viernes, 29 de agosto de 2014

El recambio


La crisis postconciliar general que arruina a la Iglesia se mantiene y no termina por las, a su vez, crisis particulares postconciliares de elementos, sectores e instituciones eclesiales. La Jerarquía es una de las más afectadas, una debilidad especialmente perceptible en estos años pues nos rigen los obispos que fueron encandilados por el V-2º y que sobrevivieron a la cuelga de sotanas (mitad por providencia, mitad por curriculum); pasados por el almíbar juanpablista, con el trauma del paraíso eclesial que el aggiornamento conciliar cacareó y que concluyó en tsunami devastador, ahora, con PP Francisco, se han refrescado como vintage sacado del baúl de los recuerdos y se tunean en look nuevangelización. Setentones a ritmo de rap. Patético's.

En ese marco coyuntural de crisis general, espejismo post-juanpablista y estreno en cartel del Franciscus PP Show, hay que entender el saludo del recién arzobispo electo de Madrid. Lean Uds. (si tienen paciencia):

Primer mensaje de Osoro a Madrid: "Hagamos nuestros los sueños de Dios"

Como es un saludo del género saludo episcopal post-conciliar-post-juanpablista y francisquista, el neo-prelado matritense saluda a todos los madriles de la madrilidad, la madrileñidad y el madridismo, a todo quisque, me parece que también al oso del madroño, al madroño del oso, a Doña Manolita la lotera, al reloj de la Puerta del Sol y a la quincalla de la plaza de Pontejos. A todos (& todas).

En ese saludo-bando a la Villa y Corte aparece esta magnífica (viene de Valencia) traca-cohete abierta en palmera de artificioso y fascinante efecto pirotécnico: "...Hagamos nuestros los sueños de Dios..."

Por mi parte, después de semejante pamplina (con cierto tufo sapiens heresis), mejor callar. A la gente les gusta esas cosas, esas pirotecnias verbales. A mi no. Si las dice un obispo, menos.

Que sí, que sí, que yo lo entiendo; que el contexto, que la metáfora y la alegoría y todo eso. Que ya lo se.

También sé que de estas mitras los remedios consistentes (y valientes), suelen ser pocos.


n.b. Cónstele a quien se haya preguntado que el que esto escribe está libre de querencia rouquista, ni tampoco tenía en mente candidato óptimo para la capital: En materia episcopológica soy escéptico (radical).


+T.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Repugnante (y amenazante) presencia


Veo poca televisión, apenas algunos informativos, documentales y algún episodio de algunas series. Pero hace unos días hice este desagradable y repugnante descubrimiento televisivo, este engendro:

Cordoba Int. Tv

El enemigo en casa. Emiten en abierto, en un canal llamado Nacional-5. La programación es íntegramente islamista, e islamismo integrista. Tienen hasta algún presentador español, uno que presentaba hace unos años un programa-concurso, un tal Alonso Caparrós.

Golpeado por la criminal fantochada del neo-Califato del EI, con imágenes y noticias traumatizantes, cada día, saber que tenemos al enemigo operativo en medio de nosotros, es sumamente inquietante.

El Islam es una víbora en el seno de Occidente. Los yijadistas-terroristas made in England son la contundente prueba de que el Islam no es compatible con ningún medio social-cultural que no sea el propio Islam (aunque entre ellos se devoren también como fieras).

Recuerdo la ponderada opinión del entonces Cardenal Ratzinger cuando se oponía a la incorporación de Turquía a la UE. Y vuelvo a recordar el todavía fresco discurso polémico de Ratisbona, el del añorado Benedicto XVI.

Ante la ambigüedad francisquista, insuficiente y equívoca (este articulete opina al respecto), por la gravedad del momento, por el futuro amenazador de un islam en las venas de Occidente, es necesario un sólido discurso que promueva una clara conciencia que posibilite una reacción. Con hechos.

Escribo esto con el temor de que el vacío espiritual de Europa (vacío de cristiandad) incapacite para luchar en esta contienda, que parece se limita al Oriente Medio pero, de hecho, está activa dentro de nuestras fronteras, de muchas y sutiles formas.

La repugnante televisión esa es sólo una (cercanísima) prueba.


+T.

jueves, 14 de agosto de 2014

Quam Pulchra !!!


¡Qué bella es la Hija de Sión!
Mirad cómo sube,
radiante y gloriosa,
su cuerpo fragante
más que flor de rosa
más que los Querubes
se encumbra en el Cielo;
su alma preciosa
plena de la Gracia
es Sagrario sólo
del Dios Uno y Trino,
Hija, Madre, Esposa,
será entronizada
en el Solio Eterno
de Cristo, el Señor.

Mirad como goza
el Empíreo entero,
mirad cómo cantan
loas los Nueve Coros,
mirad cómo se abren
las Puertas Eternas,
mirad como entra,
más que otra bella,
mirad como lucen
el sol y la estrella
en su cuerpo santo
que refulge virgen
siempre intacto y puro,
transiendo el aroma
del divino amor.

Doce estrellas nimban
su faz nacarada,
sus labios de grana
bendicen y alaban
con salmodia nueva
que a Dios siempre agrada:

'Soy tu humilde esclava,
tu poder me ensalza,
tu gracia me alhaja,
por Tí me bendicen
la tierra y los cielos,
por siglos y siglos
las generaciones
bendita me aclaman
porque Dios Potente
hizo en mí obras grandes,
Él, que ensalza al humilde,
Él, que derrumba al soberbio,
Él, que enriquece al hambriento,
Él, que ignora al satisfecho,
Él que nunca se olvida
de su alianza y su pueblo.'
             ... ... ...
Gloriosa Madre bendita
mírennos tus ojos bellos
siempre benignos y dulces,
de clemencia y de paz llenos;
míranos Reina Celeste
y no nos retires de ellos,
que si nos miras un día
contigo al fin subiremos.

¡Cuán bella es tu Asunción!
¡Qué hermoso es, Madre, tu vuelo!


+T.

Ex Voto

viernes, 8 de agosto de 2014

El problema del Islam es el Islam

 
Cuando leía como un monstruo, cayó en mis manos un libro de Robert Payne titulado 'La Espada del Islam' (en el original inglés 'The Holy Sword', 1959). No empecé la lectura con especial ilusión, pero me devoré el libro en un día, la historia de Mahoma, su religión y sus consecuencias, una narración ágil que iba pasando de un personaje a otro, de un siglo a otro y de una guerra a otra, sin solución de continuidad, guerras con todo el mundo y guerras contra y entre los propios mahometanos, una secuencia de histórica violencia implacable, insaciable. En la historia islámica la paz era contemporánea de la decadencia, porque el estado natural del Islam, desde que fue concebido, era la guerra.

Cuando la Iglesia ha degenerado o decaído, una de las soluciones regeneradoras ha sido siempre - Deo adiuvante - la vuelta a los orígenes, el retorno a las raíces. Ayer mismo, en la oración de la Misa, se recordaba que San Cayetano tuvo la gracia de vivir como los Apóstoles; la imitación de las virtudes apostólicas ha inspirado tantas fundaciones y obras religiosas, como un manantial perenne donde beber y purificarse, así desde los mismos tiempos apostólicos, siendo los Apóstoles los primeros imitadores del Señor, la Vita Christi, cuyos testigos fueron, verbis operibusque. El recurso vale también para las órdenes, congregaciones e institutos religiosos, que vuelven una y otra vez a sus raíces fundacionales para nutrirse con la vida y obra de sus fundadores, modelos perpetuos para quienes después seguirían sus reglas para regirse mejor y ser fieles a la vocación y la misión cristiana, en vida recogida o activa. Volver a las fuentes es el buen camino para avanzar en santidad, una solución acertada cuantas veces se ha resuelto tomar.

¿Y el Islam? ¿Cuenta con ese recurso? Sí, por supuesto. Pero las fuentes del Islam son Mahoma y sus guerras, su manantial destila violencia original. Así, en tiempos de decadencia, el fiel musulmán que busque reconstituirse volviendo a sus fuentes, al poco estará ebrio de violencia, cargado de intenciones guerreras y presto para la acción. La 'yihad' es el Islam y no existe (ni hubiera existido) el Islam sin la 'yihad'. El Islam es la guerra y no hay Islam, no puede haberlo, sin la guerra. En cualquier momento, el musulmán que beba en las fuentes islámicas se trasmutará en un 'muyahidín', un guerrero.

Cierta propaganda pro-islámica desarrollada recientemente en occidente intenta desvirtuar el concepto 'yihad' explicándolo según una interpretación interiorista (lucha personal por vivir la fe coránica) y otra de dimensión social (lucha por la justicia y el bien comunitarios). El intento, sin embargo, choca con la evidencia de la historia misma del Islam, desde sus orígenes al presente, incluyendo la evolución de los estados/naciones de fundamento islamista, regímenes contemporáneos que, lejos de estructurarse establemente según los principios de la cultura política occidental, al fin repiten un binomio irreductible: Sumisión y agresión, interna y externamente, para los propios de dentro y los extraños de fuera.

Excepto en la Turquía de Ataturk (actualmente muy en entredicho), el Coram es el código político primario, la inspiración que articula el estado, la fuente en la que la violencia islamista seguirá catalizando cualquier proyecto político que surja en su medio, incluso aquella efímera y marxistóide R.A.U. de Nasser.

Benedicto XVI puso el dedo en la llaga cuando su célebre (ya olvidado?) discurso en la Universidad de Ratisbona, con la memorable cita del emperador bizantino Manuel IIº Paleólogo:

"...Muéstrame también aquello que Mahoma ha traído de nuevo, y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su directiva de difundir por medio de la espada la fe que él predicaba."

Un irenismo iluso - por parte de la Iglesia - que obvie lo evidente, está condenado al fracaso porque los hechos desmentirán cualquier supuesto de armónica concordia, imposible según los auténticos fundamentos del Islam.

Los cientos de miles de cristianos del Irak, perseguidos, hostigados y masacrados por el Islam, son la dolorosa hodierna prueba de que el Islam de hoy es el Islam de siempre, el mismo.

Más que abrazando a imanes o felicitando ramadanes, el Papa debería enfrentar al Islam consigo mismo, exigiéndole una conversión que incluya la renuncia a sus raíces en cuanto supongan la institucionalización de la violencia. Eso que pareció iniciar con tanto escándalo Benedicto XVI en Ratisbona.

Ayer publicaban en Rorate Coeli un artículo que preguntaba si la razón del problema islámico no sería el no haber confrontado una ilustración y unos cambios revolucionarios como los que tuvo que afrontar la Iglesia del siglo XIX.

Aun considerando esos seis siglos que distancian la Era Cristiana de la hégira mahometana, salvando fáciles historicismos, el debate sobre el Islam es engañoso, equívoco, si no concluye que el problema del Islam es el Islam.

Ese sería el punto justo de partida para cualquier examen, reflexión o replanteamiento.


n.b. Para neocones pijo-católicos desnortados: Lo de los crímenes de guerra de Israel en Gaza son un problema que carga de intrínsecas razones al ya de por sí razonamiento violento del Islam; más pólvora en el cañón, si me explico (y los tercos me entienden (o quieren entender)).


+T.

miércoles, 30 de julio de 2014

Urgentemente: Lo de Gaza merece un 'J'Accuse...!'


No soy Zolá, ni me parezco. Pero el caso de Gaza merece un neo-Zóla, de más envergadura, más potente, con voz más intensa y extensa, capaz de escandalizar y movilizar, de espabilar conciencias narcotizadas.

De las víctimas de Gaza, me conmueven especialmente los viejos. Es doloroso imaginar hombres y mujeres que llevan toda su vida hacinados en el ghetto de Gaza, gente que era joven en el año 47, cuando la usurpación israelí, y que han envejecido en el campo de concentración de Gaza, decepcionados y desilusionados con cada golpe de la fatigosa realidad de ser prisioneros en su tierra, de tener fronteras de muerte con su país, al que no pueden entrar, donde no pueden vivir ni morir porque han invadido su suelo y les han rapiñado justicia y derechos. A estas alturas, Gaza es un reducto de miserables bombardeados. Miserables rabiosos, porque conservan, aunque aplastados, la dignidad de la rebeldía. Es lo que les queda. Y sufren porque no renuncian a vivir. La felicidad del perverso Israel sería la desaparición de los miserables de Gaza; ya hasta se atreven a decirlo.

Israel se ha creado durante estos lustros una coraza inmoral en la que no penetran sentimientos que no sean los del propio Israel. Implacables con los palestinos, se derriten en dramáticas escenas de auto-compasión cuando es un israelí el que sufre. El estado de Israel se ha vuelto un organismo enfermo con híper-sensibilidad consigo mismo y dureza fría y letal para los enemigos que el propio Israel se ha creado.

Los culpables de la trágica situación son el injustificable estado de Israel y los implicadísimos EEUU, la nación de la propaganda democrática y los crímenes de guerra, todo en uno. Inglaterra, por referencias y prolegómenos, también. Europa, espectadora muda, se inculpa por omisión.

El Papa del 'hagamos lío' hubiera armado un gran lío denunciando el crimen incesante de Israel contra Gaza. Pero PP Franciscus tiene extrañas querencias por Sión y sus rabinos, afectos que le impiden liarse en este clamoroso enredo que estrangula dia a día, hora a hora, minuto a minuto a una nación sin tierra, a un pueblo con su patria invadida por sus verdugos.

¿Quién será, quién se atreverá, quién clamará el urgente y justo 'J'Accuse...!!!' ???


+T.

martes, 29 de julio de 2014

La otra visita a Caserta


Si un Papa iba a Caserta (si hubiera ido), iría a ver a SS MM los Reyes de Nápoles y las Dos Sicilias. Un precioso eco borbónico que, imposiblemente, ni pasó ni ha pasado, porque cuando un Papa ha ido a Caserta, no ha sido para ver al rey (que no hay, ¡ay!) sino para visitar a un pastor protestante, un herejete pentecostal. (Ahora, con toda justicia ciceroniana, conviene que declamemos gravemente el 'O tempora, o mores', a coro).

La cosa no tiene gracia, ni es para parodia. Pero, como nos hemos acostumbrado a las promiscuidades ecuménicas, los besos a todos y las sonrisas ubicumque, que el Papa de Roma compadree con un hereje no sólo no escandaliza, sino que parece bien. Y todos aplauden.

En su estilo, según acostumbra, PP Franciscus también ha hablado, ha dejado en Caserta unas cuantas confusas frases que hoy recogen los medios y mañana no sé si pasarán a la crónica pontificia francisquera. Digo que no sé si serán recordadas en la AAS porque no suenan bien (a los piadosos oídos, como decíase antaño). Me refiero a estas palabras:


"El Espíritu Santo hace la diversidad en la Iglesia y esta diversidad es tan rica, tan bella; pero después, el mismo Espíritu Santo hace unidad. Y así la Iglesia es una en la diversidad. Y para usar una palabra bella de un evangélico, que yo quiero mucho: una diversidad reconciliada por el Espíritu Santo". (leer en Zenit)

¿Qué quiere decir esto? Puesto que se dice en un meeting entre católicos y protestantes pentecostales, sin ulteriores explicaciones que aclaren un sentido católico y ortodoxo, lo que parece decirse es que los cismas y las herejías son simple diversidad creada por el Espíritu Santo (Kyrie, eleison!!); que el pecado de la heterodoia y el cisma son una especie de juego (Kyrie, eleison!!) del Espíritu Santo que después construye con la diversidad de los fragmentos alegres y polícromos mosaicos eclesiales (Kyrie, eleison!!).

Obviamente, las glosas oficiales al sermoncete ecuménico de Caserta se aplicarán a explicar rectamente las palabras francisquistas, palabras dichas en el calor de la emoción y el entusiasmo del momento, palabras dichas sin papel, improvisadas, frescas, de iglesia de ventanas abiertas. Y el repertorio habitual de notas a pie de páginas y off the record.

A propósito, podríamos preguntarnos - entre otras muchas cuestiones -  dónde queda la Dominus Iesus ratzingeriana etc. etc. etc. Pero esos tiempos con documentos de luz y esperanza ya han pasado. Parece que ha pasado toda una época, tan lejos estamos (o nos están llevando).

Ahí quedó, pues, en la Caserta real sin reyes, la equívoca prédica papal-francisquista.

Estremece pensar que el que habla es el Cabeza Visible de la Iglesia. Esa Iglesia en la que, sin distingos, parece considerar que están todos, como si la amistad fuera el pase infalible para ser y estar en la Ecclesia Domini.


+T.

viernes, 25 de julio de 2014

Magisterio necesario. Todos hablaron ¿Francisco callará?

 
El Anglicanismo primero fue cisma, luego herejía. Sin embargo, históricamente, la Iglesia Católica prestó una particular atención a la llamada 'Iglesia Anglicana'. Desde el Movimiento de Oxford la atención fue tácita, si no oficiosa relación. En ese marco, la bula Apostolicae Curae, de León XIII, 1896 (ver en Denzinger), aunque supuso un golpe medular al anglicanismo, reconocía, implícitamente, una remota conexión, merced a la cual aplicaba su magisterio respecto a un caso especialmente anglicano, que no por eso dejaba indiferente al Papa, cabeza de la Iglesia.

Con motivo del movimiento reclamando la ordenación de mujeres, a una carta del entonces primado anglicano, el arzobispo Donald Coggan (convencido promotor de la iniciativa pro-femenina ya en la Conferencia de Lambeth, en 1970), Pablo VI contesta con un rescripto pontificio, claro y contundente;

"Your Grace is of course well aware of the Catholic Church's position on this question. She holds that it is not admissible to ordain women to the priesthood, for very fundamental reasons. These reasons include: the example recorded in the Sacred Scriptures of Christ choosing his Apostles only from men; the constant practice of the Church, which has imitated Christ in choosing only men; and her living teaching authority which has consistently held that the esclusion of women from the priesthood is in accordance with the God's plan for his Church"


"Su gracia es, por supuesto, muy consciente de la posición de la Iglesia Católica sobre esta cuestión. Ella sostiene que no es admisible ordenar mujeres para el sacerdocio, por razones verdaderamente fundamentales. Tales razones comprenden: el ejemplo, consignado en las Sagradas Escrituras, de Cristo que escogió sus Apóstoles sólo entre varones; la práctica constante de la Iglesia, que ha imitado a Cristo, escogiendo sólo varones; y su viviente Magisterio, que coherentemente ha establecido que la exclusión de las mujeres del sacerdocio está en armonía con el plan de Dios para su Iglesia".

Cfr. Pablo VI, Rescripto a la Carta del Arzobispo de Canterbury, Revdmo. Dr. F.D. Coogan, sobre el ministerio sacerdotal de las mujeres, 30 noviembre 1975: AAS 68 (1976)

Merece la pena destacar, por especialmente firme y clarificador, el final del párrafo: "...Magisterio, que coherentemente ha establecido que la exclusión de las mujeres del sacerdocio está en armonía con el plan de Dios para su Iglesia".

Por expreso encargo (y preocupación) de Pablo VI, un año después, en Octubre 1976, la S.C. para Doctrina de la Fe publicaría la declaración Inter Insigniores (leer aquí), exponiendo la doctrina de la Iglesia sobre el tema. El documento merece leerse, pues es de absoluta actualidad:

"...la Iglesia es una sociedad diferente de las otras sociedades, original en su naturaleza y estructuras (...) se utiliza a veces el texto antes citado de la Carta a los Gálatas (3, 28), según el cual en Cristo no hay distinción entre hombre y mujer. Pero este texto no se refiere en absoluto a los ministerios: él afirma solamente la vocación universal a la filiación divina que es la misma para todos. Por otra parte, y por encima de todo, sería desconocer completamente la naturaleza del sacerdocio ministerial considerarlo come un derecho: el bautismo no confiere ningún título personal al ministerio público en la Iglesia. El sacerdocio no es conferido como un honor o ventaja para quien lo recibe, sino como un servicio a Dios y a la Iglesia (...) el sacerdocio no forma parte de los derechos de la persona, sino que depende del misterio de Cristo y de la Iglesia. El sacerdocio no puede convertirse en término de una promoción social. Ningún progreso puramente humano de la sociedad o de la persona puede de por sí abrir el acceso al mismo: se trata de cosas distintas (...) igualdad no significa identidad dentro de la Iglesia, que es un cuerpo diferenciado en el que cada uno tiene su función; los papeles son diversos y no deben ser confundidos, no dan pie a superioridad de unos sobre otros ni ofrecen pretexto para la envidia: el único carisma superior que debe ser apetecido es la caridad (cfr. 1 Cor. 12-13). Los más grandes en el reino de los cielos no son los ministros sino los santos."

Tanto el rescripto de Pablo VI como la declaración Inter Insigniores aparecen citados en la Carta Apostólica Ordinatio Sacerdotalis, de Juan Pablo II, publicada en Pentecostés del año 1994, el año de las primeras pseudo-ordenaciones de 'clérigas' anglicanas. Como es sabido, el texto papal utiliza una fórmula quasi-definitoria (infalible), con voluntad expresa de dar por cerrado, definitivamente, el tema:

"...Por tanto, con el fin de alejar toda duda sobre una cuestión de gran importancia, que atañe a la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud de mi ministerio de confirmar en la fe a los hermanos (cf. Lc 22,32), declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia."

El Domingo pasado, Zenit publicaba en su boletín un extracto de un artículo de L'Osservatore (ver aquí), con una comunicación del primado anglicano Justin Welby sobre la reciente aprobación por la jerarquía anglicana de la incorporación de mujeres al episcopado (uso el concepto sin reconocer, obviamente, que en la confesión anglicana exista, propiamente, jerarquía sacerdotal - obispos, presbíteros, diáconos - y sucesión apostólica). En las palabras de Welby se detecta cierta condescendencia, como si hablara desde cierto nivel de superioridad, un paso (o dos) más allá en la evolución cristiana que aquellos otros cristianos a quienes se dirige:

"...somos conscientes de que nuestros interlocutores ecuménicos encontrarán en esta decisión un nuevo obstáculo en nuestro camino hacia la plena comunión (...) nosotros, como Iglesias fortalecidas por el Espíritu Santo, tenemos la tarea de proclamar la Buena Nueva de nuestro Señor y Salvador Jesucristo y luchar por una amistad más estrecha y una mayor unidad..."

La declaración del primado cantauriense resulta un irritante ejercicio de hipocresía en cuanto insiste en la unidad desde el anuncio de un hecho consumado que fractura aun más la desunión e imposibilita la comunión, siendo ahora más grave y profunda la separación por la degeneración de la misma institución jerárquica que, adoptando los dictados sociales, abandona la tradición recibida en aras de la modernidad y el reclamo feminista, extraño a la Iglesia desde sus orígenes, ausente en la institución de Cristo.



La gravedad de este nuevo error anglicano exige, como en los casos precedentes que he citado, una declaración magisterial como la hecha oportunamente por León XIII, Pablo VI y Juan Pablo II. Dado que el desenlace del asunto ya se preveía, después de una polémica muy activa en estos últimos años, se esperaría que Roma hubiera tenido elaborado el documento pertinente para ser publicado, bien por la S.C. de Doctrina de la Fe o, incluso, como documento del mismo Papa.

Pero no. No ha habido nada.

Sin embargo, la noticia del boletín de Zenit sí incluía una grave censura del error de las (pseudo) ordenaciones episcopales de mujeres anglicanas, una declaración no del Papa, ni de Roma, sino del Patriarcado de Moscú, de su Departamento de Relaciones Exteriores que dirige el metropolita Hylarión Alfeyev. Contundente, destilando doctrina y juicio, neta ortodoxia fiel a la tradición eclesial y apostólica:

"...(la incorporación de mujeres a la jerarquía)...impide considerablemente el diálogo entre ortodoxos y anglicanos (...) contribuye a aumentar las divisiones en el mundo cristiano en general (...) la introducción al episcopado femenino también elimina la posibilidad teórica de un reconocimiento por parte de la Iglesia ortodoxa de la existencia de la sucesión apostólica en la jerarquía anglicana (...) la consagración de mujeres obispos contradice a la antigua tradición de la Iglesia (...)

(lo decidido por el sínodo anglicano)...no ha sido por una necesidad teológica o asuntos de la práctica de la iglesia (...) sino un esfuerzo por satisfacer la idea mundana de la igualdad de género en todos las esferas de la vida y mejorar el papel de la mujer en la sociedad británica (...) se trata de una secularización del cristianismo (...) que alejará a muchos fieles que, en la inestabilidad del mundo moderno buscan apoyo espiritual en la inquebrantable tradición del Evangelio y de los Apóstoles".

Qué pena que tengamos que reconfortarnos con la buena doctrina de los cismáticos ortodoxos mientras el Magisterio de la Iglesia Católica prefiera callar y no decir nada.

Todo ello en los días de PP Franciscus, tan locuaz, tantas veces, con quien y sobre lo que no debiera.


+T.