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sábado, 14 de abril de 2012

Resentimientos, remordimientos, cargos de conciencia con retraso y falsa inculpada


Lo que podría haber sido (¡debería haber sido!) el testimonio agradecido por una vida salvada , se ha vuelto la vengativa persecución contra la parte más debil de una trama con suficiente argumento para un serial de telenovela.

La parte más débil, la parte rota, por donde han herido, ha sido una monja octogenaria, presentada por la prensa y los medios como la autora responsable de un caso de tráfico infantil, sustractora intimidante de un bebé recién nacido y dadora de este en ilegítima y sórdida adopción. Semejante presentación hace imaginarse un monstruoso perfil criminal cercano, en fisonomía y carácter, a una especie de Cruela de Vil. Pero la anciana de 84 años que compareció el otro día ante el tribunal y los implacables flashes de los fotógrafos era una monja desgastada, enferma, vestida con un pobre hábito azul, como tantas otras hermanas suyas que se pasan la vida en hospitales, orfanos, residencias de ancianos y colegios: El mismo tipo, la misma figura, el mismo estilo que el de una de esas monjas que sirven comidas en los comedores de cáritas. Todas saben mucho, y guardan un discreto silencio sobre muchas cosas que han sabido, que les han contado, que han vivido como co-protagonistas o que han acompañado como co-sufrientes. Ahora todo eso se les puede volver en su contra, como este caso demuestra.

¿Es que se pueden dar, pueden surgir, existen entre nosotros monstruosidades monjiles de abyecta condición, obscuras criminales de thriller de terror? Yo, entre los cuatro y los siete años, pensaba que sí.

Cuando entré en el colegio de RR. MM. Teatinas, con cuatro tiernos e impresionables años, yo era un primogénito híper-mimado, con llamativa cabezota rubia, unas gafas descomunales y botas ortopédicas. Entonces, una parte notable de todas mis frustarciones, tráumas, néuras, aversiones y terrores infantiles se focalizaron en las RR. MM. Teatinas, especialmente en un par de ellas, brujas con toca y rosario a las que empecé a odiar intensamente, con una manía que todavía perdura como un eco de mi remota (pero activa) conciencia infatil. ¡Maditas Sor Nuria y Sor Estefanía! (a quienes mis hermanas, que tenían tres años, adoraban, por cierto).

Con el tiempo, aquello pasó. No digo 'superé', digo que pasó, como pasa una tormenta o se pasa la varicela; pasó y durante muchos años me molestaba recordar aquellas clases de parvulario, aquellas mañanas de lectura, aquellas tardes de dictado y catecismo. Aquellas dos monstruosas reverendas se fueron alejando, difuminándose lentamente, como dos puntos terribles en el espacio-tiempo. Hoy puedo contra aquello, lo puedo recordar y escribir; entonces no podía ni verbalizarlo.

Digo todo esto por comparar para aclarar el odio que han volcado sobre la monja de 84 años, todo un auto-resentimiento personal, toda una auto-inculpación personal, todo un tráuma personal, una vida de remordimientos, de conciencia cargada, que ahora, acumulada y compactada en una pesada e insoportable losa, se deja caer sobre la monja anciana, pretendiendo sepultar con ella todo el mal que gravó un pasado culpable que ahora se intenta imputar a otro, a la monja, precisamente.

Una monja de colegio y una monja de hospital maternal pueden trasmutarse en los laberínticos circuitos de la psiquis de un niño y las complicadas conexiones causales de la razón de una madre traumatizada-frustrada, en una siniestra figura merecedora de castigo, sobre la que recaerán todos los palos, todas las recriminaciones del pasado y del presente que todavía duele como una vieja herida que nunca sanó.

Alguno pensará que desvio el tema. Yo pienso que no, que por donde digo corre el hilo de esa y otras tramas.

Por lo pronto parece que se ha dado la voz de alarma y el '¡sálvese quien pueda!'. El ministro de Justicia Gallardón, flanqueado por otros dos ministros pperos, declarando ante lo medios la inexorable persecución de los hechos era una imagen suficientemente elocuente. Casi tanto como la de la pobre monja acosada por las cámaras saliendo del juzgado.

Me pregunto si algún día habrá madres abortadoras que denuncien, acosen, persigan y criminalicen a los médicos, enfermeras, hospitales e instituciones sociales y políticas que intervinieron en el aborto de sus hijos.

Me pregunto si alguna vez el estado tomará cartas en esos asuntos tan decididamente como las ha tomado en el caso este de la monja acusada por la madre de la niña, por los padres que la adoptaron, por la niña traspasada y adoptada, por el estado y por la sociedad: Todos contra una que (en definitiva) salvó una vida.

¿O no fue eso?

+T.

domingo, 22 de febrero de 2009

Es Carnaval

En casa contaban que el Carnaval se dejó de celebrar "antes del Movimiento". Esa datación cronológica era recurrente y salía a menudo en las conversaciones de mesa camilla y brasero, cuando mis tías, entre rosario y rosario, nos contaban cosas de su época feliz. Decían "antes del Movimiento" como una elipsis para no decir la Guerra, por no refrescar dolores ni evocar fantasmas. Así y todo, siempre se escapaban unos suspiros delatores, como brisas del alma y del tiempo que pasó pero dejando reserva de suspiros para los restos. Hasta el último suspiro.

Una cosa tuve clara: Que el Carnaval no era virtuoso, sino crapuloso. También concluí que hubo carnavales de distinto grado, de varia intensidad y efectos. Los que mis tías gozaron tuvieron que ser poco más o menos como una fiesta de cumpleaños de ahora, de esas que los padres hacen para sus crios, como una especie de ensayo de relaciones sociales. Fueron aquellos carnavales de casa decente, con buñuelos, chocolate, anís y ponche. Y mucho rigodón y sevillanas. Y a las doce de vuelta, como la Cenicienta.

Después supe más de carnavales, leyendo. En Cadiz por Carnavales nunca estuve. He estado antes y después del Carnaval, la semana antes o ya en Cuaresma, con rastros de papelillos y serpentinas por las calles y un tablado medio desmontado en la Plaza de San Antonio. El Carnaval de Cadiz es la sublimación de la pocavergüenza y el summum de la ordinariez más exquisita, chabacanería que se vuelve risa contagiosa irreprimible en cuanto se escucha el pito de una chirigota, como una carcajada guasona y socarrona a lo Pemán, gloria de "La eternamente vencedora".

De Jerez, al ladito de Cádiz pero en otro mundo, es el padre Coloma, que en Pequeñeces plantea un drama con presentación-nudo-desenlace entre Carnaval y Cuaresma, se puede decir. A mí me gusta leer Pequeñeces por Carnaval, porque leí el novelorio un año por carnavales, yo estudiante todavía. Y me hice adicto. Otra novela de Coloma se llama casi igual, "Solaces de un estudiante", y también sale el Carnaval. Y en una lectura recreativa, "El primer baile", también. Y en "La Gorriona", y unas estampas de Carnaval y Domingo de Piñata deliciosas en "Por un piojo". Tengo 2 obras completas del p. Coloma, una para leer yo y otra para prestar; pero no la presto por miedo a perderla; la otra, la primera que tuve y leí, es en casi una obrita que Coloma hubiera escrito con gusto (y no tiene final todavía, a saber), pero esto ya lo he contado, otro año, casi lo mismo.

De otros carnavales también tengo semblanza literaria, de lectura, que soy sujeto de mucho libro y poco mundo. Y como el carnaval es mundano, sospecho que soy quasi analfabeto carnavalista, a pesar de lo leído.

De Cuaresma se más.

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jueves, 13 de noviembre de 2008

Autor de gusto morisco


Uno de los fiascos de la reciente política andaluza fue el espectro Pimentel, que salió a escena e hizo mutis por el foro con más ruído que nueces y sin pena ni gloria sino todo lo contrario. Las tenía claras el muchacho (y el que lo recomendó y el que le hizo sitio en el gabinente gubernativo y el Banco Azul, también: Todos muy acertados con el mozo).

El mocito pinturero se guardaba una vocación más literaturera que politicantista, como el otro aquel que lo que quería de verdad era ser torero-torero-torero; otro acierto ppero para la antología de las perspicacias políticas y el curriculum del parto de los montes. Y como escribir escribe cualquiera (verbigracia el que esto escribe, mismamente) pero publicar y sacar al escaparate de las librerías sólo los enchufados del sistema y el partidete mediático (escriban lo que y como escriban), pues el Pimenteles (ele!) ha publicado una "novela histórica", que es el género generorum preferido y favorito de los noveleros de esta depravada generación.

Para estupor de los siglos y regodeo del foro de lectores del universo mundo, el héroe de la novela historiquil-pimentelera no es el Cid, ni Don Pelayo, ni siquiera Don Rodrigo o la Cava o el Conde Don Julián. Non et non et non, señores y señoritos, que están Uds. más atrasados que un cromagnón altamireño. Non! El héroe de la pimentalada es....Un moro! Un moro de la morería más morista de toda la moreridad; un moro que se pasea por los sitios más profundamente morunos comiendo pinchos (morunos) y tomando sirope (de moras). Huelga decir que saldrán harenes, danzas del vientre y de los siete velos, y pérfidos eunucos (o no pérfidos, que hay que andarse con cuidaddo con el lobby de los ya se sabe quiénes). Y cuscúz y té con yerbabuena.
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Digo yo, que todo esto es conjetura mía y adaptación fantaseada del género producto de mi imaginante imaginativa. Nada más.

Pero a lo mejor me equivoco, y la novelona pimentelona esconde un alegato vibrante y vindicativo de la España de la Reconquista con épica exaltación de las Navas de Tolosa (18 de Julio que fue).
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p.s. Por cierto, a mi "Tombuctú" me suena a aquellos destinos remotos adonde mandaban a Mortadelo, a Rompetechos, a Anacleto, a Zipi y Zape, a Carpanta, etc. que siempre que se escapaban por los pelos se iban a Pernambuco, Tegucigalpa, Beluchistán, Cochinchina...o Tombuctú (supongo que la vocación literaturera se le despertó al autor leyendo el Tiovivo, el Pulgarcito o el Din-Dan).

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lunes, 20 de octubre de 2008

Gerberto, el Papa Silvestre II Aurillac

Cuando ví el título del libruco, me lo imaginé de momento. Fue al pasar por delante de la librería del cortinglés, que había un cartón de publicidad con una foto de la portada y todo eso. Un Papa mago no podía ser otro que Gerberto. Y me dije - ¡pobre Gerberto!!!

Desde que se re-puso de moda, la novela histórica ha ido degradándose en proporción directa al éxito y el número de las ediciones. Muy pocas de las obras publicadas son dignas de entrar en el catálogo del género, la mayoría no pasan de la categoría de libro de ficción-entretenimiento. Lo más llamativo es que hasta escritores de cierta reputación han picado y pecado, escribiendo y vendiendo su novelucha de historieta.

Lo único de valor (lo que más me gusta, quiero decir) de ese tipo de lecturas es lo que el autor saca de obras documentadas sobre los personajes y la época que toma como coartada-pretexto de la narración. Lo demás, agua de borrajas con riesgo de indigestión sub-literaria. Si ni siquiera se toman la molestia de incluir ese tipo de información-estructura historiográfica, el novelucho no merece ni que lo quemen en la estufa.

Cuando Sir Walter Scott (el venerable) y Dumas (el inagotable) inventaban héroes y aventuras, no falseaban la historia. Alguno había que salía malparado (imperdonable el maltrato al gran Richelieu, oh!) y otros ganaban lustre y hasta mito (Richard Coeur de Lion, tan mimado, corregido y aumentado). Pero en general la exposición de las dramatis personae era justa. En los buenos escritores; en los malos y los peores, los abusos fueron creciendo secundum quid. Y hasta el presente, como decía. Por eso mis prevenciones sobre el género.

Uno de los autores contemporáneos mejores en calidad literaria e imaginación es - sin rivales - el argentino Manuel Múgica Láinez. Aunque el Unicornio y El Escarabajo son deliciosas y amenas lecturas, su Bomarzo le hace grande entre los grandes del género. Pocas veces se ha trazado una semblaza más fascinante y a la vez realista e "histórica" de una época/unos personajes/un mundo. No es lectura para todos los públicos, pero es piedra de toque para descubrir sensibilidades y niveles de "cultura literaria". Bomarzo tiene escenas que deberían estar en los museos junto a ciertas obras del arte inmortal.

Volviendo a Gerberto, le tengo simpatía desde que leí El Año Mil, de Henri Focillon. Una edición del libro de bolsillo de Alianza, allá por 1978, en un autobús, yendo a Sevilla, un lunes de Febrero o Marzo. Me lo bebí de un tirón, entre una paisana gorda que llevaba una maceta de espárragos y el cristal de la ventanilla del autobús de la Bética. Cuando llegamos a la cochera de Plaza de Armas, Focillón y su Europa del Año Mil estaban ya en el selecto catálogo de mis favoritos in saecula.

Es facil encariñarse y dejarse encantar por el brujo Aurillac, porque algo de mago tuvo; es verdad. Por lo menos así lo vieron los romanos de su tiempo, y también los germanos. Los hispanos no, porque aquí fue donde le enseñamos, sin complejos, en la joven España reconquistadora que desde Liébana comentaba el Apocalipsis e iluminaba Beatos, que empezaba en la Marca Hispánica y terminaba en el Finisterre Compostelano. Porque Gerberto fue de los peregrinos pioneros, uno que se "inició" en el camino antes de que Gelmírez institucionalizara (y rentabilizara) el peregrinaje.

Ya traía su pequeño currículum de aprendiz de brujo, desde su Auvernia natal. Francia - guste o no - es le Moyen Age. Más "adelantada" que los romanos de Roma y que los germanos del imperio, podía permitirse el lujo de un Gerberto del que presumir ante el mundo que emergía rutilante con el nuevo milenio, el primero después de Cristo. La tesis del libro de Focillón, en contra de los que describen con tintes sombrios el año Mil, es que con el milenio se disipan terrores supersticiosos y amanece un siglo optimista, creativo, rico en inteligencia y arte, desde el Románico a la Escolástica y la sociedad feudal. Las Cruzadas están a la vuelta de la esquina (Gerberto siendo ya Silvestre II las barruntó) y el Medievo más poderoso se despliega como un tapiz de imaginería románica tejido en Gerona o bordado en Bayeux. Y Gerberto de Aurillac sería el Papa Silvestre II que cerraría el siglo X y abriría el Milenio, en Roma.

Roma no se lo perdonó. Todavía entre las brumas del Siglo de Hierro, aquellos herederos de las Marozias y los Teofilactos apenas soportaron el "aggiornamento" del Papa Aurillac, con un Otón, ni más nu menos, como patrono y admirador. Le tejieron su particular leyenda negra, de brujo, de nigromante, de tratande del diablo, creando un personaje tan fascinantemente atractivo e imprescindiblemente romano como cinco siglos después harían con nuestro Alejandro VI Borgia. La rendida sumisión del inferior ante el superior se dice y expresa de muchas maneras, verbigracia.

Durante todo el largo medievo, Silvestre II sería uno de los inolvidables que inspiraron o alentaron los delirios de los más avezados en el saber y los saberes. No en vano fue el Papa del año Mil. Desde la cabeza parlante contrahecha en oro que adivinaba por conjuro de Gerberto-Silvestre, hasta los avisos de las muertes papales que suceden en su sepultura, el Papa Aurillac pervive en la fantasía de los romanos.

Lo de la lápida de su sepultura en Letrán es notable: Creído y validado por sacristanes y beatas del quartiere Laterano y Roma entera:



Es fama que: Cum colludit Ossa, pulsat tímpano. Si sudet Sarcófago, obitu lacrimatur Pontificis: Unde mortalibus ómnibus sentarse hora mortis incerta Pontifici excepto Romano.

Es decir que cuando se oye entrechocar los huesos y se ve sudar la lápida de Silvestre II, hay que empezar a llorar porque el Papa se muere, que para todos los mortales es incierta la hora de la muerte, pero los Papas son una excepción; porque Gerberto avisa. Y es verdad. (Y dícese que algunos con malquerencia al Papa de turno pegan el oído al pilar donde está la losa, y pasan la mano a ver si exuda...y repiten la inspección frecuente e impacientemente...Y si alguno lo veía, iba con el cuento al secretario o el sobrino del Papa y causaba la inmediata desgracia del impaciente...O se inventaba la cosa, con parecido efecto para el infeliz). Ita!

Conque se comprenderá el poderoso atractivo que Gerberto de Aurillac-Silvester II puede ejercer sobre el género de los novelorios histórico-esotéricos.

n.b. Pero el que tenga pesquis que me haga caso y se lea, mejor, el librito del Año Mil.

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viernes, 25 de julio de 2008

Adriano re-comentado


Publio Elio Adriano. Le tengo simpatía porque es paisano, pero al fin reconozco que si no hubiera sido emperador romano, no merecería más aprecio que el común. Pero ser emperador de Roma facilita las simpatías (todos llevamos dentro un píccolo autócrata).

Ciertamente, su época fue esplendida, con Roma en el cenit de su siempre violenta historia (sólo hubo pax con Augusto - ¡?-), y la buena memoria de Adriano es casi universal. La Roma que se visita, tiene un tanto por ciento muy notable de monumentos, ruínas y mármoles adrianeos: Desde el Castel Sant'Ángelo al Panteón, parte de la Roma más visible e identificable es de Adriano o de su siglo. Un siglo fascinante, con los cinco mejores emperadores de todo el Imperio (Gibbon dixit), de Nerva a Marco Aurelio, con Trajano (viva!!) sobresaliendo entre todos, y el longevo Antonino Pio haciendo puente entre unos y otros.


Adriano no fue Trajano. Las virtudes raramente se heredan (las de verdad son gracia, y no genes), no así los vicios. Lo mejor de su antecesor que había en Adriano era esa sangre de los Elios hispalenses. Lo estético, lo artístico, lo literario y filosófico serían cualidades personales, bien desarrolladas a tenor de lo que nos ha llegado del brillante Adriano. Es admirable que siendo tan "apolíneo" fuera a la vez un buen gestor/administrador político y militar, caso rarísimo. Volvería a pasar con Marco Aurelio, pero sin el fascinante sello de Adriano, ni su estilo. Hasta escribía versos, como estos, que dicen que escribió poco antes de expirar:
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Animula, vagula, blandula / Almita, vagabunda, tierna
Hospes comesque corporis / huésped y compañera del cuerpo
Quae nunc abibis in loca / que ahora marcharás a los lugares
Palidula, rigida, nudula / lívidos, rígidos, desnudos
Nec, ut soles, dabis iocos / y no (me) solazarás como sueles

Esos versos de Adriano moribundo se popularizaron cuado Marguerite Yourcenar publicó sus Mémoires d'Hadrien (1951), y Adriano re-actualizó su presencia, saliendo de la remota historia del siglo IIº para convertirse en un mito homosex, o tempora o mores!


Es una tentación para el escritor proyectarse-redactarse en lo que escribe, y es comprensible. Pero en ese género sui géneris de la "novela histórica", es un abuso; doble: se abusa del personaje real y a la vez del lector. Tanta gente evoca los personajes históricos desde la re-creación de una ficción literaria, con efectos muy equívocos. Por ejemplo, una escritora belga instalada en USA, de reconocida tendencia "sáfica", por mucho que "sintonice" con el personaje, resultará muy poco convincente si se considera que re-crea la historia de un militar-político, emperador del siglo I-II; el detalle "homosex" que podría entenderse como motor de la empatía está - tiene que estar - muy lejos de poderse explicitar en paralelo al gusto/molde/actualidad del siglo XX. Pero la novela de la Yourcenar se lee bien, y es buena en su género. Desafortunadamente, otros han seguido con el filón sin la vis literaria de la belga.

En el British Museum exponen un monográfico, Hadrian : Empire and Conflict ; merece la pena asomarse al link para ver cómo los museos han captado la onda y presentan sus ofertas en los formatos más sofisticados. No sé si la atracción por la Roma imperial es una moda (Roma perennemente atractiva/inspiradora). Me pregunto si el neo-paganismo galopante de la Europa post-moderna estará buscando un "perfil" mediante esa evocación de su pasado romano a la vez que se desprende de sus raíces cristianas. Consciente o sub-conscientemente, pudiera ser.

A la par que la exposición, están rodando (o acaban de filmar) una peli con guión inspirado en la novela de la Yourcenar. El director es el inglés John Boorman, con pelis como Excalibur (muy buena) y La Selva Esmeralda (que me gustó). El actor que hará de Adriano será el petardo prostituído a Hollywood Anthony Banderwas, gloria de la cultura zpera y embajador-introductor de la cutre movida española en Beverly Hills. El Antinoo no sé quién será, pero me temo que la peli irá de eso: Antonio (Banderwas) y Antinoo. Lo siento por Adriano, que a veinte siglos de distancia va enseñar el culo y sus intimidades en la gran pantalla (o tempora o mores, yes!)
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Por cierto que el bello Antinoo ha sido una piedra de toque para descubrir "sensibilidades". Ya el gran Winckelman se retrató muy significativamente con un atuendo ambiguo y un grabado del Antinoo Farnese en la mano. Yo mismo me estremecí el dia que le descubrí un póster de un Antinoo a un terrible profesor de Historia:

- "Una estatua romana...", me dijo;

- "Oh! sí.", dije yo.

Apostaría que la peli del Adriano de Boorman, también captará la atención del público más sensiblemente filo-antinooista, of course.

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jueves, 3 de enero de 2008

Novelorios


Hace unos años (1997?) me leí de una sentada (bueno, dos noches-madrugadas) el novelorio de Ken Follet "Los Pilares de la Tierra". Era a finales de Noviembre.

El novelorio no tiene calidad literaria, pero sí todo el "gancho" de un "best-seller", de ese género pensado para gustar a determinado público sin excluir a otro sino procurando incluir al mayor número posible de entre la galería de lectores posibles.

A mí me enganchó por el sitio (Inglaterra) la cronología (ca. 1150) la ambientación (monasterios, catedrales) personajes (un abad, monjes, señores feudales) historia (la sucesión de Enrique I y la ascenión al trono de Enrique II) y un punto que me rindió: Sale hasta Thomas Becket de mis manías y la escena de su martirio en Canterbury (de pasada, como "cebo", al relance...pero yo piqué).

Me leí el novelorio a gusto, muy a mi gusto: Dos madrugadas, te, copa y tabaco. Encantado. Después volví a releer alguno capítulos, y otros no volví a leerlos.

Incluso recomendaría el libro a quienes quieran hacerse una composición de lugar bastante válida para "reconocer" una época tan fascinante.

Claro que no lo hago porque el libro es falso:

Es una transposición con coartada de temas de hoy al ayer. Por ejemplo:

- Ninguna mujer del siglo XI-XII se hubiera comportado como las mujeres del novelorio de K. Follet. A esa tal Aliena la dota de perfiles, iniciativas y expectativas de una (imposible) chica moderna y liberada del siglo XX-XXI pero en las coordenadas (imposibles) de ca. 1150.

- El tema de histórico-serio-verdadero sirve de fondo como coartada para esa imposible heroína. El tema religioso que debería estar tan presente en una historia de abades, priores y abadías, se soslaya. Se escoge el más fácil de la arquitectura de fines del románico y despertar del gótico (bien tratado, por cierto), pero con aditamentos "al día".

- Todo el romance entre héroe-heroína es una petardada que como no cabe romántica se planea absurdamente pornográfica, casi pensando en guión de cine y escenita de picadero al trote galope (varias).

- El novelorio se complica con escenas, historias, y extravagantes aventuras que sobran y sobran y vuelven a sobrar. Cosa que tendría explicación si el novelorio bestsellero hubiera sido concebido como aquellos folletines por entregas publicados al día, que si no había entrega, el escritor no cobraba/no comía, caso que no es este. Sólo me lo explico si imagino que el tener milcientoypico páginas sea también una conditio sine qua non para un novelorio de kiosko de estación-aeropuerto-vip-cortinglés, que entonces ya sería exigencia de género, y se entiende.

Total, que Ken Follet acaba de sacar otro novelorio que es la continuación de "Los Pilares de la Tierra"; se llama "Un mundo sin fin" . Y me temo - no tengo ganas de leerlo, la verdad - que saque algún gay, una lesbiana, una familia monoparental, y que la Inglaterra de 1200-1300 se parezca sospechosamente a la de la Queen Elizabeth II, políticamente correcta.

Lo malo es que la gente leerá la novela y te preguntará, y habrá que opinar etc.
Así que adelanto mi opinión.

Ya está.
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P.s. Añado este post-scriptum porque acabo de enterarme que la cosa es peor: 1- En algunas librerías de consumo, abrieron a las 12 de la noche para vender el nuevo novelorio, con efectos de luz- sonido y tumulto estilo a cuando sale un HarryPotter_ 2- Ya hay libros sobre el libro explicando cómos y porquéses, como esos dvd's que vienen con los de la peli contándote la peli_3- En el nuevo novelorio sale una tal Caris que "sueña con ejercer de médico aun cuando la práctica de la medicina estaba prohibida a las mujeres" (horreur!!!). Es decir, que es un novelorio tremendo-degenerante in crescendo.

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martes, 16 de octubre de 2007

Clérico-ficción (thriller de)


El boletín de la agencia Zenit sorprende - me sorprende - de vez en cuando con noticias que no sé qué pintan en un bolentín de una agencia como Zenit.

El de esta tarde trae una entrevista con un mozo de treinta y siete años que ha escrito un novelorio que dice Zenit que se está vendiendo y es casi best seller (horreur!). Y más horreur porque el novelorio del quasi cuarentañero es un thriller, una ficción eclesio-satánico-clerical-policíaca de intriga (no sé si sale sexo, que sería el colmo-olmo).

Pregunta el de Zenit: -"Pensábamos que la marea de «El código da Vinci» ya había pasado. "

Contesta el autor de treintisiete años: -" No sólo no se ha acabado con «El código da Vinci» ni con otras novelas que aprovecharon el tirón comercial de aquel libro. Es más, aquella literatura-basura prostituyó un género que no puede manejar quien no tenga fe, salvo que le sea ajeno el riesgo de caer en la desinformación o directamente en la calumnia."

Tendría que haber contestado simplemente : - No, como prueba mi novelorio. Voicí.

Mantengo la tesis de que el combate contra el enemigo no puede/no debe hacerse hacerse con las armas del enemigo; que una bomba atómica no se convierte en una bomba santa porque se bendiga con agua bendita y se adorne con una cruz; que una prensa amarilla no se combate con una radio amarilla. Verbigracia.

Me imagino que en el fondo ese novelorio del codigucho y la demás pseudo-novelítisca de ese pseudo-género que tanto vende, es por algo: Es porque engancha y crea adicción. Suele pasar. Y me atrevo a pensar que el autorcete de 37 del noveloriete que cuenta Zenit (hay que ver!), es un fascinado adicto del codigucho y que su novela es consecuencia, criatura, engendro de una loca e irresistible pasión (iba a añadir también "inconfesable"...pero no sé, porque la entrevista suena a, por lo menos, cuenta de conciencia).

Tengo un temor, una aprensión: Que la gente piense, se imagine, sospeche, que la Iglesia es así; que eso pasa en las Iglesias, que eso hacen los curas, que así es la Curia, que esos son los Cardenales, y que el Papa hace eso. Tengo este miedo. ¿Infundado? ¿No lo cuenta Zenit?

¿Digo como se titula el novelorio? Pues como una entrega de Harry Potter: "La sangre del pelícano". Original el muchacho de los trentisiete, como se ve. Lo peor es que lo explica y todo, con cita del Adoro te devote y Stº Tomás al canto, para que se sepa que sabe.

¿Que si yo no he leído bagatelas? Si, claro está que también he leído chucherías gustosa y despreocupadamente. Pero yo leía las cosas del Padre Brown de Chesterton...que no son lo mismo, que no es lo mismo.

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