sábado, 14 de abril de 2012
Resentimientos, remordimientos, cargos de conciencia con retraso y falsa inculpada
Lo que podría haber sido (¡debería haber sido!) el testimonio agradecido por una vida salvada , se ha vuelto la vengativa persecución contra la parte más debil de una trama con suficiente argumento para un serial de telenovela.
La parte más débil, la parte rota, por donde han herido, ha sido una monja octogenaria, presentada por la prensa y los medios como la autora responsable de un caso de tráfico infantil, sustractora intimidante de un bebé recién nacido y dadora de este en ilegítima y sórdida adopción. Semejante presentación hace imaginarse un monstruoso perfil criminal cercano, en fisonomía y carácter, a una especie de Cruela de Vil. Pero la anciana de 84 años que compareció el otro día ante el tribunal y los implacables flashes de los fotógrafos era una monja desgastada, enferma, vestida con un pobre hábito azul, como tantas otras hermanas suyas que se pasan la vida en hospitales, orfanos, residencias de ancianos y colegios: El mismo tipo, la misma figura, el mismo estilo que el de una de esas monjas que sirven comidas en los comedores de cáritas. Todas saben mucho, y guardan un discreto silencio sobre muchas cosas que han sabido, que les han contado, que han vivido como co-protagonistas o que han acompañado como co-sufrientes. Ahora todo eso se les puede volver en su contra, como este caso demuestra.
¿Es que se pueden dar, pueden surgir, existen entre nosotros monstruosidades monjiles de abyecta condición, obscuras criminales de thriller de terror? Yo, entre los cuatro y los siete años, pensaba que sí.
Cuando entré en el colegio de RR. MM. Teatinas, con cuatro tiernos e impresionables años, yo era un primogénito híper-mimado, con llamativa cabezota rubia, unas gafas descomunales y botas ortopédicas. Entonces, una parte notable de todas mis frustarciones, tráumas, néuras, aversiones y terrores infantiles se focalizaron en las RR. MM. Teatinas, especialmente en un par de ellas, brujas con toca y rosario a las que empecé a odiar intensamente, con una manía que todavía perdura como un eco de mi remota (pero activa) conciencia infatil. ¡Maditas Sor Nuria y Sor Estefanía! (a quienes mis hermanas, que tenían tres años, adoraban, por cierto).
Con el tiempo, aquello pasó. No digo 'superé', digo que pasó, como pasa una tormenta o se pasa la varicela; pasó y durante muchos años me molestaba recordar aquellas clases de parvulario, aquellas mañanas de lectura, aquellas tardes de dictado y catecismo. Aquellas dos monstruosas reverendas se fueron alejando, difuminándose lentamente, como dos puntos terribles en el espacio-tiempo. Hoy puedo contra aquello, lo puedo recordar y escribir; entonces no podía ni verbalizarlo.
Digo todo esto por comparar para aclarar el odio que han volcado sobre la monja de 84 años, todo un auto-resentimiento personal, toda una auto-inculpación personal, todo un tráuma personal, una vida de remordimientos, de conciencia cargada, que ahora, acumulada y compactada en una pesada e insoportable losa, se deja caer sobre la monja anciana, pretendiendo sepultar con ella todo el mal que gravó un pasado culpable que ahora se intenta imputar a otro, a la monja, precisamente.
Una monja de colegio y una monja de hospital maternal pueden trasmutarse en los laberínticos circuitos de la psiquis de un niño y las complicadas conexiones causales de la razón de una madre traumatizada-frustrada, en una siniestra figura merecedora de castigo, sobre la que recaerán todos los palos, todas las recriminaciones del pasado y del presente que todavía duele como una vieja herida que nunca sanó.
Alguno pensará que desvio el tema. Yo pienso que no, que por donde digo corre el hilo de esa y otras tramas.
Por lo pronto parece que se ha dado la voz de alarma y el '¡sálvese quien pueda!'. El ministro de Justicia Gallardón, flanqueado por otros dos ministros pperos, declarando ante lo medios la inexorable persecución de los hechos era una imagen suficientemente elocuente. Casi tanto como la de la pobre monja acosada por las cámaras saliendo del juzgado.
Me pregunto si algún día habrá madres abortadoras que denuncien, acosen, persigan y criminalicen a los médicos, enfermeras, hospitales e instituciones sociales y políticas que intervinieron en el aborto de sus hijos.
Me pregunto si alguna vez el estado tomará cartas en esos asuntos tan decididamente como las ha tomado en el caso este de la monja acusada por la madre de la niña, por los padres que la adoptaron, por la niña traspasada y adoptada, por el estado y por la sociedad: Todos contra una que (en definitiva) salvó una vida.
¿O no fue eso?
+T.
domingo, 22 de febrero de 2009
Es Carnaval
En casa contaban que el Carnaval se dejó de celebrar "antes del Movimiento". Esa datación cronológica era recurrente y salía a menudo en las conversaciones de mesa camilla y brasero, cuando mis tías, entre rosario y rosario, nos contaban cosas de su época feliz. Decían "antes del Movimiento" como una elipsis para no decir la Guerra, por no refrescar dolores ni evocar fantasmas. Así y todo, siempre se escapaban unos suspiros delatores, como brisas del alma y del tiempo que pasó pero dejando reserva de suspiros para los restos. Hasta el último suspiro.jueves, 13 de noviembre de 2008
Autor de gusto morisco

lunes, 20 de octubre de 2008
Gerberto, el Papa Silvestre II Aurillac
Cuando ví el título del libruco, me lo imaginé de momento. Fue al pasar por delante de la librería del cortinglés, que había un cartón de publicidad con una foto de la portada y todo eso. Un Papa mago no podía ser otro que Gerberto. Y me dije - ¡pobre Gerberto!!!Desde que se re-puso de moda, la novela histórica ha ido degradándose en proporción directa al éxito y el número de las ediciones. Muy pocas de las obras publicadas son dignas de entrar en el catálogo del género, la mayoría no pasan de la categoría de libro de ficción-entretenimiento. Lo más llamativo es que hasta escritores de cierta reputación han picado y pecado, escribiendo y vendiendo su novelucha de historieta.
Lo único de valor (lo que más me gusta, quiero decir) de ese tipo de lecturas es lo que el autor saca de obras documentadas sobre los personajes y la época que toma como coartada-pretexto de la narración. Lo demás, agua de borrajas con riesgo de indigestión sub-literaria. Si ni siquiera se toman la molestia de incluir ese tipo de información-estructura historiográfica, el novelucho no merece ni que lo quemen en la estufa.
Cuando Sir Walter Scott (el venerable) y Dumas (el inagotable) inventaban héroes y aventuras, no falseaban la historia. Alguno había que salía malparado (imperdonable el maltrato al gran Richelieu, oh!) y otros ganaban lustre y hasta mito (Richard Coeur de Lion, tan mimado, corregido y aumentado). Pero en general la exposición de las dramatis personae era justa. En los buenos escritores; en los malos y los peores, los abusos fueron creciendo secundum quid. Y hasta el presente, como decía. Por eso mis prevenciones sobre el género.
Uno de los autores contemporáneos mejores en calidad literaria e imaginación es - sin rivales - el argentino Manuel Múgica Láinez. Aunque el Unicornio y El Escarabajo son deliciosas y amenas lecturas, su Bomarzo le hace grande entre los grandes del género. Pocas veces se ha trazado una semblaza más fascinante y a la vez realista e "histórica" de una época/unos personajes/un mundo. No es lectura para todos los públicos, pero es piedra de toque para descubrir sensibilidades y niveles de "cultura literaria". Bomarzo tiene escenas que deberían estar en los museos junto a ciertas obras del arte inmortal.
Volviendo a Gerberto, le tengo simpatía desde que leí El Año Mil, de Henri Focillon. Una edición del libro de bolsillo de Alianza, allá por 1978, en un autobús, yendo a Sevilla, un lunes de Febrero o Marzo. Me lo bebí de un tirón, entre una paisana gorda que llevaba una maceta de espárragos y el cristal de la ventanilla del autobús de la Bética. Cuando llegamos a la cochera de Plaza de Armas, Focillón y su Europa del Año Mil estaban ya en el selecto catálogo de mis favoritos in saecula.
Es facil encariñarse y dejarse encantar por el brujo Aurillac, porque algo de mago tuvo; es verdad. Por lo menos así lo vieron los romanos de su tiempo, y también los germanos. Los hispanos no, porque aquí fue donde le enseñamos, sin complejos, en la joven España reconquistadora que desde Liébana comentaba el Apocalipsis e iluminaba Beatos, que empezaba en la Marca Hispánica y terminaba en el Finisterre Compostelano. Porque Gerberto fue de los peregrinos pioneros, uno que se "inició" en el camino antes de que Gelmírez institucionalizara (y rentabilizara) el peregrinaje.
Ya traía su pequeño currículum de aprendiz de brujo, desde su Auvernia natal. Francia - guste o no - es le Moyen Age. Más "adelantada" que los romanos de Roma y que los germanos del imperio, podía permitirse el lujo de un Gerberto del que presumir ante el mundo que emergía rutilante con el nuevo milenio, el primero después de Cristo. La tesis del libro de Focillón, en contra de los que describen con tintes sombrios el año Mil, es que con el milenio se disipan terrores supersticiosos y amanece un siglo optimista, creativo, rico en inteligencia y arte, desde el Románico a la Escolástica y la sociedad feudal. Las Cruzadas están a la vuelta de la esquina (Gerberto siendo ya Silvestre II las barruntó) y el Medievo más poderoso se despliega como un tapiz de imaginería románica tejido en Gerona o bordado en Bayeux. Y Gerberto de Aurillac sería el Papa Silvestre II que cerraría el siglo X y abriría el Milenio, en Roma.Roma no se lo perdonó. Todavía entre las brumas del Siglo de Hierro, aquellos herederos de las Marozias y los Teofilactos apenas soportaron el "aggiornamento" del Papa Aurillac, con un Otón, ni más nu menos, como patrono y admirador. Le tejieron su particular leyenda negra, de brujo, de nigromante, de tratande del diablo, creando un personaje tan fascinantemente atractivo e imprescindiblemente romano como cinco siglos después harían con nuestro Alejandro VI Borgia. La rendida sumisión del inferior ante el superior se dice y expresa de muchas maneras, verbigracia.
Durante todo el largo medievo, Silvestre II sería uno de los inolvidables que inspiraron o alentaron los delirios de los más avezados en el saber y los saberes. No en vano fue el Papa del año Mil. Desde la cabeza parlante contrahecha en oro que adivinaba por conjuro de Gerberto-Silvestre, hasta los avisos de las muertes papales que suceden en su sepultura, el Papa Aurillac pervive en la fantasía de los romanos.
Lo de la lápida de su sepultura en Letrán es notable: Creído y validado por sacristanes y beatas del quartiere Laterano y Roma entera:

Es fama que: Cum colludit Ossa, pulsat tímpano. Si sudet Sarcófago, obitu lacrimatur Pontificis: Unde mortalibus ómnibus sentarse hora mortis incerta Pontifici excepto Romano.
Es decir que cuando se oye entrechocar los huesos y se ve sudar la lápida de Silvestre II, hay que empezar a llorar porque el Papa se muere, que para todos los mortales es incierta la hora de la muerte, pero los Papas son una excepción; porque Gerberto avisa. Y es verdad. (Y dícese que algunos con malquerencia al Papa de turno pegan el oído al pilar donde está la losa, y pasan la mano a ver si exuda...y repiten la inspección frecuente e impacientemente...Y si alguno lo veía, iba con el cuento al secretario o el sobrino del Papa y causaba la inmediata desgracia del impaciente...O se inventaba la cosa, con parecido efecto para el infeliz). Ita!
Conque se comprenderá el poderoso atractivo que Gerberto de Aurillac-Silvester II puede ejercer sobre el género de los novelorios histórico-esotéricos.
n.b. Pero el que tenga pesquis que me haga caso y se lea, mejor, el librito del Año Mil.
&.
viernes, 25 de julio de 2008
Adriano re-comentado


Hospes comesque corporis / huésped y compañera del cuerpo
Quae nunc abibis in loca / que ahora marcharás a los lugares
Palidula, rigida, nudula / lívidos, rígidos, desnudos

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jueves, 3 de enero de 2008
Novelorios

martes, 16 de octubre de 2007
Clérico-ficción (thriller de)

