martes, 29 de julio de 2014

La otra visita a Caserta


Si un Papa iba a Caserta (si hubiera ido), iría a ver a SS MM los Reyes de Nápoles y las Dos Sicilias. Un precioso eco borbónico que, imposiblemente, ni pasó ni ha pasado, porque cuando un Papa ha ido a Caserta, no ha sido para ver al rey (que no hay, ¡ay!) sino para visitar a un pastor protestante, un herejete pentecostal. (Ahora, con toda justicia ciceroniana, conviene que declamemos gravemente el 'O tempora, o mores', a coro).

La cosa no tiene gracia, ni es para parodia. Pero, como nos hemos acostumbrado a las promiscuidades ecuménicas, los besos a todos y las sonrisas ubicumque, que el Papa de Roma compadree con un hereje no sólo no escandaliza, sino que parece bien. Y todos aplauden.

En su estilo, según acostumbra, PP Franciscus también ha hablado, ha dejado en Caserta unas cuantas confusas frases que hoy recogen los medios y mañana no sé si pasarán a la crónica pontificia francisquera. Digo que no sé si serán recordadas en la AAS porque no suenan bien (a los piadosos oídos, como decíase antaño). Me refiero a estas palabras:


"El Espíritu Santo hace la diversidad en la Iglesia y esta diversidad es tan rica, tan bella; pero después, el mismo Espíritu Santo hace unidad. Y así la Iglesia es una en la diversidad. Y para usar una palabra bella de un evangélico, que yo quiero mucho: una diversidad reconciliada por el Espíritu Santo". (leer en Zenit)

¿Qué quiere decir esto? Puesto que se dice en un meeting entre católicos y protestantes pentecostales, sin ulteriores explicaciones que aclaren un sentido católico y ortodoxo, lo que parece decirse es que los cismas y las herejías son simple diversidad creada por el Espíritu Santo (Kyrie, eleison!!); que el pecado de la heterodoia y el cisma son una especie de juego (Kyrie, eleison!!) del Espíritu Santo que después construye con la diversidad de los fragmentos alegres y polícromos mosaicos eclesiales (Kyrie, eleison!!).

Obviamente, las glosas oficiales al sermoncete ecuménico de Caserta se aplicarán a explicar rectamente las palabras francisquistas, palabras dichas en el calor de la emoción y el entusiasmo del momento, palabras dichas sin papel, improvisadas, frescas, de iglesia de ventanas abiertas. Y el repertorio habitual de notas a pie de páginas y off the record.

A propósito, podríamos preguntarnos - entre otras muchas cuestiones -  dónde queda la Dominus Iesus ratzingeriana etc. etc. etc. Pero esos tiempos con documentos de luz y esperanza ya han pasado. Parece que ha pasado toda una época, tan lejos estamos (o nos están llevando).

Ahí quedó, pues, en la Caserta real sin reyes, la equívoca prédica papal-francisquista.

Estremece pensar que el que habla es el Cabeza Visible de la Iglesia. Esa Iglesia en la que, sin distingos, parece considerar que están todos, como si la amistad fuera el pase infalible para ser y estar en la Ecclesia Domini.


+T.

viernes, 25 de julio de 2014

Magisterio necesario. Todos hablaron ¿Francisco callará?

 
El Anglicanismo primero fue cisma, luego herejía. Sin embargo, históricamente, la Iglesia Católica prestó una particular atención a la llamada 'Iglesia Anglicana'. Desde el Movimiento de Oxford la atención fue tácita, si no oficiosa relación. En ese marco, la bula Apostolicae Curae, de León XIII, 1896 (ver en Denzinger), aunque supuso un golpe medular al anglicanismo, reconocía, implícitamente, una remota conexión, merced a la cual aplicaba su magisterio respecto a un caso especialmente anglicano, que no por eso dejaba indiferente al Papa, cabeza de la Iglesia.

Con motivo del movimiento reclamando la ordenación de mujeres, a una carta del entonces primado anglicano, el arzobispo Donald Coggan (convencido promotor de la iniciativa pro-femenina ya en la Conferencia de Lambeth, en 1970), Pablo VI contesta con un rescripto pontificio, claro y contundente;

"Your Grace is of course well aware of the Catholic Church's position on this question. She holds that it is not admissible to ordain women to the priesthood, for very fundamental reasons. These reasons include: the example recorded in the Sacred Scriptures of Christ choosing his Apostles only from men; the constant practice of the Church, which has imitated Christ in choosing only men; and her living teaching authority which has consistently held that the esclusion of women from the priesthood is in accordance with the God's plan for his Church"


"Su gracia es, por supuesto, muy consciente de la posición de la Iglesia Católica sobre esta cuestión. Ella sostiene que no es admisible ordenar mujeres para el sacerdocio, por razones verdaderamente fundamentales. Tales razones comprenden: el ejemplo, consignado en las Sagradas Escrituras, de Cristo que escogió sus Apóstoles sólo entre varones; la práctica constante de la Iglesia, que ha imitado a Cristo, escogiendo sólo varones; y su viviente Magisterio, que coherentemente ha establecido que la exclusión de las mujeres del sacerdocio está en armonía con el plan de Dios para su Iglesia".

Cfr. Pablo VI, Rescripto a la Carta del Arzobispo de Canterbury, Revdmo. Dr. F.D. Coogan, sobre el ministerio sacerdotal de las mujeres, 30 noviembre 1975: AAS 68 (1976)

Merece la pena destacar, por especialmente firme y clarificador, el final del párrafo: "...Magisterio, que coherentemente ha establecido que la exclusión de las mujeres del sacerdocio está en armonía con el plan de Dios para su Iglesia".

Por expreso encargo (y preocupación) de Pablo VI, un año después, en Octubre 1976, la S.C. para Doctrina de la Fe publicaría la declaración Inter Insigniores (leer aquí), exponiendo la doctrina de la Iglesia sobre el tema. El documento merece leerse, pues es de absoluta actualidad:

"...la Iglesia es una sociedad diferente de las otras sociedades, original en su naturaleza y estructuras (...) se utiliza a veces el texto antes citado de la Carta a los Gálatas (3, 28), según el cual en Cristo no hay distinción entre hombre y mujer. Pero este texto no se refiere en absoluto a los ministerios: él afirma solamente la vocación universal a la filiación divina que es la misma para todos. Por otra parte, y por encima de todo, sería desconocer completamente la naturaleza del sacerdocio ministerial considerarlo come un derecho: el bautismo no confiere ningún título personal al ministerio público en la Iglesia. El sacerdocio no es conferido como un honor o ventaja para quien lo recibe, sino como un servicio a Dios y a la Iglesia (...) el sacerdocio no forma parte de los derechos de la persona, sino que depende del misterio de Cristo y de la Iglesia. El sacerdocio no puede convertirse en término de una promoción social. Ningún progreso puramente humano de la sociedad o de la persona puede de por sí abrir el acceso al mismo: se trata de cosas distintas (...) igualdad no significa identidad dentro de la Iglesia, que es un cuerpo diferenciado en el que cada uno tiene su función; los papeles son diversos y no deben ser confundidos, no dan pie a superioridad de unos sobre otros ni ofrecen pretexto para la envidia: el único carisma superior que debe ser apetecido es la caridad (cfr. 1 Cor. 12-13). Los más grandes en el reino de los cielos no son los ministros sino los santos."

Tanto el rescripto de Pablo VI como la declaración Inter Insigniores aparecen citados en la Carta Apostólica Ordinatio Sacerdotalis, de Juan Pablo II, publicada en Pentecostés del año 1994, el año de las primeras pseudo-ordenaciones de 'clérigas' anglicanas. Como es sabido, el texto papal utiliza una fórmula quasi-definitoria (infalible), con voluntad expresa de dar por cerrado, definitivamente, el tema:

"...Por tanto, con el fin de alejar toda duda sobre una cuestión de gran importancia, que atañe a la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud de mi ministerio de confirmar en la fe a los hermanos (cf. Lc 22,32), declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia."

El Domingo pasado, Zenit publicaba en su boletín un extracto de un artículo de L'Osservatore (ver aquí), con una comunicación del primado anglicano Justin Welby sobre la reciente aprobación por la jerarquía anglicana de la incorporación de mujeres al episcopado (uso el concepto sin reconocer, obviamente, que en la confesión anglicana exista, propiamente, jerarquía sacerdotal - obispos, presbíteros, diáconos - y sucesión apostólica). En las palabras de Welby se detecta cierta condescendencia, como si hablara desde cierto nivel de superioridad, un paso (o dos) más allá en la evolución cristiana que aquellos otros cristianos a quienes se dirige:

"...somos conscientes de que nuestros interlocutores ecuménicos encontrarán en esta decisión un nuevo obstáculo en nuestro camino hacia la plena comunión (...) nosotros, como Iglesias fortalecidas por el Espíritu Santo, tenemos la tarea de proclamar la Buena Nueva de nuestro Señor y Salvador Jesucristo y luchar por una amistad más estrecha y una mayor unidad..."

La declaración del primado cantauriense resulta un irritante ejercicio de hipocresía en cuanto insiste en la unidad desde el anuncio de un hecho consumado que fractura aun más la desunión e imposibilita la comunión, siendo ahora más grave y profunda la separación por la degeneración de la misma institución jerárquica que, adoptando los dictados sociales, abandona la tradición recibida en aras de la modernidad y el reclamo feminista, extraño a la Iglesia desde sus orígenes, ausente en la institución de Cristo.



La gravedad de este nuevo error anglicano exige, como en los casos precedentes que he citado, una declaración magisterial como la hecha oportunamente por León XIII, Pablo VI y Juan Pablo II. Dado que el desenlace del asunto ya se preveía, después de una polémica muy activa en estos últimos años, se esperaría que Roma hubiera tenido elaborado el documento pertinente para ser publicado, bien por la S.C. de Doctrina de la Fe o, incluso, como documento del mismo Papa.

Pero no. No ha habido nada.

Sin embargo, la noticia del boletín de Zenit sí incluía una grave censura del error de las (pseudo) ordenaciones episcopales de mujeres anglicanas, una declaración no del Papa, ni de Roma, sino del Patriarcado de Moscú, de su Departamento de Relaciones Exteriores que dirige el metropolita Hylarión Alfeyev. Contundente, destilando doctrina y juicio, neta ortodoxia fiel a la tradición eclesial y apostólica:

"...(la incorporación de mujeres a la jerarquía)...impide considerablemente el diálogo entre ortodoxos y anglicanos (...) contribuye a aumentar las divisiones en el mundo cristiano en general (...) la introducción al episcopado femenino también elimina la posibilidad teórica de un reconocimiento por parte de la Iglesia ortodoxa de la existencia de la sucesión apostólica en la jerarquía anglicana (...) la consagración de mujeres obispos contradice a la antigua tradición de la Iglesia (...)

(lo decidido por el sínodo anglicano)...no ha sido por una necesidad teológica o asuntos de la práctica de la iglesia (...) sino un esfuerzo por satisfacer la idea mundana de la igualdad de género en todos las esferas de la vida y mejorar el papel de la mujer en la sociedad británica (...) se trata de una secularización del cristianismo (...) que alejará a muchos fieles que, en la inestabilidad del mundo moderno buscan apoyo espiritual en la inquebrantable tradición del Evangelio y de los Apóstoles".

Qué pena que tengamos que reconfortarnos con la buena doctrina de los cismáticos ortodoxos mientras el Magisterio de la Iglesia Católica prefiera callar y no decir nada.

Todo ello en los días de PP Franciscus, tan locuaz, tantas veces, con quien y sobre lo que no debiera.


+T.

martes, 15 de julio de 2014

Hembras en Canterbury: Dañados por aproximación


El Movimiento de Oxford fue un episodio de gracia que marcó una línea de luz. Fuera de esa luz amable que lleva a Roma, la Iglesia Anglicana actual es una repugnante caricatura de lo que puede llegar a ser la Iglesia Católica si no se re-concilia con su identidad y - entre otras cosas más - suspende radicalmente la farsa del ecumenismo vaticanosecundista.

Salvo el ecumenismo entendido como reclamo para la conversión y reintegración en la Iglesia Católica (única y verdadera Iglesia), todo movimiento ecuménico debe considerarse, sin ambages, como una equívoca relación que, más pronto o tarde, infecta y descompone.

La aberrante noticia de la admisión de las mujeres a formar parte de la pseudo-jerarquía anglicana nos viene encima cuando ya estamos aberrantemente contaminados con la admisión 'social' de las hembras clérigas anglicanas y protestantes, que hasta se han retratado con el Papa cuando han sido, irreverente e impúdicamente, admitidas en el séquito de algún pseudo-jerarca visitante (la impudicia la cometió el pseudo-obispo que las admitió; la irreverencia el monseñor romano que lo consintió).

La gente común, el catolicismo popular sub-formado y de-formado que aplaude a PP.Franciscus, no entiende ni discierne y se suma a la expectación de los des-católicos que piden el imposible de hembras en la clerecía. El sensus fidei populi no existe si no se forma, y los tiempos post-conciliares no han sido una época formativa, sino todo lo contrario: El dogma se ha substituido por la voz de la calle, a la que parece haberse sumado, incluso, la Jerarquía, que cede a la opinión y silencia la doctrina. Por esto, por falta de doctrina, hay gente poco-católica que se encandila con la aberración de las obispesas inglesas y exige la cuota de clero-hembra con el convencimiento de estar postulando un derecho y luchando contra una marginación.

Queda probado que PP Franciscus no es Papa de magisterio contundente, sino de charla-homilía y entrevistas sazonadas con off the record. De su parte no se puede esperar nada. Milagro será que no mande congratulations al mentecato mitrado de Canterbury y a su plebe, ellos y ellas (y el intermedio de género mediano, of course).

¡La Providencia nos libre de más bochorno!

Pero esto pasa porque en su momento, cuando las pseudo-ordenaciones de hembras empezaron, no se cortaron terminantemente las vías de comunicación ecuménica. De las medias sonrisas vienen estas carcajadas. De las medias tintas, estos borrones indelebles.

Lo peor es que aun estamos oficialmente en el baile del ecumenismo, que, tal y como está planteado, es una gran impostura, insostenible según una recta teología-eclesiología católica.

Liberanos, Dómine !



+T.

lunes, 14 de julio de 2014

Lo dijo? No lo dijo? Lo dijo pero no lo quiso decir? Lo quiso decir y dejó que lo dijeran?



Las ipsíssima verba de PP Franciscus serán difíciles de recomponer. O no. A lo mejor (que será lo peor) aparece un día un codicilo con todos los off the records francisquistas aclarados con nota al margen. ¿Por qué no? Después de todo lo visto y oído en un año y pico de francisquismo, cualquier cosa puede pasar.

Pero que pase no significa que esté bien. Este pseudo-magisterio de entrevista, de grabadora, de cháchara de compadres, hoy con un moro, mañana con un rabino, ayer con protestante, esas formas no se corresponden con lo que es. Sigo sospechando - razonablemente - que él no ha asumido lo que es, quizá porque no quiere ser lo que debe ser. Me cuestiono si un día tomará auto-consciencia papal y asumirá otras formas esencialmente consecuentes.

Cuando se publican esas emanaciones francisquistas, se ven luego en la obligación de negar lo afirmado y de poner tope a la bola que rueda cuesta abajo. Pero es difícil hacer creer que la bola no se echó a rodar con una premeditada patada, para hacer lío... Después de haber venteado ciertos principios, es imposible recoger los vientos.

Supongo que sabrán Uds, que me estoy refiriendo a esta entrevista oficiosa y a la oficial negación de dicha entrevista.

El baile es un paso adelante con giro a izquierda y derecha, y otra vuelta, y otra vez paso adelante con más vueltas. Y así, desmarcándose del paso firme y recto. Pero moviéndose, con ese bandeo giratorio, hacia un determinado objetivo, cada vez más próximo.

Hay ciertos temas recurrentes preocupantes (por recurrentes), como el celibato y el clero casado, que vuelven a salir una y otra vez, sin profundidad (porque no es profundo), sólo como algo que está en la mesa, sobre el tapete, y se juega con ello, y se sabe qué se quiere hacer, y se están poniendo los medios para hacer algo, y por eso sale a colación y se deja que lo saquen.

Son - parece ser - sus formas. Así procede, con esa táctica de rebotica, de trascoro, de camarilla.

Y si hubiera dicho o hecho algo notable...

Pero hasta ahora, lo más notable, es la vulgaridad, un tedioso empobrecimiento general. Con aplausos (todavía).


+T.

jueves, 10 de julio de 2014

Pell ???

Este era Pell






este es Pell

pero este es el mismo  Pell


y este es también Pell



incluso este es también el idéntico Pell



No es extraño que nos preguntemos:

¿Quién es Pell?

¿Cual es el verdadero Pell?

¿Existe un Pell verdadero?


That's the question...


+T.

Gobernanza francisquista


Lo de los 8 súper-cardenales (nueve con Parolín) va a ser (ya lo habíamos imaginado) parto de viento y más de lo mismo, aunque con la aneja cuota de desgaste y descrédito. Una comisión con esa composición, con Pell como hombre grave del cuadro y Maradiaga como mascarón carismático, todos ellos sub PP Francisco, no apuntaba nada extraordinario, salvo lo memorable del cuadro y la expectación suscitada.

La prensa más francisquista, la más proclive al régimen, marca distancias, fríamente crítica, antipáticamente decepcionada. Primeramente por el nuevo presidente del IOR, que dicen que procede del círculo de Bertone, el desafortunadísimo ex-secretario de estado:

El clan Bertone coloca a De Franssu al frente del Banco Vaticano

Yo no entiendo rien de finanzas, menos todavía de asuntos de alta banca, pero lo del IOR sí entiendo que debe ser un monumental lío, pues el asunto (o los asuntos) de esa banca vienen rodando desde tiempos de Pablo VI, es decir, desde los años del Vaticano II y siguientes. La cosa es tan especial que hasta ha nacido un género de ficción (novela y cine) en torno al IOR, una colección que con el vatileaks como material real para nutrir próximas ficciones seguirá distrayéndonos con novelorios de kiosko de estación y aeropuerto. Novela, ficción, pero con monumentales hechos reales como base argumental.

En VaticanInsider publicaban ayer un interesante artículo sobre el empeño malogrado de Casaroli, que también quiso desinfectar el IOR, y por poco fenece del sofocón que le causó el empeño: Quando Casaroli provó a cambiare lo IOR

Si me preguntan, yo diría que lo del IOR es un problema típicamente italiano que tiene dificilísimo arreglo y porvenir (honrado) mientras sea un banco que opera en Italia con mucho capital directa o indirectamente italiano. Si es necesario para la economía del Vaticano (que es un estado soberano), alimentar escrúpulos timoratos en torno al IOR es impropio, puesto que un banco es un banco como una letrina es una letrina. Si me explico. Que pongan al frente a gente honrada, que renueven los cargos regularmente, y que regularmente hagan una buena desinfección. Y que siga (si debiera seguir).

La segunda noticia propiciada por la camarilla de los súper-cardenales es el nombramiento de un super-man para dirigir la re-estructuración de los medios de comunicación de la Santa Sede:

El ex-presidente de la BBC presidirá la comisión para reformar los medios de comunicación del Vaticano

Un señor importantísimo, Lord de la Gran Bretaña, que - es de prever - cobrará una millonada como la que cobran todos super-gestores de alto standing.

Mirando atrás, las comunicaciones en tiempos de JP2º se gestionaron muy bien, entre los viejos elementos jesuitas de Radio Vaticana y L'Osservatore, los jóvenes talentos de los Legionarios de Cristo que se colocaron passim en todos los despachos que pudieron, y la eficacísima labor del numerario del Opus Dei Joaquín Navarro-Valls, uno de los hombres más valiosos y competentes al servicio del Papa de entre todos los seglares que han ocupado alguna responsabilidad en el complejo organigrama vaticano. Como otros, yo también he pensado muchas veces que con Navarro-Valls en su sitio, donde estaba, con las mismas competencias oficiales y oficiosas que tuvo con JP2º, los lamentabilísimos episodios habidos en el entorno de Benedicto XVI no habrían ocurrido (o, de haberlos habido, se hubieran solucionado de forma más efectiva y favorable).

Poner a un lord inglés al frente de las comunicaciones del Vaticano es una ocurrencia propia de cabezas ilustradas como Pell, o Maradiaga. A ver cómo discurre el invento.

Pensamos que traer a uno de fuera para hacer lo que pueden hacer muy bien la gente de casa, es un disparate muy caro y una indiscreción muy imprudente.

A estas alturas, no sé qué dirán de la sencillez y simplicidad de PP Franciscus sus aplaudidores francisquistas, no me lo imagino.


+T.

lunes, 7 de julio de 2014

Los laicos jerárquicos


Siento una repulsión bastante acusada por/contra los 'laicos profesionales'. Esta es la razón de que me repugne tanto Guzmán Carriquiry, el tipo-modelo de la especie, el sumo laico-profesional que llegó un día, hace más de cuarenta años, a los despachos y oficios curiales, y aun no se ha ido. Pero no pensaba ahora en Carriquiry, sino en otro de su especie que me provocó, hace años, una antipatía invencible cuando en una conferencia, un acto laico, entre laicos (sólo había un clérigo presente), proclamó que él era 'jerarquía'; sus inolvidables palabras fueron -"...yo mismo soy jerarquía, pues tengo un nombramiento episcopal como director del secretariado de seglares...". Los presentes, que estaban allí no por gusto, sino por obligado compromiso, ni atendieron ni entendieron lo que dijo. El cura presente, que atendía, si entendió.

Este que digo, avezado carriquirysta, hace poco, en un acto organizado por él mismo para él mismo (quiero decir que, como es director de un secretariado organiza cosas, actos, para justificar la existencia del susodicho secretariado y su director, luí même); en una conferencia o mesa redonda o tertulia, algo así, con otro laico especializado que intervenía como experto invitado, entre el organizador y el compareciente estrella, compusieron esta peligrosa retahíla; digo peligrosa por vacía y adaptable a cualquier eventualidad eclesial (o mundana, u otra cosa que pueda o pudiera ser). Vean y lean Uds :


1. La Iglesia tiene la necesidad de salir de sí misma, como nos anima el Papa Francisco, para establecer vínculos con la sociedad, sin renunciar a su esencia. Siendo permeable a quienes no participan de las creencias cristianas con el fin de establecer vínculos de fraternidad, de búsqueda de valores compartidos.


2. El verdadero camino hacia el otro es el diálogo; aprender a escuchar es clave para una sociedad que quiere vivir en paz.


3. El verdadero diálogo entre las diversas perspectivas de ver el mundo precisa que todos nos descarguemos del lenguaje ininteligible, de prejuicios, de sentencias por adelantado, abriendo nuevos horizontes para compartir lo esencial para la vida humana.


4. Para profundizar en una cultura del diálogo es necesario:

- Ver cuáles son los lugares comunes para el dialogo, para compartir ideas e identificar puntos de encuentro, explorar los puntos de intersección, las esperanzas compartidas, una ética pública…

- Si el diálogo es una urgencia, no es bueno cerrar los cauces para el diálogo, para ello hay que trabajar la complicidad entre los diversos actores sociales.

- Es necesario identificar las dificultades que existen, ya que, en ocasiones, por causa de actitudes desfasadas, prejuicios e incluso resentimientos históricos, no siempre se da un diálogo fluido por los cauces más adecuados.


5. En este tiempo de transición, en este cambio de época, constatamos el esfuerzo que en la Iglesia estamos haciendo por hablar en el lenguaje de la cultura de nuestro tiempo, sin renunciar a Jesucristo.


6. Queremos enviar este mensaje a la sociedad: la aportación de la moral cristiana ayuda a conformar una ética social a favor del hombre y la mujer de hoy, que lleva a compromisos concretos y a esperanzas compartidas, a favor de una ética pública.


7. Para establecer ese dialogo con la cultura de hoy son necesarios valores antropológicos ya que el diálogo con la cultura no tiene como finalidad encontrar una ‘verdad intermedia’ sino profundizar sobre el concepto de persona que vive en una sociedad concreta y busca el bien común.

¿A que no adivinan Uds. como titularon esta sarta 'católico-nihilista'? Pues, con toda originalidad, definieron el texto como un 'manifiesto'. Otro más.

El manifiesto es ambiguo y contradictorio desde su primer párrafo (que no comento al detalle porque me da invencible pereza exegetizar paridas). Por cierto que lleva una llamativa coartada francisquista como razón de su enunciado:  "La Iglesia necesita salir de sí misma (...) sin perder su esencia (...) siendo permeable a elementos no cristianos (...) en búsqueda de valores compartidos..." etc. etc. etc.

En el manifiesto, lo cristiano parece ser un apéndice que confiere cierta identidad que se debe procurar mantener discretamente, teniendo siempre en cuenta que el objetivo principal de la Iglesia laica de los laicos es expropiarse, alienarse, permeabilizarse, perderse y buscar con los desnortados, esforzarse en hablar el mismo lenguaje de la cultura de nuestro tiempo (sic) etc. etc. etc. Dialogar, en suma, sin evangelizar.

El manifiesto parece una especie de 'puesta en común', una 'lluvia de ideas', un resumen concordado de esos que 'se recogen' al final de una clase-cursillo de alguno de esos centros de de-formación para catequistas y/o seglares parroquiales, una de esas reuniones con sillas en círculo y bocadillo y refresco en el descanso. Por contaminación formal, las expresiones, el estilo, tienen también ese deje de jerga política, de comunicado, de comisión, de comité, de nota de prensa.

Que no sea una pieza digna de la Patrología Latina (contemporánea) no significa que no valga: Vale para confundir, vale para equivocar, vale para olvidar que es la Iglesia y cual es su misión, para ignorar qué es un cristiano seglar y cual es su vocación.

En la noticia del acto, decían que su intención era "...subrayar el papel de la cultura del diálogo en nuestra sociedad y la permanente actualidad del mensaje cristiano y los valores compartidos que se ofrecen en la vida pública". No sabría decir si son conscientes de que, precisamente, el dialoguismo que profesan y promueven anula la actualidad del mensaje cristiano por suplantación de acción y atención del mismo, dejando de ser 'mensaje' (Evangelio) para convertirse en 'tema de diálogo' (si es políticamente correcto como tal), diluyendo su esencialidad cristiana en cuanto que al dialogar se nivela con todo y se equipara a cualquier cosa, incluso al error y hasta lo anti-cristiano o anti-teísta.

La conferencia, mesa redonda, acto laical, se tituló "Hacia una cultura del diálogo. Propuesta de los laicos". Los asistentes, unos setenta laicos (contando también a las laicas), eran gente de la sociedad del lugar, la mayoría relacionados con ciertos estamentos laico-eclesiales, de amplio espectro (cofradías, empresas, enseñanza, ongs, instituciones y asociaciones varias), dignos señores y señoras que acuden sintiéndose 'élite laica', pues se les convoca y se les confiere cierto reconocimiento y posición dentro de ese 'estamento laical' eclesial.

He observado, curiosamente, que para este tipo de representaciones del 'laicado oficial' los laicos profesionales evitan cuidadosamente a los dos grupos de laicos más activos e incidentes de nuestra Iglesia: Opus Dei y Comunidades Neocatecumenales, que - gusten más o gusten menos - son la gran fuerza seglar en España (y en más sitios).

Ellos, los laicos profesionales, generalmente miembros de instituciones eclesiales seculares de bajo o mediano perfil, se contentan con este tipo de actos, quasi petit comité, recalcando que son 'jerarquía laica', profesionales laicos con aval jerárquico, los 'carriquirys' hic et nunc.

Si sueñan (o deliran) con ser, algún día, supervisores del clero (e incluso la Jerarquía), no me atrevo a decirlo, aunque lo sospecho.

Paradójicamente, aun siendo obedientes y obsequiosos con sus promotores, están más que próximos a los postulados de las vanguardias des-católicas de grupos radicales como los 'Somos Iglesia'. Puede que no lo adviertan, pero comparten mucho más de lo que se podría imaginar, a pesar de las distancias ideológicas (y fidelidades intra-eclesiales personales).


+T.