Javier. Ergo...

Ergo - iba diciendo - hoy que es la fiesta de San Francisco Javier, español tan grande, universal, no mezquino regionalista reduccionista, todo lo contrario: espléndido universalista católico imperialista (imperialista del Reino de Cristo, of course) capitán espiritual de la España grande y más grande, la España del Plus Ultra, hoy que es la fiesta del enorme Javier que predicaba, evangelizaba y bautizaba sin perderse en inculturaciones, ni enredarse en dialoguismos, ni promiscuirse en interreligiosismos ni pseudo-misericordi-caridadizarse firmando acuerdos ni ligarse con paganistidades ( Uds. me entiendo (si yo me explico))...Y todo eso, con todo lo demás.

Pues hoy que es el dia de San Francisco Javier, a quien invoco, por lo que me toca, todos los días (de noche también), hoy - como iba diciendo - quería dejar patente esta muestra preciosa, fina perla oriental, de la particular lex orandi lex credendi de Javier: Eso creía y eso rezaba, así oraba porque era lo que la Fe le ilustraba, el gran misionero católico Francisco Javier modelo de santos misioneros.

En mi parroquia, los devotos le han montado un altar muy bonito:



Este pasado año conseguí un cuadro antiguo representando la muerte de Javier, una clásica iconografía javierista:




Y acompaño el texto del Divino Impaciente correspondiente a la escena:

"Postrado a tus pies benditos
aquí estoy, Dios de bondades,
entre estas dos soledades
del mar y el cielo infinitos.

Con sal en la borda escritos
fracasos de su poder,
vencida de tanto hacer
frente al mar y al oleaje,
ya va a rendir su viaje
la barquilla de Javier...

Te he confesado hasta el fin
con firmeza y sin rubor;
no puse nunca, Señor,
la luz bajo el celemín.

Me cercaron, con rigor,
angustias y sufrimientos.
Pero de mis desalientos
vencí, Señor, con ahínco.
Me diste cinco talentos
y te devuelvo otros cinco.

...

¡Cuida a mi gente española!
y si algún día mi casta
reniega de Tí y no basta
para aplacar tu poder
en la balanza poner
sus propios merecimientos,
¡pon también los sufrimientos
que por Tí sufrió Javier!

...

¡Morir! ¡Cuanto queda,
tanto que hacer en tu obsequio!

...

¡Señor, en Tí espero!
Sí...No me ocultes tu rostro,
ya va a buscarte tu siervo.

In Te, Dómine, speravi,
non confundar in aeternum!
.

(Telón)


Cuánto me emociona esa oración, esa recomendación: '¡Cuida a mi gente española!'. Una intención tan valiente cuando Pemán la escribió y cuando se recitaba en la escena de la España que se dirigía al martirio que nuestros enemigos tramaban: ¡Cuida a mi gente española!

Recen Uds. con Javier esta oración ferviente, misionera, evangelizadora y católica. Y metan en las intenciones de Javier (con Javier) a su compañero de Societas, ya saben Uds. a quien me refiero, no hará falta que explicite.



Ex Voto


+T.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Nuestro Adviento


Nuestro tiempo es el Adviento, el segundo Adviento, el que va desde la Ascensión del Señor hasta su Parusía. Vivimos insertos en mitad de este misterio, creyendo, orando, amando, resistiendo, luchando, esperando, con el aliento del Espíritu, en la Iglesia, cuanto más fieles más anhelantes, más fervientes y vigilantes, deseando con temor santo y amante la venida del Señor.

Pero nuestro Adviento, el segundo Adviento, tiene cosas, elementos, particulares que se parecen, se identifican o se aproximan a escenas, personajes, tipos y hechos del primer Adviento, el Adviento antiguo, ya pasado, de los Patriarcas y los Profetas del viejo Israel, cuyo recuerdo mantenemos en las Sagradas Escrituras que leemos y meditamos, ayudándonos a entender cosas que pasan, escenas que ocurren en nuestro Adviento presente.

¿Recuerdan Uds. aquellos sumarios, breves versículos, que relatan en los libros de los Reyes y las Crónicas los yerros y malandanzas de los Reyes de Judá, los ungidos del Señor, herederos de la Casa de David y sus promesas? Cuando permitían o promovían en Jerusalén cultos paganos, idolatrías e irreverentes altares por congeniar con los extranjeros y favorecer a los gentiles, o por simple fascinación-tentación religiosa. Una parte esencial de la historia del Antiguo Testamento transcurre bajo esta constante, con su correlato en los oráculos proféticos que clamaban contra el gran pecado de los reyes y del pueblo.

No desvariamos cuando vemos hoy escenas, actos, tendencias que sitúan a la Iglesia, al catolicismo, a nuestra Jerarquía y a los fieles en situaciones comparables a las del Antiguo Testamento. Travestidos con nuevos conceptos, surgen equívocos, confusas promiscuidades que relegan lo esencial católico y asumen lo ajeno que la Iglesia siempre rechazó, justamente.

Estos días, cuando he pedido por el viaje del Papa al Oriente he dicho Constantinopla, que es nombre cristiano, no he dicho Estambul, que es nombre infiel y afrentoso para los cristianos.

Ayer sentí el malestar de ver al Papa homenajeando a Ataturk. Hoy lo mismo, viéndole rezar dentro de la mezquita y visitar Santa Sofía, profanada. Cuando luego ha pedido la bendición al metropolitano constantinopolitano, he revivido como en un flash la absurda escena del balcón, cuando recién proclamado se inclinó y pidió la bendición antes de darla, Urbi et Orbi.

En Hb 7,7 se deja claro y sentenciado que el mayor bendice al menor, pero PP Franciscus no parece asumir su gracia, su nivel, su oficio.

Por eso, por estas cosas, me adviene la conciencia del Adviento, de este segundo Adviento, el eclesial, también con sus defectos como el primer Adviento los tuvo, en los hechos y en las personas, siendo, a pesar de los pesares, tiempo sagrado, de gracia y salvación. Aunque no de perfección.

La perfección vendrá, llegará, se nos dará al fin como una gracia.

Tempora bona veniant !!


+T.

sábado, 29 de noviembre de 2014

El Castillo

Como nos debatimos entre fidelidad a lo que creemos, combate contra lo que odiamos y prudencia omnibus rebus, pues al fin somos rien; porque no pretendemos - en suma - herir lo que está tan herido, por todo eso y plus, no comentamos, ni decimos, ni escribimos todo lo que nos llega, sea viento apestoso o tufo hediondo.

Pero el panorama es tremendo: PP Fcus. y Castillo, compañeros (de la Compañía)

Que PP Franciscus escriba, se cartee, se informe por conducto de Castillo, que Castillo (¡ J.Mª Castillo !!!) sea hombre de confianza de PP Franciscus...

¿Qué diremos que no tinte más el horizonte retinto...?

Llega el punto en que a uno le asalta la duda de si no sería mejor tornar a aquellos días de los Borgia y las cantáridas, que eran veneno físico, pero nada más.


+T.

lunes, 24 de noviembre de 2014

Nuntio vobis donum magnum !!

Se me han adelantado los Reyes más de un mes, porque un buen amigo (un munífico amigo) me ha hecho, inmerecidamente, un regalo espléndido: La Historia de los Papas de L. von Pastor completa (39 volúmenes; Buenos Aires 1948, edit. G. Gili, 2ª edic.), en un estado de conservación estupendo. Un sueño.

Cuando estuve en Roma, en el Colegio Español, ya utilicé el v. Pastor (y creo que leí casi completa la obra). Mis años romanos fueron más de lectura intensa y extensa que de aplicación académica. El p. Lobato me dijo una vez -"Eres un estudioso idealista, no eres práctico"; tenía razón. Sin embargo, a casi cinco lustros de aquellos tres cursos en la Urbe, con la arrogancia petulante del calavera, en vez del 'Que me quiten lo bailao', yo podría decir 'Que me quiten lo leído'.

Conque he recibido el von Pastor con emoción leyente, como quien recoge un legado que alguna vez deseó sin esperar tenerlo. Deo gratias. Y gracias al generoso y desprendido donante. Hay cosas que uno no sabe cómo agradecer.

En la obra monumental del Barón von Pastor late una tesis que conviene recordar: Los Papas, hombres de su tiempo, enmarcan sus pontificados en su respectiva época, marcados por las circunstancias del momento, también con vicios y deméritos que, cuando aparecen, siendo personales, son imputables al sujeto, nunca a la institución del Papado, cuya esencia permanece, a través de los siglos, incólume en su santidad, integrada en la Santidad de la Iglesia y su misterio salvador, que es del mismo Cristo.

Ludwig von Pastor es un historiógrafo veraz, erudito, imparcial en la exposición, inteligente en la interpretación, ferviente católico siempre y doctor inexorable en su cátedra. Su renombre no es vano.

Hace poco leí por ahí que conocer la Historia de la Iglesia es, a veces, una necesidad, un valioso medio para la fe del fiel católico. Y es verdad.


+T.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Niña María


Iba la Niña María,
preciosa, al Templo de Dios,
era su Presentación
al Señor, que le pedía
ofrecer su corazón
virgen en consagración
con todo su ser y vida.

Lleva el corazón intacto,
va trasminando pureza,
su paso reluce tanto
que cuando al Templo subía
la escalinata brillaba
como con chispas de estrellas.

Con sus manos de doncella
levantadas ante el ara
su sacrificio sencillo
fue dar a Dios su alma intacta,
sellada, impóluta, limpia,
integérrima, sin mácula,
llena de divina gracia.

Desde que fue concebida
fue el altar privilegiado
donde Dios se recreaba
y en la humildad de la Niña
su gloria excelsa irradiaba
luces de nueva alianza.

Bendita Niña María
que tanto agradaste a Dios,
más que ninguna
entre todas sus criaturas,
a nosotros que gemimos
entre culpas y entre penas,
danos, Bella entre las bellas,
el perfume de una rosa,
el destello de una estrella,
la blancura de azucena,
danos algo de tí
que nos pueda hacer subir
la escalinata celeste
con paso firme de amor
y presentarnos a Dios
al fin y entrar en su gloria.

Te lo rogamos, María,
te suplicamos, Bendita,
concédenoslo, Niña
Virgen de Presentación,
dulzura del alma mía.


Ex Voto

+T.